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martes, 7 de mayo de 2013
Quevedo contra el perro de los ingenios de Castilla por Luciano López Gutiérrez (UCM)
Quevedo versus Góngora en Redacción VersOados
Historia de la batalla más hermosa de la literatura
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miércoles, 15 de febrero de 2012
Quevedo y Góngora: historia de una enemistad irreconciliable
Un largo intercambio de agravios que enriqueció la Literatura española
Por Luís Martínez González
Desgraciadamente, hoy día, todos podemos presenciar en televisión bochornosos espectáculos en que unos contertulios se dedican a otros lindezas del más bajo jaez. Sin embargo, las polémicas han existido siempre incluso dentro del mundo de la Literatura. La enorme diferencia es que, si ahora se insultan de forma barriobajera, antes lo hacían con erudición, ingenio y calidad literaria.
Podríamos citar muchas pero, sin duda, una de las más sonadas, tanto por la importancia de sus protagonistas como por la elevación artística de las pullas que se lanzaron, fue la que mantuvieron durante toda su vida Francisco de Quevedo y Luis de Góngora, que se inició -se supone- por divergencias de tipo literario pero acabó en una profunda enemistad personal.
| Fragmento del famoso soneto que Quevedo dedicó a Góngora |
Foto: Next Sentence.
Sabido es que dos corrientes estéticas protagonizan la literatura española del Barroco: la conceptista, que se basa, a grandes rasgos, en relacionar ideas y términos de forma ingeniosa y uno de cuyos máximos representantes es Quevedo y la culteranista, derivación de la anterior, que –dicho también de forma esquemática- busca la oscuridad verbal pero no a través de las ideas sino de la dislocación sintáctica y del uso de palabras difíciles y rebuscadas. Huelga decir que el máximo exponente de ésta última es Góngora.
A la vista de ello, la polémica estaba servida. No sabemos muy bien ni cuándo ni quién la comenzó pero resulta irresistible reproducir algunas de las lindezas que se enviaron uno a otro. En lo que respecta a Quevedo, es muy popular el soneto dedicado a Góngora que comienza así: “Érase un hombre a una nariz pegado (alusión al prominente apéndice nasal de éste), érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado…”. Tampoco se quedó corto el autor del ‘Buscón’ en esta otra copla: “Yo te untaré mis obras con tocino porque no te las muerdas, Gongorilla, perro de los ingenios de Castilla, docto en pullas cual mozo de camino…”.
Por su parte, el poeta cordobés, más rebuscado, le respondía con letras de este tipo: “…Con cuidado especial vuestros antojos, dicen que quieren traducir al griego, no habiéndolo mirado vuestros ojos…”. O bien, en alusión a los pies zambos de Quevedo: “Anacreonte español no hay quién os tope, que no diga con mucha cortesía, que ya que vuestros pies son de elegía, que vuestras suavidades son de arrope…”. No obstante todo lo dicho y en honor a la verdad, fueron muchas más las pullas del deslenguado Quevedo hacia Góngora que a la inversa. Pero, en cualquier caso, así merece la pena escuchar agravios.
Fuente: Filosofía Tk.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Góngora - Quevedo, la controversia artificial
El congreso sobre el poeta cordobés desmontó ayer en su primera jornada la contraposición entre los dos escritores y sus estilos literarios
Comenzó a pintarse el retrato. No será un cuadro individual, con la mirada de una única persona que se acerque a la figura de Luis de Góngora, una de las más trascendentales de la literatura en lengua española, sino un retrato a muchas manos, cada una con un estilo y una forma de tomar el pincel fingido para hablar del gran renovador de la poesía española a finales del siglo XVI y principios del XVII.
El congreso internacional «El Universo de Góngora. Orígenes, textos y representaciones», el primero que se dedica a la figura del autor de las «Soledades» dio comienzo ayer y traerá durante los próximos días a los máximos especialistas mundiales en Góngora, que abordarán una multitud de temas diferentes.
Uno de los primeros tuvo como virtud derribar un mito: el de la controversia entre el culteranismo y el conceptismo, y por ello entre Góngora y Quevedo. El profesor Antonio Carreira, del Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, tenía una conferencia bajo un título sugestivo: «Presencia de Góngora en la poesía de Quevedo», y antes y después de ella parecía dispuesto a derribar mitos. «Se inventó eso seguramente un arqueólogo malagueño, lo recogió Menéndez Pelayo y de ahí se difundió en la historias de la literatura, lo de que en el Siglo de Oro hubo dos escuelas contrapuestas, con dos jefes respectivos, que son Góngora y Quevedo», dijo, para después aclarar que no hubo dos escuelas, sino muchas escuelas.
«El culteranismo y el conceptismo son dos vertientes que se practicaron por los poetas y a veces por los prosistas», afirmó, para después insistir en que el culteranismo, al que se adscribía al poeta cordobés, «es una consecuencia del Renacimiento, porque significa tener presente la antigüedad clásica para renovar el lenguaje poético acudiendo a los procedimientos de la lengua latina». Esto, dijo, lo hacen los dos.
Por otro lado está el conceptismo, que «no es más que una moda que viene de Italia y que consiste en utilizar procedimientos retóricos cada vez más complejos», y que está presente en la literatura de toda Europa, además de en la pintura.
Los dos poetas, además, pertenecían a generaciones diferentes. Góngora era casi veinte años mayor que Quevedo, «podía ser su padre». Cuando empieza a escribir, el cordobés era un autor famoso y cuando murió, el autor de «El Buscón» apenas había publicado nada, con lo que «no tenía donde leerlo». Y tampoco iba a ocuparse por un aspirante que apenas había publicado nada entonces.
«Quevedo, que no era tonto, sí que leyó a Góngora y sabía que era el gran maestro de la renovación poética de su tiempo», manifestó. Incluso cita una décima de Góngora, «como criterio de autoridad», en una pequeña obra. A lo largo de la conferencia, fue tomando algunos versos del autor madrileño donde, a su juicio, se puede encontrar la huella del cordobés, pero también puso ejemplos de textos de Góngora que podrían pasar, por el estilo y la temática, como propios de Quevedo.
¿Contestación juvenil entonces o búsqueda de la propia voz yendo contra la gran referencia de su tiempo?
De ambas cosas podía haber, según Antonio Carreira. Quevedo escribió muy joven, unas décimas contra una letrilla de Góngora. El cordobés había estado en Valladolid en 1603, cuando estaba allí la Corte, y el río Esgueva se convirtió en cloaca. Escribió entonces una letrilla burlesca muy conocida: «¿Qué lleva el señor Esgueva? / Yo os diré lo que lleva?».
Poemas atribuidos
El otro poeta, con poco más de veinte años, arremetió contra esa letrilla, «pero no porque quisiera defender a Valladolid, sino porque quería apoderarse de la fama que había adquirido aquella letrilla», afirmó Antonio Carreira. Ese fue el primer encontronazo, «aunque seguramente no se verían nunca», y hubo unas cuantas sátiras cruzadas. «Góngora nunca mencionó a Quevedo, y hay otras sátiras atribuiadas a Quevedo, pero de dudosa autoría, que aparecen en un manuscrito muy tardío, que ponen a Góngora como no digan dueñas», aseguró, para después insistir en que son anécdotas que no tienen mayor trascendencia en la obra ni de uno ni de otro. No en vano, son grandes escritores «por lo que han hecho, no por las cuatro sátiras que se pudieran disparar».
Antes, las instituciones y los responsables habían dado por inaugurado un congreso donde se volvió a hablar del Centro de Estudios Gongorinos, promovido por el Ayuntamiento, la Diputación y la Universidad y sin ninguna actividad real desde su constitución en el año 2008. La presidenta de la institución provincial, María Luisa Ceballos, sí vaticinó un impulso pronto a esta institución, que tiene que servir para que en la ciudad haya un espacio permanente de estudio para el más importante de los creadores nacidos en la ciudad, aunque no hay nada concreto.
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