lunes, 29 de noviembre de 2010

Acerca del verbo ‘escribir’

El verbo escribir procede del latín scribere y lleva dentro una parte de la historia de nuestra escritura. Y digo de la nuestra porque la técnica de fijar el habla en un soporte físico se descubrió de manera independiente en diversos lugares a lo largo de la historia de la humanidad y se utilizaron para ello diferentes medios. Lo que se contará a continuación se refiere, por tanto, a la tradición de la que somos herederos quienes hoy escribimos en español y en otras lenguas occidentales.




El verbo latino scribere procede de una antigua raíz indoeuropea que significaba ‘arañar, raspar, hacer incisiones’. Este verbo se especializó para designar la acción de grabar con punzón. Esto es así porque nuestros antepasados fueron dejando sus primeros caracteres en trozos de madera, huesos, piedras, tablillas de barro o tablillas enceradas. Los signos se grababan haciendo incisiones con un objeto punzante. Es decir, lo que se hacía era arrancar trozos del soporte de escritura para dejar sobre él una marca indeleble, en lugar de pintar las letras depositando un pigmento como hacemos hoy.



El verbo escribir cuenta con hermanos en todas las lenguas románicas, que lo han heredado directamente del latín. Así, yendo de Occidente hacia Levante, en portugués tenemos escrever; en gallego, escribir; en catalán, escriure; en francés, écrire; en italiano, scrivere; y en rumano, scrie.



Pero no acaba ahí el recorrido de este verbo. Todos los pueblos de Europa Occidental aprendieron de Roma a preservar sus palabras poniéndolas por escrito, igual que los romanos habían aprendido antes a hacerlo gracias a los etruscos, quienes, a su vez, habían adquirido este conocimiento de los griegos. Del papel de Roma como difusora da testimonio el vocabulario de germanos y celtas, que en su mayoría tomaron prestada del latín la palabra para referirse a esta actividad. Si nos fijamos en las lenguas germánicas, encontraremos schreiben en alemán; y schrijven, en neerlandés. La excepción es aquí el inglés, que utiliza un término de origen germánico, write, pero que tiene el mismo significado etimológico. Entre las lenguas célticas podemos citar el gaélico irlandés con scríobh.



Covarrubias nos resume en su Tesoro la historia de la escritura y, aun mezclando mito con historia, nos demuestra que era bastante lo que se sabía sobre el tema ya en el siglo XVII:



ESCRIVIR: antiquissima invencion deviô ser la de las letras, y no ay duda sino que nuestro primer padre las enseñaría a sus hijos, sin embargo de que se atribuyan a los de Phenicia, y a otros. Escrivir, es formar las letras en alguna materia, y con diferentes instrumentos. Escrivese en las piedras con el cincel, ô otro estilo de hierro, y en los metales [...] Escriviase en los ladrillos, ô tierra cozida, como se cuenta de las dos colunas que dexaron los hijos de Noe escritas, una de metal, y otra de tierra cozida. Escriviase en las cortezas de los arboles, en las hojas de las palmas, en la tela del arbol dicho Papiro, de donde se comutô al que agora usamos, escribiase en lienço bruñido, en pieles de animales, que llamamos pergaminos, y en otras materias diferentes, que seria impertinencia el detenernos a referirlas.



Efectivamente, todos los materiales que menciona Covarrubias y algunos más se han utilizado para trazar letras sobre ellos. Y la sabiduría del genial lexicógrafo castellano no solo abarca las cosas del pasado. También da muestras de su clarividencia cuando, unas líneas más abajo, nos presenta el programa de lo que será en siglos venideros la enseñanza pública:



El escribir se devia enseñar juntamente con el leer a todos los muchachos, y forçar a los padres a que embiassen a sus hijos al escuela; de los quatro hasta los siete años, aunque despues huviessen de deprender oficios mecanicos, pues en la niñez no son de ningun servicio, antes dan pesadumbre en sus casas, y en las agenas, y en las calles, y en lugares publicos, y se hazen holgaçanes, y toman malos siniestros, para este fin havian de sustentar los maestros del publico, y consignarles tantos barrios, para que no se passasen de un maestro a otro [...] y lo mismo devrian hazer en las aldeas, a donde tienen mas cuydado de criar los puercos que los hijos [...]



Covarrubias ya entendía la importancia de escolarizar a los niños y de extender a todos, sin excepción, el conocimiento de la lectura y la escritura. Si le hubieran hecho caso en su día, hoy el mundo sería otro.

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