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domingo, 16 de octubre de 2016

¿Cómo se escribe Premio Nobel?

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¿Con mayúsculas o minúsculas? ¿Se dice 'nóbel' o 'nobél'?


¿Sabemos referirnos a los Premios Nobel correctamente? La Fundéu BBVA nos echa una mano con ello. La Fundación del Español Urgente considera oportuno recordar, ante el anuncio de los ganadores de los Premios Nobel y sus correspondientes quinielas previas, que el nombre de estos galardones solo se escribe con inicial minúscula cuando hace referencia a la persona que lo ha recibido, al galardonado: "Al congreso acudió el premio nobel de medicina de este año"; "José Saramago, premio nobel de literatura, murió a los 87 años"; "Ayer acudió el nobel de la paz, Barack Obama.".
Este criterio es el indicado por fuentes del equipo de redactores de la Ortografía de la Real Academia Española, quienes también advierten de que todas las palabras significativas que forman parte del nombre de los premios se escriben con mayúscula inicial: "los Premios Nobel son los más prestigiosos del mundo"; "el Premio Nobelrevivirá a partir de mañana su tradición centenaria con el anuncio."; "La gala de losNobel se celebrará en diciembre".
¿Y qué pasa con el plural? Con ese uso la palabra Nobel es invariable en plural, como indica el Diccionario panhispánico de dudas: "La Academia dará a conocer la próxima semana los Premios Nobel de este año". En cambio, cuando premio y nobel designan al galardonado, se escriben con minúsculas y tienen un plural regular: "José Saramago, premio nobel de literatura, murió a los 87 años" o "Al congreso acudieronvarios premios nobeles de medicina".
En todos los casos se trata de una palabra aguda y, por tanto, su pronunciación adecuada es /nobél/, pese a que la llana /nóbel/ está muy extendida, incluso entre personas cultas, como explica el Diccionario panhispánico de dudas.
Asimismo, la denominación de cada una de las categorías de los grandes premios internacionales se escribe con mayúscula inicial en todos sus componentes significativos "el Premio Nobel de Medicina ha recaído en Robert Edward"; "elNobel de la Paz fue para".

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viernes, 10 de octubre de 2014

Modiano, un Nobel que cambió el pasado por Guillermo Altares (El País)

Sus libros y su guión de la película 'Lacombe Lucien' son fundamentales para entender Francia durante la ocupación

Pierre Blaisse en una imagen de 'Lacombe Lucien'.
En casi todos los colegios de París, una placa recuerda a los niños judíos que fueron deportados durante la Segunda Guerra Mundial y asesinados en los campos de exterminio nazi. En el barrio del Marais, donde históricamente se concentra la mayor población judía de la capital francesa, las placas son constantes y un recuerdo palpable del horror que se abatió sobre Europa bajo el dominio del terror hitleriano. Sin embargo, en las últimas décadas, en esas placas se produjo un cambio fundamental: ya no se culpaba sólo a la Gestapo, sino también a policías franceses bajo las órdenes del Gobierno colaboraciones de Vichy. "Entre 1942 y 1944, más de 11.000 niños fueron deportados desde Francia con la participación activa del Gobierno francés de Vichy y asesinados en los campos de la muerte porque nacieron judíos", rezan las placas. Ese cambio en la percepción de la historia francesa hubiese sido imposible sin la obra de Patrick Modiano y sin una película en la que participó como guionista cuando era un escritor primerizo junto a Louis Malle:Lacombe Lucien.
Hasta 1995, bajo la presidencia de Jacques Chirac, Francia no reconoció oficialmente su papel en las deportaciones de la Shoah. Lamayor atrocidad cometida en Francia, la razia del velódromo de invierno —en la noche del 16 de julio de 1942 fueron detenidos para ser exterminados 12.884 hebreos parisinos (4.051 niños, 5.802 mujeres y 3.031 hombres)— fue organizada y llevada a cabo por policías franceses. Sin embargo, la memoria colectiva, la imagen nacional labrada a lo largo de los años, era muy diferente.
El relato oficial describía a unos pocos franceses que fueron colaboracionistas y que, después de la guerra, fueron sometidos a juicio; mientras que muchos eran resistentes o simpatizantes de la resistencia. Las atrocidades las cometieron los alemanes que ocuparon el país desde 1940 hasta 1945 (este año se celebró en medio de gran pompa el 70º aniversario de la liberación y salió a la luz otro recuerdo olvidado del conflicto: las injusticias y brutalidades que se cometieron durante la depuración). Nada más lejos de la realidad: hubo franceses que combatieron en los dos bandos, en la milicia asesina de Vichy y en la resistencia, mientras que la mayoría, como ocurre siempre, trató sobre todo de sobrevivir a la guerra. Muchos podían haber acabado en cualquiera de los dos bandos dependiendo de factores que no tienen que ver sólo con la elección personal ni con el compromiso político.
Ninguna obra de ficción refleja con tanta contundencia ese panorama como Lacombe Lucien y el impacto de esta película fue gigantesco cuando se estrenó en 1974, pese a que dos títulos habían tratado anteriormente el mismo tema: El viejo y el niño (1971), de Claude Berri, sobre un anciano antisemita que acoge sin saberlo a un niño judío al que sus padres tratan de esconder y que adora como si fuese su nieto, y La pena y la piedad, el documental de Marcel Ophüls que relata la ocupación en una ciudad de provincias, Clermont-Férrand.
Pero ese personaje miserable interpretado por Pierre Blaisse que da título a la película de Modiano y Louis Malle refleja con una profundidad no alcanzada hasta entonces el país quebrado que fue Francia durante la II Guerra Mundial. En junio de 1944, cuando los aliados han desembarcado en Normandía y Francia está siendo liberada, Lacombe Lucien quiere unirse a la resistencia, pero su contacto, que es también su profesor, le dice que es demasiado joven, aunque en realidad piensa que es demasiado estúpido e inmoral. Entonces, por una casualidad, acaba uniéndose a la familia fascista, en la que se convierte en una mezcla de mascota y asesino.
Malle volvería a la ocupación en su última película, Adiós, muchachos, un impresionante relato autobiográfico sobre la miseria moral bajo la ocupación que tiene muchos elementos en común conLacombe Lucien. La obra de Modiano, en realidad, no ha salido nunca de aquel periodo de la historia francesa (ni del distrito XVI de París, el barrio más burgués y solo aparentemente más anodino de París).
Desde su primer libro, El lugar de la Estrella —una referencia a la plaza parisina y, a la vez, a la estrella amarilla que los judíos fueron obligados a llevar durante la Shoah—, que junto a La ronda nocturnaLos paseos de circunvalación forma La trilogía de la ocupación,hasta Dora Bruder o Un pedigrí la Segunda Guerra Mundial está en el centro de toda la obra del premio Nobel. El gran novelista vuelve una y otra vez a los dilemas morales, las renuncias, la brutalidad, la persecución, la traición, la miseria moral y física, pero también relata la búsqueda del pasado y reconstrucción de la memoria como ocurre en Dora Bruder. Los grandes escritores logran contar buenas historias. Los escritores imprescindibles consiguen cambiar un país, hacer que el espejo en el que se mira una sociedad sea diferente. Hay que tener una enorme valentía y una lúcida cantidad de dudas para atreverse a contradecir el discurso dominante, para tratar de contar que las cosas no fueron como queremos recordarlas sino como fueron, con sus matices, sus errores y sus miserias. Con unos libros breves, certeros, precisos y mucho más dubitativos que afirmativos, esa ha sido la gran contribución de Modiano a la historia de Francia durante el siglo XX. Eso y, además, un puñado de historias que no se olvidan.

martes, 11 de diciembre de 2012

Premio Nobel de literatura y política por Álex Vicente


El galardón al escritor chino Mo Yan, envuelto en controversia por su relación con el régimen

La Academia le premia por “enfrentarse a 50 años de propaganda”

El Nobel de Literatura Mo Yan recibe el galardón de manos del rey Gustavo de Suecia. / HENRIK MONTGOMERY (AP)

La ceremonia pareció hecha a medida para Mo Yan, puesto que el rígido protocolo no contempla que los premiados con el Nobel pronuncien ningún discurso. El escritor, laureado con el premio en la categoría literaria, ni siquiera se vio forzado a abrir la boca. Le bastó con agradecer el premio con las tres tradicionales reverencias que dicta la etiqueta: una ante el rey Carlos Gustavo, la segunda ante los miembros de la Academia y la tercera ante un público al que, a ratos, parecía que se le caían los párpados. Ante el silencio de Mo Yan, que en los últimos días había evitado pronunciarse sobre la situación política en su país, hasta el punto de justificar la censura y provocar la ira de la disidencia china, fueron los demás los que tomaron la palabra por él.
El presidente del comité literario, Per Wästberg, dejó de lado el discurso formalista sobre su “realismo alucinatorio” que había acompañado el anuncio del premio en octubre y circuló por derroteros bastante más políticos. Por ejemplo, sosteniendo que la historia china que contiene la obra de Mo Yan nunca concuerda con la versión oficial. “Describe un pasado que, con sus exageraciones y parodias, supone una revisión convincente y mordaz de cincuenta años de propaganda”, dijo Wästberg, quien añadió: “A través del ridículo y el sarcasmo, arremete contra la historia y sus falsificaciones, contra la penuria y la hipocresía política. La brutalidad de la China del siglo XX nunca ha sido descrita con tanta desnudez”. Mo Yan lo observaba con cara de querer volverse a su pueblo.
Las voces de la oposición, que no han dejado de denunciar la excesiva obediencia de Mo Yan al régimen, parecieron más calmadas que durante el fin de semana, cuando el poeta Ye Du le había comparado con “una prostituta”, mientras el artista Ai Weiwei le acusaba de “traición y capitulación”. Solo el escritor disidente Liao Yiwu, exiliado en Alemania tras escapar del territorio chino en 2011, escapó a la regla firmando una virulenta tribuna en Le Monde. “Para ser justo, hay que reconocer que sus escritos denuncian los males del régimen. Mo Yan ha desvelado algunas sombras del periodo maoísta, en los límites autorizados, pero evitando evocar las que han sido cometidas durante la regencia de los actuales dirigentes”, escribió. “Adorno dijo que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie. En China, el equivalente es este: escribir sin dejar testimonio es vergonzoso”.
Según Liao Yiwu, Mo Yan formó parte del movimiento de la plaza Tiananmen, antes de adherirse a las políticas del pragmático Deng Xiaoping, que impulsó la propiedad privada y la iniciativa individual. Desde entonces, sus declaraciones en público han sido extremadamente prudentes. Con algunas excepciones. En la misma cabecera francesa, Mo Yan respondía en una entrevista aparecida en 2009: “He contado mis historias utilizando técnicas surrealistas, el cuento y la fábula, de manera que las autoridades no sabían muy bien cómo tomárselas, cuando en realidad encerraban una carga crítica muy fuerte”. En la misma conversación, recordaba que su familia le enseñó desde pequeño a no hablar más de la cuenta.
Sin duda, una clave para entender las críticas minimalistas que ha pronunciado esta semana en Estocolmo. No hay que olvidar, como han apuntado algunos intelectuales chinos bajo cubierto de anonimato, que Mo Yan no se encuentra en el exilio, sino que sigue viviendo en China, donde medró socialmente adhiriéndose al partido a propuesta de su padre y donde actualmente ocupa la vicepresidencia de la asociación de escritores chinos, respaldada por el ejecutivo.
Con esta sucesión de forzadas reverencias terminaba la semana de celebraciones en torno a los Nobel. La ceremonia en la Sala de Conciertos y el posterior banquete en el ayuntamiento de Estocolmo suponían el punto final a un rosario de discursos y conferencias emitidos por la televisión pública. Los premios, que recompensan algo tan anacrónico como el saber “en beneficio de la humanidad” fueron entregados en el orden habitual y separados por los habituales interludios musicales a cargo de la Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo, con obras de Tchaikovsky, Rossini y Gershwin. Los laureados en Física, David J. Vineland y Serge Laroche, fueron reconocidos por sus investigaciones en física cuántica. En Química se escogió a Robert J. Lefwokitz y Brian Kobilka por su estudio de los receptores celulares. El británico John B. Gordon y el japonés Shinya Yamanaka ganaron el premio de Medicina por demostrar que las células adultas son susceptibles de ser reprogramadas para desarrollar otros tejidos. Y los estadounidenses Alvin E. Roth y Lloyd S. Shapley lograron el de Economía por su trabajo sobre el diseño de los mercados y la teoría de las asignaciones estables. Todos se llevaron ocho millones de coronas suecas (unos 900.000 euros), un 20% menos que en años anteriores. Los responsables del premio han decidido bajar la asignación para asegurarse su supervivencia a largo término. Que ni siquiera la Fundación Nobel quede al margen de los estragos económicos debe de querer decir que la situación es tirando a grave.

jueves, 11 de octubre de 2012

El chino Mo Yan, Premio Nobel de Literatura



El escritor chino Mo Yan. / WU HUANG - IMAGINECHINA

El escritor chino Mo Yan es el ganador del Premio Nobel de literatura 2012 "por su realismo alucinatorio, que une el cuento, la historia y lo contemporáneo" según el dictamen de la Academia sueca. El sucesor del poeta sueco Tomas Tranströmer en el galardón más importante de las letras nació en Gaomi, un pobre condado de la provincia costera de Shandong, en febrero de 1955.
En sus novelas se mezclan la agitada historia de la China del último siglo con los ritos y tradiciones de las zonas rurales y el alma del pueblo chino, mediante un lenguaje realista, mágico, descriptivo, humanista y satírico, que se ha visto influido, según ha reconocido el propio Mo Yan, por autores occidentales como Tolstói, Faulkner o Gabriel García Márquez.
Entre sus libros más conocidos, figuran, además de Las baladas del ajo (un retrato de la China rural, ambientado en los primeros años del proceso de reforma puesto en marcha por Deng Xiaoping a finales de 1978); Sorgo rojo (El Aleph, 2002), con cuya adaptación el director de cine Zhang Yimou ganó el Oso de Oro en Berlín en 1988; Grandes pechos amplias caderas(Kailas, 2007) —prohibido en China—, donde pasa revista a la historia china del siglo XX a través de la vida de una mujer, y La república del vino, en el que satiriza la corrupción gubernamental y la obsesión de su país por la comida y el alcohol. Las tres primeras han sido traducidas al español.

sábado, 7 de enero de 2012

J. R. R. Tolkien se quedó sin el Nobel de Literatura por su prosa de «segunda categoría»


J. R. R. Tolkien se quedó sin el Nobel de Literatura por su prosa de «segunda categoría»

La candidatura del autor de El señor de los anillos fue rechazada por el jurado del premio en 1961, según revelan los archivos desclasificados por la Academia sueca

ABC.ESABC_ES / MADRID
Día 05/01/2012



Puede que El señor de los anillos sea el libro más valorado en Reino Unido y que la saga haya logrado vender millones de copias en todo el mundo, pero según documentos recientemente desclasificados J. R. R. Tolkien se quedó sin el Nobel de Literatura porque su prosa era de «segunda categoría», de acuerdo al veredicto del jurado del galardón en 1961.

El misterioso funcionamiento del comité Nobel obliga a que sus divagaciones se mantengan en secreto hasta 50 años después de dictar veredicto, momento en que el archivo de ese año es ceremoniosamente hecho público en la Biblioteca Nobel en Estocolmo. Según la investigación que el periodista sueco Andreas Ekström ha llevado a cabo en los documentos del fallo de 1961 revelados esta semana, aquel año el jurado decidió pasar por alto nombres como los de Lawrence Durrell, Robert Frost, Graham Greene, E. M. Forster o el propio Tolkien y concedió el Nobel de Literatura al escritor yugoslavo Ivo Andrić.

Según recoge «The Guardian», mientras Andrić fue alabado por «la fuerza épica con la que traza los temas y representa los destinos humanos de la historia de su país», otros escritores nominados recibieron poca atención del comité Nobel, tal y como revela Ekström en el periódico sueco «Sydsvenska». Así, según el miembro del jurado Anders Österling, la prosa de Tolkien «no está en modo alguno a la altura de la narración de alta calidad». Robert Frost, por su parte, fue rechazado debido a su «avanzada edad» (tenía 86 en aquel momento), al igual que EM Forster, al que Österling llegó a calificar como «una sombra de lo que fue».

Siguiendo con la terna de escritores propuestos para el Nobel de Literatura en 1961, Lawrence Durrell aportaba, según el comité, «un gusto dudoso debido a su monomaníaca preocupación por las complicaciones eróticas», mientras que el novelista italiano Alberto Moravia «adolece de una monotonía general». Graham Greene, que nunca llegó a ganar el Nobel, quedó «subcampeón» del galardón y la escritora danesa Karen Blixen, autora de «Memorias de África», fue la tercera del podio.

La presencia de Tolkien
Ekström reconoce que lleva «cumpliendo con esta especie de tradición personal y profesional los últimos cinco años y ésta ha sido la primera vez que he visto el nombre de Tolkien entre los candidatos propuestos». Según el periodista, «la Academia mantiene en estricto secreto los archivos durante 50 años. La decisión final se hace pública sin ninguna nota añadida, pero sí se descubren la lista de candidatos propuestos y los comentarios sobre los mismos».

Al parecer, Tolkien fue nominado por su amigo el autor y crítico C. S. Lewis, pero el breve comentario hecho por Anders Österling, el crítico literario dominante en la Academia, fue «bastante agrio». En relación a El señor de los anillos, Österling dijo básicamente que «el resultado no está, en modo alguno, a la altura de la narración de calidad».

domingo, 11 de diciembre de 2011

La soledad de América Latina en voz del 'Gabo' - Discurso del Nobel

 (Archivo EFE)

Neruda: El poeta no es un dios - Discurso del Nobel

 (Archivo EFE)

Tranströmer recoge el Nobel por su poesía de "imágenes translúcidas"


La ceremonia, celebrada en Estocolmo y protagonizada por el premiado en la categoría de literatura, se convierte en un alegato humanista
Tomas Tranströmer
IKER SEISDEDOS  -  Estocolmo 
ELPAIS.com  -  Cultura - 10-12-2011



Tomas Tranströmer escuchaba en la ceremonia de entrega de los premios Nobel, recién terminada en Estocolmo, el elogioso discurso de su amigo de juventud, Kjell Espmark, miembro de la academia. Nunca parecieron cómodos ni él ni su poesía con las estrechas fronteras del frac y otros protocolos. Entonces, Espmark dijo "querido Tomas" para invitarle a recoger el galardón. Empujado sobre su silla de ruedas se encontró en el centro del escenario con el rey de Suecia. Y se liberó en su rostro una contagiosa carcajada.
El auditorio de la Sala de Conciertos de la ciudad estalló entonces en aplausos. Y por un momento parecía posible el triunfo de la literatura de un hombre solo, de un escritor ante las inmensidades más inmediatas: el yo, la realidad y la naturaleza. Alguien que a base de contarse a sí mismo, en un incansable "viaje al centro de las cosas", en las palabras de Espmark, ha conseguido explicarnos lo inexplicable, el mundo, a lo largo de medio siglo de poemas llenos de "condensadas imágenes translúcidas", como las describió el fallo del jurado.

Tres físicos enfrentados a la inasible certeza de que el universo se expande más rápido de lo que creíamos; un químico perdido al final de su microscopio de electrones en un mundo desconocido de microcristales; dos profesores en busca de explicaciones al comportamiento del desempleo en las agitadas aguas de la macroeconomía que todo lo decide; y un grupo de médicos que estudian el sistema inmunológico, en guerra contra el mayor de los ejércitos, los virus, completan la nómina de los laureados de unos premios que este año han compuesto el relato de un inesperado alegato humanista. En realidad, para entonces la música ya sonaba familiar. Por la mañana, las liberianas Ellen Johnson Sirleaf y Leymah Gbowee y la yemení Tawakkol Karman habían llegado a Oslo para recibir el Nobel de la Paz en nombre de todas aquellas mujeres que se engrandecen cada día para enfrentarse al monstruo gigantesco de la desigualdad y sus infinitos tentáculos.

Fue Sven Lidin, académico de la ciencia encargado de presentar el premio de Química al profesor Dan Shechtman, quien citó una metáfora newtoniana para subrayar el alegato: "Somos como enanos a hombros de gigantes, de manera que podemos ver con más claridad que ellos y adivinar cosas a una mayor distancia". Acaso no por casualidad, uno de los momentos más emotivos de la ceremonia, por lo demás marcada al milímetro por las intervenciones de la Real Filarmónica de Estocolmo y la soprano Paulina Pfeiffer, tuvo que ver con la más tozuda de las contingencias humanas. Llegó durante la recepción del Nobel de Medicina, compartido por los profesores Bruce Beutler, Jules Hoffman y Ralph Steinman. El último estuvo representado por su viuda; Steinman murió pocos días antes de darse a conocer la distinción. Investida de la dignidad del luto, recogió el premio quién sabe si con la certeza de lo inútil de dejarse cegar por la vanidad los reconocimientos.

Eso parecía aconsejar también la burlona sonrisa que Tranströmer dirigía al auditorio y que ha marcado el fin de la ceremonia sobre el fondo de una pieza de Hugo Alfvén. Los 1.500 invitados se han dirigido al "solemne banquete de gala", que se celebra hasta pasadas las 22.00, prestos a descifrar la segunda incógnita del día: la configuración del menú, elaborado por chefs de renombre, con el que serán obsequiados. La primera fue el color de las 8.000 flores (lirios, rosas o jacintos amarillos, rojos, y naranjas) que envía cada año la provincia italiana de Imperia, donde murió Alfred Nobel, inspirador de los galardones, tal día como hoy hace 115 años.

Por lo demás, el día había amanecido exactamente como lo había imaginado en 1954 Tranströmer, poeta de la premonición que escribió sobre la parálisis del lado derecho de su cuerpo 16 años antes del derrame cerebral que le provocó la afasia. Fue en Epílogo, último de los 17 poemas de su primer libro: Diciembre. Suecia es una extenuada / barca en tierra. Sus ásperos mástiles, / contra el cielo del anochecer.

De esa oscuridad invernal tantas veces descrita por Tranströmer surgieron los helicópteros, que permanecieron todo el día suspendidos sobre la ciudad, quietos como libélulas atónitas, mientras los agentes peinaban con sus perros las zonas sensibles, como las inmediaciones del Palacio Real, en la parte vieja, o en torno al Ayuntamiento, en cuyo salón azul, que es rematadamente rojo, se celebra anualmente el banquete. Esta vez era algo distinta: varias manifestaciones se convocaron simultáneamente a favor y en contra de que "Suecia sea solo para los suecos" y obligaron a los caminantes a dibujar grandes rodeos para sortear los cordones policiales.

sábado, 8 de octubre de 2011

Tomas Tranströmer



Tomas Tranströmer, (Estocolmo,  15 de abril  de  1931) es un psicólogo,  escritor,  poeta  y  traductor sueco, cuya poesía goza de una gran influencia. En 2011 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, "porque a través de sus imágenes condensadas y translúcidas nos permite el acceso a la realidad".


jueves, 6 de octubre de 2011

El poeta sueco Tomas Tranströmer, premio Nobel de Literatura


Nacido en Estocolmo en 1931, es también conocido por su labor como traductor.- La Academia sueca le premia por sus "imágenes condensadas y translúcidas", que dan "acceso fresco a la realidad"


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS  -  Madrid 
ELPAIS.com  -  Cultura - 06-10-2011


El poeta sueco Tomas Tranströmer es el ganador del Premio Nobel de literatura 2011 "porque, a través de sus imágenes condensadas y translúcidas, nos da un acceso fresco a la realidad", según el dictamen de la Academia sueca. El sucesor de Mario Vargas Llosa en el galardón más importante de las letras nació en Estocolmo el 15 de abril de 1931 y, además de su obra poética, ha destacado como traductor. EL PAÍS ofrece mañana una entrevista con el premiado. Hoy adelantamos un extracto de esta charla, así como la crítica de su nueva antología Deshielo a mediodía, publicada por Nórdica.



El premiado se ha mostrado "contento" y "emocionado" tras conocer la noticia. "No creía que podía llegar a vivir esto", ha dicho su mujer, Monica, a medios digitales suecos desde su casa de Estocolmo. Según su esposa, el poeta "se siente cómodo con todas esas personas que vienen a felicitarlo y a fotografiarlo".Psicólogo de oficio, Tranströmer sufrió en 1990 un ictus que le paralizó la mitad derecha del cuerpo y le produjo una afasia que le impide hablar, pero no escribir. Ni tocar el piano. De hecho, en la entrevista que mañana publicará EL PAÍS con él da cuenta de su sorpresa al descubrir la cantidad de piezas escritas para la mano izquierda. Uno de los grandes enigmas que rodea su figura procede del hecho de que en 1974 había escrito en su poema Bálticos unos versos que ahora se leen premonitorios: "Entonces llega el derrame cerebral: parálisis en el lado derecho / con afasia, solo comprende frases cortas, dice palabras / inadecuadas".El dictamen de la Academia sueca, recibido con júbilo por los periodistas presentes en el acto a las 13.00, habla de Tranströmer como de un gran creador de imágenes y su uso de la metáfora, virtuoso pero riguroso es, en efecto, una de las marcas más personales de su poesía. El galardón está dotado con 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros).Traducido a medio centenar de lenguasLa obra del nuevo Nobel, traducida a medio centenar de lenguas, contiene una docena de libros que se extienden entre 1954 (17 poemas) y 2004 (El gran enigma). En España, la editorial Hiperión publicó en 1991 la antología Para vivos y muertos, traducida por Francisco Uriz y Roberto Mascaró. Este último es el artífice de dos completísimas selecciones, publicadas una el año pasado y otra este mismo mes por la editorial Nórdica. Así, a El cielo a medio hacer -que incluía también la breve autobiografía en prosa del premiado- se le acaba de unir Deshielo a mediodía."Es una enorme alegría", ha declarado Mascaró, poeta y traductor uruguayo. "Su poesía demuestra que las lenguas son barreras superables, como queda claro al ver que llega a países como el mío, Uruguay, o a El Salvador, donde estoy ahora en un festival internacional de poesía". "Siempre he tenido la certeza de que su poesía es universal, aporta a la paz y a la comprensión de las etnias, sobre todo en esta etapa de la humanidad donde estos problemas aún no están superados. Digo esto porque me lo indica el hecho de conocerlo desde hace 30 años, cuando llegué a Suecia y me convertí en su traductor al español. Entonces lo llamé tímidamente por teléfono y me aceptó", ha agregado Mascaró.Tranströmer es hijo de una maestra de escuela y de un periodista, en 1956 se licenció en Historia de la Literatura, Psicología e Historia de las Religiones por la Universidad de Estocolmo. Entre los años 1960 y 1966 trabajó como psicólogo en la prisión juvenil de Roxtuna, en las afueras de Linköping, en el sur de Suecia.El poeta leonés Antonio Colinas ha calificado a Tranströmer de "un gran y auténtico poeta". "Algunas veces la Academia sueca nos asombra con algún premio provocador o raro, pero Tranströmer tiene una obra muy interesante atravesada por el misterio que se encuentra, en ocasiones, en el lenguaje cotidiano", ha dicho.Séptimo sueco nobelTranströmer es el séptimo escritor sueco en ganar el premio Nobel. Los últimos fueron, en 1974, Eyvind Johnson y Harry Martinson ex aequo. El poeta sueco estaba en el grupo de favoritos para este año. Le acompañaban en las apuestas el japonés Haruki Murakami, el coreano Ko Un, el estadounidense Philip Roth, el australiano Les Murray, el poeta sirio Adonis e incluso el cantautor Bob Dylan.Entre los últimos galardonados con el Premio Nobel de Literatura figuran Mario Vargas Llosa, Herta Müller, Jean-Marie Gustave Le Clézio, Doris Lessing, Orhan Pamuk, Harold Pinter, Elfriede Jelinek o John M. Coetze.



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Poema 'Allegro'

Toco Haydn después de un día negro
y siento un sencillo calor en las manos.
Las teclas quieren. Golpean suaves martillos.
El tono es verde, vivaz y calmo.
El tono dice que hay libertad
y que alguien no paga impuesto al César.
Meto las manos en mis bolsillos Haydn
y finjo ser alguien que ve tranquilamente el mundo.
Izo la bandera Haydn -significa.
"No nos rendimos. Pero queremos paz".
La música es una casa de cristal en la ladera donde vuelan las piedras, donde las piedras ruedan.
Y ruedan las piedras y la atraviesan
pero cada ventana queda intacta.
Del libro El cielo a medio hacer (1962), incluido en la antología Deshielo a mediodía (Editorial Nórdica). Traducción de Roberto Mascaró.


La obra de un hombre interesado por la música y la naturaleza
La trayectoria poética de Tomas Tranströmer comenzó en 1954, cuando, después de publicar poemas en diferentes revistas, salió a la luz su primer libro, 17 poemas, en el que se notaba su interés por la naturaleza y la música "que caracteriza una gran parte de su producción", según el comunicado de la Academia sueca. Sus siguientes poemariosHemligheter pa vägen (Secretos en el camino, 1958), Den halvfärdiga himlen (El cielo a medio hacer, 1962 y traducida al castellano en 2010) y Klanger och spar (Tañidos y Huellas, 1966) le confirmaron como "uno de los principales poetas de su generación", prosiguió la Academia.
En 1974 escribió Östersjöar (Bálticos), que recoge fragmentos de una historia familiar de Runmarö, una isla del archipiélago de Estocolmo donde su abuelo materno trabajaba como práctico del puerto y donde Tranströmer pasó muchos veranos de niño. Otros recuerdos de su infancia y juventud aparecen en su libro de memorias Minnena ser mig(Poemas selectos y Visión de la Memoria, 1993, traducido al castellano en 2009).

sábado, 11 de diciembre de 2010

DISCURSO MARIO VARGAS LLOSA 05 CONFERENCIA SOBRE LITERATURA Y FICCION 07...

DISCURSO MARIO VARGAS LLOSA 04 CONFERENCIA SOBRE LITERATURA Y FICCION 07...

DISCURSO MARIO VARGAS LLOSA 03 CONFERENCIA SOBRE LITERATURA Y FICCION 07...

DISCURSO MARIO VARGAS LLOSA 02 CONFERENCIA SOBRE LITERATURA Y FICCION 07...

DISCURSO completo MARIO VARGAS LLOSA 01 CONFERENCIA SOBRE LITERATURA Y ...

Mario Vargas LLosa recibe Premio Nobel de Literatura

Es el sexto premio Nobel para América Latina. En realidad este premio al escritor peruano se esperaba cada año desde hace 27, cuando en 1982 lo obtuvo el colombiano Gabriel García Márquez. Luego pareció inevitable cuando en 1990 lo ganó el mexicano Octavio Paz. De eso hace ya veinte años. Pero nada. Parecía que las moiras eran ciegas y lo tenían predestinado a la misma suerte injusta de Juan Rulfo y Jorge Luis Borges. Pero hoy, día de luna nueva, esa mala suerte se ha conjurado.



Aunque para los latinoamericanos era como si ya lo hubiera ganado hace muchos años.



El recorrido literario de lo que ha premiado la academia sueca a lo largo de su ya pasado siglo es interesante. Sin pretenderlo ha creado una especie de gran arco biográfico de la historia del continente.



Cuando en 1945 Gabriela Mistral obtuvo el Nobel de literatura, el resto del mundo empezó a saber un poco más de América Latina. En los versos de la poeta chilena confluyen los dos mundos, América y Europa. Una poesía tapizada de lo autóctono pero donde resuena la religión y creencias traídas de ultramar. Desolación (1924) es el poemario que empieza poner en boca de todos la obra de esta maestra de escuela. Coloquial, natural, directa, pasional y sensible a los sentimientos y al entorno. La ilusión y el dolor ante la muerte. En Tala (1938) su espíritu religioso vuelve a aparecer y se confirma en Lagar (1954) en cuyos versos late su admiración por la naturaleza. Una poesía que retrata las emociones de sus gentes, de su América Latina que siente desamparada, a veces, incluso, dejada de la mano de su Dios.




Es en 1967 con el premio al guatemalteco Miguel Ángel Asturias cuando se muestra parte del lugar de donde procede el continente y del por qué de su idiosincrasia. Sus narraciones anidaban en lo aborigen, él conectaba esa memoria precolombina con el presente. Es el fundador de lo que habrá de ser conocido como realismo mágico a partir de su libro Hombres de maíz (1949). Su literatura universaliza entonces la mirada autocrítica de los creadores latinoamericanos respecto a la propia historia del continente y su sociedad.




Pero es Pablo Neruda, Nobel de 1971, quien se rebela y pone en versos la geografía política y social del continente. Con él, la política y el reclamo se hizo arte en Latinoamérica. Antes, el amor y los desamores con su famoso Veinte poemas de amor y una canción desesperada en 1924. Con ellos, desde entonces, los adolescentes se acercan y tratan de entender esos primeros sentimientos que creen eternos. Pero fue Residencia en la tierra (1933 y 1935) el que lo puso en las cumbres del mapa literario. Luego vino Canto general (1950). Y otros libros donde miraba al pueblo y transmitía su sentir, el oprobio, la esperanza y la desesperanza. Son versos del presente que responden a una situación real de aquel presente que aún pervive.



Once años más tarde la academia sueca premia, en Gabriel García Márquez, a una generación irrepetible de autores latinoamericanos que desde su propio continente y desde fuera empezaron a reconstruir la memoria de América Latina. Y en su empeño ensancharon los lindes de un idioma. Fueron más allá del final del horizonte visible desde un punto fijo. Rulfo, Cortázar, Onetti, Vargas Llosa, Fuentes, Donoso, Cabrera Infante y otros más que radiografiaron, cada uno a su manera, la experiencia de una tierra aún desconocida para el resto del mundo. Diversos y potentes estilos y originales maneras de enfocar la vida y la realidad. Y de concebir la literatura. Pero la academia se inclinó por el embrujo literario de aquel escritor caribeño que hizo universal su pueblo y sus pueblos en libros como El coronel no tiene quien le escriba, Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada. Mitología, leyendas populares, creencias religiosas y mandatos oficiales que le sirvieron para crear un nuevo territorio donde conviven imaginación, intuición y realidad. Y donde el tiempo y el espacio parecen uno solo.



Hasta que en 1990 llegó el Nobel a Octavio Paz. El poeta y ensayista mexicano trató de entender y hacernos comprender el origen de lo latinoamericano. A finales de la década del cuarenta era un prometedor poeta mexicano. A partir de ahí, lo suyo sería explorar, conquistar y volver a explorar. En su travesía literaria participó en el neomodernimo, el realismo y otros movimientos. Pero todos con un punto en común: desentrañar al hombre contemporáneo, proyectarse en la ruta que habría de seguir hacia el origen de la misma. Soledad, incomunicación, vacío y temas existenciales.

Ahora, en un día que precede a la luna nueva, esas cuatro maneras de mirar el mundo desde América Latina confluyen en la obra de Mario Vargas Llosa. Realidad mirada de frente, intención de entenderla y comprenderla, de aprender de ella. De una prosa que cuenta a la vez que analiza, y que analiza a la vez que hace soñar. Un escritor que siempre ha tomado el pulso de su tiempo, y como un relojero ha querido saber la función de cada pieza en el transcurrir de ese tiempo. Pero hay un aspecto que también es fundamental: la crítica o análisis literario. Su excelente y entusiasta aproximación a los libros que le apasionan. Su amor por la literatura, y su contagioso entusiasmo.





Y este arco de los seis premios Nobel latinoamericanos se condensa en la frase del propio Mario Vargas Llosa cuando dijo que “América Latina no puede renunciar a esa diversidad que hace de ella un prototipo del mundo”.///

domingo, 17 de octubre de 2010

Cinco notas conjeturales



JUAN GABRIEL VÁSQUEZ 16/10/2010


Los premios Nobel Mario Vargas Llosa y Albert Camus tienen algo de almas gemelas. Los malentendidos por sus ideas políticas o el refugio en la literatura frente a las carencias del mundo son ejemplos de sus analogías.



A la realidad le gustan las simetrías, se lee en un cuento de Borges, y es sin duda por eso que Vargas Llosa ha recibido el Nobel en el mismo año redondo en que los lectores de Camus conmemoramos los cincuenta años de su muerte. Vargas Llosa y Camus tienen algo de almas gemelas, o de vidas, si no paralelas, por lo menos análogas. ¿Quién le iba a decir esto al sartrecillo valiente? Algún día escribiré algo serio al respecto. Mientras ese día llega, he tomado algunas notas.

1 No me sorprende encontrar el nombre de Camus en las páginas de Sables y utopías, esa especie de retrato del intelectual público a través de sus textos. Cuando piensan en Vargas Llosa, sus lectores suelen pensar en Sartre: la idea de que las palabras son actos deslumbró a Vargas Llosa en su juventud y moldeó buena parte de su concepción de la literatura. Pero es la trayectoria de Camus, el hombre de izquierdas decepcionado por la izquierda totalitarista y violenta, y no la del existencialista dogmático, la que tiene más de un punto en común con la de Vargas Llosa. No llegan al mismo lugar, es cierto, pero sufren los mismos malentendidos, soportan los mismos ataques, deben enfrentar los mismos intentos de secuestro intelectual por parte del enemigo. En un discurso pronunciado en 1978, Vargas Llosa recuerda o parafrasea a Camus: "La única moral capaz de hacer el mundo vivible es aquella que esté dispuesta a sacrificar las ideas todas las veces que ellas entren en colisión con la vida, aunque sea la de una sola persona humana, porque ésta será siempre infinitamente más valiosa que las ideas". Vargas Llosa no dice de dónde viene la paráfrasis, así que me pongo a buscar argumentos semejantes en El hombre rebelde. Los encuentro, y en varias páginas; y entonces encuentro también otras cosas.
2 En la cuarta parte de El hombre rebelde, que Camus titula "Revuelta y arte", leo una cita de Nietzsche: "Ningún artista tolera lo real". Y luego la glosa de Camus: "La creación es exigencia de unidad y rechazo del mundo. Pero rechaza el mundo por causa de lo que le falta y en nombre de lo que, a veces, el mundo es". La creación artística como manera de subsanar las carencias del mundo: eso lo he leído antes y en varios ensayos o conferencias de Vargas Llosa. En el epílogo de La verdad de las mentiras leo que "toda buena literatura es un cuestionamiento radical del mundo en que vivimos", y también que la literatura "es un refugio para aquel al que sobra o falta algo, en la vida, para no ser infeliz, para no sentirse incompleto", y también que la mejor contribución de la literatura al progreso humano es "recordarnos que el mundo está mal hecho". El novelista que es Vargas Llosa siempre ha aspirado a compensar, mediante los poderes de la ficción, los defectos de la realidad; Camus, por su parte, dice: "El artista rehace el mundo por su cuenta".
Esto me hubiera bastado para imaginar a Vargas Llosa leyendo El hombre rebelde y derivando de allí buena parte de su visión literaria. Pero entonces me encuentro con este párrafo:
Un crítico católico ha escrito: "El arte, sea cual sea su objetivo, entra siempre en culpable competencia con Dios". Es más justo, en efecto, hablar de competencia con Dios, a propósito de la novela, que de competencia con el estado civil. Thibaudet expresaba una idea parecida cuando decía, a propósito de Balzac: "La comedia humana es la imitación de Dios padre". El esfuerzo de la gran literatura parece ser el de crear universos cerrados.
No me parece una especulación demasiado grosera ver en estas líneas, y en otras de ese capítulo de El hombre rebelde, el origen mediato de una de las teorías que soportan la obra literaria de Mario Vargas Llosa: el novelista como deicida.
3 En 1970, Vargas Llosa contestó a unas preguntas de la revista El Urogallo con palabras que no hubieran desentonado en el ensayo de Camus:
Esta representación desinteresada de la realidad humana que expresa el mundo en la medida que lo niega, que rehace deshaciendo, este deicidio sutil que entendemos por novela y que es perpetrado por un hombre que hace las veces de suplantador de Dios, nació en Occidente, en la alta Edad Media, cuando moría la fe y la razón humana iba a reemplazar a Dios como instrumento de comprensión de la vida y como principio rector para el gobierno de la sociedad. Occidente es la única civilización que ha matado a sus dioses sin sustituirlos por otros, ha escrito Malraux: la aparición de la novela, ese deicidio, y del novelista, ese suplantador de Dios, es el resultado de ese crimen.
Confrontar este pasaje con El hombre rebelde: "Religión o crimen, todo esfuerzo humano obedece, finalmente, a este deseo irracional y pretende dar a la vida la forma que ella no tiene. El mismo movimiento, que puede llevar a la adoración del cielo o a la destrucción del hombre, lleva también a la creación novelesca". Pocas páginas después, Camus se refiere a Proust. Le Temps retrouvé, dice Camus, es la eternidad sin dios. Proust, dice Camus, "ha demostrado que el arte novelesco rehace la creación misma, tal como ella nos ha sido impuesta y tal como la rechazamos".
4 Imaginar a Vargas Llosa en aquella buhardilla del Hotel Wetter. Imaginar que lee El hombre rebelde; imaginar que anota palabras clave para la construcción de una poética, palabras como creación, rehace, rechaza, religión, crimen, creación novelesca. Imaginar que tiene en mente a Camus (o ha olvidado que lo tuvo en mente) al contestar a las preguntas de El Urogallo en 1970 y, finalmente, al escribir el libro que da forma concreta a la idea del novelista como suplantador de Dios: Historia de un deicidio. Allí se lee esto: "Escribir novelas es un acto de rebelión contra la realidad, contra Dios, contra la creación de Dios que es la realidad".
5 Una mañana de principios de 1958, Camus, que por esos días dirige la reposición de una de sus obras de teatro, sale a la calle junto con la actriz María Casares. Un joven peruano de veintiún años se le acerca, le dice en un francés todavía torpe que lo admira, le entrega una revista. Camus, nieto de españoles, le contesta al joven en su lengua.
Camus muere dos años después, justo cuando Vargas Llosa llega a instalarse a París.


Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) es autor de las novelas Los informantes (Alfaguara y Punto de Lectura) e Historia secreta de Costaguana (Alfaguara), entre otros libros.

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