sábado, 30 de abril de 2011

Recuerdo del hombre que se reunía con los anónimos


Sabato en lenliblog
Sábato, muchas gracias por Winston Manrique Sabogal en Papeles Perdidos
Los claroscuros del túnel por Jorge Fernández Díaz en El País
Noticias sobre Sabato


JUAN CRUZ
ELPAIS.com - Cultura - 30-04-2011

Ernesto Sábato era un hombre triste; de tan triste parecía que esa era su naturaleza; más que su cuerpo, su mirada, sus palabras, más que todo eso, Sábato era físicamente triste. Y, sin embargo, siempre que lo recuerdo lo veo pidiéndole a Jorge Valdano, su paisano ex futbolista, que le diera un puñetazo en el estómago: "Para que compruebe lo fuerte que estoy". Y estaba fuerte, hasta hace algunos años; entonces volvió a España, con su compañera, Elvira Rodríguez Fraga, como si se viniera a despedir de este país; al volver a Buenos Aires, a Santos Lugares, escribió un diario, Antes del fin, que complementaba otro libro suyo en el que hacía los diarios de su vejez viajando por este país viejo.



Pero a la vuelta ya se hizo tan mayor su tristeza que convirtió su cuerpo, su memoria y su deseo en pura melancolía, y se fue deteriorando su salud, sin que nunca pudiera pensarse que aquel cuerpo del que tanto se quejaba lo fuera a traicionar, algo que acaba de hacer, para su liberación, quizá, pero también para su congoja. Pues, a pesar de las apariencias, las que él hacía explícitas y las que se le notaban en las oquedades pocas veces risueñas de sus ojos, Ernesto Sábato era también un cascarrabias que amaba la vida, un hombre capaz de alternar su preocupación por la ceguera (la suya, la que lo amenazaba) con las bromas y los dimes y diretes que le gustaba levantar para hablar de la clase literaria a la que pertenecía de lleno pero a regañadientes.



Hace unos días Elvira González Fraga me llamó; ella lleva con la ilusión inmarchitable y con un sentido del humor que siempre contrastó con el pesimismo de su compañero, la Fundación Ernesto Sábato, incrustada en lo más bello de Palermo, el barrio de las librerías y de los escritores de Buenos Aires. Ella era consciente de las enfermedades que la edad otorga a los cuerpos humanos, pero aún así, consciente también de que su compañero había pasado por una bronquitis fastidiosa, aún no era la hora. Y desde la fundación preparaba el homenaje que se le debe al centenario de Sobre héroes y tumbas. El centenario se cumple el 24 de junio, y para ese día ella creía que el agasajo universal tendría presente al escritor de Santos Lugares.



Ya no puede ser. La muerte de Sábato es un trago amargo y simbólico de la Argentina y de la literatura. Él representa a Argentina, con todas las contradicciones que en él actuaron en la baja frecuencia y que también machacaron a Jorge Luis Borges, algunas veces su amigo, y casi siempre su oponente; sobre ellos, de maneras distintas, cayeron los denodados latigazos que ese país le ha dado a la razón para despojar a los hombres de la serenidad de la discusión o el desacuerdo. Esas contradicciones se han reflejado en estos dos titanes ahora ya desaparecidos. Las heridas están en los libros, incluso en las entrevistas que se hicieron juntos y también en los desplantes que se hacían en público y en privado. Hay un libro en el que ambos se enzarzan a hablar de la literatura, de Dios y del diablo, y aunque no se quisieron nunca del todo, ahí se ve que en ambos hay una ternura que acaso es el sustento de la inquietud común: ¿para qué tanto lío si hemos de morir y no quedará ni una línea, ni siquiera un verso sencillo?



Pero ahora que toca certificar el fin de Sábato conviene recordar más su literatura que esas escaramuzas que uno aceptó como riesgos del destino y que el otro, el que acaba de fallecer, convirtió en el trampolín de una decisión civil que lo marcó como un héroe de una Argentina nueva que no acaba de ser nunca una Argentina verdaderamente renovada. Y su literatura, la de Sábato tiene en las contradicciones del ser humano, en los miedos al vacío que convivieron también en su pintura, la esencia de sus imaginaciones, que fueron tan oscuras como las predicciones que él hacía del destino de los hombres, condenados a la ceguera, a la mezquindad y al olvido. El túnel y Sobre héroes y tumbas son como el trasunto de esa oquedad rabiosa de sus ojos. Él quería desaparecer y estar. Una vez, en el restaurante Casa Lucio de Madrid, donde había querido comer huevos estrellados, cantamos juntos, con Elvira González Fraga, una milonga argentina de Reguera, creo: "Se me está haciendo la noche/ en la mitad de la tarde/ no quiero volverme sombra/ quiero ser luz y quedarme". Sábato hizo suyos esos versos, pues él, que ya llevaba avanzados los 90, quería quedarse, seguir, estar, terminarse esos huevos estrellados, seguir viaje a Galicia, a Sevilla, volver a Argentina, vivir, aunque ya su estómago no estuviera tan firme como cuando le pidió a Valdano que le golpeara la barriga, "si viera lo fuerte que está".



En sus diarios españoles (España en los diarios de mi vejez, Seix Barral), escribió esta entrada: "Cuando siento que me falta tanto de lo que gocé en otras épocas, me queda esto, agarrar un papel o sentarme a mi vieja máquina de escribir, vieja y compañera, y anotar esto, esto quizá sin importancia, pero que me hace sentir reunido con los anónimos y sin embargo, por algún misterio, cercanos lectores que estos papeles tendrán".



Quería desaparecer, eso está en sus libros, pero quería quedarse, eso estaba en su mirada herida que ahora se acaba de apagar. Ernesto Sábato, un titán disminuido siempre por la constancia rabiosa de su melancolía.

viernes, 29 de abril de 2011

Consagración literaria a los 88 años







La cubana Fina García Marruz, premio Reina Sofía de Poesía
Iberoamericana


MAURICIO VICENT  -  La Habana
EL PAÍS  -  Cultura - 29-04-2011




El nombre de Fina García Marruz siempre ha estado vinculado a España y a la literatura española. Y aunque el 20º Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que le fue concedido ayer, haya llegado a su vida justo el día
de su 88 cumpleaños, su relación con lo mejor de las letras y la intelectualidad española viene de muy lejos.
Anfitriona, admiradora y amiga de Juan Ramón Jiménez, María Zambrano, Manuel Altolaguirre o Juan Chabás -entre otros exiliados temporales o permanentes en Cuba-, y tertuliana habitual de poetas de la Generación del 27 que pasaron por Cuba en diferentes momentos -Rafael Alberti, Pedro Salinas o Luis Cernuda, entre ellos-, la poeta cubana fue siempre parte de ese mundo. "Tengo motivos muy especiales para sentir ese premio, para que me sea querido más que ningún otro", aseguró ayer García Marruz muy emocionada.

Junto al ensayista y escritor Cintio Vitier -su esposo, fallecido en 2009-, la poeta es figura de referencia de la cultura cubana y protagonista de la gran aventura de Orígenes, la revista literaria (1944-1956) que marcó
una época de oro en las letras de la isla y aglutinó a los intelectuales más relevantes de entonces, bajo la dirección de José Lezama Lima. No es de extrañar que, nada más conocer la noticia del premio, sus primeras palabras fueran un recuerdo hacia aquellos personajes y tiempos irrepetibles. "Este es también un
reconocimiento a Orígenes, a Cintio, a Lezama, a Julián Orbón...", dijo, antes de ser homenajeada por su cumpleaños -una coincidencia- en el Centro de Estudios Martianos, donde ha trabajado durante años. A José Martí, el héroe nacional de Cuba, ha dedicado Marruz buena parte de su vida y de sus trabajos de
investigación, tanto que se le considera una de las más importantes expertas y conocedoras de su pensamiento y de su obra.

Entre sus textos poéticos, siempre eruditos y profundos, figuran Las miradas perdidas (1951), Visitaciones (1970), Poesías escogidas (1984), Viaje a Nicaragua, con Cintio Vitier (1987) o Créditos de Charlot (1990) con el que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica en 1991.
Destacan entre sus ensayos Los versos de Martí (1968), Temas martianos, con Cintio Vitier (1969), Bécquer o la leve bruma (1971) o Flor oculta de la poesía cubana. En España se han publicado apenas dos antologías poéticas, aunque sus versos han sido traducidos a varios idiomas.

Trabajó durante más de una década como investigadora en la Biblioteca Nacional José Martí, y desde su fundación en 1977 perteneció al Centro de Estudios Martianos, donde integró el equipo realizador de la edición crítica de las Obras completas de José Martí. En 1990 obtuvo el premio Nacional de Literatura de Cuba.
El Premio Reina Sofía, dotado con 42.100 euros, tiene como objetivo reconocer el conjunto de la obra de un autor vivo que, por su valor literario, constituye una aportación relevante al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España.

jueves, 28 de abril de 2011

¿Cuál es el número cuyo 25% es 2?


Madrid examina a sus alumnos de 3º de la ESO.- Los resultados serán claves para optar al nuevo Bachillerato de Excelencia




EL PAÍS / EP 28 ABR 2011


Más de 58.000 alumnos, de entre 14 y 15 años, que cursan 3º de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en 792 centros madrileños públicos, concertados y privados se han sometido hoy, desde las diez de la mañana a las dos de la tarde, un examen extra que no tendrían si estudiaran en otras comunidades. Por cuarto año consecutivo, el Gobierno regional les realiza la Prueba de Conocimientos y Destrezas Indispensables, que evalúa el nivel en matemáticas y lengua de los escolares madrileños que el próximo curso pasarán a 4º de Secundaria. Al igual que la prueba que se implantó en Primaria hace siete años, la de 3º de la ESO es obligatoria pero no condiciona el paso de curso. Este año cobra interés porque los resultados serán claves para optar al nuevo Bachillerato de Excelencia. La nota media del año pasado fue de 5,32, casi un punto por encima de la de 2009 (4,59). Continuar leyendo

miércoles, 27 de abril de 2011

Escritores a la carta (RTVE)

Te ofrecemos una selección de las mejores entrevistas y reportajes sobre los escritores en lenguas ibéricas. Mira aquí también nuestro especial Premio Cervantes y la página de Escritores en A la carta

Ana María Matute, Premio Cervantes 2010 - Discurso (Podcats y Vídeo)

                   




Gabriel Celaya- Podcats









Kafka (programa Miniaturas RTVE)

Franz Kafka, uno de los escritores más deslumbrantes del siglo XX, publicó muy poca cosa antes de su muerte a los 40 años, apenas algunos cuentos. En su testamento dio instrucciones para que se destruyeran todos sus manuscritos, su albacea, Max Brod, ignoró esas instrucciones y supervisó la publicación de algunos de ellos.





martes, 26 de abril de 2011

Proposiciones subordinadas adverbiales propias

1) Se construyó una casa donde habían vivido sus padres antes de que se separaran.

2) El último fichaje no sabe todavía dónde va a vivir cuando se retire.

3) Su mujer, que siempre está tan ocupada, ha paseado por las calles de la ciudad cuando ha tenido un rato libre.

4) He disfrutado bastante en mi vida viajando por donde he querido.

5) Los periodistas preguntaron insistentemente cuándo habitarían la nueva mansión cuyas paredes se caían.

6) Cuando los fotógrafos se cansaron, salió sin despedirse por la puerta que da al callejón.

7) No se le ha vuelto a ver a quien te insultó desde que acabó la rueda de prensa.

8) El presidente desconocía el paradero donde se encontraba la nueva estrella que había fichado.

9) En el último instante cuando se le vio, iba contrariado, dándose golpes en la cabeza.

10) Acabados los exámenes, se entregaron las notas y nos fuimos de vacaciones donde teníamos previsto.

11) Oídas todas las explicaciones, quienes la insultaron tuvieron que disculparse.

12) El masajista ha avisado al médico en cuanto ha advertido la gravedad de la lesión.

13) Han reconocido los acusados su culpabilidad al mostrarles el juez las pruebas que los incriminaban.

14) Es mejor que te vayas por donde has venido y que no se te ocurra volver por aquí.

15) Escribíamos como nos enseñaron hasta que viniste tú y nos cambiaste la mecánica.

16) Mientras escuchábamos la radio, han avisado de dónde ha aparecido el superviviente que permanecía en la isla.

17) A los que han llegado tarde lo hemos colocado como han entrado en el autobús.

18) Desde donde estamos situados, se divisa todo el valle y nos llega mejor la luz.

19) Quiero que me cuentes cómo ocurrió todo desde que entrasteis en la habitación donde hallasteis el cadáver.

20) Cuando apareciste disfrazado, estaban hablando de que te habías gastado dinero que no era tuyo.

21) Se pintó la casa donde había vivido con su mujer después de que se casaran.

22) Me fío de que no lo averigüe antes de que lleguen los detectives que han sido contratados.

23) Se han publicado unas fotos que avergonzarían a quien las vieran conforme cayeran en sus manos.

24) Mientras te lo cuento, háblame de lo que te ha pasado con su hermana, que te vio ayer.

lunes, 25 de abril de 2011

Fallece el poeta chileno Gonzalo Rojas a los 93 años

 

Galardonado con el Premio Cervantes en 2003 permanecía en extrema gravedad desde hace más de dos meses debido a un accidente cerebrovascular

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS  -  Madrid

ELPAIS.com  -  Cultura - 25-04-2011 


Otros enlaces de interés:



El pasado 22 de febrero un infarto cerebral relegó a Gonzalo Rojas a un "estado de sopor", según declaró entonces su familia. Después de pasar por el hospital de Chillán, en el sur de Chile, el poeta y premio Cervantes de 2003 fue enviado a su casa. Desde allí fue trasladado a un centro asistencial de Santiago, donde ha fallecido esta mañana. Tenía 93 años y el infarto le sorprendió cuando trabajaba en sus memorias a partir de los cuadernos en los que anotaba sus recuerdos. Siempre manifestó que no quería que vieran la luz antes de su desaparición.
Más casi que la muerte, lo sorprendente era ese "estado de sopor" aplicado a Gonzalo Rojas, un hombre que no paró un minuto en sus nueve largas décadas de vida. Nacido en Lebu, una pequeña ciudad del Chile meridional -pesquera y minera; "con mucho mito", solía decir él-, el futuro poeta, huérfano de padre a los tres años, ingresó en el internado de jesuitas alemanes de Concepción antes de cumplir los 10. Fue el primero de los interminables viajes de un autor que acumuló más kilómetros en sus piernas que versos en sus libros. Todos esos versos quedaron reunidos en 2000 en el volumen Metamorfosis de lo mismo (Visor), un título que explica bien la forma de trabajar de un autor cuya poesía fue calificada por la crítica de "larvaria". Así, muchos de sus libros son una reescritura ampliada de poemarios anteriores. "Soy un inconcluso", dijo en una entrevista meses antes de ganar el Cervantes. Nacido como aguacero La obra coronada por aquel premio había nacido con un aguacero. Gonzalo Rojas solía contar que uno de sus hermanos pronunció la palabra relámpago en medio de una tormenta y que, aquellas cuatro sílabas produjeron en él la revelación del lenguaje. También contaba que, como de niño era tartamudo, se inventaba palabras con fonemas "suaves" para no tropezar. Aquella búsqueda de la suavidad fue el primer taller de poesía de un autor que publicaría su primer libro, La miseria del hombre, en 1948. Luego vendrían títulos como Contra la muerte, Transtierro, Materia de testamento o No haya corrupción. "¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida / o la luz de la muerte?", decían sus versos más famosos. Otros menos conocidos avisaban con ironía: "No confundir las moscas con las estrellas; / oh la vieja victrola de los sofistas. / Maten, maten poetas para estudiarlos. / Coman, sigan comiendo bibliografía". Profesor de literatura durante años, Rojas ejerció como diplomático en China y Cuba con Salvador Allende hasta que el golpe militar de 1973 lo puso de nuevo en el camino. Al exilio esta vez. Seis años más tarde volvería a su país para instalarse en Chillán. Gonzalo Rojas consiguió administrar con voz personal la telúrica herencia poética -y la alargadísima sombra- de Pablo Neruda. Se convirtió así en uno de los dos grandes polos de la poesía chilena. El otro polo, y ahora único, sigue siendo la irónica antipoesía de Nicanor Parra, que, tres años mayor que Rojas, le sobrevive. "Los verdaderos poetas son de repente y no basta el oficio", dijo en su discurso de recepción del premio Cervantes. "Te dan la palabra que no mereces y te pones a balbucear el mundo, imantado como en el amor por el encantamiento y el desollamiento". Aquel día, en Alcalá de Henares, se despidió citando en su propia traducción al "gran Horacio": "Jugaste bastante, comiste romanamente, y bebiste: ¡tiempo de que te vayas!". Gonzalo Rojas ha seguido jugando, comiendo y bebiendo ocho años más. Ahora acaba de irse. Justo dos días antes de que Ana María Matute reciba el Cervantes. "Es uno de esos gestos poéticos que solo cuadran en la ficción", ha dicho esta mañana la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde durante un coloquio con la escritora barcelonesa.

viernes, 22 de abril de 2011

Préstamo

Un préstamo es cualquier elemento que, procedente de una lengua, se introduce en otra.




Empezaremos hablando de los préstamos léxicos, que son los más típicos. Es frecuente diferenciar aquí entre un sentido amplio y un sentido estricto del término.



En sentido amplio, cualquier palabra tomada de otra lengua es un préstamo. Por ejemplo, en español lo son escáner (del inglés), menú (del francés) y pizza (del italiano).



Las palabras que no se han tomado prestadas, por su parte, se suelen denominar léxico patrimonial. En el caso del español, este es el que hemos heredado del latín vulgar, que ha llegado sin solución de continuidad hasta nuestros días, como ocurre, por ejemplo, con cabeza, chopo, reja y suegra, que proceden, respectivamente, de capitia, populus, regula y socra.



En casi todas las lenguas, incluida la nuestra, se pueden reconocer estratos de préstamos según su grado de integración en el sistema morfológico, fonológico y ortográfico. Algunas palabras son, claramente, cuerpos extraños. Salta a la vista que outsourcing, warrant o paparazzi no pueden ser léxico patrimonial castellano. Estas palabras importadas y no integradas son lo que se conoce como extranjerismos.



El extranjerismo, con el paso del tiempo, se puede ir naturalizando y a veces se llega a asimilar al léxico patrimonial hasta tal punto que tan solo el experto está en condiciones de identificarlo. El español contiene toda una legión de antiguos extranjerismos, como los de origen árabe, que para el lego en lingüística pasan por palabras tan castizas como las que más. ¿O acaso no lo parecen abalorio, acicate, adelfa, adoquín, ojalá o sandía? Pero casi nadie identificaría tampoco como préstamos mermelada (del portugués marmelada), zapato (del turco zabata), chaqueta (del francés jaquette) y corbata (del italiano corvatta). Préstamos en sentido estricto son estas palabras de origen extranjero que se han adaptado a la lengua receptora. No obstante, la diferencia con los extranjerismos no siempre resulta evidente y los criterios que se aplican para deslindar lo uno de lo otro pueden ser de lo más variado.



Aunque no es oro todo lo que reluce. También existen los falsos préstamos, que son palabras formadas con elementos que pertenecen a otra lengua pero que, o bien no existen en esa lengua como unidad léxica, o bien tienen un significado diferente. Un slip en inglés pueden ser muchas cosas, pero lo que no tiene esta palabra, desde luego, es el sentido que nosotros le hemos atribuido de ‘calzoncillos’.



Como he dicho arriba, los préstamos más típicos son los léxicos, que constituyen una de las fuentes de las que se alimenta la neología; pero prácticamente todo puede tomarse prestado.



Hay préstamos sintácticos. Por ejemplo, son importadas del francés construcciones del tipo sustantivo + a + sustantivo, como las que se dan en avión a reacción y champú a la clorofila. Se producen préstamos en el sistema ortográfico. La uve doble era en principio ajena a nuestro alfabeto, pero la adoptamos en su día para escribir los nombres de origen germánico (y nosotros, por nuestra parte, hemos exportado a otras lenguas grafemas como la cedilla y la eñe). E incluso hay préstamos fonéticos. Cuando alguien pronuncia flash a la inglesa, está introduciendo en nuestra lengua un elemento ajeno a su sistema fonético y fonológico. Hasta en la morfología se puede andar de prestado; prueba de ello son híbridos como puenting, que están construidos añadiendo a una base española un morfema inglés.



Los motivos que hay detrás del préstamo pueden ser de lo más diversos. A menudo, las palabras viajan unidas a las cosas: quien inventa algo nuevo, necesariamente, lo tiene que llamar de alguna forma, y después difunde juntos el objeto y su nombre. Influyen también factores de prestigio e incluso de moda. Pero todos hemos tomado algo prestado de todos. De hecho, las lenguas que más prestan suelen ser también las que más reciben. Es ya un tópico el quejarse de la avalancha de anglicismos que está entrando en español; pero quienes lo hacen suelen pasar por alto que también se han tomado muchas palabras españolas en inglés.



El intercambio de elementos entre lenguas es un proceso perfectamente normal que se da en todas las lenguas y en todas las épocas. Es parte integral y necesaria de su evolución. No hay lenguas puras en el sentido de lenguas que no hayan tomado nada prestado de otras. Así ha sido siempre y así seguirá siendo.

El sintagma: El sintagma adjetival y el sintagma adverbial

Carta a don Manuel Serrano

jueves, 21 de abril de 2011

María Zambrano II

María Zambrano I

Se cumple el centenario del nacimiento de la escritora y filósofa malagueña María Zambrano. María, una de las más grandes pensadoras españolas del siglo XX. Profesora de la Universidad complutense durante la II República y relacionada con todos los nombres relevantes de la cultura española de la época, tuvo que recurrir al exilio durante cuarenta y cinco años de su vida. Regresa a España en 1984 para recibir, entre otros, el Premio Príncipe de Asturias y el Cervantes de Literatura. Analizaremos los detalles de su vida y obra con los profesores de la Universidad de Málaga, Enrique Baena, de literatura española y Juan Fernando Ortega, catedrático de filosofia, y director de la Fundación María Zambrano, además de Salvador Soriano, secretario de la Fundación.

José Saramago


Vídeo del programa Tesis de Canal Sur que analiza el pasado del Premio Nobel

Ángel González

Vídeo de cedecom que es una reflexión sobre la poesía y el noble oficio de poeta

Treinta años de la muerte de Josep Pla


Josep Pla delante del Mas de Llofriu


 Esta es la huella que el autor de 'El quadern gris' dejó en nuestras páginas con su breve colaboración en los primeros meses de 1939

Hemeroteca La Vanguardia artículos
21/04/2011 - 09:28h






En esta Diada de Sant Jordi se cumplen 30 años del fallecimiento en Llofriu del escritor Josep Pla. La coincidencia de su muerte con la celebración del día del libro no deja de ser una contribución más del autor ampurdanés, conocido por su extensa obra literaria, cima de la prosa catalana del siglo XX



Josep Pla i Casadevall nace en Palafrugell el 8 de marzo de 1897. Estudia Derecho en Barcelona, pero no ejerce de abogado y dedica su vida a la literatura y al periodismo. Corresponsal de La Publicitat en Europa en los años 20, viaja por todo el continente y colabora con diferentes periódicos y revistas. A partir de la proclamación de la Segunda República cubre desde Madrid la información política para La Veu de Catalunya.



Tras la Guerra Civil, que pasa en el extranjero y en la España franquista, vuelve a l’Empordà, donde vivirá hasta su muerte. Colabora regularmente en el semanario Destino desde 1940 hasta 1975 y de una forma más esporádica con El Diario de Barcelona y El Correo Catalán. Gracias a su amistad con el editor de Destino, Josep Vergés, emprende la publicación de la Obra Completa, hoy compuesta por 46 volúmenes. El primero de ellos, El quadern gris (1966), es un libro esencial de la literatura catalana.



Por su vinculación con el bando nacional en la Guerra Civil, se le niega reiteradamente el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes. Obtiene cuatro veces el premio de Crítica Serra d'Or. Año y medio antes de su muerte, se le concede la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya.



Pla en 'La Vanguardia'

Josep Pla tiene una relación efímera con nuestro diario. Cuando las tropas franquistas entran en Barcelona el 26 de enero de 1939, el escritor, como muchos otros catalanes de Burgos, llega tras las primeras unidades militares. Junto a Manuel Aznar, director desde finales de enero hasta abril de 1939, Pla colabora intensamente en La Vanguardia, uno de sus grandes anhelos. Pero el nombramiento, desde Madrid, de Luis de Galinsoga como nuevo director, le empuja definitivamente a su exilio ampurdanés.



Durante estos tres meses, el escritor firma con su nombre dos artículos en nuestras páginas. Y le atribuimos la autoría de otros cuatro bajo la rúbrica X.X. Uno de ellos, sumamente conocido, ¡Catalanes! ¡No olvidemos la lección terrible!, publicado el 29 de enero, sólo tres días después de que Carlos Godó Valls hubiera recuperado la propiedad del diario.



Cristina Badosa, experta en la figura del escritor, ya divulga en 1991, que bajo la rubrica X.X. Pla había publicado, a finales de 1938, una serie de trece artículos en El Diario Vasco de San Sebastián, cuyo director también era Manuel Aznar.



Aunque su colaboración con La Vanguardia fue breve, no lo ha sido su presencia en nuestras páginas y el reconocimiento que siempre le hemos otorgado como uno de los grandes de la prosa catalana. En diferentes ocasiones le hemos dedicado páginas especiales, tanto en vida, al cumplir sus setenta y cinco años en 1972, como tras su muerte, en los sucesivos aniversarios de su fallecimiento, ocurrido en el Mas Pla de Llofriu el 23 de abril de 1981.



Artículos de Pla publicados en La Vanguardia



10.02.1939 Retorno sentimental de un catalán a Gerona



18.02.1939 El cristianismo y los asesinos



Bajo la rubrica X.X.



25.02.1939 La fuerza de la peseta nacional



23.03.1939 La catástrofe francesa, a través de su Frente Popular



25.03.1939 La política de sanciones contra Italia, origen inolvidable de una situación internacional







Selección de artículos y retratos sobre el escritor



14.07.1960 La tierra natal o José Pla en el Ampurdán. Álvaro Rubial



16.03.1967 Valores de mi tiempo: Josep Pla. José Cruset



09.06.1967 Las horas de Josep Pla. Concha Alos



14.01.1968 José Pla y la sociedad catalana. Baltasar Porcel



09.12.1973 Una visita a Josep Pla (Entrevistado por Mary Merida)



11.10.1974 José Pla, testimonio de una época. José Tarín-Iglesias



22.03.1975 Josep Pla. Francisco Umbral



29.01.1978 Josep Pla según Castellet



21.09.1979 Pla ayer, hoy y mañana. Antonio de Senillosa



01.05.1981 Vida e ideas en el joven Pla. Baltasar Porcel



02.05.1981 La política, la vida, en el joven Pla. Baltasar Porcel



02.06.1981 Sobre los enemigos de Josep Pla. Salvador Millet i Bel



19.03.1994 Pla visto por Josep Vergés.







En los 75 años del mejor prosista catalán (8 de marzo de 1972)



José Pla, ahora y en adelante. Juan Ramon Masoliver



Memorias de mis historias con José Pla. Manuel Aznar



Palafrugell, ombligo del mundo. Albert Manent





A su muerte (23 de abril de 1981)



Retrato de un escéptico lleno de esperanza.



El hombre del diálogo infinito. Néstor Luján



El homenot era él. Joan Fuster



El escritor en la política. Jaume Miravitlles







Tercer aniversario de su fallecimiento (1984)





Josep Pla, fin de trayecto. Josep Maria Castellet



Memoria de una amistad. Augusto Assía



Sus años en La Publicitat. Joaquim Ventalló



Los documentos de su última voluntad. Robert Saladrigas



A la recerca de l’adjectiu. Josep Vergés







A los diez años de la muerte (1991)





Un gran seductor. Lluís Bonada



Contra Primo de Rivera. Cristina Badosa



Las cartas al vuelo. Robert Saladrigas



Sagarra, corresponsal en Berlín. Lluís Permanyer



Un text errívol i sensual. Pascale Bardoulaud

"El dominio de la escritura ha mejorado, pero el nivel exigido es menor"

Entrevista a Salvador Gutiérrez, académico de la RAE, coordinador de la nueva Ortografía
"Hay que escribir bien, pero no existe una buena escritura con mala ortografía"
"¿Habían escrito alguna vez tanto los jóvenes y los mayores?"

La Vanguardia.es Vida
21/04/2011 - 00:17h





Incluso cuando se reproduce el lenguaje coloquial, aunque presente tintes soeces, evitar las faltas es imprescindible, reivindica Salvador Gutiérrez Ordóñez (Taballes de Bimenes, 1948), académico de la RAE que ha coordinado la nueva Ortografía y catedrático de Lingüística de la Universidad de León. Hoy en día se escribe más que nunca, algo muy positivo, dice, pero también se debe hacer de forma correcta.



¿Está en declive la buena ortografía?



Este es un debate eterno; pero, por los síntomas que manejo, la buena ortografía conserva un gran prestigio social e individual. En el ámbito social, es un valor. La colectividad continúa seleccionando a los que escriben bien y excluyendo de muchos puestos a los que cometen faltas. Alguien ha dicho que la ortografía posee rasgos de ideología: se halla tan interiorizada que provoca fuertes reacciones inconscientes contra cualquier agresión, ya sea una falta, ya una modificación o una reforma.



Pero algunos grandes escritores y académicos se oponen al corsé ortográfico.



Ha habido gramáticos partidarios de reformar las reglas ortográficas y escritores que critican la visión reductora que identifica buena escritura con ortografía. En este sentido hay que interpretar la conocida frase de Stendhal: “La ortografía no hace al genio”. El objetivo es enseñar a escribir bien, pero no existe una buena escritura con mala ortografía.



¿Se cometen hoy en día más faltas que antes?



La respuesta ha de ser matizada. Hace medio siglo accedían a la enseñanza secundaria muy pocas personas. Por el contrario, en la actualidad el porcentaje de jóvenes que termina un bachillerato o un módulo profesional es alto. Desde esta visión social, el dominio de la destreza escrita parece que ha mejorado. Sin embargo, si se compara el nivel exigido a los alumnos de bachillerato de diferente época, es evidente que el nivel ha descendido.



Muchos profesores de instituto lamentan que sus alumnos cometen más faltas porque leen menos.



Existe una relación entre nivel de lectura y dominio de la ortografía. A quien está acostumbrado a leer voz y vez le produce una disonancia visual ver estas palabras escritas con “b”. Pero parece que esta correspondencia no es total. Se ha comprobado que existen buenos lectores que cometen frecuentes faltas.



¿Y eso por qué?



Porque la lectura es pasiva, mientras que la escritura es una destreza activa. Para poder aprender a escribir bien, hay que escribir y escribir y escribir.



¿Hay que recuperar el dictado?



El dictado no es la mejor técnica de enseñanza, es una prueba de diagnóstico o de evaluación. Ahora bien, que nadie se llame a engaño: el aprendizaje de la ortografía exige práctica, ejercicios, entrenamiento.



¿Y en cuanto a la expresión escrita?



La ortografía es sólo una parte del proceso. El objetivo es enseñar a escribir con soltura, con corrección, con aseo y con cierto estilo. En la enseñanza es importante hacer talleres de escritura imitativa y creativa. El alumno que se enganche y se ilusione por la escritura leerá más, observará con detenimiento cómo componen los buenos escritores, corregirá sus redacciones y, por supuesto, tratará de evitar los errores ortográficos.



¿Pueden las nuevas tecnologías deteriorar la escritura?



No suelo ser apocalíptico con las nuevas tecnologías. Aportan cosas buenas y, a la vez, acarrean peligros. Ahora bien, es necesario tener claro que, si un muchacho no escribe bien, la causa no hay que buscarla en los SMS. Se debe sencillamente a que no ha aprendido a escribir bien.



Pero en redes sociales como Facebook la permisividad con las faltas y el estilo es mayor.



Eso también es cierto. Los correos electrónicos han resucitado el género epistolar. Sin embargo, su carácter efímero y la rapidez con que se escriben hacen que sean menos cuidados, menos corregidos.



El modo de escribir en las redes sociales, en un contexto informal y usando abreviaciones, ¿influye en el dominio del estilo y la forma?



En las redes sociales que practican los jóvenes se vuelca de lleno el lenguaje de la calle y el descuido de la forma es grande. Es un fenómeno que hay que tratar de encauzar. Pero planteémonos una pregunta alentadora: ¿habían escrito alguna vez tanto jóvenes y mayores?


Gabriel Celaya recibirá un homenaje con motivo del centenario de su nacimiento

El poeta Gabriel Celaya hubiera cumplido 100 años el pasado mes de marzo y un grupo de trovadores capitaneados por Fernando González Lucini va a recordarlo el próximo 25 de abril en la sala Galileo Galilei de Madrid.






19/04/2011 REDACCIÓN cancioneros.com



Rafael Múgica, conocido como Gabriel Celaya (Hernani, Euskadi 1911) fue un poeta en lengua castellana de la generación de la posguerra y uno de los más destacados representante de la llamada "poesía comprometida".







Fernando G. Lucini, —musicólogo, periodista y escritor—, se ha hecho cargo de lo que los poderes públicos han olvidado o —pero aún— no quieren recordar y es ofrecerle al poeta un merecido homenaje a los 100 años de su nacimiento y 20 de su muerte.







Alejandro Martínez, Alfonso del Valle, Antonio Higuero, Diego Ojeda, Fernando Lobo, Jesús Garriga, Juan Antonio Muriel, Laura Granados, Manuel Cuesta, Marwan, Moncho Otero, Olga Manzano, Pablo Sciuto, Paco Cifuentes, Rafa Mora, Sergio Alzola, Silné, Tabaré Picón y Gonzalo Castro; presentados por Víctor Alfaro serán los encargados de poner voz y música a tan necesario recuerdo.







El homenaje tendrá lugar el próximo lunes 25 de abril a las 21:30 en la Sala Galileo Galilei de Madrid. La entrada cuesta 9€ que irán íntegramente destinados a la ONG Luces Rojas y se destinarán a uno de los proyectos que dicha ONG está emprendiendo en Kobardanga (Calcuta, India).







Fernando G. Lucini ha donado además varios ejemplares de sus libros ...Y la palabra se hizo música —verdadera enciclopedia de la música de autor en tres volúmenes— y del CD: Cantando a Blas de Otero y Gabriel Celaya", de la Colección La palabra más tuya; que contiene doce canciones, sobre poemas de Otero y Celaya, interpretadas por Paco Ibáñez, Imanol, Víctor Manuel, Aguaviva, Rosa León, Adolfo Celdrán, Hilario Camacho y Luis Pastor; que serán vendidos a un precio casi simbólico (20€ los tres libros y 5€ el CD) y cuyo importe también será entregado a la ONG Luces Rojas.

jueves, 7 de abril de 2011

Prohibido suicidarse en primavera - Alejandro Casona

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Los árboles mueren de pie - Alejandro Casona

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La metáfora

30 de marzo de 2011



La metáfora es una vieja conocida de la retórica, que la situaba entre las figuras de dicción. Desde un punto de vista retórico, la metáfora se suele considerar una comparación abreviada que se basa en una semejanza entre dos entidades o conceptos. Así, al menos, es como nos la presenta Lausberg en su Manual de retórica literaria. Se dice que es una comparación abreviada porque carece del vínculo comparativo que encontramos en un símil como Tus dientes son como perlas. Si a partir este ejemplo nos arriesgamos a un pequeño salto y decimos Tus dientes son perlas, ya hemos entrado en el terreno de la metáfora. La semejanza habremos de buscarla en las propiedades de uno y otro elemento, que tendrán algunas en común; en el caso que nos ocupa, por ejemplo, la blancura, el brillo, la dureza y, quizás, el valor.



Yo me conformaré con esta presentación esquemática de la idea tradicional, literaria, de metáfora. Personas hay que pueden abordar el asunto con mayor fundamento. A mí me interesa más aportar aquí la perspectiva del lingüista.



Fijémonos, para empezar, en la etimología. El sustantivo metáfora se deriva del verbo griego metaphéro, que significa ‘llevar algo a otro sitio, trasladarlo’. Esto es importante porque nos da una idea del mecanismo básico que subyace a la metáfora (¿no hemos dicho siempre que da lugar a significados traslaticios?).



En el corazón de todas sus definiciones encontramos la noción de que se entabla una relación entre realidades pertenecientes a dos ámbitos diferentes, de manera que se usa el primero para aprehender el segundo. Al hacerlo se proyecta sobre este último una parte de las propiedades del primero. Y si es cierto que se da una relación de semejanza entre una y otra realidad, también lo es que dicha semejanza no es inherente a ellas, sino que se trata de una semejanza inducida que no existe con independencia de la metáfora. O sea, que antes que buscarla en las cosas en sí, haríamos bien en volver la mirada hacia nuestro interior, más concretamente, al funcionamiento de nuestro sistema cognitivo.



La relación de semejanza la establecemos nosotros. En el célebre ejemplo de las perlas y los dientes, una realidad perteneciente al ámbito animal, concretamente, de la ostra, nos sirve para hablar de una parte del cuerpo de una persona. De todas las propiedades que tiene la perla, enlazamos algunas con las del diente. Ya hemos mencionado arriba la blancura, el brillo y la dureza. Y decíamos que quizás también el valor. Pero ¿esto es algo intrínseco al diente o algo que le estamos añadiendo gracias a la metáfora y que nos permite contemplarlo a una luz diferente, que es la que se desprende del mundo de las joyas, el lujo, lo precioso? Y, en cambio, hay otras propiedades de la perla que no intervienen, como la redondez o la composición química. Esto ha de ser forzosamente así, pues de lo contrario no se trataría de una comparación o asimilación, sino de que lo uno sería estrictamente lo otro.



Y si hacemos el ejercicio mental de asimilar los dientes con terrones de azúcar, bolitas de pan de Viena o trocitos de tiza, iremos viendo cómo nuestra percepción de ese diente va transformándose según la luz que arrojemos sobre él. Mucho de esto lo vamos entendiendo cada vez mejor gracias al trabajo de científicos cognitivos como George Lakoff y Mark Johnson.



La metáfora es un instrumento de gran utilidad en la ardua tarea de explicarnos qué es y cómo es el lenguaje. Nos sirve así para desentrañar un gran número de procesos de cambio lingüístico, tanto del léxico como de la gramática.



La metáfora permite aumentar el repertorio de significados de una palabra o expresión al irle añadiendo a su significado básico otros nuevos que se derivan de este. Contribuye así al aumento de la polisemia. Por ejemplo, las partes de nuestro propio cuerpo se convierten en fuente de abundantes metáforas que nos permiten nombrar cada vez más objetos. Pocas cosas habrá que sean más importantes para un ser humano que sus manos. Y por eso vemos manos por todas partes. Así, decimos que los relojes tienen manos o manecillas (pues al fin y al cabo son pequeñas) o que tiene mano un mortero; en una partida de cartas, a quien primero juega le llamamos mano; alguien que es influyente tiene mucha mano (en el ministerio, el ayuntamiento o donde sea); una medicina que me va bien diré que es mano de santo…



Pero no hemos acabado. La acción prototípica que realizamos con las manos es la de coger cosas (aunque también podamos utilizarlas para espantarnos las moscas, aplaudir o quitarnos el sol de los ojos). Nos pasamos el día cogiendo paraguas, libros y teléfonos móviles. Eso ha dado pie a que podamos coger chistes, resfriados o enfados. Y no contentos con coger nosotros lo que de por sí es inasible, nos empeñamos en reconocer esta acción hasta en objetos y acontecimientos, de modo que aseguramos con pleno convencimiento que la tierra no coge el agua, que nos ha cogido una tormenta en medio del bosque o que nuestro nuevo coche coge muy bien las curvas. Cada uno de estos usos está basado en una metáfora diferente, pero en todos ellos reconocemos el significado básico de coger sobre el que se han formado.



A veces, los nuevos significados se van sumando a los que ya existían. En otras ocasiones, un nuevo significado puede llegar a desplazar al antiguo y quedar como único superviviente. Por ejemplo, nuestras piernas fueron en otros tiempos jamones. La palabra perna significaba en latín ‘jamón’, pero alguien tuvo un buen día la ocurrencia de utilizarla humorísticamente para nombrar las extremidades inferiores de las personas. El chiste gustó, se institucionalizó y se incorporó con ello a los significados de esa palabra, hasta que acabó perdiéndose el sentido originario y solo quedó el que conocemos hoy.



La metáfora entra a menudo en juego en la ampliación del repertorio léxico de las lenguas mediante la neología. No es difícil identificarla detrás de muchos compuestos. Pensemos, por ejemplo, en chupatintas, sacabocados o rompecorazones. ¿Y cuál, si no, fue el procedimiento por el que se formaron expresiones idiomáticas como arrimar el ascua a su sardina o dar sopas con honda?



Las metáforas también son omnipresentes en la gramática. De hecho, uno de los medios favoritos de innovación gramatical es la metáfora. Una de las principales metáforas que dan lugar a estructuras gramaticales en las lenguas del mundo es la del tiempo como espacio. Los conceptos espaciales se cuentan entre los primeros que adquiere un niño y en ellos se asienta la comprensión de nociones más abstractas, como la temporalidad y la causalidad. Una gran parte del vocabulario que se refiere a fenómenos temporales procede del ámbito espacial. Decimos que el tiempo pasa, corre o vuela, que tenemos una vida por delante, etc. Es muy frecuente en las lenguas del mundo que los tiempos de futuro se formen sobre verbos de movimiento. Un ejemplo típico es nuestra perífrasis voy a cantar, que tiene su paralelo en el inglés I’m going to sing.



En fin, terminaré esta entrada, más que nada, porque ya va excediendo los límites de lo razonable y, probablemente, de la paciencia de los lectores; pero el tema es prácticamente inagotable y prometo volver al ataque tratando en detalle algunos de sus aspectos más específicos. O, para decirlo con una metáfora, esto era solamente para abrir boca.

René Andioc, maestro francés de los estudios hispánicos



GUILLERMO CARNERO


EL PAÍS  -  Obituarios - 05-04-2011 El eminente hispanista francés René Andioc (Cerbère, 1930), inició su carrera universitaria en el Instituto de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos de la Universidad de Burdeos y la prosiguió en la Escuela de Altos Estudios Hispánicos de la Casa de Velázquez de Madrid. En 1969 presentó su tesis doctoral sobre Leandro Fernández de Moratín en la Universidad de Toulouse, publicada en Francia en 1970 y en España en 1976 con el título de Teatro y sociedad en el Madrid del siglo XVIII.
Fue catedrático, entre 1970 y 1979, en la Universidad de Pau, donde fundó el Centro de Investigaciones Hispánicas. De 1979 a 1990 lo fue en la de Perpiñán, y allí permaneció hasta 2008 como catedrático emérito y honorario, dedicado exclusivamente a la investigación. Le debemos otra obra imprescindible: los dos volúmenes de la Cartelera teatral madrileña del siglo XVIII, publicados en 1996 en colaboración con Mireille Coulon y con segunda edición en 2008. Sus dos últimas obras fueron Del siglo XVIII al XIX. Estudios histórico-literarios (2005), y Goya. Letra y figuras (2008). René Andioc, fallecido el pasado 14 de marzo en Mirepoix-sur-Tarn, ha sido uno de los más brillantes ejemplos de la mejor tradición de la Universidad francesa. En ella, el estatus profesoral ha estado necesariamente unido a la posesión de reconocidos y cuantiosos méritos científicos, y de ahí que en nuestro crepúsculo universitario actual aún resuene, como eco manriqueño de un pasado mejor, el concepto de tesis a la francesa. Significaba un trabajo de investigación de primera mano, larga y milimétricamente realizado, generador de obras que se convertían ipso facto en piedras miliares de permanente vigencia. En ese orden de cosas, Andioc fue un relevante pionero en la reivindicación del siglo XVIII español, una época tradicionalmente considerada un desierto en el que, a lo sumo, cabía tener en cuenta a unos pocos padres del yermo, como Feijoo o Jovellanos, a excepción de los cuales podía saltarse impunemente desde Calderón a Martínez de la Rosa. El método de trabajo de René Andioc descansaba en un dogma que ha sido siempre el mejor y más inteligente legado de un positivismo que no significa desconocer los valores literarios, pero que niega la consideración de la serie cultural como un rosario de creadores individuales aislados en su genialidad singular. Lo mismo que la arqueología no se limita ya a colocar en urnas de museo los objetos preciosos, sino que aspira a reconstruir el entorno material, social y espiritual de la civilización que los produjo, la ciencia cultural y literaria bien entendida no se limita a la veneración del monumento, sino que junto a él sitúa el marco de los documentos con los que convivió y de los que depende, en última instancia, su alcance y su sentido. Atendiendo a los autores mayores, a los menores y hasta a los mediocres, Andioc nos abrió los ojos sobre el siglo XVIII en el terreno del género literario que, por ser accesible incluso a los analfabetos, refleja mejor la ideología, las actitudes y las mentalidades de su tiempo: el teatro. La última vez que vi a René fue en Madrid, en 2008, en la presentación de su reciente y monumental volumen sobre Goya. Poco después tuve la satisfacción de proponerlo a la Universidad de Salamanca para el Premio Nebrija, que reconoce la labor de los hispanistas que más y mejor han dilucidado y difundido nuestra cultura. Todos los estudiosos del siglo XVIII han tenido un maestro en René Andioc, y algunos el privilegio de recibir de él la generosidad y el afecto que solo conceden los mejores.  

Fotos El País

Book Google

miércoles, 6 de abril de 2011

Medio pan y un libro.



[Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931]


"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz."

lunes, 4 de abril de 2011

Ninette y un señor de Murcia

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La ausencia y el azar (entrevista a Javier Marías)

 

GUILLERMO ALTARES
BABELIA - 02-04-2011 

Los tres volúmenes de Tu rostro mañana dejaron a Javier Marías (Madrid, 1951) literariamente exhausto, tanto que llegó a plantearse si volvería a la ficción. Finalmente, ha salido del impasse con Los enamoramientos (Alfaguara), un libro que se resiste a ser encasillado en un solo género, como ocurre con muchas grandes novelas. Relatada en primera persona por una mujer -por primera vez, el autor de Todas las almas recurre a una narradora femenina-, es una obra sobre cuya trama conviene extenderse lo menos posible para no revelar nada que no deba ser revelado. Ambientado en el Madrid actual, es un libro que habla del amor, aunque ofrece una visión bastante cínica de los sentimientos, y de la ausencia, tiene su parte de misterio y su parte de humor. Una vez terminada, la novela abre puertas y más puertas y deja al lector dando vueltas sobre unas cuantas cuestiones esenciales, en algunos momentos es casi como un espejo que devuelve en forma de preguntas asuntos a los que nos enfrentamos a menudo en nuestra existencia. En su regreso, uno de los autores españoles de mayor proyección internacional, ha optado por arriesgar otra vez, por mezclar la sabiduría literaria destilada a lo largo de 13 novelas (11 si se cuenta Tu rostro mañana como una sola) con la tentación de escribir algo distinto a sus libros anteriores. Justo a los 40 años de su debut literario con Los dominios del lobo (Alfaguara), que se recupera con el prólogo que escribió en 1987. El escritor y académico publicará también el relato infantil Ven a buscarme (Alfaguara), con ilustraciones de Marina Seoane Pascual.
La entrevista tuvo lugar en su casa del centro de Madrid, donde el escritor habita rodeado de libros, figuritas de plomo, recuerdos -tiene varios retratos de Juan Benet, uno de sus maestros y referentes literarios- y su ya mítica máquina de escribir. A la vez que la novela, que sale a la calle el próximo miércoles, Marías editará en su pequeña editorial, Reino de Redonda, un relato de Balzac, El coronel Chabert, del que los personajes hablan varias veces a lo largo de la trama.
PREGUNTA. ¿No tuvo la tentación de volver a poner un título tomado de Shakespeare? Además, en esta novela hay una cita de Macbeth a la que sus personajes hacen referencia.
RESPUESTA. La verdad es que en esta ocasión no. Ya he puesto no sé si son cinco títulos que vienen de Shakespeare. Tampoco es que tenga un empeño. La verdad es que en un momento dado pensé en este título que se ha quedado, de una sola palabra, pero con el artículo, que es fundamental, porque Enamoramientos sería espantoso. Es una palabra tan de uso normal que me parecía un poco raro que no hubiera habido nunca un libro que se hubiera llamado así, y ahí sí me sirvió Internet, parece que no hay ningún libro que se haya llamado ni Los ni El enamoramiento. Es el primer libro que ha venido después de Tu rostro mañana, no soy quien para decir que sea el mejor, pero sí es el más ambicioso, aunque sólo sea en extensión, y el que me ha llevado más años, estuve entre ocho y nueve con los tres volúmenes, también tuve una cierta sensación, no de haber llegado al final de un camino, pero sí de que allí había un punto y aparte. Incluso tuve grandes dudas de si haría más novelas, porque en el momento de terminarlo me sentía muy exhausto y pensé que había dicho todo lo que tenía que decir dentro del campo de la novela. Tenía verdaderas dudas. Se cumplen 40 años de mi primera novela, Los dominios del lobo, y es inevitable hacer un poco de balance de uno mismo. Esta es mi decimotercera novela, si contamos como tres Tu rostro mañana, no he hecho tantas en 40 años. Es un largo periodo, son bastantes novelas, pero no muchísimas. Entonces, bueno, lo que sí he tenido es una cierta sensación de que han sido 40 años de tanteo y me temo que todos los que me puedan quedar de seguir escribiendo también lo van a ser. Supongo que hay escritores que tienen las cosas muy claras, que tienen proyectos literarios, ciclos novelísticos concebidos de antemano. Y yo me doy cuenta de que soy todo lo contrario de ese tipo de escritor, he ido haciendo, a tientas, he ido cambiando mucho. En cierto sentido, tuve la sensación de que uno va caminando y que en un momento dado se le ha acabado el camino. De manera que tampoco tenía mayor empeño, hay temas en esta novela que son de mi mundo, de mi territorio, pero digamos que tenía un poco la sensación de que podía no hacer ninguna novela más o hacer cualquier cosa.
P. Hay escritores de oficio, como Graham Greene o como Balzac, y hay otros escritores como usted que cuando acaban un libro nunca saben si van a hacer el siguiente. ¿Para usted es realmente cada novela una aventura literaria nueva que ni siquiera sabe si va a ser capaz de acabar?
R. Incluso de publicarla una vez terminada. Con Los enamoramientos he tenido una sensación de más inseguridad. Siempre tengo muchas inseguridades. Una de las cosas que si acaso me irritan de llevar 40 años cultivando esta actividad, no ejerciendo esta profesión porque nunca lo he visto como profesión, es que no he ganado nada en seguridad, debería tener una cierta confianza en mis recursos. Y no, nunca la tengo. Cuando termino un libro no hay un proyecto esperándome. Tengo que esperar a que se me condense algo, a que una historia me atraiga lo bastante como para ponerme a ella, mis historias además solamente cristalizan durante la propia escritura, nunca las tengo cabalmente en la cabeza antes de empezar, improviso mucho. Las historias crecen y se cuentan a la vez que las cuento.
P. Pero sí hay una serie de temas que aparecen de forma recurrente en sus libros.
R. Sí, son los temas que también me interesan en la vida.
P. Creo que en esta novela están la ausencia y el azar, el papel del azar en la vida, que es algo que aparece mucho en sus libros, esa sensación de que si uno agarra un tren u otro su vida puede cambiar.
R. Los enamoramientos, las historias amorosas, la gente tiende a verlas como algo que se ha producido de manera casi inevitable y no es así. Hablo de los enamoramientos verdaderos, no de la gente que en un momento de comodidad se empareja. Hay gente que piensa que estábamos destinados a encontrarnos. Y una de las reflexiones que aparecen en el libro es que todo eso no es más que el producto de una especie de sorteo o de rifa, al final del verano. Que uno se va encontrando con personas que pasan por ahí o que a su vez están libres, o que de pronto han pasado a estar libres y le consideran a uno o uno les considera a ellas. Depende de verdaderos azares, no suele haber nada grandioso en las historias amorosas sino que es más bien quién está libre, quién pasa por aquí, que número está libre, por seguir con la idea del sorteo, pero luego la gente tiene una tendencia a creer que eso ha sido una elección, que ha habido un elemento de voluntad, que uno ha decidido. Una de las cosas que aparecen en el libro es que en el fondo todos somos sustitutos de alguien, salvo quizás en la primera historia juvenil, y nosotros estamos sustituyendo a personas que se han perdido y es algo que casi nadie está dispuesto a aceptar.
P. En este sentido, el título puede ser interpretado como sarcástico, porque hay momentos en que su protagonista casi se ajusta a aquellos versos de Jacques Brel en Ne me quitte pas: "Quiero ser la sombra de tu sombra, la sombra de tu perro".
R. Hay una especie de incondicionalidad en el amor que nos debilita. Hay una persona que nos debilita y normalmente es, hasta cierto punto, el tipo de aviso que se tiene para tomar plena conciencia del enamoramiento, porque creo que el enamoramiento no es un mero sentimiento, creo que hay una conciencia. Uno de los avisos de que eso sucede es justamente esa especie de debilidad que te produce esa persona, uno se siente a veces desarmado, empieza a dejar pasar cosas, a ser víctima de la incondicionalidad.
P. En cuanto al relato de Balzac, Los tres mosqueteros o la cita de Macbeth que aparecen en su novela, ¿la importancia que tiene la literatura en Los enamoramientos es la que tiene en la vida?
R. Nuestra vida está formada también por esas historias. Casi todo lo que se nos cuenta es real. Usted me cuenta una historia que le ha pasado aquí, quizás la tiene en un ámbito distinto al de las narraciones, pero yo que la escucho como un relato, para mí, a la postre, va a quedar en el mismo ámbito, en el mismo nivel que una novela o una película. Uno lee sobre el sitio de Stalingrado y sabe que ha sucedido y que es real y que es espantoso, pero el hecho de que nos lo cuenten lo iguala con las narraciones ficticias. Y en ese sentido aparece en la novela. No es en un sentido metaliterario. En realidad me irritan bastante las novelas que hablan de escritores, que hablan de libros o que son metaliterarias; es algo que me parece bastante amanerado, me recuerda a Ocho y medio, que es una película de Fellini que no me gusta nada, libros sobre literatos, creo que aquí no es así. Aquí las referencias son a historias, pero en los libros hay un tipo de historias que en la vida real no se dan o es muy difícil que se den.
P. En este libro se despacha a gusto con los escritores, también con usted mismo, cuando la editora protagonista cuenta cómo son. ¿Por qué?
R. Me incluyo también. La narradora trabaja en una editorial y eso forma parte de su caracterización y de la verosimilitud del personaje. Me parece normal que alguien que trabaja en una editorial tenga una cierta visión irrespetuosa de los escritores y totalmente desmitificada porque me temo que las gentes que trabajan en las editoriales están acostumbradas a ver a los escritores con sus pequeñas mezquindades, vanidades, aprovechamientos de las cosas. Hay un poco de guasa y hay alguna anécdota que no deja de ser verdad.
P. Los narradores no expresan lo que piensan a través de un libro, cuentan historias, ni siquiera tienen que estar de acuerdo con su propio protagonista, pero tengo la impresión de que esta novela sí tiene algo de novela moral en el sentido de que somete al lector a una serie de dilemas morales sobre los que acaba reflexionando, como ocurre por ejemplo con El fin del romance, de Graham Greene. ¿Está usted de acuerdo con esto?
R. Sí, evidentemente. Una de las cosas que el libro también refleja es una cierta perplejidad ante algunas cosas que sí comparto. Las novelas no dan respuestas, como se ha dicho mil veces. He citado muchas veces esa cita de Faulkner en la que decía que lo que hace la literatura es lo que hace una pobre cerilla cuando se la enciende en mitad de la noche en mitad de un campo. No sirve para iluminar nada, sólo sirve para ver un poco mejor cuánta oscuridad hay alrededor. La literatura nos muestra cuánta zona de sombra hay, pero no la iluminamos y aquellas novelas que son moralistas o pretenden dar una lección o que se saque una tesis son muy malas, es como ilustrar una idea a través de una especie de fábula. Me parece literatura mala, no me interesa. Una de mis perplejidades tiene que ver con la impunidad, que es uno de los temas del libro, es algo que subleva. Uno tiene a veces la sensación justiciera: esto debe ser conocido, castigado. Yo mismo la he tenido durante los años de la Transición. Recuerdo mi irritación en vista de que a nadie se le iba a castigar por lo sucedido durante la guerra y la larguísima posguerra, pero entonces eso no bastó a mucha gente. Había escritores en esos años, los ochenta, que empezaron a dar entrevistas en las cuales contaban mentiras sobre su actuación. Nadie les estaba pidiendo cuentas, no les basta con esto. Recuerdo un historiador famoso que había sido diplomático franquista en París y habló de aquellos años como un exilio, recuerdo de otro escritor que en una entrevista de prensa dijo que estuvo con el bando nacional porque la guerra le pilló en Galicia y dijo que si le hubiese agarrado en Madrid hubiese sido republicano. Pero yo sabía que le pilló en Madrid y que hizo todo lo posible por pasarse al bando nacional. Eso subleva. Pero también se plantea la duda de si las cosas se deben perpetuar y contarlas una vez y otra. Hay un momento en que la narradora dice en referencia a Los tres mosqueteros, a la flor de lis que lleva grabada el personaje de Milady de Winter: "Yo no quiero convertirme en la flor de lis de nadie", porque esa flor de lis imborrable a menudo es causa de nuevas desgracias. Quizás es bastante con que las cosas sucedan y nada más que sucedan, si además se cuentan es como si siguieran perpetuándose. No lo sé. Porque por otro lado pienso que las cosas injustas deben saberse. Yo mismo no lo tengo claro, es un dilema que aparece sin solución. Ni yo como autor, que debo estar fuera de la novela propiamente dicha, ni por supuesto los personajes tienen una respuesta. Y esas son las cosas que me interesa reflejar cuando escribo novela. Puedo ser mucho más categórico en un artículo, aparentemente tengo las cosas más claras. El otro día alguien me decía: "Has escrito un artículo en el cual hablabas de la impunidad y decías que era horrible, pero luego en el campo de la novela puedes pensar que es necesario que haya cierta impunidad". Como articulista puedo tener una postura más clara porque estoy en la vida real. Es una cosa curiosa, pero en las novelas es donde uno menos engaña. Como articulista, ahí está el ciudadano: uno es ciudadano, firma con su nombre, se hace responsable de sus opiniones, todos los que hacemos ese tipo de piezas periodísticas tenemos una cierta intención aleccionadora, pero el ciudadano no interviene en absoluto cuando es una novela, ahí no hay ciudadano que valga. Y ahí es donde se engaña menos, se habla de las cosas como son. No es que uno mienta en los artículos, hay un cierto voluntarismo de que las cosas reales sean mejores, y en cambio uno cuando transita por el territorio de la ficción no hay reglas, no se está hablando de la sociedad realmente, no habla uno, se vuelve en la voz de un narrador o de un personaje que no es uno, al que le puedes prestar cosas, pero no es uno. Ahí es donde se engaña menos.
P. Es cierto que su novela está llena de preguntas sin respuesta.
R. Otra de las cosas que el libro pone sobre la mesa es la imposibilidad de saber con certeza, casi nunca podemos saber con certeza nada, ni siquiera lo que nos atañe.
P. Creo que es un libro cínico en el sentido griego del término, que muestra las cosas como son, no como nos gustaría que fuesen.
R. Como son a veces, tampoco hay que decir que son siempre así. Muestra lo que no siempre queremos saber. Las novelas son donde uno menos se engaña, uno se engaña más en la realidad. A mí hay personas que me conocen bien, que me dicen que en mis novelas hay cosas de mucha fineza, que percibo muchas cosas, y que luego en la vida real no se entiende cómo no me entero de nada. Yo siempre contesto: "Por fortuna". Si lo que logro averiguar en el transcurso de escritura de una novela o lo que llego a ver, a firmar, si eso lo aplicara a mi vida personal y a mi vida práctica sería un desastre, no podría vivir. Por fortuna, uno hace caso omiso de lo que ha averiguado en el campo de la ficción.
P. Y saliéndonos un poco del libro, un tema que aparece mucho en sus artículos es la protesta ante lo políticamente correcto. Usted es muy aficionado a las series, ¿le gusta Mad Men, que describe cómo era el mundo antes de lo políticamente correcto?
R. El otro día leí un artículo bastante largo en The New York Review of Books escrito por un ensayista, Daniel Mendelson, que no entendía cómo un artículo así, tan malo, estaba en una publicación prestigiosa. Es una serie que me gusta mucho, yo recuerdo esa época, la recuerdo bastante bien, recuerdo ese mundo, recuerdo los personajes, cuando salía un disco nuevo de Dean Martin, recuerdo que los niños o adolescentes de mi época estaban obsesionados con el Rat Pack, era el no va más de lo cool. Es un mundo que en cierto sentido añoro: en esta reseña larga había como una especie de condena de ese mundo, "mire qué malos eran nuestros padres, cómo fumaban las mujeres embarazadas". Yo no veo que la serie vaya por ese lado; al revés, creo que hay una cierta nostalgia de un mundo quizás un poco más irresponsable, pero un poco menos estricto, estamos llegando a unos extremos en los cuales se está acabando con la espontaneidad de la vida.
P. ¿Y su resistencia a escribir en un ordenador tiene que ver con esto?
R. No, no hay ningún rechazo. En realidad, es que me gusta escribir sobre papel, sacar la hoja, corregirla a mano, hacer mis tachaduras, mis flechas, mis cambios. Me gusta volverla a teclear porque, aunque sea un trabajo y a veces las tecleo hasta cinco veces, o las que haga falta, cada vez que la tecleo no es como si la releo, la hago un poco más mía, la asumo, la apruebo y digo: "Vale, esto va". Le doy el visto bueno.

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