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domingo, 19 de agosto de 2012

La sima de Pío Baroja (Ciudad Seva)

La sima[Cuento. Texto completo]Pío Baroja

Otros cuentos de Baroja (Ciudad Seva) - Pío Baroja en Lenliblog - Reseña de Yesenia Jorge Collet - Audiolibro (albalearning)
El paraje era severo, de adusta severidad. En el término del horizonte, bajo el cielo inflamado por nubes rojas, fundidas por los últimos rayos del sol, se extendía la cadena de montañas de la sierra, como una muralla azuladoplomiza, coronada en la cumbre por ingentes pedruscos y veteada más abajo por blancas estrías de nieve.
El pastor y su nieto apacentaban su rebaño de cabras en el monte, en la cima del alto de las Pedrizas, donde se yergue como gigante centinela de granito el pico de la Corneja.

El pastor llevaba anguarina de paño amarillento sobre los hombros, zahones de cuero en las rodillas, una montera de piel de cabra en la cabeza, y en la mano negruzca, como la garra de un águila, sostenía un cayado blanco de espino silvestre. Era hombre tosco y primitivo; sus mejillas, rugosas como la corteza de una vieja encina, estaban en parte cubiertas por la barba naciente no afeitada en varios días, blanquecina y sucia.

El zagal, rubicundo y pecoso, correteaba seguido del mastín; hacía zumbar la honda trazando círculos vertiginosos por encima de su cabeza y contestaba alegre a las voces lejanas de los pastores y de los vaqueros, con un grito estridente, como un relincho, terminando en una nota clara, larga, argentina, carcajada burlona, repetida varias veces por el eco de las montañas.

El pastor y su nieto veían desde la cumbre del monte laderas y colinas sin árboles, prados yermos, con manchas negras, redondas, de los matorrales de retama y macizos violetas y morados de los tomillos y de los cantuesos en flor...
En la hondonada del monte, junto al lecho de una torrentera llena de hojas secas, crecían arbolillos de follaje verde negruzco y matas de brezo, de carrascas y de roble bajo.

Comenzaba a anochecer, corría ligera brisa; el sol iba ocultándose tras de las crestas de la montaña; sierpes y dragones rojizos nadaban por los mares de azul nacarado del cielo, y, al retirarse el sol, las nubes blanqueaban y perdían sus colores, y las sierpes y los dragones se convertían en inmensos cocodrilos y gigantescos cetáceos. Los montes se arrugaban ante la vista, y los valles y las hondonadas parecían ensancharse y agrandarse a la luz del crepúsculo.

Se oía a lo lejos el ruido de los cencerros de las vacas, que pasaban por la cañada, y el ladrido de los perros, el ulular del aire; y todos esos rumores, unidos a los murmullos indefinibles del campo, resonaban en la inmensa desolación del paraje como voces misteriosas nacidas de la soledad y del silencio.

-Volvamos, muchacho -dijo el pastor-. El sol se esconde.

El zagal corrió presuroso de un lado a otro, agitó sus brazos, enarboló su cayado, golpeó el suelo, dio gritos y arrojó piedras, hasta que fue reuniendo las cabras en una rinconada del monte. El viejo las puso en orden; un macho cabrío, con un gran cencerro en el cuello, se adelantó como guía, y el rebaño comenzó a bajar hacia el llano. Al destacarse el tropel de cabras sobre la hierba, parecía oleada negruzca, surcando un mar verdoso. Resonaba igual, acompasado, el alegre campanilleo de las esquilas.

-¿Has visto, zagal, si el macho cabrío de tía Remedios va en el rebaño? -preguntó el pastor.

-Lo vide, abuelo -repuso el muchacho.

-Hay que tener ojo con ese animal, porque malos dimoños me lleven si no le tengo malquerencia a esa bestia.

-Y eso, ¿ por qué vos pasa, abuelo?

-¿ No sabes que la tía Remedios tié fama de bruja en tó el lugar?

-¿Y eso será verdad, abuelo?

-Así lo ha dicho el sacristán la otra vegada que estuve en el lugar. Añaden que aoja a las presonas y a las bestias y que da bebedizos. Diz que la veyeron por los aires entre bandas de culebros.

El pastor siguió contando lo que de la vieja decían en la aldea, y de este modo departiendo con su nieto, bajaron ambos por el monte, de la senda a la vereda, de la vereda al camino, hasta detenerse junto a la puerta de un cercado. Veíase desde aquí hacia abajo la gran hondonada del valle, a lo lejos brillaba la cinta de plata del río, junto a ella adivinábase la aldea envuelta en neblinas; y a poca distancia, sobre la falda de una montaña, se destacaban las ruinas del antiguo castillo de los señores del pueblo.

-Abre el zarzo, muchacho -gritó el pastor al zagal.

Éste retiró los palos de la talanquera, y las cabras comenzaron a pasar por la puerta del cercado, estrujándose unas con otras. Asustose en esto uno de los animales, y, apartándose del camino, echó a correr monte abajo velozmente.

-Corre, corre tras él, muchacho -gritó el viejo, y luego azuzó al mastín, para que persiguiera al animal huido.

-Anda, Lobo. Ves a buscallo.

El mastín lanzó un ladrido sordo, y partió como una flecha.

-¡Anda! ¡Alcánzale! -siguió gritando el pastor-. Anda ahí.

El macho cabrío saltaba de piedra en piedra como una pelota de goma; a veces se volvía a mirar para atrás, alto, erguido, con sus lanas negras y su gran perilla diabólica. Se escondía entre los matorrales de zarza y de retama, iba haciendo cabriolas y dando saltos.
El perro iba tras él, ganaba terreno con dificultad; el zagal seguía a los dos, comprendiendo que la persecución había de concluir pronto, pues la parte abrupta del monte terminaba a poca distancia en un descampado en cuesta. Al llegar allí, vio el zagal al macho cabrío, que corría desesperadamente perseguido por el perro; luego le vio acercarse sobre un montón de rocas y desaparecer entre ellas. Había cerca de las rocas una cueva que, según algunos, era muy profunda, y, sospechando que el animal se habría caído allí, el muchacho se asomó a mirar por la boca de la caverna. Sobre un rellano, de la pared de ésta, cubierto de matas, estaba el macho cabrío.

El zagal intentó agarrarle por un cuerno, tendiéndose de bruces al borde de la cavidad; pero viendo lo imposible del intento, volvió al lugar donde se hallaba el pastor y le contó lo sucedido.

-¡Maldita bestia! -murmuró el viejo-. Ahora volveremos, zagal. Habemos primero de meter el rebaño en el redil.

Encerraron entre los dos las cabras, y, después de hecho esto, el pastor y su nieto bajaron hacia el descampado y se acercaron al borde de la sima. El chivo seguía en pie sobre las matas. El perro le ladraba desde fuera sordamente.

-Dadme vos la mano, abuelo. Yo me abajaré -dijo el zagal.

-Cuidiao, muchacho. Tengo gran miedo de que te vayas a caer.

-Descuidad vos, abuelo.

El zagal apartó las malezas de la boca de la cueva, se sentó a la orilla, dio a pulso una vuelta, hasta sostenerse con las manos en el borde mismo de la oquedad, y resbaló con los pies por la pared de la misma, hasta afianzarlos en uno de los tajos salientes de su entrada. Empujó el cuerno de la bestia con una mano, y tiró de él. El animal, al verse agarrado, dio tan tremenda sacudida hacia atrás, que perdió sus pies; cayó, en su caída arrastró al muchacho hacia el fondo del abismo. No se oyó ni un grito, ni una queja, ni el rumor más leve.

El viejo se asomó a la boca de la caverna.

-¡Zagal, zagal! -gritó, con desesperación.

Nada, no se oía nada.

-¡Zagal! ¡Zagal!

Parecía oírse mezclado con el murmullo del viento un balido doloroso que subía desde el fondo de la caverna.

Loco, trastornado, durante algunos instantes el pastor vacilaba en tomar una resolución; luego se le ocurrió pedir socorro a los demás cabreros, y echó a correr hacia el castillo.

Éste parecía hallarse a un paso; pero estaba a media hora de camino, aun marchando a campo traviesa; era un castillo ojival derruido, se levantaba sobre el descampado de un monte; la penumbra ocultaba su devastación y su ruina, y en el ambiente del crepúsculo parecía erguirse y tomar proporciones fantásticas.

El viejo caminaba jadeante. Iba avanzando la noche; el cielo se llenaba de estrellas; un lucero brillaba con su luz de plata por encima de un monte, dulce y soñadora pupila que contempla el valle.

El viejo, al llegar junto al castillo, subió a él por una estrecha calzada; atravesó la derruida escarpa, y por la gótica puerta entró en un patio lleno de escombros, formado por cuatro paredones agrietados, únicos restos de la antigua mansión señorial.

En el hueco de la escalera de la torre, dentro de un cobertizo hecho con estacas y paja, se veían a la luz de un candil humeante, diez o doce hombres, rústicos pastores y cabreros agrupados en derredor de unos cuantos tizones encendidos.

El viejo, balbuceando, les contó lo que había pasado. Levantáronse los hombres, cogió uno de ellos una soga del suelo y salieron del castillo. Dirigidos por el viejo, fueron camino del descampado, en donde se hallaba la cueva.

La coincidencia de ser el macho cabrío de la vieja hechicera el que había arrastrado al zagal al fondo de la cueva, tomaba en la imaginación de los cabreros grandes y extrañas proporciones.

-¿Y si esa bestia fuera el dimoño? -dijo uno.

-Bien podría ser -repuso otro.

Todos se miraron, espantados.

Se había levantado la luna; densas nubes negras, como rebaños de seres monstruosos, corrían por el cielo; oíase alborotado rumor de esquilas; brillaban en la lejanía las hogueras de los pastores.

Llegaron al descampado, y fueron acercándose a la sima con el corazón palpitante. Encendió uno de ellos un brazado de ramas secas y lo asomó a la boca de la caverna. El fuego iluminó las paredes erizadas de tajos y de pedruscos; una nube de murciélagos despavoridos se levantó y comenzó a revolotear en el aire.

-¿Quién abaja? -preguntó el pastor, con voz apagada.

Todos vacilaron, hasta que uno de los mozos indicó que bajaría él, ya que nadie se prestaba. Se ató la soga por la cintura, le dieron una antorcha encendida de ramas de abeto, que cogió en una mano, se acercó a la sima y desapareció en ella. Los de arriba fueron bajándole poco a poco; la caverna debía ser muy honda, porque se largaba cuerda, sin que el mozo diera señal de haber llegado.

De repente, la cuerda se agitó bruscamente, oyéronse gritos en el fondo del agujero, comenzaron los de arriba a tirar de la soga, y subieron al mozo más muerto que vivo. La antorcha en su mano estaba apagada.

-¿Qué viste? ¿Qué viste? -le preguntaron todos.

-Vide al diablo, todo bermeyo, todo bermeyo.

El terror de éste se comunicó a los demás cabreros.

-No abaja nadie -murmuró, desolado, el pastor-. ¿Vais a dejar morir al pobre zagal?

-Ved, abuelo, que ésta es una cueva del dimoño -dijo uno-. Abajad vos, si queréis.

El viejo se ató, decidido, la cuerda a la cintura y se acercó al borde del negro agujero.

Oyose en aquel momento un murmullo vago y lejano, como la voz de un ser sobrenatural. Las piernas del viejo vacilaron.

-No me atrevo... Yo tampoco me atrevo -dijo, y comenzó a sollozar amargamente.

Los cabreros, silenciosos, miraban sombríos al viejo. Al paso de los rebaños hacia la aldea, los pastores que los guardaban acercábanse al grupo formado alrededor de la sima, rezaban en silencio, se persignaban varias veces y seguían su camino hacia el pueblo.

Se habían reunido junto a los pastores mujeres y hombres, que cuchicheaban comentando el suceso. Llenos todos de curiosidad, miraban la boca negra de la caverna, y, absortos, oían el murmullo que escapaba de ella, vago, lejano y misterioso.

Iba entrando la noche. La gente permanecía allí, presa aún de la mayor curiosidad.

Oyose de pronto el sonido de una campanilla, y la gente se dirigió hacia un lugar alto para ver lo que era. Vieron al cura del pueblo que ascendía por el monte acompañado del sacristán, a la luz de un farol que llevaba este último. Un cabrero les había encontrado en el camino, y les contó lo que pasaba. Al ver el viático, los hombres y las mujeres encendieron antorchas y se arrodillaron todos. A la luz sangrienta de las teas se vio al sacerdote acercarse hacia el abismo. El viejo pastor lloraba con un hipo convulsivo. Con la cabeza inclinada hacia el pecho, el cura empezó a rezar el oficio de difuntos; contestábanle, murmurando a coro, hombres y mujeres, una triste salmodia; chisporroteaban y crepitaban las teas humeantes, y a veces, en un momento de silencio, se oía el quejido misterioso que escapaba de la cueva, vago y lejano.

Concluidas las oraciones, el cura se retiró, y tras él las mujeres y los hombres, que iban sosteniendo al viejo para alejarle de aquel lugar maldito.

Y en tres días y tres noches se oyeron lamentos y quejidos, vagos, lejanos y misteriosos, que salían del fondo de la sima.
FIN

domingo, 29 de julio de 2012

"Las desconocidas novelas de Azorín" por José María Pozuelo Yvancos


Azorín, pilar del 98 y autor ligado a ABC, hoy solo brilla en el ensayo y la literatura de viajes. Pero sus novelas certifican el vanguardismo de quien supo moverse en la metaficción

Día 23/07/2012 - ABC Cultural
No se ha portado demasiado bien la Historia de la Literatura Española con la obra de José Martínez Ruiz, el escritor que desde 1904 eligió el seudónimo de Azorín, apellido del protagonista de sus primeras novelas. Paradójicamente, esa afirmación coincide con su reconocimiento general como uno de los autores señeros de la Generación del 98, de la que es piedra angular. Pero la formulo por el hecho de que su celebración como ensayista y autor de libros de viaje coincide con la ocultación casi total de su labor como novelista, a la que entregó nada menos que dieciséis títulos, reeditados ahora con cuidado y rigor sobresaliente porMiguel Ángel Lozano Marco en dos volúmenes de la Biblioteca Castro.
El Azorín novelista es muy poco leído en la actualidad. El éxito de Castilla Los pueblos, así como su actividad de ensayista literario, fundamentador, junto a Menéndez Pidal yOrtega y Gasset, de la mejor tradición de ideas literarias españolas de la primera mitad del siglo, no han corrido parejos al de narrador de ficciones. Y esa disfunción provoca otra: se le tiene por un autor tradicional que ostenta una imagen conservadora. Justo lo contrario de lo que fue como novelista.
En esa faceta, se situó en la vanguardia de una renovación del género en el que dio pasos bastante más radicales que los que dieran Valle-Inclán,Unamuno y Baroja. Pero Azorín no posee el aura rompedora del gallego y, como no se le lee realmente, vamos desgranando su figura tópicamente anquilosada en las esquinas recalcitrantes de los aburridos manuales que la gente estudia.

«Annus mirabilis»

Por tal razón, es importante esta iniciativa de la edición conjunta de todas sus novelas. Porque leyéndole completo se ve que es mucho más que el autor de la más conocida de ellas, La voluntad, publicada en el mítico 1902, annus mirabilis de la modernidad española en el que vieron la luz, junto a la de Azorín, Camino de perfección, de Baroja; Amor y pedagogía, de Unamuno, ySonata de otoño, de Valle-Inclán. Aquella novela de Azorín nació al calor de la filosofía de Schopenhauer. Las tituladas Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo, hermanas suyas, comparten protagonista.
Vista en conjunto, su obra narrativa ha construido el más sólido empeño de la modernidad novelística española, por lo menos en los tramos que van desde 1902, pasando por la publicación, entre 1915 y 1925, de la serie conocida como «Nuevas obras» –El licenciado Vidriera (Visto por Azorín)Don Juan y Doña Inés. Una historia de amor–, hasta la trilogía experimentalista que forman Félix Vargas,Superrealismo Pueblo, publicadas entre 1928 y 1930. Animo a leer seguidas esas novelas nacidas entre 1902 y 1930 para comprobar cuanto vengo diciendo de un autor rabiosamente moderno, muy iconoclasta, totalmente ajeno a la imagen que la foto fija de los manuales ha consolidado a su pesar.
¿Iconoclasta de qué? Del realismo. Mucho antes de que la polémica sobre el realismo volviera a nacer en la novela española de la mano de Juan Benet, la planteó Azorín, y curiosamente con parecidos argumentos. Para Azorín, la novela tendría su mejor recorrido presente y futuro si iba pareja, por una parte, con el pensamiento y con la mostración de la vida interior; y, por otra, si sabía conectar con igual ejercicio que el emprendido por las dos artes más vanguardistas de su tiempo: el cine y la pintura.

Paisajes del alma

Respecto al vínculo con el pensamiento, fue Azorín uno de los responsables, por su conexión conSchopenhauer y Nietzsche, de un escepticismo nihilista que se acogió muy bien a la fórmula del primero, según la cual el mundo coincidía con su representación y, por tanto, toda verdad resultaba pospuesta al valor de la conciencia. De ahí que casi todo lo que ocurre en las novelas de Azorín sea interior y se constituya como paisaje del alma. Pero no únicamente se rompía con el realismo en los términos de eso que Ortega, a propósito de su lectura de Proust, saludaría años después como el reino de la novela de clave psicológica, sino que en Azorín se postulaba explícitamente desde el convencimiento de que la imagen de la realidad ofrecida por el arte era mejor, más perfecta y completa que la realidad misma.
No es menor otro componente que no veo que hoy se le reconozca: pocos como Azorín han sido tan audaces en el territorio de la metaficción, no únicamente porque ponga a su personaje a hablar con el autor (en el famoso diálogo de Félix Vargas), sino porque, como ocurre en Superrealismopuede concebir toda la novela como una historia amorfa, hecha de retazos, que va ganando forma con su propia realización, muchas veces meramente reflexiva. Eso y la cercanía de sus novelas con el ensayo –considero un acierto de esta edición rescatar El licenciado Vidriera (Visto por Azorín) como novela– lo sitúan junto a los más modernos.
En cambio, la última etapa suya, la posterior a la guerra, resulta muy inferior. Aunque su diálogo con Ridruejo en El escritor (1941) mantenga todo el interés de una época salvaje y de supervivencia, nada sería ya igual que antes de un exilio parisino rápido y del que se sintió obligado a pagar un peaje excesivo.

lunes, 2 de julio de 2012

La generación a la que Juan Ramón Jiménez denostó


  • La publicación de su correspondencia revela su rechazo a la generación del 98
  • "Baroja me parece que está bien ya para estudiantes", dice en una carta
  • Azorín, D'Ors, Gómez de la Serna o Pérez de Ayala recibien ácidas críticas
El Premio Nobel Juan Ramón Jiménez rechazó, en su correspondencia particular, de la que la Residencia de Estudiantes ha publicado un segundo tomo, "Correspondencia II", pertenecer a la Generación del 98, a la que denostó en numerosas misivas, en las que también criticó a los escritores de su época.
Juan Ramón, en Madrid.
Juan Ramón, en Madrid.
"Dejemos eso para los viejos del todo, para los académicos ya sentados en su poltrona eterna, para los laureados en seco, para esos tontos caídos, en suma, de esas jeneraciones del 98 y siguiente, a ninguna de las cuales (...) tengo el mal gusto de pertenecer" escribió, a sus 45 años, a Ernesto Giménez Caballero.
También sobre el 98, en 1921, al pintor Juan Echevarría, le escribe:"Yo no tengo nada que ver, además, con ese montón estético-social-náufrago que llaman jeneración del 98", y cinco años más tarde, a Ricardo Baeza: "A mí me da dolor de estómago sólo de pensar que mi poesía tenga nada que ver con el consabido 'desastre'".
En otra carta a un amigo en 1920 dice: "Baroja me parece que está bien ya para estudiantes; Pérez de Ayala, para viejos secos; y Gómez de la Serna no acaba de poder por mucho que quiera", mientras que en 1923 le dice al escritor mexicano Alfonso Reyes: "Canero y Moreno Villa, que han venido descendiendo día tras día, hasta llegar a significar uno lo plebeyo (...) y el otro, la suprema sordidez".

Azorín, el 'amigo de otros días

La peor parte se la llevan Eugenio d'Ors y Azorín, a quien Juan Ramón Jiménez escribe directamente encabezando sus cartas como "Amigo de otros días" y las firma como "su ex amigo", y a quien le dice sobre sus obras recientes: "Lo que hoy hace usted, teatro, cuento, es una desagradable sopa vieja en donde las hierbas secas de Maeterlinck se enredan con la pasta rancia del majadero de Pirandello".
"Da verdadera pena ver cómo desteje usted su obra y su nombre. Porque con sus necedades de estos últimos tiempos no consigue sino echar antipatía, desdén y asco sobre lo mejor de su vida antigua", le dice a Azorín en el encabezamiento de esa misma misiva.
En Carta dirigida a Eugenio d'Ors, el poeta onubense se queja de ser objeto de crítica en sus artículos de prensa y después de llamarle "gandul, perezoso farsante" le escribe: "parece usted uno de esos tristes cómicos viejos que van de tablado en tablado adulando desvergonzadamente a quien les paga".
"Yo soy un poeta de deleite -y usted un periodista de mercado- (...) Ahora ya puede usted atacarme directa y claramente -superficial, lijero, desecho 'articulista' catalán-", concluye el poeta su carta a Ors. "Qué vergüenza repetida los artículos tontos de Azorín y los tomos vacíos de Ors:facilidad, repetición, amaño", escribe en otra carta de esos mismos años a un amigo.

Árida respuesta a Buñuel y Dalí

A una carta impertinente de Dalí y Luis Buñuel en que califican de "merde" su 'Platero y yo', el poeta de Moguer también recurre al insulto en su contestación llamándoles "manfloritas".
En los años veinte, era mucho más indulgente con los escritores jóvenes que con los mayores, y a Waldo Frank le escribe en 1924: "Me pregunta usted por la juventud actual española. Le voy a decir: nunca tan hermosas plantas. Vale más que la francesa, es menos 'virtuosa', pero mucho más pura; más idealista, más severa. Los ya maestros: Salinas, Guillén, Espina".
Un afecto que se multiplica al pasar de los jóvenes a los niños, a juzgar por lo que escribe a una amiga en 1927: "Tengo mis mejores amigos entre los niños, y con ellos paso ratos felices e inolvidables, que me compensa de Ñotros! y se llevan en el agua pura y fresca de la sinceridad las sombras de los engaños de cada día".

Andalucía por bandera

De su amor por Andalucía, el poeta deja constancia en una carta a Isabel García Lorca, en 1924: "Mi porvenir, como mi pasado, está en Andalucía y sólo Andalucía. Los andaluces tenemos que quererla tanto que por nosotros se derrame en todo el mundo, no universalizándose ella -para tu hermano Federico el conmovedor- sino andalucizando nosotros el mundo entero".
Este segundo volumen del 'Epistolario' recoge cientos de cartas escritas entre 1916 y 1936 y ha sido editado por Alfonso Alegre Heitzmann, especialista en la obra del Nobel onubense, quien ha escrito para la ocasión una introducción que supera el centenar de páginas.

viernes, 4 de mayo de 2012

Unamuno eterno

Unamuno en lenliblog

Por Lola Galán
ImgSi la historia es, como él solía decir, "la verdadera vida eterna", Miguel de Unamuno ha alcanzado, sin duda, la inmortalidad, porque su figura es inseparable de la historia española del siglo XX. Cuando se conmemora el 75 aniversario de su muerte, ocurrida en Salamanca el último día de 1936, el escritor vuelve a estar de máxima actualidad gracias a dos novedades editoriales: las Cartas del destierro que se publican ahora, y una nueva biografía escrita por su paisano, Jon Juaristi, que saldrá a las librerías en octubre próximo. Unamuno pasó seis años en el exilio entre febrero de 1924 y febrero de 1930. El directorio militar encabezado por Primo de Rivera le mandó al destierro, a la isla de Fuerteventura, en un intento torpe de castigar a un intelectual de enorme prestigio muy crítico con la guerra de Marruecos, y con el nuevo Gobierno, además de con el monarca, Alfonso XIII.
     El apoyo internacional que recibió, tras la medida de confinamiento que suponía además el cese de sus cargos en la Universidad de Salamanca y la suspensión de empleo y sueldo, fue considerable. Y los militares dieron marcha atrás, amnistiando al escritor en julio de 1924. Unamuno se negó a regresar a España y permaneció en París, y sobre todo, en Hendaya, hasta la caída del directorio. Es una etapa de gran actividad política de Unamuno que aprovecha para insultar ferozmente a los militares que dirigen los asuntos de España y al rey, en casi todas sus cartas. Pero además de los asuntos políticos, el epistolario nos muestra al vicerrector muy preocupado con las cuentas domésticas. En muchas de las casi 100 cartas que envía a su mujer, Concepción Lizárraga, hay referencias a cuestiones de economía doméstica. Le pide una y otra vez a su "querida Concha" que le "rinda cuentas",  "hasta el último céntimo". "Mi muy querida Concha", escribe a su mujer desde París, en septiembre de 1924, "he pasado ya a mi cuadernillo las cuentas. Sigue mandándomelas. Ahora la renta de este mes". Una obsesión comprensible porque la pareja tiene ocho hijos. El mayor, Fernando, está casado y vive en Palencia. El menor, Ramón, es todavía un adolescente.  
      Desde el exilio Unamuno sigue escribiendo artículos, colaboraciones, e intenta impulsar las traducciones de sus obras aprovechando un poco la notoriedad política que ha adquirido.  Pero las estrecheces económicas le presionan. En diciembre de 1924 resume su posición en una carta al profesor alemán W. von Wartburg, traductor de su novela ‘Abel Sánchez’. "Yo que además de luchas contra la servidumbre tengo que luchar por el pan de mis hijos, necesito una empresa comercial sobre todo. El sacerdote vive del altar. Y empiezo hasta a negarme a ‘interviews’ gratuitas. Se me ha quitado la cátedra y he tenido que aceptar una suscrición (sic) de mis compañeros". 
    Colette y Jean-Claude Rabaté, hispanistas franceses y grandes conocedores de la obra de Unamuno, se han ocupado de la edición de estas cartas del destierro, una parte de las cuales anduvo perdida muchos años. En 2006 fueron puestas a la venta por una casa de subastas, pero la intervención inmediata del Ministerio de Cultura y de la Universidad de Salamanca, consiguió salvarlas. Esta correspondencia inédita -130 misivas- más otras 180 cartas recopiladas en diferentes epistolarios y revistas por los Rabaté, constituye el libro que presenta ahora Ediciones de la Universidad de Salamanca . La ciudad en la que Unamuno pasó la mayor parte de su vida adulta le está dedicando además un afectuoso homenaje con recitales de poesía, exposiciones y conferencias sobre el gran autor de la ‘generación del 98’.
      Las cartas del destierro aportan unas pinceladas de normalidad a la imagen de erudito, implacable polemista, atormentado escritor que poseemos de Unamuno. Una vez leídas solo queda una pregunta en el aire: ¿qué le habría parecido a él ver aireada su intimidad doméstica en este libro? Nadie responde desde la eternidad.

viernes, 6 de abril de 2012

Tema 4 (pregunta 5 de Selectividad) - Modernismo y Generación del 98


Tradicionalmente,  los autores de finales del siglo XIX y principios del XX han sido divididos en dos grupos: modernistas y noventayochistas. Esta supuesta separación en dos grupos o escuelas se considera hoy superada, y tanto uno como otro se contemplan como dos aspectos de un mismo movimiento literario.

El término Modernismo, de origen hispanoamericano y en principio usado despectivamente, es anterior al de Generación del 98 (de origen español). Desde finales del siglo XIX se llamó modernistas a todos los autores que querían renovar el panorama literario anterior, oponiéndose al Realismo y a la poesía prosaica de finales del siglo XIX (salvo Bécquer y Rosalía de Castro, que serán tomados como modelos).

-El Modernismo (La poesía de principios de siglo)

El Modernismo, considerado como un neorromanticismo, busca un nuevo lenguaje basado en una nueva sensibilidad. Para ello, vuelve sus ojos hacia Francia, en concreto hacia dos movimientos literarios de la segunda mitad del siglo XIX: El Parnasianismo, representado por Théophile Gautier, tiene como lema: el “Arte por el Arte”, es decir, la búsqueda de la perfección poética desde un punto de vista formal, olvidando los contenidos más humanizados. Los temas predilectos de este movimiento son los mitológicos, la Edad Media o los ambientes exóticos. El Simbolismo, representado por poetas como Verlaine, Rimbaud o Mallarmé, busca ir más allá de la realidad, de lo sensible. Pretenden encontrar las significaciones profundas u ocultas de la realidad, lo que no vemos, los aspectos correspondientes a los estados de ánimo. Para lograr esta finalidad aparentemente tan complicada, recurren a los símbolos.

Temáticamente podemos distinguir dos polos en el Modernismo: el mundo externo (insatisfacción hacia el mundo que les envuelve, y, de ahí, ese afán por escapar y evadirse mediante la poesía)  y la intimidad del poeta (enlaza con el posromanticismo de Bécquer y Rosalía de Castro. Este sentimiento, a veces vitalista y alegre, otras, triste y melancólico).

Las características comunes de la poética modernista son las siguientes: el deseo de perfección formal (musicalidad, y recurren a ampliar los ritmos y las formas métricas), esmerada selección del léxico,  culto a la belleza sensorial ( la luz, el color y los efectos sensoriales), gusto por los temas de la mitología griega, el exotismo oriental y las civilizaciones antiguas, actitud de malestar y rechazo hacia la sociedad y al modo de vivir capitalista (sensación constante de soledad, de crisis espiritual en la que se exalta lo irracional, el misterio, la fantasía, el sueño, melancolía, tristeza), el cosmopolitismo (París), temas americanos (cultivo de temas indígenas), la búsqueda del “Arte por el Arte”.

Rubén Darío es el principal representante del Modernismo, aunque no fue el primero que inició este movimiento, pues hubo importantes antecedentes en José Martí (Cuba), Gutiérrez Nájera (México) y José Asunción Silva (Colombia). Pero sin duda sí fue el autor que fijó definitivamente este movimiento a partir de la publicación en 1888 de Azul. A este poemario le siguieron Prosas profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1912).

En la poesía de Antonio Machado se observa una doble influencia: Romanticismo (Bécquer, Rosalía) y Simbolismo, lo cual lo sitúa entre los autores modernistas, pero con la marcada diferencia de que para Machado la poesía no se queda sólo como un juego estético -arte por el arte-, sino que es mucho más, es la expresión pura de la emoción humana. De hecho él mismo define a la poesía como una “honda palpitación del espíritu”. De este modo, Antonio Machado, en sus primeras obras, es un autor que se puede encuadrar dentro del movimiento modernista (Soledades, galerías y otros poemas), pero a partir de la publicación de Campos de Castilla en 1912 conecta con los intereses y los presupuestos ideológicos de la Generación del 98.

Es difícil clasificar a Juan Ramón Jiménez dentro de un movimiento literario determinado, ya que en sus obras se aprecian características neorrománticas, modernistas, novecentistas y vanguardistas. Por edad pertenece a la Generación del 14 o Novecentismo. Juan Ramón Jiménez representa la cima de la poesía española en el siglo XX, así como el poeta más influyente sobre la conocida Generación del 27.

Manuel Machado se sitúa en la corriente intimista y melancólica del Modernismo. Entre sus poemas encontramos temáticas ligeras y desenfadadas y folclore andaluz.

-Características de la Generación del 98.

Se trata de un término histórico-social que tiene una repercusión determinante sobre un grupo de autores literarios preocupados por la marcha que España había tomado desde unos años atrás hacia la decadencia.

Para poder hablar de grupo literario o generación es necesario que todos los escritores que se incluyen en él cumplan con una serie de requisitos. A saber: los autores son coetáneos; tienen una formación intelectual semejante y relaciones personales entre ellos; desde el punto de vista ideológico, evolucionan desde posturas radicales de izquierda en su juventud a posturas conservadoras;  el Desastre del 98 es ese hecho en torno al cual se reúnen estos autores al menos desde un punto de vista temático e ideológico; estética, lenguaje y estilo común y opuestos a los de la generación anterior: los del 98 se rebelan contra la prosa inflada y retórica de finales del siglo XIX; existencia de un jefe o guía espiritual: Miguel de Unamuno es la figura que se puede considerar guía de este grupo.

La decadencia de España culmina con el Desastre del 98 y esto motiva que se analice en profundidad el problema de España. La actitud crítica de estos escritores se aborda desde tres temas:
►El paisaje: viajaron por España y la describieron, especialmente Castilla, de este modo Castilla se erige como representante de la esencia española, de la decadencia del país.
►La historia: no se interesan por la Historia con mayúscula, es decir, la de los grandes hombres y las grandes batallas, sino por la historia del pueblo, de las personas que trabajan día a día, la de los hechos cotidianos, la del trabajo, la de las costumbres, la de “los millones de hombres sin historia”, calificada por Unamuno como intrahistoria
►La literatura: los autores del 98 se interesan por los clásicos de nuestra literatura, como el Poema de Mío Cid, Gonzalo de Berceo, el Arcipreste de Hita, Jorge Manrique, Fray Luis de León, Cervantes, Góngora...
Aparte del problema de España, otros temas tratados son los existenciales (la fugacidad de la existencia, la muerte...) y la religión.

Aunque el estilo es muy personal, podemos destacar que es sobrio y directo. Lo que más importa es el contenido e intentan que éste llegue al lector de la manera más clara posible.

El problema de España es uno de los temas predilectos de Unamuno en muchos de sus ensayos. La descripción del paisaje castellano se convirtió en uno de sus objetivos, así como de sus gentes (En torno al casticismo). Otros ensayos de temática diferente son: Vida de don Quijote y Sancho, interpretación personal sobre la obra cervantina; Del sentimiento trágico de la vida y La agonía del Cristianismo. En estos dos últimos, la preocupación fundamental del autor es la búsqueda del sentido de la vida y el contenido de estos ensayos es eminentemente filosófico. Como novelista, destacó con Niebla y San Manuel Bueno mártir.

Baroja es el novelista de la Generación del 98 y su influencia en la novela española del siglo XX es determinante a causa de la sobriedad de su estilo y de sus extraordinarias dotes de creador. Agrupó sus novelas en Trilogías: “La lucha por la vida” (destaca La busca);  “La tierra vasca” (Zalacaín el aventurero);  “La raza” (El árbol de la ciencia).

Entre los temas principales que desarrolla Azorín, encontramos los recuerdos de su infancia y juventud, llenos de nostalgia; la descripción de la tierra castellana y de sus habitantes, sus ciudades, su historia, como medio de análisis de la realidad española del momento; las descripciones de los paisajes a partir de los viajes que realizó por toda España. Entre sus ensayos destacan los que hacen referencia a lugares y figuras españolas (históricas o literarias): Los pueblos, La ruta de don Quijote y Castilla.  Sus novelas prácticamente carecen de argumento y son más un pretexto para que el autor describa ambientes y aporte su punto de vista personal sobre el paisaje: La voluntad.

Valle-Inclán puede ser considerado uno de los mejores dramaturgos del siglo XX y un adelantado a su tiempo por su técnica teatral. Evolucionó desde el Modernismo (Sonatas) al esperpento, es decir, desde la exaltación de la belleza y los ambientes bucólicos a la expresión de lo feo, lo repugnante, lo deforme de una España empobrecida y miserable. En ambos temas, se mostró como todo un maestro, además de en su magistral utilización del lenguaje. De él surge la creación del “Esperpento”. Valle utilizará esta palabra para referirse a la deformación de la realidad para destacar lo que tiene de grotesco. Es una técnica literaria cuya finalidad principal es mostrar la realidad a través de la caricaturización de la misma: los personajes se ven deformados, convertidos en marionetas, distorsionados, todo ello narrado con una prosa cargada de ironía y sarcasmo, con concesiones al lenguaje vulgar perteneciente al hampa. El autor pretende hacer una denuncia social por medio de la crueldad con esa sociedad a la que analiza. Esta técnica culmina en 1920 con la publicación de la obra teatral Luces de bohemia.

jueves, 5 de abril de 2012

Modernismo y Generación del 98 (Curro2m)

El Modernismo y la Generación del 98 (esquema)

Generacion del 98


Subido por modernismozuloaga el 18/07/2011

El ambiente histórico de la España de finales del siglo XIX y la Guerra de 1898 contribuyen a entender la génesis y evolución de los integrantes de este grupo de creadores que tuvieron un papel relevante en la cultura española de todos los tiempos.


MODERNISMO Y GENERACIÓN DEL 98


Subido por modernismozuloaga el 24/11/2011

El modernismo y la Generación del 98. ¿Dos grupos o un único colectivo de creadores en la España de fin de siglo?


miércoles, 18 de mayo de 2011

Relámpagos para merendar

Los Cuentos completos de Unamuno reivindican el género que sirvió de campo de pruebas al escritor - "En sus relatos están todas sus ideas", dice el autor de la edición



ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid EL PAÍS - Cultura - 09-05-2011



"Salamanca le da de comer a mis hijos. Y los cuentos les dan de merendar". Para Miguel de Unamuno, icono del intelectual vehemente y melancólico, el relato corto fue una importante fuente de ingresos y también un terreno para medir su pulso literario. Padre de nueve hijos, justificaba así el asunto práctico: "Si por un cuento te dan cinco, seis u ocho duros, libres de gastos, ten por seguro que una novela 20 veces más extensa que él no te daría 100, 120 o 160 duros".



Pero más allá de las cuentas domésticas del viejo rector, los relatos fueron uno de sus más importantes campos de experimentación. "En los cuentos de Unamuno están todas sus ideas, la génesis de posteriores desarrollos, los núcleos del resto de su obra", explica Óscar Carrascosa Tinoco, encargado de la edición de cuentos completos que ahora publica Páginas de Espuma. Ochenta y siete relatos que suponen la mayor recopilación hecha hasta la fecha de su obra breve. "En definitiva", añade Carrascosa, "en los cuentos de Unamuno está todo Unamuno, su heterodoxia, todo su asistematismo, que llena de perlas sus relatos, y también toda su coherencia de pensamiento".



"Hasta ahora ninguna edición había recogido tantos", asegura el encargado de este libro que incluye relatos que a veces no superan las dos páginas y llevan títulos como Ver con los ojos, El héroe, ¿Por qué ser así?, El desquite, El que se enterró, Un cuentecillo sin argumento o Carbón, carbón. Eso sí, Carrascosa advierte: "La prudencia investigadora nos obliga a decir que podría aparecer alguno más en el futuro, pero a día de hoy es la primera vez que se reúnen todos". Entre los relatos, algunos (¡El amor es inmortal!) jamás se habían editado antes. "Este relato se publicó originalmente en la revista venezolana El Cojo Ilustrado el 1 de julio de 1901. Pero lo curioso es que 20 años después, Unamuno incluyó este relato en el capítulo VII de La tía Tula. Él solía decir que escribía a la que salga, pero no era verdad".



Unamuno publicó cuentos a lo largo de toda su vida en revistas y periódicos. En ellos ofrecía claves de su personalidad y de su pensamiento. La concisión del estilo, sus eternas preocupaciones filosóficas y la sátira social. "Era malhumorado, pero tenía humor, de ahí la bufotragedia, que está tan presente en sus cuentos como la meditatio mortis o la obsesión por la inmortalidad, la suya, claro", señala Carrascosa.



La publicación de los cuentos completos se suman a la serie de conferencias realizadas el pasado mes en la Fundación Juan March de Madrid por Jon Juaristi, que ultima una biografía sobre el autor de San Manuel Bueno Mártir y que desgranó durante tres jornadas la fascinante peripecia vital de este hombre que nació en Bilbao en 1864 y murió en Salamanca a finales de 1936, hace ahora 75 años. La última de las tres conferencias se centró en los meses finales del escritor (recogidos en el estremecedor Agonizar en Salamanca, el libro de Luciano G. Egido editado en 2006 por Tusquets) y que constituyen uno de esos puntos sin retorno en la historia de España. Unamuno -"aquella roca de resistencia y de rebeldía", señala G. Egido- moría acosado por ambos bandos y, como dijo Ortega, por causa del "mal de España". Un mal que Juaristi empieza a detectar cuando años antes, en su destierro a la isla de Fuerteventura por sus críticas a la dictadura de Primo de Rivera, Unamuno, que esperó sin éxito el apoyo de las masas ("y obviamente no se movió nadie"), empieza a cuestionar su rol histórico: "Llega a Fuerteventura y el pueblo español no chista. Y él empieza a tener serias dudas sobre su papel en la vida española. Si se habrá equivocado al representar un papel político que se aleja de su verdadera función: agitador de espíritus a través del pensamiento y la literatura".



Aunque el latigazo mortal le llegaría después de famoso enfrentamiento a Millán Astray en la Universidad de Salamanca, sobre cuyas consecuencias hablaría en estos términos antes de morirse: "Estoy desesperado. ¿Usted piensa sin duda que los españoles luchan y se matan, queman las iglesias o dicen misas, agitan la bandera roja o el estandarte de Cristo porque creen en algo? ¡No! ¡No! Escuche bien, ponga atención en lo que voy a decirle. Todo esto sucede porque los españoles no creen en nada. ¡En nada! ¡En nada! Están desesperados. Ningún otro idioma del mundo posee esta palabra. El desesperado es el que ha perdido toda esperanza, el que ya no cree en nada y que, privado de la fe, es presa de la rabia".



"Hay que empezar a ver a Unamuno como una de las claves de la modernidad", señala Carrascosa. "Y sus cuentos son una llave para entender de verdad la crisis de la modernidad. La crisis de Unamuno es el epítome de la crisis moderna. Y es ahí donde se entiende su grandeza y desde ahí se establece su canon. Representa la gran figura del intelectual inconformista con todo, con el poder y consigo mismo, que por desgracia hoy se ha perdido".











Poética de lo breve



- Para el narrador, filósofo y poeta Miguel de Unamuno no existían las fronteras entre los distintos géneros literarios. Todos ellos le sirven para expresar una misma problemática intelectual:



- "Sí, tus obras mismas, a pesar de su aparente variedad, y que unas sean novelas, otras comentarios, otras ensayos sueltos, otras poesías, no son, si bien fijas, más que un solo y mismo pensamiento fundamental que va desarrollándose en múltiples formas".



- "El escritor que hoy quiere ser leído, lo repito, ha de saber fabricar píldoras, extractos, quintaesencias. La cuestión estriba en hacerlo de modo que sean agradables de tomar; en saber dorarlas".



- "Son, pues, no pocos cuentos novelas abortadas, con lo que a menudo ganan. Pero otras veces pierden. Y así un cuento que sea más que un núcleo de novelas, como cuento es imperfecto, como imperfecta es la novela que no sea más que un estiramiento de un cuento".

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