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sábado, 21 de abril de 2012

Un futuro club de lectura para la Real Academia


La Celestina y el Lazarillo / SCIAMMARELLA


Francisco Rico impulsa un taller “no erudito”
Ven la luz cuatro nuevos tomos de la Biblioteca Clásica

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS Madrid 20 ABR 2012 - El País


En la España del pesimismo y la cicatería ayer cayó como agua de mayo una pequeña iniciativa de la por otro lado magna Biblioteca Clásica de Real Academia Española: crear un club de lectura con sede en la RAE. Un gesto que, de la mano del académico Francisco Rico (que desde hace tiempo coquetea con esta idea y que es el director de la colección), pretende animar a la lectura —“ingenua, no erudita”— de los grandes textos de la literatura española.

Según explicó el secretario de la Academia, Darío Villanueva, el club de lectura nacería el próximo año, dentro del programa del tercer centenario de la Academia y, como en la mejor tradición anglosajona, serviría de campo de acción para la Biblioteca Clásica.

Impulsada por la Obra Social la Caixa y editada por Galaxia Guntenberg-Círculo de Lectores, la colección nació el pasado mes de junio con la vocación de satisfacer por igual a filólogos y lectores. Contará con 111 títulos que se editarán a un ritmo medio de seis u ocho por año durante los próximos 15 años y de los que ya están ocho en las librerías. Ayer se presentaron los últimos cuatro: Historia verdadera de la conquista de Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo; Lazarillo de Tormes, La Dorotea, de Lope de Vega, y La Celestina. La colección cuenta con una web que sirve de guía y complemento. Permite, además de hojear los tomos, descargarse manuscritos originales y estudios críticos. Todo, recordó Rico, con el fin de responder tanto a las exigencias del lector estudioso como del lector medio. “En lo que queda de año publicaremos seis títulos más, aunque no es fácil decirlo porque no son libros que se improvisen. Por ejemplo, la aparición de un nuevo manuscrito o traducción de cualquiera de ellos nos obligaría a empezar de nuevo cotejando palabra por palabra todo el trabajo anterior”.

La RAE (cuyo diccionario online ha logrado el pasado mes 74 millones de visitas: 25% de Méxcio, 205 de España, 19% de Argentina...) ensayó ayer lo que pretenden ser esos talleres de lectura en los que académicos, especialistas y lectores abrirán las puertas de posibles lecturas de los clásicos. “Sin pretensiones, abierto, en el que nos preguntemos ¿qué pasa cuando se lee hoy un clásico?, ¿qué gusta?, ¿qué no gusta?”, dijo Rico.

Como conejillos de indias para su idea, el académico echó mano de algunos de sus colegas en la RAE. Así, Luis Goytisolo habló de Historia verdadera de la conquista de Nueva España; Darío Villanueva del Lazarillo, Soledad Puértolas de La Dorotea y el propio Rico de La Celestina con los tres especialistas que se han encargado de su edición, Francisco J. Lobera, Guillermo Serés y Paloma Díaz-Mas.

Desde esa lectura “ingenua” (“o tardía”, dijo Soledad Puértolas) se viajó desde las sombras de La Celestina al menos “amargo” enredo de La Dorotea o, como señaló Villanueva, se admiró esa “rara modernidad” del Lazarillo: “es casi como una novela en lenguaje de twitter”. Goytisolo hizo su propio relato de Historia verdadera de la conquista de Nueva España: “No es la obra de un escritor, es la de un soldado, alguien que escribe según aprende a escribir. Decide hacerlo porque le irrita la lectura oficial de la conquista de México, que deja de lado a los soldados. Para él, su modelo es Julio César. Pero, a diferencia de César, que escribía en tercera persona, lo hace en primera. Y lo hace muy bien. Sorprende la verosimilitud que logra, la claridad. Intenta no ocultar nada, ni los desmanes españoles (homosexulidad, de canibalismo...) ni de los indios. Su ecuanimidad es ejemplar”.

El ensayo de taller acabó con La Celestina y con un embrión de discusión sobre la mesa: Lo de Calisto y Melibea “¿es amor o encoñe?”, preguntó Rico. “Un encoñe por parte de Calisto y un tira y afloja por parte de Melibea. Él está mucho menos enamorado de lo que se cree. Yo diría que tiene una paja mental”, dijo Diaz-Mas. ¿Y se casarían alguna vez? Al parecer, imposible. Puértolas habló del secreto que se esconde detrás de Calisto (“¿es un judío, un moro o un pervertido?”) y Seré añadió: “Calisto es un mentecato y Melibea no es una cria. Lo que pasa es que Celestina tiene un Plan A y un Plan B. Es alcahueta pero también bruja. Así que si falla una cosa pasará a la otra”.

Basta con intercambiar los nombres por otros más del siglo XXI para reconocer que leer a los clásicos sigue sirviendo de guía en la España del pesimismo y la cicatería. Las contradicciones de las viejas relaciones humanas son asuntos inagotables. Y sin duda merecedores de contemporáneas tertulias como las que Rico propone en la RAE.

sábado, 4 de junio de 2011

"Literatura nacional"

JOSÉ-CARLOS MAINER 28/05/2011



Tienen razón los que creen que las obras literarias viven y se agrupan al azar de la libertad de la "obra en sí", como nos recuerdan los teólogos de la filología. También tienen razón los laicos que las contemplamos organizadas por la trama civil de la historia. Que en esta pugna latente existan las llamadas "literaturas nacionales" es una posibilidad que conviene tener en cuenta, por lo menos.



Añadiré que, en España, tal cosa ha estado más vinculada a las ideologías liberales que a las conservadoras, al revés de lo que se suele pensar. El gran Menéndez Pelayo, afín a los neocatólicos, fue mucho menos nacionalista a este propósito que el liberal Ramón Menéndez Pidal, el más fértil creador de nuestro nacionalismo literario. La configuración de las letras españolas como una emoción estético-patriótica lo debe casi todo a los libros que escribió Azorín después de 1912 y a ella pertenece la noción misma de "generación del 98", que es nacionalismo es estado puro (el Azorín de entonces era un "reaccionario por asco de la greña jacobina", según dijo Machado: un intelectual que negociaba su reingreso en la nómina de los liberales). Pero el concepto de "literatura nacional" tenía ya entre nosotros una larga trayectoria que incluía los nombres de ilustrados y románticos: Cadalso, Capmany, Quintana y Larra, por ejemplo.



No nos debe extrañar por tanto que la Real Academia haya encargado a Francisco Rico que revitalice el espléndido proyecto que hace unos años concibió para Editorial Crítica y que ahora, con alguna sustanciosa novedad y la misma exigencia, se llama Biblioteca Clásica de la Real Academia Española: poner la "literatura nacional" en 111 volúmenes. Es una idea que la Academia lleva en sus genes dieciochescos y que se plasmó en el artículo 4ª de sus estatutos de 1859 ("preparar ediciones correctas y convenientemente ilustradas de nuestros poetas y escritores selectos de todos los siglos"). Lo puso por obra según acuerdo de 1865 y hasta asignó las tareas a cada uno de sus miembros, pero el empeño duró poco. El proyecto de 1865 coincidía con el final de otro de iniciativa particular, la Biblioteca de Autores Españoles, que concibió en 1845 el poeta catalán Buenaventura Carlos Aribau y llevó a las prensas su coterráneo Manuel Rivadeneyra, impresor y viajero impenitente (la noción cultural de "España" ha sido en los dos últimos siglos una invención de catalanes, más a menudo de lo que piensan y quieren algunos).



La benemérita Biblioteca de Autores Españoles acabó sus días en 1872, subvencionada activamente por el Gobierno y en manos de académicos-políticos. Años después, otras colecciones memorables -como los Clásicos Castellanos de 1910- nacieron a la sombra protectora de la Junta para Ampliación de Estudios (un organismo del Estado), o directamente de su gestión, como la Biblioteca Literaria del Estudiante. Y el 24 de abril de 1936 el flamante presidente del Gobierno de la República, Manuel Azaña, comunicaba a los periodistas que, por su iniciativa, se había aprobado el decreto que creaba una Biblioteca de Escritores Clásicos para "conservación y difusión de los monumentos de la lengua y la literatura nacionales, en los que se reconozcan los más gustosos frutos del espíritu español y algunos de sus más preciados títulos en la historia de la civilización". Quedó nonata... Francisco Rico, que conoce a sus clásicos y modernos, sabe todo esto... De él, de la Academia y de los patronos del nuevo empeño esperamos mucho quienes creemos en la Literatura y en la Historia.



José-Carlos Mainer es director de la Historia de la literatura española (Editorial Crítica) en nueve volúmenes, de los que se han publicado cuatro.

La RAE presenta su Biblioteca Clásica .



Jueves, 02 de Junio de 2011 20:12 JAVIER LÓPEZ IGLESIAS

 La Biblioteca Clásica de la Real Academia Española (RAE), presentada hoy en Madrid es, en palabras de Víctor García de la Concha, director honorario de la institución, "la respuesta al mandato estatutario establecido en el artículo 5 de la RAE y a una vieja aspiración académica". Dirigida por el académico Francisco Rico y editada por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores con el patrocinio de la Obra Social "la Caixa", la colección reunirá 111 títulos, obras que pueden considerarse el núcleo esencial de la tradición literaria española e hispanoamericana desde sus orígenes. El Cantar de Mío Cid abre la colección, que se prolongará hasta las postrimerías del siglo XIX, con Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán.



"El espíritu es hacer de cada edición, de cada una de las obras que integran la colección, algo que supere a todas las publicadas hasta la fecha. La mejor edición posible con los conocimientos y medios actuales", explicó el propio Francisco Rico. El texto que en cada caso se ofrece y los estudios y notas que lo acompañan son siempre los filológicamente más seguros y que mejor reflejan los logros de la investigación que hasta el momento se haya realizado, "el criterio es no contentarse simplemente con una buena edición o una edición aceptable, sino sumar los trabajos anteriores y las nuevas contribuciones para presentar sistemáticamente ediciones que contengan y superen a todas las precedentes".



Hecho diferencial



"Estamos ante una colección que ofrece la máxima actividad filológica y que al mismo tiempo es accesible para el lector. No incluye largos prólogos, sino una pequeña introducción de dos o tres páginas en la que se explica de forma muy inteligible cómo es la obra, para entrar directamente al texto, que va acompañado de notas sucintas para que el lector no se pierda en ellas. Esa es la gran diferencia con las colecciones anteriores precedidas de largos estudios, la entrada directa a la obra", abundó Rico.



Los cuatro primeros textos publicados en la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española son el Cantar de Mío Cid; los Milagros de Nuestra señora, de Gonzalo de Berceo; la Gramática sobre la Lengua Castellana, de Antonio de Nebrija, y La vida del Buscón, de Francisco de Quevedo, estando programada la edición de ocho títulos cada año, cuatro en primavera y cuatro en otoño, hasta completar los 111 previstos.



A la hora de la selección de las obras, apuntó el director de la colección, hay títulos en torno a los cuales hay un consenso universal, pero se incluyen también otros menos conocidos, 12 de los cuales tienen profundas raíces hispanoamericanas como Tradiciones peruanas, de Ricardo Palma, o María, una de las cumbres de la novelística decimonónica, del colombiano Jorge Isaacs.



Con esta Biblioteca Clásica la RAE arranca un ambicioso proyecto y sienta las bases para la edición de nuevas colecciones, como la Biblioteca Clásica del Estudiante, la Biblioteca Clásica Popular, la de Bolsillo, la Biblioteca Americana y la Biblioteca Clásica Digital.



Formatos electrónicos



Respecto a ésta última y como se apuntó en el acto de presentación, la realidad marca que el mercado del libro en papel irá disminuyendo en la misma medida en que crezca el electrónico por lo que es probable que el futuro de las librerías tradicionales resida en buena parte en la especialización y en las obras de fondo. La Biblioteca Clásica se ha proyectado tomando muy en cuenta ese horizonte, con la esperanza de ocupar un lugar privilegiado dentro de él, por lo que se ha diseñado una versión digital de libre acceso que incluirá una selección de 12 títulos en rotación, editados tan solo con un breve prólogo y notas, así como facsímiles de manuscritos y ediciones singulares accesibles a través del portal de la Real Academia.



"La nueva tecnología pide que las ediciones circulen también en vehículos distintos del papel y la función misma de la RAE exige que vayan siendo progresivamente accesibles de forma gratuita en la web (en PDF con posibilidad de búsquedas)", apuntó el director de la Academia, José Manuel Blecua.



De esta forma, en la web de la RAE se pueden consultar ya ediciones de excelente calidad de algunas obras clásicas. "Es una gran operación para promover la literatura clásica y hacerlo con una colección a la altura de los tiempos. La edición en papel es muy importante pero se tienen en cuenta desde el principio las otras vías, los distintos formatos electrónicos", concluyó el coordinador de la Biblioteca Clásica.

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