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sábado, 26 de mayo de 2012
domingo, 1 de abril de 2012
Antonio Machado y Baeza (1912-2012): Cien años de un encuentro
Gracias a mi compañera Esmeralda Casado ha llegado a mis manos esta web, absolutamente recomendable, cuya presentación inserto a continuación. También es de ley difundir el trabajo premiado con el tercer premio (primero y segundo desiertos) del I Concurso de Cortos Antonio Machado y Baeza, de la joven María Dolores López, con el título de Buscando a Leonor.
El año 2012 se cumplen cien años del encuentro de Antonio Machado con Baeza y de esa ciudad con el poeta o, lo que es lo mismo, cien años de su vuelta a Andalucía tras su estancia familiar en Madrid, sus viajes a París y sus años de profesor en el Instituto de Soria. Dada la importancia que la estancia del poeta tuvo para la poesía española, esta convencional circunstancia se va a convertir en una fiesta de la cultura y en ocasión de celebración del poeta, de su encuentro con la ciudad y de su inagotable obra. Para ello, el Ayuntamiento de Baeza, en colaboración con otras instituciones locales, universitarias, autonómicas y nacionales, ha decidido promover a través de una comisión ciudadana una serie de actividades con las que celebrar este centenario, procurar la difusión de la obra del poeta, muy especialmente entre nuevos lectores, además de cultivar su memoria dado que ha sido ejemplo y lección tanto en el dominio de la creación literaria como en el plano de su responsabilidad civil. Por otra parte, esta celebración resulta necesaria ya que la estancia de Antonio Machado en Baeza provocó en él uno de los periodos más fecundos y profundos de su actividad literaria. El contacto con ese trozo andaluz de la realidad española dio como resultado una producción a todas luces importante, reconocida como tal por la generalidad de los críticos de Machado y, muy especialmente, por sus lectores.
Esta web da cuenta de todo lo que acontece en torno a esa celebración, así como de lo relacionado con el periodo baezano de la vida y obra del poeta de la palabra esencial en el tiempo.
domingo, 11 de marzo de 2012
1912, viaje al año del ‘big bang’ de Kafka por RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN
Hace un siglo el escritor vivió una eclosión creativa que cambiaría el rumbo de la literatura
El atormentado literato facturó Contemplación, La condena y La metamorfosis
1912 es un año decisivo en la vida y obra de Kafka. Tanto que, en su devenir, ni la una ni la otra, inextricablemente unidas, resultan comprensibles sin atender a ese tiempo eje. Varias son las razones que validan semejante argumento. En primer lugar, el 13 de agosto de aquel año Kafka conoce a Felice Bauer en casa de los padres de Max Brod. De todas las mujeres que articulan la vida emocional de Kafka, ninguna como Felice retrata no sólo lo que Kafka llegará a ser, sino sobre todo lo que nunca será: esposo, padre, un hombre con raíces. La relación con Felice, su vértigo de compromisos una y otra vez aplazados o rotos, dibuja con singular empeño esa infernal soltería, esa incapacidad (y, a la vez, ese terrible anhelo) para una vida doméstica al uso, que Kafka elevó a rango de inolvidable literatura.
| Franz Kafka / SCIAMMARELLA |
Pero no solo la vida sentimental de Kafka queda marcada para siempre en 1912. También su vocación como escritor, su pasión y condena literaria, se cincelan aquel año. Tres datos bastan para confirmar dicha idea. A finales de 1912, Kafka ve publicado su primer libro: las prosas de Betrachtung, conocidas entre nosotros como Contemplación, un título sin duda menor pero no por ello menos crucial para la historia íntima de la literatura. Con todo, esta publicación no es lo más importante en el terreno creativo del año del que hablamos. Porque dos sucesos de hondísima significación marcan su trabajo en esas fechas.
De un lado, la revelación del "lugar natural" de la escritura de Kafka: la noche, el insomnio, las tinieblas en las que el autor de Praga desarrollará la parte del león de su trabajo. La noche del 22 al 23 de septiembre de 1912, a lo largo de ocho horas ininterrumpidas de escritura, Kafka factura La condena, uno de los textos capitales para comprender la visión del mundo del narrador checo. Y lo hace en un estado casi mediúmnico, acaso sólo comparable al que embargará a Pessoa una noche de marzo de 1914 al pergeñar cincuenta poemas de El cuidador de rebaños. Poseído por un dios feroz y a la vez dadivoso, Kafka descubre aquella noche cuál será a partir de entonces su relación con la literatura. Mientras los demás duerman el sueño de los justos, descansando de sus afanes y miserias, él volcará su inquietante universo en interminables veladas que, como un motivo opaco, dibujan una de las telas mayores de la literatura de todos los tiempos.
El último eslabón literario para contemplar 1912 como año de gracia en la vida de Kafka es el más conocido. Entre el 17 de noviembre y el 7 de diciembre de 1912, en apenas tres semanas, Kafka escribe uno de los textos decisivos de la sensibilidad occidental del siglo veinte, y con pocas dudas el fragmento que con mayor hondura ha reflejado el angst del sujeto contemporáneo: durante veinte fecundas noches, en la Niklasstrasse de Praga, nuestro hombre redacta, para asombro de las generaciones futuras, La metamorfosis.
En puridad, no se puede prescindir de Kafka para entender en qué se ha convertido la literatura durante el pasado siglo. En 1964, en un ensayo justamente célebre, La locura, la ausencia de obra, Foucault asegura que "es tiempo ya de comprender que el lenguaje de la literatura no se define por lo que dice, ni tampoco por las estructuras que lo hacen significante, sino que tiene un ser y que es este ser lo que hay que interrogar". La conclusión de Foucault al respecto de este problema es rotunda: "El ser de la literatura, tal como se manifiesta desde Mallarmé y llega hasta nosotros, alcanza la región donde, desde Freud, tiene lugar la experiencia de la locura". Así, el demiurgo de la literatura dialoga con esa instancia que dice todo lo que nuestra vida reglamentada, formalista, constreñida por la prevención y las costumbres, calla. La intuición foucaultiana tiene notables adeptos: "En este siglo", escribe DeLillo en Los nombres, "el escritor ha sostenido una conversación con la locura. Casi podríamos decir que el escritor del siglo veinte aspira a la locura. Para un escritor, la locura es la destilación última de sí mismo, una versión final. Equivale a apagar el sonido de las voces falsas".
Como ese espejo deformante y audaz en que se refleja el escritor, Kafka resulta inagotable e ineludible. No sólo su apellido ha pasado a las lenguas cultas del mundo para definir una situación determinada (lo kafkiano), sino que su personalidad y su obra han legitimado el nacimiento de lo que, a falta de un nombre mejor, se denomina kafkología. La nómina de intelectuales que han prestado su talento a desentrañar las circunstancias de esta ciencia de lo kafkiano, de este logos interminable, es abrumadora. Sin ánimo exhaustivo, basta recordar los nombres de Theodor Adorno, Walter Benjamin, Elias Canetti, Milan Kundera, Robert Musil, Marthe Robert, Jean Starobinski e incluso David Foster Wallace, quien en 1999 dedicó al humor en Kafka un brevísimo ensayo, el iluminador Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka, de los cuales probablemente no he quitado bastante, recogido en Hablemos de langostas.
Su obra, cien años después, nos sigue interrogando, conmoviendo y desconcertando
Los compromisos emocionales, el carácter sagrado de la escritura, la perspectiva de la locura y, en resumidas cuentas, todo el elenco avasallador del pathos de Kafka nos interrogan con fuerza en el último estudio sobre el autor vertido a nuestra lengua, el ensayo de Pietro Citati concisamente titulado Kafka, que publicado por Acantilado recoge la edición italiana de Adelphi de 2007, a la que el erudito florentino añade nuevas consideraciones y material inédito respecto al original de 1986. Contempla aquí Citati a Kafka a través de su relación con las mujeres (Felice, por descontado, pero también Milena y su última compañera, la jovencísima Dora Diamant), a través de su vínculo con la escritura en su doble dimensión de don y de fatalidad, y a través de un puñado de obras mayúsculas: sus tres novelas (El desaparecido, El proceso y El castillo), algunos relatos extraordinarios (Durante la construcción de la muralla china, La madriguera e Investigaciones de un perro) y los fascinantes Aforismos de Zürau, sublimación del genio y el padecimiento kafkianos.
El resultado, discutible en ocasiones (la lectura abiertamente “teológica” que Citati propone de Kafka parece a menudo forzada), memorable en otras (la conversión de Kafka en personaje casi novelesco es notabilísima), redunda en todo caso en la convicción expresada por Adorno en sus Apuntes sobre Kafka: “El momento de la respuesta, al que todo apunta en Kafka, es aquel en que los hombres se dan cuenta de que no son sino cosas”. Y es que, siempre moderno, irreductible a un único punto de vista, enigmático en definitiva como todo gran creador, Kafka amaneció a la eternidad de la literatura hace ahora un siglo. Su obra, cien años después, nos sigue interrogando, conmoviendo y desconcertando con la enormidad de lo imperecedero.
*Ricardo Menéndez Salmón es autor de novelas como La ofensa y La luz es más antigua que el amor (ambas en Seix Barral)
jueves, 21 de abril de 2011
María Zambrano I
Se cumple el centenario del nacimiento de la escritora y filósofa malagueña María Zambrano. María, una de las más grandes pensadoras españolas del siglo XX. Profesora de la Universidad complutense durante la II República y relacionada con todos los nombres relevantes de la cultura española de la época, tuvo que recurrir al exilio durante cuarenta y cinco años de su vida. Regresa a España en 1984 para recibir, entre otros, el Premio Príncipe de Asturias y el Cervantes de Literatura. Analizaremos los detalles de su vida y obra con los profesores de la Universidad de Málaga, Enrique Baena, de literatura española y Juan Fernando Ortega, catedrático de filosofia, y director de la Fundación María Zambrano, además de Salvador Soriano, secretario de la Fundación.
Gabriel Celaya recibirá un homenaje con motivo del centenario de su nacimiento
El poeta Gabriel Celaya hubiera cumplido 100 años el pasado mes de marzo y un grupo de trovadores capitaneados por Fernando González Lucini va a recordarlo el próximo 25 de abril en la sala Galileo Galilei de Madrid.
19/04/2011 REDACCIÓN cancioneros.com
Rafael Múgica, conocido como Gabriel Celaya (Hernani, Euskadi 1911) fue un poeta en lengua castellana de la generación de la posguerra y uno de los más destacados representante de la llamada "poesía comprometida".
Fernando G. Lucini, —musicólogo, periodista y escritor—, se ha hecho cargo de lo que los poderes públicos han olvidado o —pero aún— no quieren recordar y es ofrecerle al poeta un merecido homenaje a los 100 años de su nacimiento y 20 de su muerte.
Alejandro Martínez, Alfonso del Valle, Antonio Higuero, Diego Ojeda, Fernando Lobo, Jesús Garriga, Juan Antonio Muriel, Laura Granados, Manuel Cuesta, Marwan, Moncho Otero, Olga Manzano, Pablo Sciuto, Paco Cifuentes, Rafa Mora, Sergio Alzola, Silné, Tabaré Picón y Gonzalo Castro; presentados por Víctor Alfaro serán los encargados de poner voz y música a tan necesario recuerdo.
El homenaje tendrá lugar el próximo lunes 25 de abril a las 21:30 en la Sala Galileo Galilei de Madrid. La entrada cuesta 9€ que irán íntegramente destinados a la ONG Luces Rojas y se destinarán a uno de los proyectos que dicha ONG está emprendiendo en Kobardanga (Calcuta, India).
Fernando G. Lucini ha donado además varios ejemplares de sus libros ...Y la palabra se hizo música —verdadera enciclopedia de la música de autor en tres volúmenes— y del CD: Cantando a Blas de Otero y Gabriel Celaya", de la Colección La palabra más tuya; que contiene doce canciones, sobre poemas de Otero y Celaya, interpretadas por Paco Ibáñez, Imanol, Víctor Manuel, Aguaviva, Rosa León, Adolfo Celdrán, Hilario Camacho y Luis Pastor; que serán vendidos a un precio casi simbólico (20€ los tres libros y 5€ el CD) y cuyo importe también será entregado a la ONG Luces Rojas.
19/04/2011 REDACCIÓN cancioneros.com
Rafael Múgica, conocido como Gabriel Celaya (Hernani, Euskadi 1911) fue un poeta en lengua castellana de la generación de la posguerra y uno de los más destacados representante de la llamada "poesía comprometida".
Fernando G. Lucini, —musicólogo, periodista y escritor—, se ha hecho cargo de lo que los poderes públicos han olvidado o —pero aún— no quieren recordar y es ofrecerle al poeta un merecido homenaje a los 100 años de su nacimiento y 20 de su muerte.
Alejandro Martínez, Alfonso del Valle, Antonio Higuero, Diego Ojeda, Fernando Lobo, Jesús Garriga, Juan Antonio Muriel, Laura Granados, Manuel Cuesta, Marwan, Moncho Otero, Olga Manzano, Pablo Sciuto, Paco Cifuentes, Rafa Mora, Sergio Alzola, Silné, Tabaré Picón y Gonzalo Castro; presentados por Víctor Alfaro serán los encargados de poner voz y música a tan necesario recuerdo.
El homenaje tendrá lugar el próximo lunes 25 de abril a las 21:30 en la Sala Galileo Galilei de Madrid. La entrada cuesta 9€ que irán íntegramente destinados a la ONG Luces Rojas y se destinarán a uno de los proyectos que dicha ONG está emprendiendo en Kobardanga (Calcuta, India).
Fernando G. Lucini ha donado además varios ejemplares de sus libros ...Y la palabra se hizo música —verdadera enciclopedia de la música de autor en tres volúmenes— y del CD: Cantando a Blas de Otero y Gabriel Celaya", de la Colección La palabra más tuya; que contiene doce canciones, sobre poemas de Otero y Celaya, interpretadas por Paco Ibáñez, Imanol, Víctor Manuel, Aguaviva, Rosa León, Adolfo Celdrán, Hilario Camacho y Luis Pastor; que serán vendidos a un precio casi simbólico (20€ los tres libros y 5€ el CD) y cuyo importe también será entregado a la ONG Luces Rojas.
sábado, 30 de octubre de 2010
Cumpleaños feliz al poeta
ROSANA TORRES - Madrid - 31/10/2010
Miguel Hernández hubiera sido feliz con la fiesta de su 100º cumpleaños. Como poeta y como hombre del pueblo. Doce horas continuadas de su poesía, de sus palabras, de su dignidad. Una jornada maratoniana que, por un lado fue popular, abierta a todo el mundo, con un público que fue variando a lo largo del día y de la noche. Por otro se celebró en la sede del Instituto Cervantes de Madrid.
Esta lectura continuada de la obra del poeta Miguel Hernández, en las voces de personalidades del mundo de la cultura, de la sociedad civil y de ciudadanos anónimos, recibió el nombre de La voz de la memoria. Un proyecto que ha impulsado desde hace tiempo la actriz Amparo Climent con la Unión de Actores, en colaboración con el Cervantes, aunque dice que sin la ayuda de la Fundación Aisge (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión) y el Ayuntamiento de Madrid no se hubiera podido llevar a cabo.
Para inaugurar y clausurar la jornada, nada menos que Paco Rabal recitando Elegía, en un documento grabado. Y entre una proyección y otra cientos de participantes, miles de espectadores. Desde Carmen Caffarel , directora del Cervantes, y otras autoridades como Alicia Moreno (Ayuntamiento), Jorge Bosso (Unión de Actores) y la familia de Hernández, que han elegido este acto de los muchos que hoy se celebraban por toda la geografía española, Lucía Izquierdo, nuera del poeta homenajeado, su nieta María José Hernández, y su sobrina carnal Rosa Moreno Hernández.
Luego han hecho una aproximación a Hernández figuras como Xavier Elorriaga, Pilar Bardem, Luis Eduardo Aute, Blanca Portillo, José Sacristán, Emma Cohen, Fernando Chinarro, Elisa Sanz... Y a partir de ahí, actores, músicos, público desconocido y también espectadores de lujo como Mario Gas, en silencio en una esquina, y Marcos Ana, el poeta... y el preso político español que más tiempo ha estado de manera continuada en cárceles franquistas, 26 años, quien, como otros, ha acudido a la cita después de haber participado por la calles de Madrid en el cortejo fúnebre de Marcelino Camacho. Y ya entrada la noche, Juan Diego, Natalie Poza, Juan Diego Botto, Lucía Álvarez, Nathalie Seseña, Josep Maria Flotats, Héctor Alterio...
A la cantaora Carmen Linares, una de las voces más contundentes del flamenco, no se la esperaba. Cantó Aceituneros, uno de los poemas más conocidos del poeta. El mismo que leyó Josefina Román, una joven republicana de 88 años, venida desde Alcalá al acto, quien interrumpió su intervención para gritar un "¡Viva la República!" que emocionó hasta el llanto a muchos asistentes.
Miguel Hernández hubiera sido feliz con la fiesta de su 100º cumpleaños. Como poeta y como hombre del pueblo. Doce horas continuadas de su poesía, de sus palabras, de su dignidad. Una jornada maratoniana que, por un lado fue popular, abierta a todo el mundo, con un público que fue variando a lo largo del día y de la noche. Por otro se celebró en la sede del Instituto Cervantes de Madrid.
Esta lectura continuada de la obra del poeta Miguel Hernández, en las voces de personalidades del mundo de la cultura, de la sociedad civil y de ciudadanos anónimos, recibió el nombre de La voz de la memoria. Un proyecto que ha impulsado desde hace tiempo la actriz Amparo Climent con la Unión de Actores, en colaboración con el Cervantes, aunque dice que sin la ayuda de la Fundación Aisge (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión) y el Ayuntamiento de Madrid no se hubiera podido llevar a cabo.
Para inaugurar y clausurar la jornada, nada menos que Paco Rabal recitando Elegía, en un documento grabado. Y entre una proyección y otra cientos de participantes, miles de espectadores. Desde Carmen Caffarel , directora del Cervantes, y otras autoridades como Alicia Moreno (Ayuntamiento), Jorge Bosso (Unión de Actores) y la familia de Hernández, que han elegido este acto de los muchos que hoy se celebraban por toda la geografía española, Lucía Izquierdo, nuera del poeta homenajeado, su nieta María José Hernández, y su sobrina carnal Rosa Moreno Hernández.
Luego han hecho una aproximación a Hernández figuras como Xavier Elorriaga, Pilar Bardem, Luis Eduardo Aute, Blanca Portillo, José Sacristán, Emma Cohen, Fernando Chinarro, Elisa Sanz... Y a partir de ahí, actores, músicos, público desconocido y también espectadores de lujo como Mario Gas, en silencio en una esquina, y Marcos Ana, el poeta... y el preso político español que más tiempo ha estado de manera continuada en cárceles franquistas, 26 años, quien, como otros, ha acudido a la cita después de haber participado por la calles de Madrid en el cortejo fúnebre de Marcelino Camacho. Y ya entrada la noche, Juan Diego, Natalie Poza, Juan Diego Botto, Lucía Álvarez, Nathalie Seseña, Josep Maria Flotats, Héctor Alterio...
A la cantaora Carmen Linares, una de las voces más contundentes del flamenco, no se la esperaba. Cantó Aceituneros, uno de los poemas más conocidos del poeta. El mismo que leyó Josefina Román, una joven republicana de 88 años, venida desde Alcalá al acto, quien interrumpió su intervención para gritar un "¡Viva la República!" que emocionó hasta el llanto a muchos asistentes.
domingo, 16 de mayo de 2010
Un recuerdo de Mujica Lainez

Manuel Mujica Lainez (Buenos Aires, 1910 - Córdoba, 1984), del que este año se celebra el centenario de su nacimiento, fue un escritor cosmopolita y profundamente original. Su obra más conocida es una de las grandes novelas sobre el Renacimiento italiano, Bomarzo, inspirada por el bosque de monstruosas esculturas situado al norte de Roma, cerca de Viterbo. Como ocurre con Yo, Claudio, la narración histórica esconde muchas cosas y, a lo largo de sus 600 páginas, el lector se encuentra con una reflexión sobre el poder o sobre el paso del tiempo mientras a la vez se sumerge en una documentadísima descripción de aquellos tiempos florentinos en los que mundo cambió. Pero la obra de Mujica Lainez es inmensa y no siempre fácil de encontrar: ahora RBA acaba de rescatar una pequeña joya, Cecil, la autobiografía del narrador pero contada a través de su perro.
lunes, 3 de mayo de 2010
En la casa encendida de Luis Rosales

Una exposición retrata al poeta y se adelanta al centenario de su nacimiento
ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - 29/04/2010 . EL PAÍS
El viaje de las palabras puede ser tan alambicado como el de un aventurero. Quizá por eso Luis Rosales (Granada, 1910-Madrid, 1992) jamás hubiera imaginado que el título de uno de sus mejores poemarios, La casa encendida (1971), acabaría siendo cuarenta años más tarde el nombre de un espacio urbano en el que se cruzan con insólito sentido común pasado y futuro. La Casa Encendida de Madrid inauguraba ayer Luis Rosales. El contenido del corazón, una exposición que organizada con la Sociedad Estatal de Conmemoraciones culturales (SECC), y en colaboración con el Archivo Histórico Nacional, se adelanta al centenario del nacimiento del poeta, el próximo 31 de mayo.
Más de un centenar de obras de arte, además de manuscritos, primeras ediciones, cartas, apuntes, fotografías y recuerdos nos acercan a un poeta, académico y ensayista sobre el que Caballero Bonald apunta: "Luis Rosales, por encima de modas y modos, continúa ocupando una de las cumbres poéticas de nuestro siglo XX".
Archivos privados, museos e instituciones han participado en esta exposición que reúne junto a documentos de Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Gerardo Diego o Pablo Neruda pinturas de Dalí, Picasso, Rafael Alberti, Benjamín Palencia, Gustavo Torner, César Manrique o Sempere. "No queríamos los nombres sino encontrar obras que estuvieran conectadas directamente con el mundo de Rosales", explica Paloma Esteban, comisaria junto a Xelo Candel de la muestra. "Reunir las obras de los amigos de Rosales es lo mismo que recorrer la historia del arte español de la segunda mitad del siglo XX", continúa Paloma Esteban.
De todos, estremece un dibujo de Lorca, un hermoso florero perteneciente a una colección privada. La sombra de la muerte de Lorca siempre sobrevoló sobre Rosales, en cuya casa Lorca fue apresado poco antes de su fusilamiento. Pero, Rosales (el poeta que escribió "la palabra del alma es la memoria", el autor de Diario de una resurreción) ha sobrevivido a una mancha en gran medida injusta, como recordaba ayer el director de La Casa Encedida, José Guirao, en una inauguración que encabezó el presidente de Caja Madrid, Rodrigo Rato. Un poeta al que le deben la coincidencia de un nombre y quizá la de un secreto, como escribe Caballero Bonald: "El ingenio descriptivo, la adjetivación insólita, la inventiva semántica, los adverbios desusados, el fraseo reincidente, van creando en La casa encendida una atmósfera medio ilusoria, entre la realidad y el ensueño, de itinerario hacia algún secreto emocionante".
Más de un centenar de obras de arte, además de manuscritos, primeras ediciones, cartas, apuntes, fotografías y recuerdos nos acercan a un poeta, académico y ensayista sobre el que Caballero Bonald apunta: "Luis Rosales, por encima de modas y modos, continúa ocupando una de las cumbres poéticas de nuestro siglo XX".
Archivos privados, museos e instituciones han participado en esta exposición que reúne junto a documentos de Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Gerardo Diego o Pablo Neruda pinturas de Dalí, Picasso, Rafael Alberti, Benjamín Palencia, Gustavo Torner, César Manrique o Sempere. "No queríamos los nombres sino encontrar obras que estuvieran conectadas directamente con el mundo de Rosales", explica Paloma Esteban, comisaria junto a Xelo Candel de la muestra. "Reunir las obras de los amigos de Rosales es lo mismo que recorrer la historia del arte español de la segunda mitad del siglo XX", continúa Paloma Esteban.
De todos, estremece un dibujo de Lorca, un hermoso florero perteneciente a una colección privada. La sombra de la muerte de Lorca siempre sobrevoló sobre Rosales, en cuya casa Lorca fue apresado poco antes de su fusilamiento. Pero, Rosales (el poeta que escribió "la palabra del alma es la memoria", el autor de Diario de una resurreción) ha sobrevivido a una mancha en gran medida injusta, como recordaba ayer el director de La Casa Encedida, José Guirao, en una inauguración que encabezó el presidente de Caja Madrid, Rodrigo Rato. Un poeta al que le deben la coincidencia de un nombre y quizá la de un secreto, como escribe Caballero Bonald: "El ingenio descriptivo, la adjetivación insólita, la inventiva semántica, los adverbios desusados, el fraseo reincidente, van creando en La casa encendida una atmósfera medio ilusoria, entre la realidad y el ensueño, de itinerario hacia algún secreto emocionante".
martes, 29 de mayo de 2001
500 años de Garcilaso
Aunque no se conoce ningún documento que date con precisión el nacimiento de Garcilaso de la Vega, la mayoría de la crítica coincide en señalar el año de 1501 como fecha más probable del acontecimiento.
A lo largo del año 2001 se celebraron, pues, los quinientos años del nacimiento del «príncipe de los poetas españoles», tal y como lo distinguió su comentarista Fernando de Herrera.
El Centro Virtual Cervantes se complace en presentar esta exposición monográfica sobre la vida y la obra de Garcilaso de la Vega, la cual, además, está dedicada a uno de los mejores estudiosos del poeta, el profesor Rafael Lapesa —fallecido a comienzos de este año—, como homenaje de recuerdo y admiración.
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