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viernes, 25 de octubre de 2013

el clásico, en minúscula y sin comillas

En fútbol, el término clásico, definido en el Libro de Estilo de Marca como ‘encuentro disputado entre dos equipos de un mismo país,ambos muy laureados y relacionados por una rivalidad que persiste en el tiempo’, se escribe con minúscula y sin comillas.
En las noticias de información futbolística es muy habitual encontrar frases como «El Clásico desde dos puntos de vista», «El “clásico” gana alicientes» o «Tanto culés como merengues, antes de verse las caras en el ‘Clásico’ el próximo sábado…».
La palabra clásico es un sustantivo común, por lo que lo apropiado es escribirlo en minúscula. Además, al hallarse plenamente asentado, lo aconsejable es escribirlo sin comillas ni cursiva.
De este modo, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «El clásico desde dos puntos de vista», «El clásico gana alicientes» o «Tanto culés como merengues, antes de verse las caras en el clásico el próximo sábado…».
En caso de optar por la variante superclásico, lo adecuado es escribirla en una sola palabra y también en minúscula: «Tras el superclásico, Bianchi gana puntos».
Por otra parte, la palabra derbi, mejor que derby, suele emplearse para referirse en concreto al ‘partido de máxima rivalidad disputado generalmente entre dos equipos de una misma ciudad’, por lo que en frases como «Quien quiera presenciar el derbi del próximo 27 de octubre entre el Barcelona y el Real Madrid tendrá que rascarse el bolsillo», habría sido preferible escribir «Quien quiera presenciar el clásico…».

domingo, 26 de agosto de 2012

'Un bulto en el hígado' por Juan José Millás



El escritor analiza a los futbolistas del Barça y el Real Madrid y encuentra así un final sorprendente para su serie veraniega

  El País

El redactor jefe me pide que cierre esta serie estival de relaciones imposibles con Leo Messi y Cristiano Ronaldo.
—¿Por qué con ellos? —pregunto.
—¿Cómo que por qué con ellos? —dice molesto, como si le hubiera metido un dedo en el ojo.
—Sí, ¿por qué con ellos? —insisto.
Se ve que tiene ganas de decir que porque lo manda él, pero se reprime para no dar al traste con la fama de tolerante que se ha creado céntimo a céntimo, como el que ahorra para poner un puesto de pipas. Llevo meses intentando que se quite la piel de cordero para que se le vean los cojones de autoritario, pero de momento solo he logrado que enseñe un par de veces los colmillos con los que se comió a Caperucita, que estuvo cuatro días de becaria en el periódico.
—Porque está empezando la liga, idiota —dice—, y la liga es una percha perfecta para hablar de la relación imposible entre Ronaldo y Messi.
La “percha”, en periodismo, significa que para hablar de una cosa tiene que suceder otra. El aniversario de la muerte de Marilyn, por ejemplo, es una percha excelente para hablar de Marilyn, de ahí la peste de artículos sobre la actriz que nos hemos tragado este verano. Ya verán la que se arma cuando se cumpla el cuarto de siglo de la publicación de laCrítica de la Razón Pura. Aclaremos: no es que no puedas hablar ahora mismo de ese monumento filosófico, pero resultaría extravagante, como comer turrón en agosto o visitar al abuelo en la residencia un miércoles. El año pasado, por estas mismas fechas, le propuse al redactor jefe una serie de artículos sobre el Argumento Ontológico de San Anselmo para demostrar la existencia de Dios y me preguntó por la percha.
—¿Y la percha? —dijo.
—No sé —dije yo—, ¿Dios?
—¿Le ha pasado algo a Dios?
Fue el día en el que comprendí lo de la percha y también en el que comenzaron mis dificultades de relación con el redactor jefe.
—¿Sigues ahí? —escucho al otro lado del teléfono.
—Sigo aquí —digo yo.
—Pues mal hecho, ya deberías haber empezado el artículo sobre Ronaldo y Messi.
Cuelgo y entro en Google, donde dice que a Messi le diagnosticaron de pequeño una deficiencia de la hormona del crecimiento cuyo tratamiento costaba 900 euros al mes que el Barça, al ver las habilidades del chico, se ofreció a pagar. En cuanto a Ronaldo, sufrió a los 15 años un problema cardíaco que estuvo a punto de acabar con su carrera deportiva casi antes de que empezara. Hago cuentas de lo que se puede obtener de esos historiales clínicos desde el punto de vista del mal rollo entre los jugadores, pero no hallo nada.
Me entero también de que quizá sean los dos mejores jugadores del mundo y eso sí es un motivo para llevarse mal. Tradicionalmente, los dos mejores de cualquier cosa acaban a palos porque al ser humano no le basta con ser feliz. Para que su dicha sea completa es preciso que los demás sean desgraciados. A Cela, que escribía bien, se le abría la úlcera cuando un colega publicaba algo bueno, sobre todo si era joven, pues significaba que la literatura no moría con él. Cela, además de ganar, necesitaba que los otros perdieran. Históricamente hablando, esta tradición de mal rollo entre el segundo y el primero empezó con Luzbel, el vicedios, y desde entonces no ha hecho más que repetirse a lo largo de la historia. La salud de uno, por ejemplo, es importante, pero no se disfruta del todo hasta que al amigo de toda la vida le encuentran un bulto en el hígado.
Sin embargo, y por lo poco que sabemos de Ronaldo y Messi, no parece que la rivalidad deportiva inherente a su condición les haga desgraciados; al contrario, contribuye a su felicidad. Messi debe de dar todos los días gracias por la existencia del portugués y el portugués por la de Messi, ya que cada uno proporciona sentido a la existencia del rival. Por otra parte, los futbolistas son, en su mayoría, de una sensatez que no se da en ningún otro ámbito de la vida. Escuchas hablar a Casillas y te da pena que no sea ministro de Exteriores. O de Cultura. O de Sanidad. Sería hasta mejor presidente del Gobierno que Rajoy. Al menos no mentiría tanto, no le sale (a ver si va a resultar que el fútbol no es una metáfora de la vida, sino una metáfora de lo que nos gustaría que fuera la vida).
Está luego el asunto de que uno juega en el Barça y otro en el Real Madrid, los dos equipos antagonistas por antonomasia de la liga española. Pero se trata de un antagonismo hueco, diseñado para canalizar a través de él pasiones de otro orden, como cuando se construye un cauce falso para redirigir las aguas de un río. Por otra parte, los jugadores van de un club a otro en función de sus intereses económicos o de sus afectos territoriales. Dos futbolistas rivales hoy pueden coincidir mañana en el mismo equipo. De hecho, coinciden en sus respectivas selecciones nacionales, donde, lejos de hacerse la pascua, luchan por el interés común.
En fin, que no veía yo en Ronaldo y Messi lo que me pedía el redactor jefe, pese a los desplantes chulescos del primero y a la modestia paradigmática del segundo. Hay muchos matrimonios en los que uno de los cónyuges es más extrovertido y no por eso se llevan mal, al contrario, se complementan, como si entre los dos formaran un solo individuo.
Quiere decirse que si cierro los ojos, imagino perfectamente al portugués y al argentino casados, ya un poco mayores, en un café de Lisboa o de Buenos Aires, pues el matrimonio viviría entre esas dos ciudades. Un café con mucha madera y mucho mármol y ahí están los dos, merendando unas tortitas con nata. Ronaldo se pavonea ante los parroquianos de sus éxitos pasados mientras Messi unta la nata en la tortita con la tenacidad con la que ahora regatea al contrario. De vez en cuando, levanta la cabeza y asiente a lo que dice su cónyuge extrovertido, que interrumpe un segundo su discurso para darle un beso en la frente.
—Este —dice luego Ronaldo señalando a Messi— también hizo sus jugadas históricas, pero disfruta más comiendo tortitas con nata que contando batallitas. ¿Verdad, Leo?
—Mmm —dice Mesi con la boca llena.
Total, que la única relación imposible que se le ha ocurrido al redactor jefe resulta que es posible. Este hombre no da una.

domingo, 5 de febrero de 2012

De cómo M y F me han quitado del fútbol por Javier Marías


javiermariasblog

LA ZONA FANTASMA. 5 de febrero de 2012. 

Mi pareja es barcelonesa y muy del Barça, y durante años, cada vez que había un enfrentamiento entre su equipo y el Real Madrid, nuestra buena relación se veía momentáneamente en peligro. Alguna ocasión ha habido en que hemos evitado hablarnos un día o dos, hasta que se hubiera disipado el mal humor de quien hubiera saboreado la derrota, sobre cuya justicia o injusticia solíamos discrepar, como es natural. Eran fechas delicadas. Ahora ya no lo son, y me parece que ella echa de menos la antigua tensión, los viejos piques, tengo la impresión de que se divierte menos sin ellos, pese a los enfurruñamientos pasajeros a que daban lugar. “Hace mucho que no te concentras antes de los partidos”, me reprochó hace poco, justo antes del de ida de los cuartos de final de Copa, en Chamartín. “No es culpa mía, sino de Mourinho”, le contesté. “Con él ya sé lo que va a pasar”, y le pronostiqué un 1-2, de la misma manera que en el anterior choque de Liga le había vaticinado un 1-3. Ambos resultados se cumplieron, quizá debería jugar a las quinielas o apostar en Internet.

Hace casi nueve meses que publiqué aquí mi último artículo futbolero, titulado “Un chamán de feria” . Entre otras cosas, decía en él de Mourinho: “… un entrenador omnipotente, omnipresente y malasangre, un quejica que acusa a otros siempre, un individuo dictatorial, ensuciador y enredador, soporífero en sus declaraciones, nada inteligente, mal ganador y mal perdedor …” Más adelante, el excelente periodista John Carlin comentó que en su momento le había parecido excesivo lo de “nada inteligente”, pero al final de su columna tenía la gentileza de reconocer que me asistía la razón y que había visto esa carencia antes que muchos. Carlin, sin embargo, ha reivindicado más de una vez, con humor, la figura de Mourinho como fuente inagotable de entretenimiento y diversión, tanto para los periodistas como para los lectores y espectadores. Tal vez esté en lo cierto, pero no sé si compensa a quienes nos hemos tomado en serio el fútbol y al equipo de nuestros amores desde la infancia, con esa seriedad que los niños ponen siempre en sus juegos, como si supieran que en ellos empiezan a ejercitarse para la vida y las relaciones con los demás, también para la ética y la moral.

Sí, hace tiempo que no me “concentro” antes de los partidos, porque me cuesta anhelar la victoria no del Madrid, sino de quien se va a apropiar de ella si se produce, y con ella se va a fortalecer. Mourinho, lo habrán notado, habla sólo en primera persona de singular: “He ganado títulos en cuatro países …”, “He obtenido tantas Ligas y tantas Copas de Europa …”, como si él hubiera saltado al campo y los jugadores no contaran en absoluto. Es obvio que sólo le importa su palmarés personal, nunca el de los clubs que lo contratan, meros soportes suyos. A mí no me cabe duda de que sus pasados triunfos han sido a pesar de él, por la bondad de los futbolistas o por casualidad (del mismo modo que fue una casualidad que Grecia ganara una Eurocopa, hace no demasiados años, prueba irrefutable de que el azar también interviene en este juego, como en todos). No me cabe duda de que es muy mal entrenador y de que no sabe de fútbol, como queda demostrado en cada enfrentamiento con el Barcelona, y van … Escribo esto cuando aún no se ha disputado la vuelta de la eliminatoria de Copa en el Camp Nou, pero tanto da. Y me reafirmo en mi idea de que no es nada inteligente, o, si quieren ustedes convertir esta frase en afirmativa, no seré yo quien se lo impida.

Amén de todo esto, y en consonancia con ello, a Carlin no le falta razón: Mourinho resulta involuntariamente cómico, lo peor que le puede ocurrir a quien se tiene a sí mismo en un altar. Según crónica de Diego Torres en este diario, la cabeza visible del actual Real Madrid (no lo es Florentino, rebajado a Presidente más pusilánime y agravioso de la historia del club) acusó a su plantilla de haber vuelto en mal estado de forma de las vacaciones navideñas, de haberse dedicado a viajar y a comer en casa de los padres, los abuelos y los tíos, y la amenazó con denunciar en público a los culpables: “Daré los nombres a la prensa”, les dijo. Si aún les queda algo de sentido del humor en medio de tanto avinagramiento, me imagino que los futbolistas se debieron de tronchar de risa. “Huy qué miedo, mira cómo tiemblo”, pensarían todos y cada uno. Lástima que Mourinho no cumpliera su amenaza, porque habría sido de traca verlo sacar una lista y enumerar, por ejemplo: “Cristiano ha volado a las Maldivas y se ha atiborrado de turrón; Casillas fue a cenar con padres y primos y se excedió con los piñones; Ramos ha bailado en Triana y se hartó de pavo con sus abuelos”. Sí, definitivamente Mourinho es pueril, por no decir el adjetivo que todos ustedes tienen ya en la cabeza. Arrastra por los suelos la imagen del Madrid, embrutece a los jugadores, los obliga a comportarse como desalmados y a jugar mucho peor de lo que saben, los tontifica y los envilece. Entre él y su valedor Florentino -más bien ya su criado-, no me han quitado del fútbol (el título es una exageración), pero sí me han privado de la pasión por mi equipo. Y sin pasión, créanme, se evaporan tres cuartos del gusto y de la diversión. A este paso serán también los culpables de que mi pareja me considere un sin sangre y un soso. Otra cosa más que nunca les perdonaré.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 5 de febrero de 2012

miércoles, 30 de marzo de 2011

Poema "Real Madrid" de Luis García Montero

A veces las infancias escapan de sí mismas
y corren por la lluvia como en fuera de juego
sin oír las sirenas de los árbitros.

Es verdad que son mares en un vaso de agua,
pero hay olas que tienen esa espuma
de las alineaciones,
paraísos que aguardan los despachos
del último minuto
o días que amanecen
con la tranquilidad de un tres a cero,
de un cinco a cero en punto de la tarde.

Por lo demás también hay labios
en el extremo izquierdo del domingo,
lesiones en las dudas del mañana,
pasados que regresan
igual que una llamada de teléfono.
- ¿Y lo de ayer? Sonríe la memoria
cuando parece amiga del equipo contrario.

Las verdades del área,
con sus rayas de fría matemática,
son ardientes amores de ficción
en manos de un penalti.

Por eso saben mucho
de la felicidad y la belleza.

No conviene que demos a estas cosas
un valor excesivo.
Son noventa minutos en un vaso de agua.
Pero a mí me han quitado muchas veces la sed.

(extraído de la publicación "Infancia" de Luis García Montero y editado por el Centro Cultural "Generación del 27", pág. 35 y 36, Málaga, 2006. Publicaciones de la Antigua Imprenta Sur)

lunes, 28 de marzo de 2011

Entrevista: La ilusión y el sentimiento del fútbol a través de los versos de Luis García Montero


Patricia Alcubilla

“… son noventa minutos en un vaso de agua. Pero a mí me han quitado muchas veces la sed”. Así termina “Real Madrid”, el poema que Luís García Montero, premio Nacional de Poesía en 1995, ha dedicado al conjunto blanco dentro de su libro “Infancia”. Este magnífico poeta, es un acérrimo seguidor del Real Madrid, al que acude a ver puntual todos los fines de semana en el Estadio Santiago Bernabéu. Es, además, un vivo ejemplo de la relación histórica entre fútbol y literatura, la unión sobre la que intenta llamar la atención el Real Madrid a través de su Causa Justa de febrero, en la que se trata de fomentar la lectura infantil. De hecho, el autor, que próximamente va a presentar su nuevo libro “Vista Cansada”, publicó en 1999 sus “Lecciones de poesía para niños inquietos”, en las que, a través de conceptos deportivos, invitaba a los más pequeños a aprender a disfrutar de la literatura.
¿Desde cuándo es Luis García Montero seguidor del Real Madrid?
Soy del Madrid porque mi padre ya lo era. Creo que las pasiones deportivas se heredan. Recuerdo desde niño estar atento a la televisión, viendo jugar al Real Madrid. Eso de que los equipos son más que un club me parece algo muy solemne. Uno debe ser del equipo del que era su padre y yo soy del Madrid porque mi padre lo era.
Después de tantos años como madridista, imagino que tendrá muchos recuerdos relacionados con este equipo.
Tengo recuerdos muy buenos de los momentos felices, por ejemplo, cuando gana, pero también algún mal rato, pero no porque pierda el equipo, sino porque la pasión deportiva me ha jugado alguna que otra mala pasada. Recuerdo una del año pasado: se estrenaba en Granada una Sinfonía dedicada a la ciudad y a mí me habían pedido la letra como poeta. Lorenzo Palomo, el compositor de la Sinfonía, me pidió que el primer fragmento de la misma la recitara yo con la orquesta sinfónica de la ciudad, pero con la mala suerte que todo esto fue el domingo siguiente a que el Real Madrid jugara el año pasado en Zaragoza. En ese minuto en el que marcó el Madrid y empató el Espanyol di tal grito que a la mañana siguiente estaba afónico y no pude recitar la sinfonía que había estado ensayando tanto tiempo. Ese es el último mal recuerdo que me ha dejado el fútbol. Sin embargo, tengo muchos buenos recuerdos, de infancia, de familia o con mi hija disfrutando con el Real Madrid.

¿Por qué se decidió a escribir este poema en honor a tu Real Madrid?
El poema es una reivindicación del fútbol en general y un canto a mi equipo. Me interesaba dedicarle un poema al fútbol en un libro de poemas, porque durante un tiempo se heredó la idea de que el fútbol y los intelectuales estaban reñidos. Sin embargo, yo recuerdo importantes poemas de Bertolt Brecht o Rafael Alberti y cómo, en la época de la vanguardia, el deporte, en general, y el fútbol, en particular, significaron una mirada nueva sobre la sociedad. Yo quería reivindicar el fútbol y alejarme de una idea muy rara que hay de los intelectuales, porque éste debe ser una persona que comprenda la sociedad en la que vive, y alejarse de un fenómeno social tan importante como es el fútbol dice muy poco de los intelectuales. Por otro lado, quería dedicarle un poema al Real Madrid porque el fútbol es una parte de la infancia en la que uno no se siente responsable de nada. Sólo quiere con pasión que ganen los suyos. Esa inocencia que se escapa de la infancia con el fútbol me gusta mantenerla. No me siento responsable cuando vengo al campo y quiero que gane mi equipo. Me apasiono y eso se lo agradezco al fútbol.

En él dice que el fútbol es como un vaso de agua, pero que, le ha quitado muchas veces la sed.
Es verdad. Como decía Eduardo Galeano, el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes. En la vida hay cosas decisivas, pero dentro de lo que no lo es, el fútbol ha sido importante en mi vida, me ha dado alegrías y malos ratos; me acompaña en las tardes de los sábados y domingos desde que era niño; y es una felicidad en un vaso de agua porque uno no se juega la vida en un partido de fútbol pero ese vaso me quita la sed todos los fines de semana.
Tuvo mucho que ver para escribir este poema el que en su día, Alberti escribió a Platko
Rafael Alberti era muy amigo de José María Cossío, que en 1928 era Presidente del Racing de Santander. Estando Alberti con él se disputó en El Sardinero la final de la Copa del Rey entre el Barcelona y la Real Sociedad. Alberti fue al campo y se quedó impresionado, sobre todo, con Platko, que tuvo una actuación excelente, pero se dio un golpe y, aun así, volvió a salir lesionado. Se convirtió, de este modo, en el artífice de esa victoria. Cuando hice mi tesis doctoral sobre Alberti, me di cuenta que Alberti, en ese poema estaba anticipando las crónicas deportivas.

Cuando se sentó a escribir el poema, ¿qué recuerdos o sentimientos te vinieron a la mente?.
El poema está publicado en un libro que se llama Infancia y yo quise cerrar el libro con ese poema porque, para mi, el fútbol es la parte de la infancia que se ha escapado y que me acompaña como hombre maduro. El fútbol tiene mucho que ver con la ilusión y yo quería contar eso. Cómo la ilusión se mezcla con nuestra vida. Hay versos que recuerdan esa sensación que tenemos los aficionados los lunes por la mañana cuando ha perdido tu equipo y llegas al despacho sabiendo que te van a preguntar “¿qué pasó ayer?”. He utilizado las metáforas del fútbol para hablar de la vida porque el fútbol es como el resumen, en noventa minutos, de las cosas que ocurren en la vida. El fútbol nos permite ajustar cuentas con la realidad. Me explico: cuando yo era niño empecé a escribir poemas casi al mismo tiempo que jugaba en casa de mis padres a inventarme partidos de fútbol. La literatura tiene mucho que ver con un ajuste de cuentas con la realidad. Hay cosas que te gustas y tú las imaginas o cosas que no te gustan e imaginas cómo deberían ser. Del mismo modo, yo de pequeño me imaginaba un partido y cuando tiraba en nombre de Gento tiraba con más cuidado que cuando lo hacía en nombre de cualquier otro jugador y acababa siempre ganando, cuando en la realidad no se gana siempre…La literatura, como ejercicio de imaginación, es igual, uno quiere ajustar cuentas con la realidad y quiere cambiar lo que no te gusta. La imaginación te ayuda a saber cómo te gustaría que fuera la realidad y el fútbol tiene mucho que ver con eso. Esto es lo que quería contar en mi poema.

Comenta en el poema la tranquilidad que da terminar un encuentro con tres a cero. ¿Cómo son los partidos de Luis García Montero cuando pierde o gana el Real Madrid?
Me pongo nervioso en los partidos. Yo disfruto del fútbol cuando llevamos dos goles de ventaja. A mi me gusta que los equipos jueguen bien, creo que deben tener su propia identidad. Eso lo tiene el Madrid. Nosotros en el campo somos muy exigentes porque estamos acostumbrados a ver buen fútbol. En ese sentido, el Madrid que se encierra no me gusta, pero hasta que el partido no está encarado y llevamos varios goles de ventaja yo no veo el partido tranquilamente.
Habla también de la belleza y felicidad, ¿prefiere ver un buen partido, aunque se pierda o busca el resultado por encima de todo?
Prefiero ver un buen partido en el que gane mi equipo y creo que esa es la identidad del Real Madrid. Aunque cuando salgo del campo prefiero llevarme los tres puntos, no me consuela el haber hecho un buen partido, si perdemos. Tengo alma de forofo, aunque, a la hora de planificar un equipo, sea partidario de ver un partido creativo.

Hay mucha relación entre el fútbol y la literatura. ¿Quién sería para usted un poeta del balón?
En este momento, Guti. Agradezco sus jugadas y pases y hay veces que no hace falta jugar bien al fútbol para marcar el ritmo del partido y levantar al campo. Hace que el campo se anime y levanta la moral. Pero aquí he visto muy buen fútbol. Recuerdo, por ejemplo, a Michel, Martín Vázquez o Zidane, pero, de entre todos estos poetas, me quedo con Guti.
¿En qué más se parecen el fútbol y la literatura?
Hay mucha relación. Por ejemplo, cuando alguien habla de leer el partido y es que, los partidos se leen. En un momento determinado saben algunos jugadores lo que le conviene al equipo, cómo se puede abrir el partido y cómo se pueden crear situaciones. Son estos jugadores a los que más relaciono con la literatura. Eso de que fútbol y literatura no están relacionados no es verdad. Yo tengo muchos amigos, escritores, editores… y discutimos de fútbol. Me parece importante y es que la creación es ilusión, imaginación y deseo y todas esas cosas se dan desde muy pequeños en el fútbol. La gente que quiere encerrarse en una torre de marfil y que cree que la cultura no tiene relación con el gusto de la gente, me preocupa. Habla peor de la cultura que del fútbol.
¿El Bernabéu tiene poesía?
En este estadio hay mucha poesía, se ha jugado muy bien al fútbol desde hace mucho tiempo. Me gusta cuando me cuentan historias, emociones, sentimientos que han pasado aquí y eso tiene que ver mucho con la poesía, porque la poesía es sentimiento. La última Copa de Europa que ganamos, por ejemplo, llamé a mi hija y ésta empezó a hablarme ronca porque de gritar había perdido la voz y yo recordé la cantidad de veces que había perdido la voz gritando en casa. Eso es la emoción. Yo escribí en ese momento y al ver emocionada a mi hija que a ver cuándo ganábamos la siguiente.

¿Cómo definiría al Real Madrid en un verso?
Resumir al Real Madrid en un verso es difícil, pero sería “El corazón blanco”.

Si el Real Madrid fuera un libro, ¿cuál sería?
Sería un poema y una novela. Un poema por la provocación inmediata de emociones. En ese sentido, me acuerdo del libro de Cernuda, “Realidad o Deseo”, porque el fútbol es un diálogo entre la realidad y el deseo. En cuanto a la novela, sería una con mucha historia y tradición. En este aspecto, me voy al Quijote.

¿Qué es más placentero: un buen libro o un buen partido?
Las dos cosas son emociones distintas y no están regañadas. Yo al campo vengo a disfrutar, animar, gritar y en casa dedico mucho tiempo a la lectura y no son incompatibles. Se puede ser aficionado al fútbol y a la lectura.

¿El fútbol es sólo deporte o tiene algo de arte?
El fútbol es un deporte, es un negocio, pero tiene algo de belleza. Siempre lo comparo con el arte porque el arte nos enseña las reglas de juego de la vida. Si uno comprende lo que significa el amor, el odio, la muerte o la relación con los demás, uno vive la vida más intensamente y las reglas nos las enseña el arte. Y eso ocurre también con el deporte, porque el que conozca las reglas del fútbol disfruta mucho del espectáculo que ve y puede apreciar la belleza del fútbol.

¿A qué jugador o a qué momento que ha vivido en un Estadio le dedicaría un poema?.
Se lo dedicaría a Zidane. Hablaría de esa volea fabulosa que enganchó en la final de la Copa de Europa. Si tuviera que hablar de mi infancia, hablaría de Gento. Era otra manera de entender el fútbol y recuerdo sus galopadas por la banda, tras las cuales acudía al remate él mismo.

¿Qué le parece que el Real Madrid haga este tipo de iniciativas?
Muy importante. Los clubes saben la repercusión que tienen, sobre todo, sobre los niños. Si utilizan esa repercusión para que se compren la camiseta o para defender causas justas, creo que estamos cumpliendo una labor social muy importante. Yo lo agradezco porque se suele decir que nunca se interesan por temas sociales. El que conoce esto sabe que no es así y ahora, gracias a estas iniciativas, se sabe que el Real Madrid defiende la lectura o la integración de los inmigrantes.

Porque la falta de lectura entre los más pequeños es un problema preocupante
Sí, pero todavía los niños leen algo, pero cuando son adolescentes ya no leen nada. A veces se recupera ese placer y, por eso, es muy importante hacer esta labor educativa con la infancia. Nos conviene a todos formar a los niños durante su infancia, pero si queremos evitar la violencia del fútbol, que no se identifique nuestro deporte con la violencia, tenemos que educar ciudadanos. Eso se hace en la escuela y en las edades a las que va dirigido este proyecto en pos de la lectura infantil.

FUERA DE JUEGO "El fútbol es una religión laica"



JUAN CRUZ

EL PAÍS  -  Deportes - 28-03-2011


Peruano de la misma patria que el legendario Hugo Sotil (un gran futbolista del Barça), Mario Vargas Llosa no nació para practicar deportes, pero cree que un escritor es "como un deportista, se construye con disciplina y con terquedad".
No practica, pero antes de ponerse a escribir, cada mañana del año, esté donde esté, el premio Nobel de Literatura de 2010 sale con su mujer, Patricia, y con los amigos que le hayan ido a visitar a correr por los parques que tenga a mano. En Lima, donde está ahora, corre por las cercanías de su casa, en Barranco; en Madrid conocen sus pisadas las baldosas del templo de Debod; en Nueva York, cuando le dieron la noticia del Nobel, en la madrugada americana, no perdonó el rato de sus correrías y se fue por Central Park a conceder entrevistas a los ávidos reporteros de la televisión sueca que le asaltaron en el vestíbulo del edificio donde tenía su apartamento. Hoy (como su colega el español Julio Llamazares) cumple años; él llega a los 75 y sigue corriendo. Quizá, porque siempre ha corrido. "Con disciplina y con terquedad". De resto, ningún deporte; de chico, cuando era como los amigos de sus primeros cuentos, fue muy feliz cuando le llevaron a jugar "con los muchachos de la U", el Universitario de Deportes, de Lima, su equipo de grandes también, "a jugar al fútbol". La U le dedicó un homenaje cuando le dieron el Nobel. "Fue muy emocionante: me pusieron a hacer el saque de honor y tuve que dar un discurso en el que dije lo que siento, que la U no es solo un equipo de fútbol: es una leyenda". Como el Madrid. Para él, que vivió en Barcelona, donde nació su hija Morgana (es del Barça): "El Madrid es el equipo español que me atrajo". En medio de aquel color gris de la vida bajo Franco, "el fútbol era de las pocas cosas que se podían ver sin tanta presión como la que se vivía en las calles" y el fútbol, entonces, en la capital, era el Madrid. Así que Mario Vargas Llosa fue blanco entonces y es tan blanco ahora que el club le ha conferido algunos honores académicos, pero uno, sobre todo, que le resulta tan emocionante como si hubiera marcado un gol junto a Alfredo Di Stéfano. Cuando le dieron el Nobel, la noche anterior a su viaje a Estocolmo, fue al Madrid-Valencia "a ejercer el honor del saque de centro"; allí lo saludó el capitán, Casillas, y solo el frío le heló tanto como la sensación que sintió ante el graderío. Jorge Valdano, el director general del equipo de Vargas Llosa, acuñó la expresión "miedo escénico" para referirse a lo que pasa allá, dentro del césped, en ese punto fatídico. "Es una experiencia exaltante y terrorífica. Estar en el centro del estadio del Madrid, con las tribunas absolutamente abarrotadas, exaltadas, te da la impresión de lo que debieron de ser los circos romanos. El jugador, que es aplaudido o vilipendiado por esa multitud gigantesca, vive esa psicología de masas... ¡Debe de ser estremecedor! Pues sí, es como una enorme responsabilidad, estar allí, ante miles de ojos, delante de la pelota. No conozco un espectáculo que nos conecte más con los grandes espectáculos de masas más primitivos: los circos romanos, los grandes movimientos de masas de los pueblos primitivos, cuando creían que los grandes terremotos eran castigos divinos... ". Es un misterio lo que encierra la pasión por el fútbol, en España y en el mundo. Él cree que "el fútbol es una religión laica; antes, solo las religiones convocaban esa especie de manifestación irracional, colectiva; hoy en día, eso que antes era prototípico de la religión es la religión laica de nuestro tiempo", desata pasiones y fanatismos. "Una irracionalidad a flor de piel que a la corta o a la larga genera violencia. Un deporte que es apasionante, a mí me apasiona desde niño, pero que al mismo tiempo genera actitudes de desfogue que uno ni se imagina que pueden suceder... ¡Espero que jamás lleguen mis exabruptos en el graderío!". Se siente tan del Madrid, de lo que supone este equipo en la historia, que algunos de sus amigos lo han visto indagar, en los lugares más insospechados, sobre los sitios donde pudiera contemplar tanto los partidos grandes como los partidos chicos. Y se exalta o se deprime como los aficionados fieles. Entre esos honores que le ha dado la vida, antes y después del Nobel, hay uno en particular, el marquesado que le otorgó la Corona española al mismo tiempo que a Vicente del Bosque, el seleccionador español de fútbol. "Claro que fue un honor. Le ha dado un premio tan importante al fútbol español... Y es una persona que me inspira tanto respeto... Es un hombre que no ha perdido la sencillez, la modestia. Así que he considerado un honor haber compartido con él ese reconocimiento".




Las gestas y los honores
- ¿Una gesta reciente
que le haya emocionado?
El triunfo de España
en el Mundial de fútbol.
Fue un espectáculo exultante.
Había tanta dificultad
que la victoria se disfrutó aún más.
- ¿Una gesta peruana?
No la viví, pero el gran gol
de Lolo Fernández al frente
del equipo de Perú en los Juegos Olímpicos de Berlín resulta algo inolvidable para cualquier peruano.
- ¿Y una gesta del Madrid?
Cuando fui a hacer el saque de honor, antes de recibir el Nobel,
me enseñaron las nueve copas.
Es emocionante
estar delante de esa historia.
- ¿Un momento emocionante relacionado con el fútbol?
Cuando mi equipo peruano, la U [Universitario de Deportes, de Lima], me llevó a rendirme
un homenaje en medio
de la cancha y tuve que hacer un discurso sobre
la leyenda que representa.

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