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jueves, 3 de mayo de 2012

El redoble de Günter Grass por José Steinsleger


Durante la llamada guerra fría, junto con su amigo el canciller Willy Brandt (1969-1974), y luego con Helmut Schmidt (1974-1982), la honestidad intelectual de Grass apostó al supuesto de que la socialdemocracia alemana podía recuperar los aspectos positivos de sus épocas combativas y la búsqueda de una tercera vía entre fascismo y comunismo.
Cuando José Saramago recibió el Nobel de Literatura 1998, le formularon la pregunta de cajón: ¿quién se lo merecía antes que usted?. Sin tituberar, Saramago respondió: Günter Grass. Así fue. En 1999, la Academia sueca le otorgó el galardón, y muchos concluyeron que la literatura y el compromiso político de Grass simbolizaban algo así como “…el conflicto del siglo que había empezado en 1918 y terminado en 1989”.
Los escritores famosos de verdad (digo, los que no viven mirándose el ombligo, o cotejando sus cuentas corrientes para luego ensayar ditirambos de incierta casuística) suelen ser políticamente incorrectos y… premonitorios. En 1997 el diario El Paísde España entrevistó a Grass y tituló el texto con una profecía que para los fundamentalistas del fin de la historiasonaba desafinado: El capitalismo vuelve a actitudes del XIX (26/10/97).
El autor de El tambor de hojalata(1959) contaba aún con el visto bueno del Partido Único Mediático Universal (PUMU). Porque a diferencia del escritor austriaco Peter Handke (y otros autores satanizados por el PUMU), Grass había apoyado la aventura imperialista de la OTAN, Alemania y el Vaticano en los Balcanes que, en plenaglobalización, rompió a Yugoslavia en siete pedazos irreconciliables.
Gran ensayo de lo que le aguardaba a Irak. Sin embargo, al empezar el siglo, Grass echó con ojos de águila un vistazo sobre Europa, reforzando el otro pronóstico volcado en la entrevista referida: Alemania tiene razones para hacer un papel en Europa, pero no para jugar al poderoso y estar metida hasta en el tráfico de armas. Y algo más: “Un día surgirá una generación que preguntará qué pasó en realidad y qué se les está ocultando… Porque la historia no se puede dar por concluida. Porque nos alcanza... No se trata de un mea culpacontinuo, sino de la conversión del sentimiento de culpa en sentido de la responsabilidad”.
Grass siguió escribiendo, dándose tiempo para defender a los gitanos y los miles de inmigrantes africanos encarcelados y deportados de Alemania, batallando incansablemente contra el racismo, la venta de armas de su país a Turquía para masacrar a los kurdos y entablando agrias polémicas con escritores como Martin Walter, quien critica la insistencia en la culpa del pasado alemán.
Pero en 2007, Grass dijo lo que no se debía decir. En el relato autobiográfico Pelando la cebolla evocó los meses de 1944 en los que fue uno más entre el millón de adolescentes reclutados a última hora por las Waffen-SS (Cuerpo de Protección Armado). No sólo esto. También contó de su relación con el futuro papa Benedicto XVI, cuando ambos fueron prisioneros de guerra en un campo de Bad Aibling (Baviera).
La publicación del libro fue un banquete en el que participaron, con ferocidad caníbal, enemigos, críticos, seguidores y los que se decían amigos. Abrumado frente a la miseria ética y moral de los unos y los otros, Grass empezó a sospechar que la tercera víaincluía la doctrina que tras moverse como un ofidio durante la guerra fría, se impuso en el gran torneo ideológico de liberales y fascistas, socialdemócratas y comunistas: el sionismo.
¿Debía Günter Grass, en tanto escritor y como alemán, callar o condenar la venta del cuarto submarino nuclear de Alemania a Israel para atacar a Irán? ¿Debía esperar a la generaciónque se atreviera a preguntar qué pasaba, qué se le ocultaba?
Con 85 años encima, sintió que ya no le quedaba mucho tiempo. Una vez más (y posiblemente inspirado en un célebre poema de Brecht (“¡Oh Israel el de la tierra prometida! ¿Qué han hecho tus hijos de ti?…”), el autor de El rodaballosalió al ruedo, y el pasado 5 de abril publicó el poema en prosa Lo que hay que decir:
“¿Por qué he callado hasta ahora? Porque creía que mi origen, marcado por un estigma imborrable, me prohibía atribuir ese hecho, como evidente, al país de Israel… potencia nuclear que pone en peligro la paz mundial”.
Las autoridades del Estado terrorista de Israel advirtieron que el poema podía tener un impacto “similar al de Hitler con Mi Lucha” (sic). Pero el anciano escritor no se dejó intimidar. Y, clavando los ojos frente a millones de televidentes, siguió leyendo: “Lo admito: no sigo callando porque estoy harto de la hipocresía de Occidente; cabe esperar que muchos se liberen del silencio…

domingo, 15 de abril de 2012

"Grass no es un antisemita"



El crítico literario Marcel Reich Ranicki y el cineasta Volker Schlöndorff opinaron al respecto del reciente escándalo en que se ha envuelto el escritor

La pol?mica se origin? por un poema donde Grass critica las armas nucleares del estado israelita.
Reacciones. La polémica se originó por un poema donde Grass critica las armas nucleares del estado israelita.. (Foto: Archivo )


El crítico literario Marcel Reich Ranicki y el cineasta Volker Schlöndorff coincidieron en señalar que Günter Grass no es un antisemita, pese al reciente escándalo en torno a su poema contra el gobierno israelí que ha sido interpretado por muchos en ese sentido y relacionado con el pasado nazi del escritor.

Tanto Reich Ranicki -que ha formulado duros ataque contra Grass en el pasado- como Schlöndorf, que llevó al cine El tambor de hojalata, creen que el escándalo fue calculado de antemano por Grass.

"No hay indicio de que Grass haya sido siempre un antisemita", dijo Reich Rannicki en un programa que emita esta noche la Primera Cadena de la Televisión Alemana (ARD).

El poema, sin embargo, según Reich Ranicki, superviviente del gheto d Varsovia, tiene aspectos antisemitas.

"El uso elementos antisemitas, eso es claro, y con ello generó el escándalo", dijo el crítico.

Schlöndorff, por su parte, sostuvo que en ninguno de los libros de Grass que él ha leído con detenimiento se encuentra ningún elemento antisemita y considera que el escándalo en torno al poema fue calculado por el escritor para generar un debate.

"Después de las primeras reacciones indignadas se adelanta ahora un debate, probablemente en la dirección que él quería", dijo el director.

En su poema, Grass sostiene que el verdadero peligro para la paz mundial parte de Israel y no de Irán y sugiere que Israel tiene la intención de exterminar el pueblo iraní.

La última acusación ha llevado a que se acusa a Grass de identificar de manera difamatoria a Israel con la Alemania nazi.

El poema le ha valido a Grass ser declarado persona non grata en Israel.

miércoles, 4 de abril de 2012

Günter Grass: Lo que hay que decir


El poeta alemán se opone a un ataque israelí contra Irán




Israel declara al escritor Günter Grass persona non grata por un poema crítico


"Günter Grass, Israel y los nazis. Una polémica" por: Juan Gómez 


"Grass no es un antisemita"


Günter Grass, en su casa de la isla danesa de Mon. / BERNARDO PÉREZ

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor...

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.



Traducción de Miguel Sáenz. El texto original en alemán se publica hoy en el diario Süddeutsche Zeitung.

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