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domingo, 22 de enero de 2012

Dickens 2012


Por:
Mª Inés Amado
20/01/2012


 en Babelia El País


Londres se prepara para conmemorar, el primer martes  de febrero, los 200 años del nacimiento de Charles Dickens: habrá lecturas y actos en las librerías, en las escuelas y en las universidades, en las instituciones y en los museos, y también en las calles. Ese día será una de las fechas señaladas en este Año Dickens al que Babelia dedica mañana su portada. Reino Unido, y especialmente Londres, pero también otros países europeos y Estados Unidos celebrarán durante los próximos meses el bicentenario del nacimiento del escritor (7-II-1812) con un amplísimo programa de actividades que se puede consultar en la página web Dickens 2012 y que incluye reediciones de la obra del escritor, ensayos, exposiciones, ciclos de cine, espacios televisivos y una larga lista de actividades.


“Sus novelas han sido llevadas al cine de manera constante, se han rodado series de televisión desde que tengo memoria, sus libros son reeditados y leídos una y otra vez. No creo que haya habido ningún periodo desde su muerte en que no haya sido admirado universalmente”, afirma Peter Ackroyd en el reportaje de Guillermo Altares que abre mañana el suplemento. El autor británico publica ahora en España su biografía Dickens. El observador solitario (Edhasa).


José María Guelbenzu recopila en las páginas de Babelia  las principales traducciones disponibles en las librerías españolas de la obra dickensiana y firma también la crítica de Dickens. El observador solitario. “Ackroyd consigue —y este es su gran mérito— colocarnos en la perspectiva del escritor sin perder la distancia que se exige al biógrafo”. “Este libro es, en verdad, una vida contada”, escribe Guelbenzu. “Peter Ackroyd tiene una merecida fama como biógrafo, pero, además, es un excelente novelista”. Ackroyd –narrador también de las vidas de  Shakespeare, Poe, Wilde...- le cuenta a Altares que ahora trabaja en una historia de Inglaterra y en un libro sobre Charles Chaplin. Desde aquí enlazamos a una entrevista publicada en The Guardian el verano pasado cuando se editó el primero de los seis volúmenes de esa historia inglesa:  Foundation: The History of England  (MacMillan).


“En una ocasión califiqué a David Copperfield de ‘la novela más novela de todas las novelas’ y me atrevo a decir que su autor es el novelista por excelencia del siglo XIX, es decir, del siglo en que la novela sentó su canon a partir de lo que, en el fondo, no era sino literatura popular”, dice también José María Guelbenzu mañana en Babelia. Enlazamos, así,  su crítica a la edición de David Copperfield (La novela de la edad de oro de las novelas) en Alba publicada en Babelia en 2003.  Y su artículo "Cumbres de la novela. Tiempo de grandes historias", publicado en EL PAÍS en 2005.


 Babelia publica también mañana un texto del escritor estadounidense Matthew Pearl sobre los viajes de Dickens por Estados Unidos y la influencia que tuvieron en su obra.  Pearl reedita ahora en español su libro El último Dickens (Alfaguara).


Además, entre la bibliografía en español, merece la pena recordar que el libro firmado por Chesterton en 1906 sobre Dickens está publicado en Pre-Textos, y el ensayo Tres maestros: Balzac, Dickens, Dostoievski, de Stefan Zweig, en Acantilado.


Entre otros contenidos, Babelia incluye mañana reportajes sobre la película de Ignacio Ferreras basada en Arrugas (Astiberri), el libro de Paco Roca, que se estrena la semana que viene (firmado por  Rocío García);  sobre la integración del campo en el paisaje urbano  (Anatxu Zabalbeascoa), y sobre  An appointment with Mr Yeats, el nuevo disco de Mike Scott y The Waterboys, dedicado a William Butler Yeats (Ramón Fernández Escobar).


En el número 1.052 de Babelia, Javier Gomá Lanzón escribe en la página de Pensamiento sobre La vanidad literaria, y el escritor argentino Ricardo Piglia vuelve a publicar sus Notas en un diario, con ilustración de Fernando Vicente.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Letras para un mundo en crisis


Novelas, poemarios o ensayos para la crisis
Novelas, poemarios o ensayos para la crisis.- CRISTÓBAL MANUEL



JOSÉ MARÍA GUELBENZU 


BABELIA - 23-12-2011




2.
Libertad

2 Jonathan Franzen

Traducción de Isabel Ferrer

Salamandra. Barcelona, 2011

667 páginas. 25 euros

Libertad no ha dejado indiferente a nadie. Unos, acaso escandalizados con el delirio fervoroso que ha ocasionado, le niegan el pan y la sal; otros la ensalzan sin medida; pero es una novela que tampoco admite la componenda del término medio. En realidad es un gran libro y una gran verdad literaria. La familia media americana de principios del XXI ya no es la de El Sueco de Philip Roth o el Conejo de Updike; la novedad es que se trata de un espacio descoyuntado por los acontecimientos y fracasos de los últimos años, que han dejado sin rumbo y desquiciados a aquellos que, a pesar de todo, no saben prescindir de su conciencia y se sienten cada vez más descolocados en medio de una clase media floreciente en un país cambiante y herido por los últimos acontecimientos. El libro ofrece una creación de personajes principales y secundarios de una intensidad tan minuciosa como exigente. Desprendido de la herencia posmoderna, Franzen se adentra en un realismo engañosamente tradicional para construir una estructura que represente ese descoyuntamiento y a fe que lo consigue. El concienzudo trabajo de creación del autor, que tampoco desdeña recursos expresivos modernos, es impresionante. JOSÉ MARÍA GUELBENZU

3.

Némesis

Philip Roth

Traducción de Jordi Fibla

Mondadori. Barcelona, 2011

208 páginas. 21,90 euros

De los grandes escritores judeo-americanos, Saul Bellow, el mayor de todos, es el más denso y ambicioso. Bernard Malamud, el más previsible. E. L. Doctorow, el más sutil y variado. Philip Roth tiene mucho del primero -el vigor de las tramas, el gusto por lo farsesco, su admiración por el tiempo de Franklin Roosevelt- y también algunos rasgos propios: el patriotismo, el refunfuño, cierta provocativa elementalidad. Todos sus lectores aceptamos ser naturales de Newark, mirar con recelo a los compatriotas italoamericanos, ser miembros de familias muy unidas y siempre conocemos a algún muchacho lleno de vida y de fe, cuya vida se frustra.

Némesis no le falta nada de esto. Estamos en 1944, tenemos al idealista Bucky Cantor -un instructor de campamentos juveniles que no ha podido ir a la guerra- y, como en La conspiración, sobreviene una oscura fuerza que amenaza a todos: una epidemia de poliomielitis, el mal del propio Presidente. Desde Patrimonio y Elegía, la experiencia de la enfermedad es una clave de su obra que aquí adquiere tintes de símbolo histórico y de problema filosófico. Las páginas finales de Némesis -narradas por un personaje que aflora como testigo, algo que le gusta mucho a Roth- son sencillamente sobrecogedoras, aunque no sepamos si son un grito de angustia o una profesión de fe en los seres humanos. Quizá las dos cosas. JOSÉ-CARLOS MAINER

4.

El mapa y el territorio

Michel Houellebecq

Traducción de Encarna Castejón

Anagrama. Barcelona, 2011

384 páginas. 21,90 euros

Cabe sospechar, en todo lo que escribe Houellebecq, una soterrada convicción de que la literatura es inútil. Ahora bien, se trata de una inutilidad práctica, o al menos lo suficientemente expansiva para que el autor pueda proyectar una figura social equívoca. Por un lado, talentosa y enérgica, y por otro embelesada por su propia inteligencia. De ahí surge su exhibicionismo, tan decididamente francés, con su propensión a incordiar y esa desinhibición verbal que le llevó a los tribunales y redondeó su crédito de creador intempestivo. Con El mapa y el territorio Houellebecq consiguió el Goncourt, y con esa notoriedad se diría que su narrativa se asimila mejor. Y así parece. Es, desde luego, su novela más complaciente. Su percepción de que esto se acaba, del estado crepuscular del mundo industrial, está admirablemente expuesto a través de Jed Martin, un artista que triunfa, casi sin darse cuenta, simplemente por reflejar la relación del hombre con el trabajo. Con este arranque, la novela podría haber sido una invectiva demoledora. Pero, aunque no pierde fuelle, la inclusión del asesinato de Houellebecq, y el irremediable recurso al relato policial, propone una vigencia en el género más bien desconcertante en un autor tan poco normativo. Pese a ello, y a la observación de Jed Martin de que un crimen aumenta la mediocridad del mundo, la novela se desembaraza de ese contagio y se sustenta en la misma obstinada corrosión que ha hecho de Houellebecq un escritor de inexcusable lectura. FRANCISCO SOLANO

5.

El ruido de las cosas al caer

Juan Gabriel Vásquez

Alfaguara. Madrid, 2011

260 páginas. 11,99 euros

En El ruido de las cosas al caer, Juan Gabriel Vásquez diseña no solo el mapa moral de Colombia, la Colombia de los últimos treinta años, sino también el perfil humano de un héroe a la búsqueda de un secreto capital para entender su país, además de para entenderse a sí mismo. La breve pero reveladora relación entre el joven narrador, Antonio Yammara, y Ricardo Laverde, el misterioso personaje como sacado de una novela de Graham Greene, nos sitúa en una estructura argumental ya prototípica en la narrativa universal. Una estructura pensada para justificar la existencia de una verdad desconocida y el buceador de esa misma verdad de la que no sale indemne. Esta dialéctica dramática, pero no por ello menos luminosa, impregna esta soberbia novela.

Juan Gabriel Vásquez, de paso, ha bordeado también, con un registro distinto la novela generacional. La generación que comenzó a convivir en Colombia con la violencia, con los carteles de la droga, con los grandes magnates de la muerte. Esta realidad, la de la droga, está en la novela, la vemos lavarse casi microscópicamente ante nosotros por obra y magia de un método de representación que la mantiene sin embargo como un ruido de fondo (y el ruido de los y seres que se rompen para siempre) imposible de descifrar. J. ERNESTO AYALA-DIP

6.

Caligrafía de los sueños

Juan Marsé

Lumen. Barcelona, 2011

436 páginas. 15,99 euros

No tendría por qué ser noticia, pero da gusto recordarlo. A Juan Marsé no le falló el pulso de novelista ni en la urdimbre moral ni en el escenario peliculero que a menudo tiene este relato intenso, con sus dosis apuradas de secretos aplazados y de retales de esperpento. La huella autobiográfica es menos evidente de lo que aparenta, pero está, y está a fondo porque en parte recrea la experiencia de una adopción parecida a la suya. Pero sobre todo construye los pasos de una madurez moral (desde la cobardía y la mentira, desde el deseo y el miedo) y al mismo tiempo el relato se amasa entre calles y bares de barrio inconfundiblemente verdaderos, de mujeres atadas de por vida a sus huecos sentimentales, de muchachos vivaces y despiertos, de falsos y verdaderos cazadores de ratas azules, de barrios bajos visitados casi en un paseo onírico. El relato de formación virará hacia la formación adulta y hacia la culpa: Ringo, el muchacho protagonista, pronto empezará a escribir. Y todo porque un día cayó en sus manos un ejemplar de Las nieves del Kilimanjaro, de Hemingway, "un pequeño y alargado volumen de relatos de tapas blancas con tres cagadas de mosca en la cubierta". JORDI GRACIA

7.

La obsolescencia del hombre. Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial (volumen I)

Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial (volumen II)

Günther Anders

Traducción de J. Monter Pérez

Pre-Textos. Valencia, 2011

312 y 428 páginas

No queremos saberlo, pero lo cierto es que hemos caducado. Somos la humanidad después de su dimisión, tras una vergonzosa depauperación a manos de la técnica y de la historia ligada a ella. Auschwitz, Hiroshima, Vietnam (Irak, Gaza, hay que añadir), la fabricación de parados, marcan la caída del hombre en el peor de los infiernos: el de lo inhumano. Tal es el núcleo de La obsolescencia del hombre, la obra maestra del filósofo Günther Anders, publicada en dos partes en 1956 y 1980. Que se haya traducido por primera vez al español en este tremendo 2011 en el que el hombre intenta recuperar algo de lo mucho que ha perdido a manos de la invasión técnico-capitalista es estimulante y refuerza el sesgo virginal de la obra. Anders es un filósofo de la ocasión, exagerado, situado, siempre dispuesto a "caer en la praxis" y poco amigo de la ontología prístina. Precisamente porque su crítica de la tecnocracia es inapelable, hay que preguntarse qué pensaría hoy (en sus últimos años matizó algunas de sus posturas) sobre la capacidad de liberación de la revolución tecnológica en curso. Las revueltas árabes y la indignación mundial, tan ligadas a ella (Facebook, Al Jazeera), son un paso en el camino de la acción transformadora anhelada por Anders. LUZ GÓMEZ GARCÍA

8.

Derrota y restitución de la modernidad. 1939-2010

Jordi Gracia

y Domingo Ródenas

Crítica. Madrid, 2011

1.180 páginas. 39,50 euros

La estupenda Historia de la Literatura Española que dirige José-Carlos Mainer se ha enriquecido con tres nuevos volúmenes. Jordi Gracia y Domingo Ródenas, autores del volumen 7º dedicado a la literatura contemporánea, conscientes de la importancia del marco cultural, dedican 300 páginas a analizar ideologías, movimientos y actitudes de todos esos años. Se ocupan con el mismo vigor del franquismo y la Falange que de los movimientos rebeldes así como de los desarrollos posteriores ya en la época democrática. Uno puede percibir las chispas que saltan de las pugnas literarias, de las contradicciones internas y de los contrastes entre el verbo exaltado de algunos y las expresiones ponderadas de otros. Los autores y sus obras reciben tratamientos amplios y adecuados y el orden en que son presentados, afortunadamente, no se sujeta a las coordenadas a que estamos acostumbrados. Las valoraciones personales tienen también su lugar en el texto y ello dará ocasión a que se produzcan las acostumbradas disensiones. Son de notar textos bastante curiosos en la sección "Textos de apoyo".

Han acompañado a este volumen en su salida otros dos. El 8º, Las ideas literarias. 1214-2010, y el 4º, Razón y sentimiento. 1692-1800. Los dos coinciden en desmentir el tópico tan extendido sobre la inferioridad del pensamiento español a lo largo de la historia. El primero, dirigido por José María Pozuelo Yvancos y escrito por diversos especialistas, repasa las ideas que sobre el quehacer literario se han dado en nuestro país desde la época medieval hasta la más estricta actualidad. El segundo, a cargo de María Dolores Albiac Blanco, se afana en clarificar el siglo XVIII para apreciarlo en su variedad e importancia global frente a los que injustamente lo menosprecian. LLUÍS SATORRAS

9.

La gruta de las palabras

Vladimír Holan

Traducción de Clara Janés

Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores

Madrid, 2011

667 páginas. 29,50 euros

"Antes de que el sembrador dé un paso / ya está aquí el segador", dicen dos versos de un poema de Vladimír Holan titulado Época. El libro se escribió entre 1949 y 1954 y los tiempos no han cambiado tanto como decía la canción. Salvo por una cosa: no son malos para la lírica sino para la justicia. De hecho, la traducción en España vive su particular edad de oro. La edición de poesía, también. De la conjunción de ambos es un ejemplo inmejorable La gruta de las palabras. Obra selecta, que incluye ocho libros completos de Holan (1905-1980) y una amplia selección de otros dos en versión de la poeta Clara Janés, desde hace décadas, la voz en español del autor checo. Libros ya clásicos de la literatura europea contemporánea como DolorUna noche con Hamlet o Soldados del ejército rojo -publicado íntegro por primera vez en España- forman parte de un volumen que recoge medio siglo de una escritura que pasó del hermetismo al compromiso social y de este a la metafísica sin perder pie jamás ni cerrar los ojos del asombro: "Un poco de nieve cae de esa ramita. / Pronto será un alud". JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

10.

Deshielo a mediodía

Tomas Tranströmer

Traducción de Roberto Mascaró

Edición bilingüe

Nørdicalibros. Madrid, 2011

217 páginas. 19,50 euros

Al poco de publicarse Deshielo a mediodía, Tomas Tranströmer (Estocolmo, 1931) recibía, a principios de octubre, el Premio Nobel de Literatura. Esta nueva antología de su obra reúne aquellos poemas que quedaron fuera de El cielo a medio hacer, publicada a comienzos de 2010, donde también se recogía su magnífica autobiografía Visión de la memoria. Gracias a la admirable traducción de Roberto Mascaró, es posible acceder en castellano a la poesía completa de uno de los más deslumbrantes maestros contemporáneos de la metáfora. Sus poemas surgen de observaciones precisas y concretas, donde la realidad se transfigura para perforar el enigma que se oculta en lo cotidiano para así revelar, en una lengua objetiva y profana, las fuerzas que gobiernan el universo: "Dejadlos sentir sin angustia / las alas camufladas / y la energía de Dios / arrollada en la oscuridad". Poeta del lenguaje, pues "lo salvaje no tiene palabras", sus versos son relámpagos de clarividencia, una energía salvadora que brilla sutil en la unión armoniosa entre la pureza clásica y el florecer de imágenes de su laconismo mágico. Gracias a la integridad y fortaleza que alcanza su profunda visión de la condición humana, no hay paredes que su escritura no pueda sobrepasar. Al leer sus poemas importa poco dónde vivamos o cuáles sean nuestras circunstancias. Como recordó otro poeta sueco, Gunnar Ekelöf, lo importante es respetar al lector, dejar para él una silla vacía en nuestra mesa. Y en la gran mesa de Tranströmer hay suficientes sillas vacías para todos, pues siempre tiene algo imperecedero que decirnos: "Yo no estoy vacío, sino abierto". ANTONIO ORTEGA





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jueves, 17 de marzo de 2011

Una mujer de las letras y de la educación








JOSÉ MARÍA GUELBENZU
EL PAÍS - Cultura - 17-03-2011



Fue en la presentación de uno de sus libros cuando Carmen Martín Gaite reprochó con vehemencia a Josefina Aldecoa no firmar su obra como Josefina Rodríguez, de La Robla, León, y Josefina confesó con una sonrisa paciente que no deseaba desprenderse, ni siquiera literariamente, del apellido del hombre con quien había unido su vida. Diez años tardó en asumir literariamente la muerte de Ignacio Aldecoa, y solo entonces volvió a escribir.La obra literaria de Josefina Aldecoa muestra con claridad meridiana los temas recurrentes de su escritura. El primero, la relación entre madre e hija, que se extenderá al nieto. El segundo, las relaciones entre mujeres. El tercero, las vidas de las personas atrapadas por su destino. Como ella dijo siempre: "El destino es el carácter"; de esta afirmación surgen sus mejores novelas.
El éxito le llegó a Josefina de la mano de Historia de una maestra. Ella misma era hija y nieta de maestras influidas por la Institución Libre de Enseñanza, que sería el modelo sobre el que edificó su Colegio Estilo, una verdadera institución en la enseñanza madrileña. Historia de una maestra es la primera parte de una trilogía que abarca desde los años veinte hasta la redacción de la Constitución Española actualmente en vigor. En la primera parte se dibuja con nitidez el personaje de Gabriela, la maestra, una mujer que recibe su título y empieza a ejercer primero en la España rural y después en Guinea Ecuatorial. Al fondo del relato, la República, la Revolución de Octubre, la inminencia de la Guerra Civil y, sobre todo, la realidad de la enseñanza en una España pobre y analfabeta. Aquí se crea el personaje, al que seguiremos en la segunda novela Mujeres de negro en el exilio en México. Pero aquí cambia el narrador: ahora es la hija, Juana, la que cuenta su doble sentimiento de amor y rebeldía ante una madre laica, sensible y lúcida aunque de austeridad castellana y actitud puritana; el matrimonio de la madre con el viudo mexicano que se lleva a ambas a Puebla no es una solución y Juana, una muchacha con un futuro por delante, lo contrario de esa madre que va a encastillarse poco a poco en la pérdida de su mundo, regresa a España y empieza a cursar estudios en la universidad. El tercer libro (La fuerza del destino) cuenta el regreso de Gabriela, habla sobre todo de manera espléndida de la vejez y la soledad que ella encarna, habla también del exilio interior y del país que poco a poco se va a ir abriendo, como se abre en ella la ternura hacia su nieto, hijo de Juana. La escritura de Josefina Aldecoa podría perfectamente definirse como neorrealista matizada por una noble forma de sentimentalismo que la hace perfectamente asequible a cualquier lector.
De entre sus novelas anteriores destacan Porque éramos jóvenes, una novela que plantea otra vez el debate entre presente y futuro, en este caso sobre la vida de un hombre, David, que contrarió sus verdaderos deseos de vida acomodándose a una forma de existencia personal y laboral no deseada. Se cuenta desde tres puntos de vista: unas cartas de amor perdido, un encuentro entre un amigo de David y su viuda y una reunión de recuerdos del pasado del protagonista. Siempre, pues, el enfrentamiento entre deseo y realidad, pero siempre la realidad es decisión de los personajes aunque en ello pese el entorno.
En La enredadera el contraste es también entre pasado y presente, pero esta vez con el siglo de distancia que media entre las dos mujeres del relato, una de ellas esposa sumisa y la otra una mujer para la que es muy importante la conquista de su libertad. Los conflictos van estableciendo un paralelo entre dos posiciones distintas de la mujer dentro de la sociedad: Clara, casada con un hombre mayor que construye un palacio de indiano para ella, y Julia, que adquiere ese mismo palacio cien años después.
Posterior a la trilogía de la maestra es una de sus últimas novelas, El enigma, donde el conflicto surge esta vez en un hombre que ha construido su vida en la renuncia a sus ideales, lo que le meterá en un matrimonio sin amor, y el encuentro con una mujer bien distinta, culta, abierta, libre, con quien tratará de revivir todas las ilusiones y los deseos primeros. Como se ve, temas recurrentes todos ellos que hablan de un tiempo perdido y de la forma de afrontar la realidad a la que el carácter, como destino, nos ha sometido.
La escritura de Josefina Aldecoa, ejemplarmente didáctica y ejemplarmente sencilla, pero llena de amor por la literatura y de matices expresivos de gran calidad, no ha recibido, triste paradoja, ninguno de los premios literarios que pretenden reconocer a las novelas que se publican en España -aunque sí el Premio de las Letras de Castilla y León a toda su obra-, lo que no deja de ser emblemático de un país que regala premios sin ton ni son. Sin embargo, su dedicación y su vocación admirables han sido y son su mejor premio para una vida llena de elegancia, de luz y de belleza.

domingo, 17 de octubre de 2010

Una narración iniciática

JOSÉ MARÍA GUELBENZU 17/05/2008




Pocos gigantes de la literatura han sido tan menospreciados en vida como lo fue Herman Melville. Tras sus dos primeros éxitos relativos, Typee y Omú (Alba, 1999), su vida literaria fue casi siempre cuesta abajo. A las dos novelas antedichas le siguió una extraña fantasía, Mardi, que desconcertó tanto a críticos y a lectores como al mismo Melville que, sin embargo, se rehizo ante su público con dos narraciones marineras: esta que comentamos, Redburn, en la que relata de modo más o menos autobiográfico su primera embarcada, y Chaqueta blanca (Alba, 1998). Detrás vendrían: una de las cumbres de la literatura de todos los tiempos, Moby Dick o La ballena, que fue acogida con indiferencia; la singular y extraordinaria Pierre o las ambigüedades (Alfaguara, 2002), que acabó de echar por tierra su ya mermado prestigio, y sus prodigiosos y arriesgados relatos, como los reunidos en los Tales of the Piazza ('La Piazza', 'Bartleby', 'El campanario', 'El vendedor de pararrayos', 'Las encantadas' y 'Benito Cereno'), entre otros. Excepto 'Las encantadas' (Berenice, 2008) y 'Benito Cereno' (Cátedra, 1998), todos sus relatos están reunidos en Cuentos completos (Alba, 2006). Agobiado por las deudas y el mantenimiento de la familia, acabó consiguiendo un puesto de inspector de aduanas en los muelles de Nueva York. Aún escribiría otro relato soberbio, Billy Budd (Cátedra, 1998), que no llegó a publicar en vida.

Entre los recuerdos asoma de pronto un cuadro que contiene la "estampa de una enorme ballena, tan grande como un barco y cubierta de arpones..."
Redburn -primera traducción al castellano- es un relato de iniciación que se apoya en su experiencia personal a bordo del St. Lawrence en la ruta Nueva York- Liverpool-Nueva York. Este viaje fue su primer contacto con el mar como marinero y podemos dividirlo en tres partes. La primera cuenta su trabajoso descubrimiento de la vida en el mar; la segunda, su estancia en Liverpool -con una escapada a Londres-, y la tercera es el viaje de regreso llevando a bordo un gran número de inmigrantes. Y en este libro es donde empieza a dibujarse la legendaria figura del único que quedó para contar la aventura de la ballena blanca.
El comienzo recuerda al niño del poema de Baudelaire que trata de imaginar el mundo a través de los mapas. El joven Redburn, hijo de un caballero arruinado y él mismo en un lamentable estado de precariedad, se embarca por necesidad y por sueño. La descripción de tal estado no admite concesiones; no hay un ápice de retórica, pinta las cosas como son y prende la atención de inmediato por su fiabilidad. No tendremos duda sobre lo que espera al muchacho, pero, por eso mismo, la poderosa verosimilitud del estilo nos empuja a leer más: no hay misterio en el desarrollo de la historia sino en cada uno de los avatares de la misteriosa iniciación a la vida. El relato de la partida, la primera salida al mar y la primera salida de América arrancan con una fuerza de convicción que allana y estimula la lectura. En esta novela semibiográfica no hay intriga encadenada propiamente dicha, pero tiene al lector siempre pendiente del relato por su capacidad de atender a lo significativo de la sucesión de hechos que pasan como estampas ante los ojos del lector; la mayoría de ellos (la conciencia de la extensión del océano, el primer cruce con otro barco en la inmensidad del mar...) contienen un alto valor simbólico, marca de la casa.
Redburn es un muchacho educado y puritano y de los sucesos extraerá siempre consecuencias morales y de comportamiento. Asimismo, Melville muestra su gusto por traer a la historia información interesante y minuciosa de todo orden sobre aquello donde se posa la mirada del chico, sea el oficio del mar o los objetos que descubre o las peculiaridades de la gente con la que convive. De este modo de hacer dará sobrada muestra en Moby Dick. Por cierto, entre los recuerdos asoma de pronto un cuadro en el salón de su casa que contiene la "estampa de una enorme ballena, tan grande como un barco y cubierta de arpones...".
La segunda parte muestra su estancia en Liverpool, que empieza con un chasco encantadoramente propio de un chico provinciano que nunca antes había salido de su casa: trata de conocer la ciudad siguiendo una vieja guía de su padre viajero celosamente guardada y releída y descubre que ya nada está en su sitio. Las descripciones de Liverpool transmiten su curiosidad y arrojo, cuyo motor es el deseo de conocer; son, en parte, de corte dickensiano, con algunas escenas formidables, como la estremecedora historia del pasaje Lancelot o un viaje a Londres que parece propio del más admirable folletón gótico. Son relatos de miseria, trapacería, perversión, ingenuidad, envilecimiento, pillería... Pero Redburn es un chico decente que juzga con severidad a las malas personas y se alegra y es generoso con los desgraciados. En su boca pone Melville reflexiones sobre el funcionamiento de la sociedad, las relaciones humanas, las leyes... perfectamente insertas en el cuadro de vida que despliega ante nuestros ojos.
El viaje de vuelta es menos tenso, en lo personal, que el de ida, porque ya está más impuesto en las leyes y la vida del mar. Aquí, con gran astucia, hace entrar a un personaje que es su contrafigura, lo que revela su instinto narrativo. Harry Bolton, un joven frívolo, desenvuelto en la buena sociedad pero sin un céntimo por su mala cabeza, fantasmón y simpático, se hace querer por Redburn y se convierten en compañeros de aventura. Bolton decide volver con Redburn a América... y ahí veremos la utilidad de ese contraste entre ambos para completar el carácter de nuestro héroe.
Redburn surge como una narración iniciática, muy pegada al mar, en la línea de un Richard Dana, pero en la que ya asoman tanto el mundo como esa cualidad formidable de Melville que es su capacidad de creación basada en lo simbólico, determinante en la lucha del héroe obsesionado y desgraciado contra la representación del mal en la naturaleza que representa la ballena blanca. Por cierto, que es de justicia aprovechar este comentario para advertir sobre la existencia de una edición de Moby Dick que tiene vocación de canónica por su justeza y el magnífico aparato informativo que la rodea. Me refiero a la edición y traducción de Fernando Velasco (Akal, 2007).
Y a este respecto, no me resisto a plantear una duda: la traducción de Moby Dick comienza como todas, con ese solemne y plural "Llamadme Ismael". La pregunta es: ¿a quién se dirige el náufrago? ¿A una cofradía de oyentes? ¿A una asamblea? No. El único interlocutor de Melville y de su personaje es el lector individual. ¿Por qué, entonces, no traducir ese "Call me Ishmael" por "Llámame Ismael"? -

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