jueves, 3 de abril de 2014

El teatro medieval por Mario López Asenjo en MasterLengua

Es sabido que durante la Edad Media el teatro en Europa había poco menos que desaparecido. Desde el siglo V d. C. las representaciones teatrales se reducen a las obras de carácter religioso celebradas en las fiestas de la Iglesia. No es que hubiesen cambiado los gustos del público hasta el punto de hacerle perder el interés por el teatro, simplemente la Iglesia se mostró en contra del teatro. No es de extrañar, el teatro siempre ha tenido un notable carácter subversivo; nació, recordemos, en las fiestas dedicadas a dioses paganos como Dionisio o Baco que estaban muy alejadas de la moral cristiana.
Las primeras manifestaciones de teatro medieval español de las que tenemos constancia aparecen en el siglo XV: El auto de los Reyes Magos (anónimo). Y este es el arranque de la tradición teatral que continúa con pequeñas representaciones celebradas  durante la festividad del Corpus y de la Navidad, y que son el antecedente de los autos sacramentales.  Los primeros autores de los que nos han llegado obras son:
  • Gómez Manrique, tío del famoso poeta, del que se conservan dos obras de los ciclos de Navidad y de la Pasión.
  • Alonso del Campo, autor de una obra atribuida, Auto de la Pasión.

El primer autor importante para la historia del teatro español aparece a finales del siglo XV y se trata de Juan de la Encina. Escribió el tradicional teatro religioso, pero también aparecen las primeras obras profanas: las églogas, composiciones que pertenecen al género lírico (de hecho Manrique las publica junto a sus poesías en su Cancionero): se trata de composiciones breves (menos de 500 versos), temática amorosa, protagonizadas por pastores que desarrollan un diálogo lírico que puede ser representado.
En las églogas de Juan de la Encina se observa una evolución desde las primeras que:
  • Se reducen a un simple acontecimiento familiar como motivo dramático: una cena, una fiesta, boda, en carnaval… Las obras más recordadas de esta primera etapa son la Égloga VI (dedicada al Duque de Alba) y el famoso Auto del Repelón (una crítica de las burlas que la gente instruida hace de un pastor ignorante).
  • Las últimas obras de Juan de la Encina muestran una sorprendente evolución: con un teatro más refinado, con referencias clásicas de personajes mitológicos y alegóricos; los rudos pastores son sustituidos por pastores refinados (como en las églogas en la poesía del siglo XVI) que ganan también en vida interior del personaje. De esta etapa destacan las obras: Égloga de Cristino y Febea (tiene el mérito de dar forma dramática a un conflicto interior del personaje) y Égloga de Plácida y Victoriano.

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