II
Como decía, me llamo Juan Pablo Castel. Podrán preguntarse qué me mueve a escribir la historia de mi crimen (no sé si ya dije que voy a relatar mi crimen) y, sobre todo, a buscar un editor. Conozco bastante bien el alma humana para prever que pensarán en la vanidad. Piensen lo que quieran: me importa un bledo; hace rato que me importan un bledo la opinión y la justicia de los hombres. Supongan, pues, que publico esta historia por vanidad. Al fin de cuentas estoy hecho de carne, huesos, pelo y uñas como cualquier otro hombre y me parecería muy injusto que exigiesen de mí, precisamente de mí, cualidades especiales; uno se cree aveces un superhombre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido. De la vanidad no digo nada: creo que nadie está desprovisto de este notable motor del Progreso Humano. Me hacen reír esos señores que salen con la modestia de Einstein o gente por el estilo; respuesta: es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto. Aun cuando se imagina que no existe en absoluto, se la descubre de pronto en su forma más sutil: la vanidad de la modestia. ¡Cuántas veces tropezamos con esa clase de individuos! Hasta un hombre, real o simbólico, como Cristo, pronunció palabras sugeridas por la vanidad o al menos por la soberbia. ¿Qué decir de León Bloy, que se defendía de la acusación de soberbia argumentando que se había pasado la vida sirviendo a individuos que no le llegaban a las rodillas? La vanidad se encuentra en los lugares más inesperados: al lado de la bondad, de la abnegación, de la generosidad. Cuando yo era chico y me desesperaba ante la idea de que mi madre debía morirse un día (con los años se llega a saber que la muerte no sólo es soportable sino hasta reconfortante), no imaginaba que mi madre pudiese tener defectos. Ahora que no existe, debo decir que fue tan buena como puede llegar a serlo un ser humano. Pero recuerdo, en sus últimos años, cuando yo era un hombre, cómo al comienzo me dolía descubrir debajo de sus mejores acciones un sutilísimo ingrediente de vanidad o de orgullo. Algo mucho más demostrativo me sucedió a mí mismo cuando la operaron de cáncer. Para llegar a tiempo tuve que viajar dos días enteros sin dormir. Cuando llegué al lado de su cama, su rostro de cadáver logró sonreírme levemente, con ternura, y murmuró unas palabras para compadecerme (¡ella se compadecía de mi cansancio!). Y yo sentí dentro de mí, oscuramente, el vanidoso orgullo de haber acudido tan pronto. Confieso este secreto para que vean hasta qué punto no me creo mejor que los demás.
.... Sin embargo, no relato esta historia por vanidad. Quizá estaría dispuesto a aceptar que hay algo de orgullo o de soberbia. Pero ¿por qué esa manía de querer encontrar explicación a todos los actos de la vida? Cuando comencé este relato estaba firmemente decidido a no dar explicaciones de ninguna especie. Tenía ganas de contar la historia de mi crimen, y se acabó: al que no le gustara, que no la leyese. Aunque no lo creo, porque precisamente esa gente que siempre anda detrás de las explicaciones es la más curiosa y pienso que ninguno de ellos se perderá la oportunidad de leer la historia de un crimen hasta el final.
.... Podría reservarme los motivos que me movieron a escribir estas páginas de confesión; pero como no tengo interés en pasar por excéntrico, diré la verdad, que de todos modos es bastante simple: pensé que podrían ser leídas por mucha gente, ya que ahora soy célebre; y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores de estas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA.
.... "¿Por qué -se podrá preguntar alguien- apenas una débil esperanza si el manuscrito ha de ser leído por tantas personas?" Este es el género de preguntas que considero inútiles. Y no obstante hay que preverlas, porque la gente hace constantemente preguntas inútiles, preguntas que el análisis más superficial revela innecesarias. Puedo hablar hasta el cansancio ya gritos delante de una samblea de cien mil rusos: nadie me entendería. ¿Se dan cuenta de lo que quiero decir?
..... Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté.
domingo, 16 de enero de 2011
EL TÚNEL (texto escogido) - Ernesto Sabato
Carlos Arniches
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- "Carlos Arniches" por Martín Narcés en proscritos.com
- "El verdugo y la tragedia grotesca" por Juan A. Ríos CARRATALÁ Universidad de Alicante
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La señorita de Trevélez - Carlos Arniches
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Combinatoria frente a fijación
En las lenguas coexisten dos principios que son igual de importantes: la combinatoria y la fijación. Sin embargo, tradicionalmente se le ha dado más importancia al primero. Hasta tal punto es así que nos hemos acostumbrado a ver la lengua como una especie de mecano en el que se van ensamblando piezas para construir sintagmas, oraciones y textos.
Así —se suele creer—, quien disponga de los bloques de construcción (las palabras) y conozca las reglas que permiten encajarlas (la gramática), dominará una lengua. O sea, si yo conozco el determinante el/la/los/las, el sustantivo niño, el verbo comer y el sustantivo pan; y manejo, asimismo, las reglas gramaticales relativas al género, el número, la conjugación, el desempeño de funciones gramaticales como sujeto y complemento directo, etc., ya puedo construir una oración como El niño come pan. Ir creando más y más oraciones es, simplemente, cuestión de ir ampliando el inventario de palabras que sé combinar y el conjunto de reglas que rigen tales combinaciones. A esta visión parcial, simplista, de lo que es una lengua es a la que apelan estos métodos más o menos milagrosos que nos prometen enseñarnos inglés, francés o ruso a base de un puñado de vocabulario y unas cuantas nociones gramaticales.
Ojalá todo fuera tan fácil. Hay otra vertiente igual de importante en el dominio de una lengua: la que tiene que ver con todas aquellas combinaciones que los hablantes no van montando pieza por pieza, sino que se encuentran ya construidas, que aparecen constituidas en bloques con mayor o menor trabazón entre sus miembros. Estas se van transmitiendo de unos hablantes a otros y se van repitiendo de generación en generación, como parte del inventario de expresiones de una comunidad lingüística.
Las más típicas son probablemente las denominadas expresiones idiomáticas. Aunque yo conozca el significado de estirar y de pata, y sea capaz de combinar estas y otras unidades de acuerdo con las reglas de la gramática, todavía no sé lo que significa estirar la pata. Evidentemente, si alguien me dice que El protagonista de la película estiró la pata no interpreto normalmente que está haciendo unos ejercicios de rehabilitación que le ha mandado el médico. Esa expresión significa en bloque y lo normal es que la interpretemos como ‘morir’, en lugar de con su significado literal. Las expresiones idiomáticas no solo son fijas, sino que además se caracterizan porque su significado no se deriva del significado de sus componentes.
Otros representantes de la combinatoria restringida son las denominadas colocaciones, que son ciertas combinaciones estables de palabras que utilizamos de manera preferente para referirnos a determinadas realidades extralingüísticas. ¿Podríamos decir en español vino rojo? Podríamos. ¿Lo decimos? Pues no, lo que de hecho decimos es vino tinto. Y quien quiera hablar esta lengua correctamente, tendrá que aprender que esa es la denominación de esa bebida. Saber una lengua no es solo entender qué combinaciones son posibles. Además es necesario saber que de todas las que lo son, en la práctica, solo se utilizan algunas. Y de la misma forma que aprendemos una combinación de la vida cotidiana, con el tiempo tendremos que ir enterándonos de que en los registros más formales se dice celebrar una conferencia, estampar un firma o refrendar un tratado. Es parte del vocabulario del español, pero de un vocabulario que está formado por secuencias de palabras y no por palabras aisladas.
Bajando ya al terreno de la gramática, encontramos numerosas locuciones prepositivas y conjuntivas que son el resultado de la fijación de lo que en su día fueron combinaciones libres. Esto ocurre, por ejemplo, con de cara a, expresión que se ha convertido en una seria competidora de la preposición para, o con por más que, que alterna con la conjunción concesiva aunque.
También se fijan fórmulas conversacionales como a decir verdad…, bien mirado…, … ¿o no?, etc. Estas nos sirven para asegurarnos de que nos están entendiendo, ir dirigiendo la conversación y gestionar diversos procesos comunicativos. Cualquiera que haya intentado cambiar de tema o ir dando por cerrada una conversación telefónica en una lengua extranjera, se habrá dado cuenta de su valor y de lo difícil que resulta utilizarlas adecuadamente.
Todos los tipos presentados hasta aquí se sitúan por debajo del nivel de la oración, pero la fijación también abarca oraciones completas. Hay casos de fijación pragmática que afectan a ciertas oraciones que se dicen en situaciones comunicativas concretas o que, más bien, son las que se dicen en esas ocasiones. Por ejemplo, para hacer la compra en un mercado tradicional español resulta útil saber que si llego a un puesto y hay varias personas esperando sin hacer cola, tengo que preguntar: ¿Quién es el último? o, si quiero ser más castizo, ¿Quién da la vez? Este tipo de expresiones cambian de unos países a otros y de unas lenguas a otras. Por ejemplo, si llego a casa de mis padres y llamo al telefonillo, cuando me pregunten: ¿Quién es?, me anunciaré diciendo simplemente: Soy yo. Un inglés, en cambio, diría: It’s me ‘es yo’; y un alemán, Ich bin es ‘yo soy ello’.
Si nos seguimos adentrando en el terreno de la fijación de oraciones, nos encontraremos con el rico mundo de los refranes, proverbios, etc., de cuyo estudio se encarga la paremiología. Y si nos asomamos al más complejo todavía de los textos rutinizados, nos encontraremos con lo que se escribe en una esquela, una invitación de bodas o, incluso, con ensalmos, oraciones y fórmulas legales. Pero todo esto nos llevaría ya demasiado lejos.
En fin, como ves, para tratar este tema haría falta no un artículo sino un blog entero. Me conformaría si lo poco que he podido presentar —que no pretende ser exhaustivo sino representativo— ha servido para llamar la atención sobre ciertos fenómenos de lengua que resultan omnipresentes en nuestro uso diario, pero de los que raramente llegamos a tener conciencia, entre otros motivos, porque no es muy normal que nos hablen de ellos.
Así —se suele creer—, quien disponga de los bloques de construcción (las palabras) y conozca las reglas que permiten encajarlas (la gramática), dominará una lengua. O sea, si yo conozco el determinante el/la/los/las, el sustantivo niño, el verbo comer y el sustantivo pan; y manejo, asimismo, las reglas gramaticales relativas al género, el número, la conjugación, el desempeño de funciones gramaticales como sujeto y complemento directo, etc., ya puedo construir una oración como El niño come pan. Ir creando más y más oraciones es, simplemente, cuestión de ir ampliando el inventario de palabras que sé combinar y el conjunto de reglas que rigen tales combinaciones. A esta visión parcial, simplista, de lo que es una lengua es a la que apelan estos métodos más o menos milagrosos que nos prometen enseñarnos inglés, francés o ruso a base de un puñado de vocabulario y unas cuantas nociones gramaticales.
Ojalá todo fuera tan fácil. Hay otra vertiente igual de importante en el dominio de una lengua: la que tiene que ver con todas aquellas combinaciones que los hablantes no van montando pieza por pieza, sino que se encuentran ya construidas, que aparecen constituidas en bloques con mayor o menor trabazón entre sus miembros. Estas se van transmitiendo de unos hablantes a otros y se van repitiendo de generación en generación, como parte del inventario de expresiones de una comunidad lingüística.
Las más típicas son probablemente las denominadas expresiones idiomáticas. Aunque yo conozca el significado de estirar y de pata, y sea capaz de combinar estas y otras unidades de acuerdo con las reglas de la gramática, todavía no sé lo que significa estirar la pata. Evidentemente, si alguien me dice que El protagonista de la película estiró la pata no interpreto normalmente que está haciendo unos ejercicios de rehabilitación que le ha mandado el médico. Esa expresión significa en bloque y lo normal es que la interpretemos como ‘morir’, en lugar de con su significado literal. Las expresiones idiomáticas no solo son fijas, sino que además se caracterizan porque su significado no se deriva del significado de sus componentes.
Otros representantes de la combinatoria restringida son las denominadas colocaciones, que son ciertas combinaciones estables de palabras que utilizamos de manera preferente para referirnos a determinadas realidades extralingüísticas. ¿Podríamos decir en español vino rojo? Podríamos. ¿Lo decimos? Pues no, lo que de hecho decimos es vino tinto. Y quien quiera hablar esta lengua correctamente, tendrá que aprender que esa es la denominación de esa bebida. Saber una lengua no es solo entender qué combinaciones son posibles. Además es necesario saber que de todas las que lo son, en la práctica, solo se utilizan algunas. Y de la misma forma que aprendemos una combinación de la vida cotidiana, con el tiempo tendremos que ir enterándonos de que en los registros más formales se dice celebrar una conferencia, estampar un firma o refrendar un tratado. Es parte del vocabulario del español, pero de un vocabulario que está formado por secuencias de palabras y no por palabras aisladas.
Bajando ya al terreno de la gramática, encontramos numerosas locuciones prepositivas y conjuntivas que son el resultado de la fijación de lo que en su día fueron combinaciones libres. Esto ocurre, por ejemplo, con de cara a, expresión que se ha convertido en una seria competidora de la preposición para, o con por más que, que alterna con la conjunción concesiva aunque.
También se fijan fórmulas conversacionales como a decir verdad…, bien mirado…, … ¿o no?, etc. Estas nos sirven para asegurarnos de que nos están entendiendo, ir dirigiendo la conversación y gestionar diversos procesos comunicativos. Cualquiera que haya intentado cambiar de tema o ir dando por cerrada una conversación telefónica en una lengua extranjera, se habrá dado cuenta de su valor y de lo difícil que resulta utilizarlas adecuadamente.
Todos los tipos presentados hasta aquí se sitúan por debajo del nivel de la oración, pero la fijación también abarca oraciones completas. Hay casos de fijación pragmática que afectan a ciertas oraciones que se dicen en situaciones comunicativas concretas o que, más bien, son las que se dicen en esas ocasiones. Por ejemplo, para hacer la compra en un mercado tradicional español resulta útil saber que si llego a un puesto y hay varias personas esperando sin hacer cola, tengo que preguntar: ¿Quién es el último? o, si quiero ser más castizo, ¿Quién da la vez? Este tipo de expresiones cambian de unos países a otros y de unas lenguas a otras. Por ejemplo, si llego a casa de mis padres y llamo al telefonillo, cuando me pregunten: ¿Quién es?, me anunciaré diciendo simplemente: Soy yo. Un inglés, en cambio, diría: It’s me ‘es yo’; y un alemán, Ich bin es ‘yo soy ello’.
Si nos seguimos adentrando en el terreno de la fijación de oraciones, nos encontraremos con el rico mundo de los refranes, proverbios, etc., de cuyo estudio se encarga la paremiología. Y si nos asomamos al más complejo todavía de los textos rutinizados, nos encontraremos con lo que se escribe en una esquela, una invitación de bodas o, incluso, con ensalmos, oraciones y fórmulas legales. Pero todo esto nos llevaría ya demasiado lejos.
En fin, como ves, para tratar este tema haría falta no un artículo sino un blog entero. Me conformaría si lo poco que he podido presentar —que no pretende ser exhaustivo sino representativo— ha servido para llamar la atención sobre ciertos fenómenos de lengua que resultan omnipresentes en nuestro uso diario, pero de los que raramente llegamos a tener conciencia, entre otros motivos, porque no es muy normal que nos hablen de ellos.
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martes, 11 de enero de 2011
Proposiciones Subordinadas Sustantivas
PROPOSICIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS.
• Me interesa que lea mucho.
• No me imagino cómo pudo suceder.
• Se enteró de que le habían destituido.
• Ya está harta de que la maltraten.
• No tenía dudas de que ganaría la carrera.
• Desconocía cuándo le compraría la moto.
• Se enorgullecía de que hubiera viajado tanto.
• Estaba convencido de que le habían engañado.
• Puedo dar fe de que aquello sucedió así.
• Ignoro qué pretende con eso.
• Eso depende de si el avión llega a tiempo o no.
• Me interesa que me aconsejen en este asunto.
• Es necesario que acabes el trabajo antes de fin de mes.
• Se dice que este año habrá una crisis económica.
• María oyó que alguien subía por la escalera.
• Deseo que seas muy feliz.
• Se queja de que no le hacen caso.
• Infórmate de si hay clase mañana.
• Entérate de cuándo llega el avión de Irán.
• Alberto tiene la esperanza de que le toque la lotería.
• Alicia está segura de que la seleccionarán como protagonista de una serie televisiva.
• El tribunal tenía dudas sobre si era culpable o no.
• Está contenta de que la hayan ascendido en el trabajo.
• Es extraño que nuestro perro lo haya mordido.
• Se dice que nuestro equipo ganará la regata.
• No cabe ninguna duda de que este equipo ganará la liga.
• En esta ocasión se trata de que participes en un acto benéfico.
• Voy a ver si no se apaga la lumbre.
• No le importa que le gasten alguna broma.
• Ha llegado a la conclusión de que el estilo de esta escritora es enérgico.
• Soy consciente de que he actuado precipitadamente.
• Algunos observaron como era atropellado por un camión.
• El secreto de su popularidad consiste en que es una persona amable y cordial.
• El niño se acordó de que la maestra le había dado una carta para sus padres.
• Estoy seguro de que esta novela tendrá éxito.
• Comprobaron que decía la verdad.
• Es curioso que tengamos que hacer eso.
• Ahora se dedica a que la empresa se consolide.
• No sabía si se llamaba María o Mercedes.
• ¿Te acuerdas de que tienes que llevar la comida a la abuela?
• Explícame por dónde viajarás este año.
• Insistió en que aquellos objetivos debían cumplirse.
• Está cansada de que le tomen el pelo.
• Se encuentra muy lejos de conseguir grandes marcas.
• La mujer le preguntó por qué lo había hecho.
• Entérate de cuántos días faltan para el viaje.
• Dime cuál prefieres.
• Vio cómo atropellaban a un ciclista.
• Me reprochó que nunca le llevara al teatro.
• Respondió que no le interesaba aquel asunto.
• El ladrón no contestó a la pregunta de dónde había escondido el dinero.
• El delantero no respondió la pregunta de si había marcado el gol con la mano.
• Me interesa que lea mucho.
• No me imagino cómo pudo suceder.
• Se enteró de que le habían destituido.
• Ya está harta de que la maltraten.
• No tenía dudas de que ganaría la carrera.
• Desconocía cuándo le compraría la moto.
• Se enorgullecía de que hubiera viajado tanto.
• Estaba convencido de que le habían engañado.
• Puedo dar fe de que aquello sucedió así.
• Ignoro qué pretende con eso.
• Eso depende de si el avión llega a tiempo o no.
• Me interesa que me aconsejen en este asunto.
• Es necesario que acabes el trabajo antes de fin de mes.
• Se dice que este año habrá una crisis económica.
• María oyó que alguien subía por la escalera.
• Deseo que seas muy feliz.
• Se queja de que no le hacen caso.
• Infórmate de si hay clase mañana.
• Entérate de cuándo llega el avión de Irán.
• Alberto tiene la esperanza de que le toque la lotería.
• Alicia está segura de que la seleccionarán como protagonista de una serie televisiva.
• El tribunal tenía dudas sobre si era culpable o no.
• Está contenta de que la hayan ascendido en el trabajo.
• Es extraño que nuestro perro lo haya mordido.
• Se dice que nuestro equipo ganará la regata.
• No cabe ninguna duda de que este equipo ganará la liga.
• En esta ocasión se trata de que participes en un acto benéfico.
• Voy a ver si no se apaga la lumbre.
• No le importa que le gasten alguna broma.
• Ha llegado a la conclusión de que el estilo de esta escritora es enérgico.
• Soy consciente de que he actuado precipitadamente.
• Algunos observaron como era atropellado por un camión.
• El secreto de su popularidad consiste en que es una persona amable y cordial.
• El niño se acordó de que la maestra le había dado una carta para sus padres.
• Estoy seguro de que esta novela tendrá éxito.
• Comprobaron que decía la verdad.
• Es curioso que tengamos que hacer eso.
• Ahora se dedica a que la empresa se consolide.
• No sabía si se llamaba María o Mercedes.
• ¿Te acuerdas de que tienes que llevar la comida a la abuela?
• Explícame por dónde viajarás este año.
• Insistió en que aquellos objetivos debían cumplirse.
• Está cansada de que le tomen el pelo.
• Se encuentra muy lejos de conseguir grandes marcas.
• La mujer le preguntó por qué lo había hecho.
• Entérate de cuántos días faltan para el viaje.
• Dime cuál prefieres.
• Vio cómo atropellaban a un ciclista.
• Me reprochó que nunca le llevara al teatro.
• Respondió que no le interesaba aquel asunto.
• El ladrón no contestó a la pregunta de dónde había escondido el dinero.
• El delantero no respondió la pregunta de si había marcado el gol con la mano.
domingo, 9 de enero de 2011
Cuentos - Julio Cortázar
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Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Márquez
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- "Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada" en Anales de Literatura Hispanoamericana, número 12 (UCM) por María del Milagro Caballero WangüemertMi
Literatura de segunda mano
Fernández Mallo reescribe a Borges en una versión de 'El hacedor'
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid
EL PAÍS - Tendencias - 08-01-2011
Hay narradores con un escritor en las tripas y un lector en la cabeza. A veces, uno vive de espaldas al otro. A veces se confunden. Este último es el caso de Borges, que, ya es un tópico, imaginaba el paraíso con forma de biblioteca. No es, pues, extraño que su obra, sin dejar de ser inconfundiblemente borgiana, fuera con frecuencia fruto de la lenta digestión de relatos ajenos de ciencia ficción o de clásicos como Apolodoro, San Marcos o Cervantes. Ahí está el inevitable Pierre Menard, autor del Quijote, que narra la reescritura, letra por letra, de la novela cervantina.
Hace dos años, el escritor argentino Rodolfo Fogwill versionó El Aleph de su paisano en la novela Help a él, cuyo título era un anagrama del encabezamiento del famoso relato. Ahora es Agustín Fernández Mallo el que se acerca al autor bonaerense con El hacedor (de Borges). Remake que publicará la editorial Alfaguara el próximo 23 de febrero. Borges publicó El hacedor -un conjunto de cuentos, poemas y falsas citas- en 1960, siete años antes de que naciera el autor de la trilogía Nocilla. "Fue el primer libro suyo que leí", cuenta Fernández Mallo, "y me impresionaron dos cosas: la capacidad de transmitir emoción a través de algo aparentemente descarnado y un montón de intuiciones que yo compartía sobre el tiempo, el espacio, la matemática y la metafísica".
A todo ello habría que añadir el carácter misceláneo del libro -una "silva de varia lección", como lo define el propio Borges- que desborda las fronteras de los géneros. Un artefacto marca de la casa: poemas narrativos, cuentos que parecen ensayos... "Cuando escribo no pienso en términos de género literario. Me parece limitador", explica Mallo. Otro concepto que, dice el escritor, "no circula" por su cabeza es el de originalidad: "Sacar una obra de su contexto ya es crear algo nuevo". En su nueva obra, él mantiene los títulos de Borges y reescribe los contenidos, a veces incluso con la ayuda del imprevisible y surrealista traductor de Google.
Pese a que la palabra remake parece reservada últimamente al cine, las versiones literarias de una misma historia son tan antiguas como la propia literatura. Ahí están Joyce reescribiendo a Homero, Goethe y Thomas Mann haciendo lo propio con la vieja historia de Fausto o J. M. Coetzee con Daniel Defoe. Por su parte, la editorial 451 se estrenó con una colección en la que ha participado media literatura española reciente -de Antonio Orejudo a Francisco Casavella pasando por Luisa Castro- para reescribir a Bécquer, Shakespeare, Lope o Larra.
A veces las páginas de un libro continúan en las de otro. Lo hizo Andrés Trapiello con Cervantes en Al morir don Quijote y Luisgé Martín con el propio Mann en La muerte de Tadzio. No hace falta pensar en Avellaneda, tirar del hilo era lo más normal cuando las historias no tenían dueño ni autor conocido. Así, la Biblioteca Castro acaba de reunir en un volumen dos secuelas del Lazarillo y una del Guzmán de Alfarache. Por si había alguna duda sobre la relación entre las palabras original y origen.
viernes, 7 de enero de 2011
Cien años de soledad - Gabriel García Márquez
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Gabriel García Márquez
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- "Un Manual para ser Niño. " por GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
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- Trabajo sobre El amor en los tiempos del cólera por el IES Mariano Baquero (Murcia) (Google Docs)
- Árbol genealógico de Cien años de soledad
Acentuación de los nombres propios de persona
La Ortografía de la lengua española en su edición de 2010 detalla (pp. 636-637) cómo se ha de proceder a la hora de acentuar los nombres propios de persona. Hay que distinguir aquí entre los nombres españoles y los nombres procedentes de otras lenguas.
Los nombres propios de persona españoles se tildan siguiendo las normas generales de acentuación. Esto incluye tanto a los nombres de pila como a los apellidos. Así, Ramón tiene acento ortográfico por ser palabra aguda terminada en ene, Gutiérrez lo tiene por ser palabra llana terminada en zeta; y Águeda, por ser esdrújula. En cambio, Cejador y Macario no se acentúan por no responder a ninguno de los casos previstos para las palabras agudas y llanas. Luis o Ruiz no se acentúan por ser monosílabos, pero sí Pío o Saúl por recaer el acento en la vocal cerrada de un hiato.
La obligación de seguir las reglas de acentuación se extiende incluso a ciertas variantes arcaicas como Laýnez o Ýñiguez en que la i griega tiene valor vocálico.
Cuando se fusionan gráficamente dos nombres, solo recibe acento ortográfico el segundo elemento del compuesto —si es que le corresponde según las reglas generales—. Así, Josemaría tiene una sola tilde a pesar de que en la versión en dos palabras José María cada nombre tenga la suya. Conviene estar atentos aquí porque una fuente frecuente de faltas de ortografía es la dificultad que tenemos a veces para asimilar que una misma palabra cambie su grafía dependiendo de las circunstancias.
En cuanto a los nombres extranjeros, se mantiene la ortografía de la lengua de origen, lo que incluye los acentos. Así, aunque Antonio no tenga tilde en español, escribimos António Lobo Antunes porque en portugués este nombre sí que la tiene; y aunque María la tenga que llevar en nuestra lengua, esto no es aplicable al nombre alemán Rainer Maria Rilke. Otra cosa sería que se tradujera el nombre. Habría que volver entonces a las reglas generales de acentuación.
En el caso de España, hay que tener en cuenta además los nombres procedentes del catalán, el euskera y el gallego. Lo que procede aquí es mantener la grafía propia de estas lenguas, a no ser que los interesados sientan el nombre como integrado en el español. Así, nos podemos encontrar con las variantes Palau, Bernabeu y Paláu, Bernabéu, según se trate, respectivamente, de apellidos catalanes tal cual o de su castellanización. Si en estos dos casos se añade una tilde en la castellanización, lo contrario ocurre con Núria, que la pierde para quedar en Nuria.
En resumen, los nombres españoles se acentúan siguiendo las reglas generales; y los restantes, según lo que se haga en la lengua de origen.
Los nombres propios de persona españoles se tildan siguiendo las normas generales de acentuación. Esto incluye tanto a los nombres de pila como a los apellidos. Así, Ramón tiene acento ortográfico por ser palabra aguda terminada en ene, Gutiérrez lo tiene por ser palabra llana terminada en zeta; y Águeda, por ser esdrújula. En cambio, Cejador y Macario no se acentúan por no responder a ninguno de los casos previstos para las palabras agudas y llanas. Luis o Ruiz no se acentúan por ser monosílabos, pero sí Pío o Saúl por recaer el acento en la vocal cerrada de un hiato.
La obligación de seguir las reglas de acentuación se extiende incluso a ciertas variantes arcaicas como Laýnez o Ýñiguez en que la i griega tiene valor vocálico.
Cuando se fusionan gráficamente dos nombres, solo recibe acento ortográfico el segundo elemento del compuesto —si es que le corresponde según las reglas generales—. Así, Josemaría tiene una sola tilde a pesar de que en la versión en dos palabras José María cada nombre tenga la suya. Conviene estar atentos aquí porque una fuente frecuente de faltas de ortografía es la dificultad que tenemos a veces para asimilar que una misma palabra cambie su grafía dependiendo de las circunstancias.
En cuanto a los nombres extranjeros, se mantiene la ortografía de la lengua de origen, lo que incluye los acentos. Así, aunque Antonio no tenga tilde en español, escribimos António Lobo Antunes porque en portugués este nombre sí que la tiene; y aunque María la tenga que llevar en nuestra lengua, esto no es aplicable al nombre alemán Rainer Maria Rilke. Otra cosa sería que se tradujera el nombre. Habría que volver entonces a las reglas generales de acentuación.
En el caso de España, hay que tener en cuenta además los nombres procedentes del catalán, el euskera y el gallego. Lo que procede aquí es mantener la grafía propia de estas lenguas, a no ser que los interesados sientan el nombre como integrado en el español. Así, nos podemos encontrar con las variantes Palau, Bernabeu y Paláu, Bernabéu, según se trate, respectivamente, de apellidos catalanes tal cual o de su castellanización. Si en estos dos casos se añade una tilde en la castellanización, lo contrario ocurre con Núria, que la pierde para quedar en Nuria.
En resumen, los nombres españoles se acentúan siguiendo las reglas generales; y los restantes, según lo que se haga en la lengua de origen.
jueves, 6 de enero de 2011
Rayuela - Julio Cortázar
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Julio Cortázar
Julio Florencio Cortázar Descotte (Ixelles, 26 de agosto de 1914 – París, 12 de febrero de 1984) fue un escritor, traductor e intelectual argentino nacido en Bélgica y nacionalizado francés.
Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general, comparable a Jorge Luis Borges, Antón Chéjov o Edgar Allan Poe, y creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en el mundo hispano, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal y donde los personajes adquieren una autonomía y una profundidad psicológica, pocas veces vista hasta entonces. Debido a que los contenidos de su obra transitan en la frontera entre lo real y lo fantástico, suele ser puesto en relación con el Surrealismo. (Wikipedia)
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miércoles, 5 de enero de 2011
Lou Reed, de siesta con Edgar Allan Poe
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Lou Reed, junto al dibujante Lorenzo Mattotti, durante al presentación de «El cuervo» LORENZO MATTOTTI LORENZO MATTOTTI LORENZO MATTOTTI |
DAVID MORÁN / BARCELONA
Día 22/11/2010
«Poe fue, por supuesto, el primero. Poe lo era todo», sentencia Lou Reed en el prólogo de «El cuervo» (Alfabia), nueva maniobra literaria de aproximación al turbio universo de Edgar Allan Poe que el rockero neoyorquino ha ejecutado para la ocasión en compañía del ilustrador Lorenzo Mattotti.
Poe, decíamos, fue el primero, y por aquello de reforzar los vínculos onírico y adentrarse a conciencia en las pesadillas del autor de «Los crímenes de la calle Morgue», Reed aprovechó la presentación del libro en Barcelona para sestear, dar cabezadas ante los periodistas y, en fin, echarse un sueñecito a costa de Poe.
Serán cosas de la familiaridad, vínculo que el ex líder de la Velvet Underground ha venido cultivando desde que hace una década trabajó con Robert Wilson en la creación de «POEtry» y encontró en Poe a un inseparable compañero de viaje. «Es imposible no verse afectado por Poe; él inventó la escritura moderna», señaló Reed antes de deshacerse en elogios hacia Lorenzo Mattotti, autor de las inquietantes ilustraciones que acompañan a los textos de Reed. «Su trabajo es igual de emocional e intuitivo que el mío», reconoció el autor de «The bells».
Demonios y fantasmas
Cada vez más escoradado hacia la creación total, territorio en el que las mil y una caras de sus experiencias musicales, poéticas, fotográficas y cinematográficas, se resumen a la perfección en un rostro cada vez más enjuto y agargolado, Reed solo encuentra buenas palabras para hablar de Poe. «Es el mejor escritor y poeta de todas las generaciones. Todas sus obras como un puzzle psicológico, el crimen como exploración psicológica. Él inventó las historias de detectives y podría haber hecho lo mismo con la ciencia ficción», aseguró.
La devoción, sin embargo, no es nueva. Ni se limita exclusivamente a su trabajo con Wilson. Y es que, hace siete años, Reed ya se midió con Poe para publicar «The Raven», doble álbum conceptual inspirado en el escritor estadounidense en cuyo interior se encuentra el germen de este libro; libro del que el propio Reed leerá mañana (13.30 horas) unos cuantos fragmentos en el Centre de Cultura Contemporànea de Barcelona.
«Esto no es Poe en directo, sino Poe a través de mis ojos», aclaró el músico justo cuando una cabezada más larga de lo normal ha anunciado el final de la comparecencia de prensa. A su lado, Lorenzo Mattotti ha cargado con el peso de la conversación y ha recordado cómo el músico neoyorquino le dio total libertad para recrear los demonios de Poe y, por extensión, los suyos propios. «Me dijo que no siguiese los textos, sino que me dejase llevar por la música», desveló.
La Red repesca lectores jóvenes
El estudio trianual de la Comunidad revela que la mayoría lee en soporte digital - El 81,1% de los jóvenes lee sobre todo webs, 'blogs' y foros sociales
P.O.D. - Madrid
EL PAÍS - 05-01-2011
Aunque en la Comunidad de Madrid sigue habiendo un 23,2% de la población mayor de 14 años que "no lee libros nunca", Internet ha salvado el último estudio de hábitos de lectura que realiza el Gobierno de Esperanza Aguirre cada tres años y que ayer presentó el vicepresidente y consejero de Cultura y Deporte, Ignacio González. Más de la mitad de la población madrileña (el 53%, para ser exactos) lee en soporte digital.
Lo que, según el mismo estudio -realizado con los datos obtenidos en 2.098 entrevistas telefónicas-, viene a ser lo mismo que decir que las webs, blogs y foros sociales son las materias que más se leen (42,5%), seguidas de los periódicos (33,4%). Luego, un 7,4% afirma leer libros en soporte digital y un 7,5% afirma leer revistas. Por sexos leen más digitalmente los hombres que las mujeres. Y, por edades, el dato es abrumador: el 81,1% de los jóvenes entre 14 y 24 años asegura leer en ese formato.
La gran mayoría de la gente que lee en formatos digitales (un 98,3%) asegura que lo hace desde un ordenador. De momento, y a punto de que lleguen los Reyes Magos, solo un 3% de la población de la Comunidad tiene un e-book o libro electrónico (la mayoría hombres de entre 24 y 44 años con estudios universitarios). Sin embargo, un 7,5% de los madrileños utilizan el móvil o la agenda electrónica para leer.
En general, las mujeres leen más que los hombres sobre todo en la franja de edad que va de los 25 a los 54 años. Y, según el mismo estudio, el 58,3% de la población son "lectores frecuentes", que leen en su tiempo libre al menos una vez a la semana. En 2007, ese índice era del 55,7%, por lo que González se congratuló de que hubiera una evolución al alza: "El importante aumento en el porcentaje de lectores frecuentes experimentado desde 2004, que ha crecido un 17%, pasando del 49,6% en dicho año al 58,3% en 2010, anima a seguir desarrollando el Plan de Fomento de la Lectura que la Comunidad de Madrid puso en marcha en 2005", dijo.
Pese a que la Red repesca a lectores jóvenes y compensa los hábitos lectores, los madrileños siguen comprando libros muy por encima de la media nacional (¡20 puntos por encima!): un 60,6% de los encuestados ha adquirido libros no de texto en el último año. Dato que, según el mismo estudio, se traduce en que la media de libros acumulado por cada hogar madrileño es de 176.
Con todo, la Comunidad de Madrid vuelve a liderar las estadísticas nacionales, con un 71,2% de los residentes en la región que se consideran lectores, lo que también supera la media nacional, cuyo porcentaje se sitúa en un 55%. El índice en la región ha crecido del 68,8% en 2004 al 71,2% en 2010. Más lectores frecuentes en la región y 9,2 libros de media al año. La edad es uno de los factores determinantes en los hábitos de lectura, registrándose los mayores índices entre los 25 y los 54 años.
En el tema idiomas los madrileños siguen en niveles bastante bajos. Cuando se habla de leer en más de un idioma, solo el 29,2% dice hacerlo "habitual u ocasionalmente" en inglés y el índice se reduce hasta el 7,6% cuando se trata del francés.
El 82,6% de los madrileños asegura leer periódicos alguna vez al trimestre y el género de lectura preferido de los que leen libros al menos una vez al trimestre (el 73,5% de los mayores de 14 años) es la novela.
Los madrileños leen libros que compran o les regalan, pero también los que toman prestados de la red de bibliotecas. El 30,7% de los madrileños de 14 y más años declara que ha ido a una biblioteca, bibliobús o bibliometro en el último año. Los madrileños que emplean los servicios bibliotecarios los valoran con un notable alto (7,9 sobre 10). En todo caso, la lectura sigue ocupando el cuarto lugar entre las aficiones de los madrileños, que prefieren escuchar música, oír la radio o salir a cenar fuera de casa.
Leer con números
- Un 23,2% de los madrileños mayores de 14 años "no lee libros nunca".
- La gran mayoría prefiere escuchar música (89%), o la radio (84,7%), o salir a cenar (72,9%) antes que leer (71,2%).
- Solo el 29,2% dice leer en inglés "habitual u ocasionalmente".
- Los madrileños superan en 20 puntos la media nacional en compra de libros. Cada hogar acumula un promedio de 176.
P.O.D. - Madrid
EL PAÍS - 05-01-2011
Aunque en la Comunidad de Madrid sigue habiendo un 23,2% de la población mayor de 14 años que "no lee libros nunca", Internet ha salvado el último estudio de hábitos de lectura que realiza el Gobierno de Esperanza Aguirre cada tres años y que ayer presentó el vicepresidente y consejero de Cultura y Deporte, Ignacio González. Más de la mitad de la población madrileña (el 53%, para ser exactos) lee en soporte digital.
Lo que, según el mismo estudio -realizado con los datos obtenidos en 2.098 entrevistas telefónicas-, viene a ser lo mismo que decir que las webs, blogs y foros sociales son las materias que más se leen (42,5%), seguidas de los periódicos (33,4%). Luego, un 7,4% afirma leer libros en soporte digital y un 7,5% afirma leer revistas. Por sexos leen más digitalmente los hombres que las mujeres. Y, por edades, el dato es abrumador: el 81,1% de los jóvenes entre 14 y 24 años asegura leer en ese formato.
La gran mayoría de la gente que lee en formatos digitales (un 98,3%) asegura que lo hace desde un ordenador. De momento, y a punto de que lleguen los Reyes Magos, solo un 3% de la población de la Comunidad tiene un e-book o libro electrónico (la mayoría hombres de entre 24 y 44 años con estudios universitarios). Sin embargo, un 7,5% de los madrileños utilizan el móvil o la agenda electrónica para leer.
En general, las mujeres leen más que los hombres sobre todo en la franja de edad que va de los 25 a los 54 años. Y, según el mismo estudio, el 58,3% de la población son "lectores frecuentes", que leen en su tiempo libre al menos una vez a la semana. En 2007, ese índice era del 55,7%, por lo que González se congratuló de que hubiera una evolución al alza: "El importante aumento en el porcentaje de lectores frecuentes experimentado desde 2004, que ha crecido un 17%, pasando del 49,6% en dicho año al 58,3% en 2010, anima a seguir desarrollando el Plan de Fomento de la Lectura que la Comunidad de Madrid puso en marcha en 2005", dijo.
Pese a que la Red repesca a lectores jóvenes y compensa los hábitos lectores, los madrileños siguen comprando libros muy por encima de la media nacional (¡20 puntos por encima!): un 60,6% de los encuestados ha adquirido libros no de texto en el último año. Dato que, según el mismo estudio, se traduce en que la media de libros acumulado por cada hogar madrileño es de 176.
Con todo, la Comunidad de Madrid vuelve a liderar las estadísticas nacionales, con un 71,2% de los residentes en la región que se consideran lectores, lo que también supera la media nacional, cuyo porcentaje se sitúa en un 55%. El índice en la región ha crecido del 68,8% en 2004 al 71,2% en 2010. Más lectores frecuentes en la región y 9,2 libros de media al año. La edad es uno de los factores determinantes en los hábitos de lectura, registrándose los mayores índices entre los 25 y los 54 años.
En el tema idiomas los madrileños siguen en niveles bastante bajos. Cuando se habla de leer en más de un idioma, solo el 29,2% dice hacerlo "habitual u ocasionalmente" en inglés y el índice se reduce hasta el 7,6% cuando se trata del francés.
El 82,6% de los madrileños asegura leer periódicos alguna vez al trimestre y el género de lectura preferido de los que leen libros al menos una vez al trimestre (el 73,5% de los mayores de 14 años) es la novela.
Los madrileños leen libros que compran o les regalan, pero también los que toman prestados de la red de bibliotecas. El 30,7% de los madrileños de 14 y más años declara que ha ido a una biblioteca, bibliobús o bibliometro en el último año. Los madrileños que emplean los servicios bibliotecarios los valoran con un notable alto (7,9 sobre 10). En todo caso, la lectura sigue ocupando el cuarto lugar entre las aficiones de los madrileños, que prefieren escuchar música, oír la radio o salir a cenar fuera de casa.
Leer con números
- Un 23,2% de los madrileños mayores de 14 años "no lee libros nunca".
- La gran mayoría prefiere escuchar música (89%), o la radio (84,7%), o salir a cenar (72,9%) antes que leer (71,2%).
- Solo el 29,2% dice leer en inglés "habitual u ocasionalmente".
- Los madrileños superan en 20 puntos la media nacional en compra de libros. Cada hogar acumula un promedio de 176.
Protagonistas del 2011
Winston Manrique Sabogal
04/01/2011
Desde inéditos de Italo Calvino y Roberto Bolaño hasta lo nuevo de Javier Marías y Juan Marsé; pasando por lo último de grandes contemporáneos como Pynchon, Roth, Rushdie y McEwan, y otros que siguen sus pasos como Jonathan Franzen. Desde temas sobre los Tudor hasta el cambio climático pasando por la II Guerra Mundial y la revolución sexual. El nuevo año ofrece buenos escritores, y, según esto, promete buenos libros. Y a la espera de saber la opinión de los lectores, los que ya tienen un sitio en la biblioteca son los autores de quienes este año se conmemora alguna efemérides, entre ellos el medio siglo de la muerte de Ernest Hemingway (en la foto), y el centenario del nacimiento de Ernesto Sábato.
A diferencia de los otros dos artículos que he escrito en Papeles perdidos sobre recomendaciones de avances literarios (en primavera y en otoño de 2010), en los cuales hacia una valoración de los libros, porque había tenido oportunidad de verlos en galeradas, en esta ocasión sólo voy a hacer una breve descripción temática porque aún no los he podido ver y algunos todavía no están ni siquiera en galeradas. Empiezo con el ABC de los escritores que protagonizarán este 2011:
Amis, Martin. La revolución sexual de los años sesenta en una novela que transcurre en un palacio italiano. Su título: La viuda embarazada (Anagrama).
Anders, Günther. La obsolescencia del hombre es una de las obras clave del pensamiento occidental contemporáneo. Escrita por el autor polaco en dos partes, en la primera mitad del siglo XX y la segunda hacia los años 60, la traduce por primera vez al castellano la editorial Pre-Textos.
Bolaño, Roberto. Los sinsabores del verdadero policia es otro inédito póstumo del escritor chileno que publicará este mes Anagrama.
Calvino, Italo. Tres relatos inéditos en España del autor italiano este invierno. La entrada en guerra (Siruela) refleja el paso brusco a la vida de verdad: de la adolescencia a la madurez y de la paz a la guerra.
Cunningham, Michael. Los pasadizos de la atracción física y sexual no los conoce nadie. Y puede dar sorpresas. Ese es el territorio que explora el estadounidense en Cuando cae la noche, que publicará Lumen en marzo.
Ellroy, James. La turbulenta y atormentada vida del autor de L. A. Confidencial de su puño y letra en A la caza de la mujer (Mondadori), la conoceremos en febrero.
Franzen, Jonathan. Una de las novelas más elogiadas del 2010 llegará en otoño: Freedom (Libertad) editada por Salamandra. Un retrato acerado sobre las causas y motivos del presente de la sociedad de Estados Unidos.
Gracia, Jordi y Ródenas, Domingo. Aparece uno de los tomos más esperados del gran proyecto Historia de la literatura española, coordinado por José-Carlos Mainer: 7. Derrota y restitución de la modernidad. Literatura contemporánea: 1939-2009. Los responsables de este séptimo volumen son Jordi Gracia y Domingo Ródenas. Dará mucho de que hablar a partir de marzo cuando lo edite Crítica.
Grossman, Vasili. La batalla de Stalingrado, en la II Guerra Mundial, narrada con el pulso del autor de Vida y destino, titulada Por una buena causa (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
Houellebecq, Michel. La polémica novela del francés y ganadora del Goncourt: La carte et le terrotoire (El mapa y el territorio), llegará en otoño, en su sello habitual, Anagrama. Arremete contra el arte, la vida en el campo y se parodia así mismo.
Marías, Javier. Tras su largo y aclamado proyecto literario presentado en tres partes, Tu rostro mañana, el autor madrileño vuelve con una novela narrada por una mujer. La primavera es la estación prevista por su editorial Alfaguara. El título está aún por definir de la que será una de las novelas del año.
Marsé, Juan. El desamor en la Barcelona de posguerra bajo el título de Caligrafía de los sueños (Lumen). Febrero es el mes elegido para leer lo nuevo de este premio Cervantes.
Hilary Martel. Los Tudor a través del relato de Cronwell le dieron a esta autora el Booker 2009 y, de paso, el libro, titulado En la corte del lobo (Destino), se ha convertido en el Booker más vendido de los últimos años.
McEwan, Ian. La mirada del narrador británico sobre el cambio climático y el comportamiento de todos en Solar (Anagrama) llegará en primavera.
Müller, Herta. En El rey se inclina y mata (Siruela) la nobel rumana expone, en una serie de ensayos, sus ideas sobre su propia escritura y los condicionamientos históricos y políticos a los que ésta se encuentra sometida.
Murakami, Haruki. Lo último del japonés se titula 1Q84 (Tusquets). Una obra en dos partes en la cual una instructora de gimnasia y un profesor de matemáticas sirven para rendir homenaje a la novela orwelliana, 1984. Primavera y otoño son las estaciones elgidas para su publucación.
Oksanen, Sofi. Purga, la novela de la escritora finlandesa, promete ser la revelación de la temproada. Ha sido una de las novelas más premiadas en los últimos dos años, y disputada por los editores, que en España logró Salamandra. La vida entrelazada de dos mujeres de generaciones diferentes sirve para contar la vida de Estonia, Rusia y Finlandia del último medio siglo y las relaciones personales y sentimentales.
Pérez-Reverte, Arturo. Vuelven las aventuras del Capitán Alatriste. Será uno de los títulos del Día del Libro.
Pynchon, Thomas. La esperada novela de Pynchon. Vicio propio es lo último del estadounidense. Un detective de los años sesenta en Los Angeles traza el retrato colorista de los sueños y pesadillas y fantasmas de la época.
Roth, Philip. El prolífico narrador llega con su novela anual: Némesis (Mondadori). Y con ella retoma la senda de la excelencia en una historia sobre la epidemia de polio en 1941, teniendo como trasfondo la II Guerra Mundial.
Rushdie, Salman. Con Luka y el fuego de la vida (Mondadori), el escritor anglo-indio llegará a todos los públicos. Una historia protagonizada por un niño de 12 años en un mundo mágico y de aventuras y leyendas.
Salinger, J. D. Las claves vitales y literarias de el creador de El guardián entre el centeno en la biografía que ha escrito de él Kenneth Slawenski: Salinger, una vida oculta (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). A finales de enero estará ya en librerías.
Wander, Fred. La buena vida o La serenidad ante el lector (Pre-Textos) son las memorias del autor austriaco sobreviviente de los campos de exterminio de Auschwitz y Buchenwald.
EFEMÉRIDES
Ocho escritores serán homenajeados en 2011: Por los 50 años de muerte Dashiell Hammett (10 de enero), Louis-Ferdinand Céline (1 de julio), y Ernest Hemingway (2 de julio). Y los cien de Emilio Salgari (25 de abril).
Y por cien años de su nacimiento: E. M. Ciorán (8 de abril); Naguib Mahfuz (11 de diciembre); William Golding (19 de septiembre), y, especialmente, para los hispanohablantes, el del creador de El túnel: Ernesto Sábato (24 de junio), que aparece en una foto tomada por Santos Cirilo en 1994, en Valladolid (España)
04/01/2011
Desde inéditos de Italo Calvino y Roberto Bolaño hasta lo nuevo de Javier Marías y Juan Marsé; pasando por lo último de grandes contemporáneos como Pynchon, Roth, Rushdie y McEwan, y otros que siguen sus pasos como Jonathan Franzen. Desde temas sobre los Tudor hasta el cambio climático pasando por la II Guerra Mundial y la revolución sexual. El nuevo año ofrece buenos escritores, y, según esto, promete buenos libros. Y a la espera de saber la opinión de los lectores, los que ya tienen un sitio en la biblioteca son los autores de quienes este año se conmemora alguna efemérides, entre ellos el medio siglo de la muerte de Ernest Hemingway (en la foto), y el centenario del nacimiento de Ernesto Sábato.
A diferencia de los otros dos artículos que he escrito en Papeles perdidos sobre recomendaciones de avances literarios (en primavera y en otoño de 2010), en los cuales hacia una valoración de los libros, porque había tenido oportunidad de verlos en galeradas, en esta ocasión sólo voy a hacer una breve descripción temática porque aún no los he podido ver y algunos todavía no están ni siquiera en galeradas. Empiezo con el ABC de los escritores que protagonizarán este 2011:
Amis, Martin. La revolución sexual de los años sesenta en una novela que transcurre en un palacio italiano. Su título: La viuda embarazada (Anagrama).
Anders, Günther. La obsolescencia del hombre es una de las obras clave del pensamiento occidental contemporáneo. Escrita por el autor polaco en dos partes, en la primera mitad del siglo XX y la segunda hacia los años 60, la traduce por primera vez al castellano la editorial Pre-Textos.
Bolaño, Roberto. Los sinsabores del verdadero policia es otro inédito póstumo del escritor chileno que publicará este mes Anagrama.
Calvino, Italo. Tres relatos inéditos en España del autor italiano este invierno. La entrada en guerra (Siruela) refleja el paso brusco a la vida de verdad: de la adolescencia a la madurez y de la paz a la guerra.
Cunningham, Michael. Los pasadizos de la atracción física y sexual no los conoce nadie. Y puede dar sorpresas. Ese es el territorio que explora el estadounidense en Cuando cae la noche, que publicará Lumen en marzo.
Ellroy, James. La turbulenta y atormentada vida del autor de L. A. Confidencial de su puño y letra en A la caza de la mujer (Mondadori), la conoceremos en febrero.
Franzen, Jonathan. Una de las novelas más elogiadas del 2010 llegará en otoño: Freedom (Libertad) editada por Salamandra. Un retrato acerado sobre las causas y motivos del presente de la sociedad de Estados Unidos.
Gracia, Jordi y Ródenas, Domingo. Aparece uno de los tomos más esperados del gran proyecto Historia de la literatura española, coordinado por José-Carlos Mainer: 7. Derrota y restitución de la modernidad. Literatura contemporánea: 1939-2009. Los responsables de este séptimo volumen son Jordi Gracia y Domingo Ródenas. Dará mucho de que hablar a partir de marzo cuando lo edite Crítica.
Grossman, Vasili. La batalla de Stalingrado, en la II Guerra Mundial, narrada con el pulso del autor de Vida y destino, titulada Por una buena causa (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
Houellebecq, Michel. La polémica novela del francés y ganadora del Goncourt: La carte et le terrotoire (El mapa y el territorio), llegará en otoño, en su sello habitual, Anagrama. Arremete contra el arte, la vida en el campo y se parodia así mismo.
Marías, Javier. Tras su largo y aclamado proyecto literario presentado en tres partes, Tu rostro mañana, el autor madrileño vuelve con una novela narrada por una mujer. La primavera es la estación prevista por su editorial Alfaguara. El título está aún por definir de la que será una de las novelas del año.
Marsé, Juan. El desamor en la Barcelona de posguerra bajo el título de Caligrafía de los sueños (Lumen). Febrero es el mes elegido para leer lo nuevo de este premio Cervantes.
Hilary Martel. Los Tudor a través del relato de Cronwell le dieron a esta autora el Booker 2009 y, de paso, el libro, titulado En la corte del lobo (Destino), se ha convertido en el Booker más vendido de los últimos años.
McEwan, Ian. La mirada del narrador británico sobre el cambio climático y el comportamiento de todos en Solar (Anagrama) llegará en primavera.
Müller, Herta. En El rey se inclina y mata (Siruela) la nobel rumana expone, en una serie de ensayos, sus ideas sobre su propia escritura y los condicionamientos históricos y políticos a los que ésta se encuentra sometida.
Murakami, Haruki. Lo último del japonés se titula 1Q84 (Tusquets). Una obra en dos partes en la cual una instructora de gimnasia y un profesor de matemáticas sirven para rendir homenaje a la novela orwelliana, 1984. Primavera y otoño son las estaciones elgidas para su publucación.
Oksanen, Sofi. Purga, la novela de la escritora finlandesa, promete ser la revelación de la temproada. Ha sido una de las novelas más premiadas en los últimos dos años, y disputada por los editores, que en España logró Salamandra. La vida entrelazada de dos mujeres de generaciones diferentes sirve para contar la vida de Estonia, Rusia y Finlandia del último medio siglo y las relaciones personales y sentimentales.
Pérez-Reverte, Arturo. Vuelven las aventuras del Capitán Alatriste. Será uno de los títulos del Día del Libro.
Pynchon, Thomas. La esperada novela de Pynchon. Vicio propio es lo último del estadounidense. Un detective de los años sesenta en Los Angeles traza el retrato colorista de los sueños y pesadillas y fantasmas de la época.
Roth, Philip. El prolífico narrador llega con su novela anual: Némesis (Mondadori). Y con ella retoma la senda de la excelencia en una historia sobre la epidemia de polio en 1941, teniendo como trasfondo la II Guerra Mundial.
Rushdie, Salman. Con Luka y el fuego de la vida (Mondadori), el escritor anglo-indio llegará a todos los públicos. Una historia protagonizada por un niño de 12 años en un mundo mágico y de aventuras y leyendas.
Salinger, J. D. Las claves vitales y literarias de el creador de El guardián entre el centeno en la biografía que ha escrito de él Kenneth Slawenski: Salinger, una vida oculta (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). A finales de enero estará ya en librerías.
Wander, Fred. La buena vida o La serenidad ante el lector (Pre-Textos) son las memorias del autor austriaco sobreviviente de los campos de exterminio de Auschwitz y Buchenwald.
EFEMÉRIDES
Ocho escritores serán homenajeados en 2011: Por los 50 años de muerte Dashiell Hammett (10 de enero), Louis-Ferdinand Céline (1 de julio), y Ernest Hemingway (2 de julio). Y los cien de Emilio Salgari (25 de abril).
Y por cien años de su nacimiento: E. M. Ciorán (8 de abril); Naguib Mahfuz (11 de diciembre); William Golding (19 de septiembre), y, especialmente, para los hispanohablantes, el del creador de El túnel: Ernesto Sábato (24 de junio), que aparece en una foto tomada por Santos Cirilo en 1994, en Valladolid (España)
Zenobia Camprubí: una heroína en la sombra
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| Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez, fotografiados el 2 de marzo de 1916, día de su boda en la Iglesia de St. Stephen en Nueva York. FUNDACIÓN JUAN RAMÓN JIMÉNEZ |
MANUEL VICENT
BABELIA - 01-01-2011
Basta con verlos juntos a Zenobia y a Juan Ramón en cualquier retrato para percibir que aquella pareja tan dispar debió de convivir de forma muy atormentada pese a su educada compostura. En las fotografías de la época, los años de entreguerras, ella aparece con un diseño de señorita americana, siempre sonriente, rodeada de amigas de la buena sociedad, sombreros blancos, pantalones de pliegues, cintura de Coco Chanel, zapatos con hebillas y un gesto por el que se le escapaba un alma feliz. En cambio, el poeta trasmite una sensación adusta, con el aire ensimismado, vestido de oscuro, la barba negra, triste el gabán, la mirada aviesa, el rostro cetrino, una figura que en su tiempo El Greco habría incorporado como personaje al entierro del conde Orgaz.
El padre de Zenobia era un fino ingeniero catalán, Raimundo Camprubí, quien durante uno de sus trabajos en San Juan de Puerto Rico conoció a Isabel Aymar, la que sería su mujer, de ascendencia mitad italiana mitad estadounidense, de una familia mercantil adinerada, bilingüe en castellano y en inglés. Zenobia Camprubí nació en 1887, en Malgrat de Mar, un pueblo de la costa catalana donde sus padres pasaban las vacaciones en el verano. Era la mayor de cuatro hermanos, todos educados en Harvard. Zenobia fue instruida por tutores particulares en Barcelona y a los nueve años la madre, recién divorciada de un marido vicioso del juego y arruinado en la Bolsa, se llevó a su hija a Nueva York. Zenobia vivió a expensas de la familia materna. Estudió en Columbia, fue inscrita en el Club de Mujeres Feministas, comenzó a escribir cuentos, participó en actividades culturales y filantrópicas según el más riguroso estilo de las élites neoyorquinas. Regresó a España en 1909 y con ese mismo espíritu liberal se instaló la joven con su madre en Madrid donde en compañía de matrimonios americanos asistía a conferencias en la Residencia de Estudiantes, en el Instituto Internacional de Señoritas fundado por Susan Huntington, en el Lyceum Club junto con Victoria Kent y se dejaba ver en las fiestas que daban los Byne en su piso de la calle de Gravina. En una pensión con pared contigua a esa casa vivía Juan Ramón Jiménez, y una noche a través del tabique de su habitación el joven poeta oyó al otro lado una risa femenina que le subyugó, de la cual no lograría evadirse en mucho tiempo.
Juan Ramón Jiménez procedía de una familia de pudientes vinateros de Moguer y probablemente había sido un niño feliz, también de risa clara, pero muy pronto aprendió a hacerse el enfermo para conseguir toda clase de mimos de criadas y nodrizas y salirse siempre con su voluntad. Creció rodeado de atenciones y cuando en 1900 llegó a Madrid con 19 años ya había dado señales de ser un poeta superdotado, bajo la influencia de Bécquer y de Rubén Darío. Pero no se trata aquí de analizar su obra poética, sino de saber cómo se produjo el choque y ensamblaje entre aquellas almas tan dispares.
Juan Ramón ya había pasado por algunas crisis nerviosas, que se acentuaron cuando en 1901 falleció su padre, una muerte que pocos años después acarreó la ruina económica a su familia. Durante la adolescencia se había permitido todos los caprichos de estudiante rico en Sevilla e incluso pudo aliviarse de una neurosis depresiva en el sanatorio de enfermedades mentales en Castell d'Andorte, en Burdeos, a cargo de un doctor afamado. En este establecimiento desarrolló sus primeras dotes de artista enamoradizo seduciendo a algunas enfermeras. Después en sucesivas recaídas que pasó en la clínica del Rosario en Madrid llegó incluso a enamorar a una monja, unas aventuras eróticas que trasladó a sus versos. Se trata de saber cómo este ser de alma melancólica, huraña y abstraída pudo darle alcance a una caza tan selecta y risueña como era Zenobia.
A partir de 1911 Juan Ramón ya era un poeta admirado. Vivía en la Residencia de Estudiantes y allí acudió la paloma una tarde de primavera. El poeta la abordó al final de una conferencia y la risa de la muchacha ante sus requiebros le recordó a la que había sonado aquella lejana noche de fiesta a través del tabique de la pensión. Cuando el poeta supo que aquella carcajada procedía de la misma alma quedó rendidamente enamorado, pero ella se mostró esquiva a sus requerimientos, un poco antiguos y formales. Juan Ramón comenzó a acosarla con versos cada vez más puros, más encendidos, más directos, que la obligaron a huir a Nueva York como última resistencia y hasta allí la siguió el poeta. La obsesión llegó hasta el punto de tener que casarse con él, hecho que sucedió en la iglesia católica de St. Stephen en marzo de 1916. Durante la travesía en barco por el Atlántico, Juan Ramón descubrió el mar, un golpe tan contundente como el que le produjo el amor. De esa experiencia salió uno de sus mejores libros, Diario de un poeta recién casado, la ida y vuelta de un fino alcotán en busca y captura de su amada, el viaje de novios a Boston y el regreso a España con todos los vaivenes del corazón.
A partir de ese momento el gozoso tormento de Zenobia consistiría en atemperar su admiración por el poeta al carácter agrio, enfermizo y atravesado del hombre que no hacía sino cortarle las alas. Juan Ramón no hallaba inspiración sino en la quietud y el silencio. El poeta hilaba los versos de oro en una habitación acolchada sin poder soportar a su alrededor ni siquiera las risas de Zenobia con sus amigas y para mantenerlo incontaminado e inmune a las adherencias de la vida vulgar la mujer se impuso la obligación, como un destino, de buscarle la subsistencia. Montó una tienda de objetos populares conseguidos de anticuarios de los pueblos de Castilla, se dedicó a decorar apartamentos para alquilarlos a diplomáticos extranjeros y ella misma fregaba las escaleras. Cuando le preguntaban por Zenobia, el poeta contestaba no sin cierta displicencia: "Por ahí anda, entretenida con sus pisos". Después de traducir a Tagore al inglés la mujer había dejado de escribir. Había sacrificado el propio talento literario al de su marido, sin duda más elevado, y en adelante se limitó a enmascarar la amargura que le producían sus continuas depresiones con la propia alegría innata, siempre dispuesta a levantar el ánimo de aquel ser misántropo que le había tocado en suerte.
A partir del exilio de la Guerra Civil Zenobia comenzó a escribir sus diarios, que inició en La Habana en 1937 y que ya no dejó hasta pocos días antes de su muerte. En sus páginas escritas en inglés y en castellano da cuenta de sus quehaceres cotidianos, zurcir la ropa, recibir clases de cocina, ahorrar hasta el último centavo, salir de compras, visitar las cárceles, enseñar a leer y a escribir a las presas mientras Juan Ramón se pasaba el día tirado en la cama. "A Juan Ramón no se le puede dejar solo en absoluto. ¡Él es queridísimo aunque me vuelva loca!". Un día tiene que comprar un hornillo eléctrico porque J. R. tiene frío por la noche y le dura hasta la mañana, otro día ya no puede más y está dispuesta a abandonarlo. Reconoce que haber nacido con la disposición de J. R. ante la vida es un serio problema para su vitalismo porque él solo encuentra alivio parcial en el aislamiento. De La Habana a Nueva York, luego a Miami, hasta recalar en Puerto Rico solo para que se sintiera a gusto al oír el sonido de su idioma. Zenobia se había llevado al exilio un cáncer contraído en 1931. Fue operada en Boston. En las sucesivas recaídas ya no pudo ser atendida por los médicos amigos. Prefirió seguir a Juan Ramón, vencida su última rebeldía. Murió en la clínica Mimiya de Santurce en San Juan de Puerto, el 28 de octubre de 1956, tres días después de enterarse de que le habían concedido el Premio Nobel a su marido. Antes, en el lecho de muerte, con una rosa blanca en la mano había dado las instrucciones oportunas para el bienestar futuro de su poeta.
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