martes, 28 de abril de 2015

Pasos para realizar el análisis sintáctico por Mario López Asenjo

Si seguimos estos sencillos cuatro pasos no puedo garantizaros que siempre haréis de manera correcta los análisis, pero sí que evitaréis muchas confusiones y de este modo se aumentan las probabilidades de tener éxito.
Cuando nos enfrentamos a cualquier oración debemos tener claro lo que queremos encontrar y cómo empezar a buscarlo. ¿Cuáles son los dos principales elementos de la oración? Sí, muy bien: el sujeto y el predicado. Pues eso es lo primero que debemos delimitar. Y de los dos, el imprescindible para que haya oración es el verbo-predicado, pues por ahí empezaremos.Para ilustrar los pasos que debemos seguir, vamos a utilizar la siguiente oración a modo de ejemplo

El hijo de mi vecina me regaló una rosa amarilla ayer


PASO 1: SEÑALAR EL VERBO

Lo  primero es localizar el verbo. Es el paso más importante porque toda oración ha de llevar verbo. Y a continuación, buscaremos  el sujeto. De este modo evitamos problemas como el de analizar el sujeto de la oración como otro complemento del verbo. Además así sabemos donde acaba el SN-Sujeto y dónde empieza el SV-Predicado.
paso 1

PASO 2: BUSCAR EL SUJETO

Una vez localizado el verbo, como decíamos, buscamos el sujeto. Para ello debemos hacer las pruebas que conocemos para localizar el sujeto:
 a) Preguntar ¿“quien” al verbo? En este caso funciona, pero es la prueba menos fiable porque si el sujeto no es el agente de la acción, no sale.

¿Quién me regaló una rosa amarilla ayerEl hijo de mi vecina= Sujeto
 b) Cambiar el verbo de número (la mejor prueba): Regaló > regalaron. La parte de la oración que tienen que cambiar también de número obligatoriamente es el sujeto:
Ellos/ Los hijos de mi vecina me regalaron una rosa amarilla ayer

PASO 3: ANALIZAR LOS COMPLENTOS DEL SUJETO (si los hay)

Como sabemos un SP, un S Adj u otro SN pueden complementar al núcleo del sujeto. Ya sabemos cual es el núcleo: el nombre que cambia de número al cambiar el número del verbo. Pues bien, cualquier sintagma de los antes mencionados que preceda o suceda al nombre-núcleo lo está complementando, así de simple. Puede haber más de un complemento del nombre, aunque es menos frecuente.
Y recordad, el nombre núcleo del sujeto solo tiene un tipo de complemento: el complemento de nombre. Parece obvio, pero a veces aparecen “cosas” raras en los análisis.
Por último, si ya tienes localizado el SN-Sujeto con su núcleo y sus complementos, como sabemos: TODO LO QUE NO ES SUJETO, FORMA PARTE DEL PREDICADO.
En nuestro ejemplo, el análisis del complemento del sujeto quedaría así:
 El hijo de mi vecina

PASO 4: ANALIZAR LOS COMPLEMENTOS DEL VERBO

El sintagma verbal predicado puede ser de dos tipos: nominal y verbal. El primero lleva como complemento principal e imprescindible el atributo (y puede o no llevar complementos circunstanciales); el segundo puede llevar cualquiera del resto de complementos verbales. Recordémoslo:

COMPLEMENTOS PREDICADO NOMINALCOMPLEMENTOS PREDICADO VERBAL
Atributo (Atrib)Complemento circunstancial(CC) [de modo, tiempo,etc.]

Complemento directo (CD)Complemento indirecto (CI)
Com plemento de régimen (C Rég)
Complemento circunstancial (CC) [de modo, tiempo,etc.]
Complemento predicativo (CPvo)
Complemento agente (CAg) [en las pasivas]


Para determinar que tipos de complementos lleva el verbo, os aconsejo seguir estos 3 pasos:

1) TIPO DE PREDICADO: Nos fijamos en la naturaleza del predicado y determinamos si se trata de un predicado nominal o verbal. Esto es lo primero que hay que hacer siempre y es fundamental para evitar confusiones.

2) SEÑALAR LOS SINTAGMAS: Delimitamos los sintagmas que hay dentro del sintagma verbal: uno, dos, tres, etc. Cada uno de ellos va ser un complemento diferente del verbo núcleo del predicado.

3)  PRUEBAS: Una vez delimitados los sintagmas que integran el predicado, tenemos que ir haciendo pruebas para ir descubriendo qué tipo de complemento es cada uno. Ya seas un experto o estés aprendiendo a analizar las oraciones, debes siempre hacer pruebas. Por ejemplo, para saber si se trata de un CD tenemos que preguntar ¿qué? al verbo o pasarlo a pasiva o sustituir el sintagma que creemos es el CD por LO/LA/LOS/LAS. En fin, ¡pruebas!

En nuestro ejemplo:
El hijo de mi vecina me regaló una rosa amarilla ayer
 El hijo de mi vecina2
1) Tipo de predicado: el verbo es regalar, por tanto predicado verbal
2) Señalar los sintagmas: Me regaló una rosa amarilla ayer > Una rosa amarilla | ayer | Me
3) Pruebas:
Me regaló una rosa amarilla ayer > Me la regaló ayer > CD
Me regaló una rosa amarilla ayer > ¿Cuándo? = ayer > CCTiempo
Me regaló una rosa amarilla ayer > ¿ A quien? = a mí (me). Pero con esta prueba podría ser CD o CI. Hacemos más pruebas: lo ponemos en 3ª persona, pensamos que no es a mí, pero  es a él o ella. Si fuese CD se podría sustituir por lo/la y si es CI por le:
  • La/lo regaló una rosa amarilla ayer
  • Le regaló una rosa amarilla ayer
La primera no nos suena bien, *Lo regaló una…, por tanto es lo segundo: CI. Además si nos fijamos más el verbo es ditransitivo: regalar ALGO (una rosa amarilla= CD) a ALGUIEN ( me= CI)





Ejercicios:

 1. Indica si las siguientes oraciones son de predicado nominal o predicado verbal
  1. Mi hijo prepara su examen
  2. las liebres corrían por el prado
  3. Este avión es el más moderno de la flota
  4. La niña parece muy aburrida
  5. Los pescadores empezaron a faenar
  6. Las cigüeñas anidaron en el campanario
  7. Los caballos estaban fatigados
  8. La madre esta al lado de su hijo
  9. El coche se salió de la carretera
  10. La reunión es a las once

2. Localiza el SN-sujeto, el núcleo del sujeto y los complementos del nombre (si los hay) de las siguientes oraciones:

  1. El primo de Juan es ingeniero
  2. La casa de la esquina se ha caído
  3. El dulce trino de los pájaros me relaja
  4. La casa es de madera
  5. Me asusta tu conducta impredecible
  6. ¿Vienes conmigo?

3. Analiza las siguientes oraciones simples

  1. Juan, mi primo es ingeniero
  2. La rosa roja se ha marchitado
  3. El canto de los pájaros me relaja
  4. La casa es de madera de pino
  5. Me asusta tu conducta impredecible
  6. ¿Vienes conmigo?
  7. Me he comprado un coche de lujo
  8. Te ha gustado la película de anoche

¿Desde cuándo se distingue en castellano la «V» y la «B»? ¿Cómo surge y por qué la diferenciación? por Celia Fraile (ABC)

Cuentan con orígenes fonéticos diferentes, pero su confusión se generaliza en la Edad Media y hoy en día ambas grafías representan el mismo fonema, lo que origina no pocas equivocaciones a la hora de escribir las palabras

«La pregunta correcta es: ¿Desde cuándo no se distinguen en castellano los fonemas /b/ y /v/?», afirma Salvador Gutiérrez, académico de la RAE y director del Departamento de «Español al día» y director adjunto de la Escuela de Lexicografía Hispánica.
Se trata de dos letras de origen diferente. «La oposición proviene del latín», aclara el también coordinador de la «Ortografía de la Lengua Española». La historia de la letra «v» se corresponde con la de la letra «u»: la «u» latina deriva de la «y», ípsilon griega, que procede a su vez del fenicio «wau». Mientras, la «b» proviene de letra griega «β» beta y y la «b» del alfabeto latino o romano.
En el castellano primitivo, entonces, la «b» representaba un fonema oclusivo sonoro bilabial y la «v», labiodental. Sin embargo, «la diferenciación se pierde pronto en el norte de Castilla», apunta Salvador Gutiérrez. Aunque esta distinción fonológica «se mantieneen la pronunciación culta en la época alfonsí, su confusión se generaliza ya en la Edad Media», indica el académico de la RAE.
De este modo, «las letras b y v representan hoy el fonema /b/ y no existe diferencia en la pronunciación de ambas», de acuerdo con «Ortografía de la Lengua Española». La existencia de varias posibilidades gráficas para representar el mismo fonema «se mantiene en la escritura como residuo etimológico», recuerda Salvador Gutiérrez.
Este «residuo», que origina no pocas confusiones a la hora de escribir las palabras, se mantiene debido a que, en la configuración del sistema ortográfico del español, uno de los criterios que ha operado hasta bien entrado el siglo XVIII es el etimológico. De acuerdo con él, se debe respetar en alguna medida «la forma gráfica de su étimo, es decir, del término del cual derivan. Este criterio funciona, en muchos casos, en sentido opuesto al fonológico, y explica por qué la forma escrita de determinadas palabras contradice el principio básico de adecuación entre grafía y pronunciación», de acuerdo con «Ortografía de la Lengua Española».
De este modo, en la mayoría de las palabras, procedan del latín o de otras lenguas, se mantienen la «b» o la «v» etimológicas. La «Ortografía de la Lengua Española» aporta varios ejemplos «''acerbo'', áspero al gusto, del latín ''acerbus''; ''acervo'', conjunto de bienes pertenecientes a una colectividad, del latín ''acervus''».

viernes, 24 de abril de 2015

Chascarrillos gramaticales por Álex Grijelmo

La lengua se aleja a veces de la vida, y eso facilita muchas paradojas


La vida y la gramática se parecen pero no son lo mismo. Por ejemplo, una cebra mantiene su género femenino aunque se trate de un macho. Lo mismo sucede con una ballena, una ardilla o una jirafa. En cambio, el topo puede ser una hembra, igual que un moscón o un ratón.
Las palabras terminadas en o tienden a ser masculinas; y las que acaban en a, femeninas; pero existen transgenéricos: “la mano”, “el día”, “el mapa”, “la radio”, “el programa”, “el pediatra”, “el guardia”, “el atleta”, “la contralto”, “la soprano”… Y los sexos biológicos son dos; pero los géneros, tres (masculino, femenino y neutro).
Si decimos "los jueces", que es masculino, eso abarca a los jueces y a las jueces. Si decimos “la judicatura”, que es femenino, también. “La persona” representa en femenino a mujeres y hombres, mientras que “el ser humano” lo hace en masculino, con el mismo resultado.
La gramática se aleja a veces de la vida, pero los términos que usa al definir sus conceptos la evocan muy a menudo. Eso facilita que hoy nos tomemos a broma sus paradojas con estos desaforismos para aficionados a los juegos lingüísticos.
♦ Una rata dura más tiempo que un rato.
♦ En la oración “el boxeador dio un puñetazo al árbitro”, el árbitro recibe directamente el puñetazo, pero es el complemento indirecto.
♦ Un problema de “sintaxis” también se da cuando no hay huelgas del transporte.
♦ Lo peor que le puede pasar a un verbo defectivo es que además sea imperfecto.
♦ Pensar no es un verbo reflexivo.
♦ Agacharse sí que es un verbo reflexivo, pero debería clasificarse como flexivo.
♦ En una oración, los elementos apuestos no tienen por qué ser muy atractivos.
♦ La gente se pregunta por qué “todo junto” se escribe separado, y “separado” se escribe todo junto. También parece raro que “exmarido” se escriba ahora todo junto cuando define a un separado.
♦ La negación de positivo es impositivo.
♦ Los pronombres demostrativos nunca han sido capaces de demostrar nada.
♦ El idioma español tiende al uso activo frente al pasivo, a diferencia de lo que ocurre ahora en la contabilidad.
♦ Los posesivos son a menudo pura ilusión. Decimos “duermo en mi casa” o “voy a mi empresa”. Pero “mi casa” es del banco. Y “mi empresa” es de… ¡anda, qué casualidad!
♦ Si usamos más los verbos imperativos para rogar, deberían llamarse rogativos.
♦ El sujeto agente no es necesariamente un guardia.
♦ En la oración “el policía detuvo al ladrón”, el sujeto es dos veces agente.
♦ En la oración “el enfermo fue operado ayer”, el sujeto es dos veces paciente.
♦ La voz pasiva es un verbo transitivo que se ha mirado al espejo.
♦ La palabra “Telefónica” no tiene prefijos.
♦ La mayoría de los adjetivos calificativos son descalificativos.
♦ En gramática, la sección de complementos no está en la sexta planta.
♦ La oración “hoy ha hecho un día muy frío y lluvioso” se construye sobre un tiempo perfecto.
♦ Los espacios vacíos de un texto están llenos de silencio.
♦ Para la ortografía, el acento es el mismo en todas las regiones.
♦ La exclamación exclama, la interrogación interroga y la interjección interjecta.
♦ Tras la reforma laboral, el prefijo ha pasado a precario.
♦ Los accidentes gramaticales son todos muy previsibles.
♦ El acusativo no depende jerárquicamente del fiscal general del Estado.
♦ Incluso el pretérito pluscuamperfecto puede tener algún defectillo.
♦ ¿Por qué copular no es un verbo copulativo?
♦ Los verbos copulativos, como ser o estar, no son los que refieren determinada actividad de los seres animados (especialmente de los muy animados), sino los que forman un predicado nominal. Eso sí, necesitan el atributo.


ÁLEX GRIJELMO, El País, 18 ENE 2015

jueves, 23 de abril de 2015

Juan Goytisolo: “Digamos bien alto que podemos” por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS (El País)

Goytisolo, entre los reyes Felipe y Letizia. / EL PAÍS-LIVE! / ULY MARTÍN
“A la llana y sin rodeos”. Con esta frase cervantina quiso titular Juan Goytisolo uno de los discursos más breves en la historia del Premio Cervantes y, sin duda, uno de los más políticos. En apenas 10 minutos, el escritor, de 84 años, reivindicó sobre todo dos cosas: la justicia social y la cara menos glamurosa del inventor del ingenioso hidalgo. “Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella”, subrayó antes de lanzar un guiño al partido que ha revolucionado en apenas unos meses el panorama político español: “Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia”.
En una jornada tan justiciera, Goytisolo dijo sentirse “como Bárcenas cuando llega al juzgado” al entrar en el Colegio de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá. Tal era la expectación. El novelista barcelonés cumplió con lo anunciado: prescindió del chaqué protocolario, se puso la americana de las ocasiones y una corbata de hace 35 años.
En su novela Casetas de baño, la novelista francesa Monique Lange, esposa de Goytisolo, fallecida en 1996, cuenta que entre las intenciones de su marido estaba “conducir la lengua española por el desierto” y “llevar a La Meca a Isabel la Católica”. Él suele evocar el particular sentido de humor de Lange para explicar esas frases, pero lo cierto es que el autor de En los reinos de taifa llevó a Felipe VI hasta el valla de Melilla. Al menos simbólicamente.
Pasaban 11 minutos del mediodía cuando Juan Goytisolo, con la corbata ya descolocada, el primer botón de la camisa desabrochado y la medalla del Cervantes al cuello, subió lentamente al púlpito del paraninfo, abrió una carpeta roja, se ajustó mecánicamente los pantalones y se lanzó a leer las 1300 palabras de su discurso —unos cuatro folios al cambio de las antiguas pesetas—. Antes improvisó una doble dedicatoria: a su “maestro” Francisco Márquez Villanueva —estudioso de los heterodoxos españoles fallecido hace dos años— y a los habitantes de la medina de Marraquech, que han acogido, dijo, su “incómoda” vejez.

"¿No sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de la vida de Cervantes?"
Sin rodeos, pero rodeado de autoridades (civiles y militares), un puñado de amigos y dos sobrinos —Gonzalo y Julia, la famosa Julia de las palabras de su hermano José Agustín—, el autor deContracorrientes subrayó que hoy “las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo”. Ante el “sombrío" panorama de una crisis triple —económica, política y social— resulta difícil, insistió, resignarse a “la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes”.
Por eso quiso imaginar a don Quijote deshaciendo nuevamente “tuertos” y socorriendo a los “miserables”, es decir, “acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la moderna Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad”.
Juan Goytisolo había anunciado que trataría de decir muchas cosas en poco tiempo y cumplió. En sus cuatro apretados folios encontró acomodo a los grandes nombres de su canon particular: Clarín, Francisco Delicado, Luis de Góngora o Manuel Azaña. Sin olvidar a Luis Cernuda, al que citó para hablar de los “vientres sentados” de esa burocracia oficial, empecinada en remover los huesos de Cervantes.
En 2001 Goytisolo publicó una recopilación de ensayos usando como título la definición de intelectual acuñada por el recién fallecido Günter Grass —Pájaro que ensucia su propio nido— y tuvo tiempo también de incluir en su discurso una ración de autocrítica. Tras dividir a los escritores entre literatos que “conciben su tarea como una carrera” e “incurables aprendices de escribidor”, que la viven como una “adicción”, reconoció que él fue antes lo primero que lo segundo. “Incurrí en la vanagloria de la búsqueda del éxito”, dijo sobre los comienzos de su trayectoria —que arrancó como novelista en 1954 con Juegos de manos— y antes de distinguir, citando a Azaña, la “actualidad efímera” de la modernidad atemporal. “La vejez de lo nuevo se reitera a lo largo del tiempo con su ilusión de frescura marchita”, afirmó. “La verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como La regenta o durante siglos como La lozana andaluza”. El resto es eso que, por la tremenda, recordó Goytisolo, García Márquez llamó “exquisita mierda de la gloria”.
En un discurso más intenso que extenso, el novelista ponderó la mirada del exilio español frente a “los centinelas del canon nacional-católico” y se reconoció de “nacionalidad cervantina”. Cervantear, apuntó, es dudar y dudar nos ayuda a eludir “el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas”.
“La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera”, dijo Juan Goytisolo en otro tramo de su intervención. Los que conocen la obra del autor de Belleza sin ley podían esperarse la contundencia de un discurso que esta vez no brotó del subsuelo sino de un púlpito flanqueado por dos maceros de gala. Allí, en lo alto y bien alto, sin rodeos y a la llana, el último premiado con el galardón más importante de la lengua española dijo, aunque fuera con pe minúscula, que “podemos”.
Enseguida llegaron los aplausos, el discurso del ministro de Cultura, el de Rey y el Gaudeamus igitur de la coral. Tres cuartos de hora después de abrirse “la sesión”, se levantaba. Quedaban el aperitivo, las fotos, los corrillos y la apertura de la exposición Compromiso y disidencia en honor del premiado. También, de retirada, la tuna universitaria, esa “gallarda y donosa estudiantina” a la que Goytisolo, el destino tiene estas cosas, dedica uno de los capítulos más locos de su novela Paisajes después de la batalla. En esas páginas, el protagonista, que se parece sospechosamente al autor, se esfuerza en contener el vómito cada vez que escucha cantar Clavelitos. El capítulo se titula ‘Defectos, sicosis, puntos flacos’. También los inmortales los tienen. En Alcalá, por ese lado, la cosa no pasó a mayores.

Discurso de Juan Goytisolo Ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2014

A la llana y sin rodeos

En términos generales, los escritores se dividen en dos esferas o clases: la de quienes conciben su tarea como una carrera y la de quienes la viven como una adicción. El encasillado en las primeras cuida de su promoción y visibilidad mediática, aspira a triunfar. El de las segundas, no. El cumplir consigo mismo le basta y si, como sucede a veces, la adicción le procura beneficios materiales, pasa de la categoría de adicto a la de camello o revendedor. Llamaré a los del primer apartado, literatos y a los del segundo, escritores a secas o más modestamente incurables aprendices de escribidor.
A comienzos de mi larga trayectoria, primero de literato, luego de aprendiz de escribidor, incurrí en la vanagloria de la búsqueda del éxito -atraer la luz de los focos, “ser noticia”, como dicen obscenamente los parásitos de la literatura- sin parar mientes en que, como vio muy bien Manuel Azaña, una cosa es la actualidad efímera y otra muy distinta la modernidad atemporal de las obras destinadas a perdurar pese al ostracismo que a menudo sufrieron cuando fueron escritas. La vejez de lo nuevo se reitera a lo largo del tiempo con su ilusión de frescura marchita. El dulce señuelo de la fama sería patético si no fuera simplemente absurdo. Ajena a toda manipulación y teatro de títeres, la verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como La regenta o durante siglos como La lozana andaluza. Quienes adensaron el silencio en torno a nuestro primer escritor y lo condenaron al anonimato en el que vivía hasta la publicación del Quijote no podían imaginar siquiera que la fuerza genésica de su novela les sobreviviría y alcanzaría una dimensión sin fronteras ni épocas.
“Llevo en mí la conciencia de la derrota como un pendón de victoria”, escribe Fernando Pessoa, y coincido enteramente con él. Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y labor. Desde la altura de la edad, siento la aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil celebración.
Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacional- católico no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez. La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera. Como dijo con ironía Dámaso Alonso tras el logro de su laborioso rescate del hasta entonces ninguneado Góngora, ¡quién pudiera estar aún en la oposición!
Mi instintiva reserva a los nacionalismos de toda índole y sus identidades totémicas, incapaces de abarcar la riqueza y diversidad de su propio contenido, me ha llevado a abrazar como un salvavidas la reivindicada por Carlos Fuentes nacionalidad cervantina. Me reconozco plenamente en ella. Cervantear es aventurarse en el territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo bacía. Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias.
En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y comercializarlos tal vez de cara al turismo como santas reliquias fabricadas probablemente en China, ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su vida tras su rescate laborioso de Argel? ¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miseria que padeció, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el barrio malfamado del Rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en 1605, año de la Primera Parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos de la sociedad?
Hace ya algún tiempo, dedique unas páginas a los titulados Documentos cervantinos hasta ahora inéditos del presbítero Cristóbal Pérez Pastor, impresos en 1902 con el propósito, dice, de que “reine la verdad y desaparezcan las sombras”, obra cuya lectura me impresionó en la medida en que, pese a sus pruebas fehacientes y a otras indagaciones posteriores, la verdad no se ha impuesto fuera de un puñado de eruditos, y más de un siglo después las sombras permanecen. Sí, mientras se suceden las conferencias, homenajes, celebraciones y otros actos oficiales que engordan a la burocracia oficial y sus vientres sentados, (la expresión es de Luis Cernuda) pocos, muy pocos se esfuerzan en evocar sin anteojeras su carrera teatral frustrada, los tantos años en los que, dice en el prólogo del Quijote, “duermo en el silencio del olvido”: ese “poetón ya viejo” (más versado en desdichas que en versos) que aguarda en silencio el referendo del falible legislador que es el vulgo.
Alcanzar la vejez es comprobar la vacuidad y lo ilusorio de nuestras vidas, esa “exquisita mierda de la gloria” de la que habla Gabriel García Márquez al referirse a las hazañas inútiles del coronel Aureliano Buendía y de los sufridos luchadores de Macondo. El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos, no debe distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.
Es empresa de los caballeros andantes, decía don Quijote, “deshacer tuertos y socorrer y acudir a los miserables” e imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.
Sí, al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que actualmente vivimos. Si ello es locura, aceptémosla. El buen Sancho encontrará siempre un refrán para defenderla.

El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis social. Según las estadísticas que tengo a mano, más del 20% de los niños de nuestra Marca España vive hoy bajo el umbral de la pobreza, una cifra con todo inferior a la del nivel del paro. Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo. No se trata de poner la pluma al servicio de una causa, por justa que sea, sino de introducir el fermento contestatario de esta en el ámbito de la escritura. Encajar la trama novelesca en el molde de unas formas reiteradas hasta la saciedad condena la obra a la irrelevancia y una vez más, en la encrucijada, Cervantes nos muestra el camino. Su conciencia del tiempo “devorador y consumidor de las cosas” del que habla en el magistral capítulo IX de la Primera Parte del libro le indujo a adelantarse a él y a servirse de los géneros literarios en boga como material de derribo para construir un portentoso relato de relatos que se despliega hasta el infinito. Como dije hace ya bastantes años, la locura de Alonso Quijano trastornado por sus lecturas se contagia a su creador enloquecido por los poderes de la literatura. Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella. Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia.

miércoles, 8 de abril de 2015

Fernando Lalana en el Matemático Puig Adam


Una vez más, el Instituto abre sus puertas a un autor de relevancia. Hemos tenido el gusto de compartir una hora con uno de los grandes de la literatura juvenil, Fernando Lalana (Zaragoza, 1958), que nos ha dejado su peculiar manera de ver el mundo de los libros y su tarea como escritor, Es el autor, entre otras obras, de La tuneladora (2006), obra que han leído con agrado los alumnos de 3º ESO y cuyo primer capítulo puedes leer aquí.

 Después del encuentro, amablemente nos ha firmado a profesores y alumnos los ejemplares de la obra y ha regalado al Departamento de Lengua su última novela y primer western, Una bala perdida (2015). 

Muchas gracias, escritor, y hasta la próxima.



martes, 7 de abril de 2015

Etimología de ‘amilanar’ en Blog de Lengua española

Amilanarse es ‘acobardarse’.
Este verbo está formado sobre el nombre de un ave rapaz: el milano. En cuanto nos paramos a pensarlo, la relación entre el ave y el significado del verbo es evidente: amilanarse no es ni más ni menos que quedarse paralizado de miedo como el pobre animal que ve que se le viene encima un milano.
Se trata de una denominación en la que se mezclan la metáfora y la metonimia. Hay metáfora porque cuando decimos que alguien se amilana nos estamos representando a esa persona dentro de una escena en la que es como un jilguero aterrado por la presencia del milano. Hay metonimia porque dentro de toda esa escena lo que se selecciona es un determinado aspecto: el miedo.

ser capaces, plural de ser capaz

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La expresión ser capaz de tiene su plural correspondiente: ser capaces de.
En los medios de comunicación se encuentran frases como «Estaba seguro de que los nuevos gobernantes no serían capaz de restablecer el orden», «En la Nasa no fueron capaz de explicar las causas del accidente» o «Las autoridades no han sido capaz de dignificar los centros penitenciarios».
Estos y otros muchos ejemplos que pueden verse a diario ponen de manifiesto que en ocasiones se considera que la expresión ser capaz dees invariable, cuando en realidad se trata de una locución en la que tanto el verbo como el adjetivo deben concordar, en número, con el sujeto.
Por eso, en los ejemplos anteriores, lo adecuado habría sido escribir «Estaba seguro de que los nuevos gobernantes no serían capaces de restablecer el orden», «En la Nasa no fueron capaces de explicar las causas del accidente» y «Las autoridades no han sido capaces de dignificar los centros penitenciarios».



altisonante no es a gritos

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El adjetivo altisonante no significa ‘a gritos’, ‘con insultos’ o ‘de forma violenta’, sino ‘elevado, sonoro o afectado’.
Pese a ello, en los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «Los dos concursantes se enfrascaron en una discusión altisonante», «Messi y Luis Enrique intercambiaron palabras altisonantes» o «En el vídeo se ve a un grupo de hombres tomando cerveza y hablando en voz altisonante».
Altisonante es, según la definición del Diccionario académico, un término que se aplica al lenguaje, al estilo o a lo expresado con ellos, y significa ‘muy sonoro y elevado, especialmente si va acompañado de afectación’, por lo que su sentido se acerca más al de grandilocuente.
Así pues, si en los casos anteriores lo que se pretendía expresar era que las charlas y discusiones referidas se produjeron de forma violenta, con términos injuriosos y ofensivos o en un tono muy alto, lo adecuado habría sido escribir  «Los dos concursantes se enfrascaron en una discusión a gritos», «Messi y Luis Enrique intercambiaron palabras mayores» y «En el vídeo se ve a un grupo de hombres tomando cerveza y hablando

en comparación con, no en comparación a ni de

La expresión en comparación se construye seguida de la preposición con  (en comparación con») y no con de ni con a.
Pese a ello, en los medios se encuentran frases como «La pelota bota muy alto en comparación a otros torneos del circuito» o «La empresa ha crecido muy rápido en comparación de negocios similares».
El Diccionario panhispánico de dudas señala que en esos casos el elemento de comparación se introduce mediante la preposición con y desaconseja el uso de a y de, de modo que en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «La pelota bota muy alto en comparación con otros torneos del circuito»y «La empresa ha crecido muy rápido en comparación con negocios similares».

lunes, 6 de abril de 2015

Las Locuciones en Gramaticas.net y educacion.uncomo.com


Una locución es una construcción de dos o más palabras que forman una unidad gramatical y cuyo significado unitario es generalmente distinto al de las palabras que la forman. Locución verbal en Lenliblog

Tipos de Locuciones: 

Varios ejemplos (en negrita) de los tipos de locución según su función gramatical:
    • una mujer de palabra (equivale al adjetivo "honrada")
    • una verdad como un templo (equivale al adjetivo "indiscutible")
    • de Modoavanzamos poco a poco (despacio)
    • de Tiempo: vino al instante (rápidamente)
    • de Lugar: lo veo a lo lejos (lejanamente)
    • de Afirmación: desde luego es cierto (verdaderamente)
    • de Cantidad: cogió cinco, ni más ni menos (exactamente)
    • de Duda: Tal vez venga (quizá)
    • así que, por más que, a pesar de
  • Locución Nominal: equivale a un sustantivo y funciona como tal: 
    • brazo de gitano ('pastel de forma cilíndrica')
    • ojo de buey ('ventana circular')
  • Locución Preposicional: equivale a una preposición y funciona como tal: 
    • acerca de, con vistas a, junto a, a pesar de...
  • Locución Pronominal: equivale a un pronombre y funciona como tal: 
    • alguno que otro, cada uno...
  • Locución Verbal: equivale a un verbo y funciona como tal: 
    • echar de menos, caer en la cuenta, hacer caso, llevar a cabo...

... ... ...

  • Locuciones adjetivas


    Las locuciones adjetivas son aquellas que cumplen la misma función que un adjetivo. Acostumbran a estar formadas por una preposición más un sustantivo o grupo nominal, por la conjunción comparativa 'como' y un sustantivo o grupo nominal, o por dos adjetivos unidos por coordinación copulativa.
    Ejemplos:
    • Estaba de rechupete (prep.+sust.)
    • Me he comprado una camisa a rayas (prep.+sust.)
    • Está como una cabra (como+sust.)
    • Es profundo como un pozo (como+sust.)
    • Llegó sano y salvo (adj. en coordinación copulativa)
  • Locuciones adverbiales


    Las locuciones adverbiales cumplen la misma función que un adverbio y, por tanto, se utilizan para expresar y modificar la circunstancia de la acción verbal. En general, acostumbran a estar formadas por una preposición más un sustantivo, adjetivo o adverbio. Las clasificamos igual que los adverbios y, por tanto, pueden ser de lugar, de tiempo, de modo, de cantidad, de duda, de negación o de afirmación.
    • Ejemplos de locuciones adverbiales de lugar:
    a lo lejos, de lejos, desde lejos, de cerca, por detrás, por delante, en alto, en bajo, por encima, al final, en la cola, al lado...
    • Ejemplos de locuciones adverbiales de tiempo:
    al amanecer, al anochecer, al atardecer, a mediodía, al ocaso, a primer luz, de día, de noche, de madrugada, a veces, de cuando en cuando, de vez en cuando, al instante, de repente, hoy en día...
    • Ejemplos de locuciones adverbiales de modo:
    poco a poco, como si nada, de par en par, de vuelta y vuelta, a hurtadillas, a pie, a ciegas, a escondidas, a la moda...
    • Ejemplos de locuciones adverbiales de cantidad:
    ni más ni menos, por lo menos, por poco, por mucho, al menos, poco más, poco menos, algo así, de poco, de mucho...
    • Ejemplos de locuciones adverbiales de duda:
    tal vez, a lo mejor, puede que...
    • Ejemplos de locuciones adverbiales de negación:
    de ninguna manera, nunca jamás, ni por esas, en mi vida ni loco...
    • Ejemplos de locuciones adverbiales de afirmación:
    por supuesto, desde luego, sin duda, en verdad, sin duda alguna, en efecto...
  • Locuciones conjuntivas


    Las locuciones conjuntivas son aquellas que cumplen la función de conjunción y, por tanto, sirven para unir varios elementos de la oración.
    • Ejemplos de locuciones conjuntivas:
    una vez que, puesto que, con tal que, así que, por más que, a pesar de...
  • Locuciones cuantificadoras o intensificadoras


    Las locuciones cuantificadoras son aquellas que se utilizan para intensificar una cantidad indeterminada.
    • Ejemplos de locuciones cuantificadoras:
    un sijnfín de, de veras, una infinidad de...
  • Locuciones preposicionales


    Las locuciones preposicionales actúan igual que una preposición y en su composición siempre se encuentra una o más de ellas.
    • Ejemplos de locuciones preposicionales:
    acerca de, con vistas a, junto a, a pesar de, a lo largo de, alrededor de, rumbo a, a favor de, lejos de, por culpa de, gracias a...
  • Locuciones pronominales


    Las locuciones pronominales actúan y equivalen a un pronombre. Asimismo, acostumbran a tener pronombres de cualquier tipo en su composición.
    • Ejemplos de locuciones pronominales:
    alguno que otro, cada uno, uno que otro, cada cual, yo mismo, cada quien, tú mismo...
  • Locuciones sustantivas


    Las locuciones sustantivas son aquellas que cumplen la función de sustantivo.
    • Ejemplos de locuciones sustantivales:
    el más allá, el qué dirán, la carne de gallina, el mea culpa, el cuento de nunca acabar, el cuarto poder...
  • Locuciones interjectivas


    Las locuciones interjectivas son aquellas que se utilizan para expresar sentimientos de mayor intensidad, como asombro, alegría, alarma, bienvenida, admiración, etc. Cumplen la función de interjección y, en la mayoría de los casos, acostumbran a estar entre singos de exclamación.
    • Ejemplos de locuciones interjectivas:
    ¡Dios mío!, ¡Cielo santo!, ¡No me digas!, ¡Qué horror!, ¡Rayos y truenos!, ¡Maldita sea!, ¡Madre mía!, en fin...
  • Locuciones verbales


    Las locuciones verbales son aquellas que cumplen la función de verbo. Suelen estar formadas por un infinitivo y un sintagma.
    • Ejemplos de locuciones verbales:
    echar a perder, caer en la cuenta, tener suerte, tocar fondo, tomar el pelo, echar de menos, tener en cuenta, hacer caso, llevar a cabo...

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