domingo, 17 de octubre de 2010

Al faro de Malta - Duque de Rivas (Comentario de texto)

PAUTAS PARA EL COMENTARIO

  1. Este poema, uno de los más apreciados de la poesía lírica del duque de Rivas, fue compuesto tras su accidentada llegada -en medio de una fuerte tormenta- a la isla de Malta, donde el autor vivió varios años exiliado. Predominan en él los elementos descriptivos: comenta las descripciones contrastadas del mar embravecido y del faro que resiste los embates de la tormenta.
  2. Pero, además, tormenta y faro adquieren también a lo largo del poema dimensiones simbólicas. ¿Qué significado se le da a cada uno de ellos en la estrofa que empieza "Así de la razón..."? Por otro lado, el poema presenta un sentido diferente si se establece una relación entre los elementos que aparecen en él y la peripecia personal del autor: las "tormentas" políticas de la España de su tiempo que resuenan alrededor del poeta, el obligado exilio, la soledad a la que éste lo condena, etc. Interpreta el texto desde esta perspectiva: ¿Cuál sería, entonces, su tema? ¿Cómo se expresa el estado de ánimo del poeta?
  3. El poema fue compuesto en fecha temprana, antes del triunfo del Romanticismo en España. Ello explica que convivan en él ideas todavía netamente ilustradas con elementos y formas que pertenecen ya a la sensibilidad romántica. Señálense. Investiga: ¿en que año se compuso este poema?

Al faro de Malta



Envuelve al mundo extenso triste noche;

ronco huracán y borrascosas nubes

confunden, y tinieblas impalpables,

el cielo, el mar, la tierra:



y tú invisible, te alzas, en tu frente

ostentando de fuego una corona,

cual rey del caos, que refleja y arde

con luz de paz y vida.



En vano, ronco, el mar alza sus montes

y revienta a tus pies, do, rebramante,

creciendo en blanca espuma, esconde y borra

el abrigo del puerto:



tú, con lengua de fuego, «Aquí está.., dices,

sin voz hablando al tímido piloto,

que como a numen bienhechor te adora

y en ti los ojos clava.



Tiende, apacible noche, el manto rico,

que céfiro amoroso desenrolla;

recamado de estrellas y luceros,

por él rueda la luna;



y entonces tú, de niebla vaporosa

vestido, dejas ver en formas vagas

tu cuerpo colosal, y tu diadema

arde al par de los astros.



Duerme tranquilo el mar; pérfido, esconde

rocas aleves, áridos escollos;

falsos señuelos son; lejanas cumbres

engañan a las naves.



Mas tú, cuyo esplendor todo lo ofusca,

tú, cuya inmoble posición indica

el trono de un monarca, eres su norte;

les adviertes su engaño.



Así de la razón arde la antorcha,

en medio del furor de las pasiones;

o de aleves halagos de fortuna,

a los ojos del alma.



Desque refugio de la airada suerte,

en esta escasa tierra que presides,

y grato albergue, el Cielo bondadoso

me concedió, propicio;



ni una vez sola a mis pesares busco

dulce olvido, del sueño entre los brazos,

sin saludarte, y sin tomar los ojos

a tu espléndida frente.



¡Cuántos, ay, desde el seno de los mares

al par los tomarán!... Tras larga ausencia,

unos, que vuelven a su patria amada,

a sus hijos y esposa.



Otros, prófugos, pobres, perseguidos,

que asilo buscan, cual busqué, lejano,

y a quienes que lo hallaron tu luz dice,

hospitalaria estrella.



Arde, y sirve de norte a los bajeles

que de mi patria, aunque de tarde en tarde,

me traen nuevas amargas y renglones

con lágrimas escritos.



Cuando la vez primera deslumbraste

mis afligidos ojos, ¡cuál mi pecho,

destrozado y hundido en amargura.

palpitó venturoso!



Del Lacio, moribundo, las riberas

huyendo, inhospitables, contrastado

del viento y mar entre ásperos bajíos.

vi tu lumbre divina:



viéronla como yo los marineros,

y, olvidando los votos y plegarias

que en las sordas tinieblas se perdían.

«¡Malta, Malta!». gritaron;



y fuiste a nuestros ojos aureola

que orna la frente de la santa imagen

en quien busca afanoso peregrino

la salud y el consuelo.



Jamás te olvidaré, jamás... Tan sólo

trocara tu esplendor. sin olvidarlo,

rey de la noche, y de tu excelsa cumbre

la benéfica llama,



por la llama y los fúlgidos destellos

que lanza. reflejando al sol naciente,

el arcángel dorado que corona

de Córdoba la torre.



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