domingo, 31 de octubre de 2010

Etimología de la palabra chao

Chao es una fórmula de despedida con una curiosa historia. Para rastrear sus orígenes vamos a tener que hacer todo un viaje etimológico.




Nosotros la hemos adoptado del italiano, desde donde se difundió a las lenguas del mundo hasta pasar a formar parte del vocabulario internacional. El italiano estándar, a su vez, la tomó de la expresión veneciana sciào vostro, que en italiano estándar se diría schiavo vostro y significa literalmente ’soy vuestro esclavo’. Esta era una fórmula de cortesía que explotaba el mecanismo de presentarse en una posición inferior —de sumisión— ante nuestro interlocutor. Puede que nos resulte chocante que alguien se quiera referir a sí mismo como esclavo, pero esto no nos debería llamar tanto la atención si tenemos en cuenta que nosotros hemos inventado fórmulas similares como servidor, que hoy en la lengua general ha quedado relegado más bien a usos jocosos como, por ejemplo, Pues con servidor que no cuenten, o sea, ‘Que no cuenten conmigo’.



Con el uso, como todo, la expresión cortés sciào vostro se fue desgastando. Su forma quedó reducida a sciào y de su significado desapareció toda idea de sumisión o esclavitud. Ya era simplemente algo que se decía al despedirse. Esta forma desgastada es la que dio lugar al italiano estándar ciao, que vale lo mismo como saludo que como despedida.



Pero solo hemos hecho una parte del viaje. Del veneciano nos tenemos que ir al latín medieval, que tenía una palabra sclavus que había tomado prestada del griego bizantino sklávos. Esta era la adaptación del nombre que se daban a sí mismos ciertos pueblos de europa, los slovēninŭ o eslavos. Así, sclavus significaba al principio simplemente ‘eslavo’. Aún hoy salta a la vista la semejanza entre las dos palabras, que no son sino variantes que se han especializado semánticamente. Lo que ocurrió fue que durante la Edad Media los eslavos eran capturados a menudo por el Imperio Bizantino, que los sometía a servidumbre, con lo que su nombre se convirtió en sinónimo de siervo y acabó desplazando a la vieja denominación latina servus.



Así, cuando hoy nos despedimos de alguien con un simple ¡chao!, lo que hay detrás es la ocurrencia de un veneciano que un buen día decidió congraciarse con alguien diciendo que era su esclavo (algo le querría sacar) y, más allá de eso, la desdicha que tuvieron muchos eslavos en los Balcanes, allá por la época medieval, de acabar convertidos en siervos de un griego. ¡Quién lo hubiera dicho!



Hasta la próxima semana o, mejor dicho, ¡chao!

sábado, 30 de octubre de 2010

Cumpleaños feliz al poeta

ROSANA TORRES - Madrid - 31/10/2010



Miguel Hernández hubiera sido feliz con la fiesta de su 100º cumpleaños. Como poeta y como hombre del pueblo. Doce horas continuadas de su poesía, de sus palabras, de su dignidad. Una jornada maratoniana que, por un lado fue popular, abierta a todo el mundo, con un público que fue variando a lo largo del día y de la noche. Por otro se celebró en la sede del Instituto Cervantes de Madrid.


Esta lectura continuada de la obra del poeta Miguel Hernández, en las voces de personalidades del mundo de la cultura, de la sociedad civil y de ciudadanos anónimos, recibió el nombre de La voz de la memoria. Un proyecto que ha impulsado desde hace tiempo la actriz Amparo Climent con la Unión de Actores, en colaboración con el Cervantes, aunque dice que sin la ayuda de la Fundación Aisge (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión) y el Ayuntamiento de Madrid no se hubiera podido llevar a cabo.



Para inaugurar y clausurar la jornada, nada menos que Paco Rabal recitando Elegía, en un documento grabado. Y entre una proyección y otra cientos de participantes, miles de espectadores. Desde Carmen Caffarel , directora del Cervantes, y otras autoridades como Alicia Moreno (Ayuntamiento), Jorge Bosso (Unión de Actores) y la familia de Hernández, que han elegido este acto de los muchos que hoy se celebraban por toda la geografía española, Lucía Izquierdo, nuera del poeta homenajeado, su nieta María José Hernández, y su sobrina carnal Rosa Moreno Hernández.



Luego han hecho una aproximación a Hernández figuras como Xavier Elorriaga, Pilar Bardem, Luis Eduardo Aute, Blanca Portillo, José Sacristán, Emma Cohen, Fernando Chinarro, Elisa Sanz... Y a partir de ahí, actores, músicos, público desconocido y también espectadores de lujo como Mario Gas, en silencio en una esquina, y Marcos Ana, el poeta... y el preso político español que más tiempo ha estado de manera continuada en cárceles franquistas, 26 años, quien, como otros, ha acudido a la cita después de haber participado por la calles de Madrid en el cortejo fúnebre de Marcelino Camacho. Y ya entrada la noche, Juan Diego, Natalie Poza, Juan Diego Botto, Lucía Álvarez, Nathalie Seseña, Josep Maria Flotats, Héctor Alterio...



A la cantaora Carmen Linares, una de las voces más contundentes del flamenco, no se la esperaba. Cantó Aceituneros, uno de los poemas más conocidos del poeta. El mismo que leyó Josefina Román, una joven republicana de 88 años, venida desde Alcalá al acto, quien interrumpió su intervención para gritar un "¡Viva la República!" que emocionó hasta el llanto a muchos asistentes.



viernes, 22 de octubre de 2010

¿Se puede hablar de todo en cualquier lengua?

21 de octubre de 2010




Una vieja cuestión de la lingüística es si se puede hablar de todo en cualquier lengua o, lo que es lo mismo, si todos los idiomas de la humanidad son medios expresivos igualmente válidos, dotados del mismo potencial para poner en palabras lo que queremos decir. La cuestión no es trivial, como veremos, pues las consecuencias prácticas de una u otra respuesta pueden llegar a ser drásticas.



Para despejar las dudas desde el principio, diremos que sí, que todo parece indicar que se puede hablar de todo en cualquier lengua. Esto es, de hecho, lo que se conoce como principio de efabilidad.



Las lenguas del mundo presentan fuertes variaciones en cuanto a su vocabulario y sus estructuras gramaticales. Tan grande es la diversidad que uno puede estar tentado de pensar que cada lengua es un mundo aparte y que cada comunidad lingüística vive recluida en los límites de ese mundo. Un pueblo que habita junto al mar puede tener vocabulario para expresar peculiaridades de su medio de las que carezca un pueblo del interior y viceversa. Una sociedad tecnificada como la nuestra dispone de términos para nombrar los componentes de un teléfono móvil que no se encontrarán en sociedades que desconozcan este artilugio (suponiendo, claro está, que todavía existan tales sociedades en el mundo). ¿Quiere esto decir que las gentes del desierto no podrán hablar del mar o que será imposible explicar qué es un teléfono móvil y cómo está hecho a un grupo de población que nunca haya visto uno?



Lo que nos dice el sentido común y nuestra propia experiencia es que sí se puede. Quizás carezcamos de ciertas palabras, pero en estos casos siempre está disponible la posibilidad de explicarnos por rodeos o de acuñar nuevo vocabulario. De hecho, nosotros tampoco disponíamos del vocabulario necesario para hablar de los teléfonos móviles hasta que no se inventaron. Y otras veces la forma de hacerse con ese nuevo vocabulario es tan simple como tomarlo prestado del pueblo de al lado que ya lo tiene. Es algo que hacemos a diario.



Por lo que respecta a la gramática, hay lenguas, como la nuestra, que cuentan con un complejo sistema de tiempos verbales de pretérito, lo que nos permite afinar muchísimo en la expresión de relaciones temporales de pasado. Piénsese en los matices semánticos que encierran formas como cantaba, cantó, ha cantado, había cantado, hubo cantado… En otras lenguas, en cambio, solo hay disponible un tiempo de pretérito. ¿Limita eso las posibilidades de hablar del pasado? No necesariamente. Junto a las formas que nos ofrece la gramática hay toda una gama de elementos léxicos que también permiten matizar y graduar la narración de hechos pasados, por ejemplo, antes, después, luego, a continuación. Y si todo eso falla, siempre habrá alguna manera de explicarlo con una o más oraciones.



El principio de efabilidad es primo hermano del de traductibilidad. Si el pensamiento humano se puede expresar por igual en cualquier lengua, entonces las lenguas tienen que ser traducibles. Cualquier traductor nos podrá advertir que todo texto está plagado de matices de significado que resulta imposible verter en los moldes de otra lengua. No obstante —y hasta donde tengo noticia—, hasta la fecha ningún texto de una lengua conocida ha sido declarado intraducible. Siempre se encuentra una forma de trasladar el contenido, aunque haga falta un buen calzador o, incluso, unos cuantos martillazos. Pero esto no da al traste con el principio de efabilidad, por lo menos en una versión moderada, pues este lo que postula es que lo que se puede decir en una lengua se puede decir también en otra, pero no que todo se tenga que decir de la misma manera.



Las implicaciones de este asunto van más allá de la mera especulación teórica. Si hubiera limitaciones a lo que es expresable en una lengua, habría que admitir que hay limitaciones culturales que se derivan de este hecho. Sería predecible entonces que ciertas comunidades lingüísticas se encontrarían con dificultades básicas para la especulación filosófica, para el desarrollo tecnológico o para la creación literaria, por citar solamente algunos ejemplos, mientras que a otras su lengua les podría proporcionar una ventaja estratégica en alguno de esos campos. Podría ser que la excelencia en lo uno sólo se pudiera obtener a expensas de lo otro, que las lenguas especialmente dotadas para la lógica tuvieran un rendimiento mediocre en la lírica, o que solo se pudiera alcanzar una extraordinaria aptitud para la abstracción a costa de lo emotivo. La idea, desde luego, es tentadora y se corresponde con muchos de los estereotipos que circulan a propósito de los diferentes pueblos del mundo. Otra posibilidad, más fuerte aún, sería que ciertas lenguas sobresalieran de manera generalizada, que resultaran ser instrumentos especialmente aptos para los más diversos cometidos, de modo que el ser hablantes nativos de una determinada lengua, ya de por sí, les diera una ventaja de partida a sus poetas, filósofos, oradores, ingenieros, economistas o juristas. Un pueblo así no tardaría en convertirse en amo del mundo.



Pues bien, todo esto se ha postulado en algún momento de las lenguas más variadas. En Europa tuvimos incluso todo un discurso seudocientífico que pretendía demostrar la superioridad de las lenguas europeas. Esto implicaba la superioridad de nuestra cultura y, en definitiva, de nuestras sociedades. Si, en cambio, el pueblo X tenía una limitación radical para el pensamiento abstracto y esto constituía un impedimento para su desarrollo espiritual y material, nada más natural que acudir allí a echarles una mano… a nuestra manera. Toda esa palabrería no era sino una más de las tristes justificaciones del colonialismo y el racismo.



Son necesarias un par de advertencias antes de terminar.



La primera es que el principio de efabilidad no implica en modo alguno que todo se puede expresar con palabras. Todos nos hemos topado alguna vez con los límites del lenguaje humano, con lo inexpresable. No, este principio es más modesto. Se conforma con afirmar que si se puede decir en una lengua también se podrá decir en las otras. Y lo que no se puede decir, probablemente no se pueda decir en ninguna.



La segunda es que este principio no está tampoco exento de problemas. Algunos de ellos han sido señalados por los defensores de la hipótesis contraria, la de la relatividad lingüística. Pero de eso nos tendremos que ocupar otro día, que por hoy ya es bastante.

[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, ¿Se puede hablar de todo en cualquier lengua?]







Publicado por Alberto Bustos

miércoles, 20 de octubre de 2010

La Ilustracion y la Razon

García Márquez tiene la palabra

Gabriel García Márquez, en su casa de México en 2007.- MARCELO SALINAS

'Yo no vengo a decir un discurso' reúne seis décadas de intervenciones del nobel - La obra traza un recorrido por la literatura, el cine, la política y América Latina



JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid



EL PAÍS - Cultura - 20-10-2010

Gabriel García Márquez pronunció su primer discurso con 17 años; el último, por ahora, con 80. Uno tuvo lugar en 1944 en el Liceo de Varones de Zipaquirá, en el interior de Colombia, donde el futuro escritor cursaba el bachillerato como becario interno. El tema era la amistad y los asistentes se llamaban Henry Sánchez, Augusto Londoño, Humberto Jaimes o Manuel Arenas. El otro tuvo como escenario el monumental Centro de Convenciones de Cartagena de Indias durante la inauguración del IV Congreso de la Lengua. El motivo era una edición de Cien años de soledad con una tirada de un millón de ejemplares, y entre los 1.500 invitados -2.300 policías vigilaban las calles- había nombres como Juan Carlos de Borbón, Sofía de Grecia, Bill Clinton o Álvaro Uribe.



Ni premios ni parlamentos

"Yo no vengo a decir un discurso", dijo García Márquez (Aracataca, 1927) en aquella lejana, e irónica, perorata adolescente, y esa frase es la que ha elegido el escritor para titular la recopilación de 22 discursos y conferencias que Mondadori publicará el próximo día 29.



De la charla en Estocolmo con motivo del Premio Nobel de 1982 a la polémica propuesta de jubilación de la ortografía en otro congreso de la lengua, el de Zacatecas (México) de 1997, el volumen es un repaso por las grandes pasiones del autor de El amor en los tiempos del cólera: el cine, la política, la amistad, América Latina y, por supuesto, la literatura. Muchas de sus primeras intervenciones comienzan, como cuando acude a Venezuela en 1972 para recibir el Premio Rómulo Gallegos, con el reconocimiento de algo irreparable, la rotura de un viejo propósito: "Recibir un premio y decir un discurso".



Escritor a la fuerza

"El oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica". Lo dijo García Márquez en Caracas en 1970, cuando era "feliz e indocumentado", en una conferencia titulada Cómo empecé a escribir. Allí relata que concibió su primer cuento solo por llevarle la contraria a un periodista que afirmaba que en Colombia los jóvenes narradores no tenían nada que decir. La charla, cuenta Cristóbal Pera, responsable de la edición de Yo no vengo a decir un discurso, la rescató del olvido Margarita Márquez, prima del escritor y "archivera" de la familia: "En cuanto Gabo leyó el texto dijo: 'Esto lo he escrito yo, seguro".



Casi 40 años después, ante la ilustre multitud de Cartagena, aquel "artesano insomne" recordaba -"No se trata de una afirmación jactanciosa"- que si los 50 millones de lectores que llevaba Cien años de soledad a la altura de 2007 vivieran "en un mismo pedazo de tierra" conformarían "uno de los 20 países más poblados del mundo".



Soledad de América

En su discurso del Nobel, García Márquez recordó a su maestro Faulkner, a Pablo Neruda y a Thomas Mann, premiados como él, pero sus palabras fueron tan políticas como literarias: "¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social?".



El autor de El general en su laberinto recuerda a lo largo de varios discursos una frase de Simón Bolívar -"Somos un pequeño género humano"- para hablar de América Latina -"Primer productor mundial de imaginación creadora"- y de la integración de su cine y de su literatura. Su preocupación continental pasa por las dictaduras, el narcotráfico y la ecología. También de la educación pública como arma contra la discriminación social: "La pobreza y la injusticia no nos han dejado mucho tiempo para asimilar las lecciones del pasado ni pensar en el futuro".



La culpa fue de Mutis

"Álvaro Mutis y yo habíamos hecho el pacto de no hablar en público el uno del otro, ni bien ni mal, como una vacuna contra la viruela de los elogios mutuos". En 1993, Álvaro Mutis cumplió 70 años y su amigo rompió el pacto. ¿La razón? El creador de Maqroll lo había roto antes. ¿Por qué? "Porque no le gustó el peluquero que le recomendé".



Con excepción de su visita a Suecia, todas las intervenciones de García Márquez destilan un sentido del humor que encuentra su altura máxima en los homenajes a sus amigos. A Mutis, que improvisó con él "a cuatro manos" el brindis que pronunció en el Ayuntamiento de Estocolmo, le afea su "insensibilidad para el bolero", pero le agradece que le pusiera delante un ejemplar de Pedro Páramo, el libro que le enseñó a escribir de otro modo.



En un homenaje póstumo a Julio Cortázar, el autor de Vivir para contarla habla como de "el ser humano más impresionante que he tenido la suerte de conocer". Cristóbal Pera dice que es uno de los textos favoritos del narrador colombiano: "Cada vez que lo relee, se emociona".



Las haches rupestres

Otro de los discursos favoritos del escritor -"Por lo que tiene de travesura"- es el que pronunció en Zacatecas ante una sala repleta de académicos: "Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota...". Seguían los acentos escritos, la be y la uve y otras "osadías y desatinos". José Antonio Pascual, vicedirector de la Real Academia Española, sonríe todavía al recordar aquella "provocación": "Más que antiacadémico, aquello fue un alegato antiacademicista. No me escandalizo. Desde Rubén Darío al menos, es una vieja tradición. Si no provoca, la retórica queda floja, y no te fijas". Pascual trabajó en la edición conmemorativa de Cien años de soledad y recuerda que García Márquez corregía las pruebas "con un impecable sentido de la norma".









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Viaje a la patria chica de García Márquez





El Gabo que viene



Cristóbal Pera, responsable de Mondadori en México, ha trabajado durante un año y medio con Gabriel García Márquez en Yo no vengo a decir un discurso. Según el editor, la revisión de los textos se centró en limpiarlos de erratas y, sobre todo, en ponerle título a los que no los tenían. Por lo demás, el escritor no añadió una coma. Ni siquiera a las palabras escritas con 17 años, que gastan ya la misma ironía que Una naturaleza distinta en un mundo distinto al nuestro, una conferencia ante un auditorio de militares -"lo más raro que he hecho en mi vida"-, a los que deja una frase: "Creo que las vidas de todos nosotros serían mejores si cada uno de ustedes llevara siempre un libro en su morral". ¿Y qué hace ahora García Márquez? Preparar una antología de sus artículos periodísticos, cuenta Pera. Y corregir una y otra vez En agosto nos vemos, una novela de "hace algunos años" que no tiene fecha de publicación: "Gabo no acaba de estar contento. Dice que hay un personaje que todavía no le convence". El de escritor es el único oficio que se hace más difícil cuanto más se practica. Son sus propias palabras.

lunes, 18 de octubre de 2010

ESTUDIO DE "EL SÍ DE LAS NIÑAS" I

ESTUDIO DE "EL SÍ DE LAS NIÑAS" II

III edición de Getafe Negro

Los escritores Philip Kerr, Robert Wilson y Sophie Hannah visitarán la tercera edición del festival de novela policiaca.


P. Campos , Madrid Lunes, 18 de octubre de 2010



 La novela policiaca del Reino Unido será la protagonista de la III edición de Getafe Negro, el festival literario que se celebra desde hoy y hasta el día 24 con más de 83 escritores.


Los británicos Philip Kerr, Robert Wilson y Sophie Hannah explicarán a los lectores el proceso de creación de sus obras. Kerr lo hará el miércoles (18.00 en Centro Municipal de Cultura) en la mesa redonda Novelar a los nazis. Wilson y Hannah le seguirán el jueves (18.00 en el CMC) con Asesinato a las cinco. También estarán escritores patrios como Manuel Rivas y Lorenzo Silva (miércoles, 20.00 en el CMC) o Antonio Muñoz Molina y Antonio Lozano (viernes, 20.00 en el CMC).



Getafe Negro también se subirá a las tablas (domingo, 20.00 en el teatro Federico García Lorca) para rendir tributo a Miguel Hernández con la obra Sino sangriento, una representación basada en el texto original que hicieron los presos de la cárcel de Burgos en 1960.



El séptimo arte estará representado por el homenaje a Alfred Hitchcock (sábado a las 20.00 en CMC) y proyecciones en UGC Cine Cité de Getafe (2€) de varias películas como El profesor Layton y la diva eterna, la película de animación de la célebre saga de juegos de Nintendo. La música la pondrá Sunshine Brothers el jueves y el arte, exposiciones como El color de las sombras que se puede ver en el Centro de Arte Ciudad de Getafe.

domingo, 17 de octubre de 2010

Canto a Teresa - José de Espronceda (Comentario de texto)





PAUTAS PARA EL COMETARIO

1. Este fragmento ilustra, por un lado, algunos aspectos de la concepción de amor y de la imagen de la mujer típicos del Romanticismo; por otro lado, ciertas peculiaridades de la visión particular que Espronceda tiene de ambos. La primera estrofa recrea ese modelo de mujer. ¿Qué rasgos son los que la caracterizan? ¿Cómo se resalta su carácter ideal en ésta y en sucesivas estrofas?

2. En la estrofa que empieza “¡Ay!, aquella mujer…”, Espronceda explica que esta mujer, pura idea, irreal, y por tanto inalcanzable, es una mera ilusión, una imagen creada por el alma. ¿Cuál es la finalidad de esta creación? Explica en relación con ello el sentido de los versos de esta estrofa.

3. El amor, en consecuencia, aparece concebido como un sentimiento puro del alma, un celestial anhelo. Pero ¿Qué es lo que se anhela, en último término? Observa cómo lo expresa el poeta en la estrofa que empieza “¡Oh llama santa!...” y explica el sentido de estas ideas y la relación que guardan con conceptos básicos del Romanticismo como el idealismo, la búsqueda de lo absoluto, el anhelo de armonía e integración universal, la soledad, etc.


4. Pero, frente a esta mujer ideal, aparece en la cuarta estrofa otra imagen de la mujer. ¿Cuál es? ¿Cómo presenta el poeta el desajuste entre lo ideal y la realidad? Finalmente, ¿qué sentimientos produce en él este desajuste que hace que el amor sea por definición inalcanzable? ¿Con qué recursos e imágenes lo expresa? Comenta en este sentido las últimas estrofas del fragmento.






Descansa en paz


              ¡Bueno es el mundo, bueno, bueno, bueno!
              Como de Dios al fin obra maestra,
              Por todas partes de delicias lleno,
           De que Dios ama al hombre hermosa muestra.
              Salga la voz alegre de mi seno
              A celebrar esta vivienda nuestra;
              ¡Paz a los hombres! ¡gloria en las alturas!
              ¡Cantad en vuestra jaula, criaturas!
                    —María, por Miguel de los Santos Álvarez.





¿Por qué volvéis a la memoria mía,
Tristes recuerdos del placer perdido,
A aumentar la ansiedad y la agonía
De este desierto corazón herido?
¡Ay! que de aquellas horas de alegría
Le quedó al corazon sólo un gemido,
Y el llanto que al dolor los ojos niegan
Lágrimas son de hiel que el alma anegan.



¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas
De juventud, de amor y de ventura,
Regaladas de músicas sonoras,
Adornadas de luz de hermosura?
Imágenes ce oro bullidoras.
Sus alas de carmín y nieve pura,
Al sol de mi esperanza desplegando,


Pasaban ¡ay! a mi alredor cantando.

Gorjeaban los dulces ruiseñores,
El sol iluminaba mi alegría,
El aura susurraba entre las flores,
El bosque mansamente respondía,

Las fuentes murmuraban sus amores. . .
¡Ilusiones que llora el alma mía!
¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído
El bullicio del mundo y su ruido!



Mi vida entonces, cual guerrera nave
Que el puerto deja por la vez primera,
Y al soplo de los céfiros süave
Orgullosa despliega su bandera,

Y-al mar dejando que a sus pies alabe
Su triunfo en roncos cantos, va velera,
Una ola tras otra bramadora
Hollando y dividiendo vencedora.



¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente
De amor volaba; el sol de la mañana
Llevaba yo sobre mi tersa frente,
Y el alma pura de su dicha ufana:
Dentro de ella el amor, cual rica fuente
Que entre frescuras y arboledas mana.
Brotaba entonces abundante río
De ilusiones y dulce desvarío.



Yo amaba todo: un noble sentimiento
Exaltaba mi ánimo, y sentía
En mi pecho un secreto movimiento,
De grandes hechos generoso guía:
La libertad con su inmortal aliento,
Santa diosa, mi espíritu encendía,
Contino imaginando en mi fe pura
Sueños de gloria al mundo y de ventura.



El puñal de Catón, la adusta frente
Del noble Bruto, la constancia fiera
Y el arrojo de Scévola valiente,
La doctrina de Sócrates severa,
La voz atronadora y elocuente
Del orador de Atenas, la bandera
Contra el tirano Macedonio alzando,
Y al espantado pueblo arrebatando:



El valor y la fe del caballero,
Del trovador el arpa y los cantares,
Del gótico castillo el altanero
Antiguo torreón, do sus pesares
Cantó tal vez con eco lastimero,
¡Ay! arrancada de sus patrios lares,
Joven cautiva, al rayo de la luna,
Lamentando su ausencia y su fortuna:



El dulce anhelo del amor que aguarda,
Tal vez inquieto y con mortal recelo;
La forma bella que cruzó gallarda,
Allá en la noche, entre medroso velo;
La ansiada cita que en llegar se tarda
Al impaciente y amoroso anhelo,
La mujer y la voz de su dulzura,
Que inspira al alma celestial ternura:



A un tiempo mismo en rápida tormenta
Mi alma alborotada de contino,
Cual las olas que azota con violenta
Cólera impetüoso torbellino:
Soñaba al héroe ya, la plebe atenta
En mi voz escuchaba su destino;
Ya al caballero, al trovador soñaba,
Y de gloria y de amores suspiraba.



Hay una voz secreta, un dulce canto,
Que el alma sólo recogida entiende,
Un sentimiento misterioso y santo,
Que del barro al espíritu desprende;
Agreste, vago y solitario encanto
Que en inefable amor el alma enciende,
Volando tras la imagen peregrina
El corazón de su ilusión divina.



Yo, desterrado en extranjera playa,
Con los ojos extático seguía
La nave audaz que en argentada raya
Volaba al puerto de la patria mía:
Yo, cuando en Occidente el soy desmaya,
Solo y perdido en la arboleda umbría,
Oír pensaba el armonioso acento
De una mujer, al suspirar del viento.



¡Una mujer! En el templado rayo
De la mágica luna se colora,
Del sol poniente al lánguido desmayo
Lejos entre las nubes se evapora;
Sobre las cumbres que florece Mayo
Brilla fugaz al despuntar la aurora,
Cruza tal vez por entre el bosque umbrío,
Juega en las aguas del sereno río.



¡Una mujer! Deslizase en el cielo
Allá en la noche desprendida estrella.
Si aroma el aire recogió en el suelo,
Es el aroma que le presta ella.
Blanca es la nube que en callado vuelo
Cruza la esfera, y que su planta huella.
Y en la tarde la mar olas le ofrece
De plata y de zafir, donde se mece.



Mujer que amor en su ilusión figura,
Mujer que nada dice a los sentidos,
Ensueño de suavísima ternura,
Eco que regaló nuestros oídos;
De amor la llama generosa y pura,
Los goces dulces del amor cumplidos,
Que engalana la rica fantasía,
Goces que avaro el corazón ansía.



¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquella,
Tanto delirio a realizar alcanza,
Y esa mujer tan cándida y tan bella
Es mentida ilusión de la esperanza:
Es el alma que vívida destella
Su luz al mundo cuando en él se lanza,
Y el mundo con su magia y galanura
Es espejo no más de su hermosura:



Es el amor que al mismo amor adora,
El que creó las Sílfides y Ondinas,
La sacra ninfa que bordando mora
Debajo de las aguas cristalinas:
Es el amor que recordando llora
Las arboledas del Edén divinas:
Amor de allí arrancado, allí nacido,
Que busca en vano aquí su bien perdido.



¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo!
¡Sentimiento purísimo! ¡memoria
Acaso triste de un perdido cielo,
Quizá esperanza de futura gloria!
¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo!
¡Oh mujer que en imagen ilusoria
Tan pura, tan feliz, tan placentera,
Brindó el amor a mi ilusión primera! . . .



¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías,
¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis a mares?
¿Por qué, por qué como en mejores días,
No consoláis vosotras mis pesares?
¡Oh! los que no sabéis las agonías
De un corazón que penas a millares
¡Ah! desgarraron y que ya no llora,
¡Piedad tened de mi tormento ahora!



¡Oh dichosos mil veces, sí, dichosos
Los que podéis llorar! y ¡ay! sin ventura
De mí, que entre suspiros angustiosos
Ahogar me siento en infernal tortura.
¡Retuércese entre nudos dolorosos
Mi corazón, gimiendo de amargura!
También tu corazón, hecho pavesa;
¡Ay! llegó a no llorar, ¡pobre Teresa!



¿Quién pensara jamás, Teresa mía,
Que fuera eterno manantial de llanto,
Tanto inocente amor, tanta alegría,
Tantas delicias y delirio tanto?
¿Quién pensara jamás llegase un día
En que perdido el celestial encanto
Y caída la venda de los ojos,
Cuanto diera placer causara enojos?



Aun parece, Teresa, que te veo
Aerea como dorada mariposa,
Ensueño delicioso del deseo,
Sobre tallo gentil temprana rosa,
Del amor venturoso devaneo,
Angélica, purísima y dichosa,
Y oigo tu voz dulcísima, y respiro
Tu aliento perfumado en tu suspiro.



Y aun miro aquellos ojos que robaron
A los cielos su azul, y las rosadas
Tintas sobre la nieve, que envidiaron
Las de Mayo serenas alboradas:
Y aquellas horas dulces que pasaron
Tan breves, ¡ay! como después lloradas,
Horas de confianza y de delicias,
De abandono y de amor y de caricias.



Que así las horas rápidas pasaban,
Y pasaba a la par nuestra ventura;
Y nunca nuestras ansias las contaban,
Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura.
Las horas ¡ay! huyendo nos miraban,
Llanto tal vez vertiendo de ternura;
Que nuestro amor y juventud veían,
Y temblaban las horas que vendrían.



Y llegaron en fin. . . ¡Oh! ¿quién impío
¡Ay! agostó la flor de tu pureza?
Tú fuiste un tiempo cristalino río,
Manantial de purísima limpieza;
Después torrente de color sombrío,
Rompiendo entre peñascos y maleza,
Y estanque, en fin, de aguas corrompidas,
Entre fétido fango detenidas.



¿Cómo caíste despeñado al suelo,
Astro de la mañana luminoso?
Ángel de luz, ¿quién te arrojó del cielo
A este valle de lágrimas odioso?
Aun cercaba tu frente el blanco velo
Del serafín, y en ondas fulguroso
Rayos al mundo tu esplendor vertía,
Y otro cielo el amor te prometía.



Mas ¡ay! que es la mujer ángel caído,
O mujer nada más y lodo inmundo,
Hermoso ser para llorar nacido,
O vivir como autómata en el mundo.
Sí, que el demonio en el Edén perdido,
Abrasara con fuego del profundo
La primera mujer, y ¡ay! aquel fuego
La herencia ha sido de sus hijos luego.



Brota en el cielo del amor la fuente,
Que a fecundar el universo mana,
Y en la tierra su límpida corriente
Sus márgenes con flores engalana;
Mas, ¡ay! huid: el corazón ardiente
Que el agua clara por beber se afana,
Lágrimas verterá de duelo eterno,
Que su raudal lo envenenó el infierno.



Huid, si no queréis que llegue un día
En que enredado en retorcidos lazos
El corazón, con bárbara porfía
Luchéis por arrancároslo a pedazos:
En que al cielo en histérica agonía
Frenéticos alcéis entrambos brazos,
Para en vuestra impotencia maldecirle,
Y escupiros, tal vez, al escupirle.



Los años ¡ay! de la ilusión pasaron,
Las dulces esperanzas que trajeron
Con sus blancos ensueños se llevaron,
Y el porvenir de oscuridad vistieron:
Las rosas del amor se marchitaron,
Las flores en abrojos convirtieron,
Y de afán tanto y tan soñada gloria
Sólo quedó una tumba, una memoria.



¡Pobre Teresa! ¡Al recordarte siento
Un pesar tan intenso!. . . Embarga impío
Mi quebrantada voz mi sentimiento,
Y suspira tu nombre el labio mío:
Para allí su carrera el pensamiento,
Hiela mi corazón punzante frío,
Ante mis ojos la funesta losa,
Donde vil polvo tu beldad reposa.



Y tú feliz, que hallastes en la muerte
Sombra a que descansar en tu camino,
Cuando llegabas, mísera, a perderte
Y era llorar tu único destino:
Cuando en tu frente la implacable suerte
Grababa de los réprobos el sino;
Feliz, la muerte te arrancó del suelo,
Y otra vez ángel, te volviste al cielo.



Roída de recuerdos de amargura,
Árido el corazón, sin ilusiones,
La delicada flor de tu hermosura
Ajaron del dolor los aquilones:
Sola, y envilecida, y sin ventura,
Tu corazón secaron las pasiones:
Tus hijos ¡ay! de ti se avergonzaran,
Y hasta el nombre de madre te negaran.



Los ojos escaldados de tu llanto,
Tu rostro cadavérico y hundido;
Único desahogo en tu quebranto,
El histérico la de tu gemido:
¿Quién, quién pudiera en infortunio tanto
Envolver tu desdicha en el olvido,
Disipar tu dolor y recogerte
En su seno de paz? ¡Sólo la muerte!



¡Y tan joven, y ya tan desgraciada!
Espíritu indomable, alma violenta,
En ti, mezquina sociedad, lanzada
A romper tus barreras turbulenta.
Nave contra las rocas quebrantada,
Allá vaga, a merced de la tormenta,
En las olas tal vez náufraga tabla,
Que sólo ya de sus grandezas habla.



Un recuerdo de amor que nunca muere
Y está en mi corazón; un lastimero
Tierno quejido que en el alma hiere,
Eco süave de su amor primero:
¡Ay! de tu luz, en tanto yo viviere,
Quedará un rayo en mí, blanco lucero,
Que iluminaste con tu luz querida
La dorada mañana de mi vida.



Que yo, como una flor que en la mañana
Abre su cáliz al naciente día,
¡Ay! al amor abrí tu alma temprana,
Y exalté tu inocente fantasía,
Yo inocente también ¡oh! cuán ufana
Al porvenir mi mente sonreía,
Y en alas de mi amor, ¡con cuánto anhelo
Pensé contigo remontarme al cielo!



Y alegre, audaz, ansioso, enamorado,
En tus brazos en lánguido abandono,
De glorias y deleites rodeado,
Levantar para ti soñé yo un trono:
Y allí, tú venturosa y yo a tu lado,
Vencer del mundo el implacable encono,
Y en un tiempo, sin horas ni medida,
Ver como un sueño resbalar la vida.



¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos
Áridos ni una lágrima brotaban;
Cuando ya su color tus labios rojos
En cárdenos matices se cambiaban;
Cuando de tu dolor tristes despojos
La vida y su ilusión te abandonaban,
Y consumía lenta calentura
Tu corazón al par de tu amargura;



Si en tu penosa y última agonía
Volviste a lo pasado el pensamiento;
Si comparaste a tu existencia un día
Tu triste soledad y tu aislamiento;
Si arrojó a tu dolor tu fantasía
Tus hijos ¡ay! en tu postrer momento
A otra mujer tal vez acariciando,
«Madre» tal vez a otra mujer llamando;



Si el cuadro de tus breves glorias viste
Pasar como fantástica quimera,
Y si la voz de tu conciencia oíste
Dentro de ti gritándote severa;
Si, en fin, entonces tú llorar quisiste
Y no brotó una lágrima siquiera
Tu seco corazón, y a Dios llamaste,
Y no te escuchó Dios, y blasfemaste,


¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel! ¡martirio horrendo!
¡Espantosa expiación de tu pecado!
Sobre un lecho de espinas, maldiciendo,
Morir, el corazón desesperado!
Tus mismas manos de dolor mordiendo,
Presente a tu conciencia tu pasado,
Buscando en vano, con los ojos fijos,
Y extendiendo tus brazos a tus hijos.



¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel! … ¡Ay! yo entre tanto
Dentro del pecho mi dolor oculto,
Enjugo de mis párpados el llanto
Y doy al mundo el exigido culto:
Yo escondo con vergüenza mi quebranto,
Mi propia pena con mi risa insulto,
Y me divierto en arrancar del pecho
Mi mismo corazón pedazos hecho.



Gocemos, sí; la cristalina esfera
Gira bañada en luz: ¡bella es la vida!
¿Quién a parar alcanza la carrera
Del mundo hermoso que al placer convida?
Brilla radiente el sol, la primavera
Los campos pinta en la estación florida:
Truéquese en risa mi dolor profundo. . .
Que haya un cadáver más ¿qué importa al mundo?



El estudiante de Salamanca - José de Espronceda (Comentario de Texto)

PAUTAS PARA EL COMENTARIO

  1. Don Félix de Montemar, el protagonista de El estudiante de Salamanca, es uno de los personajes que mejor reflejan la imagen típica del héroe romántico. Analiza la descripción que Espronceda hace de él en este fragmento y comenta los rasgos de su caracterización que revelan el espíritu del Romanticismo.
  2. Todos esos rasgos, todas las virtudes -y vicios- que Espronceda atribuye a su protagonista, hacen de éste un individuo especial, diferente de cuantos le rodean y aun superior a ellos. ¿Cómo se exalta en el texto este carácter sublime del personaje?
  3. De la conciencia de la propia individualidad nace en el hombre romántico la necedidad de derribar todo lo que son una barrera para la realización de sus anhelos. La libertad (en todos los sentidos: social, moral...) se convierte así en el valor absoluto del romántico. ¿Puede apreciarse en Montemar este rechazo de cualquier tipo de restricción moral? ¿Explica este hecho la osadía y la arrogancia del personaje?

El estudiante de Salamanca


Segundo don Juan Tenorio
alma fiera e insolente,
irreligioso y valiente,
altanero y reñidor:

Siempre el insulto en los ojos,
en los labios la ironía,
nada teme y toda fía
de su espada y su valor.


Corazón gastado, mofa
de la mujer que corteja,
y, hoy despreciándola, deja
la que ayer se le rindió.

Ni el porvenir temió nunca,
ni recuerda en lo pasado
la mujer que ha abandonado,
ni el dinero que perdió.


Ni vio el fantasma entre sueños
del que mató en desafío,
ni turbó jamás su brío
recelosa previsión.

Siempre en lances y en amores,
siempre en báquicas orgías,
mezcla en palabras impías
un chiste y una maldición.


 
En Salamanca famoso
por su vida y buen talante,
al atrevido estudiante
le señalan entre mil;
fuero le da su osadía,
le disculpa su riqueza,
su generosa nobleza,
su hermosura varonil.
 
Que en su arrogancia y sus vicios,
caballeresca apostura,
agilidad y bravura
ninguno alcanza a igualar: 
Que hasta en sus crímenes mismos,
en su impiedad y altiveza,
pone un sello de grandeza
don Félix de Montemar.

Reo de muerte - José de Espronceda (Comentario de textos)

PAUTAS PARA EL COMENTARIO

1. Es típica en los románticos su predilección por personajes solitarios y marginados por la sociedad. El monstruo de Frankenstein de Mary Shelley, y Quasimodo, el jorobado de Nôtre Dame, protagonista de Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo, son figuras representativas de este tipo de personajes. Comenta qué aspectos del pensamiento romántico pueden explicar esta atracción por los marginados y por los deformes.


2. En el Reo de muerte que retrata aquí, Espronceda acumula un buen número de rasgos característicos de los personajes románticos: las ilusiones insatisfechas, la vida como dolor, la frustración, el destino fatal… Señálalos en el texto y explica mediante qué recursos se plasman en el poema esos rasgos.

3. En este poema, Espronceda consigue como en pocos otros recrear y expresar la idea de la soledad del hombre romántico. ¿De qué manera contribuyen a ello la breve descripción de la celda, la presencia del fraile y las voces y cantos del exterior de la cárcel?


Espronceda en lenliblog


¡Para hacer bien por el alma

del que van a ajusticiar!



I



Reclinado sobre el suelo

con lenta amarga agonía,

pensando en el triste día

que pronto amanecerá,

en silencio gime el reo

y el fatal momento espera

en que el sol por vez postrera

en su frente lucirá.



Un altar y un crucifijo,

y la enlutada capilla

lánguida vela amarilla

tiñe en su luz funeral,

y junto al mísero reo,

medio encubierto el semblante,

se oye al fraile agonizante

en son confuso rezar.



El rostro levanta el triste

y alza los ojos al cielo;

tal vez eleva en su duelo

la súplica de piedad:

¡Una lágrima! ¿es acaso

de temor o de amargura?

¡Ay! a aumentar su tristura

¡Vino un recuerdo quizá!



Es un joven y la vida

llena de sueños de oro,

pasó ya, cuando aún el lloro

de la niñez no enjugó:

El recuerdo es de la infancia,

¡Y su madre que le llora,

para morir así ahora

con tanto amor le crió!



Y a par que sin esperanza

ve ya la muerte en acecho,

su corazón en su pecho

siente con fuerza latir,

al tiempo que mira al fraile

que en paz ya duerme a su lado,

y que ya viejo y postrado

le habrá de sobrevivir.



¿Mas qué rumor a deshora

rompe el silencio? resuena

una alegre cantinela

y una guitarra a la par,

y gritos y de botellas

que se chocan, el sonido,

y el amoroso estallido

de los besos y el danzar.



Y también pronto en son triste

lúgubre voz sonará:

¡Para hacer bien por el alma

del que van a ajusticiar!



Y la voz de los borrachos,

y sus brindis, sus quimeras,

y el cantar de las rameras,

y el desorden bacanal

en la lúgubre capilla

penetran, y carcajadas,

cual de lejos arrojadas

de la mansión infernal.



Y también pronto en son triste

lúgubre voz sonará:

¡Para hacer bien por el alma

del que van a ajusticiar!



¡Maldición! al eco infausto

el sentenciado maldijo

la madre que como a hijo

a sus pechos le crió;

y maldijo el mundo todo,

maldijo su suerte impía,

maldijo el aciago día

y la hora en que nació.



II



Serena la luna

alumbra en el cielo,

domina en el suelo

profunda quietud;

ni voces se escuchan,

ni ronco ladrido,

ni tierno quejido

de amante laúd.



Madrid yace envuelto en sueño,

todo al silencio convida,

y el hombre duerme y no cuida

del hombre que va a expirar;

si tal vez piensa en mañana,

ni una vez piensa siquiera

en el mísero que espera

para morir, despertar;



que sin pena ni cuidado

los hombres oyen gritar:

¡Para hacer bien por el alma

del que van a ajusticiar!



¡Y el juez también en su lecho

duerme en paz! ¡y su dinero

el verdugo placentero

entre sueños cuenta ya!

Tan sólo rompe el silencio

en la sangrienta plazuela

el hombre del mal que vela

un cadalso al levantar.



Loca y confusa la encendida mente,

sueños de angustia y fiebre y devaneo

el alma envuelven del confuso reo,

que inclina al pecho la abatida frente.



Y en sueños

confunde

la muerte,

la vida.

Recuerda

y olvida,

suspira,

respira

con hórrido afán.



Y en un mundo de tinieblas

vaga y siente miedo y frío,

y en su horrible desvarío

palpa en su cuello el dogal;

y cuanto más forcejea,

cuanto más lucha y porfía,

tanto más en su agonía

aprieta el nudo fatal.



Y oye ruido, voces, gentes,

y aquella voz que dirá:

¡Para hacer bien por el alma

del que van a ajusticiar!



O ya libre se contempla,

y el aire puro respira,

y oye de amor que suspira

la mujer que un tiempo amó,

bella y dulce cual solía,

tierna flor de primavera,

el amor del la pradera

que el abril galán mimó.



Y gozoso a verla vuela,

y alcanzarla intenta en vano,

que al tender la ansiosa mano

su esperanza a realizar,

su ilusión la desvanece

de repente el sueño impío,

y halla un cuerpo mudo y frío

y un cadalso en su lugar.



Y oye a su lado en son triste

lúgubre voz resonar:

¡Para hacer bien por el alma

del que van a ajusticiar




Don Juan Tenorio - José Zorrilla (Comentario de Texto)

PAUTAS PARA EL COMENTARIO

  1. Aunque suele ser muy conocido, de nuevo puede ser muy conveniente informarse sobre el argumento de la obra. Investiga más allá del libro de texto.
  2. Como en la mayor parte de los dramas románticos, las escenas últimas del Tenorio acumulan una gran cantidad de elementos melodramáticos y efectistas que tienen como finalidad conmover y asombrar al espectador. Señala los que en este caso utiliza Zorrilla. Entre ellos, tiene una importancia especial el de la contemplación de su propio entierro por parte del protagonista, motivo literario que ya aparece en  otras obras del propio Zorrilla. Investiga cuál. Compárense ambos pasajes. ¿Cuál de ellos tiene mayor eficacia dramática?
  3. Si lo comparamos con el texto de Don Álvaro , el protagonista don Álvaro asume finalemente su condición de transgresor y se suicida en un último y definitivo acto de libertad. El final de don Juan Tenorio, en cambio, es muy diferente. Comenta cómo y por qué se produce la redención del personaje y qué relación tiene con la ideología del autor y con su intención literaria.
  4. Compara el final de Don Juan Tenorio con el final de El burlador de Sevilla de Tirso de Molina.



Escena II



DON JUAN, la ESTATUA de DON GONZALO, las SOMBRAS


ESTATUA. Aquí me tienes, don Juan,


y he aquí que vienen conmigo


los que tu eterno castigo


De Dios reclamando están.


JUAN: ¡Jesús!


ESTATUA. ¿Y de qué te alteras,


si nada hay que a ti te asombre,


y para hacerte eres hombre


plato con sus calaveras?


JUAN: ¡Ay de mí!


ESTATUA. Qué, ¿el corazón


te desmaya?


JUAN: No lo sé;


concibo que me engañé;


no son sueños..., ¡ellos son!


(Mirando a los espectros.)


Pavor jamás conocido


el alma fiera me asalta,


y aunque el valor no me falta,


me va faltando el sentido.


ESTATUA. Eso es, don Juan, que se va


concluyendo tu existencia,


y el plazo de tu sentencia


está cumpliéndose ya.


JUAN: ¡Qué dices!


ESTATUA. Lo que hace poco


que doña Inés te avisó,


lo que te he avisado yo,


y lo que olvidaste loco.


Mas el festín que me has dado


debo volverte, y así


llega, don Juan, que yo aquí


cubierto te he preparado.


JUAN: ¿Y qué es lo que ahí me das?


ESTATUA. Aquí fuego, allí ceniza.


JUAN: El cabello se me eriza.


ESTATUA. Te doy lo que tú serás.


JUAN: ¡Fuego y ceniza he de ser!


ESTATUA. Cual los que ves en redor


en eso para el valor,


la juventud y el poder.


JUAN: Ceniza, bien; ¡pero fuego!


ESTATUA. El de la ira omnipotente,


do arderás eternamente


por tu desenfreno ciego.


JUAN: ¿Conque hay otra vida más


y otro mundo que el de aquí?


¿Conque es verdad, ¡ay de mí!,


lo que no creí jamás?


¡Fatal verdad que me hiela


la sangre en el corazón!


Verdad que mi perdición


solamente me revela.


¿Y ese reló?


ESTATUA. Es la medida


de tu tiempo.


JUAN: ¡Expira ya!


ESTATUA. Sí; en cada grano se va


un instante de tu vida.


JUAN: ¿Y esos me quedan no más?


ESTATUA. Sí.


JUAN: ¡Injusto Dios! Tu poder


me haces ahora conocer,


cuando tiempo no me das


de arrepentirme.


ESTATUA. Don Juan,


un punto de contrición


da a un alma la salvación


y ese punto aún te le dan.


JUAN: ¡Imposible! ¡En un momento


borrar treinta años malditos


de crímenes y delitos!


ESTATUA. Aprovéchale con tiento,


(Tocan a muerto.)


porque el plazo va a expirar,


y las campana doblando


por ti están, y están cavando


la fosa en que te han de echar.


(Se oye a lo lejos el oficio de difuntos.)


JUAN: ¿Conque por mí doblan?


ESTATUA. Sí.


JUAN: ¿Y esos cantos funerales?


ESTATUA. Los salmos penitenciales,


que están cantando por ti.


(Se ve pasar por la izquierda luz de hachones, y rezan dentro.)


JUAN: ¿Y aquel entierro que pasa?


ESTATUA. Es el tuyo.


JUAN: ¡Muerto yo!


ESTATUA. El capitán te mató


a la puerta de tu casa.


JUAN: Tarde la luz de la fe


penetra en mi corazón,


pues crímenes mi razón


a su luz tan sólo ve.


Los ve... con horrible afán


porque al ver su multitud


ve a Dios en la plenitud


de su ira contra don Juan.


¡Ah! Por doquiera que fui


la razón atropellé,


la virtud escarnecí


y a la justicia burlé,


y emponzoñé cuanto vi.


Yo a las cabañas bajé


y a los palacios subí,


y los claustros escalé;


y pues tal mi vida fue,


no, no hay perdón para mí.


¡Mas ahí estáis todavía


(A los fantasmas.)


con quietud tan pertinaz!


Dejadme morir en paz


a solas con mi agonía.


Mas con esta horrenda calma,


¿qué me auguráis, sombras


fieras?


¿Qué esperan de mí?


(A la estatua de DON GONZALO)


ESTATUA. Que mueras


para llevarse tu alma.


Y adiós, don Juan; ya tu vida


toca a su fin, y pues vano


todo fue, dame la mano


en señal de despedida.


JUAN: ¿Muéstrasme ahora amistad?


ESTATUA. Sí: que injusto fui contigo,


y Dios me manda tu amigo


volver a la eternidad.


JUAN: Toma, pues.


ESTATUA. Ahora, don Juan,


pues desperdicias también


el momento que te dan,


conmigo al infierno ven.


JUAN: ¡Aparta, piedra fingida!


Suelta, suéltame esa mano,


que aún queda el último grano


en el reloj de mi vida.


Suéltala, que si es verdad


que un punto de contrición


da a un alma la salvación


de toda una eternidad,


yo, Santo Dios, creo en Ti:


si es mi maldad inaudita,


tu piedad es infinita...


¡Señor, ten piedad de mí!


ESTATUA. Ya es tarde.


(DON JUAN se hinca de rodillas, tendiendo al cielo la mano que le deja libre la estatua. Las sombras, esqueletos, etc., van a abalanzarse sobre él, en cuyo momento se abre la tumba de DOÑA INÉS y aparece ésta. DOÑA INÉS toma la mano que DON JUAN tiende al cielo.)






Escena III


DON JUAN, LA ESTATUA DE DON GONZALO DOÑA INÉS, SOMBRAS, etc.


INÉS: ¡No! Heme ya aquí,


don Juan mi mano asegura


esta mano que a la altura


tendió tu contrito afán,


y Dios perdona a don Juan


al pie de la sepultura.


JUAN: ¡Dios clemente! ¡Doña Inés!


INÉS: Fantasmas, desvaneceos:


su fe nos salva..., volveos


a vuestros sepulcros, pues.


La voluntad de Dios es


de mi alma con la amargura


purifiqué su alma impura,


y Dios concedió a mi afán


la salvación de don Juan


al pie de la sepultura.


JUAN: ¡Inés de mi corazón!


INÉS: Yo mi alma he dado por ti,


y Dios te otorga por mí


tu dudosa salvación.


Misterio es que en


comprensión


no cabe de criatura:


y sólo en vida más pura


los justos comprenderán


que el amor salvó a don Juan


al pie de la sepultura.


Cesad , cantos funerales


(Cesa la música y salmodia.)


callad, mortuorias campanas


(Dejan de tocar a muerto.)


ocupad, sombras livianas,


vuestras urnas sepulcrales


(Vuelven los esqueletos a sus tumbas, que se cierran.)


volved a los pedestales,


animadas esculturas;


(Vuelven las estatuas a sus lugares.)


y las celestes venturas


en que los justos están,


empiecen para don Juan


en las mismas sepulturas.


(Las flores se abren y dan paso a varios angelitos que rodean a DOÑA INÉS y a DON JUAN, derramando sobre ellos flores y perfumes, y al son de una música dulce y lejana, se ilumina el teatro con luz de aurora. DOÑA INÉS cae sobre un lecho de flores, que quedará a la vista en lugar de su tumba, que desaparece.)


Escena última


DOÑA INÉS, DON JUAN, LOS ÁNGELES


JUAN: ¡Clemente Dios, gloria a Ti!


Mañana a los sevillanos


aterrará el creer que a manos


de mis víctimas caí.


Mas es justo: quede aquí


al universo notorio


que, pues me abre el


purgatorio


un punto de penitencia,


es el Dios de la clemencia


el Dios de Don Juan Tenorio.


(Cae DON JUAN a los pies de DOÑA INÉS, y mueren ambos. De sus bocas salen sus almas representadas en dos brillantes llamas, que se pierden en el espacio al son de la música. Cae el telón.)

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