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domingo, 9 de septiembre de 2012

CARTA DE UNA PROFESORA: Derechos, que no Privilegios


Foto: CARTA DE UNA PROFESORA

Derechos, que no Privilegios

Según el Diccionario de uso del español de María Moliner, *privilegio* es la excepción de una obligación, o posibilidad de hacer o tener algo que a los demás les está prohibido o vedado, que tiene una persona por una circunstancia propia o por concesión de un superior. Por el contrario *derecho* es la circunstancia de poder exigir una cosa porque es justa.

Soy *funcionaria*, me dedico a la docencia y trabajo en un instituto de educación secundaria, en este país. Y no, yo *no tengo privilegios*.

El sueldo que cobro es un *derecho* que me gano honradamente con mi trabajo. Está regulado por un convenio en el que participan y firman todas las partes interesadas. Es transparente, cualquier ciudadano puede saber lo que cobro. Hacienda conoce perfectamente mis ingresos, en mi declaración no cabe el fraude ni la picaresca. Mis ahorros, pocos, están en entidades bancarias completamente controladas por el estado, y no en paraísos fiscales. Me levanto todas las mañanas a las seis y media para ir a trabajar. Cuando regreso estoy cansada, porque, aunque no lo parezca, este oficio es agotador. Diariamente doy cuenta de mi trabajo primero a mis alumnos y por supuesto a sus padres, luego a mi director y si es preciso al inspector de mi zona, porque yo sí tengo jefes.

Obtuve mi puesto de trabajo aprobando una oposición, que por si alguien no lo sabe, es una prueba muy dura, y no hubo "enchufismos" de ninguna clase.

Si tengo que ir a trabajar en coche, el vehículo es propio y pago la gasolina, yo no tengo coche oficial ni chófer. Si he de quedarme a comer, me pago la comida, yo no cobro dietas. El café y el almuerzo corren por mi cuenta, y hasta los bolígrafos rojos que gasto para corregir los ejercicios de mis alumnos, los compro con mi dinero. Los libros de texto y de lectura que necesito para trabajar, de momento, nos los ceden, gratuitamente las editoriales, tampoco les cuestan un euro a la Administración.

No, yo *no tengo privilegios*. Alguien podría pensar que disfruto de un mes de vacaciones más que el resto de mortales. Pero durante el curso escolar trabajo prácticamente todos los domingos, y cuando no trabajo en domingo es porque lo he hecho en sábado. Si cuentan todos estos días, verán que suman más de 31, que son los que tiene el mes de julio.

Cuando llevo a mis alumnos de excursión o de viaje, les dedico las 24 horas, dejando a mis hijos y a mi familia.

No, yo *no tengo privilegios*. Y sin embargo *me siento privilegiada*. Sí, me siento privilegiada porque considero que mi trabajo es muy importante y valioso y realizo un servicio social. Me siento privilegiada cuando veo crecer y madurar a mis alumnos, los veo superar sus dificultades y aprender, y yo estoy ahí ayudándoles, aunque solo sea un poquito. Me siento privilegiada cuando mis alumnos me saludan por la calle, casi siempre con una sonrisa y cuando hablo con sus padres con la cordialidad propia de quienes comparten objetivos. Me siento privilegiada cuando encuentro a antiguos alumnos y me hablan de sus vidas, de sus éxitos y sus proyectos. Y sobre todo me siento privilegiada porque trabajo rodeada de extraordinarios profesionales que se dejan la piel día a día para llevar a buen puerto esta nave que la Administración se empeña en hacer zozobrar.

Sí, estos son mis privilegios, pero puedo asegurarles que no le cuestan ni un euro al contribuyente.

Con todo, no crean que quiera ponerme medallas, nada más lejos. En el fondo me siento como *el siervo inútil *del Evangelio, al fin y al cabo solo cumplo con mis obligaciones. Pero es importante no confundir derechos con privilegios.

*Los recortes en Sanidad y Educación*, son recortes *en derechos* y *no en privilegios*. Que no os confundan. No veáis enemigos donde hay amigos, ni verdugos donde hay víctimas como vosotros. Confundir es un arma del poder para camuflar al verdadero culpable.

Con todo lo que está cayendo sobre los docentes, lo que más me duele no es la pérdida de poder adquisitivo, sino el menoscabo moral al que se nos está sometiendo. Solo pido a la sociedad, respeto.

A los políticos, honestidad, porque muchos han olvidado el significado de esa palabra, si es que lo conocieron alguna vez. También les pido valentía, porque pisotear al débil es de cobardes. Los culpables de esta crisis son mucho más poderosos que nosotros y sí tienen *privilegios*, que lo paguen ellos.

Por la dignidad del docente, que es lo que no nos pueden quitar.

Según el Diccionario de uso del español de María Moliner, *privilegio* es la excepción de una obligación, o posibilidad de hacer o tener algo que a los demás les está prohibido o vedado, que tiene una persona por una circunstancia propia o por concesión de un superior. Por el contrario *derecho* es la circunstancia de poder exigir una cosa porque es justa.

Soy *funcionaria*, me dedico a la docencia y trabajo en un instituto de educación secundaria, en este país. Y no, yo *no tengo privilegios*.

El sueldo que cobro es un *derecho* que me gano honradamente con mi trabajo. Está regulado por un convenio en el que participan y firman todas las partes interesadas. Es transparente, cualquier ciudadano puede saber lo que cobro. Hacienda conoce perfectamente mis ingresos, en mi declaración no cabe el fraude ni la picaresca. Mis ahorros, pocos, están en entidades bancarias completamente controladas por el estado, y no en paraísos fiscales. Me levanto todas las mañanas a las seis y media para ir a trabajar. Cuando regreso estoy cansada, porque, aunque no lo parezca, este oficio es agotador. Diariamente doy cuenta de mi trabajo primero a mis alumnos y por supuesto a sus padres, luego a mi director y si es preciso al inspector de mi zona, porque yo sí tengo jefes.

Obtuve mi puesto de trabajo aprobando una oposición, que por si alguien no lo sabe, es una prueba muy dura, y no hubo "enchufismos" de ninguna clase.

Si tengo que ir a trabajar en coche, el vehículo es propio y pago la gasolina, yo no tengo coche oficial ni chófer. Si he de quedarme a comer, me pago la comida, yo no cobro dietas. El café y el almuerzo corren por mi cuenta, y hasta los bolígrafos rojos que gasto para corregir los ejercicios de mis alumnos, los compro con mi dinero. Los libros de texto y de lectura que necesito para trabajar, de momento, nos los ceden, gratuitamente las editoriales, tampoco les cuestan un euro a la Administración.

No, yo *no tengo privilegios*. Alguien podría pensar que disfruto de un mes de vacaciones más que el resto de mortales. Pero durante el curso escolar trabajo prácticamente todos los domingos, y cuando no trabajo en domingo es porque lo he hecho en sábado. Si cuentan todos estos días, verán que suman más de 31, que son los que tiene el mes de julio.

Cuando llevo a mis alumnos de excursión o de viaje, les dedico las 24 horas, dejando a mis hijos y a mi familia.

No, yo *no tengo privilegios*. Y sin embargo *me siento privilegiada*. Sí, me siento privilegiada porque considero que mi trabajo es muy importante y valioso y realizo un servicio social. Me siento privilegiada cuando veo crecer y madurar a mis alumnos, los veo superar sus dificultades y aprender, y yo estoy ahí ayudándoles, aunque solo sea un poquito. Me siento privilegiada cuando mis alumnos me saludan por la calle, casi siempre con una sonrisa y cuando hablo con sus padres con la cordialidad propia de quienes comparten objetivos. Me siento privilegiada cuando encuentro a antiguos alumnos y me hablan de sus vidas, de sus éxitos y sus proyectos. Y sobre todo me siento privilegiada porque trabajo rodeada de extraordinarios profesionales que se dejan la piel día a día para llevar a buen puerto esta nave que la Administración se empeña en hacer zozobrar.

Sí, estos son mis privilegios, pero puedo asegurarles que no le cuestan ni un euro al contribuyente.

Con todo, no crean que quiera ponerme medallas, nada más lejos. En el fondo me siento como *el siervo inútil *del Evangelio, al fin y al cabo solo cumplo con mis obligaciones. Pero es importante no confundir derechos con privilegios.

*Los recortes en Sanidad y Educación*, son recortes *en derechos* y *no en privilegios*. Que no os confundan. No veáis enemigos donde hay amigos, ni verdugos donde hay víctimas como vosotros. Confundir es un arma del poder para camuflar al verdadero culpable.

Con todo lo que está cayendo sobre los docentes, lo que más me duele no es la pérdida de poder adquisitivo, sino el menoscabo moral al que se nos está sometiendo. Solo pido a la sociedad, respeto.

A los políticos, honestidad, porque muchos han olvidado el significado de esa palabra, si es que lo conocieron alguna vez. También les pido valentía, porque pisotear al débil es de cobardes. Los culpables de esta crisis son mucho más poderosos que nosotros y sí tienen *privilegios*, que lo paguen ellos.

Por la dignidad del docente, que es lo que no nos pueden quitar.

martes, 4 de septiembre de 2012

La ocupación del lenguaje


La derecha no solo disfruta de un poder político y económico indiscutible sino que también busca la hegemonía cultural. Para hacerlo, procura desacreditar el progresismo valiéndose muchas veces de su discurso


EVA VÁZQUEZ

Actualmente la derecha acapara un inmenso poder político y económico. Pero además de imponer en toda su radicalidad el modelo neoliberal, trata de operar un cambio de mentalidades que lo normalice y con ello ejercer la hegemonía cultural mediante el control de las representaciones colectivas. Este proyecto se sustenta en una campaña sistemática de autolegitimación y descrédito de los argumentos progresistas, en coordinación con la derecha mediática mayoritaria, cuyas estrategias discursivas fundamentales son:
La creación y propagación de conceptos. Propias o prestadas, las nuevas nociones trazan un mapa de la vida pública, sus actores y sus conflictos: competitividad, moderación salarial, dar confianza a los mercados, privilegios (para denominar derechos), copago. Se exponen como verdades incuestionables pero su sentido y alcance nunca se explicitan, pues parecen lograr mayor eficacia práctico-política cuanto menor es su precisión semántica. Por ejemplo, “libertad” asume un significado muy cercano a “seguridad”. El eslogan de la BESCAM en Madrid lo ejemplifica: “Invertir en seguridad garantiza tu libertad”. Como en la “neolengua” de Orwell, las nuevas nociones son a menudo “negroblancos”, inversiones del significado común de los vocablos. El “Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos” es el programa de recortes del gobierno de Castilla-La Mancha. El “proceso de regularización de activos ocultos” de Montoro es una amnistía fiscal.
Klemperer narra que la población alemana no hizo suyo el lenguaje de los nazis a través de sus tediosas peroratas, sino por medio de expresiones repetidas de modo acrítico en los contextos de la vida cotidiana. Las palabras de los actuales líderes de la derecha no son menos letárgicas. Sus muletillas (“no se puede gastar lo que no se tiene”; la sanidad “gratuita” es insostenible; solo nosotros tenemos “sentido común”) contrarían cualquier prueba de verdad o validez normativa: el capitalismo financiero se basa en el crédito, o sea, en “gastar más de lo que se tiene”; la sanidad pública no es gratuita, sino financiada colectivamente; y es una inversión ideológica y un dislate suponer que cabe sentido común en el hecho de reclamarlo como propio y exclusivo, es decir, como no común. Pero por su simpleza, su fuerte arraigo en la doxa y su apariencia no ideológica, tales expresiones consiguen adhesión.
La usurpación de la terminología del oponente. Nadie es dueño del lenguaje, pero las expresiones se adscriben legítimamente a tradiciones, relatos e identidades políticas determinadas. Al usurpar los términos de la izquierda, la derecha neutraliza y a la vez rentabiliza su sentido contestatario. Esperanza Aguirre afirma que las políticas de los sindicatos “son anticuadas, reaccionarias y antisociales”. Palabras como “cambio” o “reformas”, antes vinculadas a proyectos progresistas, disfrazan ahora contrarreformas. Rajoy dijo en la conmemoración oficial de la Constitución de 1812: “Los gaditanos nos enseñaron que en tiempo de crisis no solo hay que hacer reformas, sino que también hay que tener valentía para hacerlas”. Sustentándose en la reputación de espacios y tiempos institucionales, los actuales recortes se invisten del valor simbólico de reformas históricas.

Los actuales recortes se presentan subrayando su valor simbólico de reformas históricas
La estigmatización de determinados colectivos. Médicos, enseñantes, funcionarios, estudiantes y trabajadores fijos son descalificados. Al disfrutar de supuestos “privilegios”, parecen co-responsables de la situación actual. Desprestigiándolos se puede activar un malestar social basado en el rencor, la envidia y el miedo, y socavar la reputación de lo público para justificar su liquidación. Se alude a los desempleados como beneficiarios de la reforma laboral, pero se les supone holgazanes que deben redimir su inutilidad con labores sociales. Un empresario farmacéutico, Grifols, propone como solución donar sangre: “En épocas de crisis, si pudiéramos tener centros de plasma podríamos pagar 60 euros por semana, que sumados al paro son una forma de vivir”. El parado se convierte así en un desecho cuyo cuerpo puede ser mercantilizado. El siguiente paso podría ser la venta de órganos o de los hijos a los que no se pueda mantener. Los primeros ajustes en la sanidad pública penalizan a un nuevo apestado, el enfermo, lo señalan como causante del déficit, y exigen que (re)pague por su debilidad. Si la estigmatización es el paso previo a la expulsión, como ya ocurre con los sin papeles, otros muchos colectivos podrán ser excluidos.
Un método de argumentación basado en la simpleza y la comprensión inmediata. De nuevo, el “sentido común”, ritornellofavorito de Rajoy, sustenta este procedimiento. Formas de razonamiento y esquemas mentales al alcance de todos hacen posible que las ideas y soluciones impuestas sean aceptadas como conclusiones propias, expresiones de un pragmatismo irrefutable y del interés colectivo. Se apela así a espacios imaginarios de consenso de los que el oponente no puede autoexcluirse: “No es una cuestión de izquierdas o de derechas, sino de sentido común”, afirma Alicia Sánchez-Camacho.
El eufemismo, la atenuación y la exageración, el defender premisas contradictorias, se han normalizado en el repertorio retórico derechista: Rajoy afirma que hará “cualquier cosa que sea necesaria, aunque no me guste y aunque haya dicho que no la iba a hacer”. La reducción de profesores interinos “no se puede plantear en términos de despidos —alega el ministro Wert—, sino de no renovación de contratos”. Beteta generaliza burdamente: los funcionarios “deben olvidarse de tomar el cafelito, deben olvidarse de leer el periódico”.
La construcción de marcos de sentido. La acción del gobierno de Zapatero era tachada de improvisada, mendaz e insensata. Establecido ese marco, cualquier medida gubernamental corroboraba la imputación general y así se lograba una incontrovertibilidad que desconocen las fórmulas dialogantes. En el espacio público se tiene más poder cuando se controla el marco de lo decible y discutible. La derecha es magistral utilizando esta estrategia, pero tras una prolongada degeneración de la vida pública, de la que el PSOE es corresponsable, se ha consolidado una visión consensual indistinta de la lógica del sistema: no hay más que una realidad y ninguna opción para interpretarla.

El parado puede llegar a convertirse en un desecho cuyo cuerpo puede ser mercantilizado
Una táctica de “orquestación”. La reiteración machacona de una consigna (y no de un argumento, como sugiere la equívoca noción de “argumentario”) a varias voces, en momentos y lugares distintos, es habitual: “los interinos han entrado a dedo”, “los sindicatos viven de las subvenciones”, “los profesores trabajan poco”, etcétera. “Lo que digo tres veces es verdad”, afirmaba el Bellman de Lewis Carroll. La derecha saca partido de esa “performatividad” que rige la economía de los enunciados públicos: cuando un comportamiento es reiteradamente reputado de normal, se tiende a normalizarlo; o a estigmatizarlo, si se le ha tildado repetidamente de anómalo.
La fijación de estos mecanismos gracias al poder amplificador de los media. Los medios funcionan como laboratorios discursivos que difunden las nuevas expresiones y consignas, y los asesores preparan declaraciones inmediatamente traducibles a un titular. Inversamente proporcional al impacto de estos mensajes resulta la capacidad de contestarlos: los análisis críticos se disuelven en un aluvión de artículos, columnas y editoriales que logran una difusión e influencia mucho menor.
La moralización del discurso público. La política contemporánea se desvía hacia un registro moral, explica Rancière. Pero el moralismo de la derecha desconoce las razones del otro: bueno o malo, normal o aberrante, son calificativos atribuidos de modo categórico y sin margen de discusión, apropiándose la universalidad de la noción en disputa, como señala Zizek. Las “personas normales, sensatas…, españoles de bien” a que apela Rajoy son indudablemente de derechas. Cuando encubre su integrismo moral la derecha incurre en la paradoja política: Ruiz Gallardón pretende asumir la defensa de los derechos de las mujeres y la lucha contra la “violencia estructural” que padecen con una contrarreforma de la ley de aborto limitadora de derechos y que refuerza la violencia legal.
Muchos ciudadanos nos sentimos justamente indignados por lo “descarado” de estos procedimientos. Y quizá sea en esa desfachatez, pérdida del rostro, donde podría cifrarse tanto su fragilidad como la inquietante capacidad de contagio de sus postulados.
Gonzalo Abril (UCM), Mª José Sánchez Leyva (URJC) y Rafael R. Tranche (UCM).

miércoles, 18 de julio de 2012

Pérez Reverte, sobre las medidas de Rajoy (Twitter)

Arturo Pérez Reverte, como casi cada domingo, ha utilizado Twitter para comentar la actualidad de la semana. El autor de El capitán Alatriste ha volcado su desacuerdo con las medidas del Ejecutivo y ha vuelto a ser alabado por los usuarios de esa red social.

"La Cultura, la Educación, la Sanidad, las clases altas, medias y bajas, expoliadas. Y el disparate administrativo-político-autonómico, ni tocarlo.
A ver si lo he entendido, señor presidente... Hasta por morirme debo pagar un 21 %... A ver si lo entiendo. Insisto.
Alemania tiene 80 millones de fulanos y 150.000 políticos. España, 47 millones y 445.000 políticos. Sin contar asesores, cómplices y colegas. O en Alemania faltan políticos, o aquí sobran. Si en Alemania faltan, apenas tengo nada que decir. Si en España sobran, tengo algunas preguntas. Señor presidente.
¿Para qué sirven 390 senadores (con la brillantez media y la eficacia política media de un Iñaki Anasagasti, por ejemplo)? Subpregunta: si un concejal de Villacantos del Botijo, por ejemplo, necesita contratar a 15 asesores... ¿Para qué puñetas sirve ese concejal, aparte de para dar de comer a numerosos compadres y parientes?
¿Para qué sirven 1.206 parlamentarios autonómicos y 1.031 diputados provinciales? ¿Sabe usted lo que cobra toda esa gente? ¿Y lo que come? Ese tinglado regional, repartido en diecisiete chiringuitos distintos, duplicados, nos cuesta al año 90.000 millones de euros. Con ahorrar sólo la mitad... Eche usted cuentas, señor presidente. Que yo soy de Letras.
En vista de eso, ¿cómo es posible que el Gobierno de este putiferio de sangüijuelas y sangüijuelos se la endiñe a las familias y no a ellos? Que en vez de sangrar a esa chusma, se le endiñe a la Dependencia, a la Sanidad, a la Educación, a la Cultura, al pequeño comercio? ¿A la gente que de verdad lucha y trabaja, en vez de a esa casta golfa, desvergonzada y manifiestamente incompetente?
A ese negocio autonómico absurdo e insostenible, del que tanta gentuza lleva viviendo holgadamente desde hace más de treinta años. 17 parlamentos, 17 defensores del pueblo, embajadas propias, empresas, instituciones. Negocios casi privados (o sin casi) con dinero público. El único consuelo es que a esa pandilla depredadora la hemos ido votando nosotros. No somos inocentes. Son proyección y criaturas nuestras.
Treinta años engordándolos con nuestra imbecilidad y abulia política. Cuando no con complicidad ciudadana directa: Valencia, Andalucía... Con unos tribunales de Justicia cuando no politizados o venales, a menudo lentos y abúlicos. El golfo, impune. Y el ciudadano, indefenso. Esos políticos de todo signo (hasta sindicalistas, rediós) puestos en cajas de ahorros para favorecer a partidos y amiguetes. Impunes, todos.
Me creeré a un presidente de Gobierno, sea del color que sea, cuando confiese públicamente que este Estado-disparate es insostenible. Cuando alguien diga, señor presidente, mirándonos a los ojos, "voy a luchar por un gran pacto de Estado con la oposición"; "me voy a cargar esta barbaridad, racionalizándola, reduciéndola, controlándola, adecuándola a lo real y necesario"; "voy a desmontarles el negocio a todos los que pueda. Y a los que no pueda, a limitárselo al máximo. A lo imprescindible"; "aquí hay dos autonomías históricas que tendrán algo más de cuartelillo, dentro de un orden. Y el resto, a mamarla a Parla".
"Y el que quiera entrar en política para servir al pueblo, que se lo pague de su bolsillo".
Pero dudo que haga eso, señor presidente. Es tan prisionero de su propia chusma político-autonómica como el PSOE lo es de la suya. Ese toque de jacobinismo es ya imposible. Tiene gracia. No paran de hablar de soberanía respecto a Europa quienes son incapaces de ejercerla en su propio país. Sobre sus políticos. Dicho en corto, señor presidente: no hay cojones. Seguirán pagándolo los mismos, cada vez más, y seguirán disfrutándolo los de siempre. El negocio autonómico beneficia a demasiada gente.
Usted, señor presidente, como la oposición si gobernara, como cualquiera que lo haga en España, seguirá yendo a lo fácil. A cargar a una población triturada, con cinco millones de parados, lo que no se atreven a cargar sobre sus desvergonzados socios y compadres. Seguirá haciéndonos aun más pobres, menos sanos, menos educados. Hasta el ocio para olvidarlo y la cultura para soportarlo serán imposibles.
Así que cuando lo pienso, a veces se me va la olla y me veo deseando una intervención exterior. Que le vayan a frau Merkel con derechos históricos, defensores del pueblo, inmersiones lingüísticas, embajadas y golferías autonómicas. De tanto reírse, le dará un ataque de hipo. De hippen, o como se diga allí.
Lo escribía el poeta Cavafis en Esperando a los bárbaros. Quizá los bárbaros traigan una solución, después de todo. Para esto, que nos invadan los bárbaros de una puta vez. Que todo se vaya al carajo y el Sentido Común reconozca a los suyos. Si quedan.
Recristo. Qué a gusto me he quedado esta tarde, señor presidente. Lola acaba de abrir el bar. Esta noche me emborracho. Como Gardel en el tango. Fiera venganza la del tiempo. Parece un título de Lope de Vega. Un tango adecuado para este pasaje".

martes, 26 de junio de 2012

El Gran Wyoming diciendo verdades como puños (Alcalá de Henares 22/06/2012)

"La granja de Wert"



Real Decreto 3/2002, de 11 de enero, por el que se establecen las normas mínimas de protección de las gallinas ponedoras, que deberán disponer de, al menos, 750 centímetros cuadrados de superficie de jaula por gallina.

Real Decreto 1135/2002, de 31 de octubre, relativo a las condiciones mínimas para la protección de cerdos, que explicita que las condiciones mínimas de suelo libre es de 2,25 metros cuadrados por cerdo cuando el habitáculo contiene de 6 a 39 individuos (los verracos, 6 metros cuadrados/animal). La explotación que no cumpla la normativa, a fecha del 1 de enero de 2013, será bloqueada, no dando ninguna prórroga ni periodo de adaptación.

Real Decreto-Ley 14/2012 de recortes en educación del Ministro Wert, por el que se aumentan las ratios, es decir, más alumnos por metro cuadrado (1,5 m2 por niño): en primaria hasta 30 alumnos por aula, en secundaria hasta 33 alumnos (pudiendo llegar hasta 36) y en bachillerato, hasta 39 (pudiendo llegar a 40 y tantos alumnos por aula).

En definitiva que los animales de granja disponen de más metros cuadrados que los alumnos del sistema educativo español. Sin duda que los animales (cerdos, gallinas ponedoras, vacas…) tienen el derecho a ser tratados con dignidad, en eso hemos avanzado mucho y lo celebro. Sin embargo no parece que el bienestar de los alumnos importe mucho a este gobierno, pues mientras que mejoran las  condiciones de espacio de cerdos y gallinas, empeoran las de nuestros escolares que son el futuro del país.

conclusión:
Justamente por eso los españoles vamos siempre sobrados de
huevos,exportamos cantidad de jamón,pero de talento,nada de nada.


ALFREDO Aranda (vicepresidente del Sindicato del Profesorado PIDE) 

sábado, 16 de junio de 2012

Reflexiones de la directora de un instituto de Andalucía


En mi centro, hay un grupo de profesores que se ponen camisetas verdes “en defensa de la enseñanza pública”, participan en todas las jornadas de huelga, organizan lúdicos actos de protesta en los recreos, decoran las fachadas del instituto con enormes tijeras verdes de cartón y… a final de curso, se llevan a sus tutorandos a Isla Mágica, a pasar el día. Permitidme que os hable desde el corazón, en este foro, a los que pensáis como yo, y a los que no pensáis, a los que os sentís como yo, o a los que aún tenéis esperanza en que esta situación que nos ha estallado en las narices aún tiene remedio. Permitídmelo, y disculpadme si alguien se siente ofendido o incomprendido, pero en alguna parte tengo que desahogarme. Y es que, cuando veo hacer eso a algunos compañeros, siento ganas de gritar y a veces hasta de llorar. Creo sinceramente que esa clase de actuaciones nos precipita cuesta abajo y sin freno en el camino hacia el derrumbe.

Me pregunto dónde está el sentido de la profesionalidad y la solidaridad en un colectivo que dice defender la enseñanza pública, al tiempo que olvida que, en esa defensa, es vital que empecemos por defendernos a nosotros mismos.

No habrá una enseñanza pública de calidad mientras los profesores sigamos jugando a ese juego que otros inventaron, sin que nadie pactase las reglas con nosotros: el juego de convertirnos en animadores y guarderos de adolescentes, el de confundir la profesionalidad con el voluntarismo. No habrá una enseñanza pública de calidad mientras los profesores no volvamos a recobrar la imagen exacta de lo que somos: expertos en Filosofía, en Matemáticas, en Historia, en Inglés, en Literatura, en Biología… No habrá una enseñanza pública de calidad mientras los profesores no recordemos aquello que antes estaba claro para todo el mundo: “para enseñar, hay que saber de aquello que se enseña”, y no nos extirpemos el complejo pseudoprogresista que los pedagogos ignorantes nos inocularon como veneno… Y, por supuesto, no habrá una enseñanza pública de calidad mientras los docentes (es decir, los verdaderos artífices de la enseñanza) no dejemos de comportarnos como peleles. Mar Moreno se tiene que estar partiendo de risa: “Miradlos, les recortamos el sueldo y se llevan a los niños a Isla Mágica, discuten entre ellos y se acusan unos a otros de reaccionarios o de votantes de este o del otro, y organizan insufribles actos de graduación para que los alumnos y sus familias se vean a sí mismos como los personajes de una película norteamericana”.

Ante el sueldo recortado, con el prestigio absolutamente perdido, con la conciencia sobre nuestro oficio completamente confundida por décadas de pedagogía y voluntarismo mal entendidos… ante todo eso, muchos compañeros cierran el pico. Pero no dejan de dedicar sorprendentes energías en ponerse camisetas verdes, decir que están defendiendo la enseñanza pública... Y no es que me parezca bien o mal que hagan eso, no es que lo vea útil o inútil, necesario o innecesario. Lo que me parece mal es que eso es todo lo que hacen pero no dicen ni una palabra en lo que se refiere a defendernos a nosotros mismos. Cuelgan tijeritas en las fachadas de los centros, adoptan poses que quizás les hagan sentir jóvenes, por cuanto se parecen a sus juveniles tiempos de rebeldes universitarios, pero siguen alimentando el voluntarismo y el complejo, disfrazándolo de progresía, y acusándonos a los demás de reaccionarios.
Pero no solo ellos, todos acabamos impulsando la misma rueda. Atendemos a padres que se presentan en el instituto a la hora que les viene en gana sin pedir cita previa, trabajamos gratis cuando nos dicen que hay que aplicar o corregir pruebas de diagnóstico, seguimos haciendo de administrativos, de conserjes, de guardias jurados, de bibliotecarios, de aficionados a la psicología, seguimos organizando ligas de fútbol para los alumnos en nuestro tiempo libre, seguimos…

¿De verdad hay alguien que crea posible defender la enseñanza pública cuando los profesores –repito, los artífices verdaderos de la misma- nos dejamos avasallar de esta forma? ¿De verdad alguien cree posible una enseñanza pública de calidad en la que los profesores acatamos el papel de peleles e incluso nos hacemos cómplices del mismo? Peleles, sí, peleles de la Administración, las familias, los adolescentes indisciplinados, etc. ¿Qué clase de calidad puede haber en un sistema cuyos profesionales lo mismo valemos para un roto que para un descosido, pero no podemos hacer nuestro verdadero trabajo, y hemos perdido por completo la visión de lo que somos? Transmisores de conocimientos, por si alguien lo olvidó.

Mad Max, en este foro, dijo muchas veces cosas muy ciertas: somos profesionales, y un profesional cobra por su trabajo, y cobra lo mejor que puede. Y, por supuesto, se niega a echar energías en tareas que le distraen de los verdaderos objetivos de su oficio. Si alguien cuestiona el precio de su labor, entonces ese profesional, cuanto menos, se indigna. Y también se indigna si alguien le confunde las funciones. Por eso los médicos no hacen de celadores. Por eso los abogados no hacen de telefonistas. Y eso es extensivo a cualquier terreno: yo he llegado a pelearme con el chico que tenía que instalarme un lavavajillas porque para ello debía tocar un desagüe y decía que eso era labor de un fontanero, y él no era fontanero. Así se vive en nuestra sociedad: todo el mundo se defiende, incluso más allá de lo razonable. Pero nosotros no. Nosotros no nos defendemos, nosotros nos hacemos cómplices de cosas que nos perjudican: somos cualquier cosa, incluso seríamos celadores y fontaneros si nos lo dijesen, y encima decimos (o escuchamos decir a algunos compañeros, sin atrevernos a rechistarles) que lo malo no es que nos recorten el sueldo, que lo malo no es lo que nos pasa a nosotros, sino lo que le pasa al sistema, sin comprender que el sistema no va a arreglarse, si no empieza por respetarnos. Somos unos acomplejados, y no nos atrevemos a expresar nuestra indignación cuando vemos que el recorte de nuestro sueldo es el que paga las medidas populistas de los portátiles de los niños, las pizarras digitales, y los libros de texto a todos, incluso a los hijos de los notarios. Y para sacudir nuestros complejos, nos llenamos la boca en lúdicos actos de protesta que algunos dicen que sirven para algo y otros que no. Yo creo que, mientras no vayan encaminados a defendernos a nosotros mismos, para lo que sirven es para hacerle el juego a los políticos pseudoprogresistas que han traído la enseñanza pública a este desastre. Sí, Mar Moreno y los suyos se tienen que estar tronchando de risa…

Desengañémonos: vivimos en una sociedad donde todo tiene un precio, y todo se valora en función de ese precio. Nosotros hemos acatado que tenemos que hacer las cosas por altruismo, y no por profesionalidad. Hemos acatado que tenemos que entretener a los niños, y ejercer de madres o padres de ellos mientras están en el instituto (y a veces incluso fuera de él). Hemos acatado que tenemos que dejarnos insultar o permitir que se desprecie lo que enseñamos, que, en el aula, es como despreciarnos a nosotros. Nos dijeron que teníamos que tener vocación. ¿Y qué es tener vocación? Para este trabajo hay que valer, claro, como para todos. Pero ¿quién va a pensar en cuánto hay que valer -mucho- para dar clase, si carecemos del requisito básico de la profesionalidad? Si no hay profesionalidad, la reacción en cadena hacia el derrumbe es inevitable. Obsérvese:

No es posible la profesionalidad si tenemos perdida la visión de lo que es nuestro oficio. Si no hay profesionalidad, no podremos defender nuestros derechos. Si no defendemos nuestros derechos, nos convertiremos en peleles. Y si los profesores somos peleles, la enseñanza pública no tendrá salvación. Quizás ya no la tenga. Quizás ya sea demasiado tarde para todo, incluso para escribir estas líneas, que solo me sirven de desahogo. Sí, escribo desde el corazón, o quizás más desde el desaliento. Más aún que la manipulación de los políticos, más aún que su cara dura, me desalienta la actitud de los que llenan el instituto de tijeritas verdes y luego se llevan a los niños a Isla Mágica. En momentos como los que ahora mismo estamos viviendo, ninguna actitud me parece más insolidaria que esa. Ninguna actitud me parece más peligrosa que esa, ni más reaccionaria, ni más ciega. 

Publicado en el blog de la Plataforma docente de Andalucía. http://profesorescontraelrecorte.blogspot.com

sábado, 9 de junio de 2012

Carta abierta a los mineros de un profesor-obrero


LO QUE ESTE BUEN HOMBRE DICE LO PENSAMOS MUCHOS EN ESTE PAIS DE CHORIZOS, ESTAFADORES, MANGANTES Y DEMÁS SINVERGÜENZAS, Y QUE AL FINAL LO PAGAMOS LOS POBRES CIUDADANOS. Gracias, Tino, por hacerme llegar esta misiva



Estimado compañero. 

Lo primero que quiero hacer es presentarme. Me parece la mayor muestra de deferencia por mi parte hacia ti, que lees esto. Ruego que me permitas tutearte. Vivo a cientos de kilómetros de las cuencas mineras donde plantáis batalla por vuestros puestos de trabajo y vuestra dignidad. Concretamente en Alicante, en la tierra donde los casos de corrupción, para desgracia de las personas decentes que vivimos aquí, están a la orden del día y nos han hundido en la miseria más absoluta.

Soy profesor. O mejor dicho trabajador de la enseñanza pública, porque siempre he tenido claro a que clase pertenezco y a cual no. Alguien que se va a la calle como 8.000 personas más en el País Valenciano. Alguien que sabe que su carta de despido está escrita desde enero. Alguien que ha dado toda la energía que tenía y que no tenía en tratar de mover a un sector donde el conformismo, la falta de conciencia de clase, el aburguesamiento, la falta de empuje, tras años de desmovilización, nos ha llevado a donde nos lleva a muchos: al matadero del paro, a no volver a trabajar en nuestra profesión posiblemente.

En 30 días dejaré mi puesto de trabajo para no volver más. Puesto de trabajo que me encantaría defender con uñas y dientes, con arrojo minero, pero donde soy consciente que solo somos cuatro gatos los que estaríamos dispuestos a imitaros. He llegado a llorar amargamente, como un débil, como un derrotado, de rabia e impotencia, ante el triste panorama que se vislumbra. Ante la desdicha de comprobar cómo las protestas que realizábamos nosotros tenían un tinte festivo y creativo que no ha servido para nada. El 30 de junio nos vamos a la calle. Como se dispuso en enero. Como si no hubiéramos realizado 11 manifestaciones, tres encierros, miles de horas de concienciación, cuatro días de huelga.... Como si siguiese siendo enero, ese enero en el que nosotros pasamos a pagar el pato de lo que otros habían robado, mangado y saqueado en nuestra tierra valenciana.

De todas formas, me repongo con facilidad. No me rindo. Lucho por concienciar en mi trabajo, aunque a veces me decepcione ver que choco contra mil paredes. Contra un colectivo donde muchos de sus miembros, teniendo un sueldo más modesto que tú, se creen de una clase media a la que jamás han pertenecido. La clase media no se va al paro. Eso lo sabéis muy bien en la mina. Eso lo sabéis muy bien en Mieres, en Pola, en Cangas, en Astorga, en Ribadesella. También en León y en el Bierzo, como en Teruel y Aragón. Mi tarea de concienciación es dura e ingrata: soy despreciado, insultado, menospreciado, tachado de radical y de "antiguo". Lo moderno es hacer una manifestación con folclore. Cualquiera con dos dedos de frente ve para que ha servido esas manifestaciones que la prensa del poder aplaude. 

A casi treinta días de irme a la calle, tú tienes la culpa de haber cargado de energía a este trabajador de la enseñanza. “¡Que exagerado!, dirás. No creas que exagero, compañero minero. Compañero si, compañero, porque tengo claro que tú y yo pertenecemos a la misma clase. Que yo no soy "clase media". Soy como tú. Recibo un salario por mi trabajo, si trabajo comeré este mes y el que viene, si me echan igual no tengo para poder comer... Nos parecemos mucho, aunque a veces algunos piensen que no. 

Y es que habéis conseguido despertar mi aprecio y mi admiración. No exageraría si os dijera que también mi más profunda veneración. Esta vez se me han saltado también las lágrimas, pero de orgullo. De admiración. He seguido muy de cerca, a través de las redes, todas las movilizaciones. Todas vuestras protestas. Viendo el coraje y el arrojo al defender vuestros puestos de trabajo, que es lo que deberíamos hacer todos y todas en este país.

La valentía de mirar por vuestras condiciones de vida y la de los vuestros, en lugar de tener complejos de "que dirá la tele o que dirá la prensa". Os han silenciado y machacado, criminalizando vuestras reivindicaciones. Pero eso os ha dado igual, porque la prensa del poder no os da de comer. Vosotros tenéis claro que coméis del puesto de trabajo y eso os lleva a defenderlo como toca y a luchar como toca. Nunca los acomplejados han conseguido nada, a la vista está en los libros de Historia que yo enseño a mis chavales. 

Sois verdaderamente admirables. Habéis declarado la huelga indefinida, sin plantearos si perdíais un día el salario, como muchos hacían en mi centro de trabajo, repitiendo como papagayos que “una huelga no servía para nada”. Pero una huelga no para montar una tamborada o una marcha de la música, sino para deleitar con música de lucha a los que apaleaban a los estudiantes del IES Lluis Vives. A esos que, ante vosotros, se postran a vuestros pies porque os temen. A esos sucios mercenarios del Estado que se ensañaban con los estudiantes pero que estaban acojonados y nerviosos ante vuestra firmeza y empuje. A esos que temblaban al oir vuestros decididos pasos sobre las autovías del norte y del centro.

Ayer en Madrid disteis una nueva lección de dignidad. De dignidad de clase y de dignidad como personas. Cuando os hicisteis notar en la capital del Estado. Cuando Madrid entera y el estado supo que vuestros pies caminaban sobre la capital. Recuerdo vuestros lemas, recuerdo lo que "no estamos indignados, estamos hasta los cojones". Se me ha quedado grabado cuando recriminabais a la Policía por dejar a su compañero Policía herido desprotegido. A pesar de que son nuestros rivales, deportividad. La que ellos no tuvieron, como las ratas que son, cuando fueron a traición a detener a un manifestante cuando estaba cerca del autobús, entre nueve, sonriendo de forma repugnante y haciendo comentarios despectivos ante "la caza que habían organizado". El que es persona, actúa como tal; el que es un miserable mercenario, también. Y todos pudimos verlo.

Sólo me queda darte, aunque no lo necesites, mis ánimos y mandarte desde Alicante un caluroso abrazo, deseando que consigáis para vosotros y vuestras familias todo aquello que reivindiquéis. Porque sois ejemplo. Sois la vanguardia y el ejemplo a seguir en todas aquellas movilizaciones que existan. Aunque los acomplejados y los alienados ladren y os insulten. Sois el ejemplo de cientos de miles de trabajadores.
Yo trabajo en un sector en el que hay gente con vuestra misma voluntad, pero somos pocos, de momento. Por ello, este profesor, hoy, es un alumno con ganas de aprender de ti, de tu forma de luchar, de tu grado de concienciación. Porque en este caso los profesores de la lucha sois vosotros. Y nos habéis dado a todos, a todos los trabajadores y las trabajadoras, una lección muy importante. La lección de cómo se defiende lo propio, de solidaridad, de firmeza astur-leonesa, de valentía dinamitera, de coraje obrero. 

Simplemente, para acabar, agradecerte que hayas leído esta misiva y la hagas llegar a todos esos “profesores de la lucha” de la minería. Aquí, un alumno profesor que os admira y os respeta. 

Un saludo cordial de un compañero, trabajador de la Enseñanza Pública, llamado ...

jueves, 3 de mayo de 2012

Huelga estatal de Educación: 22 Mayo. La Marea Verde se extiende a toda España



    Los recortes del Ministerio de Educación son aún peores que los aplicados en Madrid. Los sindicatos se levantaron de la mesa de negociación madrileña porque la Consejería se limitó a enumerarlos, sin ninguna intención de negociarlos. Además, en la reunión la Comunidad hizo una propuesta sobre la regulación de las listas de interinos que hizo ver a los sindicatos que no hay ya margen para la negociación ante la cerrazón de la administración.

Tras dicha reunión los sindicatos anunciaron una huelga general del sector educativo en toda España para el 22 de mayo. Ahora la marea verde se va a activar en toda España. Son inaceptables los 3.000 millones de recortes en Educación (144 millones en Madrid) y el hecho de que el curso que viene tengamos 100.000 profesores menos en toda España (3.300 en Madrid).

Puedes ver la noticia resumida en el telediario regional (minutos 10:35 a 12:15). En ella se habla de la reunión, el tema de las listas de interinos y la convocatoria de Huelga estatal de Educación para el 22 de Mayo, con declaraciones de los líderes sindicales y la Consejera de Educación, Lucía Figar:

Publicado por ventanas del falcon en 09:00   


domingo, 11 de marzo de 2012

La Educación no se vende. Se defiende por PATXI ANDION


Patxi Andion


LA GENTE SABE que el eslogan que sirve de título a estas palabras no está inventado por el escribidor sino que sale directamente de alguna pantalla reivindicativa, y en concreto proviene de la que lleva meses colgada en el hall de entrada de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha en Cuenca, donde éste que suscribe desarrolla su labor docente desde el año 2000. No es una pancarta sindicalista y resulta ya tan familiar que a veces pasa desapercibida, aunque hoy, quizá más que en ningún otro momento anterior es más que nunca protagonista, porque ayer, miércoles de regalo del febrero del 12, la comunidad educativa y en concreto la universitaria de esa comunidad, junto al resto de colegas de todo el territorio nacional, se levantó en huelga, para defender la educación pública. La comunidad educativa no tiene la sensación de que los gobiernos del Partido Popular están vendiendo la educación, es que está convencida de ello. El trasvase de la educación pública a la concertada es hoy la tendencia nacional y ayer mismo en la primera plana de un periódico nacional publicaba una noticia según la cual: “los barones del PP avisan a Rajoy de que están al límite” cosa sabida por todos, pero añadía: “Plantean a Rajoy que acelere el tijeretazo, que asuma los costes y que empiece por las universidades”. Le piden a Rajoy que asuma los costes y en verdad nos lo piden a todos, porque Rajoy no paga nada. Los únicos que pagamos somos nosotros, y por lo visto, los universitarios, los primeros que empezamos a pagar hace tiempo.

La educación pública es el principal medio que tiene la sociedad civil para asegurarse el futuro. Ni más ni menos. La preocupación lógica por los recortes en sanidad, por ejemplo, con anclarse en el corazón de los derechos ciudadanos conquistados, no alcanzan tan lejos como el derecho a la educación pública, la única que es capaz de garantizar la igualdad y la objetividad. La única que sigue teniendo estudiantes, no clientes.

Hace tiempo que en la Universidad de Castilla-La Mancha, como en otras, estoy seguro, nos pasamos el día en un gambeteo institucional para salvar los recortes, que llegan al absurdo de no haber hojas ni tóner para las fotocopiadoras o dejar en servicio en un edificio universitario como la Escuela Politécnica de Cuenca, un solo ascensor para todo. Las tareas de investigación están esposadas, cautivas y desarmadas, respirando por una pajita debajo del agua, aguantando la hipotermia de la cotidianidad y los profesores, como este, pagando de su bolsillo los viajes y gastos de profesores invitados imprescindibles en el desarrollo docente que vienen sin cobrar un solo euro a regalar a los alumnos lo mejor que tienen. Los recortes hace mucho que dejaron de ser una amenaza. La escasez de medios asfixia la educación mientras los bancos piden medio billón de euros al BCE. La comparación no es odiosa, es auténticamente trágica.

Las movilizaciones han comenzado con un nivel de empatía desconocido y ya se sabe que cuando a las cosas les cuesta arrancar, si cogen carrerilla, a ver luego quién y cómo las para. Lo terrible del asunto es que siempre perdemos los mismos, ante todo, los alumnos, que se relamen ante instalaciones cerradas por falta de becarios para ser utilizadas, mientras cumplen con su obligación escrupulosamente. Y déjenme que lo repita: escrupulosamente.

El ser humano, lo es porque es un ser comunicante. La comunicación le construyó el universo simbólico compartido preciso para que la socialización del individuo permitiera aspirar al futuro del grupo. Sin educación, no es posible ningún ademán de trascender. El único objetivo auténticamente objetivo.

No hay aflicción mayor que la soledad compartida porque no es un solo fracaso. Marzo

sábado, 19 de noviembre de 2011

La protesta educativa se traslada al Prado



Los profesores aseguran que Libertad guiando al pueblo de Delacroix es el cuadro que mejor representa su lucha

SAMIRA SALEH  -  Madrid 


ELPAIS.com  -  España - 18-11-2011






El verde asomaba esta tarde bajo las chaquetas de la mayoría del centenar de personas que hacían cola para entrar en el Museo del Prado. El color, tradicionalmente asociado a la esperanza, que paradójicamente los profesores, padres y alumnos han convertido en símbolo de la protesta contra los recortes en la enseñanza pública por parte del Gobierno regional de Esperanza Aguirre.
Con el lema "Reflexionamos con arte: El Prado nos gusta verde", la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (FAPA) Giner de los Rios ha promovido una acción en la pinacoteca para "dar continuidad y visibilidad a las protestas".

"Es un punto de encuentro más de todas las personas que defendemos la enseñanza pública, una forma más de que se nos vea y de manifestar que no nos rendimos", aseguraba Carmen Martínez que se ha sumado a la convocatoria como "madre preocupada con dos niñas en la escuela pública".

Varios docentes de Secundaria han destacado el respaldo a las movilizaciones de todos los padres y madres de alumnos: "Estamos aquí por ellos, para expresar nuestro agradecimiento al apoyo incondicional de la FAPA Giner de los Ríos". ¿Un cuadro que represente nuestra lucha?. No tienen dudas. "La libertad guiando al pueblo" de Delacroix.
La FAPA proponía visitar en el Prado "Saturno devorando a su hijo" de Francisco de Goya por la intención de la presidenta regional, Esperanza Aguirre, de "detener el tiempo y devorar el futuro de los niños madrileños".Los profesores concentrados han aconsejado a Aguirre a tener más presente el cuadro "La escuela de Atenas" para que se dé cuenta de las consecuencias que supone demantelar la educación pública en la Comunidad.


La acción se enmarca dentro de las diversas iniciativas que desde el inicio de curso se vienen desarrollando en defensa de la educación pública. Conciertos, cuentacuentos, donaciones de sangre, manifestaciones, cadenas humanas y ocho jornadas de huelga, son algunos de los actos de protesta que se han realizado en los últimos tres meses contra las instrucciones de la Consejería de Educación que aumentan las horas lectivas semanales en dos horas lo que conlleva la supresión de miles de puestos de trabajo de interinos.

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