La expresión me gusta, común al hablar de redes sociales y en particular de Facebook, se escribe con me en minúscula y su plural es invariable:muchos me gusta, no muchos me gustas.
En este tipo de contextos son habituales frases como «Sara Carbonero e Iker Casillas han disfrazado al pequeño Martín y han conseguido muchos “me gustas”», «Hubo miles de Me Gusta» o «Animó a los espectadores a ver la escena y a que los obsequiaran con un ‘me gusta’ para aumentar las visitas», donde lo indicado habría sido escribir me gusta.
Me gusta se utiliza con valor de nombre común o, más exactamente, de locución nominal, tanto para aludir al apoyo o adhesión a lo que otra persona ha expresado o publicado como para referirse específicamente al botón de algunas redes sociales, como Facebook, con el que se concreta esta acción. En cualquier caso, se recomienda escribir me gusta en dos palabras, tal como indica la Ortografía de la lengua española para expresiones similares como un no sé qué o el qué dirán.
Respecto al plural, resulta preferible la forma los me gusta (en lugar de los me gustas o los me gustan), mayoritaria en el uso y una de las opciones válidas para formar el plural de las locuciones, según recoge la Nueva gramática de la lengua española.
Además, dado que la expresión me gusta se entiende como locución, no hay razón para escribirla con mayúscula, con independencia de la grafía con la que figure en las distintas plataformas. Lo apropiado, por tanto, será recurrir a la minúscula: «Los usuarios revelan gran cantidad de información privada a través de acciones en apariencia tan inocuas como hacer clic en me gusta».
Por otra parte, aunque no es imprescindible marcar me gusta con resalte alguno, si se considera que de este modo se favorece la comprensión del texto por parte del lector, siempre es posible destacar esta expresión con comillas.
Todo lo anterior sería extensible a un posible botón de no me gusta y a la locución correspondiente: «El botón de no me gusta en Facebook servirá para mostrar tu apoyo en situaciones y momentos negativos, no para discutir» o «Los me gusta en Facebook influyen más que los no me gusta».
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jueves, 1 de octubre de 2015
me gusta en redes sociales, plural los me gusta
miércoles, 3 de abril de 2013
"El Facebook de Julio Cortázar" por Iván Thays (El País)
Foto: irëne
Esta semana he andado mucho en el Facebook. He leído a una amiga que pide que le recomienden libros distópicos en portugués y a otra que pregunta cuál es el método más eficiente para quitar una mancha de grasa del pantalón. He cruzado por la selva de fotografías con frases cristianas para compartir, bromas ingeniosas, chistes absurdos y las anécdotas divertidas, tristes y dulces al mismo tiempo, de un amigo que se está despidiendo así de su hermana enferma. He desplazado lecturas y películas planeadas, y no me arrepiento. El Facebook es un universo que se extiende y se renueva; somos muy afortunados de haber participado desde sus inicios de este momento.
Se me ocurre pensar qué hubiera pasado si este fenómeno hubiera sucedido a fines de los 50. Ahora, los sobrevivientes del Boom Literario miran con recelo e incluso menosprecio a las redes sociales, pero de haber sucedido cuando empezaban sus carreras literarias sin duda hubieran participado. Gabriel García Márquez tendría una página casi sin actividad, etiquetado en muchas fotos y textos de sus amigos, contestando con ironía alguna que otra frase. Jamás pondría "Me Gusta". A nada. Eso no va con él. Carlos Fuentes, por el contrario, sería un heavy user. Constantemente actualizaría su página con enlaces a lecturas, en francés, inglés y castellano, a noticias internacionales sobre política, cultura, economía. Colgaría largos, interminables estatus -cuando no "notas"- con posturas políticas (la literatura también ocuparía un lugar, pero menor) y crearía ábumes con fotografías donde se le vería, inevitablemente elegante y sonriente, en países remotos o sitios célebres. ¿Sería quizá un adicto al Foursquare? Probablemente, pero de ninguna manera al Twitter. Mario Vargas Llosa, por su parte, tendría un perfil parecido al de Carlos Fuentes, quizá más combativo pero menos frecuente. A diferencia de García Márquez y de Fuentes, sería muy selectivo al aceptar amistades, colgaría muy pocas fotos y antes que escribir estatus -que, sin duda, escribiría- se dedicaría a comentar en las páginas de los demás. Sería un argumentador feroz, culto e ingenioso, siempre con la última palabra y dispuesto a discutir incluso con los troll. De vez en cuando, algún familiar lo saludaría y Vargas Llosa no podría evitar poner debajo una frase amable y doméstica, siempre en plural: "Ha empezado el frío y es difícil acostumbrarse, pero estamos bien. Patricia y yo los recordamos siempre". Tampoco tendría Twitter.
¿Y Julio Cortázar? Ninguno como él para aprovechar al máximo las redes sociales. No solo tendría una cuenta de Facebook o Twitter, sino de cualquier plataforma que apareciese, aunque solo fuera por curiosidad. Incluso, se me ocurre, tendría varias cuentas de Facebook, y aprovecharía la cuentas falsas para crear conversaciones y situaciones absurdas, cómicas o complejas en su cuenta real. ¿Quién escribe esto y contesta lo otro? Intervendría en todas las conversaciones (incluso en el consejo sobre el mejor método para sacar manchas de grasa), pondría centenares de "Me Gusta", colgaría videos de YouTube de jazz, situaciones extrañas, bromas y gatos. Compartiría memes divertidos. Hablaría de todo, incluso de deporte. Sus estatus políticos serían serios pero también escribiría textos divertidos, con el humor del libro de cronopios, o mostrando el lado ridículo de la seriedad como en Último round. Obviamente, lo suyo sería el juego de palabras. Sería adicto al Instagram. Subiría fotos de objetos, carteles, personas, paisajes, animales, todos fotografiados con su iPhone mientras pasea y acompañados por textos breves o titulados con ingenio. Su cuenta de Pinterest sería, simplemente, espléndida, de visita obligatoria, como un museo maravilloso donde cada foto es un hallazgo. Sus enlaces seguirían la misma lógica del asombro ante el absurdo del mundo. "Juegos de la imaginación, dice el señor cuerdo que nunca falta entre los locos" dijo alguna vez Cortázar, arrastrando las erres. Juegos de la imaginación también los míos, sin duda. El Facebook de Cortázar. ¿A quién se le ocurre?
Se me ocurre a mí y no sin razón. Se cumplen este año el cincuentenario de la primera edición de Rayuela y aunque el ambiente entre los lectores es festivo, los escritores -me incluyo- somos más escépticos. He leído varias declaraciones contra Rayuela, algunas incluso de inusitada violencia, y reconozco que estoy dispuesto a aceptar como válida la mayoría de críticas. En especial aquellas que sostienen que Cortázar es mejor cuentista y que Rayuela es una novela desigual. Lo es, aunque ¿qué novela de más de 300 páginas no es desigual? Nada puede impedir que el mundo de Rayuela haya envejecido tan rápido, mientras envejecían o se trivializaban sus preocupaciones. La filosofía zen, el pensamientos budista o las Mandalas se han convertido ahora en tema de libros de auto ayuda. Los hipervínculos, del que fue casi un precursor, son ahora cosa de todos los días y por eso Rayuela, en medio de la tecnología actual, parece un mamotreto inmanejable y tan anacrónico como solo puede serlo lo que fue alguna vez modernísimo. Además, la afición de Cortázar por las frases ingeniosas o entrañables, aforismos o grafitis que pintados en paredes cambiarían el mundo, ahora se frivolizan en memes o tuits para etiquetar y compartir.
Sin embargo, no tengo duda de que Rayuela sobrevivirá nuestro escepticismo no solo porque es una novela que dice cosas, sino porque las dice de una manera lúdica (por encima de la pomposidad de algunas escenas o ideas) que no se ha desactualizado sino, al contrario, se ha convertido en una marca registrada en las redes sociales. No es gratuito que el libro se titule como un juego de niños ni que, incluso en sus momentos más solemnes, aflore el lado divertido, la sonrisa que se ríe de sí mismo y celebra la travesura, el malentendido o el absurdo. Como ninguno, Cortázar consiguió captar una instantánea de su tiempo, aunque esa fortuna siempre pasa la factura. Aún así, lo lúdico se alza sobre cualquier hoguera prematura para decirnos que puede haber envejecido el mundo que originó Rayuela, pero jamás Rayuela.
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lunes, 10 de septiembre de 2012
Es más “sexy” el idioma español que el Francés (La Primera Plana)
El idioma español se situó en el primer puesto, destronando al titular del idioma más sensual que era el francés. El castellano que se habla en Colombia y México ayudaron para acumular puntos y dar la victoria al idioma Español.
Según una encuesta realizada en Facebook por el sitio Lonely Planet, los fonemas se escuchan más sexys en español.
Aunque la lista no sorprende por los puestos que ocupan países como Italia, Inglaterra o Portugal, la gran revelación se la lleva el español que con sus vocales suaves y fuertes, su lirismo, su lexicología, y sus modificaciones a través de los siglos, es, para miles de personas, el acento más bello del mundo.
Los idiomas que encabezaron la lista entre los más sensuales del mundo:
- Español
- Francés
- Irish
- Escocés
- Australiano
- Italiano
- Inglés
- Portugués
- Ruso
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martes, 21 de agosto de 2012
jueves, 23 de junio de 2011
Un incendiario libro infantil arrasa en Estados Unidos
Adam Mansbach ha vendido 300.000 ejemplares de Go the f**k to sleep, que va por su vigésima edición y nació de una broma en Facebok
TONI GARCÍA - Barcelona - 22/06/2011 - El País
Para Adam Mansbach, escritor con posibles, todo empezó con una broma en Facebook: "Atención a mi próximo libro: Go the f**k to sleep (que podría traducirse como Duérmete de una puta vez). Mansbach canalizaba de esa forma su -divertida- frustración por las horas que dedicaba a intentar que su hija pequeña se quedara tiesa en la cama. Sin embargo, sus colegas se lo tomaron de otra forma y empezaron a especular con la idea de que el escritor se atreviera a concretar la coña en un libro de verdad. Así que, ni corto ni perezoso, Mansbach se fue a una pequeña editorial llamada Akashic y les vendió la locura. Unos meses después el libro ya era número uno en ventas en Amazon y ni siquiera había salido a la venta: las 60.000 copias en pre-pedidos auguraban algo grande. Go the f**k to sleep ya va por su vigésima edición, ha vendido cerca de 300.000 copias y se ha convertido en un auténtico fenómeno de masas.
Mansbach reconocía que no esperaba algo así, sobre todo tratándose de un tema tan delicado como el de la paternidad y su cruz (a veces). El éxito ha pillado al escritor con la guardia baja y de repente se encuentra negociando cuál va ser su siguiente libro, lidiando con Fox para venderles los derechos cinematográficos (parece que la operación ya se ha concretado) y recibiendo toda clase de ofertas para explotar el filón.
"La gente miente"
"La gente miente, miente porque hay una cultura de la deshonestidad y de la perfección acerca de ser padres. Parte del éxito de este libro es porque ha ejercido de elemento catártico para muchos padres a la hora de admitir que no todo son buenos momentos (...) Al mismo tiempo hay que decir que los padres en mi libro no maldicen delante de sus hijos ni están a punto de explotar", decía Mansbach en la web literaria Smithmag. El libro ha despertado en Estados Unidos un encendido debate sobre la paternidad y -curiosamente- han abundado los elogios hacía la obra, una cínica y descarnada visión de lo que significa ser padre, con sus blancos, sus negros y sus grises. En cuanto al escritor, abrumado por el repentino abrazo de oso de la fama, tiene muy claro lo que no va a hacer: "No voy a hacer alguna secuela de mierda de mi libro rollo Cómete tus jodidos vegetales o Cállate de una puta vez. No voy a convertirme en un altavoz para la rabia del mundo".
Noticias sobre Adam Mansbach
TONI GARCÍA - Barcelona - 22/06/2011 - El País
Para Adam Mansbach, escritor con posibles, todo empezó con una broma en Facebook: "Atención a mi próximo libro: Go the f**k to sleep (que podría traducirse como Duérmete de una puta vez). Mansbach canalizaba de esa forma su -divertida- frustración por las horas que dedicaba a intentar que su hija pequeña se quedara tiesa en la cama. Sin embargo, sus colegas se lo tomaron de otra forma y empezaron a especular con la idea de que el escritor se atreviera a concretar la coña en un libro de verdad. Así que, ni corto ni perezoso, Mansbach se fue a una pequeña editorial llamada Akashic y les vendió la locura. Unos meses después el libro ya era número uno en ventas en Amazon y ni siquiera había salido a la venta: las 60.000 copias en pre-pedidos auguraban algo grande. Go the f**k to sleep ya va por su vigésima edición, ha vendido cerca de 300.000 copias y se ha convertido en un auténtico fenómeno de masas.
Mansbach reconocía que no esperaba algo así, sobre todo tratándose de un tema tan delicado como el de la paternidad y su cruz (a veces). El éxito ha pillado al escritor con la guardia baja y de repente se encuentra negociando cuál va ser su siguiente libro, lidiando con Fox para venderles los derechos cinematográficos (parece que la operación ya se ha concretado) y recibiendo toda clase de ofertas para explotar el filón.
"La gente miente"
"La gente miente, miente porque hay una cultura de la deshonestidad y de la perfección acerca de ser padres. Parte del éxito de este libro es porque ha ejercido de elemento catártico para muchos padres a la hora de admitir que no todo son buenos momentos (...) Al mismo tiempo hay que decir que los padres en mi libro no maldicen delante de sus hijos ni están a punto de explotar", decía Mansbach en la web literaria Smithmag. El libro ha despertado en Estados Unidos un encendido debate sobre la paternidad y -curiosamente- han abundado los elogios hacía la obra, una cínica y descarnada visión de lo que significa ser padre, con sus blancos, sus negros y sus grises. En cuanto al escritor, abrumado por el repentino abrazo de oso de la fama, tiene muy claro lo que no va a hacer: "No voy a hacer alguna secuela de mierda de mi libro rollo Cómete tus jodidos vegetales o Cállate de una puta vez. No voy a convertirme en un altavoz para la rabia del mundo".
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