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sábado, 17 de noviembre de 2012

Las tramas del ‘boom’ por Diamela Eltit


La acogida de este grupo de escritores inauguró un circuito inexistente: la aparición de los agentes literarios, la mirada sobre la creación latinoamericana y la promoción internacional. Pero también dejó de manifiesto la ausencia de mujeres

 Nueva York 15 NOV 2012 - El País
Carmen Balcells y Mario Vargas Llosa. / FERNANDO VICENTE (EL PAÍS)

La América Latina sesentera, convulsionada en parte importante de sus geografías por los cambios culturales mundiales y la creciente demanda por la recuperación de sus “materias primas”, fue el contexto político y cultural que favoreció la emergencia y, más adelante, la expansión delboom literario. La irrupción del grupo de los jóvenes escritores que conformaron el llamado boomhace medio siglo (Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, José Donoso) potenció en ese espacio liberador, tal como si se cumpliera el sueño bolivariano, la América que se hizo una a partir de las propuestas estéticas de sus escritores. A pesar del reducido número de autores que participaron de un estatus similar al de los rockstars, hoy, después de cincuenta años de la consolidación de ese fenómeno, vale la pena pensarlo para entender mejor la trama de las inscripciones literarias.
Antes de ese explosivo hito, en Latinoamérica ya había un conjunto fundamental de escritores que formaban un canon nítido y elocuente: Jorge Luis Borges, Juan Rulfo o Juan Carlos Onetti, entre los más apreciados. Sin embargo, su internacionalización estaba obstaculizada por las dificultades de las editoriales locales que no conseguían el paso fluido a través de las fronteras. El conocimiento de cada escritor, en términos generales, estaba más bien ligado a su localidad y a la profundización de lo nacional mediante la relación con el Estado.
La emergencia boom, liderada por el aparato editorial español, puso de manifiesto el encierro casi claustrofóbico de lo local americano
Pero la emergencia boom, liderada por el aparato editorial español, puso de manifiesto el encierro casi claustrofóbico de lo local americano. La escala de difusión del nuevo movimiento marcó una distancia sideral con los canales de distribución y de difusión del resto de las literaturas continentales. Así, este evento marcó también el inicio de la era comercial para una parte de la literatura latinoamericana organizada, en buena medida, por la figura inédita para las letras latinas del “agente literario” (particularmente la Agencia de Carmen Balcells). Una figura nueva que abría una cadena perfectamente articulada entre la obra del escritor, las casas editoriales, las traducciones y los expertos aparatos de promoción culturales.
De esa manera se puso en marcha un circuito antes inexistente. Los efectos del boom generaron las distancias entre centros y periferias literarias. En los centros los superstars del boom y, en los bordes de la fama, los teloneros que, si bien tenían una relativa existencia internacional, permanecían alojados en segundos planos. Y, desde luego, los escritores absolutamente locales radicados en sus países que no conseguían la atención de las poderosas editoriales españolas que, a su vez, operaban como pasaportes (mediante los agentes literarios) para otras lenguas y diversos territorios.
Este evento marcó también el inicio de la era comercial para una parte de la literatura latinoamericana organizada, en buena medida, por la figura inédita para las letras latinas del “agente literario”
El boom nació y murió con sus exponentes originales y, en ese sentido, se convirtió en unboomerang. No consiguió una continuidad en parte porque los mapas político-culturales se modificaron a gran escala y con una extraordinaria velocidad; la cadena de golpes de Estado que asolaron al sur del continente, la diáspora intelectual, los llamados “inxilios” (o el exilio interior), la muerte de Franco y el proceso de rearticulación cultural española, la emergencia de literaturas de Este en los momentos en que de desplomaban los llamados “socialismos reales”, abrieron nuevos focos de atención editorial en un mundo que se volvía cada vez más extenso y móvil.
El avance capitalista se reforzó en todas las esferas de la producción y el consumo, hasta alcanzar también el mercado editorial. El best sellermultiplicó las ganancias y las literaturas emergentes y su bagaje de propuestas estéticas se consolidaron como individualidades que coexistían con el resto de las literaturas del mundo. La antigua cohesión latinoamericana que agrupaba el extenso continente se volvió irrepetible.
Se puso en marcha un circuito antes inexistente. Los efectos del boomgeneraron las distancias entre centros y periferias literarias
En ese sentido, el mundo editorial español se volcó literalmente al mundo y el boom que tanto prestigio y atención mediática había provocado se convirtió en objeto de estudio académico, en nostalgia ante un pasado de esplendor y, especialmente, en un hito curioso de la historia literaria.
Mientras el siglo XXI sigue articulando su vertiginoso proceso globalizador que garantiza las comunicaciones masivas e instantáneas, en el mundo editorial se ha producido una conmoción. Junto con las mega editoriales y sus constante fusiones de capital, las editoriales independientes proliferan por el mundo latinoamericano y en el territorio español, en parte porque los costos de producción de libros se han vuelto más accesibles. No obstante, los aparatos de difusión continúan con parecidas dificultades a las que experimentaban en la época pre-globalizada. Desde esta perspectiva se puede hablar de una atomización pero, a la vez, de una democratización del espectro literario.
En este contexto parece difícil la producción de un nuevo boom, porque los signos actuales más bien aluden a una dispersión que a un campo cohesionado de escrituras. Para promover un debate propositivo e iluminador, las actuales celebraciones conmemorativas del boompodrían, junto a la celebración de indudable importancia de los autores, analizar el apretado nudo histórico y comercial que favoreció esa particular escena literaria.
Tal vez la pregunta más ardiente que esa época genera sea la ausencia manifiesta de escritoras. Una pregunta filosa que quizás hoy, cincuenta años después, puede resultar todavía pertinente para el mundo latinoamericano que sigue al “pie de la letra” su visión más bien masculina de la configuración de los mapas literarios. Y esta falta no es sólo una herencia del boom sino también una costumbre y acaso una agenda.
* Diamela Eltit (Santiago de Chile, 1949) es autora de Jamás el fuego nunca (Periférica)

sábado, 3 de noviembre de 2012

La lista que hizo historia


Un libro de entrevistas se convirtió hace cincuenta años en el canon del llamado boom

El chileno Luis Harss evoca esa época desde un distanciado presente

    El País



  • Ilustración de Sciammarella.

    En el ambiente literario iberoamericano se respiraba una especie de internacionalismo que antes no existía: los argentinos conocían lo que se hacía en México o en Colombia. En los sesenta se decía que la capital de América Latina era París porque allí se encontraron todos los escritores de aquella zona, unos exiliados de las dictaduras de sus países, mientras que otros estaban en misiones diplomáticas. El movimiento literario que estaba naciendo disponía de corte propia, ejército y artillería. En la capital francesa, el crítico Emir Rodríguez Monegal fundó la revista Nuevo Mundo cuyo propósito fundamental era promocionar esta nueva cultura literaria. Los autores se movían con su séquito, y la prensa, en especial la argentina, hablaba ya de una “concienciación literaria”. Sus obras circulaban por el continente gracias a las distribuidoras y a la nueva actitud de las editoriales. A los universitarios e intelectuales se les sumó un numeroso grupo de lectores que devoraba apasionadamente novelas como Rayuela, La ciudad y los perros o Pedro Páramo. El boom latinoamericano contó con muchos escritores y tres polos geográficos: Buenos Aires, México y Barcelona, donde la relación con Carlos Barral fue clave. Entre ellos, los más jóvenes se apodaron la Mafia. No eran íntimos, pero unos remitían a otros y salían juntos en las fotos. Había también sus pugnas internas, odios y celos irreconciliables, pero eso contribuyó también a agrandar la leyenda.
    En ese ambiente y sin proponérselo, Luis Harss (Valparaíso, Chile, 1936), profesor de Letras y escritor, estableció el canon de lo que luego se conoció como el boom latinoamericano. Y lo hizo, como muchas cosas en la vida, por casualidad. Cuenta que fue Julio Cortázar, con el que se encontró en París, quien le animó a escribir un libro que captara las nuevas tendencias literarias. A estas alturas, casi cincuenta años después, ya nadie le puede negar su olfato literario. Los nuestros se publicó en inglés y pasó con más pena que gloria, hasta que la Editorial Sudamericana lo publicó, unos meses después, en 1966, en español. Se trataba de un ensayo de crítica literaria con 10 entrevistas a otros tantos autores iberoamericanos; algunos como Borges, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Juan Carlos Onetti o Cortázar, ya consagrados, pero otros, como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez no superaban la cuarentena; João Guimarães Rosa era el único de ascendencia brasileña. La región más trasparente de Fuentes ya contaba con lectores, pero Cien años de soledad de García Márquez era un manuscrito inacabado cuando entrevistó a su autor en la localidad mexicana de Pátzcuaro. A todos les unía la idea de que su país común era el español. El idioma se había convertido en un artefacto arcaico que necesitaba renovarse. Lo cambiaron, dejando de lado el floreo literario que marcaba la época por el habla de la calle. Fuera, les esperaba un público hambriento por reconocerse en historias cercanas.Los nuestros no llegó a editarse en España, pero se convirtió en libro de obligado estudio. Alfaguara lo recupera ahora en el cincuenta aniversario del fenómeno literario.
    Aquellos escritores descubrieron que era más eficaz escribir como se habla o como se sueña para trasladar historias cercanas y populares. El lenguaje y su forma local, el idioma es identidad. “Usar el lenguaje ajeno es alienación”, cuenta Luis Harss desde su casa, en un pequeño pueblo del Estado de Pensilvania, donde vive retirado de la enseñanza y de la crítica, entretenido ahora en la escritura de un nuevo relato. Este escritor ha desarrollado su propia teoría sobre el lenguaje, relacionada con el arranque de lo que fue la búsqueda de la novela totalizadora: los escritores iberoamericanos (aunque los de clase culta hablaban francés) se educaban leyendo traducciones del ruso, del alemán o del inglés. “En general versiones muy torpes, de editoriales españolas que deformaban, estereotipaban o censuraban. Quedaba un muñón parecido a todos los otros muñones que salían del mismo proceso. Se ha observado que el lenguaje de la traducción es generalmente el término medio de la época con sus mediocridades, lugares comunes y percepciones desgastadas, una horma rígida y un mortero. Eso es lo que leían los escritores, en eso se inspiraban, por eso todo salía tan mal y sin imaginación. Después se abrieron las puertas al mundo. Más cultura literaria, más manejo de idiomas, mejores traducciones, a veces por escritores buenos, por poetas, gente sensible. El escritor se educó, vio más, pudo más. La traducción se interiorizó, en vez de representar superficies”. Así empezó a redactarse la nueva novela.

    “Alrededor del boom hubo esos otros, interesantes y raros, que quedaron fuera por cuestiones ajenas a su calidad”
    Visto con la perspectiva que da el tiempo, se entiende por definición que ningún boom puede durar. En las universidades norteamericanas han florecido los departamentos de estudios latinoamericanos, pero se trata de una corriente solo para especialistas. En cambio, la nueva novela sí ha generado “un mar de fondo”. “Sigue, en el sentido que dejó modelos, descubrimientos, abrió dimensiones. No se puede escribir en Latinoamérica sin haber pasado por allí. Como no podían escribir las generaciones de Estados Unidos sin haber pasado por Hemingway y Faulkner. ¿Medio siglo después cuántos de la lista de Harss se han convertido ya en referencias universales? “Borges ya figura como un habitante de muchos otros mundos, y en muchos idiomas. García Márquez aparece en miles de novelas, su lista de imitadores es interminable; Macondo ha pasado a ser lo que Barthes llamó ‘un recuerdo de la imaginación’. Estoy casi seguro de que, como Hemingway y Faulkner, seguirán siendo fronteras entre un antes y un después. Cortázar, el más radical, desgraciadamente se conoce poco fuera del idioma español, queda muy atado a la lógica interna del idioma argentino. Cortázar es puro jazz y es difícil de transportar. Se lo distingue en Roberto Bolaño. Y en todos los que, sin saber por qué, tratan de escribir como se habla”.
    Por correo electrónico escribe que Los nuestros se corresponde con una época de su vida, pero “quedó allá atrás”. Le gusta y le divierte recordar a la gente y hablar de los temas de época y las circunstancias que rodearon el libro, pero hace mucho que está en otras cosas. “No he seguido las carreras de esos escritores. A algunos los he leído de vez en cuando por placer. A otros no los he tocado en ¿cuarenta-cincuenta? años, dejaron totalmente de interesarme, ¿qué quieren que les diga? Uno no se queda donde estaba”. En esa estela de placer que provoca la nostalgia bien entendida se detiene a hablar de dos editores fundamentales: Roger Klein y Paco Porrúa. Curiosamente fue un editor estadounidense, un tipo alerta a todo lo que pasaba en el mundo literario en cualquier idioma, el primero en proponer el libro. Sin la pequeña ayuda financiera que le dio Roger Klein de Harper & Row en Nueva York (unos 1.500 dólares), Los nuestros no existiría. “Se me ocurre que de su propio bolsillo. Era de una gran familia judía de joyeros. Un tipo raro en EE UU, donde se conoce poco y se traduce menos. Yo me resistía a muerte. Había abandonado Argentina, huyendo del peronismo, y me había instalado en EE UU. Había roto espiritualmente con Latinoamérica y el idioma español, pero Klein me regaló su persistencia. Curiosamente, después, por problemas personales (fue gay antes de tiempo) perdió el interés”. El original inglés salió huérfano, nunca vendió nada, y Klein se suicidó dos o tres años más tarde dejando un gran vacío.

    Aquellos escritores descubrieron que era más eficaz escribir como se habla o como se sueña para trasladar historias cercanas y populares
    El fracaso que supuso su publicación en inglés no arredró a Editorial Sudamericana cuando decidió publicar el libro en español. Paco Porrúa (A Coruña, 1922), editor de Minotauro, que luego distribuiría Los nuestros, se movía más en el terreno de la ciencia ficción, pero tenía buen apetito para los autores nuevos. Por eso se alió mano a mano con Harss en una precipitada traducción. “Fuimos como hermanos, poco tiempo, cuando nos distanciamos lo extrañé mucho”. Los nuestros se vendió más de lo esperado y funcionó, especialmente, como texto universitario, pero con el tiempo se convirtió en el manual para el conocimiento de ese movimiento literario que representaban los 10 autores entrevistados en el libro.
    El boom también dejó sus víctimas, sobre todo entre los escritores jóvenes, un derroche de talento en el que no todos se salvaron. “Hubo una conciencia de círculo vicioso. Los que estaban en cierta cosa y no en otra. No hay duda, la mafia, el club, entre los que se sentían brillar. No hablo de mi selección, que es secundaria. Digo entre ellos. Alrededor del boom siempre hubo esos otros, interesantes y raros, que quedaron fuera por cuestiones ajenas a su calidad, como Felisberto Hernández que murió justo antes de empezar Harss sus entrevistas. “Escribía en sótanos, era pianista y lo imagino siempre al teclado, proyectando sus historias en una pantalla de cine (fue acompañante de cine mudo). Juan José Saer, que me quedó bajo el radar; no había llegado a ser él todavía en los sesenta. En esos días empezaba Manuel Puig La traición de Rita Hayworth. Es de 1968 con la estética del cine popular y los boleros. Cabrera Infante. José Donoso. Salvador Garmendia, venezolano, el de ‘los pequeños seres’ de la vida ciudadana. Un extrañísimo novelista talmúdico argentino, Mario Satz, casi ilegible, vivía en Barcelona. Les pasó a muchos”, remata.
    De entre las víctimas, Harss conoció personalmente la tristeza de un narrador de mucho valor: José María Arguedas, el novelista peruano. “Conoció el ayllu, el hogar que le dio de chico la comunidad indígena y que después perdió. Trató de evocarlo en español sin perder la magia metafórica del animismo quechua. Escribió un libro notable, autobiográfico, Los ríos profundos. Es de 1958, a orillas del boom; había leído a Joyce. Su protagonista también es un Dédalo. Había gozado de mucho prestigio en su país, pero se movía todavía dentro de algunas limitaciones del indigenismo; fue excluido explícitamente del canon, humillado en artículos y comentarios, y se mató en 1969. Dejó un diario suicida, en su última novela, inconclusa, El zorro de arriba y el zorro de abajo. Diatribas (lamentables) contra sus detractores, pero también un acercamiento a la muerte, a la tierra, a las moscas, único en la literatura de Latinoamérica. Se fue comiendo barro como vino”. Un caso de perdedor total, antes de saber quién era Harss lo recuerda sentado tocando la flauta en un rincón, en una fiesta de izquierdas en California. “Un momento de soledad tan aguda que me quedó la imagen para siempre”.
    Los nuestros. Luis Harss. Alfaguara. Madrid, 2012. 411 páginas. 18,50 euros (electrónico: 9,99).



    De izquierda a derecha, Gabriel García Márquez, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay, en 1974.
    Viendo nacer una generación clásica
    ALEJO CARPENTIER. ((La Habana, 1904) fue quizás el primero de nuestros novelistas en querer asumir la experiencia latinoamericana en su totalidad, por encima de sus efímeras variantes regionales y nacionales. Nuestra novela estaba en su infancia cuando empezó a escribir. Era poco más que escenografía. Su aparato era pomposo y retórico. Recorrió de punta a punta nuestro mundo tratando de asimilar e integrar todo lo que encontraba hasta poseerlo. Se buscaba como todo latinoamericano en la fábula y el mito. Su pasión ha sido seguir los pasos perdidos del continente, descifrar sus oráculos olvidados. El resultado es una obra de gran alcance y vigor.
    MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS. Vivió y sufrió su época, y supo expresar su dolor. Ha hecho de su obra una especie de tribunal de apelaciones, refugio de los humildes con sus penas anónimas, templo de piedad y justicia donde claman las voces de los desposeídos… Visto hoy en perspectiva, El Señor Presidente ha envejecido, no intimida. Lo que da fuerza al libro es la sensación de que es un espejo deformado pero reconocible de una realidad sórdida, tristemente conocida por todos los que han recorrido los barrios bajos de las ciudades latinoamericanas. Pero es probable que se le recuerde por Hombres de maíz, un libro arrollador, en el que persigue lo que llama “un idioma americano”. Se da cuenta de que el floreo retórico y los lugares comunes de la prosa académica han sido la plaga de nuestra novela.
    JORGE LUIS BORGES. Ha inventado su propio género, a medio camino entre el cuento y el ensayo, para darse completa libertad de movimiento. Varían las proporciones, pero la tendencia es siempre, como él dice, “estimar las ideas religiosas o filosóficas por su valor estético”. Pero hay algo más: una aspiración al absoluto que se vislumbra en las formas de la imaginación… Un cuento de Borges es algo muy especial. Cada uno de ellos rompe el molde. Combina felizmente, y en las formas más inesperadas, el suspenso y el teorema. Usa la sorpresa, la falsa apariencia y el argumento sofístico a la manera de la novela policiaca; mezcla la burla y la metafísica, la lógica y la argucia, la realidad y el hecho apócrifo.
    JOÃO GUIMARÃES ROSA. Lleva cada línea del paisaje impresa en la palma de la mano. Hubo exploradores que abrieron fronteras en el interior, apropiándose de lejanas tierras de pastoreo que a veces fueron verdes y florecieron hasta convertirse en prósperas fazendas. Echar ancla en esas regiones inhóspitas siempre estuvo en conflicto con el espíritu vagabundo. La vida nunca era completamente sedentaria. Bajo el colono estaba el nómada. Guimarães Rosa encarna esa dualidad… Nadie ha penetrado como él en la psicología del habitante del sertão. El lenguaje es densamente emotivo, mezcla de erudición y dialecto, lleno de giros inesperados, inversiones, proverbios, interjecciones, preguntas retóricas.
    JUAN CARLOS ONETTI. Hay en él algo genuinamente autóctono que va mucho más hondo que las estridentes protestas de nacionalismo literario que caracterizan a tantos de sus compatriotas. Los años que ha pasado entre Montevideo y Buenos Aires lo han asimilado al alma y al carácter de la zona. No fue él quien inventó la novela urbana en el Uruguay; el género ya existía, pero la ciudad muchas veces estaba en Europa, y en otros tiempos. Los escenarios locales no eran considerados dignos de interés. Onetti cambió todo eso. La vida breve puede ser su obra maestra, libro de inagotables desdoblamientos, un monumento a la evasión a través de la literatura.
    JULIO CORTÁZAR. Es la prueba que necesitábamos de que existe una poderosa fuerza mutante en nuestra literatura que lleva a la metafísica (o la patafísica cuando la metafísica se toma en chiste). Brillante, minucioso, provocativo, adelantándose a todos sus contemporáneos latinoamericanos en el riesgo y la innovación… Es un hombre de fuertes anticuerpos. Con el tiempo ha ido descartando los efectos fáciles de la narrativa tradicional: el melodrama, la sensiblería, la causalidad evidente, la construcción sistemática, las amabilidades y la demagogia retórica. Ha buscado en la paradoja el verdadero acorde. Es difícil por el momento medir su impacto. Rayuela (1963) fue un huracán, es una obra ambiciosa e intrépida, a la vez un manifiesto filosófico, una rebelión contra el lenguaje literario y la crónica de una extraordinaria aventura espiritual.
    JUAN RULFO. Sus libros están en un paisaje de tragedia clásica, los muertos lo persiguen. Sabe que el peso de los antepasados aumenta con la distancia. El de los suyos, que están lejos, no lo ha descargado nunca. Se ha pasado la vida abriendo tumbas en busca de sus orígenes perdidos. Su brillante y breve carrera ha sido uno de los milagros de nuestra literatura. No es, en el fondo, un renovador sino, al contrario, el más sutil de los tradicionalistas. Pero ahí radica su fuerza. Escribe sobre lo que conoce y siente, con la sencilla pasión del hombre de la tierra en contacto inmediato y profundo con las cosas elementales: el amor y la muerte, la esperanza, el hambre, la violencia. Con él, la literatura regional pierde su militancia panfletaria, su folclore. …Su lenguaje es tan parco y severo como su mundo. Es un estoico que no blasfema contra la vida, acepta el destino. Por eso su obra brilla como un fulgor lapidario. Pedro Páramo no es épica sino elegia. El ritmo del lenguaje es el de la sangre.
    CARLOS FUENTES. En 1959 publicó La región más transparente, una supernovela en la que se narra, como lo llamaba el autor, “la biografía de una ciudad y una síntesis del presente mexicano”. La novela estaba destinada en cierta forma a ser un foro para las opiniones contradictorias de la época. Se llama al debate, no a una decisión final. Refleja la preocupación de ese momento por fijar, por resumir, por destilar lo mexicano. Está entre los poquísimos escritores latinoamericanos que dominan las disciplinas del cuento, ¿será por la simpatía que siente por la literatura norteamericana, donde florece el género?... El cuento además se presta idealmente a la pirueta brillante que siempre tienta a Fuentes. Es el arte de la baraja y la sorpresa, y nadie lo sabe mejor que él, que maneja la forma como si la hubiera inventado.
    GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. Su empecinamiento nace de la nostalgia: por una época y por un lugar. Ha estado fuera demasiado tiempo. “Se me están enfriando los mitos”. Hará cualquier cosa para revivirlos. Son la luz —y la felicidad de la inspiración— que le viene de su infancia. EnLa hojarasca se destacan ya ciertos prototipos que poblarán los otros libros: el vetusto coronel, el médico de alma atormentada, la serena y consecuente figura femenina, siempre en García Márquez, un baluarte en la adversidad… Mas allá de los hechos cotidianos que constituyen el relato se advierte la intención mágica… Una misma subjetividad anima a todas sus creaciones. Los papeles que se reparten derivan todos de un solo repertorio mental. …La próxima fase del libro, que anuncia para marzo o abril de 1967, se llamará Cien años de soledad. Será la muy esperada biografía del elusivo coronel revolucionario, Aureliano Buendía. Será como la base del rompecabezas cuyas piezas ha venido dando en los libros precedentes.
    MARIO VARGAS LLOSA. Cuando acababa de cumplir los 26, con sólo dos obras a su nombre, ya se destacaba entre nuestros escritores jóvenes. Era un inspirado que parecía haber nacido bajo una lengua de fuego. Tenía fuerza, fe y la verdadera furia creadora. La fama le había llegado pronto, pero se la había ganado honradamente. Hasta ahora ha sido menos profundo que pródigo. Su visión es limitada, sus caracterizaciones pueden ser esquemáticas y hasta simplistas, y es un empedernido determinista y antivisionario, pero una invencible riqueza de temperamento, una poderosa carga emotiva y una interioridad que él niega pero no puede reprimir dan densidad a su materia dramática. La ciudad y los perros (1962), su primera novela, narra la vida del colegio militar Leoncio Prado. Dos generales lo denunciaron, calificándolo de profanación y acusando al autor de ser enemigo del Perú y comunista.
    Párrafos extraídos de Los nuestros, de Luis Harss.

    miércoles, 15 de febrero de 2012

    Las figuras del boom toman la palabra




    Robert Saladrigas recopila en un libro las entrevistas que hizo a 21 escritores hace casi cuatro décadas

    ANTONIO PANIAGUA  / MADRID

    Día 12/02/2012 - ABC.es

    Voces del «boom»
    ISBN978-84-938909-5-7Pag240P.V.P18 €Formatorústica, 20 x 13 cm
    Barcelona se convirtió en los años sesenta y principios de los setenta en un refugio de escritores latinoamericanos. Gracias al editor Carlos Barral y la agente Carmen Balcells, la ciudad acogió entonces a prometedores narradores que con el transcurso del tiempo ocuparon las cimas de la literatura. Esta circunstancia permitió al escritor y periodista Robert Saladrigas entrevistar a muchos de ellos. Ahora, casi cuatro décadas después, la editorial Alfabia recoge en Voces del "boom" muchos de aquellos encuentros. Son 21 entrevistas que recaban el testimonio de los más sobresalientes prosistas de aquella época dorada, entre los que destacan Jorge Amado, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Se trata de conversaciones en profundidad, que Saladrigas ha hilado dándoles forma de monólogos.

    Según el autor de las entrevistas, que publicó sus trabajos entre 1968 y 1975 en la revista 'Destino', muchos de los protagonistas del tan traído y llevado boom carecían del menor sentimiento de pertenencia a un grupo. "Es cierto que en cierta manera la mayoría de ellos eran exiliados, pero conviene no olvidar que el boom propiamente dicho era una marca publicitaria", dice el novelista. Los de mayor edad, como es el caso de Onetti, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda y Juan Rulfo, aprovecharon la charla para reivindicar que su obra "era anterior al estallido del boom".

    En el libro hay ausencias destacadas, como las de Julio Cortázar, Ernesto Sábato, José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Octavio Paz o Augusto Monterroso, no por decisión voluntaria de Saladrigas, sino porque fue imposible coincidir en tiempo y espacio con ellos.

    Después de aquel tiempo glorioso para las letras, la cosecha del boom no puede ser mejor: dos novelistas y un poeta (García Márquez, Vargas Llosa y Octavio Paz) fueron coronados con el Nobel. Por añadidura, la extensa nómina de entrevistados han dejado un "puñado de ficciones intemporales", entre los que destacan los cuentos de Cortázar y esa audaz novela que se titula 'Rayuela'. No obstante, la machacona etiqueta con que se bautizó la eclosión de escritores latinoamericanos concita cierto recelo. Además, está la certeza de que "nada puede ya superar lo que entonces nos maravilló".

    Pese al enriquecimiento literario que supuso, Saladrigas considera que hay autores que han resistido mal el paso del tiempo. Pone como ejemplos los casos de José Donoso o Severo Sarduy. De otros sencillamente se pierde el rastro. Poco se sabe de Miguel Arteche, Luisa Mercedes Levinson, Agustín Yáñez, Gustavo Álvarez Gardeazábal o Néstor Sánchez, aunque este ha sido últimamente reeditado por RBA. "Por el contrario, creo que los años han sentado estupendamente a Borges, Onetti y Rulfo, clásicos entre los clásicos de la gran literatura".

    Creación y crisis
    De todos los que se avinieron a contestar a sus preguntas, Saladrigas recuerda con especial agrado a Juan Rulfo y Manuel Puig, "tan vulnerable y a la vez convincente". Puig aborda con desgarro la historia de sus libros. "Fíjese qué cosas: para mí cada novela es consecuencia inmediata de una crisis", confiesa a Saladrigas. El novelista, quien experimentó la fascinación por el cine desde muy temprana edad, se sintió escindido por el mundo bello y mágico que las películas le ofrecían y la realidad de su pueblo, "de una dureza terrible, propia del 'far west'".

    A quien también le marcó el desabrimiento de la tierra en que nació fue a Juan Rulfo. El autor de esa obra inmortal que es 'Pedro Páramo', denuncia del caciquismo y a la vez sobrecogedor retrato de un pueblo devastado por la soledad, las calles desiertas y la muerte, contó al entrevistador un episodio autobiográfico que esclarece los orígenes de esta novela. Cuando volvió a su pueblo, Rulfo lo encontró cambiado: alguien había plantado 'casoaricas', un tipo de árbol que, en vez de sisear, gime cuando sopla el viento. "Escuchar aquellos gemidos lastimeros en la soledad de lo que había sido mi pueblo, un pueblo que dejé próspero y recuperé gimiente, como si fuesen las piedras, las calles, las almas de los habitantes enterrados o huidos quienes expresaran su dolor en sollozos, me impresionó tanto, que de aquella estancia mía nació 'Pedro Páramo'", dice Juan Rulfo a Saladrigas.

    Un escritor especialmente imaginativo y vocacional, Juan Carlos Onetti, no se anda con zarandajas cuando habla de las implicaciones políticas de la escritura. "Lo del compromiso específicamente político es el pretexto que utilizan los escritores mediocres", zanja.

    Los protagonistas del boom saben bien del esfuerzo y la tenacidad que exige la literatura. Escribir 'Conversación en la catedral' le causó a Vargas Llosa muchos dolores de cabeza. No en balde, invirtió cuatro años en la tarea y al final redujo el original a una cuarta parte de lo que había escrito. García Márquez tardó dos años en alumbrar 'Cien años de soledad', un empeño para el que nunca se veía preparado. Al final lo consiguió trabajando a fondo con un horario estricto. Cuando acabó, las deudas se acumulaban y hasta escaseaba la comida.

    domingo, 29 de enero de 2012

    Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y el Jazz



    No sé si conocéis mi afición al jazz, pocos lo saben; pero es la música que, junto con  el blog, me desvela o espabila, según se mire, por las mañanas; también, no desde hace mucho, es la que viaja conmigo en el iPod, alternando con el Rock. De mi afición a Córtazar sí que sabéis más e, incluso, de que El perseguidor es uno de los textos que más me "inquietan". Quién hubiera podido viajar en ese tren... Este artículo no deja de ser un pretexto para escribir sobre ello. 

    Escrito por Pepe Aedo el 26 de septiembre de 2008 


    El miedo a los aviones hizo que, en 1968, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes vivieran una noche bastante peculiar durante un viaje en tren que compartieron desde París a Praga.
    dibujo1 Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y el JazzAl parece los tres célebres escritores del boom de escritores latinoamericanos (sólo faltaba Vargas Llosa que seguramente ama los viajes en avión) se encontraban en el tren, cuando Fuentes le hizo una pregunta casual a Cortázar acerca de la fecha de incorporación del piano en las formaciones típicas de las bandas de jazz.
    Según García Márquez, que es quien cuenta esta historia, la pregunta era casual y no pretendía más que llenar algún silencio incómodo. Pero la respuesta de Cortázar fue una extensa disertación acerca de la música de jazz y sus interpretes, que se continuó hasta el amanecer, y que además estuvo condimentada de abundante cerveza y salchichas con papas.
    Cortázar, como sabe cualquiera que frecuente sus obras, era gran aficionado, más que eso, un verdadero fanático del jazz, tanto que algunos de sus cuentos más celebres se ambientan en el mundo de los saxofones y las trompetas, el cuento El perseguidor es el ejemplo más notorio.
    El destino del tren era París pero el destino a donde llegó la cátedra impartida por Cortázar a sus colegas fue una apología del excelso pianista Thelonious Monk cuando el amanecer marcaba el fin de la noche.
    Esta historia la narra García Márquez en el prólogo del reciente libro del mexicano Ignacio Solares sobre el entrañable escritor argentino que se titula  Imagen de Julio Cortázar.

    Artículo de Wikipedia
    Imágenes de jazz
    Vídeos sobre jazz
    Noticias sobre jazz
    Literatura jazzistica en castellano
    Los cien mejores discos de la historia del jazz
    A todo jazz - RNE - Juan Claudio Cifuentes, "Cifu"
    LOS VEINTE MEJORES ÁLBUMES DEL JAZZ: Del hard bop al jazz fusión por Daniel Herrera y Joaquín Peón Iñiguez


    25 DISCOS DE JAZZ: UNA GUÍA ESENCIAL
    The following article is a list of CDs containing some of the best jazz recorded in the 20th century. Although we are aware that 65 currently available CDs (25 “essentials” plus other 40) are not enough to summarize the history of recorded jazz, we have tried our best to offer a view as balanced and representative as possible of this music’s first eighty years, or at least a taster of what this diverse and ever-changing music has to offer.

    PRESENTACIÓN
    Lo que sigue a continuación es una selección de CDs de jazz con grabaciones realizadas entre 1917 y 2000, periodo que hemos dividido en cuatro partes de aproximadamente 20 años. Los discos están agrupados en 25 “esenciales” y 40 “complementarios”, siguiendo un criterio resultante de la combinación de factores que abarcan desde los motivos estrictamente musicales hasta la disponibilidad real en el mercado español, pasando por la calidad de sonido de las reediciones y el equilibrio entre la diversidad y la representatividad en cada periodo.
    El desarrollo del jazz está estrechamente ligado al de la industria discográfica. La improvisación, como composición espontánea, convierte al jazz en la más efímera de las músicas, y su rápida evolución y difusión en menos de un siglo no habrían sido posibles sin la tecnología de grabación de sonidos: gracias a ella, el músico aprendiz puede escuchar un mismo pasaje cuantas veces sea necesario, independientemente de la distancia espacial o temporal que le separe del intérprete emulado, con una riqueza de matices de timbre y ritmo imposible de reflejar en papel pautado.
    En cuanto al formato en sí, hemos limitado esta selección a las ediciones en CD por ser el soporte más extendido, a pesar de que aún sobrevive el LP y los nuevos formatos de compresión de sonido cobran más fuerza cada día que pasa. Respecto a la disponibilidad de las ediciones, aunque hemos incluido únicamente discos en catálogo, hay que señalar que el CD es un formato que se presta especialmente al mercado de segunda mano, que merece la pena investigar.
    Dado el carácter retrospectivo de esta selección, es necesario un breve apunte sobre las reediciones. En todos los casos hemos procurado escoger las publicadas por los propietarios de las grabaciones originales o por sellos de reputación contrastada. El motivo es simple: las reediciones “oficiales” casi siempre ofrecen la mejor calidad de sonido, una consideración nada desdeñable, particularmente cuando hablamos de la música de entreguerras.
    La decisión del número de discos que contiene esta selección, 25 más 40, se tomó pensando en quienes quieren empezar a introducirse en esta música. Aunque hemos tratado de cuajar una colección representativa, el jazz –o “los jazz”, como clama la mancheta de la revista francesa “Jazzman”– es demasiado diverso y rico para lograrlo con 65 discos (como referencia, en su “Jazz On Record” el reputado Brian Priestley afirma que una colección de 300 volúmenes apenas sería representativa).
    Ha de tenerse en cuenta, además, lo que Dan Morgenstern apunta en su “Living With Jazz”: comparado con todo el jazz que se ha tocado, la parte que se ha recogido en grabaciones vendría a ser una gota en el océano. Añádase que de esa gota de jazz grabado, en su mayoría publicado en discos de 78 o 33 RPM, sólo se ha reeditado en CD una mínima parte, y que de esta mínima parte publicada en formato CD, nosotros hemos desestimado el material descatalogado. La conclusión es que en ningún caso debería entenderse esta lista como una historia del jazz grabado, ni mucho menos como una historia del jazz. Viendo el vaso medio lleno, todos los discos aquí incluidos han superado la prueba definitiva para toda obra de arte, el paso del tiempo, y son un ejemplo de lo que puede dar de sí esta música.
    Finalmente, como editor de los textos que siguen, aunque no soy responsable de las opiniones expresadas por mis tres colegas, sí lo soy de las erratas que hayan podido colarse. Tras casi medio año de conversaciones y 700 e-mails a cuatro bandas, sólo me queda agradecer a Agustín, Natxo y Jorge su dedicación y generosidad, y a Pachi Tapiz la publicación de esta guía, que sólo busca contribuir a abrir puertas a un universo musical que es fuente inagotable de satisfacciones y sorpresas.
    Que aproveche.
    Fernando Ortiz de Urbina

    DISCOS ESENCIALES
    1917-1942 por Agustín Pérez
    • Louis Armstrong: Hot Fives And Sevens (JSP, 4 CDs)
    • Jelly Roll Morton: Birth Of The Hot (RCA/BMG)
    • Bix Beiberdecke: Vol.1, Singin’ The Blues (Columbia/Sony)
    • Coleman Hawkins: King Of The Tenor Sax 1929-1943 (Jazz Legends)
    • Billie Holiday: Lady Day, The Best Of Billie Holiday (Columbia/Sony, 2 CDs)
    • Count Basie: The Best Of Early Basie (Decca/Universal)
    • Duke Ellington: Never No Lament, The Blanton-Webster Band (Bluebird/BMG, 3 CDs)
    ...más diez complementarios: King OliverBessie SmithArt TatumBennie Goodman...
    1943-1959 por Fernando Ortiz de Urbina
    • Charlie Parker: The Essential Charlie Parker (Union Square Music, 2 CDs)
    • Thelonious Monk: Genius of Modern Music, vols. 1 y 2 (Blue Note/EMI)
    • Lennie Tristano: Intuition (Capitol/EMI)
    • Art Blakey: A Night In Birdland, vols. 1 y 2 (Blue Note/EMI)
    • Miles Davis: Kind Of Blue (Columbia/Sony)
    • Ornette Coleman: The Shape Of Jazz To Come (Atlantic/WEA)
    ...más diez complementarios: Dizzy GillespieBud PowellSonny RollinsGeorge Russell...
    1960-1979 por Ignacio Fuentes
    • Bill Evans: Waltz For Debby / Sunday At The Village Vanguard (Riverside/Fantasy)
    • Eric Dolphy: Out To Lunch (Blue Note/EMI)
    • Albert Ayler: Spiritual Unity (ESP)
    • John Coltrane: A Love Supreme (Impulse/Universal)
    • Herbie Hancock: Head Hunters (Columbia/Sony)
    • Charles Mingus: Changes One / Changes Two (Atlantic/WEA)
    ...más diez complementarios: Gil EvansOliver NelsonAndrew HillLee Morgan...
    1980-2000 por Jorge LG
    • David Murray: Ming (Black Saint)
    • Lester Bowie: The Great Pretender (ECM)
    • Keith Jarrett: Standards, vols. 1 y 2 (ECM)
    • Wynton Marsalis: Black Codes (From The Underground) (Columbia/Sony)
    • Steve Coleman: Def Trance Beat (Modalities Of Rhythm) (Novus/BMG)
    • John Zorn's Masada: Sanhedrin (Unreleased & Alternate Takes 1994-1997) (Tzadik)
    ...más diez complementarios: Anthony BraxtonDave HollandPaul Motian Bill Frisell...

    LOS CULPABLES
    Agustín Pérez (EKE BBB) es economista, ha contribuido a diversos proyectos discográficos y es el autor de ladiscografía de Tete Montoliu más completa jamás publicada.
    Lamenta haber dejado fuera a Bunny Berigan, Eubie Blake, Cab Calloway, James P. Johnson, Jimmie Lunceford, New Orleans Rhythm Kings, Bennie Moten, Pee Wee Russell, Jabbo Smith, Fats Waller y un largo etcétera.
    Fernando Ortiz de Urbina (Fer Urbina) es traductor. Escribe sobre música desde 1993 y ha colaborado con El Diario Vasco (San Sebastián), Radio Euskadi (Bilbao), Jazzwise (Londres), La Tempestad (México) y Teoría (Puerto Rico). Actualmente es el corresponsal en Londres de Cuadernos de Jazz y prepara una discografía de Eddie Costa.
    Lamenta no haber incluido a Louis Armstrong y los All-Stars en directo, Teddy Charles, el trío de Nat King Cole, más Miles Davis, Jimmy Giuffre, Woody Herman (1945-46), el Modern Jazz Quartet, el quinteto de Max Roach y Clifford Brown, Sarah Vaughan y Ben Webster con Oscar Peterson.
    Ignacio Fuentes (Natxo) es abogado. Dirigió y presentó el programa Jazzteiz en Hala-Badi Irratia de Vitoria entre 1996 y 2003, y ha colaborado con la revista literaria La Botica.
    Se le quedaron fuera Jimmy Giuffre, Wayne Shorter, Horace Silver, Archie Shepp, Jackie McLean, Roland Kirk, Hank Mobley, Wes Montgomery, Woody Shaw y Dexter Gordon.
    Jorge LG (López de Guereñu) es artista y profesor. En los ochenta y noventa colaboró en distintas asociaciones con programas educativos mixtos de música y arte en Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña y escribió artículos sobre arte, música y cultura urbana en Ear Magazine, Sound Journal y publicaciones académicas. En la actualidad dirige su escuela de Arte y Diseño en Bilbao.
    Músicos que lamenta haber dejado fuera: Don Byron, Don Cherry, Ornette Coleman y Prime Time, Joe Henderson, Greg Osby, Dewey Redman, Mal Waldron con Steve Lacy o Marion Brown, y Cassandra Wilson.

    ©Tomajazz, 2005

    lunes, 9 de agosto de 2010

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