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sábado, 8 de diciembre de 2012

Unamuno, el vencido invicto por Félix de Azúa

Unamuno en Lenliblog

Unamuno desde la visión de Jon Juaristi


Jon Juaristi bucea en la vida y en la época de uno de los intelectuales más importantes de España en una obra recoge con brillantez las contradicciones de un tiempo terrible.

Las mismas que rigieron el destino de Unamuno



El filósofo Miguel de Unamuno, en los años veinte. / ARCHIVO MORENO

Entre los muchos que proporciona, uno de los mayores placeres de la literatura es el de convertir en literatura a los autores de la literatura. Todos sus lectores hemos imaginado a Garcilaso atacando una fortaleza espada en mano o a Berceo bebiendo un vaso de vino en compañía de otros errabundos con los que coincidía en la posada. Es una tentación irresistible. Seguramente si los estudios literarios severos, en especial los estructuralistas y analíticos, no han alcanzado la difusión de los viejos tratados filológicos de Auerbach, Menéndez Pidal o Spitzer es por esa amputación de la mitad del placer. La obra de arte sin autor, gran fantasía francesa del siglo pasado, es teóricamente irreprochable y debe ser defendida en la Universidad, pero es también inaceptable para un lector educado.
Los autores reclaman ser imaginados junto a sus criaturas, es una de las razones por las que escriben. Y un modo agradable de imaginarlos es el de leer sus biografías, algunas más literarias que las obras del biografiado. Pocos leen hoy a Frederick Rolfe (con razón), pero su biografía, The quest for Corvo, de A.J.A. Symons, sigue siendo una de las más perfectas obras literarias del siglo XX. He aquí un escritor que casi puede decirse que sobrevive gracias a su biógrafo.

Hay autores que piden ser alternativamente odiados y amados
Rolfe era un ser odioso, un mal bicho a quien todos detestaban y su biógrafo no pudo evitar la repugnancia. O quizás fuera mejor decir que solo pudo evitarla mediante los recursos del arte narrativo. Otros escritores, por el contrario, no pueden ser odiados de ninguna manera.Antonio Machado es el caso supremo. Si usted encuentra a alguien que diga odiar a Machado, apártese de él a toda prisa. Lávese luego entero en cuanto pueda. Es muy probable que pertenezca a alguna de las sectas satánicas más peligrosas después de la de Charles Manson.
Finalmente hay autores que piden ser alternativamente odiados y amados. Y ese es el caso que ahora nos ocupa, el de Unamuno y la biografía, a mi entender soberbia, que ha escrito sobre él Jon Juaristi.Soberbia biografía porque Unamuno, sin dejar la escena en ningún momento, a veces es solo un trasunto que le permite a Juaristi hablar sobre las guerras carlistas, la renovación de la panadería en Bilbao, el periodismo caciquil, el puente colgante, la invención del folclore vasco, la mujer de Sabino Arana, en fin sobre todas aquellas cosas que hacen de una biografía una pieza literaria de gran enjundia.

El libro es por encima de todo una pieza literaria de gran enjundia
Y como debe ser, Juaristi a veces ama a Unamuno y a veces le odia. El lector agradece esa ducha escocesa, porque le sucede exactamente lo mismo cada vez que se pone a leer a Unamuno, que suele ser a menudo. Así, por ejemplo, el lector agradece que Juaristi no disimule la conducta canallesca de Unamuno con Valentín Hernández, el editor de La Lucha de Clases que fue a la cárcel en su lugar. O sus grotescos ofrecimientos a los militares sublevados durante el año 1936. Unamuno tenía momentos odiosos porque era un hombre dotado de un enorme Ego, un Yo colosal que muchas veces ocupaba demasiado espacio, como decía Ortega cuando esperaba visita del vasco y había alguien en el despacho: “Salga usted ahora mismo, que viene Unamuno con su Yo, y no vamos a caber”.

Don Miguel era un hombre dotado de un enorme Ego, un Yo colosal
El Yo es una entidad peligrosa, entre otras cosas porque no contiene nada y debe ser ocupado de inmediato por alguna identidad (nacional, deportiva, religiosa, sexual, da lo mismo) a la que obedecer. Quien desee un planteamiento filosófico riguroso del problema, lea a Carlos Piera y su espléndido La moral del testigo(Machado). Unamuno, por tanto, llenaba constantemente su Yo con lo primero que le cayera en gracia identitaria. A veces era el vasco preterdiluviano, a veces el labriego intrahistórico, o bien el socialismo, aunque también el fascismo, qué le vamos a hacer. Por fortuna, la mayor parte de las veces no era la política lo que llenaba su identidad, sino los paisajes, los tipos, el crucificado, la diversidad de la convivencia, el campo, los campesinos, la literatura, don Quijote, la muerte, en fin todo lo inactual. Y entonces no hay más remedio que amarlo.

Sus días finales fueron un ejercicio agónico de despellejamiento
Juaristi, con una de las mejores prosas que se escriben hoy en España, repasa todos los aspectos de Unamuno, los amables y los odiosos, aunque predominan ampliamente, como era de esperar, los amables. Don Miguel ha dejado miles y miles de páginas (aún sin editar seriamente, a pesar de los esfuerzos magníficos de la Biblioteca Castro) que no son solo el mejor retrato de nuestra vida terrestre y anímica, sino que son nuestra exacta definición. He aquí, en este hombre tan poseído por su Yo, cómo se fue haciendo sitio un Yo trascendente que acabó por abarcarnos a todos sus lectores.
Sus terribles días finales, cercado por las hienas de Millán Astray,salvado del linchamiento por gente a la que despreciaba, horrorizado de lo que había dicho sobre los generales y la República, fueron un ejercicio agónico de despellejamiento en el que acabó por perder lo que le quedaba de Yo. Vio abrirse el abismo bajo sus pies y aquel temor y aquel temblor de que había hablado tanto y tan bien en sus ensayos, de repente era ya todo lo que le quedaba, temor y temblor. Es muy posible que entonces se abandonara al sosiego de no ser nadie y acabara sus días en paz.

viernes, 4 de mayo de 2012

Unamuno eterno

Unamuno en lenliblog

Por Lola Galán
ImgSi la historia es, como él solía decir, "la verdadera vida eterna", Miguel de Unamuno ha alcanzado, sin duda, la inmortalidad, porque su figura es inseparable de la historia española del siglo XX. Cuando se conmemora el 75 aniversario de su muerte, ocurrida en Salamanca el último día de 1936, el escritor vuelve a estar de máxima actualidad gracias a dos novedades editoriales: las Cartas del destierro que se publican ahora, y una nueva biografía escrita por su paisano, Jon Juaristi, que saldrá a las librerías en octubre próximo. Unamuno pasó seis años en el exilio entre febrero de 1924 y febrero de 1930. El directorio militar encabezado por Primo de Rivera le mandó al destierro, a la isla de Fuerteventura, en un intento torpe de castigar a un intelectual de enorme prestigio muy crítico con la guerra de Marruecos, y con el nuevo Gobierno, además de con el monarca, Alfonso XIII.
     El apoyo internacional que recibió, tras la medida de confinamiento que suponía además el cese de sus cargos en la Universidad de Salamanca y la suspensión de empleo y sueldo, fue considerable. Y los militares dieron marcha atrás, amnistiando al escritor en julio de 1924. Unamuno se negó a regresar a España y permaneció en París, y sobre todo, en Hendaya, hasta la caída del directorio. Es una etapa de gran actividad política de Unamuno que aprovecha para insultar ferozmente a los militares que dirigen los asuntos de España y al rey, en casi todas sus cartas. Pero además de los asuntos políticos, el epistolario nos muestra al vicerrector muy preocupado con las cuentas domésticas. En muchas de las casi 100 cartas que envía a su mujer, Concepción Lizárraga, hay referencias a cuestiones de economía doméstica. Le pide una y otra vez a su "querida Concha" que le "rinda cuentas",  "hasta el último céntimo". "Mi muy querida Concha", escribe a su mujer desde París, en septiembre de 1924, "he pasado ya a mi cuadernillo las cuentas. Sigue mandándomelas. Ahora la renta de este mes". Una obsesión comprensible porque la pareja tiene ocho hijos. El mayor, Fernando, está casado y vive en Palencia. El menor, Ramón, es todavía un adolescente.  
      Desde el exilio Unamuno sigue escribiendo artículos, colaboraciones, e intenta impulsar las traducciones de sus obras aprovechando un poco la notoriedad política que ha adquirido.  Pero las estrecheces económicas le presionan. En diciembre de 1924 resume su posición en una carta al profesor alemán W. von Wartburg, traductor de su novela ‘Abel Sánchez’. "Yo que además de luchas contra la servidumbre tengo que luchar por el pan de mis hijos, necesito una empresa comercial sobre todo. El sacerdote vive del altar. Y empiezo hasta a negarme a ‘interviews’ gratuitas. Se me ha quitado la cátedra y he tenido que aceptar una suscrición (sic) de mis compañeros". 
    Colette y Jean-Claude Rabaté, hispanistas franceses y grandes conocedores de la obra de Unamuno, se han ocupado de la edición de estas cartas del destierro, una parte de las cuales anduvo perdida muchos años. En 2006 fueron puestas a la venta por una casa de subastas, pero la intervención inmediata del Ministerio de Cultura y de la Universidad de Salamanca, consiguió salvarlas. Esta correspondencia inédita -130 misivas- más otras 180 cartas recopiladas en diferentes epistolarios y revistas por los Rabaté, constituye el libro que presenta ahora Ediciones de la Universidad de Salamanca . La ciudad en la que Unamuno pasó la mayor parte de su vida adulta le está dedicando además un afectuoso homenaje con recitales de poesía, exposiciones y conferencias sobre el gran autor de la ‘generación del 98’.
      Las cartas del destierro aportan unas pinceladas de normalidad a la imagen de erudito, implacable polemista, atormentado escritor que poseemos de Unamuno. Una vez leídas solo queda una pregunta en el aire: ¿qué le habría parecido a él ver aireada su intimidad doméstica en este libro? Nadie responde desde la eternidad.

sábado, 3 de marzo de 2012

Yo, Unamuno, me confieso


Hallado un manuscrito del filósofo que permaneció oculto en una carpeta durante más de un siglo
En el texto, el autor anticipa su lucha interna entre fe y razón

TEREIXA CONSTENLA Madrid

A punto de cumplir 40 años, Miguel de Unamuno (1864-1936) atraviesa una racha accidentada. Fallece su hijo Raimundo, el niño enfermo que le acompañaba mientras escribía. Se descubre una malversación de fondos en la Universidad de Salamanca, cometida por alguien de su confianza, que, además del disgusto, le cuesta 5.000 pesetas de su bolsillo y le asfixia las cuentas.

Por si no bastara con ello, en abril de 1903 se viven en Salamanca escenas que, visto lo ocurrido días atrás en Valencia, se encuentran bien arraigadas en la tradición española. Un enfrentamiento entre guardias y estudiantes que finaliza con el asalto del claustro universitario por parte de la policía a caballo y la muerte de dos jóvenes.

Miguel de Unamuno, el rector salmantino, que había tratado de serenar a sus alumnos diciendo: “Contra la razón de la fuerza, oponed vosotros, muchachos, la fuerza de la razón”, pierde un botón de la chaqueta en la refriega y —mucho menos anecdótico— se gana varias enemistades. Sumadas a las que ya tenía, acrecientan la campaña para expulsarle del rectorado. El periódico El Lábaro le ataca día sí, día también. El obispo de Salamanca le reprocha que quiera “descatolizar” a la juventud —Unamuno repetía que “España necesita que la cristianicen descatolizándola”— y, en una carta al presidente del Gobierno Antonio Maura, exige la cabeza del rector (muy bíblico, por otra parte).

¿Qué hace Unamuno? En primer lugar coquetear con la idea de irse a Argentina, aunque tal vez sea una osadía moderna atribuir a la mente unamuniana el verbo coquetear. Presume que, al otro lado del Atlántico, sus hijos crecerán en un mundo más tolerante (“ya sé que a nadie se tuesta, ya no se hacen autos de fe, pero se hace algo peor: combatir las ideas con la burla”, dirá ante una asamblea de artesanos coruñeses, a la que acudió junto a Emilia Pardo Bazán por aquellas fechas). Y escribe, escribe como siempre en varios proyectos simultáneos, entre ellos un manuscrito sorprendente, que titula Mi confesión y que ha permanecido oculto más de un siglo, despistado entre otros papeles en la Casa-Museo Miguel de Unamuno, de la Universidad de Salamanca.

Es probable que Alicia Villar, catedrática de Filosofía Moderna en la Universidad Pontificia de Comillas, haya sido la primera lectora de estos folios de Unamuno, que ahora han sido publicados por la editorial Sígueme en un libro, que se complementa con el estudio de la experta y algunas cartas de Unamuno escritas entre 1902 y 1904 hasta ahora dispersas, que ayudan a entender las circunstancias adversas que afrontaba el pensador. “He pasado una temporada de disgustos, sinsabores y algo más”, le revela en una misiva a Pedro Jiménez Ilundáin en mayo de 1902.

Como tantas otras veces, fue un hallazgo fortuito. Alicia Villar investigaba la vinculación entre Pascal y el autor Del sentimiento trágico de la vida en la Casa-Museo, cuando encontró una carpeta donde se guardaba el Tratado del amor de Dios y 19 folios numerados, escritos por las dos caras, sobre los que no había oído hablar jamás. “Unamuno tiene tanto escrito que tardé un tiempo en comprobar que no había sido publicado nunca”, explica Villar, especialista en las obras de Pascal, Rousseau y Unamuno.

En Mi confesión se incluyen tres ensayos con algunas de las cuestiones esenciales que acompañarán al intelectual vasco durante el resto de su vida y que dieron lugar a una de sus obras más célebres: Del sentimiento trágico de la vida. Hay incluso párrafos (los relacionados con la inmortalidad), según la comparación de la catedrática Villar, desarrollados en la conocida obra que se anticipan en el manuscrito. “Asimismo coinciden las referencias a Platón, Spinoza, Nietzsche y Kierkegaard”. Y añade: “Hay otros temas recurrentes como el cainismo y la crítica al intelectualismo que ya había planteado en El mal del siglo”.

Un aspecto que aborda inicialmente el manuscrito y que luego perderá fuelle en sus preocupaciones es el afán de perpetuarse eternamente de los escritores, una inclinación que acuña como “erostratismo”, en honor de Eróstrato, que incendió el templo de Éfeso para inmortalizar su nombre. “¡Mi nombre! ¿Y qué importa mi nombre? (…) Siembro las ideas que me vienen a las mientes —sean propias o ajenas— al azar de mi marcha por el mundo, a boleo, y el mismo ahínco pongo en una carta que será trizada no bien leída, que en un escrito público que se archive y empolve mañana en uno de esos cementerios que llamamos bibliotecas”, expone el escritor, que clama contra “la avaricia espiritual” como “raíz de todo decaimiento”.

En Mi confesión se asiste al desgarro de Unamuno, que parecía brotar de una paradoja: un apasionado rehén de la razón, o viceversa: un intelectual en busca de la fe. “No quiero poner paz entre mi corazón y mi cabeza, entre mi fe y mi razón, sino quiero que se peleen y se nieguen recíprocamente, pues su combate es mi vida”, escribe en un adelanto de lo que absorberá su pensamiento en unos años.

Sospechaba de la docencia que se arrodillaba ante los ideales —políticos o económicos— y le atemorizaba la “sequedad intelectual, sin fondo de sentimiento”. Ese alejamiento del sectarismo le condena a cierta soledad. “Tiene dificultades en todos los frentes, muchos intelectuales no entienden sus problemas con la fe y los conservadores le consideran un heterodoxo”, analiza Alicia Villar.

En la pugna y la duda vive cómodo. Nunca fue el autor de La tía Tula un hombre de ideas excluyentes. “Los que lo ven todo claro son espíritus oscuros”, le dijo una tarde el poeta portugués Guerra Junqueiro. Lo suscribió plenamente: “No leo a los escritores agresivos, cortantes, afirmativos, de batalla. Creo que hacen su obra, pero que es obra muy pasajera. Y como no me siento un luchador de avanzada ni un propagandista, me quedo aquí en este retiro”.

Unamuno contado por Unamuno

En una carta al anarquista Federico Urales, fundador de La Revista Blanca, el autor de San Manuel Bueno mártir hace un interesante autorretrato.
Niñez. “Fui taciturno y melancólico, con un enorme fondo romántico, y criado en el seno de una familia vascongada de austerísimas costumbres (...) Fui un chico con devoción que pecaba en lo que suelen llamar (mal llamado) misticismo”.
Juventud. “Cuando llegué a Madrid a estudiar proseguí en mi empeño de racionalizar mi fe. El dogma se deshizo en mi conciencia (...) Habiendo sido un católico practicante y fervoroso, dejé de serlo poco a poco, en fuerza de intimar y racionalizar mi fe”.
Influencias. “Me creo un espíritu bastante complejo; pero podría señalar a Hegel, Spencer, Schopenhauer, Carlyle, Leopardi, Tolstói como mis mejores maestros (...) De españoles desde luego ninguno (...) Mi alma es poco española”.
Pensamiento. “A lo que he vuelto es al cristianismo llamado protestantismo liberal (...) Mis lecturas en economía me hicieron socialista, pero pronto comprendí que mi fondo era y es, ante todo, anarquista”.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Salamanca se volcará en 2012 con Unamuno


Salamanca se volcará en 2012 con el recuerdo de Miguel de Unamuno
Rocío Blázquez - Salamanca - ABC.es
«2012. Año de Unamuno». Bajo este epígrafe, las instituciones salmantinas y el Ayuntamiento de Bilbao, encabezadas por el Consistorio de Salamanca, desarrollarán durante el próximo año, coincidiendo con el 75 aniversario de su fallecimiento; un amplio programa de actividades centradas en homenajear a Miguel de Unamuno en sus múltiples y variadas facetas vinculadas a esta ciudad.
Unamuno rector de la Universidad de Salamanca, el Unamuno pensador, el escritor, el vecino que paseaba por sus calles y Plaza Mayor, el amante de la papiroflexia, el dramaturgo, el hombre comprometido políticamente, el defensor de ideales, el hombre de familia. Una compendio de facetas y registros que serán abordados en distintas actividades que comenzará el próximo 31 de diciembre coincidiendo con los actos de celebración del aniversario de su muerte en la capital castellana.
Salamanca se rinde así a «una de las personalidades más destacadas de la literatura española del siglo XX», según destacó ayer en la presentación del programa el alcalde de la ciudad, Alfonso Fernández Mañueco. Unamuno será el gran protagonista de la programación cultural de la capital salmantina con exposiciones, conciertos, obras de teatro, jornadas de análisis, rutas culturales y otras propuestas. En total, una treintena de actividades ya programadas.
El próximo sábado se inaugurará una exposición en el Ayuntamiento en la que se recordará a través de imágenes el proceso de creación del medallón que representa la efigie del autor de «La Tía Tula» en la Plaza Mayor de Salamanca. A la que se unirá en una fecha aún por determinar otra muestra desarrollada por la Filmoteca de Castilla y León sobre «Don Miguel de Unamuno. Una vida en fotografías». Tanto el Día del Libro, como la Feria Municipal del Libro, estarán en 2012 dedicadas al filósofo vasco.
El Instituto Castellano y Leonés de la Lengua promoverá una jornada de análisis sobre Unamuno exiliado. El XV Encuentro de Poetas Iberoamericanos también estará dedicado a su figura, mientras que la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes coproducirá la puesta en escena de la obra «Niebla» y la adaptación dramática de «Fedra»

miércoles, 18 de mayo de 2011

Relámpagos para merendar

Los Cuentos completos de Unamuno reivindican el género que sirvió de campo de pruebas al escritor - "En sus relatos están todas sus ideas", dice el autor de la edición



ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid EL PAÍS - Cultura - 09-05-2011



"Salamanca le da de comer a mis hijos. Y los cuentos les dan de merendar". Para Miguel de Unamuno, icono del intelectual vehemente y melancólico, el relato corto fue una importante fuente de ingresos y también un terreno para medir su pulso literario. Padre de nueve hijos, justificaba así el asunto práctico: "Si por un cuento te dan cinco, seis u ocho duros, libres de gastos, ten por seguro que una novela 20 veces más extensa que él no te daría 100, 120 o 160 duros".



Pero más allá de las cuentas domésticas del viejo rector, los relatos fueron uno de sus más importantes campos de experimentación. "En los cuentos de Unamuno están todas sus ideas, la génesis de posteriores desarrollos, los núcleos del resto de su obra", explica Óscar Carrascosa Tinoco, encargado de la edición de cuentos completos que ahora publica Páginas de Espuma. Ochenta y siete relatos que suponen la mayor recopilación hecha hasta la fecha de su obra breve. "En definitiva", añade Carrascosa, "en los cuentos de Unamuno está todo Unamuno, su heterodoxia, todo su asistematismo, que llena de perlas sus relatos, y también toda su coherencia de pensamiento".



"Hasta ahora ninguna edición había recogido tantos", asegura el encargado de este libro que incluye relatos que a veces no superan las dos páginas y llevan títulos como Ver con los ojos, El héroe, ¿Por qué ser así?, El desquite, El que se enterró, Un cuentecillo sin argumento o Carbón, carbón. Eso sí, Carrascosa advierte: "La prudencia investigadora nos obliga a decir que podría aparecer alguno más en el futuro, pero a día de hoy es la primera vez que se reúnen todos". Entre los relatos, algunos (¡El amor es inmortal!) jamás se habían editado antes. "Este relato se publicó originalmente en la revista venezolana El Cojo Ilustrado el 1 de julio de 1901. Pero lo curioso es que 20 años después, Unamuno incluyó este relato en el capítulo VII de La tía Tula. Él solía decir que escribía a la que salga, pero no era verdad".



Unamuno publicó cuentos a lo largo de toda su vida en revistas y periódicos. En ellos ofrecía claves de su personalidad y de su pensamiento. La concisión del estilo, sus eternas preocupaciones filosóficas y la sátira social. "Era malhumorado, pero tenía humor, de ahí la bufotragedia, que está tan presente en sus cuentos como la meditatio mortis o la obsesión por la inmortalidad, la suya, claro", señala Carrascosa.



La publicación de los cuentos completos se suman a la serie de conferencias realizadas el pasado mes en la Fundación Juan March de Madrid por Jon Juaristi, que ultima una biografía sobre el autor de San Manuel Bueno Mártir y que desgranó durante tres jornadas la fascinante peripecia vital de este hombre que nació en Bilbao en 1864 y murió en Salamanca a finales de 1936, hace ahora 75 años. La última de las tres conferencias se centró en los meses finales del escritor (recogidos en el estremecedor Agonizar en Salamanca, el libro de Luciano G. Egido editado en 2006 por Tusquets) y que constituyen uno de esos puntos sin retorno en la historia de España. Unamuno -"aquella roca de resistencia y de rebeldía", señala G. Egido- moría acosado por ambos bandos y, como dijo Ortega, por causa del "mal de España". Un mal que Juaristi empieza a detectar cuando años antes, en su destierro a la isla de Fuerteventura por sus críticas a la dictadura de Primo de Rivera, Unamuno, que esperó sin éxito el apoyo de las masas ("y obviamente no se movió nadie"), empieza a cuestionar su rol histórico: "Llega a Fuerteventura y el pueblo español no chista. Y él empieza a tener serias dudas sobre su papel en la vida española. Si se habrá equivocado al representar un papel político que se aleja de su verdadera función: agitador de espíritus a través del pensamiento y la literatura".



Aunque el latigazo mortal le llegaría después de famoso enfrentamiento a Millán Astray en la Universidad de Salamanca, sobre cuyas consecuencias hablaría en estos términos antes de morirse: "Estoy desesperado. ¿Usted piensa sin duda que los españoles luchan y se matan, queman las iglesias o dicen misas, agitan la bandera roja o el estandarte de Cristo porque creen en algo? ¡No! ¡No! Escuche bien, ponga atención en lo que voy a decirle. Todo esto sucede porque los españoles no creen en nada. ¡En nada! ¡En nada! Están desesperados. Ningún otro idioma del mundo posee esta palabra. El desesperado es el que ha perdido toda esperanza, el que ya no cree en nada y que, privado de la fe, es presa de la rabia".



"Hay que empezar a ver a Unamuno como una de las claves de la modernidad", señala Carrascosa. "Y sus cuentos son una llave para entender de verdad la crisis de la modernidad. La crisis de Unamuno es el epítome de la crisis moderna. Y es ahí donde se entiende su grandeza y desde ahí se establece su canon. Representa la gran figura del intelectual inconformista con todo, con el poder y consigo mismo, que por desgracia hoy se ha perdido".











Poética de lo breve



- Para el narrador, filósofo y poeta Miguel de Unamuno no existían las fronteras entre los distintos géneros literarios. Todos ellos le sirven para expresar una misma problemática intelectual:



- "Sí, tus obras mismas, a pesar de su aparente variedad, y que unas sean novelas, otras comentarios, otras ensayos sueltos, otras poesías, no son, si bien fijas, más que un solo y mismo pensamiento fundamental que va desarrollándose en múltiples formas".



- "El escritor que hoy quiere ser leído, lo repito, ha de saber fabricar píldoras, extractos, quintaesencias. La cuestión estriba en hacerlo de modo que sean agradables de tomar; en saber dorarlas".



- "Son, pues, no pocos cuentos novelas abortadas, con lo que a menudo ganan. Pero otras veces pierden. Y así un cuento que sea más que un núcleo de novelas, como cuento es imperfecto, como imperfecta es la novela que no sea más que un estiramiento de un cuento".

sábado, 7 de mayo de 2011

Miguel de Unamuno: "Venceréis pero no convenceréis"


Altercado que Unamuno mantuvo con José Millán-Astray el 12.10.1936.




"Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha..."

miércoles, 8 de diciembre de 2010

San Manuel Bueno, mártir (Unamuno)

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