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viernes, 23 de agosto de 2013

Grandes autores nos contagian su pasión por 'Moby Dick' en RTVE por Jesús Jiménez

Grandes autores nos contagian su pasión por 'Moby Dick'


  • 26 autores analizan la obra de Melville y sus adaptaciones
  • Es el primer libro de una serie sobre las grandes obras de la literatura
Ampliar fotoPintura de Paul Lasaine para una película de animación de 'Moby Dick' producida por Dramworks, que no se llegó a rodar
Pintura de Paul Lasaine para una película de animación de ’Moby Dick’ producida por Dramworks, que no se llegó a rodar
Ampliar fotoPortada de 'Moby Dick. La atracción del abismo'
Portada de ’Moby Dick. La atracción del abismo’Dib>buks
Ampliar fotoIlustración de Rockwell Kent
Ilustración de Rockwell Kent
Ampliar fotoIlustración de José Ramón Sánchez recogida en 'Moby Dick. La atracción del abismo'
Ilustración de José Ramón Sánchez recogida en ’Moby Dick. La atracción del abismo’
Ampliar foto'Moby Dick'
’Moby Dick’
Ampliar fotoGregory Peck en su lucha final contra Moby Dick en la película de John Huston
Gregory Peck en su lucha final contra Moby Dick en la película de John Huston
JESÚS JIMÉNEZJESÚS JIMÉNEZ 

Publicada en 1851, Moby Dick, de Herman Melville, fue un fracaso de crítica y público, pero no tardó en convertirse en una de las grandes obras de la literatura universal, en uno de los libros más fascinantes y enigmáticos. Y la frase con la que comienza"Llamadme Ismael", una de las citas literarias más conocidas. Pero... ¿por qué nos fascina tanto la historia autodestructiva del Capitán Ahab en su lucha contra la gran ballena blanca? En resumidas cuentas, la lucha del hombre contra sí mismo y contra la naturaleza.
Grandes autores e ilustradores han intentado responder a esa pregunta en Moby Dick. La atracción del abismo (Dibbuks), un imprescindible estudio sobre esta obra universal que es un extenso estudio gráfico y literario. Y en el que participan autores tan destacados como los escritores Moncho Alpuente, Fernando Savater, Arturo Pérez Reverte, Juan Madrid, Antonio Muñoz Molina, Raúl Guerra Garrido, Manuel Hidalgo, Juan Tébar o José Carlos Somoza; y los dibujantes e ilustradores Eduardo Naranjo, José Ramón SánchezFederico del Barrio, Fernando Vicente, Vital García Tardón yRicardo Martínez (autor de la portada); el pintor José Hernández; cineastas como José Luis Garci; y editores y críticos como Constantino Bértolo o Luis Roca Arencibia.
Se trata del primer volumen de la interesante colecciónGraphiclassic, que analizará las grandes obras literarias y cuyo segundo volumen será La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson.

Un estudio dividido en tres partes

El libro se divide en tres partes. En la primera la primera se nos cuenta quién era Melville, su obra y el tiempo que le tocó vivi, información que nos permitirá conocer las claves del génesis de Moby Dick. También sus largos viajes por mar (fundamentales para la escritura de Moby Dick). Pero también descubrimos su obra maestra desconocida, Billy Budd (escrita en 1889, pero no publicada hasta 1924, después de la muerte del autor), en la que narraba la historia de un muchacho tartamudo falsamente acusado y ajusticiado por los miembros de su propia tripulación.
La segunda parte profundiza más en en la gran ballena blanca, las diversas interpretaciones... otros leviatanes marinos en la literatura (La Odisea, de Homero,20.000 leguas de viaje submarino, de VernePinocho, de Collodi...) enigmas del mar o misterios sin resolver.
Y la tercera repasa todas las representaciones artísticas del gigante del mar, desde las primeras ilustraciones hasta la película de John  Huston, pasando por cómics o pinturas del siglo XIX. Un auténtico festín de imágenes espectaculares que demuestran la capacidad de la obra de Melville para disparar la imaginación de cualquier lector y de los mejores artistas de los últimos ciento cincuenta años.

El poder de la imagen

En la creación del mito de Moby Dick son fundamentales esas espectaculares imágenes que ha inspirado el monstruo de Melville y ese escenario insuperable que es el mar. Curiosamente, como la novela tardó en ser reconocida, las primeras ilustraciones no llegarían hasta más de 40 años después,  en 1896 (A. Burnham Shute). Pero las ilustraciones que influyeron en casi todos los artistas posteriores son las que realizó I.W. Taber en 1899.
Desde entonces muchos otros autores y pintores se han dejado seducir por la lucha entre Ahab y la ballena, destacando a Mead Schieffer(que realizó la primera gran versión a todo color); el insuperable Rockwell Kent, que generó una uténtica corriente de seguidores; o grandes dibujantes como Enrique Breccia.
Sin olvidar las interesantes adaptaciones al cómic por parte de genios como Will Eisner(The Spirit), Dino Battaglila, Paul Gillon, Chiqui de La Fuente, o la expresionista versión de Bill Sienkiewicz para Marvel Comics. Sin olvidar las ilustraciones de Dreamworks para hacer una película de animación contada desde el punto de vista de la ballena, un proyecto que, desgraciadamente, no prosperó.
Mención aparte merecen los óleos que realizó José Ramón Sánchez (el inolvidable dibujante de Sabadabadá y El desván de la fantasía) y que él mismo se encarga de comentar en un artículo sobre su trabajo
El final del libro está dedicado a las versiones cinematográficas de Moby Dick, sobre todo a la de John Huston. Uno de los artículos está escrito por José Luis Garci, que recuerda la importancia del guión de Ray Bradbury (Crónicas Marcianas). Destacar también el de Luis Roca Arencibia sobre lo que supuso que Huston trasladase el rodaje de Moby Dick a Las Palmas de Gran Canaria (en la navidad de 1954), después de perder dos enormes maquetas de la ballena en las costas galesas y en entre Azores y Madeira, debido al mal tiempo. Por cierto, que fue la película más taquillera de 1956, el año de su estreno.
El estudio concluye con un análisis de otras adaptaciones al teatro, la poesía, la música, la radio, los dibujos animados y sobre su influencia en otras obras de ficción
Resumiendo, un estudio casi tan colosal e interesante como la propia obra de Mellville. Una gran lectura para este verano.

domingo, 17 de octubre de 2010

Una narración iniciática

JOSÉ MARÍA GUELBENZU 17/05/2008




Pocos gigantes de la literatura han sido tan menospreciados en vida como lo fue Herman Melville. Tras sus dos primeros éxitos relativos, Typee y Omú (Alba, 1999), su vida literaria fue casi siempre cuesta abajo. A las dos novelas antedichas le siguió una extraña fantasía, Mardi, que desconcertó tanto a críticos y a lectores como al mismo Melville que, sin embargo, se rehizo ante su público con dos narraciones marineras: esta que comentamos, Redburn, en la que relata de modo más o menos autobiográfico su primera embarcada, y Chaqueta blanca (Alba, 1998). Detrás vendrían: una de las cumbres de la literatura de todos los tiempos, Moby Dick o La ballena, que fue acogida con indiferencia; la singular y extraordinaria Pierre o las ambigüedades (Alfaguara, 2002), que acabó de echar por tierra su ya mermado prestigio, y sus prodigiosos y arriesgados relatos, como los reunidos en los Tales of the Piazza ('La Piazza', 'Bartleby', 'El campanario', 'El vendedor de pararrayos', 'Las encantadas' y 'Benito Cereno'), entre otros. Excepto 'Las encantadas' (Berenice, 2008) y 'Benito Cereno' (Cátedra, 1998), todos sus relatos están reunidos en Cuentos completos (Alba, 2006). Agobiado por las deudas y el mantenimiento de la familia, acabó consiguiendo un puesto de inspector de aduanas en los muelles de Nueva York. Aún escribiría otro relato soberbio, Billy Budd (Cátedra, 1998), que no llegó a publicar en vida.

Entre los recuerdos asoma de pronto un cuadro que contiene la "estampa de una enorme ballena, tan grande como un barco y cubierta de arpones..."
Redburn -primera traducción al castellano- es un relato de iniciación que se apoya en su experiencia personal a bordo del St. Lawrence en la ruta Nueva York- Liverpool-Nueva York. Este viaje fue su primer contacto con el mar como marinero y podemos dividirlo en tres partes. La primera cuenta su trabajoso descubrimiento de la vida en el mar; la segunda, su estancia en Liverpool -con una escapada a Londres-, y la tercera es el viaje de regreso llevando a bordo un gran número de inmigrantes. Y en este libro es donde empieza a dibujarse la legendaria figura del único que quedó para contar la aventura de la ballena blanca.
El comienzo recuerda al niño del poema de Baudelaire que trata de imaginar el mundo a través de los mapas. El joven Redburn, hijo de un caballero arruinado y él mismo en un lamentable estado de precariedad, se embarca por necesidad y por sueño. La descripción de tal estado no admite concesiones; no hay un ápice de retórica, pinta las cosas como son y prende la atención de inmediato por su fiabilidad. No tendremos duda sobre lo que espera al muchacho, pero, por eso mismo, la poderosa verosimilitud del estilo nos empuja a leer más: no hay misterio en el desarrollo de la historia sino en cada uno de los avatares de la misteriosa iniciación a la vida. El relato de la partida, la primera salida al mar y la primera salida de América arrancan con una fuerza de convicción que allana y estimula la lectura. En esta novela semibiográfica no hay intriga encadenada propiamente dicha, pero tiene al lector siempre pendiente del relato por su capacidad de atender a lo significativo de la sucesión de hechos que pasan como estampas ante los ojos del lector; la mayoría de ellos (la conciencia de la extensión del océano, el primer cruce con otro barco en la inmensidad del mar...) contienen un alto valor simbólico, marca de la casa.
Redburn es un muchacho educado y puritano y de los sucesos extraerá siempre consecuencias morales y de comportamiento. Asimismo, Melville muestra su gusto por traer a la historia información interesante y minuciosa de todo orden sobre aquello donde se posa la mirada del chico, sea el oficio del mar o los objetos que descubre o las peculiaridades de la gente con la que convive. De este modo de hacer dará sobrada muestra en Moby Dick. Por cierto, entre los recuerdos asoma de pronto un cuadro en el salón de su casa que contiene la "estampa de una enorme ballena, tan grande como un barco y cubierta de arpones...".
La segunda parte muestra su estancia en Liverpool, que empieza con un chasco encantadoramente propio de un chico provinciano que nunca antes había salido de su casa: trata de conocer la ciudad siguiendo una vieja guía de su padre viajero celosamente guardada y releída y descubre que ya nada está en su sitio. Las descripciones de Liverpool transmiten su curiosidad y arrojo, cuyo motor es el deseo de conocer; son, en parte, de corte dickensiano, con algunas escenas formidables, como la estremecedora historia del pasaje Lancelot o un viaje a Londres que parece propio del más admirable folletón gótico. Son relatos de miseria, trapacería, perversión, ingenuidad, envilecimiento, pillería... Pero Redburn es un chico decente que juzga con severidad a las malas personas y se alegra y es generoso con los desgraciados. En su boca pone Melville reflexiones sobre el funcionamiento de la sociedad, las relaciones humanas, las leyes... perfectamente insertas en el cuadro de vida que despliega ante nuestros ojos.
El viaje de vuelta es menos tenso, en lo personal, que el de ida, porque ya está más impuesto en las leyes y la vida del mar. Aquí, con gran astucia, hace entrar a un personaje que es su contrafigura, lo que revela su instinto narrativo. Harry Bolton, un joven frívolo, desenvuelto en la buena sociedad pero sin un céntimo por su mala cabeza, fantasmón y simpático, se hace querer por Redburn y se convierten en compañeros de aventura. Bolton decide volver con Redburn a América... y ahí veremos la utilidad de ese contraste entre ambos para completar el carácter de nuestro héroe.
Redburn surge como una narración iniciática, muy pegada al mar, en la línea de un Richard Dana, pero en la que ya asoman tanto el mundo como esa cualidad formidable de Melville que es su capacidad de creación basada en lo simbólico, determinante en la lucha del héroe obsesionado y desgraciado contra la representación del mal en la naturaleza que representa la ballena blanca. Por cierto, que es de justicia aprovechar este comentario para advertir sobre la existencia de una edición de Moby Dick que tiene vocación de canónica por su justeza y el magnífico aparato informativo que la rodea. Me refiero a la edición y traducción de Fernando Velasco (Akal, 2007).
Y a este respecto, no me resisto a plantear una duda: la traducción de Moby Dick comienza como todas, con ese solemne y plural "Llamadme Ismael". La pregunta es: ¿a quién se dirige el náufrago? ¿A una cofradía de oyentes? ¿A una asamblea? No. El único interlocutor de Melville y de su personaje es el lector individual. ¿Por qué, entonces, no traducir ese "Call me Ishmael" por "Llámame Ismael"? -

sábado, 7 de agosto de 2010

La ballena más famosa de la literatura


'Moby Dick', la novela de Herman Melville, describe el viaje de un joven en un ballenero cuyo capitán tiene ansias de venganza
FÁTIMA CRUZ - Madrid - 06/08/2010

EL PAÍS ha preguntado a 30 escritores qué cinco libros meterían en la maleta para las vacaciones. Cuáles serían sus lecturas de verano ¿El resultado? Hemos hecho una clasificación con los más citados y te los recomendaremos cada día en 'Tentaciones de Verano'. Estira la toalla, es hora de leer.

"Llamadme Ismael". Con estas palabras da comienzo la novela de aventuras Moby Dick (Planeta), la más famosa de Herman Melville y la más importante de su carrera. La novela narra la historia de un joven que se embarca en un ballenero, el Pequod. Su autoritario capitán, Ahab, sufrió un accidente con una ballena que le amputó una pierna. Obsesionado con vengarse de ella, la bautiza como Moby Dick y se lanza a darle caza junto a otros compañeros, entre ellos el protagonista: Ismael.

El escritor Manuel de Lope recomienda leer en vacaciones la historia del cachalote más famoso de la literatura moderna. Pero sugiere hacerlo con calma, "en un mes", para asimilarla y deleitarse con su riqueza. Más allá de ser una novela de aventuras, Moby Dick se trata, según la crítica, de uno de los libros más complicados de leer, debido a la complejidad de su lenguaje.

Herman Melville (Nueva York, 1819-1891) escribe sobre su propia experiencia, ya que viajó durante años como tripulante en diversos barcos, incluido un ballenero. También se inspiró en el caso de un barco ballenero de Nantucket (Massachusetts, Estados Unidos), que fue atacado por una ballena blanca. Esto le sirvió para dar forma a la aventura de Ismael, que una vez embarcado descubre que la verdadera intención de Ahab no es otra que la de dar caza a la famosa Moby Dick. El joven narra a modo de flashback cómo sobrevivió a los envites del animal, muchas veces comparado con el Leviatán de la Biblia.

Melville publicó esta novela en 1850, pero al igual que el resto de su obra pasó sin pena ni gloria y tuvieron que pasar muchos años antes de empezar a ser considerado uno de los grandes escritores del simbolismo americano. El autor recurre a la alegoría y los simbolismos para representar en Moby Dick la naturaleza que está fuera del alcance del hombre y en el capitán Ahab la ira y el empeño en conseguir un fin, una meta en su vida.

La novela está repleta de referencias a la biología, lo que le confiere un punto científico que dota de cierta complejidad al lenguaje en muchas ocasiones. Melville, gracias a su experiencia en el mar, detalla los tipos de cetáceos minuciosamente, así como las labores que desempeñan los tripulantes en el barco, incluso desde varias perspectivas. Además, la novela trata temas como la religión, la política y la venganza. Los personajes gozan de gran profundidad psicológica, pues como cualquier persona, dudan y se debaten entre las opciones que la vida les presenta y que pueden ser decisivas para ellos.

Una de las críticas más discutidas que se le han hecho a Moby Dick es el error que Melville comete en la narración al referirse a la ballena como un pez y no como un mamífero. El error es supuesto porque hay quienes defienden que el autor conocía la diferencia pero quiso dar así el toque de ignorancia a su protagonista.

Moby Dick ha sido llevada al cine en varias ocasiones. No obstante, la película más conocida es la versión de 1956, de John Huston, protagonizada por Gregory Peck. Como anécdota, los exteriores fueron rodados en aguas de Gran Canaria. En estas aguas, además, bucean a gran profundidad cachalotes como el que se describe en el libro.

Hagan caso a Manuel de Lope y lean Moby Dick, porque como bien dice el escritor: "El verano es buen momento para leer novelas clásicas, aunque sólo sea para compensar la histeria de las vacaciones".

Moby Dick, Herman Melville (Planeta)


Otros libros de Herman Melville
Bartlevy, el escribiente (Espasa-Calpe)

Cuentos completos (Debolsillo)

Redburn: su primer viaje (Alba Editorial)

Benito Cereno (Valdemar)


Manuel de Lope: "Valle-Inclán me gusta por su valor literario y para conocer el país en el que nos movemos"
Manuel de Lope (Burgos, 1949) inició las carreras de Ingeniería de Telecomunicación y Ciencias Económicas en Madrid, estudios que no terminó. Exiliado por razones políticas, marchó a Francia en 1969 y residió también en Suiza e Inglaterra. Trabajó para un marchante de pintura y regresó a Madrid en 1993.

Cultiva el género narrativo, que en un principio fue experimental, para posteriormente pasar a temas más cotidianos. También ha trabajado en narrativa de viajes al estilo clásico del género. En 1998, recibió el Premio Primavera por Las Perlas Peregrinas.

Estas han sido sus sugerencias: "Recomendaría fervientemente Moby Dick (Planeta) y también La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson (Valdemar), la primera para leerla en un mes y la segunda en un día. De Faulkner escogería Luz de agosto (Alfaguara). Y de los clásicos españoles El ruedo ibérico (Espasa- Calpe) o Las guerras carlistas (Espasa- Calpe) de Valle-Inclán, por su valor literario y por lo que tienen de conocer el país en el que nos movemos".

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