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miércoles, 18 de mayo de 2016

III Concurso de Microrrelatos del IES Matemático Puig Adam

Premios Primer Nivel

Pájaros y libertad
Cuando en la rama los pájaros empiezan a cantar, las sombras de la noche desaparecen y la vida se despierta. Es sinónimo de un día más de esperanza.
Y, cuando en la rama los pájaros dejan de cantar, vuelve la oscuridad. No se sabe si habrá otro día para los refugiados que pretenden encontrar el hogar que la guerra les ha destruido y que la Unión Europea corta de raíz sus alas hacia la libertad.

Alicia Suárez Zapata  - 1º ESO E

El monte oscuro
Cuando en la rama los pájaros empiezan a cantar, las flores se marchitan lentamente, hasta que el Sol se pone. Los insectos malhumorados se esconden y las lechuzas cantan sin cesar.
El cielo se oscurece, solo se oye el ulular de las lechuzas. Está negro, solo se ve por las luces de las luciérnagas.
La noche cesa hasta que en el este, el Sol amanece. Rápidamente el día rompe y pasa tranquilamente hasta el anochecer.

Ana Martín Gómez - 1º ESO C


Premios Segundo Nivel

Las princesas no lloran, o eso decían
El mayordomo me miró con asombro, como si dudase de mi juicio. Me contemplé en el espejo, rechazaba que una princesa como yo, Erisyuka, señora de onírica ciudadela, capaz fuese de ruborizarse ante semejante ente, Karoku. Sollozaban mis rosados luceros, entristecidos por aquel amor rehusado, destrozó mi corazón cual árbol tronchado por el viento. Seguidamente, volviéndome hacia mi sirviente, espeté unas palabras y abandonó la estancia.
Acomodándome en el diván, observé la expulsión del paraíso.

Lucía Sánchez Ramos - 4º ESO C

No siempre hay un final feliz
El mayordomo me miró asombrado, como si dudase de mi juicio. Azuzó el fuego para volver a renacer las llamas que cada vez tenían menos fuerza, igual que yo. Aquel secreto no podía salir de allí, cargué la pesada pistola, apunté a la única persona que llegó a comprenderme y a la que amé en secreto. Asintió con la cabeza y disparé y, al segundo, me disparé a mí mismo. Al caer dije las palabras que ansié tanto decir y más hacia otro hombre: “Te quiero”.

María Colino Parra - 3º ESO B



Premios Tercer Nivel


Un alma libre
        Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir y no voces cualesquiera. Antoñito grita libertad, pero no clama por su vida. Desde mi ventana evito oírlo, pero no puedo.
        Hoy la muerte no viste de negro, ni calza guadaña en mano; hoy viste de verde y se llevará al que solo puedo llamar hermano.
        Pronto llamarán a mi puerta para teñir con mi sangre el río. No os tengo miedo; yo soy Federico, un alma libre.

Sergio López Familiar -  1º Bachillerato 2


El fantasma del ayer
Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir. Lo creáis o no, anunciaban la mía propia. Todo fue muy repentino, estaba en una taberna, cerca de la casa de mi amada, después, mis ojos se cerraron, no sentí nada y ahora, estoy muerto. Tenía que ser hoy… justo hoy, cuando pensaba pedirle matrimonio… Maldita sea mi suerte, si se lo hubiese pedido ayer…, al menos ahora, tendría el consuelo de ser un muerto feliz.

José Manuel Díaz Dávila - 2º Bachillerato 2

domingo, 10 de mayo de 2015

II Concurso de Microrrelatos del IES Matemático Puig Adam

Una vez más se ha celebrado el Concurso de Microrrelatos del IES Matemático Puig Adam. Aquí aparecen los relatos ganadores y los autores con sus premios, cuyo acto se celebró durante el Día del Libro. ¡Enhorabuena a todos ellos!

Primer premio – Primer Ciclo ESO


Esquizofrenia por Roberto del Cerro Carballo (“Madrileño”) de 1º ESO A

Donde una puerta se cierra. Otra se abre, pienso instintivamente. Pero encerrado tanto tiempo en un cuartucho de dos por dos, uno ya no sabe si ha pedido el juicio o no.
El hecho de ver tenedores volátiles u oír mi nombre, no me convierte, ni mucho menos, en un loco…
Y después de haberme tranquilizado, ellos abren la puerta (como de costumbre). Ya es mi hora. Hasta siempre.

Segundo premio – Primer Ciclo ESO




Suerte cambiante por Iván García Martínez (“Spelinger 250”) de 2º ESO A

Donde una puerta se cierra, otra se abre, pensé más tarde aquel lunes lluvioso de abril. El sueño se desvaneció, no gustó mi libro.
Sintiendo el peso de mi fracaso, bajaba las escaleras del desengaño cuando perdí mi manuscrito, volví sobre mis pasos y mi cara dibujó una sonrisa, la misma que iluminaba el rostro de una joven con paraguas rojo que leía mis palabras.
Finalmente mi libro no era tan malo… Y ella era preciosa…

Primer premio – Segundo Ciclo ESO




La infidelidad por Juan Carlos Galán Moclán (“El infiel”) de 4º ESO B

Llegó, en esto, al mesón un caballero en caballo. Parecían cansados. El caballero se dirigió a la barra. Hice todo lo posible para que no me viera. Tenía miedo de su reacción al descubrir lo ocurrido en su ausencia. El bocazas del camarero le puso al día. Él comenzó a buscarme. Me encontró, me puso una mano en el hombro y vi sus ojos llenos de lágrimas. Él no merecía a su mujer, yo sí.

Segundo premio – Segundo Ciclo ESO



Mea culpa por Laura Barbero Mora (“Alca Chofa”) de 4º ESO C

Llegó, en esto, al mesón, un caballero en caballero en caballo, y, a la vez que bajaba de este, atisbó recatadamente a una hermosa y distinguida dama, que tímidamente le esbozó una leve sonrisa.
Nuestro tunante hidalgo acercose a la joven con gallardía y briosamente hizo ademán de articular un “vente conmigo”, que acabó por disiparse. Y, de pronto, un puñal y, sangre, mucha sangre… Marchó, en esto, del mesón, una doncella en caballo.

Primer premio – Bachillerato



Un curioso caso de exilio por Jonathan Perera García (“Ameba”) de 2º 2 de Bachillerato

D. Antonio Moreno se llamaba el huésped de aquel ser. Un ente inteligente descubierto casualmente por los más prestigiosos científicos, se fugó del laboratorio y al ver el mundo al que había llegado quiso desvanecerse.
Vagó por todo paraje y hasta por internet. Pero no encontraba ningún sitio solitario, hasta que halló los libros. Leyó y devoró todos los libros escritos y finalmente decidió acompañar a un ingenioso hidalgo como personaje de sus aventuras.

Segundo premio – Bachillerato



¿Huésped o anfitrión? por Sara Bueno Pasamón (“Sábado negro”) de 1º 1 de Bachillerato

D. Antonio Moreno se llamaba el huésped de la celda 237.
- Pobre viejo- susurré. Salió con su cuerpo reducido a pellejo y hueso, su escaso y desaliñado pelo blanco escondía e rostro de la injusticia, lanzó una última mirada en busca de unos ojos cómplices de su júbilo, “Al fin libre”, pude escuchar de sus finos y arrugados labios.

- ¿Libre?- pensé, aquí somos todos libres, fuera te esperan los demás presos.

jueves, 22 de mayo de 2014

Primer Concurso de Microrrelatos del IES Matemático Puig Adam

El día 9 de mayo se conocieron los ganadores del Primer Concurso de Microrrelatos del IES Matemático Puig Adam que organiza su Departamento de Lengua. Se han presentado unas cincuenta narraciones; pero, lo más importante ha sido el nivel tan elevado mostrado, que ha hecho que el jurado, compuesto por todos los miembros del citado departamento, tuviera muy difícil seleccionar los mejores trabajos.

Ganadores de los premios del Segundo Ciclo de Secundaria y Bachillerato


El Departamento quiere manifestar su agradecimiento a todos los que han hecho posible que se lleve a cabo este certamen; especialmente, al equipo directivo y a nuestro profesor de Educación Física, Juan Sánchez Soria, que se encargó de la confección y elaboración de los diplomas.



Ganadores de los premios del Primer Ciclo de Secundaria, junto con sus profesores

¡Muchas gracias, narradores, por participar; os esperamos en la próxima edición!



Los ganadores (con su pseudónimo) y sus trabajos son los siguientes:

Primer premio Primer Ciclo de Secundaria: María Díaz Morente (2º D) – S.H.

Y de pronto se abrió la puerta y ante mí, la inmensa oscuridad. Miles de imágenes me vinieron a la cabeza sin dejarme distinguir ninguna. De repente se pararon en un recuerdo que había decidido guardar en lo más profundo de mi interior. Cerré la puerta, en ese momento un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Instintivamente volví a abrir y ahí seguía él con un arma en la mano apuntándome al pecho.

… … …

Segundo premio Primer Ciclo de Secundaria: Lucía Sánchez Ramos (2º A) - Charlotte

La contraseña

Y de pronto, se abrió la puerta. Gasai había conseguido abrir la puerta blindada, gracias al escáner trucado de la entrada.
Doceavo, el alcalde, estaba de espaldas a la puerta, nervioso, sentado en su sillón, sin volverse.  Gasai  levantó el arma y le disparó en la sien, sin pensárselo dos veces.
Ya sólo quedaba la Décima, la última contrincante de aquel juego de supervivencia, en el que su destino la llevaría a convertirse en Dios.

… … …


Primer premio Segundo Ciclo de Secundaria: Laura Albarrán (4º A) - Lunática

Tan real como un sueño

Bajaba las escaleras cuando lo oí. Su respiración. Lo suficiente para saber que estaba ahí. Seguí bajando. Quería parar el tiempo y correr; correr hacia él. Me di la vuelta y allí estaba, mirándome con sus brillantes ojos azules, ¿se daría cuenta algún día de la forma en que lo amaba? Aprovechó mi despiste para besarme como solo él sabía. Él nunca sabrá cuánto lo amo; los sueños no sienten, tampoco saben.

… … …

Segundo premio Segundo Ciclo de Secundaria: Alejandro Butragueño (4º C) - Booker

¿Subes o bajas?

Bajaba las escaleras cuando, ¿no llevas mucho tiempo bajando? Te das la vuelta para ver el trecho recorrido y ¿qué narices? ¿Un muro? Cuando vuelves a mirar al frente una extraña habitación se forma a tu paso. “Nunca saldrá de aquí”, dice una incorpórea mujer. “Nadie saldrá de aquí”. Una escalera aparece frente a ti y sin saber por qué sigues bajando otra vez las mismas escaleras, la misma habitación, la misma voz. Sumido en tu letal letargo, el subconsciente, manda.

… … …

Primer premio Bachillerato: Ester Iranzo (2º A) – Manuela Malasaña

Sístole

En ese momento lo supe, entre aquellos sacros muros no volvería a hallar un hogar mientras no tintineara mi faltriquera. Arrastrando tu opaca sotana, abriste el desvencijado portón de madera:
“¡A mendigar!”
Y tus pupilas se clavaron en las mías mientras yo bajaba la cabeza con docilidad:
“Amén, digo”
Y besé el anillo incrustado en tus nudillos, más por miedo que por respeto, pues en tus ojos no atisbé ni un trazo de humanidad.

… … …


Segundo premio Bachillerato: Juan Carlos Torres (2º B) – Pseudo-gnomo

De abajo a arriba

En ese momento, lo supe. Me había robado el corazón. La bombilla se encendió. Lanzó una sonrisa al viento. Ella seguía allí. Casi entrado en el llanto, miré hacia atrás. Vacíos. Examiné mis bolsillos. Sudor frío. Busqué, con la mano, en mi pecho. Me asusté. Y, de repente, nada. Sentí una punzada en el alma. Tropezaron nuestros ojos. Nos cruzamos en aquel pasillo estrecho.




lunes, 25 de junio de 2012

Los cuentos más breves del mundo


Una extraña convocatoria

La revista norteamericana Wired les pidió a treinta escritores que escribieran un cuento de seis palabras. Los resultados fueron pasmosos. El novelista argentino Eduardo Berti cuenta cuáles fueron esos cuentos y recuerda en este texto que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Por: Eduardo Berti (Revista Arcada)


Hace pocos meses (en noviembre de 2006) la revista Wired convocó a un treintena de escritores norteamericanos, en su mayoría de ciencia ficción, y les pidió que escribiesen un cuento de apenas seis palabras, tomando como ejemplo un micro-relato de Ernest Hemingway cuyo texto completo dice en inglés “For sale: baby shoes, never worn” y que, según parece, el autor de Los asesinos tenía por una de sus obras maestras.

La respuesta fue entusiasta y todos cumplieron la premisa, salvo el desobediente Arthur C. Clarke, que escribió un larguísimo cuento de diez palabras. Algunos entregaron más de un texto, como Margaret Atwood. Abundaron los cuentos de tinte político (alusiones directas a Bush y a Irak), y hasta hubo perlas: Steven Meretzky propuso “Muy confundido, leyó su propio obituario” (He read his obituary with confusion); Bruce Sterling escribió “Era muy caro seguir siendo humano” (It cost too much staying human) y Ben Bova puso “Salvó al mundo volviendo a morir” (To save humankind he died again), los que podrían ser, además, brillantes inicios de novela. En cuanto a la ya mencionada Atwood, empleando una audaz elipsis jugó con la lógica secreta que vincula dos hechos o noticias : “Hallan cadáver incompleto. Médico compra yate” (Corpse parts missing. Doctor buys yatch).

Traducida al castellano, la miniatura de Hemigway podría quedar –propongo yo– como “Vendo zapatos de bebé, sin usar”. De esta forma se mantienen las seis palabras del original: se gana una al resumir “for sale” con “vendo”; se suma una palabra a causa de la preposición “de”, obligatoria en castellano: “baby’s shoes” / “zapatos de bebé”.

Ni la revista Wired ni los especialistas en la obra de Hemingway se ponen muy de acuerdo sobre cuándo y dónde fue publicado este cuento mínimo, precursor de lo que los norteamericanos apodan “super-short stories” o “microfiction”. Algunos sugieren que todo no pasó de un texto “escrito en voz alta” por Hemingway en medio de una entrevista. Otros apuntan a alguna carta o algún cuaderno de trabajo.

En sus cuentos más ortodoxos, Hemingway ya había dado muestra de su capacidad sintética y de su economía expresiva. Su “A Very Short Story”, para muchos una versión reducida y avant la lettre de Adiós a las armas, tiene tan solo 767 palabras en inglés pero, pese al título, no es su relato más corto: “A Banal Story” tiene 634, y el más breve de sus cuentos , exceptuando los intertextos de “In Our Time” (1925), acaso sea “The Revolutionist”, que no llega a las quinientas palabras.

A decir verdad, tanto “A Very Short Story” como “The Revolutionist” fueron publicados como “viñetas” en la primera edición de “In Our Time” y luego convertidos en cuentos. El armado de este libro fue bastante inusual, ya que entre los cuentos Hemingway intercaló unos textos muy escuetos, de unas cien palabras. En su ensayo consagrado a “In Our Time”, Jim Barloon afirma que mediante esta alternancia de cuentos y viñetas Hemingway consiguió reflejar el horror absurdo de la guerra y el desorden del mundo en los albores del siglo XX.

Hemingway, se sabe, definió su estilo con la teoría del iceberg, tal como la expresó en una entrevista con George Plimpton: “Hay nueve décimos del témpano bajo el agua por cada parte que se ve de él. Uno puede eliminar cualquier cosa que sepa y eso sólo fortalecerá el iceberg”. Dicho de otra manera, se trata de elegir lo imprescindible para mostrarlo de forma sintética, aludiendo a algo escondido y, por lo común, de más peso.

Un buen ejemplo de cómo trabaja Hemingway es “Hills Like White Elephants” (Colinas como elefantes blancos) , cuya intriga se resume a un diálogo entre dos personajes acerca de una operación médica, nunca explicitada. El lector deduce, o no, que la chica está embarazada y que el hombre la presiona para que el bebé no nazca. La palabra clave (aborto) jamás es puesta en boca de los personajes ni tampoco mencionada por el narrador.

Mario Vargas Llosa se refirió detenidamente a las omisiones de Hemingway en un ensayo titulado “El dato escondido”: “No sería exagerado decir que las mejores historias de Hemingway están llenas de silencios significativos, datos escamoteados por un astuto narrador que se las arregla para que las informaciones que calla sean sin embargo locuaces y azucen la imaginación del lector, de modo que éste tenga que llenar aquellos blancos de la historia con hipótesis y conjeturas de su propia cosecha”.

“Vendo zapatos de bebé, sin usar” es, en este sentido, digno de Hemingway. Lo omitido (¿otro aborto?) queda resonando en la mente del lector. No estamos ante una novela, o ante un cuento tradicional, donde una lectura gradual nos irá respondiendo los interrogantes: ¿Quién vende los zapatos? ¿Por qué los vende? ¿Por qué están sin uso? ¿Ha ocurrido algo con el bebé? ¿Qué ha ocurrido? 
Por lo común, una trama bien construida (una trama “lógica”) obedece a una serie de preguntas que se interconectan de modo eficaz. En muchas de estas tramas, el autor esclarece primero el “qué” y el “por qué”, y deja el “quién” para el final; entonces podríamos decir que estamos en el terreno del “enigma” o de lo que los ingleses llaman el “whodunit” (quién lo hizo). Otras tramas esclarecen primero el “quién” y el “por qué”, dejando para el final el “qué”. Es la conexión entre las preguntas lo que constituye, justamente, la trama: quien vende los zapatos, los vende porque están sin usar. Si están sin usar, con certeza esto implica algo acerca del bebé. Y así sucesivamente.

En el minicuento de seis palabras adjudicado a Hemingway nos hallamos ante un hecho presente (el aviso que “ocupa” todo el relato) pero asimismo ante un hecho pasado que obra de dato escondido. Estamos a un paso de la tan citada “Tesis del cuento” de Ricardo Piglia. “Un cuento siempre cuenta dos historias”, concluye Piglia, para quien todo cuento es un relato que encierra un relato secreto.

En esencia, lo que hace el minicuento de seis palabras que, erróneramente o no, se adjudica a Hemnigway no es tan distinto de lo que Piglia observa en “El gran río de los dos corazones”, otro de los relatos fundamentales de Hemingway. En su superficie, el texto parece la descripción trivial de una excursión de pesca, pero detrás está la segunda historia: los efectos de la guerra en Nick Adams.

En “Vendo zapatos de bebé, sin usar”, lo mismo que en buena parte de la llamada microficción, los procedimientos que hemos mencionado (la omisión deliberada, la teoría del témpano, la tesis de los dos relatos simultaneos) son llevados a un extremo. Todo está, en este caso, “fuera” del texto. O “fuera de campo”, como dicen los directores de cine cuando la acción no es registrada por la cámara.

El de Hemigway, como la mayoría de los microrrelatos, obliga a que el lector abandone cualquier postura pasiva. Lo pone a trabajar o, al menos, lo invita a hacerlo. Si el espacio para las respuestas no está en el cuento, sólo puede estar en otro lugar: en la cabeza de un lector “activo”.

Esto nos lleva a una de las paradojas más interesantes del microcuento: se presenta con frecuencia como de “fácil” lectura, por su extensión, por su a menudo engañosa claridad o concisión; pero exige mucho más que de lo que deja entrever a primera vista, sobre todo en el caso de los buenos microcuentos que exceden la mera anécdota y dicen más, o mucho más, de lo que insinúan en una primera aproximación.

Hasta la canonización o (siendo menos tajantes) la popularización del cuento adjudicado a Hemingway, dos textos se repartían el privilegio de ser considerados como “el cuento más breve del mundo”. Uno tiene siete palabras, el otro 16. Es decir que Hemingway les ganó a ambos en brevedad.

Aunque parezca imposible, circulan en libros y en antologías cuentos todavía más breves. Luisa Valenzuela escribió uno de apenas dos palabras (“Que bueno”, así, sin acentos ni signos de exclamación) aunque se apoyó en un título provocadoramente extenso (“El sabor de una medialuna a las nueve de la mañana en un viejo café de barrio donde a los 97 años Rodolfo Mondolfo todavía se reúne con sus amigos los miércoles por la tarde”) ; Aloé Azid ha postulado un cuento de una sola palabra (“Yo”) y cuyo título es “Autobiografía”, pero la cosa no excede de una broma muy ingeniosa, ya que en su caso no se puede hablar de “acción” ni de relato.

Cierto consenso ha establecido que entre nosotros, lectores de lengua española (e incluso entre el lectorado europeo, un poco a la sombra de Italo Calvino), el cetro de “cuento más breve” recayese en “El dinosaurio” del guatemalteco Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí”.

En la tradición de la “microfiction” norteamericana, por su parte, por años se ha estimado que “el cuento más breve del mundo” era un celebrado texto de Fredric Brown: “The last man on Earth sat in a room. There was a knock on the door.” (El último hombre sobre la Tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta). Se trata en verdad de una reescritura de “Mensaje” de Thomas Bailey Aldrich (“Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta”), incluido en la famosa “Antología de la Literatura Fantástica”, de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, y adjudicado a Borges por algunos estudiosos de la obra de Bailey Aldrich.

Durante décadas se ha afirmado que la microficción en castellano (Arreola, Denevi, Piñera, Valadés, etc.) lograba textos más breves que la llamada “sudden fiction” o “flash fiction” norteamericana. Aunque esto ha dejado de ser tan así en los últimos tiempos, es cierto que las antologías norteamericanas consagradas al “cuento hiperbeve” incluyen textos de hasta 750 palabras, cuando en castellano el límite suele rondar las trescientas o, como máximo, quinientas palabras.

Lo peculiar del minicuento adjudicado a Hemingway no es tanto que haya desafiado esta idea establecida (y que el “cuento más breve del mundo” sea ahora norteamericano, ya no latinoamericano), como que, a diferencia del de Monterroso y el de Fredric Brown, estemos en presencia de un texto no fantástico, sino más bien realista. El dato no es menor porque, usualmente, suele repetirse que el formato hiperbreve les sienta mejor a los textos fantásticos o, al menos, de índole extraordinaria: casos muy curiosos, hechos sorprendentes.

Irving Howe, especialista en “microfiction”, escribió que “los escritores que hacen cuentos breves tienen que ser especialmente audaces” porque “apuestan todo a un golpe de inventiva”. La argentina Ana María Shua, una de las mejores cultoras del microcuento en la actualidad, ha dicho que “las minificciones tienden en su mayoría al género fantástico, en parte porque se les exige provocar algún tipo de sorpresa estética, temática o de contenido, ya que el sutil desarrollo de climas o personajes son casi imposibles”.

Ambos tienen razón si se piensa en la microficción en su conjunto. Lo más extraordinario del cuento de Hemingway (si realmente es de Hemingway) acaso no sea, por lo tanto, su cortísima extensión sino el hecho de que consiguió instalarse en lo alto del podio de la brevedad encarnando, en cierto aspecto, una excepción a dos reglas.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Decálogo del escritor de minicuentos


Por José de la Colina en elmalpensante.com

Uno. Escribir o leer cuentos largos acorta la vida.
Dos. Escribir o leer cuentos cortos no alarga la vida, pero la enriquece.
Tres. En la naturaleza del cuento corto está el ser caprichoso, imprevisible e impuntual. No le gusta ser citado, previsto, preparado. El cuento corto simplemente sucede.
Cuatro. Que no te digan que el cuento corto no es profundo. Replícales con este, cortísimo y de quién sabe quién, que trata de toda la condición humana: “Nació, vivió, murió”.
Cinco. No creas que suprimiéndole palabras a un cuento largo obtendrás un cuento corto. El cuento corto suele nacer ya con su justo número de palabras.
Seis. Un cuento, si corto, dos veces buen cuento.
Siete. Más vale cuento corto volando por los aires que novela larga arrastrándose por tierra.
Ocho. El que a cuento corto mata… quizá de novela larga muera.
Nueve. Un cuento de cincuenta páginas es un cuento corto si está narrado con la máxima velocidad. (Pero debes saber que es dificilísimo, prácticamente imposible, lograr esa velocidad en cincuenta páginas.)
Diez. Dios, si existiera, sería un cuento corto… aunque eterno.
 

lunes, 27 de junio de 2011

No puedo dormir



Noche tórrida de verano, de un día cualquiera, que bien pudiera ser este, el 26 de junio de 2011

Tras bajar tres veces, de su habitación a la planta de abajo, mi chaval me vuelve a comentar, con una indignación a medias, que no se puede dormir. De nuevo, también con una resignación a medias, le aconsejo que se acomode en su pequeño sofá, enfrente de la televisión, junto con sus juguetes, para que los últimos ecos del telediario consigan, definitivamente, llevarle a los brazos de Morfeo.

Pasan los minutos, no muchos, y en el momento clímax del noticiario (un reportaje inesperado sobre Seix Barral), como de costumbre, surge la llamada de atención del primogénito, pidiendo, una vez más, ser llevado a su lecho infantil.

         El calor es infernal, la temperatura de la calle debe de rondar los 35º C, la casa es un horno y decidimos sustituir, en este momento, el clásico ventilador que cuelga en el techo por la alta tecnología inverter, menos ruidosa y que nos brinda la temperatura de 25º C en un pis pas.

Nuevo diálogo entre padre e hijo. Me voy a permitir ahora romper la confidencialidad que suelen tener este tipo de conversaciones. Seleccionamos los compañeros de viaje de la noche (es la cuarta vez que acometemos esta tarea), los que van a estar con él en la cama y  aquellos que quedan fuera de la convocatoria y verán el encuentro desde la grada. Van a la cama: Woody, el vaquero- grande-(Toy Story); Woody, el vaquero –pequeño- (Toy Story); Jessi, la vaquera (Toy Story), y el Gatito (este no pertenece a ninguna serie o película, no es popular en índice de audiencia). Este proceso selectivo se ve acompañando por preguntas entre curiosas, inteligentes y absurdas a las que yo no puedo dar respuesta más allá de los monosílabos que me salen.
En un momento determinado, -el cuerpo del niño en posición yacente- me comenta que “el cerebro es malo”; a lo que le pregunté que “por qué”, y su respuesta no dejó de ser contundente: “porque no me deja dormir”. Necesito unos segundos para reaccionar y, con los ecos de su pensamiento en el aire, le digo que me voy a quedar sentado, junto a su cama, hasta que consiga dormirse. Acepta, y sabe que aceptando también se acaba el turno de preguntas y respuestas, porque el fin último del pacto es alcanzar el sueño.

Comienza en estos momentos una lucha contra el crono. Mi hijo, que hace movimientos con las manos en el aire, fingiendo una más de sus historias fantásticas, apunta a alcanzar el ansiado premio del descanso. Por el contrario, yo, el padre de la criatura, más castigado por los años y por el cansancio estival, encontrará en esos minutos que dure la tregua el momento para ordenar una serie de pensamientos que han ido surgiendo durante todo el día, lo difícil será hacerlo sin cerebro (el mío, si sigue funcionando, me deja dormir perfectamente).

Perdemos la noción del tiempo y, en ese momento, uno de los dos se constituye en juez de la velada, aunque es el perdedor realmente. Este ha vencido al inexorable paso del tiempo de una noche de chicharras, grillos y sudor. En ese remanso de paz que supone una habitación infantil, sin mácula, con 25º C, notó en el hombro una sacudida y alguien que me susurra, con una sonrisa picarona en la boca, “papi, te has dormido”.

por Emilio Monte

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