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miércoles, 20 de febrero de 2013

‘Qué’ con tilde y ‘que’ sin tilde (Blog de lengua española)



Hay un qué interrogativo (1) o exclamativo (2) que se escribe con tilde diacrítica:
(1) ¿Qué mano oculta había urdido la horrible conspiración? [Juan Goytisolo: Paisajes después de la batalla]
(2) ¡Qué cosas se te ocurren, Tula! [Miguel de Unamuno: La tía Tula]
Podemos encontrarlo también precedido de preposición:
(3) Cariño, ¿por qué dejaste el psicoanalista? [Elvira Lindo: Tinto de verano]
(4) ¿Y para qué quería oxígeno, si estamos en el campo? [Juan José Alonso Millán: Pasarse de la raya]
(5) ¡De qué manera tan difícil hemos llegado a vivir juntos veinticinco años! [Ana Diosdado: Trescientos veintiuno, trescientos veintidós]
Este qué acentuado también aparece en oraciones interrogativas (6, 7) y exclamativas (8) indirectas:
(6) Y no sabemos qué es lo que quieren [Alejandro Dolina: El ángel gris]
(7) Se preguntaba con qué podría comerciar él para obtener a cambio un poco de la libertad que nadie le ofrecía [Belén Gopegui: Lo real]
(8) Hay que ver qué buen gusto tiene esta chica… [María Manuela Reina:Alta seducción]
Al igual que ocurre con otras palabras con valor interrogativo, qué se puede sustantivar anteponiéndole un determinante (9). Mantiene entonces su acento ortográfico. Como muestra el ejemplo (10), también algunas de las secuencias con preposición admiten este cambio de categoría:
(9) Más decidir sobre el qué, que pretender monopolizar el quién y el cómo [Joan Subirats, "Sociedad en cambio", La Vanguardia, 2-6-1995]
(10) [...] si por alma entendemos eso que siempre ha estado ahí sin que nosotros sepamos ni el porqué ni el para qué [Daniel Leyva: Una piñata llena de memoria]
La tilde de los ejemplos anteriores sirve para diferenciar los usos interrogativos y exclamativos frente a dos homógrafos átonos: el relativo que (11) y la conjunción que (12):
(11) Nunca te he hablado de estos ataques que sufro desde pequeño [Juan José Millás: Dos mujeres en Praga]
(12) Decidió que se despediría de ellos en cuanto le resultasen más favorables las circunstancias [Jesús Torbado: El peregrino]
Hay un uso del que átono en el que tropiezan muchas personas al escribir: a menudo aparece encabezando un enunciado interrogativo o exclamativo sin ser él mismo ni lo uno ni lo otro. Es lo que sucede en (13) y (14):
(13) ¿Que te has dejado las llaves en casa?
(14) ¡Que se me quema la comida!
Es muy frecuente que aquí se deslice una tilde indebidamente. En el caso de las oraciones interrogativas, al menos, podemos echar mano de un truco que nos puede sacar de apuros. Si se puede contestar a esa pregunta con un  o un no,entonces el que en cuestión no lleva tilde:
(15) —¿Que te has dejado las llaves en casa? —Sí, me las he dejado
A veces nos toparemos con pares de oraciones que, aunque sintácticamente son muy diferentes, en apariencia son iguales y en las que la presencia o ausencia de tilde puede dar lugar a contrastes de significado:
(16) No tengo qué comer
(17) No tengo que comer
La oración (16) significa ‘carezco de alimento’, mientras que la (17) se interpreta como ‘no debo comer’ o ‘no me conviene’.
El problema básico que plantea esta tilde diacrítica es que para desenvolverse entre la maraña de casos particulares son necesarios unos conocimientos de gramática que nos permitan afinar al milímetro en lo tocante a funciones y categorías. Por si fuera poco, se trata de funciones y categorías donde se dan la mano lo abstracto y lo complejo. Cada cual puede aventurarse con el análisis gramatical hasta donde le parezca seguro, pero donde dejemos de hacer pie no nos quedará más remedio que aferrarnos al oído como tabla de salvación. Las formas con tilde corresponden a palabras tónicas, mientras que las contrapartidas sin acento ortográfico son átonas. Así, ejemplos como (13) y (14) deberían ser fáciles de resolver si nos percatamos de que se pronuncian como sigue:
(18) ¿keteás dedo lasllábes enkása?
(19) ¡kesemema lakoda!
Compárese lo anterior con (20) y (21):
(20) ¿ teás dedo? ¿lasllábes? [¿Qué te has dejado? ¿Las llaves?]
(21) ¡ rríka es lakoda! [¡Qué rica está la comida!]
Análogamente, el contraste de significado de (16) y (17) se resuelve así en la pronunciación:
(22)  téngo  komér (‘carezco de comida’)
(23)  téngo kekomér (‘no debo comer’)
En fin, con lo expuesto hasta aquí no he hecho sino tocar de pasada los puntos principales del uso de qué y que. Quien tenga la paciencia de estudiarse la prolija exposición que contiene la Ortografía de la lengua española de 2010 se convencerá de ello. Y todavía nos queda hablar de quiéncómo,cuál(a)dóndecuándocuánto y cuán.

Ejercicios: ‘qué’ y ‘que’ (Blog de lengua española)


En este ejercicio vamos a practicar la diferencia entre qué y que. Tienes que poner tilde en las palabras resaltadas en negrita cuando sea necesario. ¿Es posible en algún caso escribir la misma oración con o sin tilde diacrítica? ¿Se produce entonces alguna diferencia de significado? Publicaré las soluciones mañana, martes 19 de febrero.
a) ¡Que me dejes en paz!
b) Este es el libro que andaba yo buscando.
c) Ese señor de ahí enfrente no tiene que beber.
d) ¿Que quieres que hagamos con el gato de porcelana?
e) Sé que todo esto está siendo muy difícil para ti.
f) ¿Que si vendemos pianos de cola? No, oiga, me parece que se está equivocando.
g) Hay que ver que descarado es este niño.
h) No sé que vamos a hacer.
i) ¡Pero que bien se está aquí!
j) Lo que le importa a este filósofo es el que o, para decirlo con otras palabras, el ser intrínseco de la cuestión.

soluciones

sábado, 3 de marzo de 2012

Los expertos dicen que no cuidamos la ortografía



'No cuidamos ni la ortografia ni la gramatica'. Si no has notado nada raro al leer la primera frase de este artículo quizás tienes que animarte a cuidar las formas de la lengua. «En el lenguaje la forma (cómo se expresa) es casi tan importante como el fondo (qué se dice). Así que la ortografía es la ropa con la que se viste la escritura». Lo dice Salvador Gutiérrez, académico coordinador de la Ortografía de la RAE. Siguiendo con el símil de la ropa, Gutiérrez explica que «no vemos bien que alguien vaya a una reunión con manchas en la camisa. A la hora de escribir, deberíamos rechazar igual las faltas ortográficas».

Además, la correcta redacción tiene importantes beneficios para múltiples facetas «porque, por ejemplo, en una entrevista de trabajo van a contratar antes a un aspirante sin faltas que a otro que sí que las tiene. Incluso hay proyectos empresariales que se han rechazado porque estaban mal redactados», dice el académico. En cualquier caso, matiza que «no se trata de condenar a quien comete el error, sino de animarle». Y, para levantar el ánimo, tanto él como Francisco Moreno Fernández, director académico del Instituto Cervantes, dicen que «a escribir se aprende escribiendo y leyendo». Los dos expertos aseguran que cometemos más faltas hoy que hace unos años, «y lo hacemos todos, ¡eh!», pero es Moreno Fernández el que introduce el hecho de que «a veces los jóvenes no discriminan entre registros. Es decir, escriben igual un mensaje en el teléfono móvil que un texto serio». Matiza, además, que «escribir con abreviaturas, o con símbolos que representen palabras, no es malo en sí mismo. De hecho, en el latín clásico ya se hacía. Lo malo es no saber distinguir en qué momento se puede utilizar cada registro y ponerlo en un contexto inapropiado».

Los profesores ven deterioro.

Francisco Cigueruello no cree que este fenómeno esté extendido. Es director del Instituto Ciudad de Jaén (Madrid) y profesor de Lengua desde hace 20 años y asegura que «en los exámenes los alumnos no utilizan la misma redacción que en las nuevas tecnologías. Sin embargo, yo he constatado, durante estas dos décadas, un deterioro en la ortografía. Este se debe a que aprendemos repitiendo lo que vemos, y ellos ven constantemente palabras mal escritas». Los medios de comunicación, por supuesto, también tenemos culpa. Así que si en este texto encuentras faltas no dudes en decírnoslo.

Futbolistas que "profanan" insultos

Durante una oposición a la Policía Local de Las Palmas a la que se presentaron 168 personas, sólo 30 lograron superar la prueba de ortografía. Consistía en 47 faltas repartidas en 22 frases y se permitía a los opositores un total de 10 errores. USP y UGT han pedido que se repita el examen porque era «excesivamente difícil». 
Por otra parte, el árbitro que el domingo dirigió el partido de Segunda división entre el Elche y el Celta de Vigo se convirtió en noticia por redactar un acta en el que denunciaba cosas como que le «profanaban insultos». Decía también que le llamaron «sinverguenza» y que le zarandearon «cojiéndome» por el brazo.

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