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sábado, 13 de agosto de 2011

"Juan Ramón Jiménez fue una mina para Federico García Lorca, Alberti y Salinas"

José Antonio Expósito Hernández, con Manuel Ramos, en el Liceo. // Iñaki Osorio

"El libro Arte menor, que publica Ediciones Linteo, permaneció inédito durante cien años" 

X.M. DEL CAÑO - OURENSE - El Faro de Vigo

El investigador José Antonio Expósito Hernández y Ediciones Linteo, que dirige el profesor ourensano Manuel Ramos, rescataron cuatro libros inéditos de Juan Ramón Jiménez (JRJ): Ellos (2006), Libros de amor (2007), La frente pensativa (2009) y Arte menor, con los que se ensancha el mundo literario del Premio Nobel de Literatura (1956), que muchas generaciones simplificaron y conocieron solamente por una obra: Platero y yo.

Tendría que sonrojarse más de uno, al conocer que hay un Premio Nobel en España con más de cuatro libros inéditos de gran calidad.
–Eso solo ocurre en este país.

–Usted vino a Ourense para presentar el último: Arte menor.
–Es un acontecimiento de primera magnitud, que se haya publicado este libro, y además con la importancia que tiene esta línea de poesía neopopular. Mucho hablamos de Lorca, de Alberti y de otros grandísimos poetas, olvidando la fuente, que fue Juan Ramón Jiménez. Menos mal que hemos recuperado y rescatado este libro, que fue muy querido y muy soñado por Juan Ramón.

–A pesar de que se trata de un inédito, muchos autores bebieron de estas fuentes.
–Juan Ramón fue una mina para todos los poetas que vinieron detrás, como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Salinas y toda la generación del 27. Fue una referencia, no solamente estética, sino poética y de pensamiento. Hemos rastreado una gran cantidad de versos de Juan Ramón, que tienen eco en los poetas del 27. El famoso "Córdoba lejana y sola" que decía Lorca, está basado en "Huelva lejana y rosa" de JRJ. Alberti dice en unos versos: "Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar". JRJ había dicho antes: "Llevadme a la mar, si me duermo". Los ejemplos se suceden uno tras otro. Alberti decía: "La blusa azul ultramar, y la cinta milagrera". Y JRJ había dicho: "La blusa azul, y la cinta milagrera sobre el techo". Son muchos los ejemplos que encontramos de esa influencia manifiesta.

–Conocían incluso los inéditos.
–La casa de Juan Ramón era un lugar de peregrinación para los poetas del 27. Allí acudían, constantemente, para entregarle sus versos, para pedirle consejo. Alberti llegó con su Marinero en tierra a su casa, que se titulaba Mar y tierra, y Juan Ramón fue el que le cambió el título. Y habló con él, sobre los versos. Y ocurrió lo mismo con el joven Lorca y con Salinas. Salinas llegó allí con su primer libro, totalmente desordenado. Juan Ramón se lo ordenó, eliminó poemas, le corrigió cosas y se lo publicó en una editorial que dirigía. Les dio un espaldarazo a todos ellos. En la revista Índice, que dirigía JRJ, anticipa en 1921 lo que sería la nómina del 27. JRJ publicaba algunos de los versos que ahora aparecen en Arte menor en esa revista, en la que se inspiraron estos jóvenes. Lorca escribe: "Verde, que te quiero verde", después de leer los versos de JRJ: "Verde es la niña, tiene verdes ojos, pelo verde", que había publicado la revista de Murcia.

–Fue el maestro de la generación del 27.
–Juan Ramón fue un faro para los poetas de la generación del 27, para el que ellos miraban constantemente. Les indicaba el camino, incluso hasta como se debían hacer los libros. Los poetas del 27 acudían a Juan Ramón para buscar consejos, sobre el papel, las tintas y los tipos que debían utilizar.

Arte menor no incluye la obra menos exigente de JRJ.
Arte menor es arte, pero con mayúsculas. JRJ recurre al adjetivo menor, porque utiliza versos de seis, siete y ocho sílabas. Es una poesía más popular. El arte mayor corresponde a versos de más de ocho sílabas. Juan Ramón decía que "para ser un verdadero poeta, hay que cultivar este verso corto, de arte menor". Tenía una estima enorme por esta cancioncilla, por eso la dosificó a lo largo de toda su vida.

–Apreciaba mucho la sencillez.
–Sí, siempre tuvo eso presente. Consideraba que el poeta debe ir a la esencia de las cosas. Renunció, en algún momento, a esos precipicios que suponen un lenguaje más barroco, más recargado, con mucha mayor adjetivación. La poesía de Juan Ramón fue caminando, progresivamente, hacia la desnudez y hacia la sencillez.

–¿Cuántos años permaneció inédito este libro?
Arte menor permaneció inédito durante cien años. Lo empezó a escribir en 1909, en 1910 o 1911 ya estaba terminado. Lo intentó publicar dos veces, en París y en España, y luego acabó desistiendo, debido a su gran producción.

–¿Rescatarán más inéditos?
–Sí, Linteo prepara la publicación de otro inédito de Juan Ramón.

–Tiene mucha producción.
–Juan Ramón es el poeta más prolijo de toda la literatura española. No hay nadie que le pueda superar en poemas. Se preocupó mucho más de crear que de publicar. Y cuando los libros se le quedaban atrás, en un cajón, había siempre otro proyecto que le atraía mucho más. Esa fue la razón por la que hemos publicado cuatro libros inéditos con Linteo.

–El primero fue Ellos.
–Es un libro hermosísimo, que le dedicó a su madre. Quiso llevarla, a través de esos versos, hacia la eternidad. Ofrece una imagen de un Juan Ramón más humano.

–Luego publicaron Libros de amor.
Libros de amor supuso una conmoción en la poesía española y en el mundo cultural. Juan Ramón hace un repaso en ese libro de todos los amores que había mantenido, anteriores a su matrimonio. La imagen que había de Juan Ramón era la de un señor ensimismado, con su burro, una especie de franciscano… Y ahí aparece un joven, apasionado, entregado, carnal, con unos poemas de amor encendidos, un erotismo evidente, muy fogoso. Y detrás de esas historias amorosas había una complicación enorme, porque nos habla de mujeres casadas, de otras muy jóvenes y de idilios con alguna monja, por lo que llegó a escandalizar. La noticia tuvo enorme eco en Italia, Alemania y América.

Voces comunicantes

JOSÉ ANTONIO EXPÓSITO 13/08/2011 - El País
Juan Ramón Jiménez sostuvo una y otra vez que Pedro Salinas tomaba de sus versos para construir los propios. El libro en preparación Ecos de una voz (II). JRJ y Salinas: La voz a mí debida indaga en esta relación literaria.
Cuando Pedro Salinas publicó en 1933 con notable éxito La voz a ti debida, se dice que JRJ tras leerlo modificó sagazmente el título y exclamó socarrón: "La voz a ti debida, ¡no! ¡La voz a mí debida!". Esa leve pero significativa corrección revelaba años de indignación. A su juicio, buena parte de los hallazgos de esa y de otras obras más del grupo del 27 estaban sacados de las suyas. Eran su eco mejor: a veces desarrollo, otras complemento y quizá, en algún caso, superación. En aquella ocasión, su irritación debió de llegar hasta el círculo de amigos de Salinas, entre los cuales pronto comenzó a propagarse esta ácida coplilla alirada con reminiscencias luisianas, obra tal vez de Alberti o de Lorca o más probablemente de Miguel Hernández: "El aire se serena / y Jota Barba Jota se suicida, / Salinas, cuando suena / La voz a ti debida". Ahora bien, no era envidia o exceso de vanidad lo que provocó la desazón de Juan Ramón, sino el cansancio de ver cómo esos mismos poetas, que acudían con frecuencia a su domicilio en busca de ayuda y consejos, una y otra vez le copiaban versos e ideas y después negaban la evidencia. Hace unas semanas mostrábamos la huella de los versos de JRJ en otros muy conocidos y populares de Lorca (Babelia, 19 de febrero, de 2011).
Cierto día tuvo JRJ que reprender a Bergamín: "No siga escribiendo por ahí lo que me oye, porque entonces ya no puedo publicarlo yo". La estela de JRJ en el caso de Salinas no fue solo temática o estilística, sino incluso tipográfica. Le editó su primer libro Presagios (1923), y el murciano Juan Palazón hizo lo propio con La voz a ti debida, siguiendo los atestiguados criterios estéticos del moguereño hasta en los mínimos detalles. Fueron, sin duda, los dos mejores libros de Salinas en todos los aspectos.
Salinas, el gran poeta del amor del 27, casado ya con Margarita, enmascaró en sus versos mediante unos ambiguos "tú" y "yo" la relación mantenida con su secreta amada, la profesora estadounidense Katherine Whitmore. La conoció en el curso de verano que impartió en la Residencia de Estudiantes en Madrid durante el verano de 1932. Independientemente de quién fuera la destinataria oculta de esos poemas, lo que resulta manifiesto es cómo Salinas atipló su voz "escuchando" la de JRJ. He aquí algunos sonoros ejemplos.
Parecía original Salinas al teorizar lo esencial de su amor encubierto en esos apasionados pronombres: "¡Qué alegría más alta: / vivir en los pronombres!". Pero es que JRJ ya en 1915 había pasado de manera espléndida de la teoría a la práctica: "Yo y tú somos ya tú y yo, / como el mar y como el cielo / cielo y mar, sin querer, son". Incluso anticipó este famoso comienzo tan saliniano: "Para vivir no quiero / islas, palacios, torres", en este otro que evidentemente no desmerece: "Para quererte, al destino / le he puesto mi corazón".
JRJ, tan atento siempre a la lírica francesa, halló en los versos de A. de Musset un sutil divertimento que se apoyaba en una solitaria letra "i" y que importó con notable habilidad: "Tú, que entre la noche bruna, / en una torre amari- / lla, eras como un punto, ¡oh, luna! / sobre una i". Salinas trastocaba lo ya adaptado en una extraña asociación de la "I" con la muerte: "Y de pronto la muerte / alta, recta, clarísima, / seria como una I". El alado juego conceptual de JRJ, "estás, eterna, en su inmanencia, / igual, en lo sin fin de tu mudanza, / en lo sin fin de su mudanza" se torna más terrestre en Salinas: "Fatalmente, te mudas / sin dejar de ser tú, / en tu propia mudanza, / con la fidelidad / constante del cambiar".
La intensidad de JRJ en el empleo de los símbolos, "el dormir es como un puente / que va del hoy al mañana. / Por debajo, como un sueño, / pasa el agua", tuvo su eco más narrativo después en Salinas: "Una lágrima en mayo, / es como un largo puente / uniendo dos orillas / que se miraran desde lejos, solas". Tres versos necesita JRJ para expresarse con rotundidad: "Ante mí estás, sí. / Mas me olvido de ti / pensando en ti". Salinas es más discursivo cuando los desarrolla en estos otros seis: "Dejarte. Te dejaré / como olvidada / y pensando en otras cosas / para no pensar en ti, / pero pensándote a ti / en ellas disimulada".
Descubrir el alma no es tarea fácil. JRJ lo intentó y lo cantó con una sugerente carga simbólica: "Te deshojé, como una rosa, / para verte tu alma, / y no la vi". Los de Salinas, deudores de los del maestro, en cambio caminan más pegados a la tierra: "Que yo nunca pude / entrarme en tu alma. / Busqué los atajos / angostos, los pasos / Te busqué la puerta / estrecha del alma, / pero no tenía". Consideraba acertadamente JRJ las puertas más propias para los cuerpos, aunque fueran misteriosos, que no para las almas: "Dejad las puertas abiertas / esta noche, por si él / quiere, esta noche, venir, / que está muerto". Luego Salinas siguió ese mismo rastro lírico: "No, no dejéis cerradas / las puertas de la noche, / del viento, del relámpago, / la de lo nunca visto. / Que estén abiertas siempre / Porque puede venir".
Un JRJ muy ilusionado insistía en la singularidad de Zenobia entre las demás mujeres: "Jamás el que te ame / te amará a ti, mujer, amará a otra; / tú eres tú solamente / para mí". Aunque el amor siempre es el mismo, lo hermoso es que los poetas lo renueven. Salinas recogió quince años después la misma idea e incluso casi calcó el mismo verso: "Sé que cuando te llame / entre todas las gentes / del mundo, / sólo tú serás tú". Advertía elevarse JRJ espiritualmente a su enamorada en la sencillez de una imagen solitaria: "Subes de ti misma, / como un surtidor / de una fuente". Salinas más tarde empleó idéntica expresión: "Subida sobre ti, como te quiero, / tocando ya tan sólo a tu pasado / con las puntas rosadas de tus pies, / en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo / de ti a ti misma". Juan Ramón situaba a su amada simbólicamente en un plano más alto e inmaculado: "Tú estás allá arriba, blanca. Tú estás allá arriba, casta". Versos que tuvieron posteriormente su correlato en forma y fondo con estos otros de Salinas: "Tú no puedes quererme; / estás alta, ¡qué arriba!". E insiste también en la castidad: "Te quiero pura, libre / irreductible: tú".
JRJ buscará en un delicioso enredo conceptual la esencia ignorada por su amada en su interior: "La sencilla / verdad que está en tu fondo, sin saberlo / tú, / Serás tú, sin quererlo, / la tú que, estando en ti, no es tuya, / sino mía!". A su vez, Salinas trata de continuar esa misma señal poética: "Perdóname por ir así buscándote / tan torpemente, dentro de ti. / Es que quiero sacar / de ti tu mejor tú". Veía Juan Ramón en Zenobia lo que ella misma no podía descubrir: "Jamás te has visto, nunca / te verán, cual mis ojos / te vieron y te ven". Muy presente estuvo ese recuerdo de JRJ en Salinas: "Ese que no te viste y que yo veo".
Expresaba JRJ su incertidumbre ante el incierto futuro del amor: "Si me quisieras por siempre". Dudaba después también Salinas: "¡Si me llamaras, sí, / si me llamaras!". Juan Ramón habla de "apretado llanto": "¡Si tú supieras -¡no! / que esta alegría abierta / es apretado llanto; / que no nos inclinamos, dulces, / a tu futuro, sino a tu pasado". Salinas repite la misma música, aunque con distinto ritmo en análoga estrofa: "¡Si tú supieras que ese / gran sollozo que estrechas / en tus brazos, que esa / lágrima que tú secas / besándola, / vienen de ti, son tú". No es extraño, pues, que ante este vaivén de "semejanzas", JRJ rematase un día: "Pedro Salinas no tiene ideas poéticas sino ideas secundarias. Su destino parece que es seguir o desviar ideas ajenas. No en balde es tan buen aficionado al deporte. Tiene un 'bonito juego', como se dice de los tenistas. Su arte es un excelente juego de pelota, derecho y revés".
Ejercítese el lector indagando deportivamente quién escribió estos versos, ¿JRJ o Salinas?: "Los dos que fuimos uno, / en mí han quedado. Tú has seguido siendo / sola nada, sin mí y / sin ti, pues te quedaste en mí. / [...] la huéspeda importuna / de ti y de mí, que estamos en mí, eternos". Son sublimes, son de JRJ. Y ¿estos otros?: "Y pensamos en ti, los dos, yo solo" o "Posesión tú me dabas / de mí, al dárteme tú". Suenan parecidos, pero no tienen esa excelsitud. Son, eso sí, buenos ecos de Salinas. Juan Ramón había escrito en su Diario de un poeta recién casado al cruzar el Atlántico en 1916: "¡Mar fuerte, oh mar sin sueño, / contemplador eterno". Salinas curiosamente en 1946 ante ese mismo mar en Puerto Rico halló inspiración similar: "¡Oh Contemplado eterno!".
La enorme admiración que ha despertado siempre la poesía amorosa de Salinas, debe llevarnos necesariamente a estimar también la de JRJ en Estío o en el Diario de un poeta recién casado como fuente indudable del mejor Salinas. Cuando JRJ enmendó el título del libro de aquel, La voz a mí debida, ¿se trataba de un ataque de vanidad o más bien era un desesperado grito de un poeta solo que clamaba justicia poética y al que muchos se han negado a prestar oídos durante ya demasiados años? Continuará.


José Antonio Expósito ha publicado recientemente Arte menor (Linteo), libro inédito de JRJ. Este fragmento pertenece a Ecos de una voz: JRJ y los poetas del 27, obra de próxima aparición.

sábado, 19 de febrero de 2011

El sueño de JRJ


JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD






BABELIA - 19-02-2011

La periódica aparición de textos inéditos de Juan Ramón Jiménez ha pasado a convertirse en una peculiar costumbre que favorece de algún modo la evaluación general de la poesía española contemporánea. Nada más acorde con la insaciable, vehemente voluntad creadora del poeta que ese cómputo consecutivamente acrecentado de su "Obra". Es lo que viene a refrendar de nuevo este Arte menor (Ediciones Linteo), preparado y editado por José Antonio Expósito Hernández con puntual solvencia crítica. El libro puede considerarse en puridad inédito, al menos nunca fue publicado como tal volumen independiente, y en él se reúnen 142 poemas breves, de los que 43 se publican ahora por primera vez, con lo que la edición adquiere un manifiesto rango de primicia. Sin duda que este nuevo incremento del caudal poético juanramoniano corrobora una vez más lo consabido: esa dedicación sacral, ese obstinado, exaltado, incesante trabajo creador que hizo posible que sigan sumándose -todavía- nuevas aportaciones al poco menos que abrumador registro de poemas que van de Rimas (1902) a Espacio (1954), dando por preteridos -como arbitró el autor- Ninfeas y Almas de violeta (1900).



Dentro de esa laberíntica red de ríos y afluentes que suele agobiar a los investigadores de la poesía juanramoniana, la presente edición también reclama por eso la gratitud. Resultan de veras meritorios los esfuerzos llevados a cabo por esa media docena de expertos en Juan Ramón Jiménez, entre los que José Antonio Expósito Hernández ocupa un lugar eminente, para normalizar tan extraordinario corpus poético, siempre sujeto a ordenaciones y reordenaciones consecutivamente sometidas a nuevos planteamientos parciales o generales. "¡Qué lucha, en mí, entre lo completo y lo perfecto!". Resulta también de lo más llamativo que un poeta que afirmó, con singular pedagogía estética, que "escribir poesía es aprender a llegar a no escribirla", se dedicara con excluyente avidez a una elaboración tan sistemáticamente inabarcable de su "Obra".



Arte menor, datado en 1909, se sitúa cronológicamente en el ámbito inicial de la obra poética de Juan Ramón Jiménez, allí donde se acentúa un lirismo de claro linaje popular, como desglosado de algún cancionero anónimo andaluz, oriundo en sus mejores momentos de cierto modernismo aún contaminado de seducciones románticas. Dentro de los mismos nutrientes sentimentales que comparecen, por ejemplo, en Las hojas verdes (1906) o Baladas de primavera (1907), Arte menor prolonga una idéntica estrategia retórica, pero también anuncia ocasionalmente ese designio poético esencial que va a ir acrecentando su potencia reflexiva a partir de Diario de un poeta recién casado (1916). A medio camino entre la canción de cuño tradicional y una depurada interiorización de la naturaleza, Arte menor se integra en una de las más canónicas fases de la poesía de Juan Ramón, que también fue, con toda probabilidad, la que más notoriamente afectó a los modales neopopularistas del 27, en particular a los de Lorca y Alberti. Junto a canciones de sencilla tonalidad descriptiva, no faltan lo que podrían ser atisbos, perfiles aún inciertos de esa conciencia de penetración en lo absoluto que regula la más visionaria ruta poética de Juan Ramón. Todavía estaba lejos lo que constituye su normativa magistral: la subordinación del pensamiento lógico a la intuición iluminadora. En todo caso, lo que más abundan aquí son las composiciones de común aire popular, tan livianas a veces que dudo que su autor las hubiese salvado de un escrutinio de pocos años después. Siempre se tiene la sospecha de que los textos -los "borradores silvestres"- que por una u otra razón permanecieron inéditos se debe a que su autor no deseaba verlos publicados.



José Antonio Expósito Hernández, avezado especialista en la obra juanramoniana, ha indagado en aquellos archivos documentales que mejor podían acreditar que este libro alcanzara la condición de impecable. Y, en efecto, la estructura de la presente versión de Arte menor coincide rigurosamente con la que su autor previó, de acuerdo con los borradores ahora desempolvados. La fijación de los textos y la enumeración minuciosa de variantes, así como los apéndices de documentos, álbumes y notas, enriquecen de manera notable la edición, que mantiene las cinco secciones en que dividió el propio Juan Ramón el libro y figuran en distintas antologías, esto es: 1: Cancioncillas, 2: El jardinero sentimental, 3: Quinta cuerda, 4: Música en la sombra y 5: Los rincones plácidos. Entiendo que la más completa edición de este libro publicada con anterioridad a la que ahora comento es la de Francisco Garfias (Libros inéditos de poesía, 1, Aguilar, 1964). He cotejado ambas ediciones y las diferencias son notorias, no sólo por la ordenación general de los textos -algunos de dudosa pertenencia a Arte menor- sino por el número de poemas incluidos, que en el caso de Garfias son justamente 59, esto es, 83 menos, contando con los inéditos, que los reunidos por Expósito Hernández.



La lectura -o relectura- de este libro nos devuelve a un tramo de la poesía de Juan Ramón que acaso pudo quedar un poco desvanecido por el poderoso aparejo intelectual que determina la plenitud "ética-estética" de Animal de fondo, Dios deseado y deseante y En el otro costado, donde figura Espacio, uno de los grandes poemas de las literaturas europeas medioseculares. Nada de eso debe restringir, sin embargo, el placer del reencuentro con unas canciones y romances donde se articula un modelo lírico de exacerbada delicadeza, de espontánea desnudez, conectado con ese "idealismo krausista" a que se refiere sagazmente Expósito Hernández en su 'Introducción' y que el propio Juan Ramón no tardó en dar por extinguido. En esas composiciones de "arte menor" hay versos muy hábiles -muy sutiles- de sólo una, dos o tres sílabas, aunque a veces se ensanchen hasta el eneasílabo o el endecasílabo, una peculiaridad que, según dictamina el poeta en la nota que encabeza el libro, "no creo que rompan con su rápida aparición el ritmo fugitivo y entrecortado de una cancioncilla". Yo creo que incluso lo mejoran.



Juan Ramón Jiménez fue elaborando las canciones de Arte menor a su regreso a Moguer, hacia 1905, después de haber superado en parte la hiperestesia tras su paso por sendos sanatorios de Burdeos y Madrid. Tenía entonces 25, 26 años. El retorno a aquellos escenarios nativos que nunca dejarían de alojarse en su memoria estimula en el poeta el gusto por las identificaciones campesinas. Es el mundo expresivo, aunque con otros ecos, que se afianza en Pastorales (1905), en Poemas mágicos y dolientes (1908), y es también la manifestación de una sensibilidad, por momentos quejumbrosa, superpoblada de vagos registros melancólicos, de jardines y penumbras, lunas y fuentes. La experiencia del poeta se centra de modo absorbente en ese recuento de la intimidad cotidiana de Moguer, valiéndose para ello de una decidida vinculación con los reflujos de los cancioneros populares.



Considero de lo más significativo el hecho de que Arte menor esté dedicado "a la memoria permanente de don Luis de Góngora y Argote, único ético estético de nuestro pasado, señor y dueño de las Piérides". En las fechas en que se escribió este libro -primeros ocho o nueve años del siglo XX- los poemas mayores de Góngora aún continuaban siendo vituperados por la crítica literaria al uso, con Menéndez Pelayo erigido en el más virulento denostador del "ángel de las tinieblas". Juan Ramón se anticipa en este sentido a la rehabilitación del autor de las Soledades promovida por Dámaso Alonso y secundada por los restantes poetas del 27. Que veinte años antes de ese rescate se pronunciara el autor de Arte menor reafirmando su devoción por Góngora, es desde luego un episodio ciertamente revelador. Supone al menos una evidencia más de la perseverante asimilación de las avanzadas estéticas que trasmitió Juan Ramón Jiménez al contínuum de su poesía.

Verde Juan Ramón, Lorca verde





JOSÉ ANTONIO EXPÓSITO






BABELIA - 19-02-2011









Como a menudo sucede en las labores de investigación, también en el hallazgo de los manuscritos de Arte menor hubo un indudable golpe de azar. En julio de 2007 viajé hasta Puerto Rico para recopilar datos con los que preparar la edición de otra obra inédita de Juan Ramón titulada La frente pensativa (Linteo, 2009). Cierta tarde, mientras revisaba los miles de papeles del poeta que allí se custodian, en la Biblioteca de la Universidad, tuve la enorme fortuna de descubrir los manuscritos originales de uno de sus más anhelados proyectos: Arte menor. Aunque su autor no llegó a publicarlo nunca a pesar de haberlo intentado infructuosamente al menos en dos ocasiones. Primero en París, con la editorial Ollendorff, y después en Madrid, con Renacimiento.



No resulta extraño que JRJ hubiese enviado sus poemas fuera de nuestro país, teniendo en cuenta que en la España de comienzos del XX prestigiosos editores como Gregorio Pueyo, que publicaba a los poetas modernistas, valoraban la poesía al peso. Así se constata tras leer una carta inédita que le dirigió a JRJ en la que le hace este atrevido reproche, que resulta cómico por su extrema simplicidad mercantilista: "Si usted pone más cantidad de versos en sus libros no dudo se venderán bien, pero el de Elegías puras tendrá en total de 60 a 70 estrofas de 4 líneas. Hoy el público no acepta hojas en blanco". Sin duda, los versos breves que componen Arte menor no encontraron en 1910, hace ya más de un siglo, el ambiente idóneo para su recepción.



No obstante, Juan Ramón algunos años más tarde acabaría propiciando con su pertinaz ejemplo en el cultivo de estas formas métricas ágiles y populares la estima que de las mismas se tuvo finalmente en los ámbitos de la poesía culta. El importante neopopularismo de poetas como García Lorca, Rafael Alberti, José María Hinojosa o Miguel Hernández hay que filiarlo con toda certeza en las cancioncillas de esta primera etapa juanramoniana. El famoso verso de Lorca "verde carne, pelo verde" tiene aquí su claro antecedente en estos otros de JRJ, "tus cabellos, verdes / de estrellas mojadas" o en estos otros también de Juan Ramón: "Verde es la niña. Tiene / verdes ojos, pelo verde". Hay que destacar el enorme parecido entre el ya legendario verso lorquiano: "Córdoba lejana y sola", con este otro anterior de JRJ mucho menos conocido: "Huelva lejana y rosa". Alberti, a su vez, clamaba: "Si mi voz muriera en tierra / llevadla al nivel del mar"; y antes JRJ había clamado: "¡Llevadme a la mar / a ver si me duermo!". Pintó Alberti "la blusa azul ultramar, y la cinta milagrera"; y muchos años antes JRJ había pintado "la blusa azul, y la cinta / milagrera sobre el pecho". Veía Lorca: "El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña"; pero ya antes JRJ había visto: "¡El hombre siempre en el mar / y el corazón en el viento!". Dijo Lorca: "Empieza el llanto / de la guitarra"; pero antes JRJ había dicho: "La guitarra lloraba en tu pecho / la tristeza de todos los días". Continuaba Lorca el llanto de la guitarra con estos versos: "Es inútil / callarla. / Es imposible / callarla"; y JRJ en otro poema distinto de 1905 hacía incurable ese mismo llanto: "Hay en la sombra una pena / indefinible... ese llanto / que no se puede curar". Escribió JRJ de una bella mujer que era "morena de la luna"; y después Lorca le añadió "morena de luna llena"; y Miguel Hernández aún fue más audaz: "Una mujer morena / resuelta en luna". Cantó JRJ también a una "luna de nardo"; que Lorca años después vistió con polisón: "La luna vino a la fragua / con su polisón de nardos".



A veces, las fronteras entre algunos versos de estos poetas citados se vuelven difusas hasta el punto de hacernos dudar en ciertas ocasiones acerca de quién es su autor. Así, por ejemplo, al leer estos versos: "El gallo alzará / su clarín de plata Levantará el gallo / su clarín de llama", nos preguntamos, con asombro, ¿de quién son, de Lorca o de JRJ? Sí, los escribió JRJ, si bien parecen más propios del estilo de Lorca. Y estos otros: "el puñal que asesina el olvido, / la pasión de las novias sombrías", ¿a quién suenan más a Juan Ramón o a Lorca? Pues también fueron escritos por Juan Ramón como los anteriores, cuando aún Lorca era un niño. Retrató primero JRJ en su Platero una gitana envuelta en un halo amarillo de cobre, "viene, calle abajo, en el sol de cobre"; después, Lorca la transformó en "por el monte oscuro / baja Soledad Montoya. / Cobre amarillo, su carne". Escribió antes JRJ, "carne de bronce, de seda y de topacio"; y Lorca dejó escrito después: "Unos niños con carne de bronce se bañan en la acequia"; y Hernández su conocido "Carne de yugo, ha nacido". Sucede muchas veces con el ritmo y la música que se vuelven pegadizos, aunque, eso sí, al final cada cual siempre acaba interpretando con voz distinta.



Con Arte menor quiso JRJ culminar una trilogía formada por Las hojas verdes y Baladas de primavera que presenta unas características formales y temáticas similares: un paulatino protagonismo del paisaje de Moguer y una definida y clara estética en la que prevalece la sencillez expresiva. El germen de estos versos hay que buscarlo en el pensamiento krausista imbuido por hombres como Giner o Cossío que le orientaron decididamente con su trato y su ejemplo vivo hacia el interés y la valoración ética y estética del arte popular. Juan Ramón asumió entonces plenamente su labor de expresar el espíritu de su pueblo y también su obligación de integrar su arte en la tradición, pero renovándola. Algo que supo hacer con notable acierto incluso en sus últimos poemas.



Cuando al final de aquel verano de 2007 terminé mi estancia en la "Isla de la Simpatía", regresé a España hermanado de soledad y cargado con un ligero tesoro: este exquisito ramillete de delicadas cancioncillas inéditas de Juan Ramón Jiménez, que ahora, por fin, reverdecen de nuevo.

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