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jueves, 3 de abril de 2014

El teatro medieval por Mario López Asenjo en MasterLengua

Es sabido que durante la Edad Media el teatro en Europa había poco menos que desaparecido. Desde el siglo V d. C. las representaciones teatrales se reducen a las obras de carácter religioso celebradas en las fiestas de la Iglesia. No es que hubiesen cambiado los gustos del público hasta el punto de hacerle perder el interés por el teatro, simplemente la Iglesia se mostró en contra del teatro. No es de extrañar, el teatro siempre ha tenido un notable carácter subversivo; nació, recordemos, en las fiestas dedicadas a dioses paganos como Dionisio o Baco que estaban muy alejadas de la moral cristiana.
Las primeras manifestaciones de teatro medieval español de las que tenemos constancia aparecen en el siglo XV: El auto de los Reyes Magos (anónimo). Y este es el arranque de la tradición teatral que continúa con pequeñas representaciones celebradas  durante la festividad del Corpus y de la Navidad, y que son el antecedente de los autos sacramentales.  Los primeros autores de los que nos han llegado obras son:
  • Gómez Manrique, tío del famoso poeta, del que se conservan dos obras de los ciclos de Navidad y de la Pasión.
  • Alonso del Campo, autor de una obra atribuida, Auto de la Pasión.

El primer autor importante para la historia del teatro español aparece a finales del siglo XV y se trata de Juan de la Encina. Escribió el tradicional teatro religioso, pero también aparecen las primeras obras profanas: las églogas, composiciones que pertenecen al género lírico (de hecho Manrique las publica junto a sus poesías en su Cancionero): se trata de composiciones breves (menos de 500 versos), temática amorosa, protagonizadas por pastores que desarrollan un diálogo lírico que puede ser representado.
En las églogas de Juan de la Encina se observa una evolución desde las primeras que:
  • Se reducen a un simple acontecimiento familiar como motivo dramático: una cena, una fiesta, boda, en carnaval… Las obras más recordadas de esta primera etapa son la Égloga VI (dedicada al Duque de Alba) y el famoso Auto del Repelón (una crítica de las burlas que la gente instruida hace de un pastor ignorante).
  • Las últimas obras de Juan de la Encina muestran una sorprendente evolución: con un teatro más refinado, con referencias clásicas de personajes mitológicos y alegóricos; los rudos pastores son sustituidos por pastores refinados (como en las églogas en la poesía del siglo XVI) que ganan también en vida interior del personaje. De esta etapa destacan las obras: Égloga de Cristino y Febea (tiene el mérito de dar forma dramática a un conflicto interior del personaje) y Égloga de Plácida y Victoriano.

Enlaces:

miércoles, 26 de marzo de 2014

Breve comentario de El sí de las niñas por Mario López Asenjo en MasterLengua

1. Autor:
Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) escribió poesía en dos vertientes: la satírica y la lírica, pero donde realmente destacó fue como autor dramático. Moratín es el principal autor dramático del Neoclasicismo, aunque sólo escribiera cinco comedias. Sus obras siguen los preceptos del neoclasicismo como son: la verosimilitud de sus argumentos y por su doble finalidad de entretener y enseñar.
El tema fundamental de la obra de Moratín es la inautenticidad como forma de vida. De carácter satírico son La comedia nueva o El café contra los malos autores dramáticos que despreciaban las reglas y La mojigata contra la falsa religiosidad. En sus otras tres comedias – El viejo y la niñaEl barón y El sí de las niñas – defiende la libertad de la mujer para elegir marido. Era una cuestión de actualidad en aquella época en la que abundaban los matrimonios impuestos por interés.

El sí de las niñas (escrita en 1801 y estrenada en 1806) es la más importante del teatro neoclásico español. Se trata de una comedia en prosa, dividida en tres actos, cuya única acción se desarrolla en el reducido espacio de una posada de Alcalá de Henares durante diez horas. Dos son los temas esenciales de esta obra: el derecho a la libertad de elegir pareja y la educación de la mujer. Junto con estos dos temas fundamentales, se tratan también otros temas secundarios como son el de la autoridad y egoísmo de los padres y el de las ilusiones del viejo que se enamora de una jovencita.
Su estilo es otro acierto: el diálogo natural y el lenguaje es claro, llano, de un estilo ya moderno.

2. Elementos Dramáticos:
  •  Personajes
- Don Diego, 58 años. Es el personaje que desencadena la acción porque está comprometido con Doña Paquita, bastante mas joven que él. Se le puede considerar el verdadero protagonista de la obra y el que representa las ideas neoclásicas que tratan de cambiar el problema social de los matrimonios concertados.
- Paquita o Francisca, 16 años. Es una muchacha discreta que es obligada a casarse con un hombre 42 años mayor que ella pero debido a su educación no es capaz de demostrar sus sentimientos y esto la llevara a arriesgar el amor que siente por Don Carlos.
- Don Carlos25 años. Sobrino de Don Diego. Es un valiente militar, pero  sumiso ante su tío. Es un joven apasionado que quiere luchar por su amor pero las reglas sociales y el respeto a su tío se lo impiden.
- Doña Irene, madre de Doña Paquita, representa un personaje autoritario y ridículo que refleja la autoridad de los padres de la época sobre sus hijos.
 - Rita criada de Doña Irene
- Simón criado de Don Diego
- Calamocha criado de Don Carlos
Los criados del teatro tenían la función de aportar  al espectador nuevas informaciones por medio del diálogo entre sí o con sus amos. Además, por su espontaneidad y conocimiento basado en la sabiduría popular, que no en los libros,  podría decirse que representan la “voz” del pueblo llano en la obra.

  • Tiempo: “La acción empieza a las siete de la tarde y acaba a las cinco de la mañana siguiente”
  •  Espacio: Una humilde pensión (o posada) en Alcalá de Henares

3. Resumen
La comedia se ajusta perfectamente a los principios artísticos  de la estética neoclásica, por lo tanto, en lo que respecta el teatro, nuestra obra sigue la regla de las tres unidades clásicas, es decir: espacio, tiempo y acción. De esta manera, la acción transcurre durante una noche y hasta el amanecer en una posada de Alcalá de Henares (cerca de Madrid). A dicha posada llega don Diego (caballero adinerado de 58 años) para encontrarse y conocer a  su futura esposa, Paquita de 16 años (que viene acompañada por su madre, quien ha concertado el matrimonio de su hija). A la posada llega también, don Carlos, el verdadero amor de Paquita, valiente militar y sobrino de don Diego. Llega  hasta la posada avisado por Paquita en un desesperado intento para detener  la boda.
Conforme avanza la acción Don Diego empieza a sospechar que su sobrino tiene algo con Paquita y le  ordena que regrese al regimiento; éste se dispone a obedecer, renunciando a la vez al amor de su amada (porque obedecer a su tío es lo que debe hacer un buen ciudadano).
Para informar a Doña Paquita de su decisión le envía una última carta de amor, la cual por casualidad llega a manos de Don Diego, que, comprendiendo el amor entre los jóvenes, decide renunciar a su matrimonio con la joven, y haciendo llamar a su sobrino, hace posible la unión entre los enamorados.
Por tanto, se impone la lógica y triunfan los verdaderos sentimientos. Don Diego se da cuenta de que Paquita se casa obligada por su madre y además que está realmente enamorada es de su sobrino, por ello renuncia a su felicidad para hacer posible la de los jóvenes.

4. Antología de textos
Acto I
[Entran en escena doña Francisca (Paquita en este resumen) y su madre, doña Irene. Vienen desde el convento en el que Paquita vivía para reunirse con el novio. Ambas junto con don Diego charlan sobre los pormenores de la elección de Paquita (ésta claro está solo se casa porque se lo manda su madre, ella vive enamorada de don Carlos]

D. DIEGO Es verdad. Sólo falta que la parte interesada tenga la misma satisfacción que manifiestan cuantos la quieren bien.
DOÑA IRENE Es hija obediente, y no se apartará jamás de lo que determine su madre.
D. DIEGO Todo eso es cierto; pero…
DOÑA IRENE Es de buena sangre, y ha de pensar bien, y ha de proceder con el honor que la corresponde.
D. DIEGO Sí, ya estoy; pero ¿no pudiera, sin faltar a su honor ni a su sangre…?
DOÑA FRANCISCA ¿Me, voy, mamá? (Se levanta y vuelve a sentarse.)
DOÑA IRENE No pudiera, no señor. Una niña bien educada, hija de buenos padres, no puede menos de conducirse en todas ocasiones como es conveniente y debido.

[Se cierra el acto con que la noticia de la llegada de don Carlos a la posada. Informado de los planes de boda  ha venido para tratar de impedirlo. Paquita recobra la ilusión y la esperanza de que pueda solucionarse todo]

Acto II
[(Escena V) De nuevo están juntos dialogando, doña Irene, don Carlos y Paquita. Don Diego sigue sospechando de los verdaderos sentimientos de Paquita, duda de si se casa porque quiere o porque su madre se lo manda ]

D. DIEGO Puede que esté llena de miedo, y no se atreva a decir una palabra que se oponga a lo que su madre quiere que diga… Pero si esto hubiese, por vida mía que estábamos lucidos.
DOÑA FRANCISCA No, señor; lo que dice su merced, eso digo yo; lo mismo. Porque en todo lo que me mande la obedeceré.
D. DIEGO ¡Mandar, hija mía!… En estas materias tan delicadas los padres que tienen juicio no mandan. Insinúan, proponen, aconsejan; eso sí, todo eso sí; ¡pero mandar!… ¿Y quién ha de evitar después las resultas funestas de lo que mandaron?… Pues ¿cuántas veces vemos matrimonios infelices, uniones monstruosas, verificadas solamente porque un padre tonto se metió a mandar lo que no debiera?… ¡Eh! No, señor; eso no va bien… Mire usted, Doña Paquita, yo no soy de aquellos hombres que se disimulan los defectos. Yo sé que ni mi figura ni mi edad son para enamorar perdidamente a nadie; pero tampoco he creído imposible que una muchacha de juicio y bien criada llegase a quererme con aquel amor tranquilo y constante que tanto se parece a la amistad, y es el único que puede hacer los matrimonios felices. Para conseguirlo no he ido a buscar ninguna hija de familia de estas que viven en una decente libertad… Decente, que yo no culpo lo que no se opone al ejercicio de la virtud. Pero ¿cuál sería entre todas ellas la que no estuviese ya prevenida en favor de otro amante más apetecible que yo? Y en Madrid, figúrese usted en un Madrid… Lleno de estas ideas me pareció que tal vez hallaría en usted todo cuanto deseaba.
DOÑA IRENE Y puede usted creer, señor D. Diego, que…
D. DIEGO Voy a acabar, señora; déjeme usted acabar. Yo me hago cargo, querida Paquita (…) sepa usted que yo no quiero nada con violencia. (…).
DOÑA IRENE ¿Puedo hablar ya, señor?
D. DIEGO Ella, ella debe hablar, y sin apuntador y sin intérprete.
DOÑA IRENE Cuando, yo se lo mande.
D. DIEGO Pues ya puede usted mandárselo, porque a ella la toca responder… Con ella he de casarme, con usted no.
Preguntas
  • ¿Cuáles son las ideas más importantes defendidas por don Diego en este fragmento?




  • Explica tu postura personal respecto a las palabras de don Diego.




  • ¿Cuál es el rasgo característico de doña Irene? ¿y el de doña Francisca?






[Al final del acto se encuentran don Carlos y su tío. Es un encuentro en el que ninguno de los dos descubre la verdadera razón por la que están en la posada. Sin embargo, don Diego quiere evitar que su sobrino descubra que él se va a casar y le manda de vuelta a Zaragoza donde está su cuartel; aunque Carlos le asegura que lo hará, se queda en la posada]

ActoIII
[En las cinco primeras escenas se empieza a desentrañar la trama: Paquita debería recibir  una carta que don Carlos le ha escrito, pero por infortunio la carta  llega a manos de don Diego que al leerla descubre la existencia del amante y pierde todas sus ilusiones de boda.
En la escena VIII por primera vez  se quedan solos en escena Paquita y don Diego. Éste sabedor ya de que ella está enamorada de otro hombre quiere que Paquita exprese sus sentimientos y le diga la verdad ahora que no está su madre delante.]
DOÑA FRANCISCA Tampoco; no señor… Nunca he pensado así.
D. DIEGO No tengo empeño de saber más… Pero de todo lo que acabo de oír resulta una gravísima contradicción. Usted no se halla inclinada al estado religioso, según parece. Usted me asegura que no tiene queja ninguna de mí, que está persuadida de lo mucho que la estimo, que no piensa casarse con otro, ni debo recelar que nadie me dispute su mano… Pues ¿qué llanto es ése? ¿De dónde nace esa tristeza profunda, que en tan poco tiempo ha alterado su semblante de usted, en términos que apenas le reconozco? ¿Son éstas las señales de quererme exclusivamente a mí, de casarse gustosa conmigo dentro de pocos días? ¿Se anuncian así la alegría y el amor? (Vase iluminando lentamente la escena, suponiendo que viene la luz del día.)
DOÑA FRANCISCA Y ¿qué motivos le he dado a usted para tales desconfianzas?
D. DIEGO ¿Pues qué? Si yo prescindo de estas consideraciones, si apresuro las diligencias de nuestra unión, si su madre de usted sigue aprobándola y llega el caso de…
DOÑA FRANCISCA Haré lo que mi madre me manda, y me casaré con usted.
D. DIEGO ¿Y después, Paquita?
DOÑA FRANCISCA Después…, y mientras me dure la vida, seré mujer de bien.
D. DIEGO Eso no lo puedo yo dudar… Pero si usted me considera como el que ha de ser hasta la muerte su compañero y su amigo, dígame usted: estos títulos ¿no me dan algún derecho para merecer de usted mayor confianza? ¿No he de lograr que usted me diga la causa de su dolor? Y no para satisfacer una impertinente curiosidad, sino para emplearme todo en su consuelo, en mejorar su suerte, en hacerla dichosa, si mi conato y mis diligencias pudiesen tanto.
DOÑA FRANCISCA ¡Dichas para mí!… Ya se acabaron.
D. DIEGO ¿Por qué?
DOÑA FRANCISCA Nunca diré por qué.
D. DIEGO Pero ¡qué obstinado, qué imprudente silencio!… Cuando usted misma debe presumir que no estoy ignorante de lo que hay.
DOÑA FRANCISCA Si usted lo ignora, señor D. Diego, por Dios no finja que lo sabe; y si en efecto lo sabe usted, no me lo pregunte.
D. DIEGO Bien está. Una vez que no hay nada que decir, que esa aflicción y esas lágrimas son voluntarias, hoy llegaremos a Madrid, y dentro de ocho días será usted mi mujer.
DOÑA FRANCISCA Y daré gusto a mi madre.
D. DIEGO Y vivirá usted infeliz.
DOÑA FRANCISCA Ya lo sé.
D. DIEGO Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad ni el genio no han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, o en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se las permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que más desean, con tal que se presten a pronunciar, cuando se lo manden, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas, y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo.
DOÑA FRANCISCA Es verdad… Todo eso es cierto… Eso exigen de nosotras, eso aprendemos en la escuela que se nos da… Pero el motivo de mi aflicción es mucho más grande.
  • ¿Qué quiere don Diego de Paquita? Selecciona las preguntas mas significativas que le hace



  • ¿Evoluciona Paquita desde el principio del diálogo hasta el final?





[Cuando la madre de Paquita descubre lo que está pasando entra en cólera y quiere matar a su hija por desobediente, pero  interviene don Diego para hacerla razonar y convencerla de que lo mejor para todos es que ellos puedan elegir libremente y al final triunfe el amor. Conviene destacar el sentido de moraleja que tiene el final de la obra.]
DOÑA IRENE ¡Conque el bueno de D. Carlos! Vaya que…
D. DIEGO Él y su hija de usted estaban locos de amor, mientras que usted y las tías fundaban castillos en el aire, y me llenaban la cabeza de ilusiones, que han desaparecido como un sueño… Esto resulta del abuso de autoridad, de la opresión que la juventud padece, y éstas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto lo que se debe fiar en el sí de las niñas… Por una casualidad he sabido a tiempo el error en que estaba… ¡Ay de aquellos que lo saben tarde!
DOÑA IRENE En fin, Dios los haga buenos, y que por muchos años se gocen… Venga usted acá, señor; venga usted, que quiero abrazarte. (Abrazando a D. Carlos. Dª Francisca se arrodilla y besa la mano a su madre.)
(…)
D. DIEGO Paquita hermosa (Abraza a D. Francisca), recibe los primeros abrazos de tu nuevo padre… No temo ya la soledad terrible que amenazaba a mi vejez… Vosotros seréis la delicia de mi corazón; y el primer fruto de vuestro amor…, sí, hijos, aquél…. no hay remedio, aquél es para mí. Y cuando le acaricie en mis brazos, podré decir: a mí me debe su existencia este niño inocente; si sus padres viven, si son felices, yo he sido la causa.
D. CARLOS ¡Bendita sea tanta bondad!
D. DIEGO Hijos, bendita sea la de Dios.

martes, 25 de febrero de 2014

Comentario de La casa de Bernarda Alba Por Mario López Asenjo (MasterLengua)


La obra, estrenada en Buenos Aires en 1945 por la compañía de Margarita Xirgu, en España no se pudo representar hasta 1964. Desde entonces se ha convertido en un clásico de la literatura española y universal.
Para la mayoría de la crítica se trata de la mejor obra del autor.

1. Argumento
Tras la muerte de su segundo marido, Bernarda Alba impone a sus cinco hijas un luto de ¡8 años!; es decir, que durante ese tiempo no podrán salir de su casa, quedarán recluidas, como en  una cárcel. Pueden permitírselo porque pertenecen a una acomodada familia de media/alta clase rural, tienen criadas y viven de las rentas.
El luto impuesto se trata de la exageración de una costumbre real, de una tradición llevada a extremos increíbles (normalmente el luto duraba un año cómo máximo). Pero esa misma exageración, ese exceso sitúa la obra en el plano de lo mítico, lo legendario y lo simbólico.
Las hijas viven una diferente situación. Solo Angustias sabe que va a salir de ese encierro porque está prometida para casarse con Pepe el Romano (éste no la quiere, solo se casa por la dote). El resto tiene que resignarse a vivir sin salir a la calle mientras dure el luto. Pero la forma que tiene cada una de ellas de afrontarlo será  diferente: Magdalena y Amelia son mas sumisas, pronto se resignan y pierden la esperanza y la motivación; Martirio, en cambio, se consuela mostrando  envidia y odio, especialmente en su relación con Adela y Angustias; y  Adela, la más  rebelde, no se resigna a estar como enterrada en vida y quiere disfrutar de su cuerpo y su juventud, y a pesar de las limitaciones, se hace amante de Pepe el Romano
Recordemos que ninguna puede salir de la casa. Pero Angustias, como va a casarse, puede entrevistarse con su novio a través de la ventana de su habitación. Los encuentros se hacen por la noche, y cuando acaba la entrevista, “El Romano” va al otro lado de la casa hasta la ventana de Adela que ha llamado su atención y se ha convertido rápidamente en su amante.
La Poncia (una de las criadas) es la primera en descubrir la situación, pero no dice nada a Bernarda. Martirio pronto conocerá también los encuentros secretos de Adela  y es  precisamente ella quien  en el acto tercero, movida por los celos, delate a su hermana.
Los amantes son sorprendidos, hay una confusión, se oye un disparo y Adela creyendo muerto su amor, toma la solución más trágica.
En resumen, la obra muestra un enfrentamiento de fuerzas  irreconciliables: por un lado, Adela representante del  vitalismo y la pasión que nunca renunciará a buscar su libertad como persona mas allá del presidio de su casa; por el otro,Bernarda, representante de todas las restricciones sociales y morales que oprimen al ser humano.

2. Personajes
Bernarda Alba (60 años). Representa las convenciones morales y sociales más conservadoras. Su principal preocupación es guardar la apariencia, el qué dirán. Es capaz de imponer a sus hijas el tormento de 8 años de luto sólo por una cuestión de dignidad social  llevada al extremo (el luto, en condiciones muy extremas podía llegar como mucho a los tres años), por guardar las apariencias, por  parecer más decente que los demás.
Es orgullosa y dominante (“Aquí se hace lo que yo mando”). Siempre impone su voluntad. Su dura personalidad no deja nunca ver al más mínimo sentimiento (“Yo no me meto en los corazones”).
Como veremos toda la obra está repleta de símbolos y en este sentido Bernarda representaría la autoridad ciega y opresora. La primera palabra que pronuncia en la obra es “Silencio” y tras la muerte de Adela cierra la obra diciendo “silencio, he dicho silencio”. Simbólicamente vemos como ella abre y cierra el círculo infernal del que no se puede escapar.
Las hijas
Todas las hijas viven con el deseo del mundo exterior (“querer salir”). Y todas ellas están más o menos obsesionadas por lo erótico. Las cinco hijas de Bernarda representan actitudes que van de la sumisión o la resignación a la rebeldía.
Angustias  (39 años). Hija del primer matrimonio de Bernarda, lo que la convierte en prácticamente la única heredera. Es una mujer, como se dice en la obra, fea, delgada, débil y enfermiza. A pesar de ello, se va a casar con Pepe el Romano por la motivación de la herencia (o dote).
Junto con Martirio y por supuesto Adela, es la hija que más peso dramático tenga en la obra.
Magdalena (30 años). Por una parte da muestras de sumisión, pero puede sorprendernos con amargas protestas. Ella hubiera preferido ser un hombre, ya que  ha abandonado la idea de casarse. Tiene una escasa participación en la obra.
Amelia (27 años). Uno de los personajes menos caracterizado. Podemos decir de ella que era: resignada y tímida
Martirio (24 años). Personaje más complejo. Pudo haberse casado, si su madre no se lo hubiera impedido, pero el novio no era de su gusto, no pertenecía a la misma clase social que la familia de Bernarda, es decir, pequeños hidalgos campesinos.
Actúa de un modo bastante irracional, en especial en lo que se refiere a su hermana Adela. Ella también está enamorada de Pepe el Romano y, movida por los celos, será la que desencadene la tragedia final, pues, y lo dice expresamente en la obra, “Pepe será solo para Angustias o no será para ninguna”.
Adela (20 años). Es la más joven, hermosa y  apasionada. En el primer acto, por ejemplo, aparece vestida con un traje verde (símbolo de vitalismo y vida).
Es la que tiene más deseos de libertad hará que inevitablemente sea la primera hija que se  enfrente con su madre. Si su madre les impone una reclusión de 8 años, ella no se resigna a soñar, a sentirse libre al menos con la imaginación, a no perder la esperanza. Y los deseos los realiza al hacerse amante de Pepe.
En el plano social, si Bernarda Alba  representa un estricto código moral de la honra y la dignidad de la mujer que debe guardar su virtud y, en consecuencia, la virginidad fuera del matrimonio, Adela rompe con todas las reglas y convenciones impuestas para una mujer de su época: “¡Mi cuerpo será de quien yo quiera!”. Se hace amante de Pepe el Romano aunque esto suponga quedar “manchada” socialmente.
Otros Personajes
Maria Josefa (80 años) La madre de Bernarda. Está loca y vive encerrada en su habitación. Representa simbólicamente los problemas centrales: la frustración de las mujeres y el deseo de matrimonio, el deseo de maternidad, la búsqueda de la libertad: “¡Quiero salir y casarme a la orilla del mar, a la orilla del mar ¡Quiero irme de aquí, Bernarda! A casarme a la orilla del mar, a la orilla del mar.”
La Poncia (60)Vieja criada: interviene en las conversaciones, en los conflictos, hace advertencias, da consejos a Bernarda. Tiene bastante presencia en la obra. Será la primera en descubrir la relación entre Adela y Pepe, aunque no la delata.
La Criada (50). De mucho menor importancia que Poncia; se muestra sumisa e hipócrita enfrente de Bernarda (aunque la odia)
Pepe El Romano. Aunque no aparece en escena  está presente en toda la obra como foco de las tensiones. Es la encarnación del hombre como  objeto del deseo. Va detrás del dinero de Angustias, pero se enamora de Adela.

3. Estructura
Es muy simple y tradicional: 3 actos que coinciden el desarrollo argumental de la obra, o sea:
  • Acto I: planteamiento (la situación de luto, Angustias novia del Romano: la única que va a salir)
  • Acto II: nudo (Adela y Pepe son amantes)
  • Acto III desenlace (descubrimiento de los amantes y tragedia final)

4. Tema central
Es el tema principal de la obra es el mismo que recorre toda la obra de Lorca: El enfrentamiento entre la libertad individual y la autoridad (normalmente representada en las normas y restricciones sociales y morales). Las hijas ansiosas de vida y libertad son reprimidas por la autoridad de Bernarda.
Temas secundarios
  • El erotismo y el deseo sexual
El sexo es presentado en la obra como un instinto tan ciego e irracional como el poder y la autoridad que representa Bernarda. El deseo sexual condiciona a todas las hijas, pero se manifiesta con toda su fuerza en Adela: la única que no puede reprimirlo, que se deja llevar por su pasión aunque le cueste la vida. Dice: “Nadie podrá evitar que suceda…”, “Mi cuerpo será de quien yo quiera…”, “Me pondré delante de todos la corona de espinas”; “Aquí se acabaron las voces de presidio… en mí no manda más que Pepe!”
  • La hipocresía, el mundo del que dirán y la marginalidad de la mujer
El tema de la hipocresía está relacionado con el de la marginalidad de la mujer y el sentido de la honra. Lo que es consentido en los hombres no lo es en las mujeres. Estas viven guardando las apariencias, comportándose como se espera de ellas: honestas, solo tienen novio para casarse con él y luego son obedientes esposas y cuidadoras de su casa.
Dice Bernarda: “Yo no me meto en los corazones, pero quiero buena fachada y armonía familiar”; e insiste en ello varias veces: “quiero buena fachada” (o sea, mantener la apariencia).  Como los otros aspectos represivos de la obra, es Bernarda quien, a pesar de ser mujer, defiende los valores sexistas que impiden a la mujer manifestarse. Un buen ejemplo de esta actitud la encontramos en los consejos que da a Angustias para cuando se case (acto tercero):
Bernarda: ¿Qué cuenta Pepe?
Angustias: Yo lo encuentro distraído. Me habla siempre como pensando en otra cosa. Si le pregunto qué le pasa, me contesta: «Los hombres tenemos nuestras preocupaciones.»
Bernarda: No le debes preguntar. Y cuando te cases, menos. Habla si él habla y míralo cuando te mire. Así no tendrás disgustos.
Angustias: Yo creo, madre, que él me oculta muchas cosas.
Bernarda: No procures descubrirlas, no le preguntes y, desde luego, que no te vea llorar jamás.
 Angustias: Debía estar contenta y no lo estoy.
Bernarda: Eso es lo mismo.
  • La envidia y el odio
Se manifiesta en las hijas y es una consecuencia directa de su presidio. Todas envidian a Angustias porque siendo la más fea y vieja es la única que por su dinero tiene la posibilidad de casarse y salir de la casa. Pero es entre Adela y Martirio donde se muestra con toda su fuerza el sentimiento de envidia y odio. A Martirio le hubiera gustado ocupar el lugar de Adela como amante de Pepe El Romano y por celos delata a su hermana lo que desencadena la tragedia final.

5. El Espacio
La acción se desarrolla en la casa de Bernarda Alba, un espacio cerrado. Este lugar, transmite una atmósfera asfixiante y es  comparado a lo largo de la obra con un “convento”, un “presidio” o un “infierno”.
Si el mundo interior junto con el calor de verano en que se desarrolla la acción dramática reprime las pasiones y ahoga a los personajes, el mundo exterior (nunca presente físicamente en la obra y como Pepe El Romano solo aludido o nombrado) representa la libertad y la vida.

6. El Lenguaje
El manejo del lenguaje en la obra es magistral y es el elemento que hace creíble la  mezcla de realidad y poesía de la obra. Los personajes emplean una lengua que parece coloquial y adecuada al mundo rural, pero es solo apariencia porque se trata de un lenguaje muy medido y rítmico, conciso y preciso, y con una fuerte carga poética. El diálogo destaca por el empleo de  réplicas cortas y rápidas. Pero, como decimos, lo nuevo y original es que Lorca fue capaz de crear un lengua literario (nadie en los pueblos habla como lo hacen los personajes de la obra) pero de apariencia coloquial. Ese equilibrio es difícil, casi imposible de conseguir.
Veamos algunos ejemplos de este lenguaje (noto la presencia de lenguaje literario con la negrita):
La Poncia: Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara. ¡Limpia, limpia ese vidriado!
Adela: Es inútil tu consejo. Ya es tarde. No por encima de ti, que eres una criada, por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca.
BERNARDA: Quietas, quietas. ¡Qué pobreza la mía no poder tener un rayo entre los dedos!

7. Los símbolos. La obra está repleta de simbolismo. El recurso de cargar a las palabras y a las acciones de un doble significado es un hecho que se repite en toda la producción de Lorca tanto en su poesía como en su teatro. Algunos de los símbolos usados en La Casa de Bernarda Alba han aparecido repetidamente en toda su obra anterior; nos referimos por ejemplo al agua, el caballo, el color verde, el calor… Otros símbolos son propios para este  drama como por ejemplo la etimología del nombre en los personajes y su  paralelismo bíblico.
Quizá el primer símbolo sean la hijas y Bernarda; las primeras representan la  libertad y Bernarda la  autoridad que no las deja ser libres. El ser humano enfrentado a las normas sociales.
Resto de significaciones simbólicas destacadas:
  • El Agua. En Lorca el agua tiene un doble significado. Si fluye libre (como el agua de un río) tiene significado de vida; en cambio el agua detenida, el agua de los pozos o estanques significa muerte.
(En el acto I) Bernarda: Es así como se tiene que hablar en este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el agua con el miedo de que esté envenenada. (Acto III)Prudencia: Yo dejo que el agua corra. No me queda más consuelo que refugiarme en la iglesia, pero como me estoy quedando sin vista tendré que dejar de venir para que no jueguen con una los chiquillos…
  •  El calor. Está en relación con la situación de angustia personal que viven las hijas y que viene provocada por la opresión del encierro. Con el calor se acentúa la sensación de asfixia dentro de la casa.
[Acto II]  Amelia: (A la Poncia.) Abre la puerta del patio a ver si nos entra un poco el fresco. (La Poncia lo hace.) Martirio:Esta noche pasada no me podía quedar dormida del calorAmelia: ¡Yo tampoco!
  •  La Locura: La Madre-Loca de Bernarda: Símbolo de la libertad que se enfrenta a la autoridad, también de los deseos de maternidad y matrimonio (ver fin acto I)
  •  El Caballo. Símbolo de la pasión, la vitalidad. Aparece casi al final de la obra como anuncio de que la fuerza incontenible de la pasión golpea los muros  que acabará por derribar de la casa.
(Se oye un gran golpe, como dado en los muros.) ¿Qué es eso? Bernarda: El caballo garañón, que está encerrado y da coces contra el muro. (A voces.) ¡Trabadlo y que salga al corral! ( En voz baja.) Debe tener calor.
  •  Simbolización con Cristo y el nuevo testamento. En la etimología de los nombres y en algunos de los comportamientos de los personajes se observa esta implicación con los hechos bíblicos que dota al drama de una nueva implicación de alcance místico. Adela sería el Cristo, muere “colgada” y tienen que descolgarla como al Cristo de la cruz (final de la obra). Ella misma asume ese papel cuando dice que  me pondré delante de todos la corona de espinas. La madre de Bernarda lleva los nombres de los padres de cristo María Josefa. La Poncia como Poncio Pilatos es testigo de los hechos pero no se implica en la denuncia explicita. Incluso Pepe tiene el sobrenombre de el Romano. Elementos todos, en definitiva,  que ayudan a crear un nuevo plano en la obra.

8. Comentario
La obra, como decimos, muestra un enfrentamiento de fuerzas  enfrentadas: por un lado, Adela representante del  vitalismo y la pasión que nunca renunciará a buscar su libertad como persona mas allá del presidio de su casa; por el otro, Bernarda, representante de todas las restricciones sociales y morales que oprimen al ser humano.
Los personajes principales más que personas representan conceptos: Bernarda, autoridad ciega; Adela, sexualidad,  libertad y pasión.
Las mujeres de la casa viven encerradas en un mundo del que no hay salida posible. La única forma de escapar es por medio de la locura como hace  María Josefa o la muerte como Adela.
Impresiona la manera de presentar el ambiente de opresión dentro de la casa. El lector se siente identificado con la pobre situación de las chicas. Además los rápidos diálogos hacen que  se desarrolle muy fluida, además de que estos diálogos están llenos de insinuaciones simbólicas y poéticas.
La metáfora del deseo de libertad del ser humano que preside la obra es válido para cualquier sociedad y cualquier época. Quizá principalmente por ello, la obra sigue de actualidad, y es seguro que no pasa una temporada en la que algún grupo profesional o amateur vuelve a representarla.
Bibliografía:
  • GARCÍA LORCA, F. (2011) La casa de Bernarda Alba. CATEDRA. Madrid
Enlaces:
  • Ver la obra en youtube
  • La versión para el cine, también en youtube


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