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miércoles, 29 de febrero de 2012

¿Para qué hay que leer literatura?



Por Darío Jaramillo Agudelo para elmalpensante.com

¿La ficción es la madre de todos los vicios? Depende. El autor respondió hace
poco a la pregunta en un encuentro convocado por la Fundación Santillana.

¿Para qué hay que leer literatura?


1.  ¿Por qué leer literatura? Tengo muchas dificultades para responder esa pregunta, es más, tengo dificultades con la pregunta misma. Ambas dificultades se relacionan con mi falta de objetividad con respecto al hábito de leer libros inútiles.

Edición N° 73
N° 73
Septiembre - Octubre de 2006
Para empezar, mi clasificación de los libros está muy lejana de la que se podría esperar de alguien que, dentro de su trabajo, es responsable de una red de bibliotecas. La primera gran división de los libros es entre libros útiles y libros inútiles.

Paradójicamente, a estas alturas de la tecnología, los libros útiles están destinados a desaparecer y los inútiles seguramente perdurarán en los estantes de las bibliotecas. No se crea que esta paradoja que presento como profecía es asunto del futuro. Ocurre ahora mismo. Ocurre cada vez en mayor proporción. La información útil, la de los manuales, desde la cartilla de cultivos hidropónicos al vademécum de veterinaria, desde el libro de la crianza de vacunos hasta la bitácora del carpintero, desde los “cómo hacerlo” hasta los “paso a paso”, todo este universo que se amplía a ritmo exponencial, cada vez está más en medio magnético y tiende a desaparecer del papel. Mientras más especializado sea un asunto útil, menos gente está interesada en él, lo que hace irracional convertirlo en papel. Por otra parte, los instrumentos de búsqueda que brinda el medio magnético son mucho más flexibles y prestan una mayor utilidad.

Los libros inútiles, por el contrario, creo que están predestinados a perdurar en el formato de papel. Ray Bradbury dijo, según me informa la wikipedia, que uno se va a la cama sólo con una persona o con un libro. Es cierto. Uno no se lleva a la cama a la wikipedia. Pero sí una inútil novela, un libro de poemas, uno de esos livianos y profundos ensayos de Montaigne.


2.. Lo primero que me he atrevido a hacer aquí es afirmar mi experiencia personal como criterio de mis dudas y de mis respuestas. Y esta es mi primera respuesta. Leo novelas y poemas y ensayos porque son inútiles. Los leo por esa razón y, de paso, niego cualquier utilidad práctica de ese tipo de lecturas, si bien, para contradecirme y continuar impávido, tendría que aclarar que esa costumbre tan inútil como leer novelas puede ser muy útil en ciertos momentos.

Hablo, no me cansaré de repetirlo, desde mi pasión por la lectura. Me gustaría que mi testimonio le sirviera a alguien que lo pueda necesitar, aunque si digo esto, también le estoy encontrando alguna utilidad adicional a algo cuya esencia, ufanamente, es la inutilidad.

Rápidamente me voy enredando en mi propia madeja de contradicciones sólo con el deliberado propósito de envolverlos a ustedes en la convicción que tengo acerca de la formidable y deliciosa utilidad de lo inútil. (Entre paréntesis, como mera digresión en la que no persistiré, también estoy convencido de la mucho más sombría inutilidad de lo útil.)

Pertenezco a una subespecie humana llamada lector compulsivo. En la historia figuran algunos creadores que tenían la misma característica. También hay muchos chiflados que la comparten. Y la mezcla de los anteriores, locos que son celebridades, como el más de ambas cosas, el más loco y el más célebre, don Quijote de la Mancha, encerrado entre sus libros que sustituyen la realidad.

Soy apasionado lector de literatura gracias a la confluencia de tres hechos con los que tropecé en mi primerísima infancia y que se prolongaron en el tiempo: uno, no tuve hermanos ni hermanas; dos, vivíamos en el centro de Medellín, cuestión que me confinaba a la casa, y tres, en esa casa había libros. Muy rápidamente, aun antes de poderlos leer, descubrí que me gustaba mirar los libros, las fotos, las ilustraciones. Y aprendí a leer muy temprano, impulsado por mis ansias de poder leerlos. Mi padre fomentaba aquellos deseos llevando libros a la casa.


3. Creo que fue durante esas horas de domingo entero, en esas vacaciones que se extendían por semanas, que descubrí los dos placeres añadidos a la lectura propiamente dicha. El primero, el que más amo, el placer del silencio: inmerso en una novela, en un poema, el mundo exterior se borra, con todos sus ruidos. El segundo, que aniquilada la realidad de afuera también su tiempo desaparece, se reduce, se olvida, y el único tiem­po válido es el tiempo en que transcurre la narración.

El silencio es un muy valioso y cada vez más escaso tesoro. Antes de la invención de los motores y de la radio, el silencio reinaba entre los hombres. Ahora está en extinción y quien lo necesita, como yo, como algunos otros que lo han probado, pueden conseguirlo metiéndose entre una narración que, ojalá, pertenezca a esa misma edad dorada del hombre, la época en que reinaba el silencio. Sus autores estaban obligados con el lector, tenían el desafío de encantarlo, de no permitir que soltaran el libro. Se llamaban —y hubo más— Boccaccio y Chaucer, Fernando de Rojas y Cervantes, Swift y Quevedo, Rabelais y Defoe. Después vinieron otros, como Cortázar y Calvino, Cabrera Infante y Albert Camus, Canetti y Conrad, Cervantes y Cernuda, Carroll y Clarín, para no salirme de la C de Confucio, de Wilkie Collins y de Calderón.

El procedimiento es muy fácil: usted se embarca —el verbo es literal— en Ana Karenina o en Tom Jones y ellos le activan la cera en los oídos. Y usted, como Ulises, no tendrá la tentación del ruido de afuera, de las prisas del mundo, de los acosos de la realidad apresurada. Aquí todo irá por fuera del tiempo, aquí reinará un silencio tan sutil que se necesitará algún ruido para notar la imperceptible y gozosa existencia de un prolongado silencio.

Precisamente porque su lectura borra la mensura del tiempo según los relojes, la lectura de novelas o ensayos o poemas es útil en ocasiones en que es importante no darse cuenta de la lentitud de las horas. Gasto más tiempo escogiendo las lecturas de aeropuerto y del avión que empacando la maleta. La verdadera duración del vuelo depende del tiempo interior del texto que me acompaña. Los libros inútiles son útiles para alejarse del tiempo suspendido, de las esperas, de los vuelos largos. En estas ocasiones se corren riesgos, habla la experiencia, como aquella ocasión en que una maravillosa trama de Poe no me dejó oír el llamado a bordo. O esa otra, más vergonzosa, en que Thomas de Quincey me tenía envuelto en sus Memorias de los poetas de los lagos y el avión que había llegado a tomar a tiempo se fue sin mí, sordo a los anuncios.


4. Tengo una memoria de corta duración. Olvido fácil. Creo que mi mala memoria es una de mis mejores cualidades, ya no digamos morales, sino también en otros aspectos de mi vida. Gracias a la debilidad de mis recuerdos olvido con mucha prontitud los argumentos y, todavía más, las incidencias y recovecos de las historias. De los libros me quedan datos muy imprecisos y una sensación acerca de cuánto me gustó este o aquel título. Por supuesto, abandonado el oficio de reseñista, no tomo notas, ni hago fichas, ni llevo un diario, y todas estas omisiones facilitan el objetivo de que la memoria flaquee, de que el texto se olvide.

Ese olvido me ha permitido volver a leer con pasión los libros que más me gustan. Hubo una época en que releía cada dos o tres años a Hammett y a Chandler. Y el goce, gracias a mi desmemoria, es el mismo o más, porque ya me permito hacer lecturas dirigidas, como la vez que perseguí, ociosamente, a Dulcinea por todo el Quijote.
 
Precisamente el placer del relector olvidadizo reivindica la más evidente y deliciosa inutilidad de los libros de literatura. Como haciendo el amor, el placer de esta lectura es en tiempo presente, mientras se hace el amor con el libro que se lee. Luego sigue esperar el olvido para ponerlo en fila y volverlo a leer, y así hasta el infinito, hasta morir o quedarnos ciegos, lo que primero ocurra.
 
 
5. Notarán ustedes que todos mis ejemplos vienen de la narrativa. Que apenas he dejado asomar el bendito nombre del señor de la montaña, el sin par Montaigne, entre los ensayistas en los que uno puede repetir fructuosamente su lectura una y mil veces. Entre éstos habría qué incluir el ensayo histórico, como El siglo de Luis XIV o La monja alférez.
 
Consideración aparte merece la poesía. Aquí la pregunta, para qué leerla, aparece acotada por una condición anterior. El que lee versos, por ley general, escribe versos. Hans Magnus Enzensberger ha señalado que la poesía es la única rama de la creación que refuta todas las leyes de la economía, pues los productores de poesía son muchos más que los consumidores. En cantidad son más pero, entre ellos, son pocos, poquísimos, los que logran ser arte. La inmensa mayoría no es legible. No alcanza un nivel estético sino que su nivel es tétrico. Entonces aquí la pregunta, para qué leer poesía, tiene algún valor pedagógico: leo buenos versos para mejorar mis versos.
 
 
6. ¿Para qué leer literatura? Concluyo diciendo que no hay que dar razones. Llevo años colaborando en campañas de lectura desde mi trabajo. He publicado antologías de lecturas amenas con miras a difundir el vicio. Todo esto es como la parábola de la semilla: no son muchas las que caen en campo fértil. A veces pienso que la gente está alienada por el ruido, por la prisa, por el gregarismo derivado del patético miedo de estar solo. Y que todo eso le gana a estar a solas, en silencio, sin acosos, leyendo un libro. Habría, tal vez, que cambiar de táctica. No decir nada. Simplemente atravesarle los libros a los niños por dondequiera que vayan, ponerlos en el aula y en la casa, en el bus y el consultorio, en el parque y en su propio cuarto. Al fin, emboscados, ellos caerán en la tentación.

miércoles, 5 de enero de 2011

Protagonistas del 2011

Winston Manrique Sabogal


04/01/2011


Desde inéditos de Italo Calvino y Roberto Bolaño hasta lo nuevo de Javier Marías y Juan Marsé; pasando por lo último de grandes contemporáneos como Pynchon, Roth, Rushdie y McEwan, y otros que siguen sus pasos como Jonathan Franzen. Desde temas sobre los Tudor hasta el cambio climático pasando por la II Guerra Mundial y la revolución sexual. El nuevo año ofrece buenos escritores, y, según esto, promete buenos libros. Y a la espera de saber la opinión de los lectores, los que ya tienen un sitio en la biblioteca son los autores de quienes este año se conmemora alguna efemérides, entre ellos el medio siglo de la muerte de Ernest Hemingway (en la foto), y el centenario del nacimiento de Ernesto Sábato.




A diferencia de los otros dos artículos que he escrito en Papeles perdidos sobre recomendaciones de avances literarios (en primavera y en otoño de 2010), en los cuales hacia una valoración de los libros, porque había tenido oportunidad de verlos en galeradas, en esta ocasión sólo voy a hacer una breve descripción temática porque aún no los he podido ver y algunos todavía no están ni siquiera en galeradas. Empiezo con el ABC de los escritores que protagonizarán este 2011:



Amis, Martin. La revolución sexual de los años sesenta en una novela que transcurre en un palacio italiano. Su título: La viuda embarazada (Anagrama).



Anders, Günther. La obsolescencia del hombre es una de las obras clave del pensamiento occidental contemporáneo. Escrita por el autor polaco en dos partes, en la primera mitad del siglo XX y la segunda hacia los años 60, la traduce por primera vez al castellano la editorial Pre-Textos.



Bolaño, Roberto. Los sinsabores del verdadero policia es otro inédito póstumo del escritor chileno que publicará este mes Anagrama.



Calvino, Italo. Tres relatos inéditos en España del autor italiano este invierno. La entrada en guerra (Siruela) refleja el paso brusco a la vida de verdad: de la adolescencia a la madurez y de la paz a la guerra.



Cunningham, Michael. Los pasadizos de la atracción física y sexual no los conoce nadie. Y puede dar sorpresas. Ese es el territorio que explora el estadounidense en Cuando cae la noche, que publicará Lumen en marzo.



Ellroy, James. La turbulenta y atormentada vida del autor de L. A. Confidencial de su puño y letra en A la caza de la mujer (Mondadori), la conoceremos en febrero.



Franzen, Jonathan. Una de las novelas más elogiadas del 2010 llegará en otoño: Freedom (Libertad) editada por Salamandra. Un retrato acerado sobre las causas y motivos del presente de la sociedad de Estados Unidos.



Gracia, Jordi y Ródenas, Domingo. Aparece uno de los tomos más esperados del gran proyecto Historia de la literatura española, coordinado por José-Carlos Mainer: 7. Derrota y restitución de la modernidad. Literatura contemporánea: 1939-2009. Los responsables de este séptimo volumen son Jordi Gracia y Domingo Ródenas. Dará mucho de que hablar a partir de marzo cuando lo edite Crítica.



Grossman, Vasili. La batalla de Stalingrado, en la II Guerra Mundial, narrada con el pulso del autor de Vida y destino, titulada Por una buena causa (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).



Houellebecq, Michel. La polémica novela del francés y ganadora del Goncourt: La carte et le terrotoire (El mapa y el territorio), llegará en otoño, en su sello habitual, Anagrama. Arremete contra el arte, la vida en el campo y se parodia así mismo.



Marías, Javier. Tras su largo y aclamado proyecto literario presentado en tres partes, Tu rostro mañana, el autor madrileño vuelve con una novela narrada por una mujer. La primavera es la estación prevista por su editorial Alfaguara. El título está aún por definir de la que será una de las novelas del año.



Marsé, Juan. El desamor en la Barcelona de posguerra bajo el título de Caligrafía de los sueños (Lumen). Febrero es el mes elegido para leer lo nuevo de este premio Cervantes.



Hilary Martel. Los Tudor a través del relato de Cronwell le dieron a esta autora el Booker 2009 y, de paso, el libro, titulado En la corte del lobo (Destino), se ha convertido en el Booker más vendido de los últimos años.



McEwan, Ian. La mirada del narrador británico sobre el cambio climático y el comportamiento de todos en Solar (Anagrama) llegará en primavera.



Müller, Herta. En El rey se inclina y mata (Siruela) la nobel rumana expone, en una serie de ensayos, sus ideas sobre su propia escritura y los condicionamientos históricos y políticos a los que ésta se encuentra sometida.



Murakami, Haruki. Lo último del japonés se titula 1Q84 (Tusquets). Una obra en dos partes en la cual una instructora de gimnasia y un profesor de matemáticas sirven para rendir homenaje a la novela orwelliana, 1984. Primavera y otoño son las estaciones elgidas para su publucación.



Oksanen, Sofi. Purga, la novela de la escritora finlandesa, promete ser la revelación de la temproada. Ha sido una de las novelas más premiadas en los últimos dos años, y disputada por los editores, que en España logró Salamandra. La vida entrelazada de dos mujeres de generaciones diferentes sirve para contar la vida de Estonia, Rusia y Finlandia del último medio siglo y las relaciones personales y sentimentales.



Pérez-Reverte, Arturo. Vuelven las aventuras del Capitán Alatriste. Será uno de los títulos del Día del Libro.



Pynchon, Thomas. La esperada novela de Pynchon. Vicio propio es lo último del estadounidense. Un detective de los años sesenta en Los Angeles traza el retrato colorista de los sueños y pesadillas y fantasmas de la época.



Roth, Philip. El prolífico narrador llega con su novela anual: Némesis (Mondadori). Y con ella retoma la senda de la excelencia en una historia sobre la epidemia de polio en 1941, teniendo como trasfondo la II Guerra Mundial.



Rushdie, Salman. Con Luka y el fuego de la vida (Mondadori), el escritor anglo-indio llegará a todos los públicos. Una historia protagonizada por un niño de 12 años en un mundo mágico y de aventuras y leyendas.



Salinger, J. D. Las claves vitales y literarias de el creador de El guardián entre el centeno en la biografía que ha escrito de él Kenneth Slawenski: Salinger, una vida oculta (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). A finales de enero estará ya en librerías.



Wander, Fred. La buena vida o La serenidad ante el lector (Pre-Textos) son las memorias del autor austriaco sobreviviente de los campos de exterminio de Auschwitz y Buchenwald.



EFEMÉRIDES

Ocho escritores serán homenajeados en 2011: Por los 50 años de muerte Dashiell Hammett (10 de enero), Louis-Ferdinand Céline (1 de julio), y Ernest Hemingway (2 de julio). Y los cien de Emilio Salgari (25 de abril).



Y por cien años de su nacimiento: E. M. Ciorán (8 de abril); Naguib Mahfuz (11 de diciembre); William Golding (19 de septiembre), y, especialmente, para los hispanohablantes, el del creador de El túnel: Ernesto Sábato (24 de junio), que aparece en una foto tomada por Santos Cirilo en 1994, en Valladolid (España)

viernes, 19 de noviembre de 2010

ESQUEMA DE LA LITERATURA SIGLO XIX (1ª MITAD) Romanticismo

LITERATURA S. XIX (1ª MITAD)

Romanticismo


1. POESÍA:

      1.1 Lírica:

  • Espronceda: Poesías
      1.2 Narrativa:

  • Espronceda: El estudiante de Salamanca y
El diablo mundo

  • Zorrilla: Leyendas


2. PROSA:

2.1 Novela histórica:

  • Larra: El doncel de D. Enrique el Doliente
  • Enrique Gil y Carrasco: El señor de Bembibre

2.2 Cuadros de costumbres:

  • Larra: Artículos



3. TEATRO:


Drama romántico:


  • Martínez de la Rosa: La conjuración de Venecia
  • Antonio García Gutiérrez: El trovador
  • Juan Eugenio Hartzenbusch: Los amantes de Teruel
  • Duque de Rivas: D. Álvaro o la fuerza del sino
  • José Zorrilla: D. Juan Tenorio




Postromanticismo


1. POESÍA:

  • Bécquer: Rimas
  • Rosalía de Castro: En las orillas del Sar


    2. PROSA:

  • Bécquer: Leyendas

domingo, 7 de noviembre de 2010

El fútbol y la literatura, dos pasiones que corren cada vez más juntas

UN MAESTRO EN LA TRIBUNA. ERNESTO SABATO EN LA TRIBUNA DE ESTUDIANTES DE LA PLATA, EN DICIEMBRE DE 2004.

07/11/10 por Antonela de Alva. Especial para Clarín

Quien quiera y desee escribir, puede empezar a correr. O a jugar al fútbol, o practicar algún deporte que le llene el alma. La relación entre literatura y deporte no es nueva, menos la que existe entre fútbol y palabras.


Si bien es una relación conflictiva para algunos escritores e intelectuales; para otros –y para la realidad misma – es una pareja muy saludable. Cómo un matrimonio, atravesaron crisis y procesos económicos, se alejaron y volvieron a juntarse pero nunca pudieron distanciarse.

Para algunos escritores, el deporte es esencial a la hora de escribir. A propósito de las maratones que corrió y de los libros que escribió, Haruki Murakami en su libro ¿De qué hablamos cuando hablamos de correr?, sostiene que “Lo importante es ir superándose, aunque sólo sea un poco, con respecto al día anterior. Porque si hay un contricante al que debes vencer en una carrera de larga distancia (y más tarde lo aplicará a sus novelas), ése no es otro que el tú de ayer”. El filósofo existencialista, Jean Paul Sartre aseguró alguna vez que “el fútbol es una metáfora de la vida”.


Muchos escritores son y fueron reconocidos fans de algún deporte. Para Fabián Casas, San Lorenzo significa mucho; Martín Caparrós escribió un libro titulado Boquita; los cuentos de fútbol de Roberto Fontanarrosa, hincha de Central, son conocidos por hinchas, deportistas y hasta por los que odian el deporte; la pasión de Sábato por Estudiantes de La Plata es mítica; el locutor Alejandro Apo le puso la voz en la radio a los cuentos de Eduardo Sacheri sobre esta disciplina también; y el británico Nock Hornby se animó a relatar su experiencia como hincha en Fiebre en las gradas mientras que Eduardo Galeano le rinde homenaje y denuncia las estructuras de poder que existen en Fútbol a sol y a sombra. En Argentina, basta con mirar la vidriera de una librería para ver cómo aumentó la cantidad de libros dedicados al deporte.


Queda claro: cómo alguna vez escribió el periodista Hernán Brienza en una nota para Clarín que “hay un romance intelectual entre literatura y fútbol”, más cerca de las pasiones que de la disciplina que ambas artes requieren.


Para el escritor, poeta y director de cine Pier Paolo Pasolini “El fútbol es un sistema de signos, por lo tanto es un lenguaje. Hay momentos que son poéticos: se trata de los momentos de gol. Cada gol es siempre una invención, es siempre una subversión del código (…). Igual que la palabra poética”.


En un dribbling, el fútbol ha salido de los ámbitos más conservadores y ha dado lugar, cómo en sus inicios, a una pluralidad de voces. En la última cita del Grupo Alejandría, el escritor Facundo Soto leyó una de las más de veinte crónicas inéditas sobre fútbol gay que tiene en su haber.



“Las crónicas surgieron de mi propia experiencia como jugador en un equipo de fútbol gay. Cuando entré, no podía creer la diversidad de gente que había y como estaban llevados al extremo los estereotipos”, contó. Y haciendo hincapié en su experiencia, continuó: “lo que me impactó fue la diversidad de gente y cómo todos conviven sin problemas”. Y, pateó la pelota para agregar: “Es importante escribir sobre estas contradicciones no asumidas para sacar a la luz verdades ocultas. Si existe un prejuicio con la palabra gay, hay que usarla y gastarla y no esconder lo que uno es”, finalizó.


Ya este año la escritora Dalia Rosetti escribió la novela Dame Pelota: fútbol exquisita, en la que se muestra, entre otras cosas, el mundo femenino a través del fútbol.


Y, es que, cómo lo cuentan Ariel Scher, Guillermo Blanco y Jorge Búsico en su libro Deporte Nacional: “En la circunstancia que sea, el deporte mete la cola”.



Y acá metió el gol Ediciones Al Arco, la primera editorial independiente argentina de literatura deportiva. Sí, Julio Boccalatte y Marcos González Cezer crearon una editorial independiente que solo publica libros de deporte y que tiene títulos como Huele a telón de Pablo Sehtman y Enredados de Sebastián Fest.


Huele a tablón (y otros cuentos de fútbol) fue lanzado el jueves. El libro, de 128 páginas, marca el debut literario de Sehtman, cuenta con un prólogo del periodista Ariel Scher y un texto de contratapa de su colega Gustavo Grabia. “Sehtman es un narrador de encantos, un hincha de fútbol lleno de palabras y un andador de imaginación”, asegura Scher en el prólogo.

Periodistas y profesores

Scher, Blanco y Búsico, periodistas y profesores escribieron -después de un año de investigación – el libro ya mencionado, Deporte Nacional, que reúne dos siglos de historia. Pero no es solo un análisis cronólogico de los deportes que hubo en el país. Es también la historia de Argentina contada a través del deporte: fútbol, hockey, basquet, rugby, automovilismo, por citar alguna de estas artes.

Para Jorge Búsico, “El deporte ha ido de la mano de la historia del país, por eso, no podemos entender lo que está sucediendo sin remitirnos a los orígenes”.


Entramos en un vacío que está lleno de contenidos y gracias al aporte de distintas personas abarcamos, con errores lógicos, el deporte nacional desde el lado social”, agregó Blanco. Y atajo la pelota parafraseando a Gabriel Celaya, “la palabra es un arma cargada de pasado, presente y futuro”.



La relación entre literatura y deporte se muestra en este libro periodístico como “dos cuestiones populares que van de la mano”, según Búsico. En el entretiempo, Blanco concluyó: “Jerarquizar al fútbol a través de la literatura le permite a las nuevas generaciones valorar y recuperar la identidad que el fútbol está perdiendo”.


Hoy, literatura y deporte caminan de la mano como una pareja feliz en el día de los enamorados. Quién quiera escribir, puede empezar a correr. Y viceversa. Hay material para todos.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Buena literatura mala

3 Noviembre 10 - - Francisco Nieva, de la Real Academia Española



 
A veces los libros que pasan a la historia primero son despreciados

Quien no conozca a fondo la mala literatura, no sabe muy bien cuál es la buena. Los grandes lectores y críticos «lo han leído todo». Quiero decir que han leído con atención buena y mala literatura de todos los géneros. En el área de la literatura de ficción,  de viajes, de la difusión histórica y científica, de propaganda comercial, incluso octavillas y panfletos políticos


Fiémonos de ese buen lector, que nos asegura que «Justine» y otras muchas cosas del marqués de Sade, a pesar de su mala fama y el manifiesto rechazo de la Iglesia, son  literatura buenísima. No tiene en cuenta el contenido vitriólico, sino su forma, su planteamiento y desarrollo imaginativos. En el método comparativo, se le puede citar como premonitor del surrealismo y de las novelas de Kafka. Démosle al César lo que es del César. Y aún somos más justos si advertimos que la pornografía de Sade ya no es atrayente, sino algo momificado, arqueológico, museal, carente de «glamour», que puede provocar, incluso, un rechazo instintivo. Pero objetivamente, por pudibundos que seamos, tendremos que reconocer su extraordinario valor formal y la construcción de «un mundo aparte», que es lo que distingue a los más grandes escritores, Poe, Stevenson, Proust, Henry James…

En la literatura popular, considerada en general como mala –o simplona–, se encuentran cosas que hacen dudar bastante de si no son nada o son muchísimo. El cuento popular, por desmañado y torpe que se muestre, tiene un encanto literario del que carecen por completo los libros más serios.

En este terreno, sí que entramos en un problema sin duda peliagudo. Lo popular es fundamental tanto para un aficionado, un crítico o un profesional. ¿Qué han leído en el siglo XIX y XX las clases más humildes y poco instruidas, con el empeño de instruirse y enterarse de lo vario y complejo que es el mundo, aquellos que yo veía leer a las criadas en mi hogar desahogado y burgués? Un día me acerqué a una tata encantadora, joven y vivaracha, que leía con tremenda avidez un libraco de pastas duras. «¿Qué lees?» le pregunté. Ella levantó la vista, como alucinada y me contesto con vehemencia: «Tiene otro tomo». ¿Qué quería decir con aquello? Que su lectura era para ella tan interesante y gratificante que aún tenía un tomo en reserva, para prolongar aquella dicha. Lo  que estaba leyendo era un ilustre folletín de dichas y calamidades, era «El cura de Aldea», de Pérez Escrich. Para siempre me conmovió aquella chica, me conmovieron todas esas personas humildes que trabajan y leen con avidez una literatura que se considera menor y muchas veces no lo es. El folletín decimonónico ha sido un gran ornato de la literatura, aunque para muchos de sus adventicios lectores de la clase obrera fueran repeticiones simplificadas y de segunda mano. La más grande literatura narrativa se hubo de publicar en folletines periódicos, en todas las rotativas de la época. Las más impresionantes novelas de Dickens y Balzac. Aparecieron paradigmas de buena literatura popular, como «El judío errante» o «Los misterios de París».

El refrito

Pero también sucedió algo que, en la actualidad, hace que el folletín y «lo folletinesco» se mencionen con una intención peyorativa. Se convirtió en un negocio editorial, como un servicio lúdico, destinado a las clases más humildes. Y aquel «Cura de aldea» era un refrito simplificado  de «Le curé de Tours», de Balzac. Y así se hicieron otros refritos puerilizados y explotadores de lo sentimental y lo horroroso. Hubo editores que lo hicieron con auténtica saña explotadora, y sus publicaciones han servido, luego, de risa  y sarcasmo.

Bien es cierto que entre aquellos industriales que se «forraron» figurara Alejandro Dumas, el autor de «Los tres mosqueteros», pero tampoco éste dejó de hacer chapuzas comerciales. Se rodeó de «negros» y publicó su curioso «Viaje a Rusia», donde jamás puso los pies. En suma, la literatura buena y la mala tienen una frontera tan difusa, que hay que andar con mucho cuidado para saber dónde ponemos los pies.

jueves, 14 de octubre de 2010

ESQUEMA DE LA LITERATURA DEL SIGLO XVIII

LITERATURA S. XVIII

Literatura Neoclásica

1. POESÍA

1.1. Poesía rococó (anacreóntica y bucólica):

  • José Cadalso
  • Juan Meléndez Valdés

1.2. Poesía ilustrada o didáctica:

  • Juan Meléndez Valdés
  • Gaspar Melchor de Jovellanos
  • Félix María de Samaniego
  • Tomás de Iriarte

1.3. Poesía prerromántica:

  • Juan Meléndez Valdés

2. NOVELA

2.1. José Francisco de Isla

  • Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes
2.2. Diego de Torres Villarroel

  • Vida de Diego de Torres Villarroel

3. PROSA

3.1. Benito Jerónimo Feijoo

  • Teatro crítico universal
3.2. Gaspar Melchor de Jovellanos

  • Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas
3.3. Ignacio de Luzán
  • Poética
3.4. José Cadalso
  • Noches lúgubres
  • Cartas marruecas


4. TEATRO

4.1. Continuación del teatro barroco
  • Comedias de magia
  • Comedias de figurón 
4.2.Teatro neoclásico

                             4.2.1. Tragedia neoclásica
  • Vicente García de la Huerta: Raquel
        4.2.2. Comedia neoclásica
  • Leandro Fernández de Moratín: La comedia
      nueva o El café y El sí de las niñas

4.3.Teatro popular
  • Ramón de la Cruz

4.4. Comedias sentimentales

  • Jovellanos: El delincuente honrado

lunes, 4 de octubre de 2010

Todo lo que hay que saber del Premio Nobel de Literatura

 El próximo jueves a las 13 horas se desvelará el secreto mejor guardado del año literario


CARMEN VILLAR MIR / CORRESPONSAL EN ESTOCOLMO

Día 04/10/2010 - 19.01h

El protocolo del Nobel de Literatura

Según voluntad de Alfred Nobel, el Premio Nobel de Literatura sería concedido por la Academia Sueca, institución fundada por Gustavo III en abril de 1786. El derecho de nominar candidatos está reservado a los miembros de esa Academia y a los de las academias de todo el mundo, así como a los profesores de Lengua e Historia de la Literatura, anteriores Premios Nobel y presidentes de Asociaciones de Autores. Las nominaciones (alrededor de 350 cada año) tienen que llegar al Comité Nobel antes del 1 de febrero. Nunca puede existir premio sin candidatura.

Ese mismo día los académicos empiezan a analizar las propuestas. A mediados de marzo la cifra de candidatos se ha reducido a unos quince y a finales de junio la eliminatoria (que efectúa el Comité Nobel) deja cinco nombres que llegarán hasta el final. El resto de los candidatos pasa a la famosa «Nevera Nobel» y serán actuales durante los siguientes años. Durante el verano los académicos estudian las obras de los cinco autores entre los que escogen a su favorito.

En las sesiones de los jueves, que se reanudan el 15 de septiembre, se llevan a cabo las votaciones que son por escrito, anónimas y secretas. Doce sillones -es decir, 2/3 partes de los 18 miembros-, tienen que estar de acuerdo. De ocurrir así, «habemus Nobel». El protocolo y demás comentarios de las discusiones, datos, libros con anotaciones e incluso el contenido de las papeleras se guardan bajo cinco candados y serán «Secreto de Estado» hasta que hayan pasado 50 años.

El Nobel de Literatura se otorgará, según el testamento Nobel, «a aquel que haya escrito la mejor obra dentro de un sentido idealista». Una frase que ha ocasionado, y ocasiona, graves dolores de cabeza a la Academia Sueca.

La semana Nobel

Acaba de comenzar la semana Nobel, momento en el que Estocolmo se convierte en la capital de las Letras y las Ciencias. Desde el lunes se irán presentando los premios estipulados por su creador, el mecenas Alfred Nobel, según su testamento firmado en 1984, un año antes de su muerte: Medicina o Fisiología, Física, Química Literatura y Paz. De todos ellos, el Nobel de Literatura, la «vedette» de estos premios, siempre es el más esperado y el más famoso, pero también el más polémico. En la lista de laureados figuran genios de la literatura, pero faltan muchos de los monstruos sagrados de las letras. Algo que demuestra que el número de Premios Nobel es mucho menor que el de genios literarios.

La Academia se moderniza

Parece evidente que, aunque se tacha a la Academia de anticuada, la institución se ha modernizado con la llegada del historiador Peter Englund, su actual secretario. Este año hemos podido saber gracias a su blog (escrito con mucho sentido del humor) la fecha del anuncio del Nobel. Un comunicado tal vez involuntario que se adelantó al oficial de tan digna institución.

Inmediatamente después, los observadores nacionales e internacionales empezaron sus pesquisas y, con la oreja puesta sobre la tierra como los indios, siguen la pista a los indicadores que han resultado positivos en años anteriores: estudian los textos que pululan por internet, observan los escaparates de las mejores librerías de la Villa, repasan la lista de invitados a la Feria del Libro de Gotemburgo, qué obras se representan en el Dramaten (templo nacional de Teatro), las listas de los Landbrokes, la concesión del premio Stig Dagerman (ha coincidido alguna vez con el Premio Nobel), las traducciones al sueco más recientes y las listas de entradas en el Grand Hotel de la capital.

Pero mientras se barajan nombres y nacionalidades y las redacciones y editores cargan sus pilas preparados «para todo», incluso para el sobresalto de que el galardonado sea alguien absoluta y totalmente desconocido, nadie es capaz de augurar en quién recaerá este año el Galardón más famoso de las Letras. De momento todo son suposiciones, aunque se espera a un autor tradicional. La Academia, a quien se ha tachado duramente de no ser sensible a la poesía, tal vez nos sirva el próximo jueves un «clásico» que reciba la bienvenida de todos.

Las quinielas o «listas de la discordia» son largas en esta edición. Entre los «top 20» figuran nombres famosos que han permanecido durante décadas en la «Nevera Nobel», mezclados con otros muy poco (o nada) conocidos:

Los nombres calientes

Tomas Tranströmer

Adam Zagajewski

Philip Roth

Joyce Carol Oates

Mario Vargas Llosa

Ernesto Cardenal

Antonio Tabucchi

Don DeLillo

Carlos Fuentes

Menos calientes pero actuales

Amos Oz

Luis Goytisolo

Antonio Lobo Antunes

Assia Djebar

Juan Marsé

Javier Marías

Cormac Mccarthy

Juan Marsé

John Ashbery

Thomas Pynchon

Fríos, fríos

Bob Dylan

Salman Rushdie

Margaret Atwood

Milan Kundera

Alice Munro

Les Murray

Michel Tournier

Haruki Murakami

Claudio Magris

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Iron Maiden y la Literatura



por Marta el 21.Feb, 2009, en Artículos de NoSoloHeavy



Nadie puede negar que IRON MAIDEN es una de las bandas de heavy metal más aclamadas de todos los tiempos, incluida también en el movimiento conocido como New Wave of British Heavy Metal (NWOBHM). Sus componentes, sus instrumentos, sus ritmos, sus portadas, sus señas de identidad, son atrayentes para públicos de casi todas las edades, desde los primeros seguidores hasta los más jóvenes, que empiezan sus andadas por el mundo del heavy escuchando discos de Iron Maiden. Sin embargo, hay una cosa más que hace atractiva a la banda más idolatrada: sus letras. Quizá no sea tan clara esta influencia en España y otros países de habla no inglesa, pero la influencia literaria de los temas de Iron Maiden tiene mucho peso en las letras de la banda.



La literatura en lengua inglesa (poesía, novela, teatro) es la mayor fuente de inspiración de Harris a la hora de escribir las letras de la banda británica, sin embargo se pueden observar también otras influencias, muchas de ellas cinematográficas.



En la mayoría de los álbumes publicados por la banda se puede ver alguna de estas influencias.



Por seguir un orden cronológico, podemos empezar con el álbum Killers, de 1981, donde encontramos el tema Murders in the Rue Morgue. De este tercer tema del álbum hablamos brevemente en el anterior número de La Barracuda, cuando dábamos una visión general de la obra del autor norteamericano Edgar Allan Poe y su influencia en la música heavy. Un claro ejemplo de esta influencia es este tema de Maiden, claramente basado en la historia de Poe, de 1841, en la que se narra el insólito asesinato de dos mujeres en extrañas circunstancias y la dificultad para averiguar la identidad del asesino. Una de las primeras historias de detectives y una de las obras de Poe en las que C. Auguste Dupin utiliza su inteligencia e intuición para encontrar una explicación extraordinaria y resolver el misterio del crimen.





Dos años más tarde, en 1983, sale a la venta Piece of Mind, álbum en el que encontramos temas tan populares en la historia de la banda como The Trooper, el quinto corte del disco. Para escribir la letra de la canción, Harris se inspiró en una obra del poeta inglés del siglo XIX, Lord Alfred Tennyson, titulado Charge of the Light Brigade. Tras leer un artículo en The Times sobre los acontecimientos ocurridos durante la Guerra de Crimea (1854), el poeta escribió esta obra acerca de la brutalidad de la guerra, pero en la que se glorifica la nobleza de apoyar la causa de la propia nación. La canción, al igual que el poema, habla sobre la batalla de Balaklava (Ucrania). Es curioso el detalle de que la propia canción de Iron Maiden dura más que el acontecimiento que inspiró la misma. Otro detalle importante para comprender el valor histórico de este tema es el hecho de que Bruce Dickinson suele salir al escenario en los directos ondeando una bandera británica mientras canta esta canción, incluso en las últimas giras, llega a vestir para la ocasión una casaca roja, vestimenta que utilizaban en la época los soldados británicos.



También en Piece of Mind encontramos, como cierre del álbum, el tema To Tame a Land, inspirado en la novela Dune, (1965) del escritor norteamericano Frank Herbert, una de las obras de ciencia ficción más importantes de todos los tiempos, llevada al cine posteriormente, aunque quizá con menos éxito. Dune está ambientada en el futuro, en un imperio galáctico feudal dividido en señoríos planetarios, controlados por familias nobles. Se cuenta que, tras escribir la canción, Harris pidió permiso al autor de la novela para llamar a la canción Dune y usar citas de la propia novela para introducir la canción. A la petición de Harris respondió el agente de Herbert negando el permiso con las siguientes palabras: “No, porque a Frank Herbert no le gustan las bandas de rock, especialmente las bandas de heavy rock, especialmente bandas como Iron Maiden”. Se supone que, tras este incidente, el músico decidió llamar a la canción To Tame a Land.



Hablando de literatura y Iron Maiden no podemos dejar de mencionar el tema Rime of the Ancient Mariner, un magnífico tema épico cargado de sentimientos, aparecido por primera vez en el álbum Powerslave (1984). The Rime of the Ancient Mariner es el título del que quizá sea el más conocido poema de Samuel Taylor Coleridge y probablemente uno de los mejores poemas jamás escritos en lengua inglesa. The Rime of the Ancient Mariner aparece publicado por primera vez en Lyrical Ballads (1798); considerado el comienzo de la literatura romántica británica, narra, de una forma extraordinaria, una serie de eventos supernaturales presenciados por un marinero durante un largo viaje por mar. Ningún resumen da muestra de la calidad de la obra. Solo leyendo la historia que el anciano marinero cuenta a los invitados de una boda, como parte de su penitencia, leyendo su encuentro con la muerte y su vuelta al mundo real, se comprende la significación de este poema. La canción de Iron Maiden habla exactamente de lo mismo, incluso contiene en su letra versos del propio poema a lo largo de sus casi 14 minutos de duración. Muchas han sido las interpretaciones que se le han dado al poema, desde que es una metáfora del pecado original, una alegoría de Cristo o justo lo contrario, una metáfora de nuestra salvación de Cristo. No sabemos cuál de ellas convenció a Harris para escribir la canción, lo que sí sabemos es que un poema como este no puede dejar indiferente a nadie, tampoco a uno de los mejores músicos de heavy metal de los últimos 20 años.



The Loneliness of the Long Distance Runner, además de ser el quinto corte del álbum Somewhere in Time (1986), es el título de la novela de 1958, escrita por el británico Allan Sillitoe. En ella, igual que en la canción, se narra la historia de un joven hombre internado en un reformatorio y con un gran talento para correr, talento que marca su estancia en el mismo.



El álbum The X Factor, de 1995, no se libra tampoco de esta influencia. El tema Lord of the Flies, compuesto por Harris y Gers, se inspira en una obra homónima del escritor inglés William Golding, escrita en 1954. Una novela alegórica en la que se trata el tema de la naturaleza humana a través de la vida de unos niños atrapados en una isla desierta tras un accidente aéreo, en un intento por dirigirse a si mismos. Una clásico de la literatura inglesa de posguerra que toma su título de una frase de King Lear, de Shakespeare (“As flies to wanton boys, are we to the gods, — They kill us for their sport”). Harris y Gers se basaron en esta novela y en su adaptación cinematográfica para escribir la letra de la canción.



Finalmente, como influencias claras de obras importantes a nivel literario, tenemos el tema Brave New World, del álbum del mismo nombre. Nombre que a su vez corresponde con la obra más importante de Aldous Huxley (1932). Una novela distópica (creación de un mundo de pesadilla) ambientada en Londres en el año 2540 que anticipa avances en el mundo de la tecnología reproductiva, la ingeniería biológica y la hipnopedia, cuya combinación producirá un cambio en los seres humanos, llegando a eliminar aspectos negativos como las guerras o la pobreza; eliminación que, contrariamente a lo que se pudiera pensar, trae consecuencias negativas ya que provoca a su vez la desaparición de otras cosas importantes como la familia, la diversidad cultural, el arte, la literatura, la religión o la filosofía, creando una sociedad hedonística. Como la obra de la que hablamos anteriormente, el título de Brave New World está tomado de una obra de Shakespeare, concretamente de una disertación de Miranda en la obra The Tempest (“O wonder! – How many goodly creatures are there here! – How beautious mankind is! – O brave new world – That has such people in’t!). Esta extraña sociedad futurística inspiró a Harris, Gers y Dickinson para escribir la letra de la canción a la que pusieron el mismo título.



Otras influencias menos claras se observan en cortes cuyas letras están basadas en películas, algunas de ellas basadas a su vez en obras literarias. Como ejemplos de esta influencia menos directa tenemos el tema Where Eagles Dare (del álbum Piece of Mind), basada en una película protagonizada por Clint Eastwood, realizada a partir de un libro con el mismo título escrito por el novelista escocés Alistair Stuart MacLean.



The Edge of Darkness y Man on the Edge, ambas del disco The X Factor, son otro ejemplo de canciones basadas en películas, en este caso Apocalypse Now y Falling Down respectivamente. Longest Day, quinto corte del último álbum de la banda, A Matter of Life and Death, es el título de una película basada en un libro de 1959 escrito por el irlandés Cornelius Ryan.



Finalmente comentar que el álbum Seventh Son of a Seventh Son podría estar también inspirado en una novela, en este caso Seventh Son, de Orson Scott Card, especialmente en los temas The Prophecy, The Clairvoyant y el tema que da título al álbum, Seventh Son of a Seventh Son.



Y para terminar, el título The Evil that Men Do (Seventh Son of a Seventh Son), tomado del discurso de Marco Antonio a los romanos en la obra Julius Caesar, de William Shakespeare.



Como podéis ver, música y literatura van de la mano, incluso cuando hablamos de géneros tan controvertidos como rock o heavy metal. Una unión de dos artes llevada a la perfección por Iron Maiden, especialmente por Steve Harris, gran amante de la literatura, que demuestra que la música, sea cual sea su sonido, es un ejemplo más de cultura.

lunes, 27 de septiembre de 2010

COMENTARIO CRÍTICO SOBRE LA LECTURA DE UNA OBRA LITERARIA

COMENTARIO CRÍTICO SOBRE LA LECTURA DE UNA OBRA LITERARIA


Para poder contestar esta pregunta en el examen de Selectividad debes tener en cuenta los siguientes aspectos:

1)Sitúa en su contexto histórico y literario la obra literaria (siglo XVIII, siglo XIX, primera mitad del siglo XX y segunda mitad del siglo XX) que hayas leído.

- Contesta esta cuestión siguiendo el siguiente esquema:
  • Sitúa la obra en su contexto histórico y literario: año de publicación y movimiento literario al que pertenece.
  • Señala la importancia de la obra dentro de dicho movimiento literario (si renueva el género literario, si usa nuevas técnicas literarias, su relación con la tradición cultural y literaria, …).
  • Importancia de la obra dentro del conjunto de la producción del autor.
  • Elementos que configuran la naturaleza artística de la obra:
a) Tema o temas centrales de la obra y su relación con otras temáticas del autor.

b) Lenguaje y estilo de la obra (originalidad y expresividad del lenguaje del autor).

c) Caracterización de los personajes (protagonista, antagonista, secundarios) y aspectos sociales, vitales y morales de los mismos (trayectoria vital, concepción de la vida, …).


Si es una novela tendremos en cuenta los siguientes aspectos:

 
1) Número de capítulos que la constituyen.

2) Tiempo y espacio narrativos (estructura espacial y temporal).

3)Tipo de narrador (omnisciente, objetivo, subjetivo); si participa o no en la historia como personaje; perspectiva temporal que adopta (actual, retrospectiva o prospectiva); importancia del diálogo, presencia del monólogo interior, …



Si es una obra de teatro tendremos en cuenta los siguientes aspectos:


1) Número de actos que la constituyen.

2) Espacio y tiempo teatrales.

3) Importancia de las acotaciones teatrales (vestuario, decorado, …).


Si es un libro de poemas tendremos en cuenta los siguientes aspectos:

1) Número de poemas y partes que lo constituyen.

2) Tono y actitud del “yo” lírico del autor.

3) Métrica de los poemas (a nivel general).

4) Subgéneros utilizados: elegía, romance, soneto, …



2)Explica los aspectos que más te hayan llamado la atención al leerla.


 Contesta esta cuestión siguiendo el siguiente esquema:

  • Si te ha gustado la obra o no (explicando las razones).
  • Si te ha parecido el tema de la obra interesante o no, especialmente teniendo en cuenta su interés y vigencia actual (explicando las razones).
  • Si la obra está bien estructurada o tú lo habrías hecho de otra forma (explicando las razones).
  • Si el desenlace de la obra es el adecuado o tú le habrías dado otro distinto (explicando las razones).
  • Señala los elementos que te han sorprendido o te han parecido relevantes de la obra (explicando las razones).
  • Selecciona un momento del libro y explica por qué lo has elegido.


Nota: Es muy importante que este apartado lo hagas de forma totalmente personalizada y ajustándote a lo que realmente opinas sobre la obra.

lunes, 20 de septiembre de 2010

La literatura vuelve a amar el deporte

La narrativa y la poesía actual exaltan los valores deportivos

PAULA CORROTO MADRID 18/09/2010 08:00 Actualizado: 18/09/2010 16:02



Tras un largo divorcio, la literatura y el deporte vuelven a encontrarse con un interés renovado. Donde antes el intelectual negaba su pasión deportiva y sólo importaba el relato de la gesta heroica y la metáfora de la guerra, ahora interesa la mística, el encuentro con uno mismo y la metafísica. Eso sí, en un momento en el que el deporte supone el entusiasmo que equilibra la tristeza de las apocalípticas noticias económicas.

Este fenómeno está presente en libros como la antología de poemas El gol nuestro de cada día, editado por Vaso Roto y coordinado por Francisco Uriz, en el que se incluyen odas al fútbol de escritores como Luis García Montero. Haruki Murakami publicó hace unos meses De qué hablo cuando hablo de correr, y Jean Echenoz acaba de lanzar al mercado español Correr, sobre el fondista checoslovaco Emil Zatopek. Son visiones que van más allá de la crónica periodística.

«Es un regreso a la pasión que tuvieron los del 27», afirma García Jambrina
El XXVI Congreso de Escritores de Verines celebrado en Pendueles (Asturias) organizado por la Dirección General del Libro y la Universidad de Salamanca reflexionó ayer también sobre esta renovada unión y sus frutos. Como señala Luis García Jambrina, director del encuentro, es un regreso a una pasión que exaltó por primera vez la Generación del 27: "La primera etiqueta que les pusieron fue la de Generación del cine y los deportes'. Los practicaron y reflexionaron bastante sobre ellos ".

Para Ignacio Martínez de Pisón "hay cierta mística y religiosidad en ese momento en el que el alpinista está solo. Me recuerda mucho a los poemas de Santa Teresa". Martínez de Pisón es también autor de El fin de los buenos tiempos, un relato sobre un partido de fútbol en uno de esos campos de barrio lleno de arena. "Supone una épica menor, pero me gusta esta literatura de equipos secundarios que aspiran a algo", sostiene.

En esa introspección de uno mismo se apoya también Manuel Vilas en su poemario El nadador (2003). "Este deportista siempre está solo y enfrentado a un medio hostil. En mis poemas aparece como alguien que busca algo. Observo al nadador en un sentido metafísico"

Si antes gustaba aclamar la gesta heroica, ahora interesa la mística
Deportistas literarios
Otros escritores ven en algunos deportistas a trasuntos de personajes literarios. Es el caso de la gimnasta rusa Svetlana Khorkina. Para Elena Medel, autora de un poema dedicado a Iker Casillas, su aspecto impasible, siempre buscando una medalla de oro que nunca ganó en el ejercicio completo, "se asemeja a la Angustias de La Casa de Bernarda Alba, que siempre intenta conseguir algo, pero nunca lo logra".

Hoy ningún escritor niega ya su pasión por el fútbol u otros deportes. Y, ahora, además, la escriben.

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