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jueves, 16 de abril de 2015
jueves, 26 de febrero de 2015
sábado, 3 de enero de 2015
Entremeses de Miguel de Cervantes
PDF de Vicente Llop - Obras de Cervantes por la Universidad de Alcalá de Henares - Ocho comedias y ocho entremeses en html - PDF en Catateattro - Entremeses de Cervantes, edición de Javier Huerta Calvo
Imágenes - Vídeos - Cervantes en Lenliblog - Miguel de Cervantes: teatro y poesía en Apuntes de Lengua - "LA LIBERTAD FEMENINA EN LOS ENTREMESES DE CERVANTES: EL JUEZ DE LOS DIVORCIOS Y EL VIEJO CELOSO" por Park Chul - "Los Entremeses de Cervantes como sistema" por Elvezio Canonica - "Construcción e interpretación del diálogo en los Entremeses de Miguel de Cervantes" por Jesús G. Maestro - "EL ENTREMÉS, FECUNDADO POR LA NOVELA" por Eugenio Asensio - “Los Entremeses son lo mejor de Cervantes, después del Quijote” (entrevista a Andrés Amorós en la Revista MUFACE) - "Observaciones mínimas sobre entremeses cervantinos" por Hugo Hiriart - Presentación de los Entremeses de Miguel de Cervantes por Alonso Zamora Vicente
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jueves, 3 de abril de 2014
Don Quijote de la Mancha en materiales de lengua y literatura
martes, 1 de abril de 2014
La literatura del siglo XVII. Historia y sociedad. La prosa (powerpoint) por Carmen Andreu (IES Migel Catalán)
Góngora en http://centros2.pntic.mec.es/
1. INTRODUCCIÓN
Góngora y Argote, Luis de (1561-1627), poeta español, cima de la elegancia de la poesía barroca y modelo de poetas posteriores.
2. VIDA
Nació en Córdoba en el seno de una ilustre familia y estudió en la Universidad de Salamanca. Recibió órdenes religiosas y en su juventud ya era bastante famoso puesto que Cervantes habla de él cuando Góngora sólo tiene 24 años. Obtuvo un cargo eclesiástico de poca importancia pero que le permitió viajar por España con frecuencia y frecuentar la Corte en Madrid. Se establece en esta ciudad y consigue que Felipe III le nombre su capellán. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, en Góngora, ni la religión ni el amor, pese a algunas aventuras juveniles, ocupan un lugar importante en su vida o en su poesía. Parece que le domina un solo sentimiento, el de la belleza, pues el amor y la naturaleza, asuntos de los que trató con perfecto dominio, más que sentimientos en él aparecen como pretextos para la creación poética. Al final de su vida, agobiado por la deudas, se traslada a Córdoba, donde muere.
3. PERSONALIDAD CREADORA
Góngora tuvo en vida defensores apasionados y críticos implacables. El carácter mismo de su poesía haría que esta división de opiniones continuara después de su muerte y llegara aún a nuestros días. Los dos enemigos de más valer que tuvo fueron Quevedo y Lope de Vega, aunque contó con famosos partidarios como el conde de Villamediana o los humanistas Pedro de Valencia y fray Hortensio de Paravicino.
El motivo de esta división radical de posturas reside en el carácter innovador de la poesía de Góngora, cabeza del estilo literario conocido por culteranismo, un término que poseyó en su origen carácter burlesco, formado a partir de la palabra culto y que, de hecho, supone la fase final de la evolución de la poesía renacentista española, instaurada por Garcilaso de la Vega. Sin embargo, a pesar de su gran ornamentación verbal, y de la utilización de palabras comunes en una acepción latina, la crítica considera que el culteranismo es una manifestación peculiar del conceptismo —la escuela literaria que supuestamente se le oponía—. En realidad, y desde el punto de vista de la ideación, Góngora piensa mediante conceptos, aunque su escritura, realizada con recursos lingüísticos como los mencionados, y en ocasiones una difícil erudición, logra grados de elevación lírica y de complicación, a veces casi inalcanzables.
4. OBRA
Hasta hace poco la historia literaria separaba la obra poética de Góngora en dos mitades claramente diferenciadas. Por un lado, las letrillas de inspiración popular y los romances: moriscos, amorosos, pastoriles y caballerescos. De otro, su obra cultista iniciada en 1610 con la Oda a la toma de Larache, y continuada con el incremento constante de la oscuridad estilística en la fábula de Polifemo y Galatea (1613), las Soledades (1613) y el Panegírico al duque de Lerma (1617). Equidistante entre ambos aspectos, se podrían situar sus numerosos sonetos y canciones de estilo clásico, en los que no se advierte tanto el cultismo.
Para el Góngora de la primera manera, la crítica, desde la de sus coetáneos, sólo tuvo elogios. Incluso en los momentos de mayor antigongorismo nadie puso en duda la belleza de letrillas como ‘Las flores del romero’, ‘Lloraba la niña’, ‘No son todo ruiseñores’ ni de los romances: ‘En los pinares del rey’, ‘Amarrado al duro banco’, ‘Servía en Orán al rey’, entre otros. Otra vena poética que domina en Góngora es la burlesca, como demuestran ‘Ande yo caliente’, ‘Ahora que estoy despacio’ o ‘Murmuraban los rocines’. Para algunos es el autor de los más bellos sonetos que se han compuesto en lengua castellana.
4.1. Fábula de Polifemo y Galatea y Soledades Escrita en octavas reales, la fábula de Polifemo y Galatea (1613) es la recreación más perfecta de una fábula mitológica (véase Polifemo; Galatea) en la poesía española. Al narrar el viejo tema —pasión del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, idilio de ésta con el joven Acis, venganza del gigante— Góngora crea una obra de brillante hermosura descriptiva, de construcción acabada, donde el arte del contraste y de lo hiperbólico queda sometido a formas rigurosas.
Las Soledades (1613) es una obra de mayor aliento y de plan más madurado. Góngora proyectaba cantar las soledades de los campos, de las riberas, de las selvas y de los yermos. Sólo compuso la primera y parte de la segunda, que constituyen un poema pictórico, panorámico, rico en color y matices. Escrito en silvas, y todavía discutido hoy, constituye una de las cumbres de la lírica de todos los tiempos.
5. INFLUENCIAS POSTERIORES
El Góngora del Polifemo y las Soledades fue muy mal entendido por la crítica. Su estilo suscitó inmediatamente la oposición. El humanista Francisco Calcals (1564-1642) cuando leyó las Soledades afirmó que el príncipe de la luz —refiriéndose al poeta de las letrillas— se había mutado en el príncipe de las tinieblas. Una actitud que se prolongaría hasta finales del siglo XIX, cuando algunos simbolistas franceses, en especial Verlaine, y los poetas modernistas de habla española, inician la valoración del gongorismo. Una valoración que culmina en 1927, año del centenario de su muerte, cuando una nueva generación de poetas españoles, Jorge Guillén, Pedro Salinas, García Lorca, Alberti, le aclaman como a uno de sus maestros, y Dámaso Alonso, poeta también, publica su edición crítica de las Soledades, a la que siguen algunos estudios definitivos para la comprensión de Góngora. Véase también Generación del 27.
La poesía de Quevedo por Mario López Asenjo en MasterLengua
Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid en 1580. Era de origen noble lo que le facilitó su entrada en la vida cortesana. Quevedo fue un hombre muy inteligente y agudo pero también egocéntrico, orgulloso, desconfiado y vengativo. Este carácter tan extremado hizo que se ganara numerosos enemigos y que tuviera incluso problemas con las autoridades.
En 1639, acusado de espionaje y de traición, fue encarcelado y permaneció en prisión cuatro años sin que se formulase ningún cargo contra él. Desengañado y enfermo, se retiró de la vida pública y murió en 1645.
1. Obra
Como la mayoría de los poetas del Siglo de Oro, Quevedo no publicó su poesía que circuló, en vida del autor, en forma manuscrita. Solo algunos poemas se publicaron en antologías como en la conocida Flor de poetas ilustres de 1605.
Se sabe que cuando murió estaba preparando una edición de su obra que finalmente completó su amigo Josef Antonio González en 1648, con el título El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve Musas.
Las nueves musas servían como pretexto para hacer una clasificación temática en nueve apartados.
Por ejemplo la primera Musa, Clío, recogía poemas de alabanza de personajes ilustres pasados o presentes. Destacan sonetos como “Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!“.
El resto de temas en que fue agrupada son:
- Poemas morales, de lo mejor de su producción, recordemos sonetos como “Ah de la vida’…¿Nadie me responde?” o la Epístola al Conde Duque de Olivares.
- Poesía fúnebre: exequias de personajes célebres.
- Poesía amorosa. Reformula el amor petrarquista para incidir en la relación vida-amor-muerte. Algunos de estos poemas son joyas universales, como los poemas dedicados a Lisi, entre los que se encuentra el mejor soneto del autor y para muchos también el mejor de la poesía española que comienza “Cerrar podrá mis ojos la postrera…” (hoy lo conocemos como Amor constante más allá de la muerte).
- Por último, poemas satíricos y burlescos que son de lo más agudo e ingenioso del autor. Como no recordar el soneto “A una nariz”.
Entre las composiciones destacan los sonetos, pero practicó todas las formas estróficas típicas de su tiempo: especialmente romances, pero también redondillas, canciones, bailes, jácaras, etc.
Además de su obra poética, Quevedo escribió bastante prosa. Una conocida novela, El buscón y varios tratados de carácter filosófico, moral, satírico y político.
2. Análisis de su obra
El conceptismo en Quevedo supone una continuación de los recursos de la poesía cancioneril castellana del XV, donde ya se evitaba nombrar un referente con su significante habitual, para identificarlo con otro signo con el que esté relacionado en el significante o en el significado. Las similitudes de significante se mostraban a través de antítesis, paradojas, dilogías, paronomasias, calambures, retruécanos…; mientras que la semejanza de significados se articulaba con la metáfora. Para Gracián el concepto era, de hecho, un acto de entendimiento, que exprime la correspondencia que se halla entre dos objetos.
El conceptismo de Quevedo además del ingenio y la sutileza, prefiere la condensación expresiva y, a diferencia de Góngora (que recurre especialmente a los cultismos), utiliza palabras habituales o neologismos que él crea a partir de ellas. Por esto siempre se ha dicho que su poesía es “menos difícil” que la de Góngora y puede que sea verdad en apariencia, pero la complejidad en Quevedo es tanta o mayor que en Góngora. Las palabras son más accesibles, sí, y el significado general de la composición parece claro, pero es solo en apariencia como decimos. Casi cada palabra, cada expresión se carga de dobles, triples y hasta cuádruples sentidos. De este modo, los niveles de significado del poema se multiplican y complican.
Un ejemplo de lo que decimos lo encontramos en el poema “A una nariz”; termina así el soneto: “[una nariz] que en la cara de Anás fuera delito”. Bien, Anás puede ser un juego de palabras con referencia al hebreo, a- nas que vendría a significar “chato”, sin nariz. Por tanto la nariz sería delito en la cara de un “chato”. Ya de paso, con la referencia al hebreo, está insinuando la descendencia judía de Góngora que es a quien dirige el ataque. Pero hay más, también podría ser que se refiere al Anás bíblico, el sumo sacerdote que junto con Caifás condenaron a Jesucristo. Entonces ahora se abre una nueva vía de significación y además con múltiples ramificaciones:
- La nariz es tan grande que en la cara de Anás, o sea, en frente de él, como Jesús en el juicio, es un delito que merece severo castigo.
- O es literalmente en la cara de Anás, es decir, Anás como judío (y por tanto, con fama de nariz grande) ¿tiene una nariz que merecería castigo del propio juez que imparte los castigos?, ¡quien sabe!
Podemos agrupar la poesía de Quevedo en cuatro grandes apartados:
a) Poesía religiosa y moral.
Aquí estarían incluidos sus poemas fúnebres, morales, reflexivos de carácter filosófico, algunos laudatorios y de homenaje. Están impregnados de la corriente contrarreformista y de un pesimismo típicamente barroco.
La muerte es vista como algo próximo e inminente y la vida como un tiempo breve para llegar a la muerte. Con la muerte se alcanza el descanso eterno y es la única liberación del mundo de apariencias en que se ha convertido la tierra.
b) Poesía política.
Incluimos aquí poemas satírico-burlescos, morales y de alabanza que tienen este tema común. Muchas de sus críticas se centran en contrastar los tiempos gloriosos del Imperio con la actual decadencia y perdida de los valores.
c) Poesía amorosa. Sigue todos los tópicos renacentistas del amor petrarquista. Por tanto, un amor platónica por la amada que es fuente de placer espiritual (1), pero también de dolor y sufrimiento (2). El poeta parte de la descripción de la belleza perfecta de la amada (3) para llegar a la unión espiritual (1). Nunca busca la unión carnal, es más bien la búsqueda de ese ideal en el que dos almas se unen, que proporciona placer y calma, y que es lo mejor que puede pasarle a un mortal. Incluso introduce un aspecto novedoso, propio del extremismo barroco, como el del amor más allá de la muerte, que supone la expresión máxima del sentimiento amoroso: el amor visto como una unión perfecta en cuerpo y alma que transgrede los límites de la muerte (4).
Destacan los numerosos sonetos que dedicó a Lisi, Lisis, o Lísida, y que forman una especie de cancionero
(1)
Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada.
(2)
Suspiros, del dolor mudos despojos,
también la boca a razonar aprende,
como, con llanto y sin hablar, los ojos.
(3)
lamáronme los ojos las facciones,
prendiéronlos eternas jerarquías
de virtudes y heroicas perfecciones.
(4)
Espíritu desnudo, puro amante
sobre el sol arderé y el cuerpo frío
se acordará de Amor en polvo y tierra
Serán ceniza, mas tendrán sentido
Polvo serán, mas polvo enamorado.
d) Poesía satírica y burlesca.
Son ataques a la decadencia de España, a sus enemigos, a las mujeres… en general a todo lo que le molestaba.
Estos poemas son de una implacable crítica y muestran una imagen ridícula y grotesca de instituciones y tipos sociales: el matrimonio interesado (especialmente recurrente era su crítica a los cornudos), diversos oficios (sobre todos a médicos), los literatos, conocida era su animadversión por Góngora y su escuela, los judíos conversos, los que aparentan honor sin tenerlo, las mujeres, los homosexuales… Por la acidez de la crítica, son estos poemas más satíricos que burlescos.
Entre los recursos mas empleados destaca el empleo de los juegos de palabras, las hipérboles, la paradoja y los contrastes.
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