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viernes, 19 de octubre de 2012

Lecturas de Literatura Universal para el Curso 2012-2013




  • 2ª Evaluación:
    • Una lectura que sale de La metamorfosis de Frank Kafka o El extranjero de Albert Camus.

  • 3ª Evaluación:
    • Una lectura que sale de El resistible ascenso de Arturo Ui de Bertolt Brecht o Esperando a Godot de Samuel Beckett.

Madame Bovary de Gustave Flaubert (Texto en PDF en battaletras.com)

Oliver Twist de Charles Dickens (texto en PDF en Dominio Público)

Tartufo de Molière (texto en PDF por Biblioteca Virtual Universal)

lunes, 30 de abril de 2012

Cielo abajo de Fernando Marías



Cielo Abajo es una novela de Fernando Marías Amondo, que nace en el año 2005. No se trata de una historia sobre la Guerra Civil, pero la presencia de este suceso histórico es evidente. En unas ocasiones aparece en primer plano y en otras, más frecuentes, como fondo de la historia que se nos muestra. La Guerra Civil es una batalla cercana, pero también muy lejana para los lectores adolescentes, a los que se dirige este libro. Normalmente, esta guerra, no se trata de manera objetiva. Sin embargo, Fernando Marías la relata desde los dos lados, a través de los ojos de un hombre que traiciona a ambos bandos. El autor emplea el suspense para atrapar al lector con amores que perduran de por vida, amigos que se traicionan y batallas en los cielos, con aviones de guerra. (Wikipedia)

martes, 28 de febrero de 2012

El misterio Velázquez de Eliacer Cansino



Eliacer Cansino Macías (Sevilla, 1954) es profesor de Filosofía en el instituto Mateo Alemán de Sevilla, desde 1980 y autor principalmente de novelas para jóvenes y adultos.

Obra

En 1997 recibió el Premio Lazarillo por El misterio Velázquez, una recreación de la vida del enano Nicolasillo Pertusato y su relación con Velázquez tanto en la fase de culminación de "Las Meninas", en la que interviene un personaje oscuro y enigmático, como en el momento de la muerte del pintor. De esta obra se ha destacado que "con ... un estilo preciso, ajustado a la época y a la persona que redacta, el autor construye una narración intrigante ... Es una novela más —pero inteligente y de calidad, también por su sencillez— sobre un pacto fáustico".1 Por otro lado, cabe señalar que la obra de Velázquez se ha tratado con fortuna en la literatura infantil española moderna; véase otro enfoque en Siete historias para la infanta Margarita, de Miguel Fernández-Pacheco.
En 1992 se le había otorgado el Premio Internacional Infanta Elena por Yo, Robinsón Sánchez, habiendo naufragado, obra que fue asimismo finalista al Premio Nacional. En 2009 recibió el premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil por Una habitación en Babel, y por la misma obra recibió en 2010 el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.


sábado, 27 de agosto de 2011

Mario Benedetti

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia (Paso de los Toros, Uruguay, 14 de septiembre de
1920 – Montevideo, Uruguay, 17 de mayo de 2009), más conocido como Mario Benedetti, fue un escritor y poeta uruguayo integrante de la Generación del 45, a la que pertenecen también Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, entre otros. Su prolífica producción literaria incluyó más de 80 libros, algunos de los cuales fueron traducidos a más de 20 idiomas. (Wikipedia)

viernes, 12 de agosto de 2011

Ramón de la Cruz



Fuera de su periodo inicial en que escribió traducciones, imitaciones y adaptaciones de trágicos franceses e italianos (Racine, Voltaire, Ducis, Beaumarchais, Metastasio y Apostolo Zeno), escribió también comedias (Marta abandonada) y zarzuelas (El tutor enamorado; Las segadoras de Vallecas, 1768; Las labradoras de Murcia, 1769; Las foncarraleras, 1772; El licenciado Farfulla, 1776, etc.), si bien es sobre todo conocido por su obra de la última época, los más de 300 sainetes que escribió (pequeños apuntes costumbristas de asunto humorístico, llenos de música y canciones, compuestos con agilidad y gracia en verso), en los que trata y retrata al Madrid de su tiempo. El más famoso es seguramente Manolo, donde se parodian las comedias heroicas que eran pasto habitual de los teatros de ese tiempo, describiendo con lenguaje arrabalero y propio de los bajos fondos el regreso de un hampón recién salido de la cárcel a Madrid desde un presidio africano, ambientes que Ramón de la Cruz conocía bien (fue funcionario de prisiones y vivió en Ceuta) y parodiando las situaciones trágicas de dichas comedias.


artículo de wikipedia - Cervantes Virtual - obras en Cervantes Virtual - imágenes - Books Google - Liteesnet - "Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla" por A. Robert Lauer -  wikisource - Manolo - "Don Ramón de la Cruz y sus sainetes: víctimas de la bipolaridad historiográfica dieciochista" por Yvonne FUENTES - "Madrid. Sugerencias sobre lo urbano y lo arquitectónico en el teatro de don Ramón de la Cruz" por VIRGINIA TOVAR MARTÍN - "Ramón de la Cruz y Carmontelle" por Francisco Lafarga - "Homero y Ovidio en clave de zarzuela: La Briseida de Ramón de la Cruz" por Vicente Cristóbal "BASES Y TÓPICOS MORALES DE LOS SAÍNETES DE RAMÓN DE LA CRUZ" por Josep María SALA VALLDAURA - "El don de Ramón de la Cruz" por Fernando Doménech - "El cortejo y las figuras del petimetre y el majo en algunos textos literarios y obras pictóricas del siglo XVIII" por Noelia Gómez Jarque - "LAS PIEZAS «MÁGICAS» DE RAMÓN DE LA CRUZ" por Antonietta CALDERONE  

martes, 26 de julio de 2011

Alejo Carpentier







Alejo Carpentier y Valmont (26 de diciembre de 1904 – 24 de abril de 1980), fue un novelista y narrador cubano que influyó notablemente en la literatura latinoamericana durante su período de auge, el llamado «boom». La crítica lo considera uno de los escritores fundamentales del siglo XX en lengua castellana, y uno de los artífices de la renovación literaria latinoamericana, en particular a través de un estilo que incorpora varias dimensiones y aspectos de la imaginación para recrear la realidad, elementos que contribuyeron a su formación y uso de lo «Real Maravilloso».












domingo, 16 de enero de 2011

Ernesto Sabato (pronunciado Sábato)

Otros enlaces de interés:

El túnel - Ernesto Sabato

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EL TÚNEL (texto escogido) - Ernesto Sabato

II



Como decía, me llamo Juan Pablo Castel. Podrán preguntarse qué me mueve a escribir la historia de mi crimen (no sé si ya dije que voy a relatar mi crimen) y, sobre todo, a buscar un editor. Conozco bastante bien el alma humana para prever que pensarán en la vanidad. Piensen lo que quieran: me importa un bledo; hace rato que me importan un bledo la opinión y la justicia de los hombres. Supongan, pues, que publico esta historia por vanidad. Al fin de cuentas estoy hecho de carne, huesos, pelo y uñas como cualquier otro hombre y me parecería muy injusto que exigiesen de mí, precisamente de mí, cualidades especiales; uno se cree aveces un superhombre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido. De la vanidad no digo nada: creo que nadie está desprovisto de este notable motor del Progreso Humano. Me hacen reír esos señores que salen con la modestia de Einstein o gente por el estilo; respuesta: es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto. Aun cuando se imagina que no existe en absoluto, se la descubre de pronto en su forma más sutil: la vanidad de la modestia. ¡Cuántas veces tropezamos con esa clase de individuos! Hasta un hombre, real o simbólico, como Cristo, pronunció palabras sugeridas por la vanidad o al menos por la soberbia. ¿Qué decir de León Bloy, que se defendía de la acusación de soberbia argumentando que se había pasado la vida sirviendo a individuos que no le llegaban a las rodillas? La vanidad se encuentra en los lugares más inesperados: al lado de la bondad, de la abnegación, de la generosidad. Cuando yo era chico y me desesperaba ante la idea de que mi madre debía morirse un día (con los años se llega a saber que la muerte no sólo es soportable sino hasta reconfortante), no imaginaba que mi madre pudiese tener defectos. Ahora que no existe, debo decir que fue tan buena como puede llegar a serlo un ser humano. Pero recuerdo, en sus últimos años, cuando yo era un hombre, cómo al comienzo me dolía descubrir debajo de sus mejores acciones un sutilísimo ingrediente de vanidad o de orgullo. Algo mucho más demostrativo me sucedió a mí mismo cuando la operaron de cáncer. Para llegar a tiempo tuve que viajar dos días enteros sin dormir. Cuando llegué al lado de su cama, su rostro de cadáver logró sonreírme levemente, con ternura, y murmuró unas palabras para compadecerme (¡ella se compadecía de mi cansancio!). Y yo sentí dentro de mí, oscuramente, el vanidoso orgullo de haber acudido tan pronto. Confieso este secreto para que vean hasta qué punto no me creo mejor que los demás.

.... Sin embargo, no relato esta historia por vanidad. Quizá estaría dispuesto a aceptar que hay algo de orgullo o de soberbia. Pero ¿por qué esa manía de querer encontrar explicación a todos los actos de la vida? Cuando comencé este relato estaba firmemente decidido a no dar explicaciones de ninguna especie. Tenía ganas de contar la historia de mi crimen, y se acabó: al que no le gustara, que no la leyese. Aunque no lo creo, porque precisamente esa gente que siempre anda detrás de las explicaciones es la más curiosa y pienso que ninguno de ellos se perderá la oportunidad de leer la historia de un crimen hasta el final.

.... Podría reservarme los motivos que me movieron a escribir estas páginas de confesión; pero como no tengo interés en pasar por excéntrico, diré la verdad, que de todos modos es bastante simple: pensé que podrían ser leídas por mucha gente, ya que ahora soy célebre; y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores de estas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA.

.... "¿Por qué -se podrá preguntar alguien- apenas una débil esperanza si el manuscrito ha de ser leído por tantas personas?" Este es el género de preguntas que considero inútiles. Y no obstante hay que preverlas, porque la gente hace constantemente preguntas inútiles, preguntas que el análisis más superficial revela innecesarias. Puedo hablar hasta el cansancio ya gritos delante de una samblea de cien mil rusos: nadie me entendería. ¿Se dan cuenta de lo que quiero decir?

..... Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté.

Carlos Arniches

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La señorita de Trevélez - Carlos Arniches

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domingo, 9 de enero de 2011

Cuentos - Julio Cortázar

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Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Márquez

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