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martes, 22 de octubre de 2013

Los emoticonos (Blog de Lengua española)


Los emoticonos o caritas son signos icónicos que se introducen en un escrito (generalmente, electrónico) y que imitan expresiones faciales.
Emoticonos
Emoticonos
Los primitivos emoticonos eran un conjunto limitado de símbolos que se podían construir combinando caracteres del teclado alfabético, por ejemplo:
(1) :-\
(2) :-O
Enseguida, las aplicaciones informáticas empezaron a introducir la capacidad de sustituir los caracteres en cuestión por un dibujo, de modo que la secuencia de dos puntos y paréntesis de cierre se convierte automáticamente en una cara sonriente :) o la de dos puntos y paréntesis de apertura en un rostro con expresión enfadada: :( .
El nombre procede del inglés y combina dos raíces:
Emotion + icon = emoticon
Se trata, por tanto, de símbolos que tienen como función el introducir factores emocionales y subjetivos en el texto escrito. Su aportación se sitúa en el ámbito de la función expresiva dentro del modelo del lenguaje de Bühler. Es decir, los emoticonos no están ahí para transmitirnos una información objetiva sobre la realidad extralingüística, sino que sirven para dejar traslucir las emociones y la subjetividad de quien escribe, para que este se posicione respecto de lo que dice.
Estos signos intentan compensar carencias del código escrito en comunicaciones escritas que están permeadas de características de lo oral. Llenan una laguna y resultan de utilidad porque guían al lector en la interpretación del mensaje, sobre todo en lo que atañe a la intención de quien lo escribió.
Los emoticonos son independientes de cualquier lengua porque no representan una palabra concreta de una lengua concreta, sino una idea completa del tipo ‘me alegra esto’ :)  o ‘me dejas de piedra’ 8O . Constituyen, como tales, una manifestación de la escritura ideográfica que, curiosamente, la tecnología ha reintroducido en las lenguas de escritura alfabética al cabo de miles de años.
En los últimos años el conjunto ha ido ampliándose hasta desbordar el ámbito de lo que propiamente podemos denominar emoticonos. Las modernas aplicaciones de mensajería instantánea incorporan amplios conjuntos de iconos que ya no se introducen tecleando, sino seleccionándolos directamente y que van más allá de las expresiones faciales. Así es como nuestra comunicación electrónica se ha ido poblando de jarras de cerveza, manos aplaudiendo y coches de carreras.
Esto supone avanzar en el desarrollo de un sistema paralelo de escritura ideográfica que complementa las posibilidades de la escritura alfabética. Los nuevos signos trascienden lo puramente expresivo y se van adentrando en la representación de realidades del mundo, a la manera de los primitivos sistemas pictográficos, en que los símbolos mantenían una relación icónica de semejanza con los objetos representados. Además, de manera análoga a lo que sucedía con estos antiguos sistemas de escritura, el icono es ambivalente, pues puede representar el objeto que allí aparece o alguna actividad en que interviene de manera prototípica dicho objeto. Por ejemplo, si yo inserto en un mensaje un coche de carreras rojo, será el destinatario quien tenga que decidir por el contexto y por su conocimiento del mundo si quiero decir que me he comprado un Ferrari o que acudo raudo y veloz.
Es también interesante constatar que estas innovaciones en la escritura, con su paso de lo subjetivo a lo objetivo, repiten a escala colectiva el mismo recorrido que hace cada ser humano como individuo. Un niño, antes de poder comunicarnos nada sobre las cosas del mundo, nos manifiesta con llantos y carantoñas sus estados de ánimo, sus sentimientos, lo que se mueve en su interior. Todo parece indicar que esta es la secuencia que se tiene que dar necesariamente cada vez que se emprende la aventura del representar.

martes, 7 de diciembre de 2010

¿Qué es un pictograma?

3 de diciembre de 2010



Un pictograma es un dibujo convencionalizado que representa un objeto de manera simplificada y permite transmitir, de este modo, una información también convencionalizada. Los pictogramas son independientes de cualquier lengua particular porque no representan palabras sino realidades.



La pictografía es uno de los primeros estadios por los que pasa el desarrollo de la escritura en la historia de las culturas y de las personas. En todas las culturas, mucho antes de que se llegara a fijar el lenguaje por escrito, se logró transmitir informaciones mediante dibujos que representaban objetos del entorno. En algún momento, se deja de inventar un dibujo nuevo cada vez que se quiere representar algo y se empieza a reaprovechar dibujos conocidos que ya están en circulación. Empieza así un proceso de fijación y convencionalización que puede conducir a nuevas fases en el desarrollo de la escritura. Nuestro alfabeto tiene un origen pictográfico aunque sus huellas hayan quedado borradas por milenios de evolución. Aunque hoy no sea en absoluto evidente, la historia de la a comienza con el dibujo de una cabeza de buey, y la be fue primero una casita.



También los niños, antes de saber escribir las palabras mamá o coche, son capaces de dibujar un monigote que ellos saben que es su madre o un cajón con ruedas que quiere ser un coche. Cada persona reproduce así en su historia individual un paso que se ha dado muchas veces colectivamente en la historia de la humanidad.



Como decíamos, los pictogramas son independientes de la lengua. No representan ninguna palabra de ningún idioma y, mucho menos, estructuras sintácticas o morfológicas. Eso no impide, sin embargo, que cuando los veamos hagamos algo que nos es natural ante cualquier tipo de dibujo: verbalizar lo que estamos viendo. Por aquí se va pasando a otra etapa que es la de asociar cierta palabra con cierto dibujo: nos vamos deslizando desde el mundo de la pictografía al de la logografía y la fonografía.



Los sistemas pictográficos son inherentemente limitados, pues solo podemos dibujar lo que vemos. Se pueden ampliar los límites hasta cierto punto si reaprovechamos el dibujo que representa un objeto para referirnos a la acción en que típicamente interviene ese objeto. Por ejemplo, el dibujo de un pie nos puede servir también para la acción de andar. Nos vamos aproximando así al terreno de la ideografía, que nos permite ya representar nociones abstractas mediante signos convencionales rompiendo la barrera de la representación icónica.



No debemos quedarnos, sin embargo, con la idea de que la pictografía es un mero procedimiento rudimentario para empezar a fijar información sobre soportes físicos. Los pictogramas están más presentes que nunca en el mundo actual. Son de gran utilidad allí donde se reúnen poblaciones internacionales que hablan una diversidad de lenguas. ¿Qué haríamos nosotros en el aeropuerto de Moscú sin el pictograma de recogida de equipajes? ¿O en los juegos olímpicos sin los monigotes nadadores, saltadores, etc. que hemos asociado a las diferentes disciplinas deportivas?



Es más, los pictogramas resultan muy eficaces en contextos técnicos. ¿Qué es más práctico: describir un circuito eléctrico con palabras o representarlo utilizando dibujos convencionales para resistencias, interruptores, condensadores, etc.? Evidentemente, lo segundo, que ofrece una interpretación unívoca, por encima de las ambigüedades de las lenguas, y posibilita una comunicación internacional entre especialistas. ¿Y qué sería de los usuarios de ordenadores sin los iconos en forma de carpetas, papeleras o altavoces que han ido poblando nuestras pantallas desde los años ochenta del siglo XX?



No parece, por tanto, que esta veterana de la comunicación se vaya a jubilar en un futuro inmediato. En la simplicidad de la pictografía está, precisamente, su robustez. Por eso ha llegado hasta nuestros días y está más en forma que nunca.



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