jueves, 28 de marzo de 2013

Philip Roth vuelve a Newark por Eduardo Suárez


  • El escritor celebra su 80 cumpleaños en la ciudad que le ha inspirado

Philip Roth.
Philip Roth.

La Newark de Philip Roth dejó de existir hace medio siglo cuando arraigaron en sus calles las drogas, el crimen y el desempleo que la distinguen como una de las ciudades más peligrosas del área metropolitana de Nueva York. Y sin embargo allí fue donde el escritor quiso celebrar su 80 cumpleaños,acompañado por amigos, paisanos y admiradores y arropado por el entorno de su localidad natal.
El evento se celebró el martes pasado en el Museo de Newark y hubo una tarta con la efigie de Roth y un brindis de la escritora Louise Erdrich. También unas palabras del escritor estadounidense, que evocó su niñez en el suburbio acomodado de Weequahic y leyó un fragmento fúnebre de su libro 'El teatro de Sabbath'.
A Roth se le ha descrito en ocasiones como un escritor huraño y propenso a la misantropía. Pero quienes estuvieron presentes el martes apuntan que el escritor escuchó con interés los discursos que le precedieron y recibió las felicitaciones de muy buen humor.
Quizá se sentía feliz al reencontrarse con Newark, la ciudad adonde nunca regresó después de su adolescencia y cuyos enclaves impregnan los libros que le dieron fama universal. Lugares como su casa de madera en el número 81 de la avenida Summit o el hotel Riviera donde sus padres pasaron su luna de miel.
También el instituto de Weequahic donde estudió Roth y cuyo director imparte ahora sus clases con un chaleco antibalas por las amenazas de las bandas o la biblioteca pública que acaba de inaugurar una exposición con algunas de las fotografías más íntimas del escritor.

Origen

Newark dejó de ser una ciudad próspera hace mucho tiempo. La renta per capita apenas roza los 15.000 euros, el paro supera el 15% y en sus calles se registraron en 2010 la friolera de 1.928 robos domésticos, 79 violaciones y 90 homicidios. La ciudad dijo adiós en junio a su equipo de baloncesto. Pero sigue intentando resurgir de sus cenizas y tiene un alcalde negro con cierta proyección.
Los padres del escritor procedían de la Galitzia ucraniana y lo educaron en el judaísmo descafeinado de la diáspora. Demasiado pacato para las aspiraciones del joven Roth pero lo suficientemente laxo como para hacer germinar el talento del que brotaría el estilo que lo ha convertido eneterno aspirante al Nobel.
El escritor, cuando tenía dos años, junto a su madre.
El escritor, cuando tenía dos años, junto a su madre.
Hace mucho que Roth cruzó el río Hudson y se mudó a una suntuosa casa de campo en el estado vecino de Connecticut. Pero su geografía íntima nunca se apartó del todo de su ciudad. Ni siquiera cuando su relación con la británica Claire Bloom le obligó a vivir la mitad del año en Londres durante los años 80.
El escritor evoca el oasis judío de Weequahic en sus memorias y cuenta el final trágico de su padre en 'Una historia verdadera' (1991). PeroNewark está presente en muchos otros libros. Incluido el primero, 'Adiós, Colón' (1959), donde cuenta la historia de un bibliotecario donde se adivinan muchas de sus obsesiones.
"Es un escritor que tiene un gran sentido de las historias y al que no le importa correr riesgos desvelando detalles muy íntimos", explica a EL MUNDO Derek Parker Royal, fundador de la Philip Roth Society y responsable de los eventos relacionados con el cumpleaños del escritor.

Su figura, en documental

Los eventos de Newark no son el único guiño reciente al aniversario. A la espera de la biografía autorizada de Blake Bailey, dos documentales abordan la figura del autor de 'La conjura contra América' desde dos perspectivas bien distintas: su paisana Jane Statlander-Slote describe la ciudad donde se crió y los europeos William Kasel y Livia Manera trazan un retrato más completo a través de una conversación con Roth y de las palabras de colegas y amigos como Jane Maas o Mia Farrow.
El primer documental se estrenó en el museo judío de Newark y su autora asegura que prefirió no entrevistar al escritor para no limitar su libertad. Pero es el segundo el que se antoja más interesante porque el propio Roth aporta muchos detalles sobre su infancia y sobre su vocación.
El filme se exhibe estos días gratuitamente en el Film Forum de Nueva York y en su origen se encuentra la amistad del escritor con la periodista italiana Livia Manera, que conoció a Roth hace unos años durante una entrevista y desde entonces ha conservado una buena relación con el escritor.
Dos documentales abordan la figura del autor de 'La conjura contra América' desde dos perspectivas bien distintas
Manera y su cámara francés estuvieron unas 15 horas con Roth, que contó muchas anécdotas sobre su adolescencia y sobre la trastienda de sus libros y apenas desveló nada sobre su intimidad. "La única condición que puso fue que no quería hablar sobre sus matrimonios", dijo recientemente la periodista italiana, que respetó la voluntad de Roth de callar sobre su relación con sus dos esposas: la fallecida Margaret Martinson y la británica Claire Bloom.
El voto de silencio no merma el interés del documental, que incluye confidencias muy reveladoras sobre la obra y el entorno del escritor. Roth recuerda su admiración por su mentor Saul Bellow y compara su relación con Newark con la que James Joyce mantuvo con Dublín. También describe su ansiedad mientras esperaba que saliera su primer relato en el 'New Yorker' y su impresión al saber que cientos de lectores habían escrito a la revista indignados por unas líneas que consideraban "antisemitas" y dispuestos a cancelar su suscripción.

Autobiografía

La posibilidad de escribir sobre sí mismo la descubrió Roth leyendo a Bellow. Pero sólo la abordó del todo después de su inmersión en el psicoanálisis y del fracaso de su primer matrimonio, que define lacónicamente como "brutal". Así nació 'El mal de Portnoy' (1969), cuya frescura transformó para siempre la literatura anglosajona y suscitó un gran escándalo entre quienes conocían a su autor.
Roth cuenta cómo invitó a comer a sus padres judíos en Manhattan para amortiguar el golpe unos días antes del lanzamiento de la obra. Les dijo que la gente iba a identificarlos enseguida con los padres del protagonista y llegó a pagarles un crucero para mantenerlos al margen del escándalo que auguraba la publicación. A su madre, según Roth, no le preocuparon tanto los detalles soeces del libro como la arrogancia de su hijo. Su padre en cambio estaba encantado: se llevó una docena de ejemplares al crucero y se los firmó a varios pasajeros presumiendo de ser su progenitor.
El escritor se fue de Newark siendo muy joven y nunca llegó a echar raíces en Nueva York. Aún mantiene un apartamento en el Upper West Side. Pero el bullicio de la metrópoli le estorba y prefiere la paz de su casa de campo de Connecticut, donde escucha sinfonías de Mahler y escribe de pie en un estudio acristalado.
Su amiga Jane Maas recuerda al escritor como un universitario apuesto y muy seguro de sí mismo y Mia Farrow explica cómo le ayudó a escribir 'Némesis', que describe una epidemia de la polio como la que ella sufrió. Roth cuenta cómo suele enviar sus manuscritos a un puñado de amigos antes de terminarlos y cómo graba sus reacciones y las transcribe antes de publicar.
Roth anunció en diciembre que había dejado de escribir. Una afirmación que los críticos no terminan de creerse pero que el novelista subrayó en una larga entrevista en las páginas del 'New York Times'. Ahora dice que sólo trabaja para su biógrafo Blake Bailey, que recibe sus notas manuscritas y las refina para un libro que debe aparecer el año que viene. Fue Roth quien escogió a Bailey y no al revés. Pero al hablar del trabajo que le aguarda, el novelista dice con sorna: "En los próximos años tengo que afrontar dos calamidades: mi muerte y mi biografía. Esperemos que la primera llegue antes"
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