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miércoles, 30 de septiembre de 2015

"Soy un poeta de línea clara que se está volviendo oscuro” - Luis Alberto de Cuenca. Premio Nacional de Poesía

Luis Alberto de Cuenca recibe el Premio Nacional de Poesía por su libro 'Cuaderno de vacaciones'. El poeta, filólogo y traductor fue secretario de Estado de Cultura por S


Luis Alberto de Cuenca, en julio de 2014, en su despacho del CSIC. / SAMUEL SÁNCHEz
 Luis Alberto de Cuenca, madrileño de 1950, ganó este lunes el Premio Nacional de Poesía por Cuaderno de vacaciones (Visor) un libro en el que pueden leerse versos como estos: “Los mortales estamos hechos de veinte piezas:/diecinueve salvajes y una civilizada”. Cualquiera que conozca la trayectoria del galardonado diría que su parte civilizada es un puzle en el que encaja todo: los clásicos griegos y los de Hollywood, los tebeos y la ecdótica. Que se haya dedicado con idéntica seriedad a estudiar al heleno Euforión de Calcis que a rastrear el mito artúrico en Star Warsretrata bien a un hombre que se mueve con la misma soltura en una galaxia muy lejana que en el siglo III antes de Cristo. “Una noche en la calle/vale más que cien libros”, dicen otros dos versos suyos.
El premio nacional que acaba de recibir –y que se suma al de Traducción que en 1989 obtuvo por el Cantar de Valtario- está dotado con 20.000 euros, pero la pregunta del millón es cuándo descansa Luis Alberto de Cuenca. Desde hace años dedica sus vacaciones a escribir poemas, de ahí el título de su último libro. “Digamos que miro el mundo como poeta todo el año y en agosto esa mirada se convierte en poesía”, dijo el lunes en Madrid. Lo dijo y al instante se lanzó a recomendar Black Sails, la serie de televisión que le absorbe en el tiempo que no le ocupa Eurípides: “De piratas. Fascinante. Una precuela de La isla del tesoro”.
La palabra clave es “fascinante”, porque todo lo cuenta con entusiasmo este escritor y filólogo. Tenía 24 años cuando empezó a trabajar en el departamento de clásicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y 30 cuando la Orquesta Mondragón llegó a disco de platino con una canción a la que él había puesto letra, Caperucita feroz, y a la que, con ironía, el poeta suele referirse como “un best seller”. Todavía se sonríe recordando la “coña” que hacían a su costa sus compañeros del CSIC. “Yo no distingo entre alta y baja cultura”, argumenta. “Son dos emanaciones del ser creativo del hombre”.

Humor y sentimiento

Más en serio se lo tomaron sus colegas en 1985. De Cuenca ganó ese año el Premio de la Crítica por La caja de plata, el libro que supuso su alejamiento del culturalismo de parte de su generación, la de los novísimos. Bienhumorada y sentimental, su poesía se acogió desde entonces a una etiqueta tomada del cómic: línea clara. Pasado el tiempo, sus primeros libros —Elsinore, Scholia— llegan expurgadísimos a cada nueva edición de su poesía reunida —Los mundos y los días (Visor)— aunque su autor los mira hoy con más benevolencia: “Ya no me parecen radicalmente abominables. Ahora los leo hasta con ternura. Será la edad. Sigo siendo un poeta de línea clara, pero esa línea se está volviendo cada vez más oscura. Y no porque no se me entienda sino porque los tintes del poema son más graves. Eso sí, sin perder el humor y la ironía”.
Capaz de colocar en un mismo poema a una stripper y al emperador Justiniano, Luis Alberto de Cuenca fue director de la Biblioteca Nacional entre 1996 y 2000 y Secretario de Estado de Cultura con José María Aznar desde ese año hasta 2004. Luego volvió al CSIC, a sus eruditos y a sus roqueros: en 2011 fue Loquillo el que puso música a sus versos en Su nombre era el de todas las mujeres. Un año antes había ingresado en la Academia de la Historia. Los versos, entretanto, nunca ha sido para él pasajeros. “Este verano pasado, por ejemplo, se ha dado bien”, dice sin ocultar su satisfacción. “Habré escrito unos 20 poemas”. Así son los poetas: a cualquier cosa llaman vacaciones.

viernes, 18 de noviembre de 2011

El Premio Nacional de Poesía, también para Francisca Aguirre


La poetisa alicantina gana el galardón con "Historia de una anatomía", con el que consiguió el Internacional Miguel Hernández en 2010



EFE / EUROPA PRESS MADRID La poetisa alicantina Francisca Aguirre obtuvo ayer con Historia de una anatomía el Premio Nacional de Poesía, que concede el Ministerio de Cultura para distinguir una obra de autor español escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado editada en 2010, dotado con 20.000 euros. Aguirre (Alicante, 1930), esposa del también poeta Félix Grande, ya obtuvo el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández 2010 por este mismo libro, en el que recuerda sus vivencias, entre ellas la muerte de su padre, el pintor Lorenzo Aguirre,última persona muerta en el garrote vil en España, en 1942, el mismo año en que falleció el poeta oriolano.
Para la ganadora, este poemario es uno de los más importantes de su vida. "Es un recorrido por mis vivencias y emociones, pero en el que también circula algo de humor negro, y, sobre todo, es una defensa del cuerpo humano. Incluyo en el libro una cita muy expeditiva del Nobel Coetzee que es muy significativa y que dice: Un cuerpo dice la verdad. No siempre, ni a la primera, pero siempre es el cuerpo el que dice la verdad".
Pero Francisca Aguirre, conocida por el círculo literario como Paca Aguirre, casada con el poeta Félix Grande y madre de poeta, quiere precisar que este poemario también es un grito reivindicativo. "No quería dejar de decir que soy hija de un pintor republicano y aquí dejo constancia de que fue un hombre alegre, que amó la vida, la pintura, a su mujer, y, por encima de todo, a la justicia. Fue un magnifico pintor asesinado por defender a un gobierno legítimo".
La poeta alicantina, autora de libros como La otra música, el libro de relatos Que planche Rosa Luxemburgo (Premio Galiana 2004) y el libro de recuerdos Espejito, espejito, asegura que este poemario es muy importante, pero que en sus obras anteriores también ha hecho un recorrido por la memoria y la historia.
Ha sido galardonada con el premio de poesía Leopoldo Panero por Ítaca; el premio Ciudad de Irún por la obra Los trescientos escalones; el premio Esquio por su libro de poemas Ensayo general; el premio María Isabel Fernández Simal por su poemario Pavana del desasosiego y el Premio Valencia de la Institución Alfonso El Magnánimo por su libro de poemas Nanas para dormir desperdicios. Sus obras han sido traducidas al valenciano, inglés, francés, italiano, portugués y árabe.
El jurado del galardón estuvo formado por Soledad Puértolas, por la RAE; Manuel Rivas, por la Real Academia Gallega; Jon Kortazar, por la Real Academia de la Lengua Vasca; Vinyet Panyella, por el Instituto de Estudios Catalanes; Asunción Escribano, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas; Paula Izquierdo, por la Asociación Colegial de Escritores; Ángel Luis Prieto, por la Asociación Española de Críticos; Teresa Martín, por la FAPE; Sandra Santana, por la ministra de Cultura; y el galardonado de 2009 Juan Carlos Mestre.

Un reconocimiento de la aportación de las mujeres a la cultura 
La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, consideró ayer durante un acto celebrado en Ibi que la concesión de este galardón a Aguirre se trata de "una buena noticia, no solo porque una alicantina haya ganado este premio, sino porque se va reconociendo cada vez más la aportación de las mujeres a la cultura, que es muy notable".
Además, representantes del ámbito cultural y político de Alicante subrayaron su faceta humana y literaria, y fue acogida con "enorme satisfacción". Así, el escritor José Luis Ferris afirmó que "s un viaje en el tiempo, por los paraísos de su infancia, salpicados en varias ocasiones por humillaciones, recuerdos, lágrimas y también alegrías". 
Desde el ámbito político, el concejal de Cultura de Alicante, Miguel Valor, dijo que "hoy es un gran día para la poesía, para la cultura alicantina y para la propia Francisca Aguirre, que se lo merece por toda una vida y obra". Tras anunciar que el consistorio alicantino podría organizar en próximas fechas un acto de homenaje y de reconocimiento a Aguirre, manifestó que este premio también pone en valor a "toda una familia de artistas y amantes de la cultura", en referencia a su padre, el pint
Desde la Universidad de Alicante (UA), el catedrático de Literatura Hispanoamericana y comisario de la Comisión Nacional del Centenario de Miguel Hernández 2010, José Carlos Rovira, definió la obra de Francisca Aguirre de "intensa, bella y comprometida". "Es una satisfacción para todos que haya obtenido este galardón", manifestó Rovira, quien también tuvo palabras de recuerdo para el padre de ésta, la última persona que murió en España por garrote vil.
El director del Secretariado de Cultura de la UA y profesor titular de literatura catalana contemporánea, el también escritor Carles Cortes, manifestó que el galardón concedido a Aguirre "anima a los escritores de periferia a tener una trayectoria solvente y con repercusión". "El hecho de que el premio haya recaído en una mujer tiene una doble importancia", añadió Cortés, para quien la poesía de Francisca Aguirre es "como leer la versión femenina de la obra de Jaime Gil de Biedma". Su poesía es "reflexión y crítica social", expuso, y espera que este galardón rompa la tendencia de las editoriales a la hora de apostar poco por la poesía, sobre todo, la poesía escrita por mujeres.

EUROPA PRESS / efe alicante

martes, 5 de octubre de 2010

José María Millares gana póstumamente el Premio Nacional de Poesía

El galardón recae en el libro 'Cuadernos (2000-2009)'. El poeta canario falleció el año pasado


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 05/10/2010

"Una escritura directa cuyo desarrollo se busca haciéndose y se hace mientras se busca". Así definía José María Millares su propia obra en el prólogo de Cuadernos (2000-2009), publicado por la editorial Calambur. Fallecido en septiembre de 2009, Millares acaba de ser galardonado por ese libro con el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía. Convocado por el Ministerio de Cultura, el premio está dotado con 20.000 euros.




El año pasado, urgido por la enfermedad, José María Millares Sall (Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, 1921-2009) decidió recopilar en el volumen ahora premiado los apuntes poéticos -10 cuadernos con 20 poemas cada uno- que había ido tomando en lo que él llamaba "celdas". Su publicación coincidió además con la aparición de Esa luz que nos quema (Barataria), una amplia antología con textos inéditos de sus años de madurez.



Hermano del pintor informalista Manuel Millares, con él y con su hermano Agustín, también poeta, fundó una colección llamada Planas de poesía que tuvo cierta resonancia a finales de los años cuarenta y nueva vida décadas más tarde. Con todo, siempre fue un poeta periférico, en lo geográfico y en lo literario. "A veces pienso que escribo para una generación que aún no ha nacido, y para otros que todavía tendrán que aprender a leer poesía", escribió.



Millares lo fue todo casi de todas las maneras: editor artesanal, artista plástico, letrista de canciones... Es la suya una poesía visionaria que parte de lo concreto -"entre la piedra y la luz"- para dejar volar la reflexión sobre la existencia y sus sombras -le gustaba definirse como poeta existencial- sin demasiadas ataduras lógicas. Un ejemplo:



Debajo



de la piedra hay un reloj



y agujas que caminan y el rodar del agua bajo tierra



y encima de esa nube el tiempo



y tras del pájaro que vuela



otra piedra lanzada tras el reloj que escapa



y tras de todos esa sombra



que huye y el silencio y más allá de su luz



ese animal sin ojos



que aún



nos llama.



En un año, el último de su vida, José María Millares vivió una atención hacía su obra -recibió también el Premio Canarias de Literatura- mayor que en los 88 anteriores. Como la otra justicia, también la justicia poética es lenta.



El jurado que le acaba de conceder el Premio Nacional de Poesía ha estado formado, entre otros, por Luis María Ansón, Francisco Díaz de Castro, Andrés Sorel, Ana Gorría y los premiados en las dos últimas ediciones: Juan Carlos Mestre y Joan Margarit.

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