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miércoles, 8 de enero de 2014

“Rayuela a través de sus portadas" por Cultura Colectiva agosto 26, 2013



“Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto”.
Decía el propio Cortázar que la edad ideal para leer Rayuela es a los 21 años, y sí, hay un dejo de verdad en la frase, aunque realmente la edad no importa cuando se quiere perder entre universos de personajes en los que, irónicamente, se puede encontrar uno mismo. Y porque el amor aparece en todos los momentos de la vida, el amor que uno cree elegir por amor, y una Maga sacude el guión y siempre, de una u otra forma, se desea pertenecer a un “Club de la Serpiente”.

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Publicada en 1963, Rayuela es la obra literaria más popular del argentino Julio Cortázar, y una de las piezas fundamentales del boom latinoamericano, considerada entre las mejores 100 novelas en español del siglo XX. Y es que es su argumento difuso, el que ubica en varios cuerpos y lo mismo se lee de amor que de arte, el que atrae, porque es leer de cierta forma a la vida pero sin que necesariamente tenga ésta una introducción, un nudo y un desenlace, y los días de la Maga, de Horacio, de Morelli, Talita o de Traveler no trascurren en sujeto, verbo y predicado. Es tal vez la forma en que la pluma de Cortázar golpeó contra el papel y quiso que no se leyera en un camino recto lo que hiciera tan popular Rayuela, o sólo y sólo puede ser la bondad de Cortázar por compartir en un mismo libro su conocimiento literario y su buen gusto musical, lo que lograra que el lector adquiriera múltiples conocimientos en una misma entrega de bolsillo.
Es Rayuela una lectura casi obligatoria y su alcance se ha dejado ver alrededor del mundo, por ello aquí un top 12: portadas de Rayuela, un juego literario que se lee de tres maneras:

12. Portada de Rayuela (2013) Julio Cortázar

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11. Skolice (Rayuela), edición croata de 2009

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10. Sotron (Rayuela), edición en rumano de 1998

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9. Rayuela: een hinkelspel (Rayuela), edición en neerlandés 1996

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8. Rayuela Himmel und Holle, edición en alemán de 1981

1372074250_748413_1372076985_album_normal7. Marelle (Rayuela), edición en francés de 1979

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6. Ishikeriasobi (Rayuela), edición en japonés de 1978

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5. O Jôgo da Amarelinha (Rayuela), edición en portugués de 1970

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4. Il gioco del mondo (Rayuela), edición en italiano de 1969

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3. Hopscotch (Rayuela), edición en inglés de 1967

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2. Rayuela

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1. Rayuela (1963)

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Con imágenes de El País.
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domingo, 7 de julio de 2013

Julio Cortázar: Rayuela (la contranovela) en Tertulia Porvenir XXI



"... La aparición de Rayuela en 1963 conmocionó el panorama cultural de su tiempo y supuso una verdadera revolución en la narrativa en lengua castellana: por primera vez un escritor llevaba hasta las últimas consecuencias la voluntad de transgredir el orden tradicional de una historia y el lenguaje para contarla. Cortázar empieza por proponer un acercamiento activo al libro y ofrece varias posibilidades de lectura: el lector ha de decidir. Después lo lleva a dos lugares distintos. «Del lado de allá», París, la relación de Oliveira y la Maga, el club de la serpiente, el primer descenso de Horacio a los infiernos; y «Del lado de acá», Buenos Aires, el encuentro de Tráveler y Talita, el circo, el manicomio, el segundo descenso. La novela tiene un total de 155 capítulos, que pueden ser leídos de diferente forma: a la lectura tradicional, es decir, empezando por la primera página y siguiendo el físico del texto hasta llegar al capítulo 56, y además el Tablero de dirección propone una lectura completamente distinta, saltando y alternando capítulos.
Para el funcionamiento de este conjunto semiótico, Cortázar diseña un programa narrativo, una estrategia innovadora vinculados con los procesos anteriores de ruptura. El primer eslabón son los Chants de Maldoror, del Conde de Lautréamont, con la adaptación de este principio dislocador: «No tener miedo al encuentro fortuito (que no lo será) de un paraguas y una máquina de coser en una mesa de disección». El Ulysses de James Joyce, citado varias veces por el novelista argentino, es otro modelo imitado: Horacio Oliveira recuerda los itinerarios de Leopoldo Bloom por el laberinto urbano dublinés y sus descontroladas fluencias psíquicas.Otra revelación es Alfred Jarry; precursor del surrealismo y del teatrodel absurdo. Más efectiva es la influencia del surrealismo. Cortázar alude a Eluard y Clével; se impresiona con la lectura de Opium, de Cocteau. Pero, sobre todo, utiliza a André Breton e incorpora a Rayuela algunos de sus procedimientos estructurales y psíquicos: -la inconexión, la ruptura del orden, la des construcción estructural.
No es posible hablar del argumento de Rayuela sin caer en inevitables reduccionismos que nos alejan del sentido de la obra, ya que lo relevante de esta novela no es lo intrincado o novedoso de la trama, sino el vasto universo psicológico de cada personaje y la relación que, desde este universo, establecen con el amor, la muerte, los celos y el arte.
La primera parte, Del lado de allá nos cuenta la vida de Horacio Oliveira, un argentino durante su estancia en París y la relación que tiene con la Maga, además de su grupo de amigos que forman el Club de la Serpiente, con los que entablan memorables conversaciones y discusiones que nos entregan la visión de Cortázar sobre diferentes aspectos del arte en la vida y de la vida en el arte, simultáneamente.
La segunda, Del lado de acá, el regreso de Oliveira a Buenos Aires, donde vive con su antigua novia; allí pasa largas horas con sus amigos Traveller y Talita; en el primero se ve a sí mismo antes de partir, en la segunda ve a la Maga, inolvidable y siempre presente.
Finalmente De otros lados, que agrupa materiales heterogéneos: complementos de la historia anterior, recortes de periódico, citas de libros y textos autocríticos atribuidos a Morelli, un viejo escritor (alter ego de Cortázar). Estas páginas, si bien en ocasiones se relacionan con los capítulos que las preceden, muchas veces no son más que estímulos imprecisos que Cortázar nos presenta para ayudarnos de alguna forma a alejarnos de la linealidad clásica de la literatura y sumergirnos en subtextos y subtextos de subtextos.
En su fondo y en su forma, Rayuela reivindica la importancia del lector y hasta cierta forma lo empuja a una actividad y protagonismo negado por la novela clásica en la que éste era llevado por la linealidad de una historia en la que lo más importante era «lo que pasaría al final». En Rayuela el argumento no importa o sólo importa en tanto es el escenario en que los personajes habitan y se desenvuelven, en una libre y profunda vitalidad que el autor les otorga y de la que él mismo dice no hacerse responsable. Lo que plantea este libro es la negación de la cotidianidad, para poder abrirse a otras realidades, donde las situaciones más absurdas se toman con total ligereza hasta lo más trágico es, tal vez, tomado con sentido del humor. Estos caminos que se plantean, y son un camino más para llegar al cielo de la Rayuela.
Muchos críticos se refieren a Rayuela como una antinovela, por el carácter innovador, ya que rompe con todos los cánones preestablecidos en la época de su edición. Sin embargo, no puede decirse lo mismo por parte del autor. Cortázar afirma en una entrevista que el término «antinovela» le parece una «tentativa un poco venenosa de destruir a la novela como género» por lo que prefiere el término contranovela. Cortázar busca con esta obra «ver de otra manera el contacto entre la novela y el lector», incitando a éste a que modifique su actitud pasiva frente a la obra, para tomar parte activa y crítica..."

Esta reseña es extracto y compendio de otras que se relacionan:
http://ruc.udc.es/dspace/bitstream/2183/8566/1/CC-05art11ocr.pdf

miércoles, 3 de abril de 2013

"El Facebook de Julio Cortázar" por Iván Thays (El País)



Rayuela1
Foto:  irëne
Esta semana he andado mucho en el Facebook. He leído a una amiga que pide que le recomienden libros distópicos en portugués y a otra que pregunta cuál es el método más eficiente para quitar una mancha de grasa del pantalón. He cruzado por la selva de fotografías con frases cristianas para compartir, bromas ingeniosas, chistes absurdos y las anécdotas divertidas, tristes y dulces al mismo tiempo, de un amigo que se está despidiendo así de su hermana enferma. He desplazado lecturas y películas planeadas, y no me arrepiento. El Facebook es un universo que se extiende y se renueva; somos muy afortunados de haber participado desde sus inicios de este momento.
Se me ocurre pensar qué hubiera pasado si este fenómeno hubiera sucedido a fines de los 50. Ahora, los sobrevivientes del Boom Literario miran con recelo e incluso menosprecio a las redes sociales, pero de haber sucedido cuando empezaban sus carreras literarias sin duda hubieran participado. Gabriel García Márquez tendría una página casi sin actividad, etiquetado en muchas fotos y textos de sus amigos, contestando con ironía alguna que otra frase. Jamás pondría "Me Gusta". A nada. Eso no va con él. Carlos Fuentes, por el contrario, sería un heavy user. Constantemente actualizaría su página con enlaces a lecturas, en francés, inglés y castellano, a noticias internacionales sobre política, cultura, economía. Colgaría largos, interminables estatus -cuando no "notas"- con posturas políticas (la literatura también ocuparía un lugar, pero menor) y crearía ábumes con fotografías donde se le vería, inevitablemente elegante y sonriente, en países remotos o sitios célebres. ¿Sería quizá un adicto al Foursquare? Probablemente, pero de ninguna manera al Twitter. Mario Vargas Llosa, por su parte, tendría un perfil parecido al de Carlos Fuentes, quizá más combativo pero menos frecuente. A diferencia de García Márquez y de Fuentes, sería muy selectivo al aceptar amistades, colgaría muy pocas fotos y antes que escribir estatus -que, sin duda, escribiría- se dedicaría a comentar en las páginas de los demás. Sería un argumentador feroz, culto e ingenioso, siempre con la última palabra y dispuesto a discutir incluso con los troll. De vez en cuando, algún familiar lo saludaría y Vargas Llosa no podría evitar poner debajo una frase amable y doméstica, siempre en plural: "Ha empezado el frío y es difícil acostumbrarse, pero estamos bien. Patricia y yo los recordamos siempre". Tampoco tendría Twitter. 
¿Y Julio Cortázar? Ninguno como él para aprovechar al máximo las redes sociales. No solo tendría una cuenta de Facebook o Twitter, sino de cualquier plataforma que apareciese, aunque solo fuera por curiosidad. Incluso, se me ocurre, tendría varias cuentas de Facebook, y aprovecharía la cuentas falsas para crear conversaciones y situaciones absurdas, cómicas o complejas en su cuenta real. ¿Quién escribe esto y contesta lo otro? Intervendría en todas las conversaciones (incluso en el consejo sobre el mejor método para sacar manchas de grasa), pondría centenares de "Me Gusta", colgaría videos de YouTube de jazz, situaciones extrañas, bromas y gatos. Compartiría memes divertidos. Hablaría de todo, incluso de deporte. Sus estatus políticos serían serios pero también escribiría textos divertidos, con el humor del libro de cronopios, o mostrando el lado ridículo de la seriedad como en Último round. Obviamente, lo suyo sería el juego de palabras. Sería adicto al Instagram. Subiría fotos de objetos, carteles, personas, paisajes, animales, todos fotografiados con su iPhone mientras pasea y acompañados por textos breves o titulados con ingenio. Su cuenta de Pinterest sería, simplemente, espléndida, de visita obligatoria, como un museo maravilloso donde cada foto es un hallazgo. Sus enlaces seguirían la misma lógica del asombro ante el absurdo del mundo. "Juegos de la imaginación, dice el señor cuerdo que nunca falta entre los locos" dijo alguna vez Cortázar, arrastrando las erres. Juegos de la imaginación también los míos, sin duda. El Facebook de Cortázar. ¿A quién se le ocurre?
Se me ocurre a mí y no sin razón. Se cumplen este año el cincuentenario de la primera edición de Rayuela y aunque el ambiente entre los lectores es festivo, los escritores -me incluyo- somos más escépticos. He leído varias declaraciones contra Rayuela, algunas incluso de inusitada violencia, y reconozco que estoy dispuesto a aceptar como válida la mayoría de críticas. En especial aquellas que sostienen que Cortázar es mejor cuentista y que Rayuela es una novela desigual. Lo es, aunque ¿qué novela de más de 300 páginas no es desigual? Nada puede impedir que el mundo de Rayuela haya envejecido tan rápido, mientras envejecían o se trivializaban sus preocupaciones. La filosofía zen, el pensamientos budista o las Mandalas se han convertido ahora en tema de libros de auto ayuda. Los hipervínculos, del que fue casi un precursor, son ahora cosa de todos los días y por eso Rayuela, en medio de la tecnología actual, parece un mamotreto inmanejable y tan anacrónico como solo puede serlo lo que fue alguna vez modernísimo. Además, la afición de Cortázar por las frases ingeniosas o entrañables, aforismos o grafitis que pintados en paredes cambiarían el mundo, ahora se frivolizan en memes o tuits para etiquetar y compartir.
Sin embargo, no tengo duda de que Rayuela sobrevivirá nuestro escepticismo no solo porque es una novela que dice cosas, sino porque las dice de una manera lúdica (por encima de la pomposidad de algunas escenas o ideas) que no se ha desactualizado sino, al contrario, se ha convertido en una marca registrada en las redes sociales. No es gratuito que el libro se titule como un juego de niños ni que, incluso en sus momentos más solemnes, aflore el lado divertido, la sonrisa que se ríe de sí mismo y celebra la travesura, el malentendido o el absurdo. Como ninguno, Cortázar consiguió captar una instantánea de su tiempo, aunque esa fortuna siempre pasa la factura. Aún así, lo lúdico se alza sobre cualquier hoguera prematura para decirnos que puede haber envejecido el mundo que originó Rayuela, pero jamás Rayuela.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Reflexión del maestro, para estar en paz (Julio Cortázar)




"Alguna noche de vino y de hierbas fumables, con The Soft Machine o John Coltrane afelpando el aire de reconciliación y contacto, lean en voz alta los poemas de Salinas, dibujen en un oído cegado por la tinta de imprenta ese árbol de poesía que Rilke sintió en el canto de Orfeo. No sé de mejor manera de pagar una larga deuda y recibir a la vez mucho más, infinitamente mucho más de lo que damos".

Julio Cortázar

sábado, 15 de septiembre de 2012

'Julio Cortázar en el matasellos' por Víctor Núñez Jaime


La edición integral en cinco tomos de las cartas del escritor ayuda a reconstruir su vida personal y el proceso de elaboración de algunos de sus libros mayores

 - EL PAÍS
  • El escritor argentino Julio Cortazar.

    Julio Cortázar se sentaba ante la máquina para escribir sus cartas y dejaba correr “el vasto río de los pensamientos y los afectos”. No le gustaba, sin embargo, guardar copias: “Hay que conocer muy mal a los cronopios para imaginar que guardan cartas”, le dijo en 1962 al director de cine Manuel Antín. En sus misivas, Cortázar contaba a sus familiares, amigos, editores y traductores un sinfín de vaivenes personales, la creación de sus libros, anécdotas de viaje, opiniones políticas o literarias: el reflejo de su época y su generación intelectual.
    Estas Cartas (Alfaguara) llegan en forma de una edición aumentada (con más de 1.000 cartas nuevas), ampliamente corregida y completada. Quien recorra este auténtico legado epistolar del autor de Rayuela asistirá por primera vez no solo a la gestación de algunos de sus libros mayores (Bestiario, Historias de cronopios y de famas o el propio Rayuela), sino también al nacimiento, consolidación y final del boom de la literatura latinoamericana, del que se cumplen 50 años.
    Después de la publicación en 2009 de Papeles inesperados, una colección de capítulos de libros, prólogos, artículos y cuentos inéditos hallados un día en una vieja cómoda, Aurora Bernárdez y Carles Álvarez García se propusieron corregir y aumentar, mediante un exhaustivo rastreo, los tres tomos ya publicados con la correspondencia del escritor argentino. El resultado son estos cinco volúmenes con más de 3.000 páginas que se leen como un diario o un relato autobiográfico.
    Muchas de estas cartas ofrecen detalles específicos del mundo cortazariano. Una vez Paul Blackburn, su traductor al inglés, le preguntó de dónde salieron los cronopios, “esos seres arquetípicos que se oponen a la fama”. Y el escritor respondió: “¿Cómo puedo saberlo? Yo estaba en el Teatro de los Campos Elíseos escuchando música y llegaron los cronopios. Simplemente llegaron, en cuerpo y alma. La única diferencia con la forma definitiva es que al principio eran más bien algo parecido a globos verdes y húmedos. Sus características humanas aparecieron después”.
    Hay, también, reclamos cariñosos. Cortázar le dice al editor Francisco Porrúa: “Hasta hace poco el silencio tenía un solo nombre en español, ese. Ahora se llama Porrúa, existe un silencio Porrúa, yo vivo desde hace un mes envuelto en una gran masa de silencio Porrúa. (...) Me basta mirar el abigarrado montón de mi fan-mail y las facturas a pagar para darme cuenta de que siempre hay un agujero cuadrado entre tantos colores, el silencio Porrúa con su estampilla de viento. (...) ¿Vos realmente podrías explicarme qué carajo pasa? Pero tomaré la delantera, te aplastaré con la arrolladora fuerza de mi generosidad, te escribiré una larga carta llena de consultas, dándote trabajo, obligándote a pedir expedientes y archivos, a dictar telegramas, a consultar asesores, te privaré de tu cafecito de las diez y media y de tu cinzano con bitter de las once y veinticinco. (...) Ahora me estoy divirtiendo mucho con Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante, que trata del ambiente habanero que conocí bastante a fondo”.
    Y hay, además, cartas y tarjetas postales dirigidas a Aurora Bernárdez, viuda y albacea de Cortázar, algunas respetuosas, algunas divertidas y otras sobre los trámites de su divorcio. Los tomos incluyen índices onomásticos y notas al pie con los datos relativos a publicaciones bibliográficas y hemerográficas.
    Carles Álvarez explica que en estos cinco volúmenes se muestra “cómo fue la construcción del individuo desde varias perspectivas: la ideológica, la estética, la sentimental... Sin llegar nunca (o muy raramente) a la confesión íntima (...) A mí me divierten las trifulcas con algunos editores y las discusiones con algunos traductores, pero si hubiera que destacar un rasgo dominante es el de la amistad que en muchos casos sobrevive décadas y en otros pocos se interrumpe súbitamente y sin mayores explicaciones”.

    jueves, 30 de agosto de 2012

    'Las palabras que inventó Julio Cortázar' por David González en aviondepapel.tv



    Una relectura del capítulo 68 de Rayuela nos adentra en aquellas palabras inventadas por Julio Cortázar. En apenas unos párrafos, el escritor argentino, nacido un 24 de agosto de 1914, nos regala un lenguaje íntimo y sugerente que narra el encuentro amoroso entre La Maga y Horacio Oliveira.





    Julio Cortázar siempre consideraba la literatura como un juego. El escritor argentino jugaba con los géneros, jugaba con las formas, pero también con el lenguaje.

    “Yo ya no podía aceptar el diccionario, ni aceptar la gramática. (…) El buen escritor es ese hombre que modifica parcialmente el lenguaje. (…) Los prosistas introducen toda clase de trasgresiones que hacen palidecer a los gramáticos y que luego son aceptadas y entran en los diccionarios”, explicaba Cortázar.

    Entre sus invenciones, nos dejó ese significado ambiguo que cada lector le encuentra a los cronopios, a las famas y a las esperanzas en sus serie de relatos. Sin embargo, quizás sea el capítulo 68 de Rayuela, su anti-novela collage, donde el lenguaje creado por Cortázar cobre su máximo protagonismo formal.

    Cuando releemos el capítulo 68 de Rayuela, el escritor nos adentra en un nuevo mundo de palabras imaginarias, como ya lo había hecho Lewis Carrol en su poema "Jabberwocky" u otros escritores vanguardistas. Aquí, Cortázar nos entrega un capítulo digno de la Torre de Babel.

    “Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo”.

    El glíglico o lenguaje inventado de estos párrafos funciona como juego y como un verdadero quebradero de cabeza para los traductores la obra cortazariana.

    No en vano, Cortázar inserta palabras imaginarias junto con otras incluidas en los diccionarios, para crear más verosimilitud en el lector. El resultado es una narración íntima entre los dos protagonistas de Rayuela, La Maga y Oliveira, que activa la imaginación del lector.

    Así, en este capítulo 68, leemos las palabras que inventan estos dos enamorados para describirnos uno de sus encuentros amorosos. Toda pareja usa ciertos vocablos solo reconocibles por ellos mismos, cuyos significados son ajenos al resto del mundo. Cortázar juega y el lector participa.

    "Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé!"

    Una vez que el lector asume la invención, se deja seducir por la melodía de estos nuevos vocablos creados por el autor de Rayuela. Apenas importa el significado, la música de cada palabra crea una nueva y melódica sintaxis que nos muestra la sensualidad de la escena.

    “Vemos, una vez más, la complicidad con el lector, que, en este caso, se puede volver en contra de él, pues se avergonzará, quizás, al comprobar como su imaginación ha recurrido a términos más gráficos que los empleados por el escritor”, escribe Andrés Amorós en el prólogo de Rayuela publicado por la editorial Cátedra.

    Julio Cortázar murió el 14 de febrero de 1984 y fue enterrado en Montparnasse, el cementerio parisino al que acuden muchos de sus seguidores y donde descansan sus restos, junto a su última pareja, Carol Dunlop. El autor argentino nació el 24 de agosto de 1914. Justo este mes, el Cronopio Mayor celebraría su 98 cumpleaños.

    Glíglico (Wikipedia)


    El glíglico en Rayuela por Daniel González Dueñas
    Julio Cortázar en Lenliblog

    El glíglico es un lenguaje creado por Julio Cortázar y presente en su novela Rayuela, cuyo capítulo 68, que evoca una escena erótica, está completamente escrito en él. Se trata de un lenguaje musical que se interpreta como un juego, además de ser un lenguaje exclusivo, compartido por los enamorados, que los aísla del resto del mundo.

    Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.


    Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 68

    Aunque a primera vista parece carecer de sentido, una lectura más detallada permite ver que en realidad es bastante comprensible. El glíglico tiene la misma sintaxis y morfología que el español, usando palabras normales con otras inventadas pero reconocibles como sustantivos o verbos, y puntuando correctamente las frases. Una posible fuente de inspiración es el Jabberwocky de Lewis Carroll. Hay posibles antecedentes entre los poetas de la vanguardia latinoamericana, como Vicente Huidobro u Oliverio Girondo.

    martes, 29 de mayo de 2012

    Julio Cortázar stand up: el extraño humor de un cronopio





    En sus textos combina como pocos la humorada, el ensayo y el relato. Su humor, inclasificable, evoca al mismo tiempo el disparate, la ironía, y la irreverencia profunda. Su humor no es fácil ni común ni gratuito y no busca la risa. Aquí, una muestra de su fina ironía. Famas, abstenerse.

    por Patricia Rodón


    Julio Florencio Cortázar (Bruselas, 1914-Paris, 1984), uno de los grandes escritores argentinos de todos los tiempos, ofrece en sus obras un magnífico y singular ejemplo de humorismo.

    En sus textos misceláneos Historias de Cronopios y de Famas, La vuelta al día en ochenta mundos, Último round y Un tal Lucas combina como pocos la humorada, el ensayo y el relato. Su humor, inclasificable, evoca al mismo tiempo el disparate, la ironía, y la irreverencia profunda como la que campea en su cuento “De la seriedad en los velorios”. 

    La exquisita mixtura entre lo absurdo, lo fantástico y el humor fueron las claves de su literatura: “Quiero decir que un claro sentimiento del absurdo nos sitúa mejor y más lúcidamente que la seguridad de raíz kantiana según la cual los fenómenos son mediatizaciones de una realidad inalcanzable pero que de todas maneras les sirve de garantía por un año contra toda rotura”, explicó él mismo. O dicho de otro modo, esa particular manera de “acorralar lo fantástico en lo real, realizarlo”.

    El humor de Cortázar no es fácil ni común ni gratuito, no busca la risa, sino que es un humor metafísico, a veces trágico, siempre irónico y casi negro.

    Desde esa perspectiva, se describe sin pudores en una carta de 1963:

    "Nací en Bruselas en agosto de 1914. Signo astrológico, Virgo; por consiguiente, asténico, tendencias intelectuales, mi planeta es Mercurio y mi color el gris (aunque en realidad me gusta el verde)". 

    "Mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia; a mi padre lo incorporaron a una misión comercial cerca de la legación argentina en Bélgica, y como acababa de casarse se llevo a mi madre a Bruselas. Me tocó, nacer en los días de la ocupación de Bruselas por los alemanes, a comienzos de la primera guerra mundial. Tenía casi cuatro años cuando mi familia pudo volver a la Argentina; hablaba sobre todo francés, y de el me quedo la manera de pronunciar la «r», que nunca pude quitarme.

    "Crecí en Banfield, pueblo suburbano de Buenos Aires, en una casa con un gran jardín lleno de gatos, perros, tortugas y cotorras: el paraíso. Pero en ese paraíso yo era Adán, en el sentido de que no guardo un recuerdo feliz de mi infancia; demasiadas servidumbres, una sensibilidad excesiva, una tristeza frecuente, asma, brazos rotos, primeros amores desesperados. (Los venenos es muy autobiográfico.)

    "Estudios secundarios en Buenos Aires: maestro normal en 1932. Profesor normal en letras en 1935. Primeros empleos, cátedras en pueblos y ciudades de campo, paso por Mendoza en 1944-1945 después de siete años de enseñar en escuelas secundarias. Renuncia a través del fracaso del movimiento antiperonista en el que anduve metido, vuelta a Buenos Aires. Ya llevaba diez años escribiendo, pero no publicaba nada o casi nada (el tomito de sonetos, quizá un cuento). De 1946 a 1951, vida porteña, solitaria e independiente; convencido de ser un solterón irreductible, amigo de muy poca gente, melómano lector a jornada completa, enamorado del cine, burguesito ciego a todo lo que pasaba más allá de la esfera de lo estético. Traductor público nacional. Gran oficio para una vida como la mía en ese entonces, egoístamente solitaria e independiente”.

    Aquí, un puñado de sus expresivas frases tomadas de sus libros, cartas y entrevistas:

    - “Cuando mis cronopios hicieron algunas de las suyas en Corrientes y Esmeralda, un eminente intelectual exclamó: ¡Qué lástima, pensar que era un escritor tan serio!”.

    - "No tiene importancia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí”.

    - “Pero seamos serios y observemos que el humor, desterrado de nuestras letras contemporáneas (Macedonio, el primer Borges, el primer Nalé, César Bruto, Marechal a ratos, son outsiders escandalosos en nuestro hipódromo literario) representa, mal que les pese a Los tortugones, una constante del espíritu argentino. ¿Por qué diablos hay entre nuestra vida y nuestra literatura una especie de "muro de la vergüenza? En el momento de ponerse a trabajar en un cuento o una novela el escritor típico se calza el cuello duro y se sube a lo más alto del ropero. A cuántos conocí que si hubieran escrito como pensaban, inventaban o hablaban en las mesas de café o en las charlas después de un concierto o un match de box, habrían conseguido esa admiración cuya ausencia siguen atribuyendo a las razones deploradas con lágrimas y folletos por las sociedades de escritores: snobismo del público que prefiere a los extranjeros sin mirar lo que tiene en casa, alevosa perversidad de los editores, y no sigamos que va a llorar hasta el nene”.

    - "Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo”.

    - “A los humoristas les pegan de entrada la etiqueta para distinguirlos higiénicamente de los escritores serios. Cuando mis cronopios hicieron algunas de de las suyas en Corrientes y Esmeralda, huna heminente hintelectual hexclamó (sic): “¡Qué lástima, pensar que era un escritor tan serio! Sólo se acepta el humor en su estricta jaulita, y ojo con trinar mientras suena la sinfónica porque lo dejamos sin alpiste para que aprenda”.

    - “A lo único que hay que acostumbrarse es a la sorpresa”.

    - “En literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay tan sólo temas bien o mal tratados”.

    - "Nada, realmente nada, pero sucede que nada más nada no da nada sino que a veces da un poquito de algo”.

    - “Todos los opresores, los censores, los comisarios no tienen sentido del humor y además son malos amantes”.

    - “Hay que distinguir entre alegría más o menos ingenua y humor. Yo creo que el sentido del humor trataré de conservarlo mientras viva, porque me parece una cosa muy seria y un ingrediente capital en toda buena literatura”.

    - “¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la felicidad no es más que uno de los juegos de la ilusión?”.

    - “Los milagros nunca me han parecido absurdos, sino lo que los precede y lo que les sigue”.

    - “Si cuando sucedía algo desagradable te defendías con humor salías mejor parado que tu amigo o compañero que no disponía de esa arma, que no veía mas que lo trágico. Bueno, de ahí a lo lúdico no hay más que un paso”. 

    - “Yo no soy el zombie de nadie”. 

    - "Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo".

    - "El ajedrez es un juego que me apasionó de joven, pero un buen día me empezó a tomar demasiado tiempo y entonces lo eliminé".

    - “No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mí”.

    - “Hace rato que la gente sospecha que la vida y los seres vivientes son cosas aparte”.

    - “Lo que llamamos absurdo es nuestra ignorancia”.

    - “La explicación es un error bien vestido”.

    - “La verdadera explicación sencillamente no se puede explicar”.

    - “La coma, esa puerta giratoria del pensamiento”.

    - “Nunca se me ocurrió ir al psicoanalista; mis tormentas personales las fui resolviendo a mi manera, es decir, con mi máquina de escribir y ese sentido del humor que me reprochan las personas serias”.

    - "‎No se puede querer lo que quiero, y en la forma en que lo quiero, y de yapa compartir la vida con los otros".

    - “Siempre seré un niño para tantas cosas, pero uno de esos niños que llevan consigo al adulto, de manera que cuando el monstruito llega verdaderamente a adulto  ocurre que a su vez éste lleva consigo al niño”.

    - “El monstruito sigue firme... Y me gusta, y soy  terriblemente feliz en mi infierno, y escribo”.

    - "La risa, ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra”.

    - “En fin, literatura...”.


    lunes, 30 de abril de 2012

    Cortázar y el Jazz por Oscar Bustamante (de la Revista Literaria AZULaRTE)


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    Por Oscar Bustamante


    Por ahí, en alguna parte de La vuelta al día en ochenta mundos, dice Cortázar, autodefiniéndose: “…a veces soy mas grande que el caballo que monto y otro día me caigo en uno de mis zapatos y me doy un golpe terrible, sin contar el trabajo para salir”. Y agrega luego: “…Y me gusta, y soy terriblemente feliz en mi infierno, y escribo. Vivo y escribo amenazado por esa lateralidad, por ese paralaje verdadero, por ese estar siempre un poco mas a la izquierda o mas al fondo del lugar donde se debería estar para que todo cuajara satisfactoriamente en un día mas sin conflictos”. 



    Connotaciones políticas a un lado, Cortázar amaba el jazz, y el jazz siempre ha estado a la izquierda en música. Evolutiva desde su nacimiento en Nueva Orleáns, a fines del siglo pasado, ha evolucionado acompañando a los tiempos, o bien anticipándolos, como lo hicieron Lester Young y Charlie Parker, los jazzistas predilectos de Cortázar. Música amenazada por la “lateralidad” desde que en los albores de la esclavitud a los negros les fueron prohibidos los tambores (por medio de ellos podían comunicarse entre plantaciones de algodón y llamar a alzamientos) y quedaron reducidos sólo a sus cantos: blues. Ciento cincuenta años más tarde, aún estos creadores de la música que corre por las venas del siglo veinte impregnándolo del ritmo del tambor y de su alegría triste, estos artistas debían entrar a los lugares donde entregaban su arte por la puerta trasera, aquella lateral por la que le gustaba circular a Cortázar. 



    “Por el jazz salgo siempre a lo abierto, me libro del cangrejo de lo idéntico…” afirma Cortázar. Lateralidad y libertad. Las dos palabras desde las cuales él arma sus mundos tan originales. Poco mas adelantes agrega: “Todo lo que escribo se ordena bajo el signo de la excentricidad. Escribo por falencia, por descolocación”. 



    ¿Y qué raíces tiene el jazz, si no esas mismas? 

    La raza negra, proveniente de tribus despreciadas, buscada un espacio, una identidad, un espejo desde el cual brotaran destellos de dignidad. Arrojada a la deriva en las playas de América, con su música abrió una brecha irresistible y transgresora. Lo bello, lo verdaderamente artístico siempre deja un eco, un leve temblor en la siesta cotidiana que nos aparta del aburrimiento y del vació. En la literatura de Cortázar, en su excentricidad, hay una ventana abierta al lado oscuro de nuestra imaginación. Releyendo Casa tomada, al igual que aquella primera vez hace años, volví a sentir que la infancia se me había quedado perdida entre las paredes que me vieron nacer. Entonces, como ahora, comprendí que irremediablemente estamos encadenados a la nostalgia de los ínfimos: la fotografía de un pariente remoto en un rincón, una puerta entreabierta a un dormitorio en penumbras, la luz de otoño en las baldosas del patio, una gotera intermitente en una tarde de lluvia. Cortázar sabia de esas cosas: la mirada hacia la puerta lateral. 



    Tomar un libro de Cortázar es un riesgo. Siempre se termina asomado a algún balcón de nuestra intimidad. Sus juegos narrativos no so juegos, son un mecanismo sutil y certero para despertarnos de la siesta apacible y escarbar nuestras debilidades como en el breve cuento El rió, en que la desidia, ya sea por rutina, o simplemente porque el amor se ha descolorado de tanto refregar sus atuendos, se queda sin ternura y concluye en tragedia. 



    Las técnicas narrativas de Cortázar, en algunos de sus cuentos, y también en su novela mayor, Rayuela, por momentos avasallan el contenido quedando atrapado en su propio ingenio, una especie de deleite en sus florituras verbales, en su virtuosismo y pirotecnia, para cargar la frase de significados y giros lingüísticos. Hay temas en que a Parker le ocurría lo mismo con su fraseo vertiginoso, arrinconando a la melodía. Cortázar tenía una explicación para ello. Haciendo alusión al “take” en jazz – él lo definía como las sucesivas grabaciones de un mismo tema en el curso de una sesión fonográfica en que el disco definitivo incluirá sólo el mejor “take”, que desgraciadamente no siempre es el mejor – afirmaba: “Lo mejor en literatura es siempre “take”, riesgo implícito en la ejecución… Yo no quisiera hacer más que “takes”. La improvisación, pilar sobre la que el jazz evoluciona constantemente, tuvo en Parker al mas arriesgado de todos los jazzistas, quien en cada ejecución saltaba al vació, tal vez sabiendo que para él siempre había sólo un primer “take”. 



    En cuanto a Cortázar, personalmente me llegan mas aquellos “takes” como los antes mencionados, y especialmente el cuento, Final del juego, donde con breves pinceladas del transcurrir de tardes de juegos inocentes nos devela el paso misterioso de la niñez a la juventud. Aquí nada está de más: pareciera que no fuesen palabras escritas, sino que un maravilloso mago, con sutiles movimientos y señales, nos estuviese develando el misterio. Charlie Parker hace algo parecido cuando sopla How deep is the ocean, o, Scrapple from the apple.  



    Parker, Bruno y Cortázar… 

    La obra de Cortázar está salpicada de inserciones jazzisticas, ya sea en el contexto de sus cuentos y novelas, o bien en artículos que exaltan sus músicos predilectos: Carter, Monk, Brown, Armstrong, Young. Parker. Con su juego verbal los acerca a tronos celestiales. Respecto a Clifford Brown dice: “Cuando quiero saber lo que vive el shaman en lo mas alto del árbol del pasaje, cara a cara con la noche del tiempo, escucho una vez el testamento de Clifford, como un aletazo que desgarra lo continuo, que inventa una isla de absoluto en el desorden”. 



    De Thelonious Monk: “Cuando Thelonious se sienta al piano toda la sala se sienta con él y produce un murmullo colectivo del tamaño exacto del alivio, porque el recorrido tangencial de Thelonious tiene algo de riesgoso cabotaje fenicio con probables varamientos en las sirtes, y cuando la nave de oscura miel y bárbaro capitán llega a puerto, la recibe el muelle masónico de Victoria Hall, con un suspiro de alas apaciguadas, de tajamares cumplidos”. 

    En el cuento El perseguidor, su obra en homenaje a Parker, sus elogios y admiración por el mítico saxofonista con de igual tenor, a pesar de la distancia que intenta tomar como narrador. Aquí Cortázar se disfraza tras Bruno, el exitoso critico de jazz que sigue la trayectoria de Johnny Carter (Parker), a quien siente haber descubierto, intelectualizando la revolución musical del “beebop” iniciada por el músico en los inicios del “beat culture”. El trasfondo de la obra queda en evidencia rápidamente: el crítico cree leer el alma de Parker y comprender su desamparo, al mismo tiempo que utiliza su grandeza musical para acrecentar su propio prestigio. Este pecado carcome a Bruno a lo largo de todo el cuento. Siente que lo comprende, está a su lado en los momentos de crisis de drogadicción, le consigue un saxo para reemplazar aquel perdido en el Metro de Paris, lo escucha en sus monólogos de frustración, exalta su talento, lamenta que sus mujeres amparen sus vicios. Pero él sabe que todo ello no es suficiente, porque como dice Johnny, él está al otro lado de la puerta. Bruno sentencia: “Pienso que si Johnny pudiera orientar su vida, incluso sin sacrificarle nada, ni siquiera la droga, y si pilotara mejor ese avión que desde hace cinco años vuela a ciegas, quizás acabaría en lo peor, en la locura completa, en la puerta, pero no sin haber tocado a fondo lo que busca en sus tristes monólogos a posteriori”. Luego dice: “Claro, todo esto lo sostengo desde mi cobardía personal”. 



    El que habla es Cortázar, naturalmente. Más aún cuando Bruno diserta sobre el “beebop” en largas afirmaciones acerca de cómo este movimiento “rasgo la costra de las costumbres en pedazos”. Por momentos pareciera que Cortázar teje toda la trama sólo para hablar de jazz y al escoger a Parker como centro de su exposición quedara preso de toda la información y mitología que rodea a este músico carismático y trágico. Bruno sentencia: “En el fondo somos una banda de egoístas, so pretexto de salvar a Johnny, lo que hacemos es salvar nuestra idea de él, prepararnos a los nuevos placeres que va a darnos Johnny, sacarle brillo a la estatua que hemos erigido entre todos y defenderla, cueste lo que cueste”. En seguida concluye: “…y toda la sensibilidad del mundo no paga el momentáneo descubrimiento de que uno es una triste porquería al lado de un tipo como Johnny”. 



    No puedo dejar a un lado la idea de que la admiración de Cortázar por Parker lo traiciona en El Perseguidor. Incluso, aquellos soliloquios en que Bruno rezonga de Johnny se parecen a mando que no es una victima, tampoco un perseguido y que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares de cazador y no de animal acosado. “¿Qué mundo es éste que me toca cargar como un fardo? ¿Qué clase de evangelista soy? En Johnny no hay la menor grandeza; lo he sabido desde que lo conocí, desde que comencé a admirarlo”. 

    Siento que lo que Parker verdaderamente escondía en su alma sigue oculto. El Perseguidor, con toda su belleza literaria, en el fondo dice lo mismo que Miles Davis en la primera frase del prologo de su autobiografía: “Mira, la sensación mas fuerte que he experimentado en mi vida (con la ropa puesta) fue cuando por primera vez oí a Diz (Gillespie) y a Bird (Parker) juntos en St Louis, Missouri, allá por el año 1944… Tío, la parida era tan fuerte que asustaba… Aquella santa mierda me inundó el cuerpo, precisamente la música que quería oír, Algo grande”. 

    Tal vez Cortázar lo amaba demasiado. Por ahí se confiesa: “En días de lluvia me pongo nostálgico y húmedo y lo único que me ayuda son los viejos discos de Bessie Smith, también Lester Young… y de Bird”. 



    Los amaba demasiado a los dos, a Parker y al Jazz.

    Revista Literaria AZUL@RTE

    "Julio Cortázar escribe sobre Thelonious Monk" del blog Minton's




    Y ya que la entrada de ayer era literaria, seguimos con la literatura. En la ocasión, una singular crónica de Julio Cortázar, tomada de La vuelta al día en ochenta mundos (originariamente publicado en México, Siglo XXI; 1967, con reedición en Buenos Aires, Siglo XXI, 2009).







    La vuelta al piano de Thelonious Monk

     Concierto del cuarteto de Thelonious Monk
    en Ginebra, marzo de 1966
    
    En Ginebra de día está la oficina de las Naciones Unidas pero de noche hay que vivir y entonces de golpe un afiche en todas partes con noticias de Thelonious Monk y Charles Rouse, es fácilcomprender la carrera al Victoria Hall para fila cinco al centro, los tragos propiciatorios en el bar de la esquina, las hormigas de la alegría, las veintiuna que son interminablemente las diecinueve y treinta, las veinte, las veinte y cuatro, el tercher whisky, Claude Tarnaud que propone una fondue, su mujer y la mía que se miran consternadas pero después se comen la mayor parte, especialmente el final que siempre es lo mejor de la fondue, el vin blanco que agita sus patitas en las copas, el mundo a la espalda y Thelonious, semejante al cometa que exactamdente dentro de cinco minutos se llevará un pedazo de la tierra como Héctor  Servadac, en todo caso un pedazo de Ginebra con la estatua de Calvino y los cronómetros Vacheron & Constantin.

    Ahora se apagan las luces, nos miramos todavía con ese ligero temblor de despedida que nos gana siempre al empezar un concierto (cruzaremos un río, habrá otro tiempo, el óbolo está listo) y ya el contrabajo levanta su instrumento y lo sondea, brevemente la escobilla recorre el aire del timbal como un escalobrío, y desde el fondo, dando una vueta por completo innecesaria, un oso con birrete entre turco y solideo se encamina hacia el plano poniendo un pie delante de otro con un cuidado que hace pensar en minas abandonadas o en esos cultivos de flores de los déspotas sasánidas en que cada flor hollada era una lenta muerte del jardinero. Cuando Thelonious se sienta al piano toda la sala se sienta con él y produce un murmullo  colectivo del tamaño exacto del alivio, porque el recorrido tangencial de Thelonious por el escenario tiene algo de riesgoso cabotaje fenicio con probables varamientos en las sirtes, y cuando la nave de oscura miel y barbado capitán llega a puerto, la recibe el muelle masónico de Victoria Hall con un suspiro como de alas apaciguadas, de tajamares cumplidos. Entonces es "Pannonica", o "Blue Monk", tres sombras como espigas rodean al oso investigando las colmenas del teclado, las burdas zarpas bondadosas yendo y viniendo entre abejas desconcertadas y exágonos de sonido, ha pasado apenas un minuto y ya estamos en la noche fuera del tiempo, la noche primitiva y delicada de Thelonious Monk.

    Pero eso no se explica: A rose is a rose is a rose. Se está en una tregua, hay intercesor, quizá en alguna esfera nos redimen. Y luego, cuando Charles Rouse da un paso hacia el micrófono y su saxo dibuja imperiosamente las razones por las que está ahí, Thelonious deja caer las manos, escucha un instante, posa todavía un leve acorde con la izquierda, y el oso se levanta hamacándose, harto de miel o buscando un musgo propicio a la modorra, saliéndose del taburete se apoya en el borde del piano marcando el ritmo con el zapato y el birrete, los dedos van resbalando por el piano, primero al borde mismo del teclado donde podría haber un cenicero y una cerveza pero no hay más que Steinway & Sons, y luego inician imperceptiblemente un safari de dedos por el borde de la caja del piano mientras el oso se hamaca cadencioso porque Rouse y el contrabajo y el percusionista están enredados en el misterio mismo de su trinidad y Thelonious viaja vertiginoso sin moverse, pasando de centímetro en centímetro rumbo a la cola del piano a la que no llegará, se sabe que no lelgará porque para llegar le haría falta más tiempo que a Phileas Fogg, más trineos de vela, rápidos de miel de abeto, elefantes y trenes endurecidos por la velocidad para salvar el abismo de un puente roto, de manera que Thelonious viaja a su manera, apoyándose en un pie y luego en otro sin salirse del lugar, cabeceando en el puente de su Pequod varado en un teatro, y cada tanto moviendo los dedos para ganar un centímetro mil millas, quedándose otra vez quieto y como precavido, tomando la altura con un sextante de humo y renunciando a seguir adelante y llegar al extremo de la caja del piano, hasta que la mano abandona el borde, el oso gira paulatino y todo podría ocurrir en ese instante en que le falta el apoyo, es que flota como un alción sobre el ritmo donde Charles Rouse etá echando las últimas vehementes largas admirables pinceladas de violeta y de rojo, sentimos el vacío de Thelonious apartado del borde del piano, el interminable diástole de un solo inmenso corazón donde laten todas nuestras sangres, y exactamente entonces su otra mano se toma del piano, el oso se balancea amablemente y regresa nube a nube hacia el teclad, lo mira como por primera vez, pasea por el aire los dedos indecisos, los deja caer y estamos salvados, hay Thelonious capitán, hay rumbo por un rato, y el gesto de Rouse al retroceder mientras desprende el saxo del soporte tiene algo de entrega de poderes, de legado que devuelve al Dogo las llaves de la serenísima-

    domingo, 29 de abril de 2012

    Julio Cortázar se sube a la red


    Entre la colección que están digitalizados es Bestiario, Final de juego entre otros. ESPECIAL




    En la página web también destacan autores como García Márquez e Isabel Allende

    Los lectores tendrán, por primera vez en formato digital, los veintiún títulos de este maestro del relato breve

    MADRID, ESPAÑA (26/ABR/2012).- Rayuela, Historia de Cronopios y famas o El perseguidor, son algunas de las veintiún obras del escritor argentino Julio Cortázar que se acaban de subir a la red en formato de libro electrónico lanzados por la editorial digital Leer-e.

    Estos títulos de Julio Cortázar se suman a la colección "Palabras Mayores", el proyecto que ha firmado la editorial Leer-e con la agente literaria Carmen Balcells para digitalizar los libros de grandes autores ente los que destacan Gabriel García Márquez e Isabel Allende, según informa la editorial.

    Así, los lectores tendrán, por primera vez en formato digital, los veintiún títulos de este maestro del relato breve y una de las figuras claves del siglo XX, como toda la colección de cuentos, entre ellos, Bestiario, Final de juego, La otra orilla o Las armas secretas.

    Precisamente Las armas secretas fue el tercer libro de cuentos que editó el genial escritor en 1959 e incluye uno de sus relatos más famosos, El perseguidor, que narra la historia de un magnifico músico saxofonista, inspirado en la figura de Charlie Parker.

    Rayuela, que es uno, o muchos libros, y obra clave del llamado 'boom latinoamericano', se publicó en 1963, y hoy es todo un clásico mundial, como Cien años de soledad. Su publicación supuso una gran revolución por su singular modo de narración, ya que se puede leer de varias maneras distintas.

    "Encontraría a la Maga? tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Siene, el arco que da al Quai de Conti..." así comienza la mítica Rayuela, que desde esta semana estará a disposición de los lectores en la red por 4.99 euros (5,68 dólares).

    La primera semana estará en la plataforma casadellibro.com gracias al acuerdo entre Editorial Digital, Leer-e y Casa del libro.

    Después toda la obra de Cortázar estará en Leer-e, la editorial digital que próximamente pondrá también en la web la obra de los chilenos Antonio Skarmeta, José Donoso y el poeta Pablo Neruda.

    domingo, 29 de enero de 2012

    Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y el Jazz



    No sé si conocéis mi afición al jazz, pocos lo saben; pero es la música que, junto con  el blog, me desvela o espabila, según se mire, por las mañanas; también, no desde hace mucho, es la que viaja conmigo en el iPod, alternando con el Rock. De mi afición a Córtazar sí que sabéis más e, incluso, de que El perseguidor es uno de los textos que más me "inquietan". Quién hubiera podido viajar en ese tren... Este artículo no deja de ser un pretexto para escribir sobre ello. 

    Escrito por Pepe Aedo el 26 de septiembre de 2008 


    El miedo a los aviones hizo que, en 1968, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes vivieran una noche bastante peculiar durante un viaje en tren que compartieron desde París a Praga.
    dibujo1 Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y el JazzAl parece los tres célebres escritores del boom de escritores latinoamericanos (sólo faltaba Vargas Llosa que seguramente ama los viajes en avión) se encontraban en el tren, cuando Fuentes le hizo una pregunta casual a Cortázar acerca de la fecha de incorporación del piano en las formaciones típicas de las bandas de jazz.
    Según García Márquez, que es quien cuenta esta historia, la pregunta era casual y no pretendía más que llenar algún silencio incómodo. Pero la respuesta de Cortázar fue una extensa disertación acerca de la música de jazz y sus interpretes, que se continuó hasta el amanecer, y que además estuvo condimentada de abundante cerveza y salchichas con papas.
    Cortázar, como sabe cualquiera que frecuente sus obras, era gran aficionado, más que eso, un verdadero fanático del jazz, tanto que algunos de sus cuentos más celebres se ambientan en el mundo de los saxofones y las trompetas, el cuento El perseguidor es el ejemplo más notorio.
    El destino del tren era París pero el destino a donde llegó la cátedra impartida por Cortázar a sus colegas fue una apología del excelso pianista Thelonious Monk cuando el amanecer marcaba el fin de la noche.
    Esta historia la narra García Márquez en el prólogo del reciente libro del mexicano Ignacio Solares sobre el entrañable escritor argentino que se titula  Imagen de Julio Cortázar.

    Artículo de Wikipedia
    Imágenes de jazz
    Vídeos sobre jazz
    Noticias sobre jazz
    Literatura jazzistica en castellano
    Los cien mejores discos de la historia del jazz
    A todo jazz - RNE - Juan Claudio Cifuentes, "Cifu"
    LOS VEINTE MEJORES ÁLBUMES DEL JAZZ: Del hard bop al jazz fusión por Daniel Herrera y Joaquín Peón Iñiguez


    25 DISCOS DE JAZZ: UNA GUÍA ESENCIAL
    The following article is a list of CDs containing some of the best jazz recorded in the 20th century. Although we are aware that 65 currently available CDs (25 “essentials” plus other 40) are not enough to summarize the history of recorded jazz, we have tried our best to offer a view as balanced and representative as possible of this music’s first eighty years, or at least a taster of what this diverse and ever-changing music has to offer.

    PRESENTACIÓN
    Lo que sigue a continuación es una selección de CDs de jazz con grabaciones realizadas entre 1917 y 2000, periodo que hemos dividido en cuatro partes de aproximadamente 20 años. Los discos están agrupados en 25 “esenciales” y 40 “complementarios”, siguiendo un criterio resultante de la combinación de factores que abarcan desde los motivos estrictamente musicales hasta la disponibilidad real en el mercado español, pasando por la calidad de sonido de las reediciones y el equilibrio entre la diversidad y la representatividad en cada periodo.
    El desarrollo del jazz está estrechamente ligado al de la industria discográfica. La improvisación, como composición espontánea, convierte al jazz en la más efímera de las músicas, y su rápida evolución y difusión en menos de un siglo no habrían sido posibles sin la tecnología de grabación de sonidos: gracias a ella, el músico aprendiz puede escuchar un mismo pasaje cuantas veces sea necesario, independientemente de la distancia espacial o temporal que le separe del intérprete emulado, con una riqueza de matices de timbre y ritmo imposible de reflejar en papel pautado.
    En cuanto al formato en sí, hemos limitado esta selección a las ediciones en CD por ser el soporte más extendido, a pesar de que aún sobrevive el LP y los nuevos formatos de compresión de sonido cobran más fuerza cada día que pasa. Respecto a la disponibilidad de las ediciones, aunque hemos incluido únicamente discos en catálogo, hay que señalar que el CD es un formato que se presta especialmente al mercado de segunda mano, que merece la pena investigar.
    Dado el carácter retrospectivo de esta selección, es necesario un breve apunte sobre las reediciones. En todos los casos hemos procurado escoger las publicadas por los propietarios de las grabaciones originales o por sellos de reputación contrastada. El motivo es simple: las reediciones “oficiales” casi siempre ofrecen la mejor calidad de sonido, una consideración nada desdeñable, particularmente cuando hablamos de la música de entreguerras.
    La decisión del número de discos que contiene esta selección, 25 más 40, se tomó pensando en quienes quieren empezar a introducirse en esta música. Aunque hemos tratado de cuajar una colección representativa, el jazz –o “los jazz”, como clama la mancheta de la revista francesa “Jazzman”– es demasiado diverso y rico para lograrlo con 65 discos (como referencia, en su “Jazz On Record” el reputado Brian Priestley afirma que una colección de 300 volúmenes apenas sería representativa).
    Ha de tenerse en cuenta, además, lo que Dan Morgenstern apunta en su “Living With Jazz”: comparado con todo el jazz que se ha tocado, la parte que se ha recogido en grabaciones vendría a ser una gota en el océano. Añádase que de esa gota de jazz grabado, en su mayoría publicado en discos de 78 o 33 RPM, sólo se ha reeditado en CD una mínima parte, y que de esta mínima parte publicada en formato CD, nosotros hemos desestimado el material descatalogado. La conclusión es que en ningún caso debería entenderse esta lista como una historia del jazz grabado, ni mucho menos como una historia del jazz. Viendo el vaso medio lleno, todos los discos aquí incluidos han superado la prueba definitiva para toda obra de arte, el paso del tiempo, y son un ejemplo de lo que puede dar de sí esta música.
    Finalmente, como editor de los textos que siguen, aunque no soy responsable de las opiniones expresadas por mis tres colegas, sí lo soy de las erratas que hayan podido colarse. Tras casi medio año de conversaciones y 700 e-mails a cuatro bandas, sólo me queda agradecer a Agustín, Natxo y Jorge su dedicación y generosidad, y a Pachi Tapiz la publicación de esta guía, que sólo busca contribuir a abrir puertas a un universo musical que es fuente inagotable de satisfacciones y sorpresas.
    Que aproveche.
    Fernando Ortiz de Urbina

    DISCOS ESENCIALES
    1917-1942 por Agustín Pérez
    • Louis Armstrong: Hot Fives And Sevens (JSP, 4 CDs)
    • Jelly Roll Morton: Birth Of The Hot (RCA/BMG)
    • Bix Beiberdecke: Vol.1, Singin’ The Blues (Columbia/Sony)
    • Coleman Hawkins: King Of The Tenor Sax 1929-1943 (Jazz Legends)
    • Billie Holiday: Lady Day, The Best Of Billie Holiday (Columbia/Sony, 2 CDs)
    • Count Basie: The Best Of Early Basie (Decca/Universal)
    • Duke Ellington: Never No Lament, The Blanton-Webster Band (Bluebird/BMG, 3 CDs)
    ...más diez complementarios: King OliverBessie SmithArt TatumBennie Goodman...
    1943-1959 por Fernando Ortiz de Urbina
    • Charlie Parker: The Essential Charlie Parker (Union Square Music, 2 CDs)
    • Thelonious Monk: Genius of Modern Music, vols. 1 y 2 (Blue Note/EMI)
    • Lennie Tristano: Intuition (Capitol/EMI)
    • Art Blakey: A Night In Birdland, vols. 1 y 2 (Blue Note/EMI)
    • Miles Davis: Kind Of Blue (Columbia/Sony)
    • Ornette Coleman: The Shape Of Jazz To Come (Atlantic/WEA)
    ...más diez complementarios: Dizzy GillespieBud PowellSonny RollinsGeorge Russell...
    1960-1979 por Ignacio Fuentes
    • Bill Evans: Waltz For Debby / Sunday At The Village Vanguard (Riverside/Fantasy)
    • Eric Dolphy: Out To Lunch (Blue Note/EMI)
    • Albert Ayler: Spiritual Unity (ESP)
    • John Coltrane: A Love Supreme (Impulse/Universal)
    • Herbie Hancock: Head Hunters (Columbia/Sony)
    • Charles Mingus: Changes One / Changes Two (Atlantic/WEA)
    ...más diez complementarios: Gil EvansOliver NelsonAndrew HillLee Morgan...
    1980-2000 por Jorge LG
    • David Murray: Ming (Black Saint)
    • Lester Bowie: The Great Pretender (ECM)
    • Keith Jarrett: Standards, vols. 1 y 2 (ECM)
    • Wynton Marsalis: Black Codes (From The Underground) (Columbia/Sony)
    • Steve Coleman: Def Trance Beat (Modalities Of Rhythm) (Novus/BMG)
    • John Zorn's Masada: Sanhedrin (Unreleased & Alternate Takes 1994-1997) (Tzadik)
    ...más diez complementarios: Anthony BraxtonDave HollandPaul Motian Bill Frisell...

    LOS CULPABLES
    Agustín Pérez (EKE BBB) es economista, ha contribuido a diversos proyectos discográficos y es el autor de ladiscografía de Tete Montoliu más completa jamás publicada.
    Lamenta haber dejado fuera a Bunny Berigan, Eubie Blake, Cab Calloway, James P. Johnson, Jimmie Lunceford, New Orleans Rhythm Kings, Bennie Moten, Pee Wee Russell, Jabbo Smith, Fats Waller y un largo etcétera.
    Fernando Ortiz de Urbina (Fer Urbina) es traductor. Escribe sobre música desde 1993 y ha colaborado con El Diario Vasco (San Sebastián), Radio Euskadi (Bilbao), Jazzwise (Londres), La Tempestad (México) y Teoría (Puerto Rico). Actualmente es el corresponsal en Londres de Cuadernos de Jazz y prepara una discografía de Eddie Costa.
    Lamenta no haber incluido a Louis Armstrong y los All-Stars en directo, Teddy Charles, el trío de Nat King Cole, más Miles Davis, Jimmy Giuffre, Woody Herman (1945-46), el Modern Jazz Quartet, el quinteto de Max Roach y Clifford Brown, Sarah Vaughan y Ben Webster con Oscar Peterson.
    Ignacio Fuentes (Natxo) es abogado. Dirigió y presentó el programa Jazzteiz en Hala-Badi Irratia de Vitoria entre 1996 y 2003, y ha colaborado con la revista literaria La Botica.
    Se le quedaron fuera Jimmy Giuffre, Wayne Shorter, Horace Silver, Archie Shepp, Jackie McLean, Roland Kirk, Hank Mobley, Wes Montgomery, Woody Shaw y Dexter Gordon.
    Jorge LG (López de Guereñu) es artista y profesor. En los ochenta y noventa colaboró en distintas asociaciones con programas educativos mixtos de música y arte en Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña y escribió artículos sobre arte, música y cultura urbana en Ear Magazine, Sound Journal y publicaciones académicas. En la actualidad dirige su escuela de Arte y Diseño en Bilbao.
    Músicos que lamenta haber dejado fuera: Don Byron, Don Cherry, Ornette Coleman y Prime Time, Joe Henderson, Greg Osby, Dewey Redman, Mal Waldron con Steve Lacy o Marion Brown, y Cassandra Wilson.

    ©Tomajazz, 2005

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