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martes, 28 de febrero de 2012

'Los 1.001 cómics que hay que leer antes de morir', una guía imprescindible


Paul Gravett resume en un libro cuáles son las obras gráficas más importantes que realizó la industria del cómic a nivel mundial. 

EFE/CADENA SER   27-02-2012

Las historietas de superhéroes, el manga japonés, el comic europeo y otros exponentes del género en todo el planeta ya tienen una compilación que resume cuales fueron sus mejores obras: 'Los 1.001 cómics que hay que leer antes de morir', una guía que inicia su recorrido en 1837 y se extiende hasta 2011.
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El británico Paul Gravett, con la colaboración de 67 expertos de 27 países, ha publicado un libro que pretende convertirse en la mayor referencia para quienes quieran acercarse al mundo del cómic y quieran conocer cuales son las obras que marcaron un hito en su historia.

El volumen, publicado en España por Grijalbo, a lo largo de 960 páginas, realiza un repaso a través de los períodos históricos en los que el cómic se fue difundiendo en los cinco continentes, revisión que se inicia con la historieta suiza 'Los amores del señor Vieux' de Rod (1837) y que concluye con el cómic estadounidense 'Habibi' de Craig Thompson.

El cómic español también es parte de las páginas de la guía, obras como 'Mortadelo y Filemón' de Francisco Ibañez, son reseñadas junto a otros títulos conocidos en todo el mundo, es el caso de 'Spiderman', 'Tintin', 'Mafalda' o 'El Juez Dredd'.
'Mortadelo y Filemón', creación de Francisco Ibañez
'Mortadelo y Filemón', creación de Francisco Ibañez- (EDICIONES B)
Editado en color, '1.001 cómics que hay que leer antes de morir', no olvida géneros ni formatos, y presenta reproducciones de las portadas e interiores de cómics que son admirados por millones de fanáticos en todo el mundo.

Paul Gravettes parte de la industria del cómic desde 1981 y ha trabajado en revistas como 'pssst!' o 'Escape'. En 2003 fundó 'Comica', el festival internacional de cómics de Londres y el periódico The Times llegó a calificarle como "el más importante historiador de cómics y novela gráfica que hay en la actualidad".

Este libro sigue la saga de varios libros similares que fueron editados en años anteriores, tal es el caso de '1001 películas que hay que ver antes de morir' de Steven Jay Scneider (2003), '1.001 discos que hay que escuchar antes de morir' de Robert Dimey (2006), '1001 libros que hay que leer antes de morir', de Peter Boxall y José Carlos Mainer (2006), '1001 videojuegos a los que hay que jugar antes de morir' de Tony Mott (2011), y otros títulos más curiosos como '1001 hoyos de golf que hay que jugar antes de morir' de Jeff Barr (2008).

Estas publicaciones dieron paso a otras listas, tal es el caso del Times, que publicó en 2008 el decálogo 'Los 10 libros que no hay que leer antes de morir', escrito por Richard Wilson, que a su vez es productor y autor del documental de televisión '101 cosas que no hacer antes de morir'.

Inspiró también este tipo de listas a los españoles, por ejemplo en el Blog Viviendo Madrid, se puede encontrar la guía sobre las '101 cosas para hacer en Madrid antes de morir'.

sábado, 9 de julio de 2011

La segunda vida de un clásico

EL EXTRANJERO. La novela de Camus adaptada al cómic por J.C. Kreimer y J. Aron.


Adaptada al cómic, El extranjero, de Albert Camus, es el intento de captar la oscuridad de un héroe trágico.



POR DIEGO MARINELLI - Revista Ñ

La novela gráfica lleva tiempo copando la escena en los países centrales de la geopolítica de la historieta: Estados Unidos, Francia, España, Italia, Japón. La categoría, a grandes rasgos, define a obras de cómic que tienen aspiraciones de “novela”, que persiguen una complejidad y una ambición narrativa más propia de la literatura con mayúsculas que de las tradicionales tiras cómicas. Los ejemplos más famosos podrían ser obras como Maus, de Art Spiegelman, Persépolis, de Marjane Satrapi, y hasta nuestro El Eternauta, que fue novela gráfica incluso mucho antes de que se inventara la novela gráfica.



Aquí en la Argentina –otra vieja potencia del cómic– la endeblez de la industria editorial ha impedido todavía que florezcan demasiadas obras de novela gráfica, tal como se las entiende en las grandes ligas. Hay algunas buenas excepciones, como Llegar a los 30, de Ezequiel García (Emecé) o La Burbuja de Bertold, de la dupla Agrimbau-Ippoliti (Historieteca). Pero, todavía falta un golpe de horno definitivo que acabe de establecer una verdadera escena.



Mientras tanto, la categoría se va abriendo paso por otras vertientes. Una de ellas es la que ha elegido transitar Editorial De la Flor en su colección Novela Gráfica, que viene sumando títulos desde finales de 2009. En este caso no se trata de autores de cómic dando vida a relatos de carácter novelesco, sino de adaptaciones al lenguaje de la historieta de obras fundamentales de la literatura. La colección se inició con Fahrenheit 451 y continuó con Los dueños de la Tierra, de David Viñas (adaptada por Juan Carlos Kreimer y con dibujos de Dante Ginevra), el Génesis (por el legendario mito del cómic underground, Robert Crumb), La invención de Morel, de Bioy Casares (por el francés Jean Pierre Mourey) y ahora le tocó el turno a El Extranjero, de Albert Camus.



El riesgo de estas adaptaciones gráficas es que se conviertan en algo así como “literatura para principiantes”, en versiones ligeras y fáciles de metabolizar de grandes textos literarios. Pero, afortunadamente, no es el caso. Todos los libros que componen la colección no se detienen en la imitación de del libro original, sino que lo toman como punto de partida para crear una obra completamente nueva, que puede leerse como un todo narrativo en sí mismo. Eso pasa especialmente con la versión de Fahrenheit 451, que, bajo la mirada del estadounidense Tim Hamilton, cobra un tono expresionista y alucinado totalmente diferente al registro plasmado originalmente por Ray Bradbury.



Algo similar ocurre con El Extranjero, adaptado también por Kreimer y con dibujos de Julián Aron. “Es la historia de un hombre que, sin ninguna actitud heroica, acepta morir por la verdad”, dijo el propio Camus acerca de su obra. Y, en el cómic, Kreimer y Aron intentan captar esa condición de héroe trágico y oscuro, despojado de toda épica. Bajo el trazo de Aron, los personajes (Mersault y su pandilla) alcanzan un nivel altísimo de sordidez, como si se tratase de un panteón de figuras “celineanas”, irresistiblemente atractivas en su ruindad. Echando mano a la capacidad sintética del lenguaje de la historieta, el cómic revela con maestría el alma de Mersault, un tipo incapaz de asumir los gestos que reclama la teatralidad de la vida social: el dolor ante la muerte, la indignación frente a las injusticias. Y que sólo exige la libertad de no sentir nada.

sábado, 10 de julio de 2010

El Diario de Anna Frank, en cómic


ABC / MADRID
Día 08/07/2010


La Fundación Ana Frank ha autorizado la adaptación de la obra, que se publicará este viernes en Holanda

A partir de esta semana no sólo podremos leer la historia que conmovió a la humanidad, sino que además podremos verla en imágenes, ya que la Fundación Ana Frank ha autorizado la adaptación de «El diario de Ana Frank» a cómic. El libro, de 160 páginas, está firmado por Sid Jacobson y Ernest Colón, considerados como los dos maestros del cómic político desde que en 2006 plasmaran en viñetas el informe oficial de la investigación sobre los atentados del 11 de septiembre y la biografía del Che Guevara.
Petición
La Casa Ana Frank da respuesta así a las peticiones de los lectores. El cómic, que costará alrededor de 15 euros, saldrá a la venta el próximo viernes en holandés, pero se prevé que, al igual que la obra original, se traduzca a varios idiomas, entre ellos al castellano. La biografía alternará las vivencias de la protagonista con los acontecimientos históricos de la época.
De momento, las editoriales que se encargarán de distribuir la obra son L Publishers en Holanda, Hill & Wang en Estados Unidos, Canada y otros países de habla inglesa, Macmillan en Inglaterra y Australia, Carlsen Verlag en Alemania, Les Editions Belin en Francia y Rizzoli en Italia. Además, en el país pionero, la editorial Young Crowds distribuirá la biografía en los institutos holandeses.

viernes, 18 de junio de 2010

Dibujar la Literatura


La literatura es el espejo en el que se mira el cómic. Un diálogo entre iguales que centra las últimas novedades

Santiago García
Día 18/06/2010 - 17.56h

La relación entre la literatura y el cómic se remonta a los mismos orígenes del arte de las viñetas, cuando el anciano Goethe elogió las histoires en estampes del ginebrino Rodolphe Töpffer, uno de los padres de la historieta. Desde entonces, han sido muchos los escritores y artistas que se han interesado por los tebeos: James Joyce, John Steinbeck, Picasso o John Updike constituyen una noble tradición de admiradores. Esa admiración se convierte en fervor en las últimas hornadas de literatos. Jonathan Lethem escribe tebeos de superhéroes, Michael Chabon basa su obra cumbre en la Edad de Oro del cómic americano, y Junot Díaz y Rick Moody inician sus novelas maestras citando a los Cuatro Fantásticos. En España, Agustín Fernández Mallo remata Nocilla Lab con un cómic de Pere Joan.
Que las fronteras entre los dos campos narrativos sean más porosas que nunca parece algo lógico en una época en la que asistimos al auge de la novela gráfica. Por supuesto, la novela gráfica no es precisamente «novela en imágenes». Se trata tan sólo de un nombre convencional para designar tanto una tendencia como un formato del arte del cómic, pero revela en su denominación aspiraciones próximas a las de la literatura y el arte cultos. Aunque el cómic juvenil tradicional siempre había realizado adaptaciones de clásicos literarios, las relaciones que se establecen entre el imaginario escrito y el dibujado en el cómic adulto contemporáneo son más complejas. Identificamos al menos cuatro corrientes en los itinerarios que comunican a la historieta con la literatura en la actualidad.
Adaptaciones «transparentes». Son obras en las que la novela de partida sirve como material narrativo que sustenta el argumento y el drama de la novela gráfica o el cómic de destino. Podríamos considerarla la continuación más directa de la tradición popular de los clásicos ilustrados. Es la tendencia más común, donde se encuentra la reciente Farenheit 451, de Tim Hamilton, que recoge la herencia de las adaptaciones de Ray Brabdury realizadas por la legendaria EC Comics en los años 50. Son muchos los títulos que se han vertido así a la historieta: La metamorfosis y América, de Kafka; El principito, de Saint-Exupéry; Nightmare Alley, de William Lindsay Gresham; Alatriste, de Pérez-Reverte. Nada es sagrado, ni siquiera En busca del tiempo perdido, de Proust o, ya en la apoteosis de lo literal, el Génesis que ha dibujado Robert Crumb.
Género negro y chispa creativa
En esta tendencia hallamos también una de las más ricas vías de comunicación entre letras y viñetas, la del género negro. El maestro francés Jacques Tardi ha trasladado a la bande dessinée con gran acierto textos de Malet y Manchette; el norteamericano Darwyn Cooke se ha encomendado a Donald Westlake, y el noruego Jason nos ha traído una muestra de las raíces de la novela de misterio nórdica con su adaptación de El carro de hierro, de Stein Riverton. En ocasiones, la relación es más íntima: Fred Vargas escribió Los cuatro ríos, uno de los casos de su inspector Adamsberg, directamente para que lo dibujara Baudoin.
Inspiraciones. En este caso, la novela de partida sirve como chispa creativa para un trabajo que cobra conciencia de las diferencias entre medios, y que explota la forma y el lenguaje para producir obras espiritualmente afines pero sustancialmente distintas. El ejemplo clásico es Ciudad de cristal, de Paul Karasik y David Mazzucchelli, que se atrevía a enfrentarse con una novela tan basada en la palabra como la de Paul Auster y resolvía el desafío indagando en la riqueza epistemológica del lenguaje icónico. Por su parte, Sammy Harkham, a partir del cuento «En el mar», de Guy de Maupassant, ha creado con Pobre marinero un cómic lírico y emotivo basado en un repertorio de imágenes sencillas y desnudas.
La literatura como material narrativo. En ocasiones, se utilizan temas literarios como hilo con el que tejer relatos propios. Los escritores protagonizan biografías o fantasías seudobiográficas. Crumb se ha acercado a Kafka y a Philip K. Dick, Harvey Pekar a la generación beat, y Alfonso Zapico prepara un retrato de James Joyce.
En el segundo caso, las viñetas nos han dado curiosas fantasías: Max imaginó «El encuentro entre Walt Disney y H. P. Lovecraft», un choque cultural traumático. En No me dejes nunca, Jason convierte a Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, James Joyce y Ezra Pound en dibujantes de cómics y atracadores en el París de los años 20.
De Bovary a Bovery
Diálogo entre iguales. Quizás el nivel más sofisticado de las relaciones entre literatura y cómic se da en títulos que manejan la tensión entre ambos medios como soportes para la ficción y como productos culturales. Estas obras son la mejor prueba de la autonomía del arte de las viñetas, y de cómo su valía es incomparable. No se puede juzgar la calidad de un cómic por criterios literarios o pictóricos, sino que hay que considerarlo en un espacio distinto y propio. Hablamos aquí de la ambiciosa (aunque indigesta) Alicia en Sunderland, de Bryan Talbot, y de la ingeniosa Gemma Bovery, de Posy Simmonds, que reinventa la obra de Flaubert a través de una británica refugiada en Normandía. También de dos obras maestras de las viñetas: Fun Home, de Alison Bechdel, que es no sólo la autobiografía familiar y sexual de la autora, sino también, y en gran medida, su autobiografía literaria; y Masterpiece Comics, de R. Sikoryak, que durante 20 años ha hecho colisionar los clásicos de la literatura con los tebeos de toda la vida, pasando Crimen y castigo por el filtro de Batman, El extranjero por el de Superman o La metamorfosis por el de Carlitos y Snoopy.
Sikoryak pone de manifiesto que, finalmente, la tradición del cómic discurre por su propio cauce, y que cuando se trata de las viñetas, el canon de occidente está completamente por reescribir. O por redibujar.

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