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sábado, 30 de junio de 2012

El Instituto Cervantes estrena su biblioteca virtual


MADRID, 13 Jun. (EUROPA PRESS) -
   El Instituto Cervantes ha puesto en marcha en su red de bibliotecas un nuevo servicio de préstamo y descarga de libros electrónicos para todos sus usuarios a través de Internet. El catálogo de libros accesible en esta plataforma incluye más de 3.000 obras sobre lingüística, literatura clásica y contemporánea de autores españoles e hispanoamericanos, historia, arte y literatura infantil.
   El objetivo de la recién creada biblioteca virtual, que se irá actualizando con continuas incorporaciones de nuevos títulos, es el mismo que el de las colecciones físicas albergadas en la red de bibliotecas del Instituto Cervantes (y que supera el millón de volúmenes): promocionar la cultura y la lengua de España e Hispanoamérica.
   Esta es una iniciativa novedosa en España, pues adopta el modelo de selección "título a título" para la creación de su colección digital, frente a fórmulas más frecuentes como la suscripción o la compra de paquetes de contenidos cerrados que ofrecen los grandes distribuidores internacionales.

TRES MODALIDADES DE LECTURA

   Todo usuario (con carné) de las bibliotecas del Instituto que tenga un dispositivo de lectura y conexión a Internet puede acceder a los contenidos de la colección, desde cualquier lugar del mundo y a cualquier hora.
   Hay tres modalidades de lectura: por un lado, la descarga libre, para publicaciones propias del Instituto Cervantes y para títulos libres de derechos de autor. En esta modalidad, el usuario se puede descargar todos los libros que desee y conservarlos en su propio dispositivo sin límite de tiempo.
   En segundo lugar, el préstamo, destinado a los libros sujetos a derechos de autor. Estos volúmenes, que disponen de protección anticopia con DRM, se pueden descargar en distintos dispositivos, con un plazo de préstamo de 15 días.
   Y por último, la lectura y visionado en streaming, para obras que se pueden leer o ver en línea, como los videocuentos. El usuario tiene también un plazo de préstamo de 15 días.
   Los formatos de las obras que se ofrecen desde la plataforma son los más extendidos: e-Pub y PDF. También se pueden ver vídeos y próximamente se incorporarán documentos en MP3 y MP4 con grabaciones sobre literatura oral.
   Los libros disponibles hasta el momento pertenecen a las editoriales Gredos, Larousse, Iberoamericana, Red-e, Antígona y Leer-e (esta última comercializa los autores de la agencia literaria de Carmen Balcells).
   En cuanto a los dispositivos lectores, se ha procurado que el sistema sea compatible con el mayor número posible de estos, tanto ordenadores como lectores de libros electrónicos (e-readers), tabletas y teléfonos inteligentes.

MEJOR SERVICIO AL USUARIO

   El Instituto, que cuenta con bibliotecas en más de 40 países en los cinco continentes, pone en marcha este proyecto sostenible con varios objetivos. En primer lugar, mejora la oferta de servicios a los usuarios, que evitan tiempos de espera en la recepción de los materiales y ven ampliado el abanico de obras de préstamo y consulta.
   Además, la nueva plataforma de contenidos digitales en la única red internacional de bibliotecas españolas en el extranjero permite rentabilizar recursos, ya que ahorra costes de envío, reduce espacios físicos y agiliza el servicio.
   El Cervantes señala que se trata de una importante herramienta de difusión cultural y de dinamización internacional de la industria digital española. Con ello, el Instituto se adapta a una nueva realidad en la que los lectores habituados a los nuevos soportes crecen día a día, y los libros electrónicos están cada vez más integrados en los servicios bibliotecarios

sábado, 11 de febrero de 2012

Recuerdo de Marcelino Menéndez Pelayo


El próximo 19 de mayo se cumplirá el centenario del fallecimiento de Marcelino Menéndez Pelayo, nacido en Santander, en 1856.

Polígrafo, político y erudito español, consagrado fundamentalmente a la historia de las ideas, la crítica e historia de la literatura española e hispanoamericana y la filología hispánica en general, cultivó asimismo la poesía, la traducción y la filosofía.

Como explica Borja Rodríguez Gutiérrez (vicesecretario del Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y miembro de la junta directiva de la Sociedad Menéndez Pelayo), “la historia de la literatura española es, en muchos de sus aspectos, creación de Menéndez Pelayo, que señaló vías, caminos, problemas, grupos, corrientes, singularidades y excepciones. Ningún crítico ha dejado una obra que perdure tanto como la del santanderino”.

La Biblioteca Cervantes se suma al recuerdo del gran polígrafo y les propone una visita a su Biblioteca de Autor, donde podrán encontrar un amplio catálogo de sus obras.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Emilia Pardo Bazán - Los Pazos de Ulloa



Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 16 de septiembre de 1851 - Madrid, 12 de mayo de 1921) fue una novelista, periodista, ensayista y crítica española introductora del naturalismo en España.

Imágenes

Contenido
1 Biografía
2 Obra
2.1 Narrativa
2.2 Ensayo y crítica
2.3 Libros de viajes
2.4 Biografías
2.5 Lírica
3 Véase también
4 Notas
5 Enlaces externos

Biografía
Emilia Pardo Bazán[n. 1] era hija de una familia gallega noble y muy pudiente de España: el conde José Pardo Bazán, título que heredó a la muerte de su padre en 1908, y Amalia de la Rúa. Fue su madre quien la estimuló a leer y escribir. A la edad de nueve años ya empezaba a mostrar un gran interés por la escritura. Fuera de la casa de la calle de Tabernas poseían otras dos residencias, una cerca de Sangenjo, un pueblo de pescadores, y la otra en las afueras de La Coruña, el Pazo de Meirás. En la biblioteca paterna encontró acceso a una gran variedad de lecturas; declaró que sus libros preferidos entonces fueron Don Quijote de la Mancha, la Biblia y La Iliada. En la casa de La Coruña leyó además La conquista de México de Antonio de Solís y las Vidas paralelas de Plutarco. Los libros sobre la Revolución francesa le fascinaban. Cuando la familia iba a Madrid durante los inviernos Emilia asistía a un colegio francés protegido por la Real Casa, donde fue introducida a la obra literaria de La Fontaine y Jean Racine. A los doce años la familia decide quedarse en La Coruña durante los inviernos y allí estudia Emilia con instructores privados. Se sale del ritual de la educación femenina al negarse a tocar el piano y a tomar clases de música. Dedica todo el tiempo posible a su verdadera pasión, la lectura.

Se estableció en Madrid en 1869, un año después de contraer matrimonio a los diecisiete años con José Quiroga. Los padres de ella se instalan también en Madrid cuando José Pardo fue nombrado diputado, pero éste se desilusionó pronto de la política y toda la familia se marchó a Francia. Viajaron por Europa (Inglaterra, Italia, Alemania) y Emilia aprendió además inglés y alemán. Asidua lectora de los clásicos españoles, se interesó también por las novedades literarias extranjeras y se dio a conocer como escritora con un Estudio crítico de las obras del padre Feijoo (1876), con el que ganó un premio, compitiendo en este certamen con Concepción Arenal. Este mismo año nace su primer hijo, a quien le dedicará un libro de poemas titulado Jaime, publicado por Francisco Giner de los Ríos. En 1879, coincidiendo también con el nacimiento de su primera hija, Blanca, publicó su primera novela, Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina que se halla influida por la lectura de Pedro Antonio de Alarcón y de Juan Valera, y todavía al margen de la orientación que su narrativa tomaría en la década siguiente. Con Un viaje de novios (1881), publicado el año en que nació su última hija, Carmen, y La tribuna (1882), inició su evolución hacia un matizado Naturalismo. En 1882 comenzó, en la revista La Época, la publicación de una serie de artículos sobre Émile Zola y la novela experimental, reunidos posteriormente en el volumen La cuestión palpitante (1883), que la acreditaron como uno de los principales impulsores del naturalismo en España. Este libro causó un gran escándalo, de forma que su marido, horrorizado por la situación, le exigió que cesara de escribir y que se retractase públicamente de sus escritos; no lo hizo, sino que decidió separarse de su marido dos años más tarde, en 1884. En este año publicó La ama joven, que trata precisamente sobre crisis matrimoniales. Benito Pérez Galdós, por entonces cercano también al Naturalismo, inicia una relación amorosa con ella que durará más de veinte años. Ella le engaña sin embargo con amoríos fulminantes con jóvenes como Lázaro Galdiano y Narcís Oller, haciéndose perdonar. En cuanto al Naturalismo practicado por Pardo Bazán, como el de Galdós, frente a los principios ideológicos y literarios de Zola, acentuaba la conexión de la escuela francesa con la tradición realista española y europea, lo que le permitía acercarse a un ideario más conservador, católico y biempensante en lo que respecta a ella, que nunca abominó de su Catolicismo, por más que admitiera las bases ideológicas del determinismo social y darwinista.

De su obra ensayística cabe citar, además, La revolución y la novela en Rusia (1887), Polémicas y estudios literarios (1892) y La literatura francesa moderna (1910), en las que se mantiene atenta a las novedades de fines de siglo en Europa. El método naturalista culmina en Los pazos de Ulloa (1886-1887), su obra maestra, patética pintura de la decadencia del mundo rural gallego y de la aristocracia, y su continuación La madre naturaleza (1887), fabulación naturalista que, al contrario que en José María de Pereda, demuestra que los instintos conducen al pecado. En 1888 visita en Venecia al pretendiente carlista al trono de España; los artículos que escribe al respecto contribuyen a la escisión del Carlismo.

Por otra parte, Insolación (1889) y Morriña (1889) siguen insertos en la ideología y en la estética naturalista. Con posterioridad, coincidiendo con la muerte en 1890 de su padre, evolucionó hacia un mayor simbolismo y espiritualismo, patente en Una cristiana (1890), La prueba (1890), La piedra angular (1891), La quimera (1905) y Dulce sueño (1911). Esta misma evolución se observa en sus cuentos y relatos, recogidos en Cuentos de la tierra (1888), Cuentos escogidos (1891), Cuentos de Marineda (1892), Cuentos sacroprofanos (1899), entre otros. Doña Emilia aprovechó la herencia paterna para crear una revista escrita por ella sola, El Nuevo Teatro Crítico, nombre que recuerda la obra de Benito Jerónimo Feijoo.

En Una Cristiana y La Prueba, de 1890, parece trabar polémica a través de la ficción con algunos de sus detractores morales, como el Padre Coloma, Menéndez Pelayo y Pereda. La diferencia de edad entre enamorados, el cruce de afectos o deberes familiares y el remordimiento religioso prueban en ambas novelas que Doña Emilia tenía más en cuenta la opinión de lo que aparentaba. Adán y Eva, que agrupa las novelas Memorias de un solterón (1891) y Doña Milagros (1894), parece la justificación del romance con Galdós. Pero en La Quimera (1895) vuelve al aguafuerte para retratar el Madrid polvoriento y bizcochable.

Funda y dirige en 1892 la publicación La Biblioteca de la mujer. Asiste a congresos como el Congreso Pedagógico, en donde denuncia la desigualdad educativa entre el hombre y la mujer. Aún consciente del sexismo dentro de los círculos intelectuales, propone a Concepción Arenal a la Real Academia de la Lengua, pero es rechazada; tampoco aceptaría ésta a Gertrudis Gómez de Avellaneda ni a ella (fue rechazada tres veces, en 1889, en 1892 y en 1912), por más que en 1906 llegó a ser la primera mujer en presidir la Sección de literatura del Ateneo de Madrid y la primera en ocupar una cátedra de literaturas neolatinas en la Universidad Central de Madrid, aunque solo asistió un estudiante a clase.

La rica obra de Emilia Pardo Bazán incluye también los libros de viajes (Por Francia y por Alemania, 1889; Por la España pintoresca, 1895) y las biografías (San Francisco de Asís, 1882; Hernán Cortés, 1914). El erudito Varela Jácome ha descubierto una novela inédita: Selva

Obra
Narrativa
Pascual López (1879).
Un viaje de novios (1881).
La tribuna (1882).
El Cisne de Vilamorta (1885)
La dama joven (1885). Novela corta.
Bucólica (1885). Novela corta
Los pazos de Ulloa (1886-1887).
La madre naturaleza (1887).
Insolación (1889).
Morriña (1889).
Una cristiana(1890).
La prueba (1890).
La piedra angular (1891).
La quimera (1905).
Dulce dueño (1911).
De mi tierra (1888).
Cuentos escogidos (1891).
Cuentos de Marineda (1892)..
El tesoro de Gastón (1897).
El encaje roto (1897).
Cuentos sacroprofanos (1899).
La rosa (1899).
Vampiro (1901).
la sirena negra (1908).
La gota de sangre (1911). Novela corta
Belcebú (¿?¿?). Novela corta
La sierpe (¿?¿?). Novela corta
Cada uno... (¿?¿?). Novela corta
Ensayo y crítica
Estudio crítico de las obras del padre Feijoo (1876).
Los poetas épicos cristianos (1895).
La cuestión palpitante (1883).
La revolución y la novela en Rusia (1887).
Nuevo Teatro Crítico (1891-1892).
Polémicas y estudios literarios (1892).
Lecciones de literatura (1906)
La literatura francesa moderna (1910).
La cocina española antigua (1913).
Porvenir de la literatura después de la guerra (1917).
Libros de viajes
Al pie de la torre Eiffel (1889),
Por Francia y por Alemania, 1889.
Por la España pintoresca, 1895.
Por la Europa católica (1905).
Por tierras de Portugal y España
Biografías
San Francisco de Asís, 1882.
Hernán Cortés y sus hazañas, 1914.
Lírica
Jaime (1876)
Véase también
Literatura española del Realismo: El Realismo en el marco literario español.
Realismo literario: Visión general del movimiento.
Literatura de España: Evolución de la literatura española.
Notas
1.↑ De nombre completo Emilia Pardo Bazán y de la Rúa Figueroa, es también conocida como condesa por los efímeros títulos II Condesa pontificia de Pardo Bazán y I Condesa de la Torre de Cela. Véase José-Domingo Vales Vía, «Doña Emilia Pardo-Bazán y su efímero título nobiliario», Anuario Brigantino, 2005, n.º 28, págs. 265-276. ISSN 1130-7625
Enlaces externos
Wikisource en español contiene obras originales de Emilia Pardo Bazán.Wikisource
Portal dedicado a Emilia Pardo Bazán en la biblioteca Virtual Cervantes
Otro portal dedicado a Emilia Pardo Bazán
Cuentos de amor: Emilia Pardo Bazán. 978-84-936893-9-1
Cuentos de Navidad: Emilia Pardo Bazán. 978-84-92808-10-6
Memorias de un solterón: Emilia Pardo Bazán. 978-84-92808-01-4
Cuentos de intriga: Emilia Pardo Bazán. 978-84-92808-01-4
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Emilia_Pardo_Baz%C3%A1n"
Categorías: Nacidos en 1851 | Fallecidos en 1921 | Coruñeses | Escritores de Galicia | Escritores de España del siglo XIX | Escritores de España del siglo XX | Escritores en español | Novelistas de España | Escritores de España del Realismo

Edición recomendada: Los Pazos de Ulloa. Edición, introducción y notas de Marina Mayoral, Madrid, Castalia, 1986.

Leopoldo Alas Clarín - La Regenta

Leopoldo García-Alas y Ureña «Clarín» (n. Zamora; 25 de abril de 1852 – f. Oviedo, Principado de Asturias; 13 de junio de 1901) fue un célebre escritor español.[1]

Contenido
1 Biografía
1.1 Llegada a Madrid
1.2 El Solfeo
1.3 Revista de Asturias
1.4 Doctorado y cátedra
1.5 Clarín como profesor
1.6 Caciquismo literario
1.7 Obra literaria
1.8 Enfermedad y muerte
2 Su obra cumbre: La Regenta (1884–1885). La serie de televisión
3 Anécdotas
4 Citas
5 Obras
5.1 Ensayos
5.2 Novelas
5.3 Cuentos
6 Véase también
7 Referencias
8 Bibliografía
9 Enlaces externos

Biografía
Nació el 25 de abril de 1852 en Zamora, donde se había trasladado su familia desde Oviedo, al ser nombrado su padre, Genaro García Alas, gobernador de la ciudad leonesa.[1] Leopoldo fue el tercer hijo del matrimonio.

En la casa se hablaba continuamente de Asturias y su madre, Leocadia, con cierta nostalgia, contaba relatos de aquella tierra de sus antepasados (aunque ella tenía también hondas raíces leonesas). Este ambiente influyó en gran medida en el espíritu del niño Leopoldo que desde siempre se sintió más asturiano que zamorano, aunque a lo largo de su vida conservó un cariño especial por las tierras que lo vieron nacer.

A los siete años entró a estudiar en el colegio de los jesuitas ubicado en la ciudad de León en el edificio de San Marcos (actual parador de turismo).[1] Desde el principio supo adaptarse a las normas y a la disciplina del centro de tal manera que a los pocos meses era considerado como un alumno modelo. Sus compañeros lo conocían con el mote (sobrenombre) de «el Gobernador», por alusión a la profesión de su padre. Sus biógrafos aseguran que esta etapa estudiantil engendró en Leopoldo el sentimentalismo religioso y el principio de gran disciplina moral que fueron la base de su carácter. En este primer año escolar ganó una banda azul como premio y trofeo literario. La conservó toda su vida y se encontraba entre los objetos más queridos del museo familiar.

En el verano de 1859 toda la familia regresó a Asturias. Leopoldo descubrió con sus propios ojos la geografía asturiana de la que tanto había oído hablar a su madre. Durante los años siguientes Leopoldo se encuentra en libertad por las tierras de Guimarán, propiedad de su padre, donde aprenderá directamente de la Naturaleza y de los libros que encuentra en la vieja biblioteca familiar, donde entra en contacto por primera vez con dos autores que serán sus maestros: Cervantes y Fray Luis de León.

El 4 de octubre de 1863, a la edad de once años, Leopoldo ingresa en la Universidad de Oviedo en lo que se llamaban «estudios preparatorios», matriculándose en las asignaturas de Latín, Aritmética y Doctrina Cristiana. El curso lo terminó con la nota de sobresaliente y con la adquisición de tres buenos amigos: Armando Palacio Valdés, Tomás Tuero (que fue también escritor, traductor y crítico literario) y Pío Rubín (escritor).

Llegada a Madrid
Después de finalizar sus estudios en la Universidad, se trasladó a Madrid para hacer el doctorado, alojándose en una posada de la calle de Capellanes. Allí encontró a sus amigos de Oviedo, Tuero, Palacio Valdés y Rubín. El grupo fue pronto conocido como «los de Oviedo». Los primeros tiempos en la capital no fueron satisfactorios para Leopoldo que añoraba su tierra asturiana, las montañas y la bruma.

Años atrás había entrado en España la teoría del krausismo, de la mano del jurista y filósofo español Julián Sanz del Río, que había sido discípulo en Alemania de Karl Krause. Sanz del Río fue profesor de Filosofía del Derecho ejerciendo tal influencia entre sus alumnos que éstos aplicarían el krausismo poniendo en marcha un movimiento ideológico intelectual que culminó con una gran reforma en la educación libre, con la creación de la Institución Libre de Enseñanza, no sólo en España sino también en Hispanoamérica, y en cambios relativos a la sociedad y a la política. Pero fue expulsado de la cátedra a instancias de Isabel II y alguno de sus ministros por considerar tal doctrina como peligrosa para la seguridad del régimen. Este hecho ocasionó un gran revuelo entre los jóvenes seguidores de Sanz del Río que siguieron transmitiendo sus enseñanzas a los siguientes discípulos. Krausistas destacados fueron Joaquín Costa, Francisco Pi i Margall, Nicolás Salmerón, Rafael María de Labra, Emilio Castelar y Adolfo Camus. Fue en la cátedra de este último y de Nicolás Salmerón donde Leopoldo se empapó de las ideas krausistas que hicieron nacer en él poco a poco, la duda religiosa y el escepticismo filosófico.

En la Cervecería Inglesa de Madrid se reunían en tertulia «los de Oviedo». Poco a poco el grupo se fue incrementando con jóvenes intelectuales apasionados como ellos por la libertad y las nuevas ideas. Uno de estos nuevos contertulios fue Leopoldo Cano (futuro escritor y autor de La Pasionaria). Durante aquel curso, Clarín se vio en constante lucha interior no sólo con el krausismo sino con el naturalismo literario y el liberalismo laico. Todavía tenía ciertas reservas, pero al finalizar el año, el mismo Clarín comenta que «su espíritu se había fortalecido» y había capitulado del todo, no sin antes emplear y poner su capacidad de crítico a la defensiva, actitud que ha de acompañarlo el resto de su vida.

El Solfeo
En diciembre de 1874 termina la Primera República con la caída de Emilio Castelar gracias al golpe de Manuel Pavía. Poco después del golpe, Martínez Campos iniciará la Restauración monárquica en la figura de Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II.

En marzo de 1875, Antonio Sánchez Pérez (no se conoce su biografía) fundó un periódico con el nombre de El Solfeo. El 5 de julio entraron en su redacción unos cuantos jóvenes, entre ellos Leopoldo Alas. El periódico pasó totalmente desapercibido y ni siquiera fue nombrado por los cronistas de la época. Su director quiso que sus colaboradores tomaran como seudónimo el nombre de un instrumento musical y así fue como Leopoldo eligió el clarín que a partir de ahí sería el alias con que firmaría todos sus artículos. La columna donde escribía tenía el título de «Azotacalles de Madrid» (Apuntes en la pared). El día 2 de octubre de 1875, el escritor firmó por primera vez como Clarín, inaugurando el espacio con el verso que el lector puede ver a continuación. De esta forma Leopoldo Alas entró en la vida literaria de la época y desde su columna empezó a lanzar duras críticas llenas de ironía contra la clase política de la Restauración.

Voy a inaugurar en verso
mis revistas de Madrid,
con un modesto romance
que tenga su retintín;
y voy a decir a ustedes
lo que les quiero decir,
mediante Dios, y mediante
el gobernador civil.
Clarín empieza a gozar de popularidad al mismo tiempo que le llegan abundantes disgustos y bastantes enemigos. Cada nuevo artículo se convierte en un nuevo escándalo, criticado o alabado en las tertulias de la Cervecería Inglesa o del Ateneo de la calle de Arenal. Clarín sigue adelante en su estilo asegurando que «el crítico que dice la verdad no medra» y que el poeta aunque sea malo «llega de redondilla en redondilla a jefe de negociado». Junto con esta actividad literaria, continúa con sus estudios, preparando el doctorado.

Revista de Asturias
Aparte del género periodístico, Clarín siente la necesidad de cultivar otros géneros literarios. Félix Aramburu (poeta y notable escritor de Derecho penal), amigo entrañable de Leopoldo era el director y editor en Oviedo de una revista llamada Revista de Asturias. Este amigo no sólo lo animó a escribir otro tipo de narraciones sino que le ofreció un lugar en su propia edición. En el verano de 1876, Clarín escribe sus primeros cuentos y algunas poesías que meses después se irán editando en la Revista ovetense. Con estas colaboraciones el gran escritor fue dándose a conocer.

Doctorado y cátedra
El 1 de julio de 1878 obtuvo Leopoldo Alas el título de doctor en Derecho civil y canónico, con la calificación de sobresaliente. Presentó su tesis doctoral sobre el tema «El derecho y la moralidad» en cuya edición puede verse la dedicatoria «A don Francisco Giner del Río, su sincero amigo y reconocido discípulo». Es el primer libro de Leopoldo que sale de una imprenta y el único en que no aparece su seudónimo Clarín.

Después de unas largas vacaciones en las tierras de Guimarán, Alas regresa a Madrid para preparar brevemente su presentación a las oposiciones que en el mes de noviembre se celebrarían en Salamanca para cubrir la plaza vacante de la cátedra de Economía Política y Estadística en la Universidad. Los sucesivos ejercicios fueron un continuo éxito para Leopoldo y hasta obtuvo el primer lugar en la terna de opositores. De estos éxitos se ocuparon los periódicos de Madrid y la noticia se dio también en la Revista de Asturias (Oviedo, nº 40, 5.XII.1878, sección «Ecos y rumores»). Pero hubo un obstáculo grave para el éxito definitivo: el conde de Toreno (Queipo de Llano) era por entonces ministro de Instrucción Pública y gozaba de un derecho de elección final del candidato. El conde de Toreno había sido blanco de las terribles sátiras de Clarín en El Solfeo, cosa que nunca olvidó y desposeyó a Clarín de la cátedra ganada, en beneficio del número dos de la terna de opositores, el señor Mantecón. Leopoldo Alas escribió una carta abierta de protesta al ministro y años después recordaría con amargura estos sucesos escribiendo: «Yo aprendí de ellos (Salmerón y Giner) a respetar convicciones, y el mayor ultraje que me hizo, tal vez sin saberlo, el conde de Toreno, al negarme una cátedra que era mía, fue la implícita sospecha de que fuese yo un libre pensador como el boticario Homais de Flaubert, capaz de apedrear y despedazar con las herejías que a mí se me ocurriesen, el fanal en que guardaran su fe mis discípulos».

Cuatro años más tarde, la Revista de Legislación y Jurisprudencia publicó en desagravio y con todos los honores el trabajo que Clarín había presentado en las oposiciones de Salamanca bajo el título de «Programa analítico de Economía política y Estadística».

El año 1882 fue para Clarín un año de suerte. El 12 de julio pudo leer en la Gaceta Oficial su nombramiento para la cátedra de Economía Política y Estadística, concedida para la Universidad de Zaragoza, y el 29 de agosto tuvo lugar su boda con Onofre García-Argüelles, en la localidad asturiana de La Laguna (valle de Langreo), en el palacio de la familia García-Argüelles. Al año siguiente regresó a Oviedo como catedrático de Derecho Romano y más tarde se ocupó también de la cátedra de Derecho Natural en la Universidad de Oviedo.

Clarín como profesor
Se decía entre sus contemporáneos que para conocer a Clarín era necesario asistir a su cátedra de Derecho Natural. Según sus propias palabras, era partidario de sugerir a sus alumnos un hábito de reflexión mejor que enseñar una ciencia a secas y no se conformaba con enseñar una serie de preceptos a aplicar en el futuro. Sus lecciones solían empezar con un precepto de Justiniano y continuaba con citas de El Quijote o de Santa Teresa, para terminar con Tolstói, Renan o San Francisco de Asís. Muchos de sus alumnos no llegaban a entender este sistema y acusaban a Clarín de ser un «hueso» (serio, estricto, exigente y por lo general con fama de suspender). Clarín estimaba a sus alumnos cuando eran capaces de entender el espíritu de sus enseñanzas antes que la letra. Tenía un sentido de la justicia muy severo a la hora de calificar y nunca aceptó ni sobornos ni recomendaciones; se lo acusaba de carecer de ningún tipo de benevolencia. La cátedra fue para Clarín una gran responsabilidad y una preocupación constante (según sus propias palabras) y se entregaba a ella con toda honestidad.

Caciquismo literario
Casi todos los biógrafos de Clarín vienen a estar de acuerdo en este punto: su caciquismo literario, algo tiránico. Desde su retiro de Oviedo llega a hacerse temer y respetar en Madrid y se da a conocer en Europa y en América. Fue un provinciano universal, aunque su ciudad, Oviedo, nunca comprendió su universalidad. Se lo consideraba como un hombrecillo nervioso y miope, que daba clases en la Universidad y que por las tardes jugaba al tresillo en el Casino. Los estudiantes lo temían por su severidad y la sociedad lo consideraba un ateo liberal.

Obra literaria
Durante los ratos libres que le dejara la cátedra de la Universidad, Clarín escribía artículos para los periódicos El Globo, La Ilustración y Madrid Cómico. Envía a los periódicos de El Imparcial y Madrid Cómico sus «Paliques» satíricos y mordaces que le proporcionarán algunos enemigos adicionales.

En 1881 se publicó el libro Solos de Clarín, que recogió los artículos de crítica literaria. El prólogo es de Echegaray. Ese mismo año, en el mes de octubre publicó en La Ilustración Gallega y Asturiana el artículo «La Universidad de Oviedo», en el que hace un elogio al claustro restaurado y formado por los profesores Buylla, Aramburu, Díaz Ordóñez, entre otros.

A los 31 años de edad escribe Clarín su obra maestra La Regenta. En junio de 1885 salió a la calle el segundo volumen de esta composición del arte literario. En 1886 se edita su primer libro de cuentos con el título de Pipá. En 1889 termina un ensayo biográfico sobre Galdós, dentro de una serie titulada «Celebridades españolas contemporáneas». A finales de junio de 1891, el editor Fernando Fe saca a la luz la segunda novela larga de Clarín: Su único hijo.

En 1892 Clarín pasa por una crisis de personalidad y religiosa en que, según sus palabras, trata de encontrar a su yo y a Dios. Poco después dejó reflejar dicha crisis en su cuento Cambio de Luz, cuyo protagonista Jorge Arial representa al autor y sus preocupaciones, sus dudas religiosas y su escepticismo filosófico. Clarín define a este personaje como «místico vergonzante».

En 1894 se despertó su afición por el teatro por influencia de sus amigos la actriz María Guerrero y el dramaturgo Echegaray. Los biógrafos dicen que es un contrasentido en un hombre amante de la realidad y enemigo de la farsa. Por eso su primera obra teatral Teresa (ensayo dramático en un acto y en prosa) es una página real de su propia vida. Se publicó y se estrenó el 20 de marzo, en el teatro Español de Madrid, en homenaje que se daba a la actriz María Guerrero. La obra resultó un rotundo fracaso, argumentando los críticos que carecía de arquitectura escénica y que tenía todos los defectos de un escritor novato.

Durante los últimos años de su vida, Clarín recibe gran cantidad de ofertas para colaboraciones así como peticiones de autorización para traducir su obra en nuevas ediciones. En 1900, la Casa Maucci de Barcelona, le encarga la traducción de la novela de Émile Zola Trabajo. La retribución es buena y Clarín piensa que una traducción no le dará tanto trabajo como escribir. Pero los tecnicismos y palabras difíciles del escritor francés, unido al perfeccionismo de Clarín hacen que el trabajo se alargue durante meses, agotando la poca salud que tenía en aquellos años. Traduce día y noche para cumplir con la fecha indicada por la editorial, agotado pero contento de poder contribuir en dar a conocer al «pensador más ultrajado de todo el siglo XIX».

Enfermedad y muerte
Clarín venía arrastrando su enfermedad desde años atrás y en los primeros meses de 1901 se sentía ya exhausto. En el mes de mayo viajó a León, invitado por su primo Ureña, con motivo de los festejos que se celebraron por haberse terminado la reconstrucción de la catedral. En esta ciudad revivió su infancia y fue agasajado y querido por muchas personalidades. A su vuelta comentó: "En León pasé horas verdaderamente felices".

Una vez de vuelta a Oviedo sintió de nuevo y muy cercana su enfermedad. Allí fue acompañado constantemente por su sobrino el joven médico Alfredo Martínez, que le diagnosticó una tuberculosis intestinal en último grado, enfermedad incurable en aquella época.

El 13 de junio de 1901, a las siete de la mañana, murió Leopoldo Alas, a la edad de cuarenta y nueve años. El féretro fue velado en el claustro de la Universidad donde acudieron profesores, amigos y familiares del escritor. Al día siguiente fue enterrado en el cementerio de El Salvador.

En Madrid, el escritor Bonafoux (mediocre escritor según Clarín y otros colegas de la época), fiel enemigo hasta la muerte, preparó el artículo necrológico en que añadió estas palabras: «Yo he sido el primero en alegrarme de la muerte de Clarín. […] En su entierro se escuchó el silencio que se escucha en los entierros de los tiranos».

Su obra cumbre: La Regenta (1884–1885)
Obra de gran extensión, ostenta cierta declarada semejanza con Madame Bovary, de Flaubert, y Ana Karenina, de Tolstoi, influencia a la que habría que añadir la del naturalismo y la del krausismo (corriente filosófica que pretendía la regeneración cultural y moral de España).

La Regenta se destaca por su gran riqueza de personajes y planos secundarios,así como el uso de la técnica del fluir de los recuerdos, mientras que el retrato de la protagonista queda delicadamente desenfocado y vago. Por otra parte, aquí la caída de la señora provinciana tiene lugar entre dos cortejadores muy diversos: el más seductor galán de la ciudad, que acaba triunfando, y un canónigo de la catedral. El retrato de este canónigo es pieza clave del libro.

Para la descripción del ambiente provinciano y del entramado de la vida colectiva —lo más naturalista de la novela— Clarín utiliza técnicas como el monólogo interiorizado (el monólogo interior nace más tarde, con Joyce y Dostoyevski) y el estilo indirecto libre, que hacen que la historia sea narrada por los personajes a través de sus pensamientos y que permiten penetrar en sus interioridades. Gracias a estas técnicas y un minucioso estudio del personaje en el medio (es decir la sociedad en la que vive) los personajes adquieren una cierta profundidad psicológica.

Anécdotas
Parece ser que la pesadilla de todos los amigos y conocidos de Clarín era su letra ininteligible. Por ello recibía bastante a menudo críticas constructivas, alguna mofa o alguna queja:

Pérez Galdós: En una carta dirigida a Clarín le dice, «¡Cuán más hermoso recibir un papel lleno de garabatos y prepararse a los goces puros de la adivinación! Ir conquistando sílaba a sílaba el reino misterioso de su escritura caldea».
Emilia Pardo Bazán: «Ya tenía ganas de ver sus deliciosos garabatitos».
Clarín recibía continuamente cartas tanto para elogiarle, para insultarle o para pedir consejo y beneplácito sobre otras novelas. En una ocasión Clarín había escrito en sus Paliques que en España en aquellos años no había más que dos poetas y medio: Campoamor, Núñez de Arce y Manuel del Palacio (que se suponía era el «medio»). Este último, sintiéndose ofendido y humillado, envió a la finca de Guimerán donde se encontraba Clarín de vacaciones una larga epístola escrita en tercetos y llena de insultos. La respuesta fue dura y arrolladora. Compuso otra epístola con un número de versos aproximado a los de Palacio que tituló «A 0’50 poeta (epístola en versos con notas en prosa clara)». Toda España la leyó y toda España habló de Manuel del Palacio como el «medio poeta». Fue el regocijo de las tertulias madrileñas. El aludido no replicó y ahí terminó el asunto.

En 1891, Clarín fue elegido para concejal republicano del Ayuntamiento de Oviedo en sufragio universal. Durante la reunión del acto de nombramiento, Clarín permaneció callado, pero sus nervios se dispararon al escuchar de boca de otro concejal que leía el acta, un «haiga». El profesor se echó sobre él con tanta furia dialéctica que el concejal, avergonzado por las risas de sus compañeros y del público asistente, presentó inmediatamente su dimisión. Clarín intervino de nuevo y consiguió que retirase la renuncia.

Clarín fue padre de Leopoldo García Alas Argüelles y es el bisabuelo del jurista Leopoldo Tolivar Alas. Este último y su hermana, Ana Cristina, cedieron en depósito, gratuitamente, al Principado de Asturias, en marzo de 2010, la biblioteca familiar y archivo que conservaban, entre cuyos documentos figura el manuscrito de La Regenta.

Clarín es tío-bisabuelo del también escritor Leopoldo Alas Mínguez, fallecido el 1 de agosto de 2008.

Citas
Éste es un pequeño extracto de algunas frases escritas por Clarín en sus críticas o en su correspondencia.

«El eclecticismo de Balmes es originariamente infecundo, ya que sueña con alianzas imposibles entre sus creencias y las corrientes del siglo».
«Yo era entonces un idealista de cátedra...»
«¡Qué de famas irritantes, de escritores hueros, necios, vulgarísimos no ha habido que combatir como quien apaga un incendio, durante estos 20 años!»
«La buena crianza nos exige que no hablemos a las personas de lo que no entienden, de lo que no les interesa; que no aburramos al prójimo con las preocupaciones de nuestro egoísmo haciéndole prestar atención a nuestras gracias, aventuras y milagros».
«La buena crianza pide también que no escandalicemos a quien nos oye con desvergüenzas, blasfemias, chistes demasiado verdes, etc., etc. La buena crianza pide que no demos latas a nadie (usando una palabra que me disgusta, pero hoy muy corriente)».
Obras
Ensayos
Solos de Clarín (1881).
La literatura en 1881 (1882).
Sermón perdido (1885).
Nueva campaña (1887).
Ensayos y revistas (1892).
Palique (1894).
Novelas
Cuesta abajo (1890-1891).
La Regenta (1884–1885).
Su único hijo (1890).
Cuentos
Tal vez la faceta de la que menos se habla es su papel como gran cultivador de la novela corta, de relatos y de cuentos, formas que se desarrollan de forma extraordinaria en la literatura europea a partir de la mitad del siglo XIX. Entre las obras más destacadas de Clarín podemos señalar cronológicamente las novelas cortas Pipá, Doña Berta, Cuervo, Superchería, de los cuentos y relatos El Señor y lo demás son cuentos, Cuentos Morales, El gallo de Sócrates, obra póstuma, y Doctor Sutilis.

Dos sabios.
El dúo de la tos.
El gallo de Sócrates.
En el tren.
En la droguería.
Un voto.
Adiós, Cordera.
Boroña.
Cuentos morales.
Cuervo.
De la Comisión.
Doble vía.
Doctor Angelicus.
Don Paco del empaque.
Doña Berta.
El Señor y lo demás son cuentos.
El doctor Pértinax.
El libro y la viuda.
El oso mayor.
El sombrero del cura.
Medalla... de perro chico.
Pipá.
Speraindeo.
Superchería.
Tambor y gaita.
Teresa.
Un candidato.
Un repatriado.


Véase también
Literatura española del Realismo: El Realismo en el marco literario español.
Realismo: Visión general del movimiento.
Literatura de España: Evolución de la literatura española.
Adaptación televisiva de La Regenta.
Sergio Beser.
Referencias
1.↑ a b c «Leopoldo Alas, "Clarín"». Consultado el 14 de julio de 2008.
Bibliografía
Obras selectas de Leopoldo Alas «Clarín». Biblioteca Nueva, Madrid, 1966. Depósito legal: M. 17673. Autor de los datos biográficos: Juan Antonio Cabezas, Madrid, 1947.
BOTREL, Jean-François: «'Clarín' y Giner: El 'eterno discípulo' y el 'maestro', en 1892». Ínsula: Revista de Letras y Ciencias Humanas 659 (Nov. 2001), pp. 12–13.
BRENT, Albert: Leopoldo Alas and “La Regenta”. The University of Missouri Studies, v. 24, n. 2. Columbia, Missouri: The Curators of the University of Missouri, 1951.
DURAND, Frank: “Structural Unity in Leopoldo Alas’ La Regenta”. Hispanic Review 31 (1963), pp. 324–335.
GRAMBERG, Eduard J.: «Integralismo», en fondo y forma del humorismo de Leopoldo Alas, «Clarín». Oviedo: Instituto de Estudios Asturianos, 1958.
KRONIK, John W.: “Leopoldo Alas, Krausism and the Plight of the Humanities in Spain”, MLS, 2.3 (Fall 1981), pp. 3–15.
LA RUBIA-PRADO, Francisco: «Sensualidad pervertida: Trabajo, tabú y vida en Cuervo, de Leopoldo Alas». Ojáncano: Revista de Literatura Española 22 (Oct. 2002), pp. 3–20.
LISSORGUES, Yvan: Leopoldo Alas, Clarín en sus palabras. Biografía, Nobel, Oviedo (2007).
LÓPEZ, M., Berta: «El deseo triangular en La Regenta». Estudios filológicos 22 (1987), pp. 59–76.
PAU, Antonio: Clarín. Ganivet. Azaña. Pensamiento y vivencia del Derecho, Madrid: Tecnos, 1994.
RICHMOND, Carolyn: «Las ideas de Leopoldo Alas, ‘Clarín’, sobre la mujer en sus escritos previos a La Regenta». Homenaje al profesor Antonio Vilanova. Ed. Marta Cristiana Carbonell. 2 tomos. Barcelona: Universidad de Barcelona, 1989, t. II, pp. 523–539.
SÁNCHEZ, Roberto G.: «Clarín y el Romanticismo Teatral: examen de una afición». Hispanic Review 31 (1963), pp. 216–228.
SÁNCHEZ, Roberto G.: “The Presence of Theater and the Consciousness of Theater in Clarín’s La Regenta”. Hispanic Review 37 (1969), pp. 491–509.
SOBEJANO, Gonzalo: «Introducción». La Regenta de Leopoldo Alas. 2 tomos. Madrid: Castalia, 1981, t. I, pp. 7–58.
VALBUENA Y PRAT, Ángel (catedrático de Literatura): Historia de la literatura española. Gustavo Gili, editor. Barcelona, 1946.
VALIS, Noël Maureen: The Decadent Vision in Leopoldo Alas: A Study of “La Regenta” and “Su Único Hijo”. Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1981.
VALIS, Noël: Leopoldo Alas (Clarín): An Annotated Bibliography, Supplement I. London: Tamesis; 2002.
VALIS, Noël: "Leopoldo Alas (Clarín): A Supplemental Annotated Bibliography". Letras Peninsulares 16.3 (2003–2004), pp. 739–800.
SOTELO VÁSQUEZ, Adolfo: «Emile Zola y Leopoldo Alas 'Clarín': Aspectos de la novela». Excavatio: Emile Zola and Naturalism 18.1–2 (2003), pp. 198–210.
WARD, Thomas: «Literatura y sociedad española en Larra, Giner y Alas». La teoría literaria: el romanticismo, el krausismo y el modernismo ante la 'globalización' industrial. University, MS: Romance Monogrphs, Nº 61, 2004, pp. 15–52.
WEBER, Francis: “Ideology and Religious Parody in the Novels of Leopoldo Alas”. Bulletin of Hispanic Studies 43 (1963), pp. 197–208.
WESSELING, Pieter: “Structure and its Implications in Leopoldo Alas’ La Regenta”. Hispanic Review 51 (1983), pp. 393–408.
Enlaces externos
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Wikisource contiene obras originales de o sobre Leopoldo Alas.Wikisource
Leopoldo Alas Clarín en el Centro Virtual Cervantes
Portal sobre el autor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Texto completo de la segunda edición de La Regenta en la Biblioteca Augustana Digital
Biografía de Leopoldo Alas
Exposición Bibliográfica sobre Leopoldo Alas
Leopoldo Alas en El Poder de la Palabra
Obras de Leopoldo Alas «Clarín» en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Obras de Leopoldo Alas (Clarín) en el Proyecto Gutenberg
Obras de Leopoldo Alas (Clarín) en Domínio Público

Edición recomendada: Castalia

Comentario de La Regenta por Mario López Asenjo (MasterLengua)
Protagonistas Femeninas en la Novela del siglo XIX: La Regenta (UNED)

Leopoldo Alas Clarín - Cuentos

Leopoldo García-Alas y Ureña «Clarín» (n. Zamora; 25 de abril de 1852 – f. Oviedo, Principado de Asturias; 13 de junio de 1901) fue un célebre escritor español.[1]

Contenido
1 Biografía
1.1 Llegada a Madrid
1.2 El Solfeo
1.3 Revista de Asturias
1.4 Doctorado y cátedra
1.5 Clarín como profesor
1.6 Caciquismo literario
1.7 Obra literaria
1.8 Enfermedad y muerte
2 Su obra cumbre: La Regenta (1884–1885)
3 Anécdotas
4 Citas
5 Obras
5.1 Ensayos
5.2 Novelas
5.3 Cuentos
6 Véase también
7 Referencias
8 Bibliografía
9 Enlaces externos

Biografía
Nació el 25 de abril de 1852 en Zamora, donde se había trasladado su familia desde Oviedo, al ser nombrado su padre, Genaro García Alas, gobernador de la ciudad leonesa.[1] Leopoldo fue el tercer hijo del matrimonio.

En la casa se hablaba continuamente de Asturias y su madre, Leocadia, con cierta nostalgia, contaba relatos de aquella tierra de sus antepasados (aunque ella tenía también hondas raíces leonesas). Este ambiente influyó en gran medida en el espíritu del niño Leopoldo que desde siempre se sintió más asturiano que zamorano, aunque a lo largo de su vida conservó un cariño especial por las tierras que lo vieron nacer.

A los siete años entró a estudiar en el colegio de los jesuitas ubicado en la ciudad de León en el edificio de San Marcos (actual parador de turismo).[1] Desde el principio supo adaptarse a las normas y a la disciplina del centro de tal manera que a los pocos meses era considerado como un alumno modelo. Sus compañeros lo conocían con el mote (sobrenombre) de «el Gobernador», por alusión a la profesión de su padre. Sus biógrafos aseguran que esta etapa estudiantil engendró en Leopoldo el sentimentalismo religioso y el principio de gran disciplina moral que fueron la base de su carácter. En este primer año escolar ganó una banda azul como premio y trofeo literario. La conservó toda su vida y se encontraba entre los objetos más queridos del museo familiar.

En el verano de 1859 toda la familia regresó a Asturias. Leopoldo descubrió con sus propios ojos la geografía asturiana de la que tanto había oído hablar a su madre. Durante los años siguientes Leopoldo se encuentra en libertad por las tierras de Guimarán, propiedad de su padre, donde aprenderá directamente de la Naturaleza y de los libros que encuentra en la vieja biblioteca familiar, donde entra en contacto por primera vez con dos autores que serán sus maestros: Cervantes y Fray Luis de León.

El 4 de octubre de 1863, a la edad de once años, Leopoldo ingresa en la Universidad de Oviedo en lo que se llamaban «estudios preparatorios», matriculándose en las asignaturas de Latín, Aritmética y Doctrina Cristiana. El curso lo terminó con la nota de sobresaliente y con la adquisición de tres buenos amigos: Armando Palacio Valdés, Tomás Tuero (que fue también escritor, traductor y crítico literario) y Pío Rubín (escritor).

Llegada a Madrid
Después de finalizar sus estudios en la Universidad, se trasladó a Madrid para hacer el doctorado, alojándose en una posada de la calle de Capellanes. Allí encontró a sus amigos de Oviedo, Tuero, Palacio Valdés y Rubín. El grupo fue pronto conocido como «los de Oviedo». Los primeros tiempos en la capital no fueron satisfactorios para Leopoldo que añoraba su tierra asturiana, las montañas y la bruma.

Años atrás había entrado en España la teoría del krausismo, de la mano del jurista y filósofo español Julián Sanz del Río, que había sido discípulo en Alemania de Karl Krause. Sanz del Río fue profesor de Filosofía del Derecho ejerciendo tal influencia entre sus alumnos que éstos aplicarían el krausismo poniendo en marcha un movimiento ideológico intelectual que culminó con una gran reforma en la educación libre, con la creación de la Institución Libre de Enseñanza, no sólo en España sino también en Hispanoamérica, y en cambios relativos a la sociedad y a la política. Pero fue expulsado de la cátedra a instancias de Isabel II y alguno de sus ministros por considerar tal doctrina como peligrosa para la seguridad del régimen. Este hecho ocasionó un gran revuelo entre los jóvenes seguidores de Sanz del Río que siguieron transmitiendo sus enseñanzas a los siguientes discípulos. Krausistas destacados fueron Joaquín Costa, Francisco Pi i Margall, Nicolás Salmerón, Rafael María de Labra, Emilio Castelar y Adolfo Camus. Fue en la cátedra de este último y de Nicolás Salmerón donde Leopoldo se empapó de las ideas krausistas que hicieron nacer en él poco a poco, la duda religiosa y el escepticismo filosófico.

En la Cervecería Inglesa de Madrid se reunían en tertulia «los de Oviedo». Poco a poco el grupo se fue incrementando con jóvenes intelectuales apasionados como ellos por la libertad y las nuevas ideas. Uno de estos nuevos contertulios fue Leopoldo Cano (futuro escritor y autor de La Pasionaria). Durante aquel curso, Clarín se vio en constante lucha interior no sólo con el krausismo sino con el naturalismo literario y el liberalismo laico. Todavía tenía ciertas reservas, pero al finalizar el año, el mismo Clarín comenta que «su espíritu se había fortalecido» y había capitulado del todo, no sin antes emplear y poner su capacidad de crítico a la defensiva, actitud que ha de acompañarlo el resto de su vida.

El Solfeo
En diciembre de 1874 termina la Primera República con la caída de Emilio Castelar gracias al golpe de Manuel Pavía. Poco después del golpe, Martínez Campos iniciará la Restauración monárquica en la figura de Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II.

En marzo de 1875, Antonio Sánchez Pérez (no se conoce su biografía) fundó un periódico con el nombre de El Solfeo. El 5 de julio entraron en su redacción unos cuantos jóvenes, entre ellos Leopoldo Alas. El periódico pasó totalmente desapercibido y ni siquiera fue nombrado por los cronistas de la época. Su director quiso que sus colaboradores tomaran como seudónimo el nombre de un instrumento musical y así fue como Leopoldo eligió el clarín que a partir de ahí sería el alias con que firmaría todos sus artículos. La columna donde escribía tenía el título de «Azotacalles de Madrid» (Apuntes en la pared). El día 2 de octubre de 1875, el escritor firmó por primera vez como Clarín, inaugurando el espacio con el verso que el lector puede ver a continuación. De esta forma Leopoldo Alas entró en la vida literaria de la época y desde su columna empezó a lanzar duras críticas llenas de ironía contra la clase política de la Restauración.

Voy a inaugurar en verso
mis revistas de Madrid,
con un modesto romance
que tenga su retintín;
y voy a decir a ustedes
lo que les quiero decir,
mediante Dios, y mediante
el gobernador civil.
Clarín empieza a gozar de popularidad al mismo tiempo que le llegan abundantes disgustos y bastantes enemigos. Cada nuevo artículo se convierte en un nuevo escándalo, criticado o alabado en las tertulias de la Cervecería Inglesa o del Ateneo de la calle de Arenal. Clarín sigue adelante en su estilo asegurando que «el crítico que dice la verdad no medra» y que el poeta aunque sea malo «llega de redondilla en redondilla a jefe de negociado». Junto con esta actividad literaria, continúa con sus estudios, preparando el doctorado.

Revista de Asturias
Aparte del género periodístico, Clarín siente la necesidad de cultivar otros géneros literarios. Félix Aramburu (poeta y notable escritor de Derecho penal), amigo entrañable de Leopoldo era el director y editor en Oviedo de una revista llamada Revista de Asturias. Este amigo no sólo lo animó a escribir otro tipo de narraciones sino que le ofreció un lugar en su propia edición. En el verano de 1876, Clarín escribe sus primeros cuentos y algunas poesías que meses después se irán editando en la Revista ovetense. Con estas colaboraciones el gran escritor fue dándose a conocer.

Doctorado y cátedra
El 1 de julio de 1878 obtuvo Leopoldo Alas el título de doctor en Derecho civil y canónico, con la calificación de sobresaliente. Presentó su tesis doctoral sobre el tema «El derecho y la moralidad» en cuya edición puede verse la dedicatoria «A don Francisco Giner del Río, su sincero amigo y reconocido discípulo». Es el primer libro de Leopoldo que sale de una imprenta y el único en que no aparece su seudónimo Clarín.

Después de unas largas vacaciones en las tierras de Guimarán, Alas regresa a Madrid para preparar brevemente su presentación a las oposiciones que en el mes de noviembre se celebrarían en Salamanca para cubrir la plaza vacante de la cátedra de Economía Política y Estadística en la Universidad. Los sucesivos ejercicios fueron un continuo éxito para Leopoldo y hasta obtuvo el primer lugar en la terna de opositores. De estos éxitos se ocuparon los periódicos de Madrid y la noticia se dio también en la Revista de Asturias (Oviedo, nº 40, 5.XII.1878, sección «Ecos y rumores»). Pero hubo un obstáculo grave para el éxito definitivo: el conde de Toreno (Queipo de Llano) era por entonces ministro de Instrucción Pública y gozaba de un derecho de elección final del candidato. El conde de Toreno había sido blanco de las terribles sátiras de Clarín en El Solfeo, cosa que nunca olvidó y desposeyó a Clarín de la cátedra ganada, en beneficio del número dos de la terna de opositores, el señor Mantecón. Leopoldo Alas escribió una carta abierta de protesta al ministro y años después recordaría con amargura estos sucesos escribiendo: «Yo aprendí de ellos (Salmerón y Giner) a respetar convicciones, y el mayor ultraje que me hizo, tal vez sin saberlo, el conde de Toreno, al negarme una cátedra que era mía, fue la implícita sospecha de que fuese yo un libre pensador como el boticario Homais de Flaubert, capaz de apedrear y despedazar con las herejías que a mí se me ocurriesen, el fanal en que guardaran su fe mis discípulos».

Cuatro años más tarde, la Revista de Legislación y Jurisprudencia publicó en desagravio y con todos los honores el trabajo que Clarín había presentado en las oposiciones de Salamanca bajo el título de «Programa analítico de Economía política y Estadística».

El año 1882 fue para Clarín un año de suerte. El 12 de julio pudo leer en la Gaceta Oficial su nombramiento para la cátedra de Economía Política y Estadística, concedida para la Universidad de Zaragoza, y el 29 de agosto tuvo lugar su boda con Onofre García-Argüelles, en la localidad asturiana de La Laguna (valle de Langreo), en el palacio de la familia García-Argüelles. Al año siguiente regresó a Oviedo como catedrático de Derecho Romano y más tarde se ocupó también de la cátedra de Derecho Natural en la Universidad de Oviedo.

Clarín como profesor
Se decía entre sus contemporáneos que para conocer a Clarín era necesario asistir a su cátedra de Derecho Natural. Según sus propias palabras, era partidario de sugerir a sus alumnos un hábito de reflexión mejor que enseñar una ciencia a secas y no se conformaba con enseñar una serie de preceptos a aplicar en el futuro. Sus lecciones solían empezar con un precepto de Justiniano y continuaba con citas de El Quijote o de Santa Teresa, para terminar con Tolstói, Renan o San Francisco de Asís. Muchos de sus alumnos no llegaban a entender este sistema y acusaban a Clarín de ser un «hueso» (serio, estricto, exigente y por lo general con fama de suspender). Clarín estimaba a sus alumnos cuando eran capaces de entender el espíritu de sus enseñanzas antes que la letra. Tenía un sentido de la justicia muy severo a la hora de calificar y nunca aceptó ni sobornos ni recomendaciones; se lo acusaba de carecer de ningún tipo de benevolencia. La cátedra fue para Clarín una gran responsabilidad y una preocupación constante (según sus propias palabras) y se entregaba a ella con toda honestidad.

Caciquismo literario
Casi todos los biógrafos de Clarín vienen a estar de acuerdo en este punto: su caciquismo literario, algo tiránico. Desde su retiro de Oviedo llega a hacerse temer y respetar en Madrid y se da a conocer en Europa y en América. Fue un provinciano universal, aunque su ciudad, Oviedo, nunca comprendió su universalidad. Se lo consideraba como un hombrecillo nervioso y miope, que daba clases en la Universidad y que por las tardes jugaba al tresillo en el Casino. Los estudiantes lo temían por su severidad y la sociedad lo consideraba un ateo liberal.

Obra literaria
Durante los ratos libres que le dejara la cátedra de la Universidad, Clarín escribía artículos para los periódicos El Globo, La Ilustración y Madrid Cómico. Envía a los periódicos de El Imparcial y Madrid Cómico sus «Paliques» satíricos y mordaces que le proporcionarán algunos enemigos adicionales.

En 1881 se publicó el libro Solos de Clarín, que recogió los artículos de crítica literaria. El prólogo es de Echegaray. Ese mismo año, en el mes de octubre publicó en La Ilustración Gallega y Asturiana el artículo «La Universidad de Oviedo», en el que hace un elogio al claustro restaurado y formado por los profesores Buylla, Aramburu, Díaz Ordóñez, entre otros.

A los 31 años de edad escribe Clarín su obra maestra La Regenta. En junio de 1885 salió a la calle el segundo volumen de esta composición del arte literario. En 1886 se edita su primer libro de cuentos con el título de Pipá. En 1889 termina un ensayo biográfico sobre Galdós, dentro de una serie titulada «Celebridades españolas contemporáneas». A finales de junio de 1891, el editor Fernando Fe saca a la luz la segunda novela larga de Clarín: Su único hijo.

En 1892 Clarín pasa por una crisis de personalidad y religiosa en que, según sus palabras, trata de encontrar a su yo y a Dios. Poco después dejó reflejar dicha crisis en su cuento Cambio de Luz, cuyo protagonista Jorge Arial representa al autor y sus preocupaciones, sus dudas religiosas y su escepticismo filosófico. Clarín define a este personaje como «místico vergonzante».

En 1894 se despertó su afición por el teatro por influencia de sus amigos la actriz María Guerrero y el dramaturgo Echegaray. Los biógrafos dicen que es un contrasentido en un hombre amante de la realidad y enemigo de la farsa. Por eso su primera obra teatral Teresa (ensayo dramático en un acto y en prosa) es una página real de su propia vida. Se publicó y se estrenó el 20 de marzo, en el teatro Español de Madrid, en homenaje que se daba a la actriz María Guerrero. La obra resultó un rotundo fracaso, argumentando los críticos que carecía de arquitectura escénica y que tenía todos los defectos de un escritor novato.

Durante los últimos años de su vida, Clarín recibe gran cantidad de ofertas para colaboraciones así como peticiones de autorización para traducir su obra en nuevas ediciones. En 1900, la Casa Maucci de Barcelona, le encarga la traducción de la novela de Émile Zola Trabajo. La retribución es buena y Clarín piensa que una traducción no le dará tanto trabajo como escribir. Pero los tecnicismos y palabras difíciles del escritor francés, unido al perfeccionismo de Clarín hacen que el trabajo se alargue durante meses, agotando la poca salud que tenía en aquellos años. Traduce día y noche para cumplir con la fecha indicada por la editorial, agotado pero contento de poder contribuir en dar a conocer al «pensador más ultrajado de todo el siglo XIX».

Enfermedad y muerte
Clarín venía arrastrando su enfermedad desde años atrás y en los primeros meses de 1901 se sentía ya exhausto. En el mes de mayo viajó a León, invitado por su primo Ureña, con motivo de los festejos que se celebraron por haberse terminado la reconstrucción de la catedral. En esta ciudad revivió su infancia y fue agasajado y querido por muchas personalidades. A su vuelta comentó: "En León pasé horas verdaderamente felices".

Una vez de vuelta a Oviedo sintió de nuevo y muy cercana su enfermedad. Allí fue acompañado constantemente por su sobrino el joven médico Alfredo Martínez, que le diagnosticó una tuberculosis intestinal en último grado, enfermedad incurable en aquella época.

El 13 de junio de 1901, a las siete de la mañana, murió Leopoldo Alas, a la edad de cuarenta y nueve años. El féretro fue velado en el claustro de la Universidad donde acudieron profesores, amigos y familiares del escritor. Al día siguiente fue enterrado en el cementerio de El Salvador.

En Madrid, el escritor Bonafoux (mediocre escritor según Clarín y otros colegas de la época), fiel enemigo hasta la muerte, preparó el artículo necrológico en que añadió estas palabras: «Yo he sido el primero en alegrarme de la muerte de Clarín. […] En su entierro se escuchó el silencio que se escucha en los entierros de los tiranos».

Su obra cumbre: La Regenta (1884–1885)
Obra de gran extensión, ostenta cierta declarada semejanza con Madame Bovary, de Flaubert, y Ana Karenina, de Tolstoi, influencia a la que habría que añadir la del naturalismo y la del krausismo (corriente filosófica que pretendía la regeneración cultural y moral de España).

La Regenta se destaca por su gran riqueza de personajes y planos secundarios,así como el uso de la técnica del fluir de los recuerdos, mientras que el retrato de la protagonista queda delicadamente desenfocado y vago. Por otra parte, aquí la caída de la señora provinciana tiene lugar entre dos cortejadores muy diversos: el más seductor galán de la ciudad, que acaba triunfando, y un canónigo de la catedral. El retrato de este canónigo es pieza clave del libro.

Para la descripción del ambiente provinciano y del entramado de la vida colectiva —lo más naturalista de la novela— Clarín utiliza técnicas como el monólogo interiorizado (el monólogo interior nace más tarde, con Joyce y Dostoyevski) y el estilo indirecto libre, que hacen que la historia sea narrada por los personajes a través de sus pensamientos y que permiten penetrar en sus interioridades. Gracias a estas técnicas y un minucioso estudio del personaje en el medio (es decir la sociedad en la que vive) los personajes adquieren una cierta profundidad psicológica.

Anécdotas
Parece ser que la pesadilla de todos los amigos y conocidos de Clarín era su letra ininteligible. Por ello recibía bastante a menudo críticas constructivas, alguna mofa o alguna queja:

Pérez Galdós: En una carta dirigida a Clarín le dice, «¡Cuán más hermoso recibir un papel lleno de garabatos y prepararse a los goces puros de la adivinación! Ir conquistando sílaba a sílaba el reino misterioso de su escritura caldea».
Emilia Pardo Bazán: «Ya tenía ganas de ver sus deliciosos garabatitos».
Clarín recibía continuamente cartas tanto para elogiarle, para insultarle o para pedir consejo y beneplácito sobre otras novelas. En una ocasión Clarín había escrito en sus Paliques que en España en aquellos años no había más que dos poetas y medio: Campoamor, Núñez de Arce y Manuel del Palacio (que se suponía era el «medio»). Este último, sintiéndose ofendido y humillado, envió a la finca de Guimerán donde se encontraba Clarín de vacaciones una larga epístola escrita en tercetos y llena de insultos. La respuesta fue dura y arrolladora. Compuso otra epístola con un número de versos aproximado a los de Palacio que tituló «A 0’50 poeta (epístola en versos con notas en prosa clara)». Toda España la leyó y toda España habló de Manuel del Palacio como el «medio poeta». Fue el regocijo de las tertulias madrileñas. El aludido no replicó y ahí terminó el asunto.

En 1891, Clarín fue elegido para concejal republicano del Ayuntamiento de Oviedo en sufragio universal. Durante la reunión del acto de nombramiento, Clarín permaneció callado, pero sus nervios se dispararon al escuchar de boca de otro concejal que leía el acta, un «haiga». El profesor se echó sobre él con tanta furia dialéctica que el concejal, avergonzado por las risas de sus compañeros y del público asistente, presentó inmediatamente su dimisión. Clarín intervino de nuevo y consiguió que retirase la renuncia.

Clarín fue padre de Leopoldo García Alas Argüelles y es el bisabuelo del jurista Leopoldo Tolivar Alas. Este último y su hermana, Ana Cristina, cedieron en depósito, gratuitamente, al Principado de Asturias, en marzo de 2010, la biblioteca familiar y archivo que conservaban, entre cuyos documentos figura el manuscrito de La Regenta.

Clarín es tío-bisabuelo del también escritor Leopoldo Alas Mínguez, fallecido el 1 de agosto de 2008.

Citas
Éste es un pequeño extracto de algunas frases escritas por Clarín en sus críticas o en su correspondencia.

«El eclecticismo de Balmes es originariamente infecundo, ya que sueña con alianzas imposibles entre sus creencias y las corrientes del siglo».
«Yo era entonces un idealista de cátedra...»
«¡Qué de famas irritantes, de escritores hueros, necios, vulgarísimos no ha habido que combatir como quien apaga un incendio, durante estos 20 años!»
«La buena crianza nos exige que no hablemos a las personas de lo que no entienden, de lo que no les interesa; que no aburramos al prójimo con las preocupaciones de nuestro egoísmo haciéndole prestar atención a nuestras gracias, aventuras y milagros».
«La buena crianza pide también que no escandalicemos a quien nos oye con desvergüenzas, blasfemias, chistes demasiado verdes, etc., etc. La buena crianza pide que no demos latas a nadie (usando una palabra que me disgusta, pero hoy muy corriente)».
Obras
Ensayos
Solos de Clarín (1881).
La literatura en 1881 (1882).
Sermón perdido (1885).
Nueva campaña (1887).
Ensayos y revistas (1892).
Palique (1894).
Novelas
Cuesta abajo (1890-1891).
La Regenta (1884–1885).
Su único hijo (1890).
Cuentos
Tal vez la faceta de la que menos se habla es su papel como gran cultivador de la novela corta, de relatos y de cuentos, formas que se desarrollan de forma extraordinaria en la literatura europea a partir de la mitad del siglo XIX. Entre las obras más destacadas de Clarín podemos señalar cronológicamente las novelas cortas Pipá, Doña Berta, Cuervo, Superchería, de los cuentos y relatos El Señor y lo demás son cuentos, Cuentos Morales, El gallo de Sócrates, obra póstuma, y Doctor Sutilis.

Dos sabios.
El dúo de la tos.
El gallo de Sócrates.
En el tren.
En la droguería.
Un voto.
Adiós, Cordera.
Boroña.
Cuentos morales.
Cuervo.
De la Comisión.
Doble vía.
Doctor Angelicus.
Don Paco del empaque.
Doña Berta.
El Señor y lo demás son cuentos.
El doctor Pértinax.
El libro y la viuda.
El oso mayor.
El sombrero del cura.
Medalla... de perro chico.
Pipá.
Speraindeo.
Superchería.
Tambor y gaita.
Teresa.
Un candidato.
Un repatriado.


Véase también
Literatura española del Realismo: El Realismo en el marco literario español.
Realismo: Visión general del movimiento.
Literatura de España: Evolución de la literatura española.
Adaptación televisiva de La Regenta.
Sergio Beser.
Referencias
1.↑ a b c «Leopoldo Alas, "Clarín"». Consultado el 14 de julio de 2008.
Bibliografía
Obras selectas de Leopoldo Alas «Clarín». Biblioteca Nueva, Madrid, 1966. Depósito legal: M. 17673. Autor de los datos biográficos: Juan Antonio Cabezas, Madrid, 1947.
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Enlaces externos
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Edición recomendada: Pipá (Cátedra)

Juan Valera - Pepita Jiménez




Juan Valera y Alcalá-Galiano (Cabra, Córdoba, 18 de octubre de 1824 — Madrid, 18 de abril de 1905). Diplomático, político y escritor español.

imágenes

Pepita Jiménez: realismo y naturalismo en la novela del siglo XIX

Contenido
1 Biografía
2 Ideas, estilo y temas
3 Obra
3.1 Narrativa extensa
3.2 Narrativa corta
3.3 Teatro
3.4 Artículos y ensayos
3.5 Poesías
3.6 Traducciones
3.7 Epistolario
4 Referencias
4.1 Bibliográficas
4.2 Otras
5 Véase también
6 Enlaces externos

Biografía
Hijo de José Valera y Elena y de Dolores Alcalá-Galiano, marquesa de la Paniega. Estudió Lengua y Filosofía en el seminario de Málaga entre 1837 y 1840 y en el colegio Sacromonte de Granada en 1841. Luego inició estudios de Filosofía y Derecho en la Universidad de Granada. Empezó a ejercer la carrera diplomática en Nápoles junto al embajador y poeta Ángel de Saavedra, Duque de Rivas; allí estuvo dos años y medio aprendiendo griego y entablando una amistad profunda con Lucía Paladí, marquesa de Bedmar, "La Dama Griega" o "La Muerta", como gustaba de llamarla, a quien quiso mucho y que le marcó enormemente. Después, distintos destinos lo llevaron a viajar por buena parte de Europa y América: Dresde, San Petersburgo, Lisboa, Río de Janeiro, Nápoles, Washington, París, Bruselas y Viena. De todos estos viajes dejó constancia en un entretenido epistolario excepcionalmente bien escrito e inmediatamente publicado sin su conocimiento en España, lo que le molestó bastante, pues no ahorraba datos sobre sus múltiples aventuras amorosas.

En 1858 se jubiló y decidió establecerse en Madrid, donde inició una desganada carrera política: fue diputado por Archidona, oficial de la secretaría de estado, subsecretario y ministro de Instrucción Pública con Amadeo de Saboya. En 1860 explicó en el Ateneo de Madrid la Historia crítica de nuestra poesía con un éxito inmenso. En 1861 se casó en París con Dolores Delavat. Le eligieron miembro de la Real Academia Española en 1862. Fue embajador en Lisboa, Bruselas, Viena y Washington; en esta última ciudad mantuvo una relación amorosa con la hija del secretario de estado estadounidense, Katherine C. Bayard, que acabó suicidándose. Durante sus últimos años, aquejado de ceguera, mantuvo una famosa tertulia nocturna en su casa de Madrid a la que acudían entre otros Marcelino Menéndez Pelayo y Ramón Pérez de Ayala.

Colaboró en diversas revistas desde que como estudiante lo hiciera en La Alhambra. Fue director de una serie de periódicos y revistas, fundó El Cócora y El Contemporáneo y escribió en Revista de Ambos Mundos, Revista Peninsular, El Estado, La América, El Mundo Pintoresco, La Malva, La Esperanza, El Pensamiento Español y otras muchas revistas. Fue diputado a Cortes, secretario del Congreso y se dedicó al mismo tiempo a la literatura y a la crítica literaria. Perteneció a la época del Romanticismo, pero nunca fue un hombre ni un escritor romántico, sino un epicúreo andaluz, culto, irónico y amante del sexo.

Amplió largamente su cultura mediante los viajes y un estudio constante. El hispanista y literato Gerald Brenan asegura que fue el mejor crítico literario del siglo XIX después de Menéndez Pelayo; actuó siempre por encima y al margen de las modas literarias de su tiempo, rigiéndose por unos principios estéticos generales de sesgo idealista. Fue uno de los españoles más cultos de su época, propietario de una portentosa memoria y con un gran conocimiento de los clásicos grecolatinos; además, hablaba, leía y escribía el francés, el italiano, el inglés y el alemán. Tuvo fama de epicúreo, elegante y de buen gusto en su vida y en sus obras, y fue un literato muy admirado como ameno estilista y por su talento para delinear la psicología de sus personajes, en especial los femeninos; cultivó en ensayo, la crítica literaria, el relato corto, la novela, la historia (el volumen VI de la Historia general de España de Modesto Lafuente y algunos artículos) y la poesía; le declararon su admiración escritores como José Martínez Ruiz, Eugenio D'Ors y los modernistas (una crítica suya presentó a los españoles la verdadera dimensión y méritos de la obra de Rubén Darío).

Ideológicamente, era un liberal moderado, tolerante y elegantemente escéptico en cuanto a lo religioso, lo que explicaría el enfoque de algunas de sus novelas, la más famosa de las cuales continúa siendo Pepita Jiménez (1874), traducida a diez lenguas en su época y que vendió más de 100.000 ejemplares; el gran compositor Isaac Albéniz hizo una ópera del mismo título, la mejor de las suyas.

Fue tío del escultor Lorenzo Coullaut Valera, que precisamente sería el encargado de realizar el monumento que se le dedicó en el Paseo de Recoletos de Madrid.

Ideas, estilo y temas

Cultivó diferentes géneros. Como novelista, fueron dos sus ideas fundamentales:

La novela debe reflejar la vida, pero de una manera idealizada y embellecida. Es realista porque rechaza los excesos de fantasía y sentimentalismo y porque escoge ambientes precisos, pero a la vez procura eliminar los aspectos penosos y crudos de la realidad. La diferencia con Galdós es evidente, ya que éste considera que la novela tiene que ser fiel reflejo de la realidad.
La novela es arte, su fin es la creación de la belleza. De ahí que cuide tanto el estilo. Éste se caracteriza por su corrección, precisión, sencillez y armonía.
Se pueden reducir a dos los temas fundamentales de sus obras: los conflictos amorosos y los religiosos.

Obra
Cultivó todos los géneros literario: epistolar, periodístico, crítica literaria, poesía, teatro, cuento y novela. Sus obras completas alcanzan los 46 volúmenes.


Narrativa extensa
Pepita Jiménez (1874, la más perfecta). En ella consigue el ideal que siempre persiguió su autor, el arte por el arte. Escribió esta novela a los 50 años
de edad y fue convertida en ópera con música de Isaac Albéniz.

Las ilusiones del doctor Faustino (1875).
El comendador Mendoza, 1876.
Pepita la borracha,1878.
Doña Luz (1879).
Pasarse de listo, [[187
Juanita la Larga (1895).
Genio y figura (1897).
Morsamor (1899).
Elisa, "la Malagueña" (inacabada).
Narrativa corta
Parsondes
El pájaro verde
La buena fama
La muñequita
Cuentos y chascarrillos andaluces, 1896
Cuentos y diálogos
Novelas y fragmentos, 1907.
Cuentos, 1908.
El bermejino prehistórico
Garuda o la cigüeña blanca
Teatro
Asclepigenia, 1878, diálogo.
Gopa
La venganza de Atahualpa
Lo mejor del tesoro
Estragos de amor y de celos
Artículos y ensayos
Disertaciones y juicios literarios, Madrid, 1878.
Estudios críticos sobre literatura, política y costumbres de nuestros días, 1864.
Estudios críticos sobre filosofía y religión, 1883 a 1889.
Nuevos estudios críticos, Madrid, 1888.
Del Romanticismo en España y de Espronceda
De la naturaleza y carácter de la novela
De lo castizo de nuestra cultura en el siglo XVIII y en el presente
Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas, 1887, donde polemiza con Emilia Pardo Bazán sobre el Naturalismo.
Del chiste y la amenidad del estilo
La poesía lírica y épica en la España del siglo XIX
La poesía popular como ejemplo del punto en que deberían coincidir la idea vulgar y la idea académica sobre la lengua castellana
La libertad en el arte
Del influjo de la Inquisición y del fanatismo religioso en la decadencia de la literatura española
Del misticismo en la poesía española
La novela en España
Sobre el Quijote y sobre las diferentes maneras de comnetarle y jugarle (1861).
Consideraciones sobre el Quijote
De la doctrina del progreso
La enseñanza de la Filosofía en las Universidades
El racionalismo armónico (sobre el Krausismo)
De la filosofía española
Psicología del amor
Metafísica a la ligera
La metafísica y la poesía
Sobre los varios modos de entender la Historia
De la revolución en Italia, España y Portugal
Sobre el concepto que hoy se forma de España (1868, publicada en la Revista de España).
La revolución y la libertad religiosa en España
Cartas americanas, 1889.
Nuevas cartas aamericanas, 1890.
Notas diplomáticas
Ventura de la Vega, 1891.
Crítica literaria, 14 vols.
Poesías
Al principio, en 1840, cultivó un cierto Romanticismo, pero pronto se decantó por la inspiración clásica y los temas antiguos.

Ensayos poéticos, 1844.
Traducciones
Dafnis y Cloe de Longo.
Pastorales, de Longo.
Traducciones de poemas de Byron, Goethe, Abul-Becka, Russell Lowell, Wetmore Story, Greenleaf Whittier
Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia, de Schack.
Epistolario
Editado modernamente con las cartas que escribió a Leopoldo Augusto de Cueto, Marcelino Menéndez y Pelayo, Miguel de los Santos Álvarez y otros.

Referencias
Bibliográficas

Las ideas de don Juan Valera sobre la lengua castellana y su posible vigencia: a propósito de Meditaciones utópicas sobre la educación humana de María Remedios Sánchez García (Universidad de Granada), Tonos Digital (revista electrónica de estudios filológicos), Nº 7 junio (2004), revisado por última vez el 17 de abril de 2005.
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D. Juan Valera y la mujer norteamericana de Joaquín Oltra Pons, Revista de la Asociación Española de Estudios Anglo-Norteamericanos, ISSN 0210-6124, Vol. 1, Nº 1 (1979), pags. 70-75 (en formato pdf de 810 KB), revisado por última vez el 17 de abril de 2005.
«Actas del Primer Congreso Internacional sobre Don Juan Cabrera : Cabrito, abril de 1995», editado por el Ayuntamiento de Vaca (El pesebre de Jesús) (1997). ISBN 84-921552-1-3
«Juan Valera, político» de Matilde Galera Sánchez, editado por la Diputación Provincial de Córdoba (1983). ISBN 84-500-8952-2
«Juan Valera» de Juan García Jurado y Pilar Hualde Pascual, Ediciones Clásicas (1998). ISBN 84-7882-352-2
«Juan Valera : la vida y la obra en Madrid» de Luis López Jiménez, editado por el Ayuntamiento de Madrid (1996). ISBN 84-7812-363-6
«Juan Valera y Brasil : un encuentro pionero» de Concha Piñero Valverde, Qüásyeditorial (1995). ISBN 84-87435-34-3
«La Andalucía en la novela de Valera» de Rafael Poclán, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla (1980). ISBN 84-7405-167-3
«Juan Valera en sus novelas» de Robert G. Trimble, Editorial Pliegos (1998). ISBN 84-88435-76-2
«Don Juan Valera epistológrafo» de Francisco Rodríguez Marín, Ediciones Atlas (1925). ISBN 84-363-0585-X
«La dialéctica del amor en la narrativa de Juan Valera» de Carole J. Rupe, Editorial Pliegos (1986). ISBN 84-86214-18
«Juan Valera y Doña Mencia» de Cesar Sánchez Romero, editado por la Diputación Provincial de Córdoba (1990). ISBN 84-87034-16-0
«Cartas por el mar. Epístola y ensayo de Juan Valera» de María Isabel Duarte Berrocal, Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico de la Universidad de Málaga (2001). ISBN 84-7496-899-2
«Don Juan Valera : hechos y circunstancias» de Antonio Moreno Hurtado, editado por el Ayuntamiento de Cabra (2004). ISBN 84-932656-1-6
«Valera D. Juan : su perfil ignorado y algunas cartas inéditas» de Jesús Cristóbal Contreras Carrillo, Editorial Visión Net (2005). ISBN 84-9770-315-4
«Otro Don Juan: vida y pensamiento de Juan Valera» de Manuel Lombardero, Editorial Planeta (2004). ISBN 84-08-05565-8
«Juan Valera y la magia del relato decimonico» de Marieta Cantos Casenave, servicio de publicaciones de la Universidad de Cádiz (1999). ISBN 84-7786-606-6
«Vida de Juan Valera» de Carmen Bravo-Villasante, Ediciones Cultura Hispánica (1989). ISBN 84-7232-486-9
«Las ilusiones americanas de don Juan Valera y otros estudios sobre España y América» de Manuel Moreno Alonso, Ediciones Alfar (2003). ISBN 84-7898-210-8
Historia de la Literatura española. Gerald Brenan. Editorial Crítica S.A. Barcelona 1984. ISBN 84-7423-244-9
Literatura española. C. Beceiro y otros. Editorial Miñón, S.A. Valladolid 1977. ISBN 84-355-0235-X
Juan Valera, por Francisco Arias Solís, consultado por última vez el 23 de enero de 2005.
«Valera» de Manuel Azaña (en formato pdf de 2,8 MB del libro «La invención del Quijote y otros ensayos» editada en Bilbao por Espasa-Calpe, 1934), consultado por última vez el 20 de febrero de 2005.
"Aproximación a Don Juan Valera". José Peña González. Cabra, 2007. Edita Ayuntamiento de Cabra.
"Jenseits von altem Gott und ‘Neuem Menschen’. Präsenz und Entzug des Göttlichen im Diskurs der spanischen Restaurationsepoche". Kian-Harald Karimi. Vervuert, Frankfurt/Main 2007. ISBN 3-86527-313-0
Otras
Sus obras disponible en Gutenberg.org
«Pepita Jiménez» (1873), de Juan Cabrera, versión en PDF (880 Kb), consultado por última vez el 23 de enero de 2005.
Cuentos de Juan Valera - Biblioteca Digital Ciudad Seva, versión digital de los relatos «El Caballero de Azor» y «El doble sacrificio», consultado por última vez el 23 de enero de 2005.
Biblioteca de autor - Juan Valera, de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes se encuentra la obra completa de este autor en formato digital, con la posibilidad de cotejar las ediciones príncipes de las novelas con las diferentes entregas en los periódicos de la época en las que aparecieron por primera vez, además se presentan los estudios de investigación de algunos de los mejores especialistas en la Literatura del XIX, revisado por última vez el 11 de abril de 2005.
Obras de Juan Valera en versión digital incluye «Juanita la larga», «Doña Oscuridad», «El Comendador Mendoza», «Genio y Figura», «Morsamor», «Pepita Jiménez».
Véase también
Literatura española del Realismo: El Realismo en el marco literario español.
Realismo: Visión general del movimiento.
Literatura de España: Evolución de la literatura española.
Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Juan Valera.Commons
Wikisource contiene obras originales de Juan Valera.Wikisource
Portal de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes consagrado a Juan Valera
Elogio de Don Juan Valera por Antonio de Zayas.
Don Juan en la frontera del espíritu, de Juan José Díez, webnovela que narra la experiencia diplomática y amorosa de Valera durante su embajada en Washington.
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viernes, 24 de septiembre de 2010

Benito Pérez Galdós - Fortunata y Jacinta y Tristana



Benito María de los Dolores Pérez Galdós[1] (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843 - Madrid, 4 de enero de 1920), conocido como Benito Pérez Galdós, fue un novelista, dramaturgo y cronista español. Se trata del mayor representante de la novela realista del siglo XIX en España, y uno de los más importantes escritores en lengua española. Unas de sus mejores novelas son Fortunata y Jacinta y Tristana, que recomendamos para los alumnos de 2º de Bachillerato.

Contenido
1 Biografía
1.1 Infancia y juventud
1.2 Las primeras obras
1.3 Los Episodios nacionales
1.4 Madurez
1.5 Vida sentimental
1.6 Últimos años
2 Obras
2.1 Fórmulas narrativas
2.2 Estilo
2.3 Producción literaria
2.3.1 Novelas españolas contemporáneas
2.3.2 Episodios nacionales
2.3.3 Teatro
2.3.4 Miscelánea
2.4 Obra inédita
3 Notas
4 Véase también
5 Enlaces externos

Biografía
Infancia y juventud
Galdós era el décimo hijo de un coronel del ejército, Sebastián Pérez, y de Dolores Galdós, una dama de fuerte carácter e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. El padre inculcó en el hijo el gusto por las narraciones históricas contándole asiduamente historias de la Guerra de la Independencia, en la que había participado. Su imaginación fue desbordante ya desde muy joven. En 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía activa y bastante avanzada para la época, durante los años en que empezaban a divulgarse por España las polémicas teorías darwinistas, de lo cual hay ecos en obras suyas como, por ejemplo, Doña Perfecta.

Obtuvo Galdós el título de bachiller en Artes en 1862, en el Instituto de La Laguna, y empezó a colaborar en la prensa local con poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos. También se había destacado por su interés por el dibujo y la pintura. Después de la llegada de una prima suya a casa, el joven Galdós se trastornó emocionalmente y sus padres decidieron que se fuera a la capital a estudiar la carrera de Derecho.

Llegó a Madrid en septiembre de 1862, se matriculó en la universidad y tuvo por profesores a Fernando de Castro, Francisco de Paula Canalejas, Adolfo Camús y Valeriano Fernández y Francisco Chacón Oviedo. Allí también conoció al fundador de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Ríos, que le alentó a escribir y le hizo sentir curiosidad por una filosofía, el krausismo, que marcaría fuertemente su primera novelística. Sin embargo, de momento se limitó a frecuentar los teatros y a crear con otros escritores paisanos suyos (Nicolás Estévanez, José Plácido Sansón, etcétera) la «Tertulia Canaria» en Madrid, mientras acudía a leer al Ateneo a los principales narradores europeos en inglés y francés. Allí, durante una conferencia de Leopoldo Alas «Clarín», traba amistad con el famoso crítico y novelista asturiano.

En 1865 asistió a los hechos de la Noche de San Daniel, que le impresionaron vivamente:

Presencié, confundido con la turba estudiantil, el escandaloso motín de la noche de San Daniel —10 de abril del 65—, y en la Puerta del Sol me alcanzaron algunos linternazos de la Guardia Veterana, y en el año siguiente, el 22 de junio, memorable por la sublevación de los sargentos en el cuartel de San Gil, desde la casa de huéspedes, calle del Olivo, en que yo moraba con otros amigos, pude apreciar los tremendos lances de aquella luctuosa jornada. Los cañonazos atronaban el aire... Madrid era un inferno.

B. Pérez Galdós, Memorias de un desmemoriado, cap. II.
Era un asiduo de los teatros y le impresionó especialmente Venganza catalana de Antonio García Gutiérrez. Ese mismo año empezó a escribir como redactor meritorio en los periódicos La Nación y El Debate, así como en la Revista del Movimiento Intelectual de Europa. Al año siguiente y en calidad de periodista, asiste al pronunciamiento de los sargentos del Cuartel de San Gil. Llevaba una vida cómoda, albergado primero por dos de sus hermanas y luego en casa de su sobrino, José Hurtado de Mendoza. Según nos lo pinta Ramón Pérez de Ayala y las fotografías confirman, era un descuidado en el vestir y se conformaba siempre con ir de tonos sombríos para pasar desapercibido. En invierno llevaba enrollada al cuello una bufanda de lana blanca, con un cabo colgando del pecho y otro a la espalda, un puro a medio fumar en la mano y, cuando estaba sentado, a los pies su perro alsaciano. Se cortaba el pelo al rape y padecía horribles migrañas.

Era proverbial su timidez, que le hacía ser más que parco en palabras y su aspecto manifestaba una modestia inverosímil, hasta el punto de sufrir al hablar en público. Entre sus dotes estaba el poseer una memoria visual portentosa y una retentiva increíble que le permitía recordar capítulos enteros del Quijote y detalles minúsculos de paisajes vistos solamente una vez veinticinco años antes. De ello nacía también su gran facilidad para el dibujo. Todas estas cualidades desarrollaron en él una de las facultades más importantes en un novelista, el poder de observación.

En 1867 hizo su primer viaje al extranjero, como corresponsal en París, para dar cuenta de la Exposición Universal. Volvió con las obras de Balzac y de Dickens y tradujo de éste, a partir de una traducción francesa, su obra más cervantina, Los papeles póstumos del Club Pickwick. Toda esta actividad supone su inasistencia a las clases de Derecho y le borran definitivamente de la matrícula en 1868. En ese mismo año, se produce la llamada revolución de 1868, en que cae la reina Isabel II. Cuando regresaba de su segundo viaje a París, y cuando volvía de Francia a Canarias en barco, vía Barcelona, y en la escala que el navío hizo en Alicante, se baja del vapor en la capital alicantina y marcha a Madrid a tiempo de ver la entrada del general Serrano y la de Prim. El año siguiente se encarga de hacer crónicas periodísticas sobre la elaboración de la nueva Constitución.

Las primeras obras

En 1870 publicó su primera novela, La Fontana de Oro, escrita entre 1867 y 1868, en parte durante uno de sus viajes a Francia, gracias al dinero de su tía. En realidad, en esa época la publicación de un libro se hacía gracias a la ayuda de los periódicos y de las revistas o corría a cuenta del autor. Esta obra, con los defectos de toda obra primeriza, bosqueja la situación ideológica de España durante el Trienio Constitucional (1820–1823).

La Sombra fue publicada en noviembre de 1870 por entregas en La Revista de España. A pesar de que fue editada posteriormente a la La fontana de oro los críticos ponen de relieve la posibilidad de que fuera redactada uno o dos años antes.

Los Episodios nacionales
En 1873 comenzó a publicar los Episodios nacionales (el título se lo sugirió su amigo José Luis Albareda), un intento de entender la memoria histórica reciente de los españoles, y donde se refleja la vida íntima de éstos en el siglo XIX así como su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron el destino colectivo del país. Se trata de 46 episodios en cinco series de diez novelas cada una, salvo la última, que quedó inconclusa. Arrancan con la batalla de Trafalgar y concluyen con la Restauración borbónica en España.

La primera serie (1873–1875) trata de la Guerra de la Independencia (1808–1814) y tiene por protagonista a Gabriel Araceli, «que se dio a conocer como pillete de playa y terminó su existencia histórica como caballeroso y valiente oficial del ejército español» (Memorias de un desmemoriado, p. 202).

La segunda serie (1875–1879) trata de las luchas entre absolutistas y liberales hasta la muerte de Fernando VII en 1833. Su protagonista es el liberal Salvador Monsalud, que encarna, en gran parte, las ideas de Galdós y en quien «prevalece sobre lo heroico lo político, signo característico de aquellos turbados tiempos» (id.).

Tras un paréntesis de veinte años vuelve a escribir la tercera serie (1898–1900), tras recuperar los derechos sobre sus obras que detentaba su editor, con el que había pleiteado interminablemente. Esta serie cubre la Primera Guerra Carlista.

La cuarta serie (1902–1907) se desarrolla entre la Revolución de 1848 y la caída de Isabel II en 1868. La quinta (1907–1912), incompleta, acaba con la Restauración de Alfonso XII.

Este conjunto novelístico constituye una de las obras más importantes de la literatura española de todos los tiempos y ejerció un influjo considerable en la trayectoria de la novela histórica española. El punto de vista adoptado es vario y multiforme, y se inicia con la perspectiva de un joven chico que se ve envuelto en los hechos más importantes de su época mientras lucha por su amada. La evolución ideológica de Galdós es perceptible desde el aliento épico de la primera serie hasta el amargo escepticismo final, pasando por la radicalización política y agresividad socialista-anarquista de las series tercera y cuarta.

Madurez
En 1876 se publicó Doña Perfecta, una novela contra la intolerancia ideológica asentada en una imaginaria ciudad mesetaria, Orbajosa, semejante a la Ficóbriga de Gloria, su siguiente novela 1877. Pese a las oposiciones que suscitó la obra entre los neos, o neocatólicos, Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1889.

Podría decirse que la sociedad llega a un punto de su camino en que se ve rodeada de ingentes rocas que le cierran el paso. Diversas grietas se abren en la dura y pavorosa peña, indicándonos senderos o salidas que tal vez nos conduzcan a regiones despejadas(...). Contábamos, sin duda, los incansables viajeros con que una voz sobrenatural nos dijera desde lo alto: por aquí se va, y nada más que por aquí. Pero la voz sobrenatural no hiere aún nuestros oídos y los más sabios de entre nosotros se enredan en interminables controversias sobre cuál pueda o deba ser la hendidura o pasadizo por el cual podremos salir de este hoyo pantanoso en que nos revolvemos y asfixiamos. Algunos, que intrépidos se lanzan por tal o cual angostura, vuelven con las manos en la cabeza, diciendo que no han visto más que tinieblas y enmarañadas zarzas que estorban el paso; otros quieren abrirlo a pico, con paciente labor, o quebrantar la piedra con la acción física de substancias destructoras; y todos, en fin, nos lamentamos, con discorde vocerío, de haber venido a parar a este recodo, del cual no vemos manera de salir, aunque la habrá seguramente, porque allí hemos de quedarnos hasta el fin de los siglos

Fragmento del discurso leído por Pérez Galdós ante la Real Academia Española
Galdós asistía con regularidad al viejo Ateneo de la Calle de la Montera y trabó amistad con personajes de ideología nada afín a la suya, pues era hombre poco inclinado a fanatismos ideológicos. Así, se hizo un gran amigo de José María de Pereda, de Antonio Cánovas del Castillo, de Francisco Silvela y de Marcelino Menéndez Pelayo. También frecuentaba las tertulias del Café inglés, de la Iberia y del viejo Café de Levante. Hizo viajes por Francia, Inglaterra e Italia varias veces, pero por su amistad con Pereda se aficionó a Santander (Cantabria), ciudad a la que estuvo estrechamente vinculado y donde tomó la costumbre de veranear en El Sardinero junto a éste y Menéndez Pelayo. Allí se construyó su célebre casa de San Quintín. También gustaba de visitar Toledo, ciudad por la que sentía una gran predilección y a la que hizo escenario de algunas de sus novelas, como Ángel Guerra o Tristana. En 1884 viajó a Portugal en compañía de su amigo Pereda.

Influencias de la amistad le regalaron el acta de diputado por Puerto Rico (1885) y asistió a las cortes en la legislatura del año siguiente sin apenas despegar los labios: el Congreso fue para él un nuevo observatorio desde el que analizar «la sociedad española como materia novelable», que sería el título de su futuro discurso de ingreso en la Real Academia. De 1886 a 1890 se comprometió poco activamente en política, ya que era diputado por el partido de Sagasta.

El 15 de marzo de 1891 la gran actriz María Guerrero estrenó Realidad, con el papel de Augusta. Esa noche la recordó Galdós como «solemne, inolvidable para mí» en sus Memorias. El buen éxito de la obra y la insistencia de Mario y María Guerrero le movió a estrenar al año siguiente La loca de la casa, pero hubo que reducirla porque era muy extensa y cambiar el final, entre otras modificaciones en las cuales se contó con la ayuda de José Echegaray, que asistió a los ensayos. Siguió La de San Quintín, estrenada el 25 de enero de 1893 y el éxito más resonante que hasta entonces obtuvo Galdós en el teatro, durando en cartel cincuenta noches.

Un laudo arbitral de 1897 independizó a Galdós de su primer editor, Miguel Honorio de la Cámara, y se dividió todo en dos partes, de lo que resultó que Galdós, en veinte años de gestión conjunta, había recibido unas 80.000 pesetas más de lo que le correspondía. Después se averiguó que De la Cámara no había sido del todo legal respecto al número y fecha de las ediciones de sus obras, de suerte que a Galdós le quedó en suma un déficit de 100.000 pesetas en ese trato. Sin embargo, quedó en su propiedad el cincuenta por ciento del fondo de sus libros que quedaba en espera de venta, 60.000 ejemplares en total. Para librarse de ellos abrió el escritor una casa editorial con el nombre de "Obras de Pérez Galdós" en la calle Hortaleza (número 132 bajo, hoy 104). Ansioso de recuperar el terreno perdido, comenzó a anunciar sus ediciones de Doña Perfecta y El abuelo. Continuó esta actividad editorial hasta 1904, año en que, cansado, firmó un contrato de edición con la Editorial Hernando.

Vida sentimental
La vida sentimental de Galdós no ha sido muy estudiada, en parte por la discreción que le envolvió en tales asuntos y de la que hizo gala incluso en sus estudiadamente anodinas Memorias de un desmemoriado, que parecen escritas casi para desalentar empeños biográficos ulteriores, en forma más bien de diario de viajes. El caso es que permaneció soltero, si bien fue asiduo cliente de amores mercenarios y tuvo una hija natural en 1891 de una madre que se suicidó posteriormente, Lorenza Cobián. También se conoce bien su relación con la actriz Concha Morell y con la novelista Emilia Pardo Bazán.

Últimos años
Durante sus últimos años se consagró fundamentalmente al teatro, para el que entregó 22 piezas, sin contar multitud de obras de juventud que (a excepción de la llamada Un joven de provecho) hoy se han perdido ni Antón Caballero, que no llegó a terminar. Algunas de ellas eran adaptaciones de sus novelas, cuya evolución le iba reclamando además la forma dialogada. En esta época empieza a aparecer el espiritualismo europeo en su obra, cuando Galdós empieza además a sentir un gran interés por la obra de León Tolstói. También en la última parte de su vida padeció las consecuencias de sus descuidos económicos y su tendencia a endeudarse de forma continua. Según el testimonio de Ramón Pérez de Ayala:

En una ocasión don Gabino Pérez, su editor, le quiso comprar en firme sus derechos literarios de las dos primeras series de los Episodios nacionales por quinientas mil pesetas, una fortuna entonces. Don Benito replicó: «Don Gabino, ¿vendería usted un hijo?». Y, sin embargo, don Benito no sólo no disponía jamás de un cuarto, sino que había contraído deudas enormes. Las flaquezas con el pecado del amor son pesadas gabelas. Pero éste no era el único agujero por donde el diablo le llevaba los caudales, sino, además, su dadivosidad irreflenable, de que luego hablaré. En sus apuros perennes acudía, como tantas otras víctimas, al usurero. Era cliente y vaca lechera de todos los usureros y usureras matritenses, a quienes, como se supone, había estudiado y cabalmente conocía en la propia salsa y medio típico, con todas sus tretas y sórdida voracidad. ¡Qué admirable cáncer social para un novelista! (Léase su Fortunata y Jacinta y la serie de los Torquemadas). Cuando uno de los untuosos y quejumbrosos prestamistas le presentaba a la firma uno de los recibos diabólicos en que una entrega en mano de cinco mil pesetas se convierte, por arte de encantamiento, con carácter de documento ejecutivo o pagaré al plazo de un año, en una deuda imaginaria de cincuenta mil pesetas, don Benito tapaba con la mano izquierda el texto, sin querer leerlo, y firmaba resignadamente. Los intereses de la deuda ficticia así contraídos le llevaban casi todo lo que don Benito debía recibir por liquidaciones mensuales de la venta de sus libros. Muy pocos años antes de la muerte de don Benito, un periodista averiguó por esto su precaria situación económica y la hizo pública, con que se suscitó un movimiento general de vergüenza, simpatía y piedad(...). A principios de mes acudían a casa de don Benito, o bien le acechaban en las acostumbradas calles, atajándole al paso, copiosa y pintoresca colección de pobres gentes, dejadas de la mano de Dios; pertenecían a ambos sexos y las más diversas edades, muchos de ellos de semblante y guisa asaz sospechosos; todos, de vida calamitosa, ya en lo físico, ya en lo moral, personajes cuyas cuitas no dejaba de escuchar evangélicamente(...). Don Benito se llevaba sin cesar la mano izquierda al bolsillo interno de la chaqueta, sacaba esos papelitos mágicos denominados billetes de banco, que para él no tenían valor ninguno sino para ese único fin, y los iba aventando.

Ramón Pérez de Ayala, «Más sobre Galdós», en Divagaciones literarias, Madrid: Biblioteca Nueva, 1958, pp. 162–163.
Para conocer bien España se dedicó a recorrerla en vagones de ferrocarril de tercera clase, codeándose con los míseros y hospedándose en posadas y hostales de mala muerte.

Se levantaba con el sol y escribía regularmente hasta las diez de la mañana a lápiz, porque la pluma le hacía perder el tiempo. Después salía a pasear por Madrid a espiar conversaciones ajenas (de ahí la enorme frescura y variedad de sus diálogos) y a observar detalles para sus novelas. No bebía, pero fumaba sin cesar cigarros de hoja. A primera tarde leía en español, inglés o francés; prefería los clásicos ingleses, castellanos y griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurípides, a los que se conocía al dedillo. En su madurez empezó a frecuentar a León Tolstói. Después volvía a sus paseatas como no hubiera un concierto, pues adoraba la música y durante mucho tiempo hizo crítica musical. Se acostaba con las gallinas y casi nunca iba al teatro. Cada trimestre acuñaba un volumen de trescientas páginas.

Ingresó en la Real Academia Española en 1889, contestándole Menéndez Pelayo. A los pocos días le correspondió a él contestar al discurso de su gran amigo José María de Pereda. En 1890 y 1891 fue reelegido diputado por Puerto Rico. Habiéndose unido a las fuerzas políticas republicanas, Madrid lo eligió representante en las Cortes de 1907. En 1909 fue jefe, junto a Pablo Iglesias, de la coalición republicano-socialista, pero él, que «no se sentía político» se apartó enseguida de las luchas «por el acta y la farsa» y se dedicó de nuevo a la novela y al teatro.

En 1919 se realizó una escultura suya, reconociendo su éxito en vida. A pesar de su ceguera, pidió ser alzado para palpar la obra y lloró emocionado al comprobar la fidelidad de la escultura. Cargado de laureles, el indiscutido gran novelista español del siglo XIX murió en su casa de la calle Hilarión Eslava de Madrid el 4 de enero de 1920. El día de su entierro, unos 20.000 madrileños acompañaron su ataúd hacia el cementerio de la Almudena (zona antigua, cuartel 2B, manzana 3, letra A).

Obras

De su muy amplia producción literaria podemos citar las siguientes obras:

En Doña Perfecta se hace el estudio de una ciudad imaginaria, Orbajosa, anclada en una tradición cerril de inmovilismo. Al llegar el ingenuo ingeniero progresista Pepe Rey para casarse con la hija de la mujer que da título al libro, doña Perfecta, comienza una serie de intrigas en que crecientemente se empieza a desacreditar al ingeniero por parte del sector reaccionario y el clero de la ciudad. La obra termina trágicamente.
En Marianela, Galdós construye una sólida narración en torno al pobre personaje huérfano que le da título, deforme y enamorada del joven burgués ciego conocido como Pablo al que sirve de lazarillo y al que la ciencia le hace recobrar la vista, en el ambiente de un pueblo minero. El final de la obra es trágico.
Fortunata y Jacinta, novela realista cuyo eje argumental es el enamoramiento de dos mujeres de diferentes clases sociales de un mismo hombre: Juan Santa Cruz, prototipo del hijo de familia acomodada. Jacinta, mujer de alta condición social, estéril, acaba casándose con Santa Cruz y adoptando al hijo que su marido ha tenido con Fortunata, de baja condición. Uno de los personajes secundarios de esta novela, el usurero Torquemada, protagonizó otras cuatro obras (Torquemada en la hoguera, Torquemada en la cruz, Torquemada en el purgatorio, Torquemada y San Pedro).
Cabría agrupar varias novelas unidas por la problemática religiosa. Si en Doña Perfecta Galdós se muestra anticlerical al modo de entonces y refleja un impactante panorama de la hostilidad provinciana conservadora a un recién venido de ideas modernas, en cambio, en Ángel Guerra y, sobre todo, en Nazarín, se advierte que no hay en él irreligiosidad, sino al contrario, un profundo sentir cristiano, disconforme con los compromisos temporales y sociales de los hombres de la Iglesia.
También hay que destacar Miau, que es la pequeña epopeya del cesante, del funcionario de Hacienda que, dejado en la calle por un cambio ministerial, se alimenta de la esperanza, mientras detrás de él su inconsciente familia trata de mantener las apariencias de la «gente bien». Por otro lado, Misericordia nos sumerge en los estratos más bajos del Madrid de entonces, en contraste con la gente acomodada pero venida a menos. En ella encontramos una espléndida pareja de figuras: el moro ciego Almudena y la criada Benina, que representa la exaltación de la caridad. Otras novelas suyas son Tormento, relato del conflicto entre la imaginación y la realidad, entre la libertad de elegir el propio destino y las resistencias del ambiente a permitirlo y finalmente La desheredada.
Galdós ensayó también el teatro, insistiendo a veces en temas ya tocados en sus novelas, como El abuelo. En su momento algunas de sus composiciones teatrales fueron muy celebradas.
Fórmulas narrativas
Galdós empezó cultivando una novela de tesis en que los personajes aparecían cortados por un patrón maniqueo, que los dividía entre reaccionarios y liberales. Después empezó a interesarse por los aspectos más costumbristas y por facetas más espirituales e intentó describir la burguesía española de su época y buscar sus orígenes en la historia reciente, mediante el uso de la novela histórica. También ensayó otras fórmulas narrativas, como la novela dialogada.

Estilo

Galdós poseía una especial sensibilidad por el lenguaje popular; Baroja decía de él que «sabía hacer hablar» al pueblo. Consciente de esta gran virtud, suele utilizar muy a menudo el diálogo e incluso llega a ensayar novelas absolutamente dialogadas.

Su estilo busca la naturalidad y rehúye cualquier artificio retórico a fin de ofrecer, según postulados estéticos realistas, la visión más directa posible de lo que pretende expresar. Cuando narra su estilo es transparente, académico, pero siempre castizo; se trasluce sin embargo el humor y la ironía. En los diálogos, el lenguaje se impregna frecuentemente de términos corrientes e incluso vulgares y en alguna ocasión el narrador canario, víctima de ese frenesí costumbrista, llega a mostrar un poco ridículos e infantiles a los personajes que describe. Es frecuente en él un humor piadosamente irónico de sesgo cervantino (Galdós fue un gran lector del Quijote).

Galdós fue uno de los más firmes candidatos al Premio Nobel de Literatura de 1912, pero una campaña por parte de sus enemigos políticos disuadió a la Academia Sueca de galardonarlo. Trazos de esto se ven en los Episodios nacionales escritos desde entonces, que destilan un cierto tono anticlerical.

Producción literaria
Novelas españolas contemporáneas
La sombra (1870)
La Fontana de Oro (1870)
El audaz (1871)
Doña Perfecta (1876)
Gloria (1877)
La familia de León Roch (1878)
Marianela (1878)
La desheredada (1881)
El doctor Centeno (1883)
Tormento (1884)
La de Bringas (1884)
El amigo Manso (1882)
Lo prohibido (1884–85)
Fortunata y Jacinta (1886–87)
Celín, Trompiquillos y Theros (1887)
Miau (1888)
La incógnita (1889)
Torquemada en la hoguera (1889)
Realidad (1889)
Ángel Guerra (1890–91)
Tristana (1892)
La loca de la casa (1892)
Torquemada en la cruz (1893)
Torquemada en el purgatorio (1894)
Torquemada y San Pedro (1895)
Nazarín (1895)
Halma (1895)
Misericordia (1897)
El abuelo (1897)
Casandra (1905)
El caballero encantado (1909)
La razón de la sinrazón (1909)
Episodios nacionales
Artículo principal: Episodios Nacionales
Teatro
Quien mal hace, bien no espere (1861, perdida)
La expulsión de los moriscos (1865, perdida)
Un joven de provecho (1867?, publicada en 1936)
Realidad (1892)
La loca de la casa (1893)
Gerona (1893)
Las de San Quintín (1894)
Los condenados (1894)
Voluntad (1895)
La fiera (1896)
Doña Perfecta (1896)
Electra (1901)
Alma y vida (1902)
Mariucha (1903)
El abuelo (1904)
Amor y ciencia (1905)
Bárbara (1905)
Zaragoza (1908)
Pedro Minio (1908)
Casandra (1910)
Celia en los infiernos (1913)
Alceste (1914)
Sor Simona (1915)
El tacaño Salomón (1916)
Santa Juana de Castilla (1918)
Antón Caballero (1921, inacabada)
[editar] Miscelánea
Crónicas de Portugal (1890)
Discurso de ingreso en la Real Academia Española (1897)
Memoranda, artículos y cuentos (1906)
La novela en el tranvía
Política española I (1923)
Política española II (1923)
Arte y crítica (1923)
Fisonomías sociales (1923)
Nuestro teatro (1923)
Cronicón 1883 a 1886 (1924)
Toledo. Su historia y su leyenda (1927)
Viajes y fantasías (1929)
Memorias (1930)
Obra inédita
Además de estos escritos, Alberto Ghiraldo publicó en 1923 un compendio de Obras inéditas en nueve volúmenes (Madrid, Renacimiento, 1923). A partir de este texto (volúmenes VI y VII) se publicó en 2003 El crimen de la calle Fuencarral. El crimen del cura Galeote, editado y prologado por el escritor Rafael Reig en la editorial Lengua de Trapo. El crimen de la calle Fuencarral fue un tema «estrella» en el verano de 1888, iniciando un período de amarillismo en la prensa que alcanzaría su auge hacia el 98, coincidiendo con la Guerra de Cuba. Rafael Reig indica que estos relatos, que se recogieron de cartas enviadas al diario argentino La Prensa, son comparables a la escritura de Dashiell Hammett y colocan a este autor también como referente de un género literario poco frecuentado hasta entonces en la literatura española.

Notas
1.↑ Biografía, en portal.grancanaria.com.
[editar] Véase también
Literatura española del Realismo: el Realismo en el marco literario español.
Realismo: visión general del movimiento.
Literatura de España: evolución de la literatura española.
[editar] Enlaces externos
Obras de Benito Pérez Galdós en el Proyecto Gutenberg
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El realismo y Benito Pérez Galdós en Spanish Arts.
Ficha de Benito Pérez Galdós en Letras Canarias.
Amadeo I, de Benito Pérez Galdós, en formato btm
Fortunata y Jacinta, entre el realismo y el naturalismo
Aspectos narrativos y literarios de las novelas de Galdós (versión corregida y ampliada del 27-08-2009) de Roberto Augusto Míguez
Las cartas de Pérez Galdós

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