miércoles, 5 de enero de 2011

Zenobia Camprubí: una heroína en la sombra

Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez,
fotografiados el 2 de marzo de 1916,
día de su boda en la Iglesia de St. Stephen en Nueva York.
 FUNDACIÓN JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


La esposa de Juan Ramón Jiménez se impuso la obligación, como un destino, de buscarle el bienestar. Su gozoso tormento consistió en atemperar su admiración por el poeta al carácter agrio y enfermizo del hombre que no hacía sino cortarle las alas












MANUEL VICENT






BABELIA - 01-01-2011

Basta con verlos juntos a Zenobia y a Juan Ramón en cualquier retrato para percibir que aquella pareja tan dispar debió de convivir de forma muy atormentada pese a su educada compostura. En las fotografías de la época, los años de entreguerras, ella aparece con un diseño de señorita americana, siempre sonriente, rodeada de amigas de la buena sociedad, sombreros blancos, pantalones de pliegues, cintura de Coco Chanel, zapatos con hebillas y un gesto por el que se le escapaba un alma feliz. En cambio, el poeta trasmite una sensación adusta, con el aire ensimismado, vestido de oscuro, la barba negra, triste el gabán, la mirada aviesa, el rostro cetrino, una figura que en su tiempo El Greco habría incorporado como personaje al entierro del conde Orgaz.



El padre de Zenobia era un fino ingeniero catalán, Raimundo Camprubí, quien durante uno de sus trabajos en San Juan de Puerto Rico conoció a Isabel Aymar, la que sería su mujer, de ascendencia mitad italiana mitad estadounidense, de una familia mercantil adinerada, bilingüe en castellano y en inglés. Zenobia Camprubí nació en 1887, en Malgrat de Mar, un pueblo de la costa catalana donde sus padres pasaban las vacaciones en el verano. Era la mayor de cuatro hermanos, todos educados en Harvard. Zenobia fue instruida por tutores particulares en Barcelona y a los nueve años la madre, recién divorciada de un marido vicioso del juego y arruinado en la Bolsa, se llevó a su hija a Nueva York. Zenobia vivió a expensas de la familia materna. Estudió en Columbia, fue inscrita en el Club de Mujeres Feministas, comenzó a escribir cuentos, participó en actividades culturales y filantrópicas según el más riguroso estilo de las élites neoyorquinas. Regresó a España en 1909 y con ese mismo espíritu liberal se instaló la joven con su madre en Madrid donde en compañía de matrimonios americanos asistía a conferencias en la Residencia de Estudiantes, en el Instituto Internacional de Señoritas fundado por Susan Huntington, en el Lyceum Club junto con Victoria Kent y se dejaba ver en las fiestas que daban los Byne en su piso de la calle de Gravina. En una pensión con pared contigua a esa casa vivía Juan Ramón Jiménez, y una noche a través del tabique de su habitación el joven poeta oyó al otro lado una risa femenina que le subyugó, de la cual no lograría evadirse en mucho tiempo.



Juan Ramón Jiménez procedía de una familia de pudientes vinateros de Moguer y probablemente había sido un niño feliz, también de risa clara, pero muy pronto aprendió a hacerse el enfermo para conseguir toda clase de mimos de criadas y nodrizas y salirse siempre con su voluntad. Creció rodeado de atenciones y cuando en 1900 llegó a Madrid con 19 años ya había dado señales de ser un poeta superdotado, bajo la influencia de Bécquer y de Rubén Darío. Pero no se trata aquí de analizar su obra poética, sino de saber cómo se produjo el choque y ensamblaje entre aquellas almas tan dispares.



Juan Ramón ya había pasado por algunas crisis nerviosas, que se acentuaron cuando en 1901 falleció su padre, una muerte que pocos años después acarreó la ruina económica a su familia. Durante la adolescencia se había permitido todos los caprichos de estudiante rico en Sevilla e incluso pudo aliviarse de una neurosis depresiva en el sanatorio de enfermedades mentales en Castell d'Andorte, en Burdeos, a cargo de un doctor afamado. En este establecimiento desarrolló sus primeras dotes de artista enamoradizo seduciendo a algunas enfermeras. Después en sucesivas recaídas que pasó en la clínica del Rosario en Madrid llegó incluso a enamorar a una monja, unas aventuras eróticas que trasladó a sus versos. Se trata de saber cómo este ser de alma melancólica, huraña y abstraída pudo darle alcance a una caza tan selecta y risueña como era Zenobia.



A partir de 1911 Juan Ramón ya era un poeta admirado. Vivía en la Residencia de Estudiantes y allí acudió la paloma una tarde de primavera. El poeta la abordó al final de una conferencia y la risa de la muchacha ante sus requiebros le recordó a la que había sonado aquella lejana noche de fiesta a través del tabique de la pensión. Cuando el poeta supo que aquella carcajada procedía de la misma alma quedó rendidamente enamorado, pero ella se mostró esquiva a sus requerimientos, un poco antiguos y formales. Juan Ramón comenzó a acosarla con versos cada vez más puros, más encendidos, más directos, que la obligaron a huir a Nueva York como última resistencia y hasta allí la siguió el poeta. La obsesión llegó hasta el punto de tener que casarse con él, hecho que sucedió en la iglesia católica de St. Stephen en marzo de 1916. Durante la travesía en barco por el Atlántico, Juan Ramón descubrió el mar, un golpe tan contundente como el que le produjo el amor. De esa experiencia salió uno de sus mejores libros, Diario de un poeta recién casado, la ida y vuelta de un fino alcotán en busca y captura de su amada, el viaje de novios a Boston y el regreso a España con todos los vaivenes del corazón.



A partir de ese momento el gozoso tormento de Zenobia consistiría en atemperar su admiración por el poeta al carácter agrio, enfermizo y atravesado del hombre que no hacía sino cortarle las alas. Juan Ramón no hallaba inspiración sino en la quietud y el silencio. El poeta hilaba los versos de oro en una habitación acolchada sin poder soportar a su alrededor ni siquiera las risas de Zenobia con sus amigas y para mantenerlo incontaminado e inmune a las adherencias de la vida vulgar la mujer se impuso la obligación, como un destino, de buscarle la subsistencia. Montó una tienda de objetos populares conseguidos de anticuarios de los pueblos de Castilla, se dedicó a decorar apartamentos para alquilarlos a diplomáticos extranjeros y ella misma fregaba las escaleras. Cuando le preguntaban por Zenobia, el poeta contestaba no sin cierta displicencia: "Por ahí anda, entretenida con sus pisos". Después de traducir a Tagore al inglés la mujer había dejado de escribir. Había sacrificado el propio talento literario al de su marido, sin duda más elevado, y en adelante se limitó a enmascarar la amargura que le producían sus continuas depresiones con la propia alegría innata, siempre dispuesta a levantar el ánimo de aquel ser misántropo que le había tocado en suerte.



A partir del exilio de la Guerra Civil Zenobia comenzó a escribir sus diarios, que inició en La Habana en 1937 y que ya no dejó hasta pocos días antes de su muerte. En sus páginas escritas en inglés y en castellano da cuenta de sus quehaceres cotidianos, zurcir la ropa, recibir clases de cocina, ahorrar hasta el último centavo, salir de compras, visitar las cárceles, enseñar a leer y a escribir a las presas mientras Juan Ramón se pasaba el día tirado en la cama. "A Juan Ramón no se le puede dejar solo en absoluto. ¡Él es queridísimo aunque me vuelva loca!". Un día tiene que comprar un hornillo eléctrico porque J. R. tiene frío por la noche y le dura hasta la mañana, otro día ya no puede más y está dispuesta a abandonarlo. Reconoce que haber nacido con la disposición de J. R. ante la vida es un serio problema para su vitalismo porque él solo encuentra alivio parcial en el aislamiento. De La Habana a Nueva York, luego a Miami, hasta recalar en Puerto Rico solo para que se sintiera a gusto al oír el sonido de su idioma. Zenobia se había llevado al exilio un cáncer contraído en 1931. Fue operada en Boston. En las sucesivas recaídas ya no pudo ser atendida por los médicos amigos. Prefirió seguir a Juan Ramón, vencida su última rebeldía. Murió en la clínica Mimiya de Santurce en San Juan de Puerto, el 28 de octubre de 1956, tres días después de enterarse de que le habían concedido el Premio Nobel a su marido. Antes, en el lecho de muerte, con una rosa blanca en la mano había dado las instrucciones oportunas para el bienestar futuro de su poeta.

El Cid campea... en papel y en Internet

La RAE fija su canon de literatura clásica en español a través de 111 títulos - Es la primera compilación que ofrecerá una versión digital de obras maestras



TEREIXA CONSTENLA - Madrid






EL PAÍS - Cultura - 05-01-2011

Ha tardado más de dos siglos, pero finalmente la Real Academia Española (RAE) cumplirá uno de sus deberes a lo grande. A partir de febrero comenzará la publicación de su Biblioteca Clásica, una serie con las mejores obras de la literatura española, que arranca con un hito de la épica medieval -el Cantar de Mío Cid- y se cierra con el magistral fresco rural de Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán.



Es la primera vez que la institución se embarca en una aventura semejante, aunque de forma discontinua se habían lanzado ediciones señeras de algunas obras maestras. Han sido las editoriales las que hasta ahora habían emprendido la tarea de compilar las joyas del español. El hecho de que sea la Academia la que apadrina esta Biblioteca Clásica, el canon de la literatura en español, le confiere una especial trascendencia.



"Uno de los artículos de los Estatutos señala como una de las obligaciones de la Academia la publicación de obras clásicas en ediciones esmeradas y accesibles", expone Francisco Rico, el académico y catedrático de la Universidad de Barcelona que ha coordinado la colección. "La Academia lo había intentado cumplir, había empezado con algunas obras, pero en general se había incumplido con esta obligación", añade.



Rico ha seleccionado los 111 títulos que componen la colección sin notables quebraderos. "No es difícil, hay un consenso universal. Un clásico es un libro de otro tiempo que sigue teniendo un valor en nuestro tiempo". Más inusual es encontrar en colecciones similares algunos títulos de la etapa colonial española como Tradiciones peruanas, una obra en la que Ricardo Palma ya en el siglo XIX entretejía ficción y realidad en relatos publicados en periódicos y revistas, o María, la novela cumbre del colombiano Jorge Isaacs.



Pero hay otro aspecto de la colección, que editará Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg y que financia la Fundación La Caixa, que la distingue de iniciativas anteriores. Los clásicos no solo tendrán versión impresa, también podrán descargarse versiones digitales de libre acceso y textos para dispositivos electrónicos, que estarán disponibles desde el portal de la RAE. "Habrá PDF con las obras que se podrán descargar libremente y textos cortos para iPhone para leer en el metro", explica Francisco Rico. La oferta digital irá rotando 12 obras en la web de la institución.



A mediados de febrero saldrán a la venta los primeros títulos: el Cantar de Mío Cid, Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo; Gramática sobre la Lengua Castellana, de Antonio de Nebrija; la Historia verdadera de la conquista de Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo; y La vida del Buscón, de Quevedo.



Este año se publicarán ocho títulos, según el acuerdo firmado entre el director de la RAE, Víctor García de la Concha, y el presidente de la Fundación La Caixa, Isidro Fainé. La aventura editorial es también novedosa para la entidad. "No sé si fue primero el hambre o la gana de comer", bromeaba ayer el director general de la Fundación La Caixa, Jaime Lanaspa. "La RAE tenía ese proyecto en mente que encaja totalmente en nuestras líneas estratégicas", añade.



La pertenencia de Isidro Fainé al Patronato de la Fundación pro Real Academia Española despejó el camino. Jaime Lanaspa calcula que la entidad destinará alrededor de 750.000 euros al proyecto, que finalizará en 2015.



Cada volumen arrancará con una breve introducción de tres páginas, al que seguirán el texto literario, los estudios críticos y las notas complementarias. La Academia aprovecha para incorporar a la colección algunos estudios ya realizados, aunque se actualizan para esta serie. "No partimos de cero, hay que partir de ediciones anteriores, que son mejoradas", comenta Francisco Rico. Medio centenar de trabajos críticos han sido ya publicados en otras colecciones, pero la mayoría de las obras tendrán trabajos de nuevo cuño.











Algunas de las estrellas de la RAE



- Anónimos ilustres: Cantar de Mío Cid, Libro de Alexandre, Romancero, Lazarillo de Tormes, El Abencerraje.



- Selección poética: Jorge Manrique, Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, Luis de Góngora, San Juan de la Cruz, Sor Juana Inés de la Cruz, Rosalía de Castro o Gustavo Adolfo Bécquer.



- Teatro: Juan del Encina, Fernando de Rojas (La Celestina), Lope de Vega (El perro del hortelano, La dama boba, Fuente Ovejuna, Peribáñez o el comendador de Ocaña), Gil Vicente, Tirso de Molina (El burlador de Sevilla), Calderón de la Barca (La vida es sueño, La dama duende, El alcalde de Zalamea), Duque de Rivas (Don Álvaro o la fuerza del sino), Leandro Fernández de Moratín (El sí de las niñas, La comedia nueva), José Zorrilla (Don Juan Tenorio).



- Algunas aportaciones de la novela del siglo XIX: Benito Pérez Galdós (Fortunata y Jacinta, Miau, Trafalgar, La corte de Carlos IV), Leopoldo Alas 'Clarín' (La Regenta), Emilia Pardo Bazán (Los pazos de Ulloa), Juan Valera (Pepita Jiménez), José María de Pereda (Peñas arriba), Jorge Isaacs (María), Fernán Caballero (La gaviota).

lunes, 3 de enero de 2011

Pedro Páramo - Juan Rulfo


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Juan Rulfo

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Blas de Otero


Blas de Otero Muñoz (Bilbao, 15 de marzo de 1916 - Majadahonda (Madrid), 29 de junio de 1979) fue uno de los principales representantes de la poesía social de los años cincuenta en España.

Artículo de Wikipedia - Blas de Otero - audiolibro (ivoox) por Cristina Cardoso - Comentarios en powerpoint (materiales de lengua y literatura) - Blas de Otero en materiales de lengua y literatura - "La obra poética de Blas de Otero" por Fernando Carratalá - "Blas de Otero: Nuevas lecturas críticas", en  Revista Ínsula., Número 676-677, Abril/Mayo 03 por JUAN JOSÉ LANZ - "La poesía de Blas de Otero" y comentario del poema "Hombre" por educamadrid - A media voz - Imágenes de Blas de Otero - Books Google - Fundación Blas de Otero - wikiquote - Blas de Otero: características y temática de la obra oteriana en La Letra por la onda viaja - "La serenidad lúcida de Blas de Otero" publicado en El País - La poesía social de Blas de Otero en porfes.net (Fernando Carratalá) - Vídeos sobre Blas de Otero - "En castellano, de Blas de Otero, veinticinco años después (1959-1984)" por Emiliano LUNA MARTIN (UCM) - artepoetica.net - Antología poética de Blas de Otero por el Centre d'Estudits Jaume Balmes



Ancia - Blas de Otero


domingo, 2 de enero de 2011

Güisqui no gustó, ¿gustará pirsin?

Los extranjerismos enriquecen el léxico español aunque amenazan la coherencia de la ortografía - La RAE trata de adaptarlos, pero el uso manda



JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS






EL PAÍS - Sociedad - 02-01-2011

Usted elige: Un friki con pirsin dentro de un yacusi escucha yas y bebe güisqui. O bien: Un freaky dentro de un jacuzzi escucha jazz y bebe whisky. La nueva Ortografía de la Real Academia Española ofrece la primera fórmula para adaptar a la escritura española toda una colección de términos de importación. Pero la RAE propone y los hablantes disponen. El uso es el que libera a las palabras de la cursiva y las integra en el caudal léxico de una lengua sin pedirles el pasaporte. "El tiempo es maestro", decía en el siglo XV el primer gramático castellano, Antonio de Nebrija.



¿Qué tienen en común palabras tan castizas como jamón, charlar, aceite, bloque o, sin ir más lejos, español? Que todas son de origen extranjero. De hecho, los primeros en usar la palabra español, tomada del provenzal, fueron los inmigrantes francos que vivían en Aragón y Castilla a finales del siglo XII. El término había nacido un siglo antes para designar a los hispano godos que habían cruzado los Pirineos buscando refugio tras la invasión árabe. Durante un tiempo llegó incluso a rivalizar con la forma españón, un gentilicio en la estela de bretón y gascón. Jamón, por su parte, desbancó a la primitiva forma castellana pernil -que subsiste en catalán-, porque los hablantes prefirieron para la pierna de cerdo la derivación del jambe francés (jambon), que la más remota de perna latina.



La base del español procede mayoritariamente del latín, introducido en la península Ibérica a finales del siglo III a. C., durante la romanización. Si a la aportación latina se le suman algunas palabras de origen prerromano -que estaban aquí- y otras de origen germánico -que llegaron con los godos-, ya tenemos el llamado léxico patrimonial, es decir, el que nació con la lengua. Mejor dicho, con el que la lengua nació.



Si a eso se le añade el llamado léxico adquirido, fruto de las aportaciones de otros idiomas, se completa la fotografía del vocabulario español. El diccionario de la RAE contiene 88.000 palabras. Según los filólogos, el léxico total de una lengua se calcula añadiendo un 30% al recogido en los diccionarios. Con todo, el hecho de que una palabra salga del DRAE no supone su desaparición total. Así, el Diccionario histórico, en proceso de elaboración, cuenta con unas 150.000 entradas.



Cada época tiene sus extranjerismos. El Renacimiento fue el tiempo de los italianismos, la Ilustración fue el de los galicismos y la actualidad es, sin duda, el de los anglicismos. Sus entradas en nuestro vocabulario no se llevaron a cabo sin traumas. Es ya un clásico de la tensión lingüística la crítica de escritores del siglo XVIII, como Iriarte y Cadalso, a la llegada desde Francia de vocablos como detalle, favorito, interesante o intriga. ¿Cuántos hablantes reconocerían hoy su procedencia?



Salvador Gutiérrez Ordóñez, ponente de la nueva Ortografía, elaborada por la asociación que reúne a la RAE y a las 22 academias de América y Filipinas, resume el camino que lleva a un extranjerismo de la calle al diccionario: "La norma es que si se puede adaptar sin modificación alguna se integre directamente si tiene uso. Si su incorporación necesita un cambio, lo habitual es que pase al diccionario cuando haya una adaptación o bien a la pronunciación o bien a la ortografía españolas". A la pronunciación se adaptó bafle. A la ortografía, béisbol.



Con todo, la palabra clave es uso, la prueba de fuego de cualquier término sea cual sea su origen. "La Academia tiene unas normas generales para el léxico", explica José Manuel Blecua, que el pasado 16 de diciembre relevó a Víctor García de la Concha en la dirección de la RAE. "Se examina una época -los 10 últimos años- con documentación tomada de varias fuentes y, a ser posible, de diferentes países de habla hispana. También se tiene en cuenta el registro en que se usa: que se utilice en la lengua culta, que tenga presencia en la prensa... Es muy interesante la información que dan los suplementos dominicales de los periódicos. Reúnen la efervescencia de la lengua en toda su variación". A esto hay que sumar los movimientos de ida y vuelta de la propia RAE: "Se quitó la pe de psicología y luego nos dimos cuenta de que en la escritura la pe seguía vivísima".



Todas las palabras tienen doble vida: una oral y otra escrita.Los extranjerismos, durante mucho más tiempo. "Ese es el problema de los préstamos en todas las lenguas, el problema de pirsin, por ejemplo", dice Blecua. Dado que para la codificación interesa la vida escrita, las dudas están servidas. A veces por el lado de la escritura, a veces por el de la oralidad. En España se pronuncia fútbol y vídeo lo que en Latinoamérica es futbol y video. "La variación es connatural con las lenguas", subraya el director de la RAE. "A los hablantes les cuesta mucho entenderlo, pero es así".



Más que cualquier otro código, el pilar de la unidad de la lengua es la ortografía, que se sobrepone a la variedad léxica -pileta, piscina, alberca- y a fenómenos fonéticos como el seseo -García Márquez y Juan Marsé escriben igual cien aunque cada uno lo pronuncie de forma diferente-. En aras de esa unidad y consciente de que un sistema no puede mantenerse plagado de excepciones, la Academia propone siempre que se respeten las normas de adaptación de los extranjerismos aunque a veces lleve al límite el principio básico de cualquier idioma: la comunicación. ¿Qué demonios es un disco de yas?



"Admitir jazz sin cursiva significa que la jota tiene una nueva pronunciación", explica Salvador Gutiérrez Ordóñez, que sostiene que la forma yas está documentada. No obstante, sin tono apocalíptico, añade: "No digo que eso no ocurra. De hecho, vamos camino de ello porque estamos rodeados del inglés, el italiano, el catalán, el vasco. Ahí están palabras como jazz mismo, pero también Giovanni, Joan y Jon. Es tal la avalancha que es muy posible que eso ocurra aunque la RAE siga luchando por la adaptación".



Como recuerda él mismo, ese doble sonido ya se da con la w, que tiene una pronunciación como be -wolframio, Wagner- y otra como u, sobre todo para las palabras de origen inglés -de web a waterpolo pasando por sándwich, que, por cierto, hasta 1927 no se impuso oficialmente al suculento emparedado. La última fórmula, además, es una alternativa relativamente reciente a adaptaciones exitosas como las que dieron lugar a váter y vagón.



La w fue, también, la protagonista de uno de los casos más extravagantes de tensión entre norma y uso. La palabra whisky no entró en el diccionario académico hasta 1984, aunque entonces, como hoy mismo, remitiera a güisqui. Y todo a pesar de que en 1963 empezó a comercializarse en España el popular DYC segoviano, que, bien es cierto, multiplicó su producción en los años ochenta.



Whisky es un extranjerismo (tomado del inglés) procedente de otro (tomado del gaélico uisce beatha, agua de vida) que se resiste en las estanterías de los bares a los consejos de la Academia. Consejos que, en el caso de güisqui, Gutiérrez Ordóñez considera fruto de un exceso de celo porque "la w y la k pertenecen a nuestro alfabeto". Efectivamente, la w fue la última letra en incorporarse al abecedario del español. Lo hizo oficialmente en la Ortografía de 1969, aunque ya en la Edad Media se empleaba para escribir nombres propios de origen germánico como el del rey godo Wamba, también transcrito como Bamba.



De ahí que la recentísima edición de la Ortografía proponga la forma wiski. "Hubiera sido lo más fácil desde el principio", afirma el ponente de la obra. "Hay que optar por una escritura española que sea lo más cercana a la palabra de origen. Si no, los hablantes no aceptan la adaptación". ¿Tiene wiski alguna posibilidad de asentarse? "No todo está perdido: en el propio inglés se dice whisky y whiskey. Si no se populariza wiski, se seguirá escribiendo en cursiva".



Hay dos fenómenos que juegan en contra de la popularización de las recomendaciones académicas, que, pendientes de la bendición por el uso, tratan de conciliar la etimología con el precepto de escribir como se habla. Esos dos fenómenos son la alfabetización universal y la globalización. Las lenguas están ahora menos solas que nunca. Es posible que la forma yas esté documentada; más raro sería que el documento fuese un disco de jazz o el cartel de un festival. Además, la globalización lingüística -potenciada por los medios de comunicación- tiene un matiz psicológico que derriba fronteras.



Según José Antonio Pascual, coordinador del Diccionario histórico, "los hablantes se resisten porque, cuando apareció, el whisky era una bebida muy moderna en comparación con el coñac. Beber güisqui suena más rancio, como si fumaras Güinston. Te separas demasiado de las otras lenguas. Además, ningún fabricante quiere usar güisqui en sus etiquetas. Su licor parecería peor, una imitación. Bastaría leerlo para decir: uy, este es el español".



Ese resorte de postín es el que prefiere croissant a cruasán, pero también el que importó un término como restaurante, que ingresó en el diccionario académico en 1803 en el sentido de "el que restaura" y solo en 1925 incorporó, en su segunda acepción, el concepto de "establecimiento donde se sirven comidas". "Era una palabra que estrictamente no hacía falta", explica Pascual. "Estaban las casas de comida y los mesones, pero sonaba más fino, como ahora brasserie, un lugar que en Francia no es ni mejor ni peor que un restaurante".



Además, la forma española de algunas palabras de origen extranjero varía según las generaciones. Así, en los años noventa del siglo pasado Disney propuso a los nietos del mundo hispanohablante que llamaran Aladín al mismo personaje que sus abuelos llamaban Aladino. A la vez, las retransmisiones de la NBA pusieron poco a poco en circulación el original basket para algo que desde 1947 se llama baloncesto. Y algo parecido sucede con el baile de Mao Tse-tung a Mao Zedong y de Pekín a Beijing. "Ninguna de esas formas es de origen español", dice José Antonio Pascual. "Una es la transliteración a través del francés y la otra, a través del inglés. Ahora los chinos prefieren el inglés".



A todo ello hay que añadir el capítulo de batallas perdidas. Una de ellas empezó a librarse en 1984 cuando el diccionario de la RAE incluyó mercadotecnia como traducción del rutilante marketing. "Esa batalla estaba perdida de antemano", reconoce Gutiérrez Ordóñez. "Hay palabras que no cuesta nada admitir. Marketing se usa en todo el mundo, hasta en japonés creo. Era un concepto nuevo y la palabra no existía en español". Tal vez la adaptación ortográfica del préstamo hubiera tenido más suerte que la creación de un término nuevo. Ya se dio entre fútbol y el calco balompié. Por dejar a márquetin en el banquillo, el marketing barrió a la mercadotecnia.



Tanto el nuevo director de la RAE como el coordinador de la Ortografía han formado parte de la comisión académica de lenguaje científico y técnico, que se reúne en la sala Lázaro Carreter. Allí cuenta José Manuel Blecua que un término como pendrive ha sido objeto de un largo informe pero que todavía está en cuarentena: "El uso es el que estabiliza una denominación. Por mucho que la Academia se intente adelantar y llamarlo, por ejemplo, lapicero o memoria USB, si la gente lo llama pendrive... Lo que puede hacer la RAE es, por un lado, ver por dónde van a ir los tiros y orientar hacia una de la soluciones; por otro, reconocer que los tecnicismos los hacen los técnicos". Es lo que ha hecho al recomendar libro electrónico frente a ebook.



La Academia Española es, como su nombre indica, Real. Es decir, reina pero no gobierna, propone pero no impone. Aunque los libros de texto suelen seguir sus indicaciones -hace años, por ejemplo, que no acentúan solo-, atrás quedaron los tiempos en que su poder era ejecutivo. Como se recordó en la presentación de la Ortografía que propone Catar y mánayer, un grupo de maestros madrileños se constituyó en 1843 en Academia Literaria y Científica y acordó una reforma radical de la ortografía que se empezó a enseñar en las escuelas. Al año siguiente, para atajar la segregación, Isabel II declaró oficial el Prontuario de la RAE. Hoy una ortografía por decreto sería imposible. Pirsin o piercing, usted elige.






Así se adapta una palabra importada



- Escribir como se habla.



En 1492, el mismo año en que Cristóbal Colón llegó al Caribe para traer a Europa el primer americanismo -canoa-, Antonio de Nebrija publicó su Gramática castellana, la primera de una lengua romance, es decir, derivada del latín. En sus Reglas de orthographía, Nebrija formuló el principio que, más de 500 años después, todavía sirve de columna vertebral al sistema ortográfico español: "Assi tenemos de escribir como pronunciamos i pronunciar como escribimos".



- De beefsteak a bistec.



Junto a la etimología de una palabra y a su uso diario, el principio fonético -escribir como se habla- es la ley de oro que ha hecho del español una lengua de ortografía relativamente simple en comparación con sus vecinas: en francés, por ejemplo, una palabra puede llevar hasta tres acentos gráficos. Además, la cercanía entre pronunciación y escritura es la base para la adaptación de cualquier extranjerismo, un proceso que la nueva Ortografía de la RAE detalla en torno a tres posibilidades: 1) Asimilar los fonemas del vocablo original inexistentes en español a los más próximos de nuestro sistema (del francés flèche >flecha; del inglés shoot >chute). 2) Modificar o simplificar grupos de letras y pronunciaciones ajenas a nuestro idioma, o estructuras silábicas de difícil articulación, para sustituirlas por las que resultan más naturales en español (del nahua tzictli >chicle; del inglés beefsteak >bistec). 3) Pronunciar las letras presentes en la lengua original con el valor fonológico que tienen en español (del italiano ciarlare >charlar; del francés bidet >bidé).



- De judo a yudo.



Siguiendo esos criterios, la nueva Ortografía propone adaptaciones como yudo, sexi, mánayer, cáterin y pirsin en lugar de judo, sexy, manager, catering y piercing. Estas formas pueden, naturalmente, seguir usándose, pero deberán escribirse en cursiva. El tiempo y los hablantes dirán si prefieren el criterio de la Real Academia Española o el de la Real Federación Española de Judo.

Hijos de la ira - Dámaso Alonso




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Dámaso Alonso

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Libro de las alucinaciones - José Hierro

 De momento, no se puede disponer de la obra entera. Si estáis interesados en este autor, pedidme información

La poesía posterior a la guerra civil

De Wikillerato


La poesía española a partir de 1936: de la posguerra a la Generación del 50. Tendencias, rasgos principales, autores y obras más significativas.









Tabla de contenidos
1 PANORAMA GENERAL DE LA POESÍA TRAS LA GUERRA

2 MIGUEL HERNÁNDEZ Y LA POESÍA DEL EXILIO

2.1 MIGUEL HERNÁNDEZ, EPÍGONO DE LA G. DEL 27

2.2 LA POESÍA EN EL EXILIO

3 LA POESÍA DE LOS AÑOS 40. LA GENERACIÓN DEL 36

3.1 LA POESÍA ARRAIGADA

3.1.1 El grupo de la REVISTA “ESCORIAL”

3.1.2 El grupo de la REVISTA “GARCILASO”

3.2 LA POESÍA DESARRAIGADA

3.3 TENDENCIAS MINORITARIAS DE LOS AÑOS 40

4 LA POESÍA SOCIAL DE LOS AÑOS 50

4.1 BLAS DE OTERO

4.2 GABRIEL CELAYA

4.3 JOSÉ HIERRO

5 LA POESÍA DE LOS AÑOS 60 O POESIA DE LA GENERACIÓN DEL 50

5.1 Introducción

5.2 Características

5.3 Poetas más relevantes

5.3.1 José Ángel Valente

5.3.2 Ángel González

5.3.3 Jaime Gil de Biedma





PANORAMA GENERAL DE LA POESÍA TRAS LA GUERRA

Entre 1936 y 1939 se desarrolló una literatura de propaganda ideológica: el poema se convirtió en un arma de lucha. Desde el fin de la guerra hasta la actualidad, la poesía ha atravesado por momentos muy dispares: las circunstancias histórico-sociales de la vida española han determinado las distintas orientaciones.



Década de los cuarenta. En esta década, prosperó una línea poética de exaltación nacionalista y de evasión de la realidad: la del garcilasismo y la generación del 36 (poesía arraigada). Junto con ella, la poesía existencial expresaba la angustia vital del hombre, la poesía desarraigada de la revista Espadaña.

Década de los cincuenta. Triunfó la poesía social, erigida en arma ideológica y de denuncia de las injusticias.

Década de los sesenta. El grupo de la Generación del 50 (años 60) buscaba nuevos caminos estéticos. La poesía se centró en lo individual, aunque relacionado con lo social.

Inicios de los setenta. La poesía de los novísimos proponía una literatura esteticista, que a la vez incorporaba la cultura de masas.

Desde 1975 hasta la actualidad. En la poesía actual, las orientaciones se han multiplicado, pero se observa una tendencia a abandonar el esteticismo de los antecesores.

MIGUEL HERNÁNDEZ Y LA POESÍA DEL EXILIO

MIGUEL HERNÁNDEZ, EPÍGONO DE LA G. DEL 27

Se le considera epígono del 27 y enlace con los poetas de posguerra. Los temas predominantes en la poesía de Miguel Hernández muestran una lírica llena de sentimientos humanos: el amor, la vida, la muerte, la denuncia de la opresión y de la falta de libertades. En su corta trayectoria poética se distinguen cuatro etapas:



Primeras composiciones enraizadas en la tradición culterana. Perito en lunas, obra que refleja la influencia de Góngora.

Poesía amorosa. La obra más representativa es El rayo que no cesa (1934-1935). La mayor parte de los poemas son sonetos y la impresionante Elegía a Ramón Sijé.

Poesía social y de compromiso. Su poesía adopta un tono combativo. Sus dos obras más destacadas son Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1937-1939).

Poesía de los últimos años. Escribe en la cárcel la mayor parte del Cancionero y romancero de ausencias, obra que destaca los temas del amor, del dolor y la desesperanza por la ausencia de la esposa y del hijo.







LA POESÍA EN EL EXILIO

La Guerra Civil y la dictadura provocaron el exilio de numerosos artistas. Entre ellos: Salinas, Cernuda, Guillén, Alberti, Altolaguirre y Prados. También Juan Ramón Jiménez compuso en el destierro sus últimas obras. Los poetas del exilio siguieron caminos diversos, pero en las producciones de todos ellos sobresale, cargado de angustia, el tema de España.



Como poeta destacado señalamos a León Felipe con sus obras: Versos y oraciones del caminante, Drop a Star y Español del éxodo y del llanto.









 LA POESÍA DE LOS AÑOS 40. LA GENERACIÓN DEL 36

Componen este grupo los poetas nacidos entre 1909 y 1922, que padecieron la guerra en plena juventud. Tras la guerra, se marcan las dos grandes tendencias poéticas de los años cuarenta: poesía arraigada, que se manifiesta en forma de neoclasicismo garcilasista, y poesía desarraigada o existencial, de tono trágico y expresión más sencilla.









 LA POESÍA ARRAIGADA

Esta poesía se caracteriza por la expresión ordenada y la preferencia por las formas clásicas. Los temas son el paisaje, el amor, el firme sentimiento religioso, España y Castilla, temas cotidianos, gestas heroicas, etc. Los poetas de la poesía arraigada se agrupan en torno a dos revistas: Escorial y Garcilaso.









El grupo de la REVISTA “ESCORIAL”

Fundada en 1940 por Dionisio Ridruejo. Está compuesto por Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero y Dionisio Ridruejo. Se caracterizan por una vuelta al intimismo y a una poesía arraigada con la tierra natal, la familia y Dios. Formalmente, se muestran clasicistas y sienten predilección por el soneto. El lenguaje poético es sencillo. Destacamos La casa encendida de Luis Rosales y Escrito a cada instante de Leopoldo Panero.









 El grupo de la REVISTA “GARCILASO”

Fundada en 1943 por José García Nieto y en torno a ella se agrupan: Jesús Juan Garcés, Jesús Revuelta, Pedro de Lorenzo y el propio García Nieto. Se trata de una poesía oficial al servicio del régimen. José García Nieto es la figura más destacada. En sus primeros libros se aprecia una poesía amorosa (Víspera hacia ti, Tú y yo sobre la tierra). Posteriormente, evoluciona hacia un mayor intimismo: Geografía es amor.









LA POESÍA DESARRAIGADA

Surge en 1944 tras la publicación de dos importantes obras: Sombra del paraíso, de Vicente Aleixandre e Hijos de la ira, de Dámaso Alonso y el nacimiento la revista Espadaña ese mismo año, fundada por Victoriano Crémer, Eugenio de Nora y Antonio G. de Lama. En los temas aparece una religiosidad conflictiva, llena de dudas y desesperación, que se expresa mediante invocaciones a Dios como responsable del dolor humano; también se refleja el tema del hambre, la represión, la injusticia, etc. Dentro de este grupo, podríamos citar a: Victoriano Crémer, en Tacto sonoro (1944) y Caminos de mi sangre (1946). Gabriel Celaya, en Tranquilamente hablando (1947). José Hierro Tierra sin nosotros (1947) y Alegría (1947). Blas de Otero, en Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951). Eugenio de Nora, con Pueblo cautivo (1946).









 TENDENCIAS MINORITARIAS DE LOS AÑOS 40

Al mismo tiempo surgen movimientos minoritarios que serán relevantes más tardíamente: el vanguardismo de los postistas y el esteticismo del grupo Cántico.









 LA POESÍA SOCIAL DE LOS AÑOS 50

En torno a 1950 la poesía existencial evoluciona hacia la poesía social, se pasa de expresar la angustia individual a manifestar la solidaridad con los demás. Esta poesía pretende mostrar la verdadera realidad del ser humano y del país. Es un medio para cambiar la sociedad. Los temas son la alienación, la injusticia y la solidaridad. Es decir, plantea temas que afectan a la colectividad más que al propio poeta. El estilo es sencillo, cercano al lenguaje coloquial, a veces prosaico y muy expresivo, pues pretende llegar a la inmensa mayoría.



Los más destacados poetas sociales fueron Blas de Otero, Gabriel Celaya y José Hierro.









BLAS DE OTERO

Su poesía refleja la evolución de la poesía en esa época: del existencialismo desarraigado, a la poesía social comprometida y la renovación poética.



Su primera etapa existencial queda recogida en Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951), que más tarde fusiona bajo el título de Ancia (1958). El poeta se interroga sobre el sentido del mundo, el destino del ser humano, la soledad y la angustia frente a la muerte.

La segunda etapa de poesía social se inicia en 1955 con Pido la paz y la palabra, y abarca En castellano (1959) y Que trata de España (1964). Es una poesía de testimonio y denuncia que plantea la solidaridad con los que sufren y el tema de España.

Tercera etapa a partir de los años sesenta, búsqueda de nuevas formas. Obras: Mientras (1970) e Historias fingidas y verdaderas (1970).

GABRIEL CELAYA

Su primera etapa se abre con Tranquilamente hablando (1947) y Las cosas son como son (1949), poesía existencial.

La segunda etapa entra de lleno en la poesía social. Publicó Las cartas boca arriba (1951) y Cantos íberos, entre las obras más significativas.

Su tercera etapa muestra una poesía que adquiere un tono filosófico. Penúltimos poemas (1982).







JOSÉ HIERRO

José Hierro es una de las figuras más destacadas en el ámbito de la poesía social de los años cincuenta. Desde sus primeros libros -Tierra sin nosotros (1947), Alegría (1947)- está presente el paso del tiempo y las pérdidas que produce. Con Quinta del 42 (1952) y Cuanto sé de mí (1957), Hierro se aproxima a la poesía. Con Libro de las alucinaciones (1964) se inicia su última etapa, en la que se hablará vagamente de emociones que la acercan a la poesía de la experiencia de los años 60.















LA POESÍA DE LOS AÑOS 60 O POESIA DE LA GENERACIÓN DEL 50

 Introducción

Este nuevo grupo de poetas, nacidos entre 1924 y 1936, y unidos entre sí por lazos de amistad, comienza a publicar a finales de la década de los cincuenta. Son «los niños de la guerra». Rechazan la intención política de la poesía anterior. Se interesan más por lo personal; en sus textos cobra mayor importancia el elemento autobiográfico.



La nómina de la promoción de los sesenta es muy extensa. Podemos señalar como autores más representativos a Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, José María Valverde, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Francisco Brines, Félix Grande, Carlos Sahagún y Claudio Rodríguez.









 Características

Temas: vida cotidiana de un hombre urbano, amistad, amor, trabajo, infancia o la adolescencia paradisíaca, etc.

Estilo: el tono coloquial se depura y se eleva a un nivel artístico; se busca un estilo personal y más poético que el de la poesía social.

Poetas más relevantes

José Ángel Valente

Autor único, ajeno a toda tendencia establecida, aunque su poesía está marcada por el intimismo. Etapas:



Años 50: etapa personal. A modo de esperanza.

Años 60: La memoria y los signos: contiene referencias culturales y sociales.

Años 70: hace una poesía protagonizada por la condensación y la síntesis. Se inspira en la filosofía oriental.

Mandorla (1982): influencia de Paul Celan: consta de 4 secciones.

Poemas con fuerza erótica.

Otras partes: son las más herméticas. Es un “ars poética” basado en la retórica de la nada y del silencio.

El fulgor (1984).

Fragmentos de un libro futuro (2000).

Ángel González

En los años cincuenta se había inclinado por la visión crítica de Áspero mundo (1956). Esta tendencia continúa en Grado elemental (1962) y Tratado de urbanismo (1967) y responde a un compromiso ético tanto desde las vivencias personales como desde el testimonio social y de queja. En 1968, reunió su obra en Palabra sobre palabra, donde aborda el tema amoroso.



Jaime Gil de Biedma

El autor que mejor ilustra el cambio poético de los años sesenta. Su poesía está basada en experiencias personales evocadas desde la distancia que impone el paso del tiempo. Sus poemas incorporan su vida cotidiana y privada, pero desde la mirada escéptica de un yo observador. Combina el lenguaje conversacional y antirretórico con la expresión precisa y elegante.



En Las personas del verbo (1975), Gil de Biedma agrupó estos tres libros:



Compañeros de viaje (1959). Es un conjunto de instantes de la vida del poeta, a través de la forma coloquial (recuerdos, infancia, tertulias, amistad). Dedica sus poemas a un “tú” (a alguien). Se nos muestra como un joven lleno de temores. Obra de claro matiz político. En Infancia y confesiones hace un homenaje a Machado por su “retrato”.

Moralidades (1966). Es una clara denuncia a la hipocresía, el sometimiento de una España oprimida, la opresión a la que la sociedad sometía a la mujer, también a los camaradas políticos, etc.

Poemas póstumos (1968). La vejez, antesala de la muerte, es signo de deterioro frente al recuerdo de una juventud llena de vida y expectativas. Destacan sus poemas “Contra Jaime Gil de Biedma” y “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma”. En “No volveré a ser joven” reconoce la falsedad de la vida ilusoria y acepta la realidad.

Además, publicó A favor de Venus (1965), un conjunto de poemas amorosos, de fuerte carga erótica, en los que deja de lado los convencionalismos.

José Hierro


Otros enlaces de interés:




    jueves, 30 de diciembre de 2010

    Guía de Lectura de Tres sombreros de copa

    Guía de lectura

    ¿Por qué no se acentúa guion?

    La Ortografía de la lengua española en su versión de 2010 trae algunas novedades. Una de las que han armado más revuelo es que se dejan de acentuar gráficamente un puñado de palabras que tradicionalmente tenían tilde, como guion, hui, truhan, fie, pie (del verbo piar), lie, rio, lio, riais, Sion, ion, etc. (Ortografía, pp. 225, 235-236).




    En realidad, la novedad no es tanta. Ya en la edición de 1999, la Academia aceptaba la doble grafía, con y sin tilde, para todas estas palabras. El único cambio en la actual es que esa tilde, que antes era facultativa, se elimina definitivamente.



    Lo que se busca con esto es ganar en regularidad. No conviene perder de vista que, por muy acostumbrados que estuviéramos, la acentuación de estas palabras constituía una anomalía dentro del sistema de uso de la tilde, puesto que ortográficamente se deben considerar monosílabas con independencia de que unos hablantes pronuncien “guion” (en una sílaba); y otros, “gui-on” (en dos).



    Las reglas de acentuación se basan en una serie de convenciones que se pueden apartar ocasionalmente de lo que efectivamente se pronuncia. El caso que nos ocupa no pasa de ser uno más de los desajustes entre escritura y pronunciación que salpican nuestra ortografía. Si no nos extraña que hola se escriba con hache, tampoco nos debería sorprender que, convencionalmente, consideremos guion monosílabo (de hecho, lo es para muchos hispanohablantes, insisto).



    La convención general de la que se deriva la falta de tilde en guion y sus compañeros es que cuando se unen una vocal abierta (a, e, o) y una cerrada (i, u), tenemos un diptongo. A tal efecto, la presencia de una hache, como en truhan, es indiferente.



    Al aplicar de forma coherente esta convención, nos encontramos con que estas palabras son monosílabas. Y como es bien sabido, los monosílabos no se acentúan salvo casos de tilde diacrítica.



    Nuestros académicos hacen hincapié (pp. 226-227), además, en que la finalidad de la tilde no es marcar la división en sílabas, sino indicar cuál es la sílaba tónica en las palabras que la tienen.



    De este modo, al eliminar el curioso privilegio de que gozaban estos monosílabos, se consigue regularizar el conjunto, con lo que sale beneficiado el principio de economía, aunque pueda quedar maltrecha la costumbre. Nada sale gratis en esta vida.

    jueves, 23 de diciembre de 2010

    El rayo que no cesa

    Otros enlaces de interés:

    Cancionero y Romancero de ausencias (Miguel Hernández)


    Otros enlaces de interés:

    Miguel Hernández

    Otros enlaces de interés:

    El huevo y la gallina - Félix de Azúa

    ¿Por qué se deja de acentuar la conjunción 'o'?


    Una antigua regla de acentuación establecía que cuando la conjunción o aparecía entre cifras, esta se acentuaba. Con la publicación de la nueva Ortografía de la lengua española de 2010, esta tilde diacrítica queda definitivamente desterrada. A partir de ahora debemos escribir 2 o 3 sin acento ortográfico.
    Hay dos motivos que han llevado a jubilar esta vieja tilde, según se nos explica en la Ortografía académica (pp. 217-218, 270-271). En primer lugar, se ha tenido en cuenta un principio general que regula el uso del acento ortográfico en español:
    Solo las palabras tónicas son susceptibles de llevar tilde
    Pero sucede que la conjunción o es átona, es decir, carece de acento propio en la lengua oral, por lo que para pronunciarse se apoya en la palabra que viene a continuación. En consecuencia, acentuarla en secuencias como  1 ó 2 rompía este principio general y, por tanto, iba contra la economía del sistema de acentuación ortográfica del español.
    En segundo lugar, consideran los académicos que en los textos impresos o electrónicos actuales la tipografía es lo suficientemente clara como para evitar posibles confusiones. Incluso en manuscritos, basta con esmerarse un poco para que los espacios en blanco dejen claro cómo se ha de leer el texto.
    Desde un punto de vista comparativo, se puede señalar que en italiano no existe nada parecido a esa tilde diacrítica y en catalán tampoco. En estas dos lenguas románicas, esa conjunción es una simple o, como en castellano, sin que hasta la fecha se haya producido ninguna catástrofe por confundir 2 o 3 con 203.
    Por otra parte, la antigua norma daba pie a que muchas personas, por hipercorrección, se empeñaran en poner la tilde también cuando los números estaban escritos en letra: dos ó tres. Incluso, como me hace ver mi amiga Ester, había quien, aplicando una acentuación preventiva, escribía sopa ó ensalada.
    Si esta reforma contribuyera a salvar de semejantes banderillazos a esta pobre letra, bienvenida sea.
    Pero no tengamos tampoco demasiada esperanza en ello.

    [Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, Por qué se deja de acentuar la conjunción o]

    sábado, 18 de diciembre de 2010

    ¿Qué son los homónimos?

    Homónimos son palabras que comparten un mismo significante pero difieren en su significado. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con pata (ave palmípeda) y pata (extremidad de un animal). La homonimia es una forma de ambigüedad léxica.

    Como decíamos arriba, las palabras homónimas tienen que ser idénticas en su forma, pero aquí se pueden diferenciar dos planos: el de la fonología y el de la grafía. Si coinciden en la pronunciación, nos encontramos ante homófonos. Un ejemplo clásico en español es vaca (rumiante) frente a baca (soporte para transportar equipaje en el techo de un coche). Estas dos palabras se pronuncian exactamente igual, por lo que cumplen en el plano fonológico la condición de identidad del significante, que es necesaria para que podamos considerarlas homónimas. Sin embargo, difieren en su grafía, por lo que la homonimia habrá de considerarse parcial. Si también se escriben de la misma forma, las palabras en cuestión además son homógrafas y la homonimia es entonces total. Así sucede con pata (animal) y pata (extremidad), que ya se mencionaron, y también con cobre (metal) y cobre (del verbo cobrar) o con para (preposición) y para (del verbo parar). Dadas las características de la ortografía española, cuando dos palabras tienen idéntica grafía, también tienen idéntica pronunciación. Por ello, en nuestra lengua, todos los homógrafos son al mismo tiempo homófonos.

    Históricamente, la homonimia puede tener dos tipos de origen. La primera posibilidad es que se produzca una evolución fonológica convergente, que lleva a que dos palabras que se pronunciaban de maneras diferentes queden igualadas. Hoy día tenemos como homónimos don (regalo) y don (tratamiento de respeto). Los puntos de partida son diferentes y se sitúan en dos formas latinas que sufrieron una fuerte erosión de su sustancia fónica: donum ‘regalo’ y dominum ‘señor’. El yeísmo y el seseo han contribuido al aumento del número de homónimos en castellano, al menos en la lengua oral, al igualar la pronunciación de pares como pollo y poyo o cerrar y serrar.

    La segunda posibilidad es que una divergencia semántica dé lugar a significados diferentes que los hablantes dejen de percibir como vinculados. Esto fue lo que ocurrió con banco (de sentarse) y banco (de guardar el dinero… quien lo tenga). El vínculo etimológico entre uno y otro es de tipo metonímico: los predecesores de nuestros actuales banqueros hacían sus negocios en la plaza pública, adonde sacaban un banco o una mesa para atender a los clientes. Hoy se ha perdido la conciencia de este lazo histórico, por lo que parece razonable considerar que nos encontramos aquí ante dos palabras homónimas, más que ante una única palabra con significados múltiples, que es lo que se conoce como polisemia.

    Llegamos con esto a un punto espinoso, que es el de la distinción entre homonimia y polisemia. Por lo general, se suele considerar necesario para que podamos hablar de polisemia que se perciba una relación entre los diferentes significados, como ocurre en el caso de cuello, que tiene diferentes acepciones referidas a una parte del cuerpo, de las botellas o de las prendas de vestir. Aunque esas realidades son muy diferentes entre sí, todos percibimos intuitivamente que los dos últimos significados encuentran su motivación en el primero. Muy diferente es la situación entre homónimos como callo (dureza de la piel) y callo (del verbo callar), donde, claramente, no hay relación alguna más allá del hecho fortuito de que coincidan en su pronunciación y escritura. Hay que advertir, eso sí, que en la práctica no siempre resulta posible una diferenciación tajante.

    La homonimia puede dar lugar a conflictos: si la forma de dos palabras converge, estas se pueden llegar a confundir. Así, en un hogar seseante, una oración tan inocente como ¡Que me voy de caza! podría provocar una crisis en toda regla (o quizás una fiesta, ¿quién sabe?). Estos choques potenciales se pueden desactivar sustituyendo uno de los términos. Así, en las variedades seseantes del español cacería avanza a expensas de caza y puede resultar preferible cocinar las patatas antes que cocerlas (para salir al paso de confusiones con coser). A veces, la diferenciación se puede lograr mediante la grafía, aunque se mantenga la pronunciación. Un procedimiento para esto es la tilde diacrítica, que busca diferenciar en el papel el verbo dé y la preposición de. Lo mismo se consigue con la hache en el caso del sustantivo ala y la interjección hala. Asimismo, se pueden marcar distancias mediante el género (el terminal telefónico frente a la terminal del aeropuerto) o mediante el número (la esposa ‘cónyuge’ frente a las esposas ‘aros de metal’). También se puede retocar una de las formas. Hoy son muchas las personas que confunden especie y especia. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que su origen común está en el latín species con un final ligeramente modificado.

    En fin, no podemos dejar de mencionar que la homonimia puede dar lugar a juegos de palabras, como aquel que todos aprendimos de niños: “¿Usted no nada nada? Es que no traje traje”; o el de la canción de Barrio Sésamo: “Tengo una llama que Llama se llama”.

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