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jueves, 6 de noviembre de 2014

DYLAN THOMAS, CIEN AÑOS A LA SOMBRA DE SU LEYENDA en queleerblog

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El mundo celebra el centenario del poeta galés que derribó los muros entre la cultura popular y la alta literatura.
Las leyendas sobre la vida trágica del galés Dylan Thomas (1914-1953) continúan persiguiendo cien años después de su nacimiento a la figura de un poeta que ayudó a derribar los muros entre la cultura popular y la alta literatura.
Nacido en Swansea el 27 de octubre de 1914, a principios de los años 50, una década antes de la primera visita de los Beatles a Estados Unidos, Thomas organizaba ya lucrativas giras transatlánticas y disfrutaba en el mundo anglosajón de una fama más propia de estrellas de la música.
El poeta llenaba en Nueva York auditorios de centenares de personas con el peculiar estilo teatral con el que declamaba sus versos y aprovechaba el viaje para sumarse a licenciosas veladas con intelectuales y artistas del momento.
“Era la viva imagen del poeta del ‘rock and roll'”, describió la nieta de Thomas, Hannah Ellis, para quien los relatos sobre la vida bohemia y los excesos etílicos de su abuelo, a menudo falsos o exagerados, sirvieron en su momento para alimentar su fama, pero han llegado a ensombrecer su figura literaria.
“Mi abuelo sentía que era importante interpretar el rol de poeta, imagino que otros artistas hacen lo mismo. Pero los amigos íntimos de Dylan le describían de forma muy distinta. Explicaban que esencialmente era bastante tímido. Mi instinto me dice que siempre estaba tratando de encajar”, relata Ellis.
MÁS ALLÁ DEL MITO
Thomas, al que se suele describir  bebiendo o escribiendo cartas para pedir dinero constantemente, dejó una amplia obra con 600 páginas de guiones para radio y televisión, veinte relatos cortos y 450 poemas, “treinta de ellos de los mejores de su tiempo”, en opinión de John Goodby, profesor del departamento de Lengua Inglesa de la Universidad galesa de Swansea.
“Para hacer todo eso en tan solo veinte años tenía que estar sobrio y trabajar duro gran parte del tiempo, como de hecho hacía. Su escritura es mucho más interesante que su vida, si la gente aprendiera a leer más allá de su leyenda”, dice Goodby, responsable de una edición anotada de sus poemas, con ocasión del centenario, “Collected Poems of Dylan Thomas” (Widenfield & Nicolson).
Thomas murió en Nueva York con tan solo 39 años por las complicaciones de una neumonía, dejando tras de sí una obra y una biografía que inspiraron entre otros a John Lennon, a Robert Zimmerman -que adoptó el nombre artístico de Bob Dylan para remarcar esa influencia- y Mick Jagger, que posee parte de los derechos literarios del galés.
Muchos “celebraban la idea de que Dylan vivió una vida plena y murió joven”, apunta Ellis, que sin embargo cree que “su fama de galés beodo” contribuyó a que su obra quedara excluida en ciertos ámbitos universitarios.
POETA ARTESANO
“Algunos académicos ingleses han sido extremadamente críticos con el trabajo de Dylan. Lo han descrito como florido y ampuloso, sin verdadera sustancia”, lamenta Ellis, quien subraya que, no obstante, en los últimos tiempos se ha redescubierto la “meticulosa artesanía” de un poeta que llegaba a escribir 200 versiones de un mismo texto.
Según Goodby, la poesía de Thomas tiene dos caras: la más nítida y accesible de la pieza “La mano que firmó el papel”, y la experimental de “En dirección al altar bajo la luz del búho”, uno de los poemas en lengua inglesa más complejos de siglo XX.
“Era capaz de escribir con éxito los dos tipos de poema. Se dirige al mismo tiempo a la vanguardia y al público general que amaba sus versos”, razona el académico, que alaba la “extraordinaria arquitectura verbal” que levanta Thomas en algunas de sus piezas.
Con motivo del centenario, que se cumple mañana, el gobierno galés ha organizado este año diversas conmemoraciones con las que quiere contribuir a rehabilitar la imagen de un poeta que mantuvo una relación difícil con Gales.
Thomas no hablaba el gaélico de sus padres, sino un inglés con acento engolado, y vivió en Londres para estar cerca de los editores, lo que oscureció su reputación en el Gales cerrado y religioso de la época, que se escandalizaba además con las historias de excesos que el poeta protagonizaba en los tabloides.
“Él se hubiera descrito como un galés anglófono -comenta Goodby-. En aquel momento había una actitud en Gales, que todavía existe, por la cual aquellos que no hablan galés, como Thomas, no son tan galeses como los demás”.
“Eso explica la actitud algo beligerante de Thomas HACIA el gaélico y el nacionalismo galés, a pesar de que por supuesto bebía de la cultura del sur de Gales”, relata Goodby, mientras que Ellis subraya que el poeta “era mucho más productivo cuando vivía en Gales, y sus historias están llenas de personajes galeses”.

sábado, 28 de agosto de 2010

Pasear por el onirismo de Dylan Thomas



Por:
Winston Manrique Sabogal
26/08/2010


"A mediados del verano, un muchacho, feliz por no tener qué hacer y porque hacía calor, se hallaba echado en un maizal. Las hojas de maíz se mecían por encima de él como grandes abanicos y los pájaros trinaban en las ramas de los árboles que ocultaban la casa. Tendido de espaldas contra la tierra, contemplaba el cielo infinitamente azul que caía sobre los perfiles del maizal. El aire, después de un cálido chaparrón de mediodía, traía un aroma de conejos y vacas. Se estiró como un gato y cruzó los brazos tras la nuca. Ahora surcaba los mares como un velero, navegaba entre las doradas ola del maizal y se delizaba por el cielo como un ave, saltaba por las campiñas en botas de siete leguas y construía un nido en el sexto de los siete árboles que desde una verde y radiante colina le saludaban aleteando las ramas. Luego volvió a ser el muchacho de los cabellos revueltos que, levantándose perezosamente, buscaba tras los maizales la línea del río que serpenteaba entre las colinas".

Ese es Dylan Thomas evocándose a sí mismo en un maizal. Convirtiendo lo que recuerda, imagina y sueña en prosa poética. Lo hace desde un estado onírico en el cuento Una visión del mar. El sueño entrando en la imaginación, la imaginación irrumpiendo en la realidad, la realidad soñando la imaginación... Y los lindes de la escritura desaparecidos por obra y magia del poeta galés (1914-1953) que logró llevar su lírica a territorios narrativos donde se alza como un demiurgo libre de compromisos. Esta vez para crear un verano a su imagen y sueño donde a partir de un cuento otros cuentos entran y salen de éste, y se cruzan y se interrelacionan creando la sensación de un sueño del que alguien está a punto de despertar cuando, de repente, se introduce otro sueño y así unas cuantas veces, lo cual da origen a un universo en continua transformación. Mundos caóticos salidos de su mundo interior suavizados por su prosa. Ritmo y tensión en cada relato, cuyo conjunto tiene tantas interpretaciones como lectores tenga el cuento; pero donde los miedos latentes y los temores del amor toman cuerpo y múltiples formas. En ese rosario de imaginería onírica se introduce hoy Veranos literarios porque Dylan Thomas sitúa su relato en el estío para rendirle un bello tributo. Hemos dejado al muchacho con los cabellos revueltos buscando el horizonte tras los maizales, vamos a ver a dónde nos conduce ahora su imaginación:

"Metió los dedos en el agua como provocando una ola que traviesa hiciera rodar los cantos y estremeciera el limo dormido. En el agua sus dedos se erigieron en diez pilares de torres y un pececillo de hermosa cabeza y cola de látigo sorteó las compuertas de las torres hábilmente. Y mientras el pececillo huía por entre el laberinto de dedos hacia los guijarros y el lecho de las aguas se removía inquieto, se imaginó una historia. Érase una princesa de un libro navideño que se había ahogado, con los hombros descoyuntados y dos coletas pelirrojas tensas como cuerdas de violín en torno al quebrado cuello. (...)

Aquel verano era el más hermoso desde el principio de los siglos. No creía en Dios, pero era Dios quien había alumbrado aquel verano tan lleno de azules aires, y aquel calor y aquellas palomas que poblaban el bosque. En las anónimas colinas que se avistaban a distancia, no había torres de minas, chimeneas ni remolques, sólo siete árboles que semejaban hombres y mujeres tendidos al sol. No encontraba palabras que expresaran la maravilla de aquel verano o el murmullo de los pájaros del bosque o el susurro del maizal mecido por la brisa del mar. No había palabras para sol y cielo, para el campo entero del estío. (...)

El cuento de la princesa ya se había pasado. Aquella tarde bajo el verde inocente de los árboles y entre los jilgueros que volaban hacia el sol, no había mar en que aquella pudiera ahogarse prendida del cabello. El mar se había retirado y tras de sí quedaron un campo sembrado de maíz, una casa escondida y una colina. Del séptimo árbol de pronto se descolgó la princesa, era tan alta como el primero de los árboles y llevaba un vestido de seda hecho jirones. (...) El muchacho contempló asombrado la desaparición del río, vio cómo la tierra se tragaba los sembrados y cómo los árboles del bosque se reducían a pequeños tallitos y cómo el campo y el paisaje entero le cabían en el cuenco de la mano. (...) El muchacho, tímidamente acurrucado en la sombra, vio morir a la princesa por segunda vez mientras una campesina ocupaba su puesto. (...)

Y se quedó a su lado sin hacer nada, sentado a la izquierda y ewscuchando el latir de su corazón donde se ahogaban todos los sonidos del verano. (...) Esto es un cuento, dijo ella, que trata de un muchacho a quien besa una bruja. Le acarició los ojos y se estrechó contra él. Y después que lo hubo amado y provocado su muerte, se lo llevó dentro de ella a una cabaña en el bosque. (...)

Un retazo de viento prendido en la luz solar que iluminaba el pequeño paisaje,como un viento entre paredes de un vacío caserón, convirtió los rincones en montañas y pobló los áticos de sombras que despuntaban por el tejado. Por todos los pasillos del paisaje corría el aire como un puñado de voces de creciente intensidad hasta oírse una última ya grave para dejar el caserón lleno de murmullos.

- ¿De dónde vienes? - le preguntó ella al oído. Seguía sentada a su lado, y aunque ya no le abrazaba, tenía una rodilla entre las piernas del muchacho y con una mano le sujetaba las de él. ¿Por qué tienes miedo de aquella muchacha de tostada piel si no era mayor ni más fuerte que las pálidas muchachas que en su pueblo tenían hijos antes de casarse?".

Una visión del mar, del volumen El visitante y otras historias (Bruguera). Dylan Thomas. Traducción de Ignacio Álvarez.

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