viernes, 11 de marzo de 2011

Etimología de ‘chillar’


2 de marzo de 2011
Chillar es tocar la flauta, al menos, etimológicamente.
Esta palabra procede del latín fistulare, que significaba ‘tocar la flauta’. Una fístula, en sentido general, es un canal o un conducto; y eso, al fin y al cabo, y no otra cosa, es una flauta. El paso de fistulare al significado de ‘chillar’ reposa sobre una metáfora. Los chillidos de personas y animales quedan asimilados a los pitidos agudos que salen de una flauta (sobre todo, cuando desafinamos).
El verbo latino se debió de deformar en latín vulgar hasta convertirse en *tsisclare. Esta forma lleva un asterisco delante porque no está atestiguada; pero tuvo que existir, pues de lo contrario no se entiende de dónde pudo salir toda una serie de cognados románicos como el castellano antiguo chirlar, el gallego-portugués chilrar, el aragonés chilar y el catalán xisclar.
Pero no se acaba ahí la descendencia del verbo latino fistulare. Ha tenido también su prolongación en euskera con las voces txistulari ‘flautista’ y txistu ‘flauta vasca’.
Esto es solo un ejemplo de lo que se puede encontrar uno hojeando el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Joan Coromines, que no es lo peor que se puede hacer un miércoles por la tarde.

La ortografía como factor de unidad lingüística


10 de marzo de 2011
La ortografía es un poderoso factor de unidad lingüística. De hecho, uno de los objetivos que las Academias afirman perseguir con la Ortografía de la lengua española de 2010 es contribuir a dicha unidad.
El español es una lengua hablada por una ingente comunidad que abarca varios cientos de millones de personas. Como lengua oficial, está presente en cuatro continentes; y, de hecho, está representada en los cinco. No es extrañar, por tanto, que su pronunciación presente un sinfín de variantes. Por ejemplo, unos somos seseantes; otros, ceceantes; y otros, distinguidores. En unas zonas se ha impuesto el yeísmo y en otras todavía pollo se opone a poyo.
Toda esta variación queda recubierta por una ortografía esencialmente unitaria. Este párrafo, sin ir más lejos, sonará muy diferente dependiendo de si lo lee en voz alta alguien de Valladolid, de Sevilla, de Chiclana de la Frontera, de Buenos Aires, de Antofagasta, de La Habana o de Tijuana. La escritura hace abstracción de tales disparidades y unifica las palabras en una grafía común. Esto facilita el entendimiento. Imaginemos, si no, lo que ocurriría si los unos escribieran secesión; los otros, sesesión; y los de más allá, cececión. O si lo que en un pueblo es llorar en el de al lado se convirtiera en yorar y en otro, incluso, en shorar.
La ortografía desempeña, por tanto, una función unificadora frente a las variantes locales. Y esto no es una particularidad nuestra. Es así en cualquiera de las modernas lenguas de cultura. Es más, esta función cobra más relieve aún en casos como el del inglés, donde la variación de unos territorios a otros puede llegar a ser drástica; o en el chino, con variedades lingüísticas o dialectos que no siempre son mutuamente comprensibles de palabra, pero sí por escrito. Esto fue así, incluso, en el latín arromanzado de la época medieval, que era latín por fuera y lengua vulgar por dentro: sobre el papel, para las personas cultas (o sea, quienes sabían leer y escribir), era latín; pero al leerlo en voz alta se transformaba por arte de birlibirloque en la lengua que hablaban todos corrientemente y que se iría convirtiendo poco a poco en castellano, normando o toscano.
Si la escritura garantiza la unidad en la dimensión espacial, también lo hace en la temporal. La ortografía es, por naturaleza, conservadora, por lo que no refleja inmediatamente las alteraciones en la pronunciación que se van acumulando con el tiempo. Nuestro actual sistema de reglas se basa en la ortografía académica de 1815. Se eliminaron entonces algunos de los desajustes entre escritura y pronunciación que venía arrastrando la tradición ortográfica castellana como resultado de cambios fonológicos o de inconsistencias históricas. Así, por ejemplo, la equis podía representar el fonema /j/ como en exemplo y la secuencia de fonemas /ks/, como en éxodo. Al eliminar esta y otras irregularidades, se facilitó el aprendizaje de la lectura y la escritura. Pero nada es gratis, como podemos comprobar cuando cae en nuestras manos un libro antiguo: hay una barrera ortográfica que dificulta el acceso.
Del mismo modo, si mañana nos decidiéramos a acometer una reforma que acercara la escritura y la fonología, todos los documentos impresos y electrónicos que venimos acumulando desde el siglo XIX se tornarían ilegibles para las generaciones que se alfabetizaran con el nuevo sistema. Por eso hay que tentarse muy bien la ropa antes de lanzarse a tales empresas, que suelen generar resistencias de todo tipo entre quienes ya saben leer, que acarrean costes económicos considerables y provocan una ruptura de la tradición cultural.
Pero todo esto es solo una vertiente del problema, que es la que tiene que ver con la unidad interna de la lengua. La ortografía académica es sumamente respetuosa con ella. Y la seguirá respetando de grado o por fuerza. Todos hemos sido testigos del revuelo que se ha armado cuando se han retocado algunos aspectos marginales del sistema de acentuación gráfica, como eliminar la tilde de guion o no tildar la o cuando va entre cifras. Como para plantearse simplificar el uso de ge y jota o, no digamos, eliminar la hache…
Sin embargo, este mimo de la unidad interna deja paso a un furor reformista cuando de lo que se trata es de la otra vertiente de la unidad lingüística, la que podemos denominar unidad externa. Nuestra lengua no ha estado nunca aislada. Se ha ido conformando en el contacto y el intercambio con las lenguas de su entorno geográfico y cultural. No es posible entender lo que es hoy el español sin tener en cuenta que forma parte de una comunidad lingüística y cultural en la que convive dentro de la península ibérica con el gallego, el portugués, el euskera y el catalán; y, pasados los Pirineos, con el francés, el inglés, el alemán o el italiano. Los pueblos que hablan estas lenguas han mantenido y mantienen intensas relaciones lingüísticas, comerciales, políticas, religiosas, artísticas, etc. Por encima de sus diferencias evidentes, comparten una historia, unos valores, una visión del mundo. En América, en África o en Asia, la lengua española ha seguido cultivando y estrechando los lazos con las otras lenguas europeas que, como ella, hicieron el viaje a estos continentes y, además, los ha extendido a las lenguas nativas como el quechua, el aimara o el tagalo que sobrevivieron al encontronazo con los europeos.
Todas estas lenguas comparten una porción considerable de su léxico, que está formada por los denominados internacionalismos. Cualquier hispanohablante estrictamente monolingüe, pero con hábito de lectura, reconocerá sin mayor dificultad un gran número de palabras en un periódico inglés, francés, alemán o danés. No hay que ir a Oxford ni a Cambridge para entender por escrito la palabra inglesa action. Sin embargo, si una reforma ortográfica del inglés la convirtiera mañana en algo así como ækshon, nos ayudarían a pronunciarla, pero la dificultad inicial de acceso al inglés escrito se incrementaría considerablemente.
No es de extrañar por ello que tengan una pésima acogida ocurrencias como la de castellanizar grafías asentadas como la de Qatar. La forma con cu es claramente la que predomina a escala internacional para el nombre de ese país. Al convertirla en Catar, hacemos una dudosa aportación a la facilidad de escritura del castellano al precio de convertirnos en una isla lingüística. Teniendo en cuenta que en el mundo de hoy el acceso a la información se realiza preferentemente a través de Internet, por escrito y no necesariamente en castellano, esa supuesta facilidad se puede convertir en un quebradero de cabeza cada vez que queramos localizar las últimas noticias sobre algún acontecimiento producido en ese país o, simplemente, comprar un billete de avión para visitarlo. Cuando alteramos la grafía de topónimos e internacionalismos, estamos levantando barreras donde no las había.
Además, estas innovaciones académicas tienden a ser de ida y vuelta. Quienes adoptaran en su día la grafía camicace se encontrarán hoy con el paso cambiado porque las Academias han vuelto ya al redil internacional y nuevamente prefieren la forma kamikaze. La castellanización de güisqui tuvo el éxito que el sentido común permitía esperar. Pero nuestros académicos vuelven a la carga en la Ortografía de 2010 (pp. 86-87) y nos proponen que escribamos wiski. Y digo yo: el whisky ¿no sería mejor no tocarlo?
En definitiva, es cierto que la ortografía constituye un factor de unidad lingüística; pero también lo es que esa unidad se da, asimismo, en un conjunto orgánico que rebasa los límites de nuestra comunidad de hablantes y que quizás este sea un valor que también convenga respetar.
¿O no? ¿Tú qué piensas?

jueves, 10 de marzo de 2011

José Luis Sampedro: «Pienso vivir lo mejor posible y morir como un acto vital»


El escritor ha recibido la Orden de las Artes y las Letras de España de manos de la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde

Día 09/03/2011 - 18.56h

El escritor y economista José Luis Sampedro, que ha recibido este miércoles la Orden de las Artes y las Letras de España de manos de la ministra de Cultura, Angeles González-Sinde, ha subrayado que, después de 94 años de camino, ha podido convertirse en aprendiz de sí mismo.
En su discurso, Sampedro ha censurado el sistema económico mundial, basado, según él, en un "desarrollo sostenible absolutamente insostenible". "He resultado ser un disidente, no he compartido las doctrinas oficiales. Estas cosas que ocurren me sitúan fuera de la corriente general, junto a otros que piensan como yo y que aspiran a otro tipo de desarrollo", ha dicho.
Según el académico, habría que apostar por "un desarrollo que en vez de buscar más buscara ser mejores". "Es asombroso que la Humanidad todavía no sepa vivir en paz, que palabras como 'competitividad' sean las que mandan frente a palabras como 'convivencia", ha señalado. Asimismo, José Luis Sampedro ha apostado por el ser humano y su pensamiento. "Su grandeza está en el pensamiento, sobre todo el pensamiento libre, porque en ese aspecto nos educan mal, introduciendo en nuestra infancia dogmas. Si no hay libertad de pensamiento no hay libertad humana plena, y si no uno no puede ser quien es, no puede guiar su brújula interior", ha dicho.
A su vez, ha definido la mención como el "coronamiento" de su vida, como una coda existencial. "Para mí es un poco el final y agradezco que todo haya sido tan hermoso. Lo he hecho lo mejor que he podido. Pienso vivir lo mejor posible, y morir como un acto vital", añade. Antes de su discurso, los actores Julieta Serrano y Héctor Alterio han leído sendos fragmentos de 'La sonrisa etrusca' frente a diversas personalidades del mundo de la cultura.
Por su parte, González-Sinde ha subrayado la "brillante trayectoria literaria" de Sampedro y el pensamiento "lúcido y comprometido que llena sus obras y ha llenado toda su vida". "Uno es minero de sí mismo y, tras haber bajado a sus profundidades, Sampedro ha encontrado lo mejor de sí mismo. Sampedro es, en el buen sentido de la palabra, un hombre 'bueno", ha indicado.

El camino del autor

Economista, escritor, catedrático de Estructura Económica, exsenador y miembro de la RAE desde 1990, Sampedro ha desarrollado una intensa labor como profesor, novelista y humanista, que lo cualifican como uno de los más importantes escritores vivos en lengua española, así como una referencia intelectual y moral en la España de la segunda mitad del siglo XX. El novelista y ensayista nació en Barcelona el 1 de febrero de 1917 y, con sólo un año, se trasladó junto a sus padres a la ciudad portuaria de Tánger (Marruecos), donde permaneció hasta los 13 años y que en aquel momento estaba administrada por varios países europeos.
Polifacético en su vida profesional y literaria, ha conciliado el desempeño de altos cargos administrativos y académicos con una reconocida producción literaria. En todas estas facetas ha alcanzado la aceptación del público y el reconocimiento y respeto de la crítica. Su pensamiento económico se proyecta sobre la naturaleza social de la actividad económica y sus efectos sobre la realidad social en que se desarrollan. En este sentido, aboga por una economía más humana y solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos.
Antes de la Guerra Civil, logró una plaza como funcionario de aduanas en Santander y, ya en 1940, pidió el traslado a la capital, donde se casó con su primera esposa, Isabel Pellicer, y comenzó la carrera de Ciencias Económicas, licenciándose en 1947 con Premio Extraordinario. Durante esta época, escribió sus dos primeras novelas, 'La estatua de Adolfo Espejo' (1939) y 'La sombra de los días' (1947), que no vieron la luz hasta los años noventa. Asimismo, el autor publicó su primera obra de teatro, 'La paloma de cartón', en el año 1948. En 1948, comenzó a trabajar en el Servicio de Estudios del Banco Exterior de España y, durante esta etapa, compaginó su labor con su faceta como profesor en la Universidad de Madrid. Tres años más tarde, se convirtió en asesor en el Ministerio de Comercio.

Primeros pasos literarios

Ya en 1955, accedió a la cátedra de Estructura Económica de la Universidad de Madrid, donde permaneció hasta 1969, y regresó al Banco Exterior. Durante estos años, escribió su segunda obra de teatro, 'Un sitio para vivir' (1955), y diversos libros de carácter económico. Por aquel entonces, el autor de 'El río que nos lleva' (1961) sus artículos y obras de carácter económico ya denunciaban los excesos del capitalismo, que, según Sampedro, ha entrado en barrena y sólo se detendrá cuando se tope con el suelo, cuando llegue la "catástrofe".
Tras su jubilación, Sampedro se dedicó a su principal pasión, la escritura, y durante esta etapa publicó, entre otras obras, 'La sonrisa etrusca' (1985), 'La vieja sirena' y 'El amante lesbiano' (2000), con las que obtuvo el reconocimiento de crítica y público. A lo largo de su carrera, el autor ha recibido diversos galardones y menciones, entre los que figuran el 'Premio Internacional Menéndez Pelayo' (2010), por su carácter humanista y polifacético, y la distinción como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Sevilla. Entre sus obras económicas figuran 'Principios prácticos de localización industrial' (1957), 'Las fuerzas de nuestro tiempo' (1967), 'Conciencia del subdesarrollo' (1973), 'Inflación: una versión completa' (1976), 'El mercado y la globalización' (2002).

martes, 8 de marzo de 2011

La ciudad y los perros - Mario Vargas Llosa

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La vida después del colegio (fragmento de La ciudad y los perros)


El Jaguar, decepcionado por la actitud del resto de los cadetes, le confiesa a Gamboa que fue él quien cometió el crimen. Está arrepentido, dispuesto a entregarse y preparado para acatar las consecuencias. Pero Gamboa sabe que nadie en el colegio está interesado en escuchar su confesión. Le insta a aprender de su error y a enmendar su vida. El Jaguar acaba por integrarse en la sociedad y se casa:






–¿Por qué ha cambiado de opinión ahora? –dijo el teniente–. ¿Por qué no me contó la verdad cuando lo interrogué?
–No he cambiado de opinión –dijo el Jaguar–. Solo que –vaciló un momento e hizo, como para sí, un signo de sentimiento– ahora comprendo mejor al Esclavo. Para él no éramos sus compañeros, sino sus enemigos. ¿No le digo que no sabía lo que era vivir aplastado? Todos lo batíamos, es la pura verdad, hasta cansarnos, yo más que los otros. No puedo olvidarme de su cara, mi teniente. Le juro que en el fondo no sé cómo lo hice. Yo había pensado pegarle, darle un susto. Pero esa mañana lo vi, ahí de frente, con la cabeza levantada y le apunté. Yo quería vengar a la sección, ¿cómo podía saber que los otros eran peores que él, mi teniente? Creo que lo mejor es que me metan en la cárcel. Todos decían que iba a terminar así, mi madre, usted también. Ya puede darse gusto, mi teniente. […]
–El caso Arana está liquidado –dijo Gamboa–. El ejército no quiere saber una palabra más del asunto. Nada puede hacerlo cambiar de opinión. Más fácil sería resucitar al cadete Arana que convencer al ejército de que ha cometido un error.
–¿No me va a llevar donde el coronel? –preguntó el Jaguar–. Ya no lo mandarán a Juliaca, mi teniente. […]
–¿Sabe usted lo que son los objetivos inútiles? […] Fíjese, cuando un enemigo está sin armas y se ha rendido, un combatiente responsable no puede disparar sobre él. No solo por razones morales, sino también militares; por economía. Ni en la guerra debe haber muertos inútiles. Usted me entiende, vaya al colegio y trate en el futuro de que la muerte del cadete Arana sirva para algo.

Incidentes en la escuela (fragmento de La ciudad y los perros)

El robo del examen de química y la muertedel cadete


Cava, uno de los estudiantes del colegio, roba un examen de química siguiendo las instrucciones de Jaguar. Las autoridades se enteran del delito aunque no son capaces de identificar al culpable. Deciden tomar represalias contra todos los jóvenes y los retienen en el colegio de forma indefinida. Tras varias semanas de encierro, el Esclavo denuncia a Cava ante los oficiales y este es expulsado. Sin embargo, durante unas maniobras ocurre un trágico acontecimiento. Un cadete recibe un balazo de misteriosa procedencia y muere. Así termina la primera parte:





–Rápido, a la enfermería. A toda carrera. […]
Gamboa (*) arrebató el cadete a los suboficiales, lo echó sobre sus hombros y aceleró la carrera; en pocos segundos sacó una distancia de varios metros.
–Cadetes –gritó el capitán–. Paren el primer coche que pase. Los cadetes se apartaron de los suboficiales y cortaron camino, transversalmente. El capitán quedó retrasado, junto a Morte y Pezoa.
–¿Es de la primera compañía? –preguntó.
–Sí, mi capitán –dijo Pezoa–. De la primera sección.
–¿Cómo se llama?
–Ricardo Arana, mi capitán –vaciló un instante y añadió–: Le dicen el Esclavo.


* Gamboa es el teniente responsable de la primera compañía.





El testimonio de Alberto y la implicación del Jaguar

Alberto, apodado el Poeta, sentía aprecio por el Esclavo. Por eso denuncia las irregularidades de sus compañeros del colegio y acusa al Jaguar ante el teniente Gamboa. Sospecha que él ha sido el asesino de Arana, pero no tiene pruebas suficientes. La intervención del teniente no servirá de nada; sus superiores se niegan a investigar para evitar escándalos que dañen la imagen de la institución. Amenazan a Alberto para lograr su silencio y ordenan el traslado del teniente. Los cadetes, que son castigados por la información que ha aportado el Poeta, creen equivocadamente que los delató el Jaguar en un momento de resentimiento. Este recibe entonces el desprecio y la humillación de sus compañeros y se siente por primera vez solo:





En las clases, los cadetes hablaban, se insultaban, se escupían, se bombardeaban con proyectiles de papel, interrumpían a los profesores imitando relinchos, bufidos, gruñidos, maullidos, ladridos: la vida era otra vez normal. Pero todos sabían que entre ellos había un exiliado. Los brazos cruzados sobre la carpeta, los ojos azules clavados en el pizarrón, el Jaguar pasaba las horas de clase sin abrir la boca, ni tomar un apunte, ni volver la cabeza hacia un compañero.

El bautizo de un perro (fragmento de La ciudad y los perros)


El colegio militar es una institución a la que acceden diversos muchachos para estudiar los tres últimos cursos de secundaria. En ella se somete a los alumnos a un ambiente violento y sórdido. Los de cuarto curso realizan un cruel bautizo o rito de iniciación a los nuevos estudiantes. Así se describe el del tímido Ricardo Arana, el Esclavo:





–¿Usted es un perro (1) o un ser humano? –preguntó la voz.
–Un perro, mi cadete.
–Entonces, ¿qué hace de pie? Los perros andan a cuatro patas.
Él se inclinó, al asentar las manos en el suelo, surgió el ardor en los brazos, muy intenso. Sus ojos descubrieron junto a él a otro muchacho, también a gatas.
–Bueno –dijo la voz–. Cuando dos perros se encuentran en la calle, ¿qué hacen? Responda, cadete. A usted le hablo. El Esclavo recibió un puntapié en el trasero y al instante contestó:
–No sé, mi cadete.
–Pelean –dijo la voz–. Ladran y se lanzan uno encima del otro. Y se muerden.
El Esclavo no recuerda la cara del muchacho que fue bautizado con él. Debía ser de una de las últimas secciones porque era pequeño. Estaba con el rostro desfigurado por el miedo y, apenas calló la voz, se vino contra él, ladrando y echando espuma por la boca, y, de pronto, el Esclavo sintió en el hombro un mordisco de perro rabioso y entonces todo su cuerpo reaccionó, y mientras ladraba y mordía, tenía la certeza de que su piel se había cubierto de una pelambre dura, que su boca era un hocico puntiagudo y que, sobre su lomo, su cola chasqueaba como un látigo. […]
Después lo volvieron a una cuadra de cuarto y tendió muchas camas y cantó y bailó sobre un ropero, imitó a artistas de cine, lustró varios pares de botines, barrió una loseta con la lengua, fornicó con una almohada, bebió orines, pero todo eso era un vértigo febril y de pronto él aparecía en su sección, echado en su litera pensando:
«Juro que me escaparé. Mañana mismo».






Algunos jóvenes forman el Círculo, un grupo que decide vengarse de los estudiantes de cuarto. Está liderado por el Jaguar, un brutal muchacho que planea duros ataques contra sus opositores y que pronto incita también a la violencia a sus propios compañeros. Ricardo Arana, el único que se mantiene al margen, lo empuja involuntariamente y recibe una brutal paliza. Desde ese momento será continuamente humillado por los demás cadetes:





«Perdón, Jaguar, fue de casualidad que te empujé, juro que fue casual (2)». «Lo que no debió hacer fue arrodillarse, eso no. Y, además, juntar las manos, parecía mi madre en las novenas, un chico en la iglesia recibiendo la primera comunión, parecía que el Jaguar era el obispo y él se estuviera confesando», «me acuerdo de eso» decía Rospigliosi, «y la carne se me escarapela, hombre».
El Jaguar estaba de pie, miraba con desprecio al muchacho arrodillado y todavía tenía el puño en alto como si fuera a dejarlo caer de nuevo sobre ese rostro lívido. Los demás no se movían. «Me das asco», dijo el Jaguar. «No tienes dignidad ni nada. Eres un esclavo.»


1 perro: término con el que los cadetes mayores se refieren a los novatos, estudiantes de tercer curso.
2 Esta primera frase la pronuncia Ricardo, pero después se aprecia la voz de varios narradores; de uno de los cadetes, Rospigliosi (cuyo discurso aparece entrecomillado), y un narrador omnisciente que termina el relato.

Fernando Fernán Gómez

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Nace la Irreal Academia del Esperpento



La institución, con el zarzuelístico 'Babilonio' como himno oficial,
tiene a la cabeza al dramaturgo Ignacio Amestoy y a la periodista Rosana
Torres


EL PAÍS  -  Madrid


ELPAIS.com  -  Cultura - 04-03-2011
Un proyecto acariciado desde hace casi tres lustros nació ayer: La Irreal
Academia del Esperpento (IAE), desde la que se pretende no solo reivindicar el
Valle-Inclán más heterodoxo, sino también mantener vivo el esperpento, una de
sus máximas aportaciones a la cultura española, que nació de una reacción frente
al teatro burgués y convencional.
La IAE, que sus creadores señalan que no
tiene nada que ver con el Impuesto de Actividades Económicas, fue fundada ayer
en el Café Literario y Bistró Max Estrella, en los altos de la Librería
Fuentetaja y se ha elegido el día 3 de marzo, para tal acontecimiento por ser la
fecha en que muere Alejandro Sawa, insigne extravagante y poeta maldito en el
que Valle se inspiró para su personaje de Max Estrella, protagonista de su más
emblemática obra: Luces de bohemia.

En el acto fundacional se decidió nombrar Académico a perpetuidad al
desaparecido Alonso Zamora Vicente, junto al que se pergeñó este proyecto y al
que se le llegó a proponer, hace 14 años, presidir esta academia y aceptó
encantado. La institución esperpéntica cuenta además con 16 miembros natos,
entre los que fue elegido como director-muñidor de la nueva institución el
dramaturgo y periodista Ignacio Amestoy, como secretaria general la periodista
Rosana Torres, quienes también forman parte de la comisión permanente junto al
catedrático Javier Huerta y el autor teatral Luis Aráujo. Completan los
académicos natos el crítico Enrique Centeno, el teatrero Chatono Contreras, la
actriz y cantante Karola Eskarola, el cineasta José Luis García Sánchez, el
dramaturgo Manuel Gómez, el arquitecto y presidente del Círculo de Bellas Artes,
Juan Miguel Hernández de León, el escritor Ramón Irigoyen, el gozno de
Mariano José de Larra llamado Jesús Miranda de Larra, el poeta y exministro de
Cultura César Antonio Molina, la actriz Esperanza Roy, el catedrático Jorge
Urrutia y el crítico y escritor Javier Villán. Junto a ellos les acompañó en el
acto fundacional Xerardo Pardo de Vera, todo un Valle-Inclán redivivo que ha
intervenido, representando al Marqués de Bradomín, en la película que García
Sánchez, (cineasta que se ha acercado a Valle-Inclán en múltiples ocasiones),
acaba de rodar con el nombre de Este que veis aquí y basada en la vida el
creador del esperpento.

La noche de Max Estrella

La IAE está impulsada por los fundadores de la Noche de Max Estrella,
acto que a modo del Blooms day dublinés, recorren anualmente cientos de personas
por aquellos espacios que visitaron en su madrileño viaje iniciático Max
Estrella y su fiel escudero, Latino de Híspalis. Este año la Noche de Max
Estrella se celebrará el sábado 26 de marzo, coincidiendo con la Noche de los
Teatros y la víspera del Día Mundial del Teatro, fecha en la que Manolo Gómez y
Chatono Contreras le llevan a la estatua de Valle-Inclán del madrileño paseo de
Recoletos una bufanda blanca, acompañados de gente de la profesión escénica.

Los primeros proyectos que llevará a cabo la IAE es la edición del
Libro-memoria de La Noche de Max Estrella, desde su fundación hasta hoy,
elaborado por el Instituto del Teatro de Madrid (ITEM), así como la celebración
del 85 aniversario del Proyecto Teatral de El cántaro roto, de
Valle-Inclán, en el Círculo de Bellas Artes, con una jornada conmemorativa de
aquel 19 de diciembre de 1926, en que bajo el título de la obra de Heinrich von
Kleist, se estrenó Ligazón y se hizo una representación de La comedia
nueva,
de Moratín, en la hoy Sala Fernando de Rojas, en colaboración con el
Instituto de Teatro del Mediterráneo.

En el acto fundacional de la IAE también se nombró Académico de
Honor/deshonor de 2011 al cómico Juan Diego y Académico de número, el uno, a
Darío Villanueva, secretario de la Real Academia Española y gallego como don
Ramón María.

La sesión en la que se fundó la IAE se levantó después de que la actriz
Esperanza Roy, coreada por todos los académicos, cantara El Babilonio,
tema de la zarzuela La Corte del Faraón, que tanto gustaba a Valle e
himno oficial de la Irreal Academia del Esperpento.

sábado, 5 de marzo de 2011

El camino de Miguel Delibes se adapta a la literatura infantil

 

5/mar/11 02:01
 
Edición impresa .
EFE, Valladolid

A falta de una semana para que se cumpla el primer aniversario de la muerte de Miguel Delibes, la familia del prestigioso novelista no ha dejado de recibir signos de cariño y su obra continúa siendo reeditada, como es el caso de una nueva versión infantil de "El camino" que ayer se presentó en Valladolid.
"Seguimos muy abrumados por tantos homenajes y demostraciones de cariño, lo cual cobra valor si tenemos en cuenta que mi padre era bastante adusto, no voy a decir antipático, pero tampoco un campeón de las relaciones públicas", explicó Germán Delibes, uno de los hijos del escritor y catedrático de la Universidad de Valladolid.
Esa novela, redactada en menos de un mes y publicada en 1950 tenía, explicó su hijo, un significado especial para su padre porque, que al igual que le sucedió al protagonista del libro (Daniel "El Mochuelo"), "encontró su propio camino literario" después de sus dos primeras obras. "Le hemos dado un toque moderno sin perder la esencia y la imaginación de su escritura", señaló Germán.

domingo, 27 de febrero de 2011

Proposiciones Subordinadas Adverbiales (ESQUEMA) en Materiales de Lengua y literatura

Mario Vargas Llosa


















Mario Vargas Llosa, es un escritor en lengua española, uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneos. Peruano de nacimiento, cuenta también con la nacionalidad española, que obtuvo en 1993.

Sobre héroes y tumbas - Ernesto Sábato

Otros enlaces de interés:

sábado, 19 de febrero de 2011

El sueño de JRJ


JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD






BABELIA - 19-02-2011

La periódica aparición de textos inéditos de Juan Ramón Jiménez ha pasado a convertirse en una peculiar costumbre que favorece de algún modo la evaluación general de la poesía española contemporánea. Nada más acorde con la insaciable, vehemente voluntad creadora del poeta que ese cómputo consecutivamente acrecentado de su "Obra". Es lo que viene a refrendar de nuevo este Arte menor (Ediciones Linteo), preparado y editado por José Antonio Expósito Hernández con puntual solvencia crítica. El libro puede considerarse en puridad inédito, al menos nunca fue publicado como tal volumen independiente, y en él se reúnen 142 poemas breves, de los que 43 se publican ahora por primera vez, con lo que la edición adquiere un manifiesto rango de primicia. Sin duda que este nuevo incremento del caudal poético juanramoniano corrobora una vez más lo consabido: esa dedicación sacral, ese obstinado, exaltado, incesante trabajo creador que hizo posible que sigan sumándose -todavía- nuevas aportaciones al poco menos que abrumador registro de poemas que van de Rimas (1902) a Espacio (1954), dando por preteridos -como arbitró el autor- Ninfeas y Almas de violeta (1900).



Dentro de esa laberíntica red de ríos y afluentes que suele agobiar a los investigadores de la poesía juanramoniana, la presente edición también reclama por eso la gratitud. Resultan de veras meritorios los esfuerzos llevados a cabo por esa media docena de expertos en Juan Ramón Jiménez, entre los que José Antonio Expósito Hernández ocupa un lugar eminente, para normalizar tan extraordinario corpus poético, siempre sujeto a ordenaciones y reordenaciones consecutivamente sometidas a nuevos planteamientos parciales o generales. "¡Qué lucha, en mí, entre lo completo y lo perfecto!". Resulta también de lo más llamativo que un poeta que afirmó, con singular pedagogía estética, que "escribir poesía es aprender a llegar a no escribirla", se dedicara con excluyente avidez a una elaboración tan sistemáticamente inabarcable de su "Obra".



Arte menor, datado en 1909, se sitúa cronológicamente en el ámbito inicial de la obra poética de Juan Ramón Jiménez, allí donde se acentúa un lirismo de claro linaje popular, como desglosado de algún cancionero anónimo andaluz, oriundo en sus mejores momentos de cierto modernismo aún contaminado de seducciones románticas. Dentro de los mismos nutrientes sentimentales que comparecen, por ejemplo, en Las hojas verdes (1906) o Baladas de primavera (1907), Arte menor prolonga una idéntica estrategia retórica, pero también anuncia ocasionalmente ese designio poético esencial que va a ir acrecentando su potencia reflexiva a partir de Diario de un poeta recién casado (1916). A medio camino entre la canción de cuño tradicional y una depurada interiorización de la naturaleza, Arte menor se integra en una de las más canónicas fases de la poesía de Juan Ramón, que también fue, con toda probabilidad, la que más notoriamente afectó a los modales neopopularistas del 27, en particular a los de Lorca y Alberti. Junto a canciones de sencilla tonalidad descriptiva, no faltan lo que podrían ser atisbos, perfiles aún inciertos de esa conciencia de penetración en lo absoluto que regula la más visionaria ruta poética de Juan Ramón. Todavía estaba lejos lo que constituye su normativa magistral: la subordinación del pensamiento lógico a la intuición iluminadora. En todo caso, lo que más abundan aquí son las composiciones de común aire popular, tan livianas a veces que dudo que su autor las hubiese salvado de un escrutinio de pocos años después. Siempre se tiene la sospecha de que los textos -los "borradores silvestres"- que por una u otra razón permanecieron inéditos se debe a que su autor no deseaba verlos publicados.



José Antonio Expósito Hernández, avezado especialista en la obra juanramoniana, ha indagado en aquellos archivos documentales que mejor podían acreditar que este libro alcanzara la condición de impecable. Y, en efecto, la estructura de la presente versión de Arte menor coincide rigurosamente con la que su autor previó, de acuerdo con los borradores ahora desempolvados. La fijación de los textos y la enumeración minuciosa de variantes, así como los apéndices de documentos, álbumes y notas, enriquecen de manera notable la edición, que mantiene las cinco secciones en que dividió el propio Juan Ramón el libro y figuran en distintas antologías, esto es: 1: Cancioncillas, 2: El jardinero sentimental, 3: Quinta cuerda, 4: Música en la sombra y 5: Los rincones plácidos. Entiendo que la más completa edición de este libro publicada con anterioridad a la que ahora comento es la de Francisco Garfias (Libros inéditos de poesía, 1, Aguilar, 1964). He cotejado ambas ediciones y las diferencias son notorias, no sólo por la ordenación general de los textos -algunos de dudosa pertenencia a Arte menor- sino por el número de poemas incluidos, que en el caso de Garfias son justamente 59, esto es, 83 menos, contando con los inéditos, que los reunidos por Expósito Hernández.



La lectura -o relectura- de este libro nos devuelve a un tramo de la poesía de Juan Ramón que acaso pudo quedar un poco desvanecido por el poderoso aparejo intelectual que determina la plenitud "ética-estética" de Animal de fondo, Dios deseado y deseante y En el otro costado, donde figura Espacio, uno de los grandes poemas de las literaturas europeas medioseculares. Nada de eso debe restringir, sin embargo, el placer del reencuentro con unas canciones y romances donde se articula un modelo lírico de exacerbada delicadeza, de espontánea desnudez, conectado con ese "idealismo krausista" a que se refiere sagazmente Expósito Hernández en su 'Introducción' y que el propio Juan Ramón no tardó en dar por extinguido. En esas composiciones de "arte menor" hay versos muy hábiles -muy sutiles- de sólo una, dos o tres sílabas, aunque a veces se ensanchen hasta el eneasílabo o el endecasílabo, una peculiaridad que, según dictamina el poeta en la nota que encabeza el libro, "no creo que rompan con su rápida aparición el ritmo fugitivo y entrecortado de una cancioncilla". Yo creo que incluso lo mejoran.



Juan Ramón Jiménez fue elaborando las canciones de Arte menor a su regreso a Moguer, hacia 1905, después de haber superado en parte la hiperestesia tras su paso por sendos sanatorios de Burdeos y Madrid. Tenía entonces 25, 26 años. El retorno a aquellos escenarios nativos que nunca dejarían de alojarse en su memoria estimula en el poeta el gusto por las identificaciones campesinas. Es el mundo expresivo, aunque con otros ecos, que se afianza en Pastorales (1905), en Poemas mágicos y dolientes (1908), y es también la manifestación de una sensibilidad, por momentos quejumbrosa, superpoblada de vagos registros melancólicos, de jardines y penumbras, lunas y fuentes. La experiencia del poeta se centra de modo absorbente en ese recuento de la intimidad cotidiana de Moguer, valiéndose para ello de una decidida vinculación con los reflujos de los cancioneros populares.



Considero de lo más significativo el hecho de que Arte menor esté dedicado "a la memoria permanente de don Luis de Góngora y Argote, único ético estético de nuestro pasado, señor y dueño de las Piérides". En las fechas en que se escribió este libro -primeros ocho o nueve años del siglo XX- los poemas mayores de Góngora aún continuaban siendo vituperados por la crítica literaria al uso, con Menéndez Pelayo erigido en el más virulento denostador del "ángel de las tinieblas". Juan Ramón se anticipa en este sentido a la rehabilitación del autor de las Soledades promovida por Dámaso Alonso y secundada por los restantes poetas del 27. Que veinte años antes de ese rescate se pronunciara el autor de Arte menor reafirmando su devoción por Góngora, es desde luego un episodio ciertamente revelador. Supone al menos una evidencia más de la perseverante asimilación de las avanzadas estéticas que trasmitió Juan Ramón Jiménez al contínuum de su poesía.

Escena de La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca

Federico García Lorca es, junto a Valle-Inclán, uno de los mejores dramaturgos españoles del siglo xx. Su teatro, cargado de poesía y de imágenes memorables es de una calidad incuestionable.

La casa de Bernarda Alba, subtitulada Drama de mujeres en los pueblos de España, fue escrita en 1936. La protagonista de este drama, Bernarda Alba, decide llevar el duelo más riguroso después de haber enviudado por segunda vez. Sus cinco hijas, víctimas de la rigidez de la madre, se ven encadenadas a la casa familiar, cerrada a cal y canto por la sombra de la muerte, e invadida por el hombre que traerá la desgracia a la casa de la familia. Un drama rural, que acaba convirtiéndose en una tragedia, sobre cómo los valores sociales y el fanatismo son capaces de sofocar las ansias de libertad y las raíces del deseo.


Os dejo una escena muy corta para calentar motores y los enlaces de lenliblog:



Texto:

(Se oyen unas voces y entra en escena María Josefa, la madre de Bernarda, viejísima,


ataviada con flores en la cabeza y en el pecho).


MARÍA JOSEFA.- Bernarda, ¿dónde está mi mantilla? Nada de lo que tengo quiero que

sea para vosotras, ni mis anillos, ni mi traje negro de moaré, porque ninguna de vosotras se

va a casar. ¡Ninguna! ¡Bernarda, dame mi gargantilla de perlas!

BERNARDA.- (A la CRIADA.) ¿Por qué la habéis dejado entrar?

CRIADA.- (Temblando.) ¡Se me escapó!

MARÍA JOSEFA.- Me escapé porque me quiero casar, porque quiero casarme con un

varón hermoso de la orilla del mar, ya que aquí los hombres huyen de las mujeres.

BERNARDA.- ¡Calle usted, madre!

MARÍA JOSEFA.- No, no callo. No quiero ver a estas mujeres solteras, rabiando por la

boda, haciéndose polvo el corazón, y yo me quiero ir a mi pueblo. ¡Bernarda, yo quiero un

varón para casarme y tener alegría!

BERNARDA.- ¡Encerradla!

MARÍA JOSEFA.- Déjame salir, Bernarda.

(La CRIADA coge a MARÍA JOSEFA).

BERNARDA.- ¡Ayudarla vosotras!

(Todos arrastran a la vieja).

MARÍA JOSEFA.- ¡Quiero irme de aquí! ¡Bernarda! A casarme a la orilla del mar, a la

orilla del mar.

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