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martes, 1 de noviembre de 2016

los nombres de enfermedades se escriben en minúscula

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Los nombres de las enfermedades se escriben en minúscula, salvo los nombres propios que formen parte de ellos.
En las noticias no es raro que aparezcan escritos de modo inapropiado los nombres de algunas enfermedades, como se muestra en los siguientes ejemplos: «La Fibrosis Pulmonar Idiopática, un mal de origen desconocido», «El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad afecta a casi el tres por ciento de los niños mexicanos» o «Detectaron dos casos de Gripe A en Tierra del Fuego».
Tal como explica la Ortografía académica en el apartado sobre las enfermedades, sus nombres se escriben con carácter general en minúscula. Sí se inician con mayúscula los nombres propios que siguen a expresiones como síndrome de, mal de, enfermedad de o similar (enfermedad de Creutzfeldt-Jakob,  síndrome de Korsakoff), o a veces las identificaciones que, a modo de código, especifican variantes (gripe A).
En algunos casos, el nombre propio puede funcionar como una denominación informal de la enfermedad, en cuyo caso se considera lexicalizado y se escribe también en minúscula y adaptado al español; así, se escribe párkinson, pero mal de Parkinson.
La mayúscula se está usando más en las enfermedades menos frecuentes o en las que tienen una sigla, pero no por ello dejan de ser nombres comunes en los que lo adecuado es la minúscula. Es decir, de igual modo que se escribe alergia, asma, cáncer, hernia o resfriado, lo recomendable es esclerosis lateral amiotrófica, insensibilidad congénita al dolor, fibrosis quística o degeneración hepatolenticular.
En consecuencia, en los ejemplos anteriores habría sido más apropiado «La fibrosis pulmonar idiopática, un mal de origen desconocido», «El trastorno por déficit de atención e hiperactividad afecta a casi el tres por ciento de los niños mexicanos» y «Detectaron dos casos de gripe A en Tierra del Fuego».

miércoles, 11 de enero de 2012

Enfermedades: ¿mayúscula o minúscula?‏


La norma general es que los nombres de enfermedades se escriben con minúscula:

Se morían de varicela, de sarampión, de gripe, de tristeza, de alcoholismo [Abel Posse: La pasión según Eva]

El amor en los tiempos del cólera [novela de Gabriel García Márquez]

Esto es lógico porque se trata de nombres comunes. Una mención aparte merece el nombre sida, que se escribe con todas sus letras en minúscula, aunque tiene su origen en la sigla correspondiente a síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Veamos un ejemplo con la grafía correcta:

Acabo de leer el bestseller de García Márquez en Los Ángeles y pienso en el amor en tiempos del sida [Carlos Fuentes: El naranjo]

No obstante, se ha de hacer una precisión a la regla general. Algunos nombres de enfermedades contienen un nombre propio que por lo general corresponde al de su descubridor. Dicho nombre propio mantiene su mayúscula solamente cuando va incluido en una expresión del tipo enfermedad de…, mal de…, síndrome de…, etc.:

Una hormona derivada de la grasa visceral [...] puede representar un factor de riesgo en el desarrollo de demencia y enfermedad de Alzheimer en las mujeres, según un estudio [...] [elEconomista.es, acceso: 10-1-2012]

Un grupo de niños con síndrome de Down y los futbolistas de la plantilla del Valencia comparten un calendario que ha sido presentado hoy [Abc (España), acceso: 10-1-2012]

Como consecuencia de las torturas que sufrió en los periodos de detención, años después le fue diagnosticada la enfermedad de Parkinson [Europapress.es, acceso: 10-1-2012]

En cambio, cuando ese mismo antropónimo se emplea aislado para referirse a la enfermedad, pasa a escribirse con minúsculas:

Por primera vez en Canarias, una asociación prestará tratamientos de asnoterapia a enfermos de párkinson, autismo, parálisis cerebral y alzhéimer [Eldia.es, acceso: 10-1-2012]

Esto es así porque se convierte entonces en nombre común. Se trata de un fenómeno que se denomina deonimización. Nótese, además, que en el ejemplo de arriba se ha castellanizado la grafía de alzhéimer y párkinson añadiéndoles una tilde. Esto no solo es correcto, sino que es lo obligatorio en estos dos casos concretos.

Esta delimitación en el uso de mayúsculas y minúsculas en nombres de enfermedades ha sido otra de las novedades que nos ha traído la Ortografía de la lengua española de 2010. Solo espero que a nadie le dé por ello urticaria o sarampión.

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