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sábado, 2 de junio de 2012

Solo se pone en mayúscula la primera letra del título



Solo se pone en mayúscula la primera letra del título (como en esta entrada). Esto vale para cualquier tipo de obras (con un par de excepciones que veremosa continuación). Es decir, se escriben así los títulos de:

       Libros: La montaña mágica
       Películas: Con faldas y a lo loco
       Composiciones musicales: La consagración de la primavera
       Cuadros: El gran masturbador
       Esculturas: El niño de la espina

Ni que decir tiene que las palabras que de por sí llevan mayúscula, como los nombres propios, la conservan:

       La familia de Pascual Duarte

La primera excepción son los títulos de publicaciones periódicas: se pone en mayúscula la primera letra del título y de todas las palabras significativa que contenga (lo que quiere decir sustantivos, adjetivos, verbos y algunos adverbios):

       El País
       El Jueves
       Claves de Razón Práctica
       Crecer Feliz

La segunda excepción son los títulos de libros sagrados, que llevan mayúscula en todas sus palabras significativas: la Biblia, el Libro de Mormón.

Nota: esta entrada ya está adaptada a las normas académicas recogidas en la Ortografía de la lengua española de 2010.

sábado, 19 de mayo de 2012

Equiparación en el tratamiento ortográfico de extranjerismos y latinismos, incluidas las locuciones


  En la nueva ortografía se da cuenta de las normas que deben seguirse cuando se emplean en textos españoles palabras o expresiones pertenecientes a otras lenguas, siendo la principal novedad en este sentido la equiparación en el tratamiento ortográfico de todos los préstamos (voces o expresiones de otras lenguas que se incorporan al caudal léxico del español), con independencia de que procedan de lenguas vivas extranjeras (extranjerismos) o se trate de voces o expresiones latinas (latinismos).

  De acuerdo con estas normas, los extranjerismos y latinismos crudos o no adaptados —aquellos que se utilizan con su grafía y pronunciación originarias y presentan rasgos gráfico-fonológicos ajenos a la ortografía del español— deben escribirse en los textos españoles con algún tipo de marca gráfica que indique su carácter foráneo, preferentemente en letra cursiva, o bien entre comillas. En cambio, los extranjerismos y latinismos adaptados —aquellos que no presentan problemas de adecuación a la ortografía española o que han modificado su grafía o su pronunciación originarias para adecuarse a las convenciones gráfico-fonológicas de nuestra lengua— se escriben sin ningún tipo de resalte y se someten a las reglas de acentuación gráfica del español:

  Me encanta el ballet clásico / Me encanta el balé clásico.
  Juego al paddle todos los domingos / Juego al pádel todos los domingos
  La reunión se suspendió por falta de quorum / La reunión se suspendió por falta de cuórum.

  Así pues, según la nueva ortografía, y tal como ilustra el último ejemplo, los préstamos del latín solo se escribirán en letra redonda y con sometimiento a las reglas de acentuación gráfica del español cuando estén completamente adaptados a nuestro sistema ortográfico, al igual que se hace con los préstamos de otros idiomas.

  Por su parte, las locuciones o dichos en otras lenguas que se utilicen en textos españoles deben escribirse igualmente en cursiva —o, en su defecto, entre comillas— para señalar su carácter foráneo, su consideración de incrustaciones de otros idiomas en nuestra lengua:

  La historia tuvo un happy end de película.
  Su bien ganada fama de femme fatale le abría todas las puertas.
  La tensión fue in crescendo hasta que, finalmente, estalló el conflicto.

  Según se establece en la nueva edición de la ortografía, las locuciones latinas (expresiones pluriverbales fijas en latín que se utilizan en todas las lenguas de cultura occidentales, incluido el español, con un sentido más o menos cercano al significado literal latino) deben recibir el mismo tratamiento ortográfico que las provenientes de cualquier otra lengua. Por lo tanto, deben escribirse, de acuerdo con su carácter de expresiones foráneas, en cursiva (o entre comillas) y sin acentos gráficos, ya que estos no existen en la escritura latina:

  Así fue, grosso modo, como acabó aquel asunto.
  Se casó in articulo mortis con su novia de toda la vida.
  Renunció motu proprio a todos sus privilegios.
  Decidieron aplazar sine die las negociaciones.
  El examen post mortem reveló indicios de envenenamiento.
  Las grandes potencias eran partidarias de mantener el statu quo.

  Nota: Las próximas ediciones del diccionario académico (DRAE) y el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) reflejarán todas estas novedades.

Normas sobre la escritura de los prefijos


  Por primera vez se ofrecen en la ortografía académica normas explícitas sobre la escritura de las voces o expresiones prefijadas.

  Los prefijos son elementos afijos, carentes de autonomía, que se anteponen a una base léxica (una palabra o, a veces, una expresión pluriverbal) a la que aportan diversos valores semánticos. Se resumen a continuación las normas que deben seguirse para la correcta escritura de los prefijos en español:

Se escriben siempre soldados a la base a la que afectan cuando esta es univerbal, es decir, cuando está constituida por una sola palabra: antiadherente, antirrobo, antitabaco, cuasiautomático, cuasidelito, exalcohólico, exjefe, exministro, exnovio, expresidente, posmoderno, posventa, precontrato, prepago, proamnistía, probritánico, provida, superaburrido, superbién, supermodelo, vicealcalde, vicesecretario, etc. En este caso, no se consideran correctas las grafías en las que el prefijo aparece unido con guion a la palabra base (anti-mafia, anti-cancerígeno) o separado de ella por un espacio en blanco (anti mafia, anti cancerígeno). Si se forma una palabra anteponiendo a la base varios prefijos, estos deben escribirse igualmente soldados, sin guion intermedio: antiposmodernista, requetesuperguapo.

Se unen con guion a la palabra base cuando esta comienza por mayúscula, de ahí que se emplee este signo de enlace cuando el prefijo se antepone a una sigla o a un nombre propio univerbal: anti-ALCA, mini-USB, pos-Gorbachov, pro-Obama. El guion sirve en estos casos para evitar la anomalía que supone, en nuestro sistema ortográfico, que aparezca una minúscula seguida de una mayúscula en posición interior de palabra. También es necesario emplear el guion cuando la base es un número, con el fin de separar la secuencia de letras de la de cifras: sub-21, super-8.

Se escriben necesariamente separados de la base a la que afectan cuando esta es pluriverbal, es decir, cuando está constituida por varias palabras. Hay determinados prefijos, como ex-, anti- o pro-, que son especialmente proclives, por su significado, a unirse a bases de este tipo, ya se trate de locuciones o de grupos sintácticos, característica por la cual la gramática ha acuñado para ellos la denominación de prefijos separables: ex relaciones públicas, anti pena de muerte, pro derechos humanos. Esta misma circunstancia puede darse también con otros prefijos: pre Segunda Guerra Mundial, super en forma, vice primer ministro.

  Así pues, un mismo prefijo se escribirá soldado a la base, unido a ella con guion o completamente separado en función de los factores arriba indicados: antimafia, anti-OTAN, anti ácido láctico; provida, pro-OLP, pro derechos humanos; supercansado, super-8, super en forma, etc.

  Las normas aquí expuestas rigen para todos los prefijos, incluido ex-. Para este prefijo se venía prescribiendo hasta ahora la escritura separada —con independencia de la naturaleza simple o compleja de su base— cuando, con el sentido de ‘que fue y ya no es’, se antepone a sustantivos que denotan ocupaciones, cargos, relaciones o parentescos alterables y otro tipo de situaciones circunstanciales de las personas. A partir de esta edición de la ortografía, ex- debe someterse a las normas generales que rigen para la escritura de todos los prefijos y, por tanto, se escribirá unido a la base si esta es univerbal (exjugador, exnovio, expresidente, etc.), aunque la palabra prefijada pueda llevar un complemento o adjetivo especificativo detrás: exjugador del Real Madrid, exnovio de mi hermana, expresidente brasileño, etc.; y se escribirá separado de la base si esta es pluriverbal: ex cabeza rapada, ex número uno, ex teniente de alcalde, ex primera dama, etc.

Supresión de la tilde diacrítica en la conjunción disyuntiva o escrita entre cifras


  Hasta ahora se venía recomendando escribir con tilde la conjunción disyuntiva o cuando aparecía entre dos cifras, a fin de evitar que pudiera confundirse con el cero. Este uso de la tilde diacrítica no está justificado desde el punto de vista prosódico, puesto que la conjunción o es átona (se pronuncia sin acento) y tampoco se justifica desde el punto de vista gráfico, ya que tanto en la escritura mecánica como en la manual los espacios en blanco a ambos lados de la conjunción y su diferente forma y menor altura que el cero evitan suficientemente que ambos signos puedan confundirse (1 o 2, frente a 102). Por lo tanto, a partir de este momento, la conjunción o se escribirá siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba átona, con independencia de que aparezca entre palabras, cifras o signos: ¿Quieres té o café?; Terminaré dentro de 3 o 4 días; Escriba los signos + o – en la casilla correspondiente.

Eliminación de la tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad


  La palabra solo, tanto cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba un par de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta estar solo), así como los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa), no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por tratarse de palabras llanas terminadas en vocal o en -s, bien, en el caso de aquel, por ser aguda y acabar en consonante distinta de n o s.

  Aun así, las reglas ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos [= ‘trabaja solamente los domingos’], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= ‘trabaja sin compañía los domingos’]; o ¿Por qué compraron aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de esta oración no está expreso y aquellos acompaña al sustantivo libros).

  Sin embargo, ese empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones. Por eso, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, no tildar nunca estas palabras.

  Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación.

Eliminación de la tilde en palabras con diptongos o triptongos ortográficos: guion, truhan, fie, liais, etc.


  Para poder aplicar con propiedad las reglas de acentuación gráfica del español es necesario determinar previamente la división de las palabras en sílabas. Y para dividir silábicamente las palabras que contienen secuencias de vocales es preciso saber si dichas vocales se articulan dentro de la misma sílaba, como diptongos o triptongos (vais, o.pioi.de), o en sílabas distintas, como hiatos (lí.ne.a, ta.o.ís.ta).

  Al no existir uniformidad entre los hispanohablantes en la manera de articular muchas secuencias vocálicas, ya que a menudo, incluso tratándose de las mismas palabras, unos hablantes pronuncian las vocales contiguas dentro de la misma sílaba y otros en sílabas distintas, la ortografía académica estableció ya en 1999 una serie de convenciones para fijar qué combinaciones vocálicas deben considerarse siempre diptongos o triptongos y cuáles siempre hiatos a la hora de aplicar las reglas de acentuación gráfica, con el fin de garantizar la unidad en la representación escrita de las voces que contienen este tipo de secuencias.

  De acuerdo con dichas convenciones, y con independencia de cuál sea su articulación real en palabras concretas, se consideran siempre diptongos a efectos ortográficos las combinaciones siguientes:

Vocal abierta (/a/, /e/, /o/) seguida o precedida de vocal cerrada átona (/i/, /u/): estabais, confiar, diario, afeitar, viento, pie, doy, guion, aunar, acuario, actuado, reunir, sueño, estadounidense, antiguo.

Dos vocales cerradas distintas (/i/, /u/): triunfo, incluido, diurno, huir, viuda, ruido.

  Del mismo modo, se consideran siempre triptongos a efectos ortográficos las secuencias constituidas por una vocal abierta entre dos vocales cerradas átonas: confiáis, actuáis, puntuéis, guau.

  Como consecuencia de la aplicación de estas convenciones, un grupo limitado de palabras que tradicionalmente se habían escrito con tilde por resultar bisílabas (además de ser agudas terminadas en -n, -s o vocal) en la pronunciación de buena parte de los hispanohablantes —los que articulan con hiato las combinaciones vocálicas que contienen— pasan a considerarse monosílabas a efectos de acentuación gráfica, conforme a su pronunciación real por otra gran parte de los hispanohablantes —los que articulan esas mismas combinaciones como diptongos o triptongos—, y a escribirse, por ello, sin tilde, ya que los monosílabos no se acentúan gráficamente, salvo los que llevan tilde diacrítica.

  Las palabras afectadas por este cambio son formas verbales como crie, crio, criais, crieis y las de voseo crias, cria (de criar); fie, fio, fiais, fieis y las de voseo fias, fia (de fiar); flui, fluis (de fluir); frio, friais (de freír); frui, fruis (de fruir); guie, guio, guiais, guieis y las de voseo guias, guia (de guiar); hui, huis (de huir); lie, lio, liais, lieis y las de voseo lias, lia (de liar); pie, pio, piais, pieis y las de voseo pias, pia (de piar); rio, riais (de reír); sustantivos como guion, ion, muon, pion, prion, ruan y truhan; y ciertos nombres propios, como Ruan y Sion.

  Aunque la ortografía de 1999, donde se establecieron las citadas convenciones, prescribía ya la escritura sin tilde de estas palabras, admitía que los hablantes que las pronunciasen como bisílabas pudiesen seguir acentuándolas gráficamente. En cambio, a partir de la edición de 2010 se suprime dicha opción, que quiebra el principio de unidad ortográfica, de modo que las palabras que pasan a considerarse monosílabas por contener este tipo de diptongos o triptongos ortográficos deben escribirse ahora obligatoriamente sin tilde.

  Esta convención es solo ortográfica, por lo que no implica, en modo alguno, que los hablantes deban cambiar la manera en que pronuncian naturalmente estas voces, sea con hiato o con diptongo.

Sustitución, por grafías propias del español, de la q etimológica con valor fónico independiente en aquellos extranjerismos y latinismos plenamente adaptados al español (quorum > cuórum)


  En el sistema ortográfico del español, la letra q solo tiene uso como elemento integrante del dígrafo qu para representar el fonema /k/ ante las vocales e, i (queso [késo], quién [kién]). Este mismo fonema se representa, en el resto de las posiciones, con la letra c (canguro [kangúro], corto [kórto], cuenta [kuénta], acné [akné], tictac [tikták]), aunque en préstamos de otras lenguas también puede aparecer representado por la letra k en cualquier posición (karaoke [karaóke], kilo [kílo], koala [koála], kurdo [kúrdo], búnker [búnker], anorak [anorák]).

  Es, por lo tanto, ajeno a la ortografía del español el empleo de la letra q como grafema independiente, con valor fónico autónomo. Por ello, los préstamos de otras lenguas, sean latinismos o extranjerismos, cuya grafía etimológica incluya una q que por sí sola represente el fonema /k/, si se adaptan al español, deben sustituir esa q por las grafías propias de la ortografía española para representar dicho fonema. En aplicación de esta norma, voces inglesas como quark o quasar, o latinas como quorum o exequatur, deben escribirse en español cuark, cuásar, cuórum y execuátur. En caso de mantener las grafías etimológicas con q, estas voces han de considerarse extranjerismos o latinismos crudos (no adaptados) y escribirse, por ello, en cursiva y sin tilde.

  Aunque en el ámbito de los nombres propios (antropónimos y topónimos) es frecuente el uso de grafías originarias no adaptadas o —si los nombres provienen de lenguas que emplean otro alfabeto u otro sistema de escritura, como el árabe, el hebreo o el chino— de transliteraciones de las grafías originarias al alfabeto latino, sin adaptaciones ulteriores, en el caso de los topónimos mayores, como son los nombres de países, es conveniente usar grafías plenamente adaptadas a la ortografía del español. Por ello, aplicando la misma norma que para los nombres comunes, se recomienda emplear con preferencia las grafías Catar e Irak para los nombres de esos dos países árabes, mejor que Qatar e Iraq, transcripciones de los originales árabes que presentan un uso de la q ajeno al sistema ortográfico del español.

Propuesta de un solo nombre para cada una de las letras del abecedario


  Algunas de las letras tienen varios nombres con tradición y vigencia en diferentes zonas del ámbito hispánico. La nueva edición de la ortografía, sin ánimo de interferir en la libertad de cada hablante o país de seguir utilizando el nombre al que esté habituado, pretende promover hacia el futuro un proceso de convergencia en la manera de referirse a las letras del abecedario, razón por la que recomienda, para cada una de ellas, una denominación única común. El nombre común recomendado es el que aparece en la relación siguiente debajo de cada letra.

a, Ab, Bc, Cd, De, Ef, Fg, Gh, Hi, I
abecedeeefegehachei
 
j, Jk, Kl, Lm, Mn, Nñ, Ño, Op, Pq, Q
jotakaeleemeeneeñeopecu
 
r, Rs, St, Tu, Uv, Vw, Wx, Xy, Yz, Z
erreeseteuuveuve dobleequisyezeta


  La recomendación de utilizar un solo nombre para cada letra no implica, en modo alguno, que se consideren incorrectas las variantes denominativas con vigencia en el uso que presentan algunas de ellas, y que a continuación se comentan:

La letra v tiene dos nombres: uve y ve. El nombre uve es el único empleado en España, pero también es conocido y usado en buena parte de América, donde, no obstante, está más extendido el nombre ve. Los hispanohablantes que utilizan el nombre ve suelen acompañarlo de los adjetivos corta, chica, chiquita, pequeña o baja, para poder distinguir en la lengua oral el nombre de esta letra del de la letra b (be), que se pronuncia exactamente igual. El hecho de que el nombre uve se distinga sin necesidad de añadidos del nombre de la letra b justifica su elección como la denominación recomendada para la v en todo el ámbito hispánico.
La letra b se denomina simplemente be entre aquellos hispanohablantes que utilizan el nombre uve para la letra v. En cambio, quienes llaman ve (corta, chica, chiquita, pequeña o baja) a la v utilizan habitualmente para la b las denominaciones complejas be larga, be grande o be alta, añadiendo en cada caso el adjetivo opuesto al que emplean para referirse a la v.
La letra w presenta también varios nombres: uve doble, ve doble, doble uve, doble ve y doble u (este último, calco del inglés double u). Se da preferencia a la denominación uve doble por ser uve el nombre común recomendado para la letra v y ser más natural en español la colocación pospuesta de los adjetivos.
La letra y se denomina i griega o ye. El nombre i griega, heredado del latino, es la denominación tradicional y más extendida de esta letra, y refleja su origen y su empleo inicial en préstamos del griego. El nombre ye se creó en la segunda mitad del siglo xix por aplicación del patrón denominativo que siguen la mayoría de las consonantes, que consiste en añadir la vocal e a la letra correspondiente (be, ce, de, etc.). La elección de ye como nombre recomendado para esta letra se justifica por su simplicidad, ya que se diferencia, sin necesidad de especificadores, del nombre de la letra i.
La letra i, cuyo nombre es i, recibe también la denominación de i latina para distinguirla de la letra y cuando para esta última se emplea la denominación tradicional de i griega.
  A diferencia de las variantes denominativas que se acaban de exponer, todas ellas válidas, no se consideran hoy aceptables los nombres alternativos que han recibido algunas otras letras en el pasado; así, se aconseja desechar definitivamente el nombre ere para la r, así como las formas ceta, ceda y zeda para la z. Los únicos nombres válidos hoy para estas letras son, respectivamente, erre y zeta.

Exclusión de los dígrafos ch y ll del abecedario


 

 Se excluyen definitivamente del abecedario los signos ch y ll, ya que, en realidad, no son letras, sino dígrafos, esto es, conjuntos de dos letras o grafemas que representan un solo fonema. El abecedario del español queda así reducido a las veintisiete letras siguientes: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.

  El español se asimila con ello al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas.

  La eliminación de los dígrafos ch y ll del inventario de letras del abecedario no supone, en modo alguno, que desaparezcan del sistema gráfico del español. Estos signos dobles seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas: el dígrafo ch en representación del fonema /ch/ (chico [chíko]) y el dígrafo ll en representación del fonema /ll/ o, para hablantes yeístas, del fonema /y/ (calle [kálle, káye]). La novedad consiste, simplemente, en que dejan de contarse entre las letras del abecedario.

  Al tratarse de combinaciones de dos letras, las palabras que comienzan por estos dígrafos o que los contienen no se alfabetizan aparte, sino en los lugares que les corresponden dentro de la c y de la l, respectivamente. La decisión de adoptar el orden alfabético latino universal se tomó en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, y viene aplicándose desde entonces en todas las obras académicas.

domingo, 29 de abril de 2012

Las letras del español y sus nombres



Publicado por Susana Terrones Juárez (Docente de la Universidad de Piura)

Las letras o grafías, que representan en la escritura los sonidos de nuestra lengua, poseen un nombre que las identifica y distingue. Conviene conocer las características de las palabras que usamos para nombrarlas y las consideraciones, al respecto, de la nueva edición de la Ortografía de la lengua española de 2010.

Los nombres de las letras del español provienen directamente del latín, de ahí que los nombres de las vocales son su propio sonido; los de las consonantes añaden al sonido que cada una representa los apoyos vocálicos necesarios para su pronunciación, que por lo general los proporciona la vocal /e/: "be", "ce", "de", "ge", "pe", "te", "efe", "ele", "eme", "ese", etc.

Otros nombres como los de la k y q: /ka/ y /ku/ añaden al sonido /k/ una vocal de apoyo distinta; la denominación "equis" reproduce por escrito, con los apoyos necesarios, los fonemas que la letra x representa: /k + s/. Asimismo, "hache" procede del francés; "jota", se origina en una variante gráfica de la i, proviene de "iota" (nombre griego de esa vocal); "uve" surge de la unión de los dos valores que originariamente tuvo: "u" (vocal) + "ve" (consonante); "uve doble" nace por duplicación de la "uve".

Hasta hace poco, algunas letras de nuestro alfabeto recibían varias denominaciones: "be", "uve",  "uve doble" (en el español de España); frente a "be larga", "be grande", "be alta"; "uve", "ve", "ve corta", "ve chica o chiquita", "ve pequeña", "ve baja"; "ve doble", "doble ve", "doble u", "doble uve" (en el español de América). Además, "i griega" o "ye"; "zeda" o "zeta" y sus variantes "ceda" y "ceta" para z; "ere" para r (vibrante simple) y "erre" para rr (vibrante múltiple), etc.

La nueva edición de la Ortografía de la lengua española (2010) propone un solo nombre para cada letra, para unificar su denominación en la enseñanza de la lengua española: "be", "uve", "uve doble", "erre", "erre doble" o "doble erre", "ye" (en lugar de "i griega"). La desaparición de la "i griega" afecta también a la "i latina", que pasa a denominarse simplemente "i". Sin embargo, hay libertad para seguir llamando a estas letras como antes ("ye" o "i griega", "uve" o "be corta" o "ve chica", pero no se llama *ere a la vibrante simple, sino "erre").

miércoles, 15 de febrero de 2012

Tratamientos honoríficos, en minúsculas



La regla general es que se escriben en minúscula los tratamientos honoríficos que anteceden al nombre de una persona. Así, en una secuencia como don Carlos, lo correcto es dejar en minúscula el honorífico don y reservar la mayúscula para el nombre propio Carlos.
Lo mismo vale para cualquier tratamiento religioso, académico o del tipo que sea que preceda a un nombre: escribimos santa Teresa, san Mateo, sor Juana Inés de la Cruz, fray Bartolomé de las Casas, el reverendo Martin Luther King, el mahatma Gandhi, el doctor Mabuse, etc. Como se puede comprobar en la lista anterior, se incluyen aquí apelativos como san(to), santa, que tradicionalmente requerían mayúscula, y tratamientos estereotipados como mahatma ’gran alma’ aplicado a Gandhi.

Tampoco se libran los tratamientos que preceden a un nombre propio en el encabezamiento de una carta, por ejemplo:
Estimado señor Cifuentes:
Estimada doctora Llorente:

Sin embargo, cuando estos tratamientos se abrevian, se mantiene la mayúscula que tradicionalmente tenía la abreviatura: D.ª Sofía, Sr. Chinarro, S. Juan de la Cruz, Dra. Téllez, etc.

No se aplica la escritura en minúscula cuando el honorífico no es tal, sino que forma parte integrante e inseparable de un nombre propio. Sin ir más lejos, en Extremadura hay un pueblo que se llama Don Benito. Como es natural, no se le puede quitar la mayúscula inicial, como no podemos hacerlo con San Miguel cuando nos referimos a una conocida marca de cerveza española. Existe el apellido San Segundo, y una persona que lo lleve se llamará Rosa San Segundo, con mayúscula en el San. Lo mismo ocurre cuando el honorífico en cuestión es la palabra inicial del título de una obra, pues, como es sabido, la primera palabra de un título se ha de escribir en mayúscula:

Estoy leyendo Don Segundo Sombra, una novela de Ricardo Güiraldes

La regla que se expone en este artículo es la que prescribe la Ortografía de la lengua española de 2010. Se alinea con la que rige el uso de la mayúscula con denominaciones de cargos, títulos, etc. y supone en algunos aspectos una ruptura con la tradición hispánica. Es sabido que la publicación de la última versión de la Ortografía estuvo rodeada de una viva polémica; pero, curiosamente, mientras las redes sociales se inflamaban por un quítame allá esa tilde, se estaba poniendo patas arriba el uso de las mayúsculas sin que nadie o casi nadie se enterara.

miércoles, 11 de enero de 2012

Enfermedades: ¿mayúscula o minúscula?‏


La norma general es que los nombres de enfermedades se escriben con minúscula:

Se morían de varicela, de sarampión, de gripe, de tristeza, de alcoholismo [Abel Posse: La pasión según Eva]

El amor en los tiempos del cólera [novela de Gabriel García Márquez]

Esto es lógico porque se trata de nombres comunes. Una mención aparte merece el nombre sida, que se escribe con todas sus letras en minúscula, aunque tiene su origen en la sigla correspondiente a síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Veamos un ejemplo con la grafía correcta:

Acabo de leer el bestseller de García Márquez en Los Ángeles y pienso en el amor en tiempos del sida [Carlos Fuentes: El naranjo]

No obstante, se ha de hacer una precisión a la regla general. Algunos nombres de enfermedades contienen un nombre propio que por lo general corresponde al de su descubridor. Dicho nombre propio mantiene su mayúscula solamente cuando va incluido en una expresión del tipo enfermedad de…, mal de…, síndrome de…, etc.:

Una hormona derivada de la grasa visceral [...] puede representar un factor de riesgo en el desarrollo de demencia y enfermedad de Alzheimer en las mujeres, según un estudio [...] [elEconomista.es, acceso: 10-1-2012]

Un grupo de niños con síndrome de Down y los futbolistas de la plantilla del Valencia comparten un calendario que ha sido presentado hoy [Abc (España), acceso: 10-1-2012]

Como consecuencia de las torturas que sufrió en los periodos de detención, años después le fue diagnosticada la enfermedad de Parkinson [Europapress.es, acceso: 10-1-2012]

En cambio, cuando ese mismo antropónimo se emplea aislado para referirse a la enfermedad, pasa a escribirse con minúsculas:

Por primera vez en Canarias, una asociación prestará tratamientos de asnoterapia a enfermos de párkinson, autismo, parálisis cerebral y alzhéimer [Eldia.es, acceso: 10-1-2012]

Esto es así porque se convierte entonces en nombre común. Se trata de un fenómeno que se denomina deonimización. Nótese, además, que en el ejemplo de arriba se ha castellanizado la grafía de alzhéimer y párkinson añadiéndoles una tilde. Esto no solo es correcto, sino que es lo obligatorio en estos dos casos concretos.

Esta delimitación en el uso de mayúsculas y minúsculas en nombres de enfermedades ha sido otra de las novedades que nos ha traído la Ortografía de la lengua española de 2010. Solo espero que a nadie le dé por ello urticaria o sarampión.

jueves, 5 de enero de 2012

HORRORES IDIOMÁTICOS Y ALGO MÁS...: LA TILDE DIACRÍTICA (I)


Por María del Rosarío Molina en prensalibre.com 


La Nueva Ortografía de la lengua española contiene algunas variantes, entre ellas el uso de la tilde diacrítica. 

La tilde diacrítica es la utilizada para diferenciar algunas palabras que se escriben igual, tienen diferente acentuación prosódica y significados distintos. El término «vino» puede referirse a la bebida (sustantivo) o ser el pretérito del verbo venir en la 2a. persona singular, modo indicativo y en ninguno de ambos casos se tilda: « ‘Vino’ que del cielo ‘vino’…». Tampoco se tildan «di» del verbo dar, pretérito, 1a. persona, modo infinitivo ni «di» del verbo decir, modo imperativo. « ‘Di’ tú si el vino que te ‘di’ te gusta».

Se diferencian el pronombre personal «tú», con acento tónico, del posesivo «tu», átono: «La biblioteca que ‘tú’ (pronombre personal) tienes en ‘tu’ (posesivo) casa es magnífica». El pronombre personal «él» del artículo «el»: «Ya leí‘el’ (artículo) libro que ‘él’ (pronombre personal) lee». El pronombre personal «sí», el adverbio de afirmación «sí» y el sustantivo «sí», de la conjunción «si», y la nota musical «si»: «Triunfó por ‘sí’ (pronombre personal) mismo, aunque ‘si’ (conjunción) no lo hubiera logrado ese no significaba un fracaso». « ‘Sí’ (adverbio), me parece bien que la obra esté en ‘si’ (nota musical) bemol». «La mayoría de personas le dio el ‘sí’ (sustantivo de aprobación) a la obra triunfadora». El sustantivo «té», la planta y la infusión, también se diferencia del «te» pronombre y el sustantivo «te», letra: «¿Quieres ‘té’ (sustantivo) o prefieres café, pues ‘te’ (pronombre) puedo ofrecer ambos?». «Con la letra ‘te’ (sustantivo) comienzan muchas palabras». El plural de «té» conserva la tilde: «tés». ‘Dé’ del verbo dar se tilda; la preposición «de» y la letra «de» no llevan tilde: «Quieres que te ‘dé’ (verbo) una taza ‘de’ (artículo) té?». «La letra ‘de’(sustantivo) es la cuarta del alfabeto».

«Sé», imperativo del verbo ser y si pertenece al verbo saber en el presente del modo indicativo, 1a. persona se tilda. «Se», pronombre de 3a. persona, usado como impersonal o en pasivas reflejas no se tilda: « ‘Sé’ (verbo ser) siempre buena persona y ‘sé’ (verbo saber) que lo eres». «Él ‘se’ (pronombre) cree mucho». ¿«Dónde ‘se’ (impersonal) dice eso?». « ‘Se (pasiva refleja) venden cohetes —en buen chapín— ‘cuetes’».

De la nueva Ortografía: «Más», con tilde, es adverbio, adjetivo o pronombre, «Juana es ‘más’ (adverbio) hermosa que tú, pero tú tienes ‘más’ (adjetivo) dinero y no puedes querer ‘más’ (pronombre); también en construcciones y locuciones: «Esta nueva ortografía es ‘más’ que difícil»; como conjunción en sumas y adiciones: “Uno ‘más’ (suma) uno son dos». «Son tres chicas ‘más’ (adición) las que vienen». La conjunción adversativa no se tilda y equivale a «pero»: « ‘Mas’ me di cuenta de que no entendía nada».

Para la próxima siguen las tildes. 

domingo, 27 de noviembre de 2011

Qué con tilde y que sin tilde

Hay un qué interrogativo (1) o exclamativo (2) que se escribe con tilde diacrítica:
(1) ¿Qué mano oculta había urdido la horrible conspiración? [Juan Goytisolo: Paisajes después de la batalla]
(2) ¡Qué cosas se te ocurren, Tula! [Miguel de Unamuno: La tía Tula]
Podemos encontrarlo también precedido de preposición:
(3) Cariño, ¿por qué dejaste el psicoanalista? [Elvira Lindo: Tinto de verano]
(4) ¿Y para qué quería oxígeno, si estamos en el campo? [Juan José Alonso Millán: Pasarse de la raya]
(5) ¡De qué manera tan difícil hemos llegado a vivir juntos veinticinco años! [Ana Diosdado: Trescientos veintiuno, trescientos veintidós]
Este qué acentuado también aparece en oraciones interrogativas (6, 7) y exclamativas (8) indirectas:
(6) Y no sabemos qué es lo que quieren [Alejandro Dolina: El ángel gris]
(7) Se preguntaba con qué podría comerciar él para obtener a cambio un poco de la libertad que nadie le ofrecía [Belén Gopegui: Lo real]
(8) Hay que ver qué buen gusto tiene esta chica… [María Manuela Reina: Alta seducción]
Al igual que ocurre con otras palabras con valor interrogativo, se puede sustantivar anteponiéndole un determinante (9). Mantiene entonces su acento ortográfico. Como muestra el ejemplo (10), también algunas de las secuencias con preposición admiten este cambio de categoría:
(9) Más decidir sobre el qué, que pretender monopolizar el quién y el cómo [Joan Subirats, "Sociedad en cambio",La Vanguardia, 2-6-1995]
(10) [...] si por alma entendemos eso que siempre ha estado ahí sin que nosotros sepamos ni el porqué ni el para qué [Daniel Leyva: Una piñata llena de memoria]
La tilde de los ejemplos anteriores sirve para diferenciar los usos interrogativos y exclamativos frente a dos homógrafos átonos: el relativo que (11) y la conjunción que (12):
(11) Nunca te he hablado de estos ataques que sufro desde pequeño [Juan José Millás: Dos mujeres en Praga]
(12) Decidió que se despediría de ellos en cuanto le resultasen más favorables las circunstancias [Jesús Torbado: El peregrino]
Hay un uso del que átono en el que tropiezan muchas personas al escribir: a menudo aparece encabezando un enunciado interrogativo o exclamativo sin ser él mismo ni lo uno ni lo otro. Es lo que sucede en (13) y (14):
(13) ¿Que te has dejado las llaves en casa?
(14) ¡Que se me quema la comida!
Es muy frecuente que aquí se deslice una tilde que sobra. En el caso de las interrogativas, al menos, podemos echar mano de un truco que nos puede sacar de apuros. Si un supuesto interlocutor puede contestar a esa pregunta con un o un no, entonces el que en cuestión no lleva tilde:
(15) —¿Que te has dejado las llaves en casa? —Sí, me las he dejado
Esto tiene su lógica. Las oraciones interrogativas pueden ser totales o parciales. Las totales ponen en cuestión la oración en su totalidad y se contestan con  o no. Es un todo o nada. Las parciales, en cambio, preguntan solo por una parte de lo dicho. Esa parte es, precisamente, la que se sustituye con el pronombre interrogativo qué, o sea, con el que lleva tilde.
A veces nos toparemos con pares de oraciones que, aunque sintácticamente son muy diferentes, en apariencia son iguales y en las que la presencia o ausencia de tilde puede dar lugar a contrastes de significado:
(16) No tengo qué comer
(17) No tengo que comer
La oración (16) significa ‘carezco de alimento’, mientras que la (17) se interpreta como ‘no debo comer’ o ‘no me conviene’.
El problema básico que plantea esta tilde diacrítica es que para desenvolverse entre toda la maraña de casos particulares son necesarios unos conocimientos de gramática que nos permitan afinar al milímetro en lo tocante a funciones y categorías. Por si fuera poco, se trata de funciones y categorías donde se dan la mano lo abstracto y lo complejo. Cada cual puede aventurarse con el análisis gramatical hasta donde le parezca seguro, pero donde dejemos de hacer pie no nos quedará más remedio que aferrarnos al oído como tabla de salvación. Las formas con tilde son tónicas, mientras que las contrapartidas sin acento ortográfico son átonas. Así, ejemplos como (13) y (14) deberían ser fáciles de resolver si nos percatamos de que se pronuncian como sigue:
(18) ¿keteás dedo lasllábes enkása?
(19) ¡kesemema lakoda!
Compárese lo anterior con (20) y (21):
(20) ¿ teás dedo? ¿lasllábes?
(21) ¡ rríka es lakoda!
Análogamente, el contraste de significado de (16) y (17) se resuelve así en la pronunciación:
(22)  téngo  komér (‘carezco de comida’)
(23)  téngo kekomér (‘no debo comer’)
En fin, con lo expuesto hasta aquí no he hecho sino tocar de pasada los puntos principales del uso de qué y que. Cualquiera que tenga la paciencia de estudiarse la prolija exposición que contiene la Ortografía de la lengua española de 2010 se convencerá de ello. Y todavía nos queda hablar de quién, cómo, cuál, (a)dónde, cuándo, cuánto y cuán. Pero todo se andará.

Puntos cardinales, con minúscula



Se escriben con minúscula inicial los nombres de los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste. Esto se extiende, naturalmente, a las combinaciones de los anteriores (noroeste, sudeste, etc.). He aquí algunos ejemplos:
(1) De norte a sur se han sucedido actos por este tipo de cáncer que afecta a una de cada tres mujeres [El País (España), 19-10-2011]
(2) El western spaghetti fue un género de películas de los años 60 sobre vaqueros del oeste americano, rodadas en Italia por realizadores italianos [Clarín (Argentina), 20-11-2011]
(3) El hábitat de esos felinos abarca China, Rusia, el sudeste asiático e India [El Universal (México), 3-11-2011]
La única excepción se aplica cuando el punto cardinal en cuestión forma parte de un nombre propio, como Corea del Sur, Diario del Norte, Ediciones del Oeste, etc.
Se escriben con mayúscula, eso sí, los símbolos alfabetizables N, S, E, O y sus combinaciones.
Esta es una innovación que introduce la Ortografía de la lengua española de 2010 respecto de la norma anterior y de la tradición ortotipográfica del mundo hispánico, que distinguían usos con mayúscula y usos con minúscula.

miércoles, 10 de agosto de 2011

"La lengua es pura democracia"







JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 10/08/2011 El País

En noviembre de 2010, las academias de la lengua hispanoamericanas acordaron cambios como el de la acentuación de solo y guion. Y estallaron las protestas.

"La i griega se llamará ye". Internet entró en erupción el 5 de noviembre con el anuncio de que la nueva Ortografía de la Real Academia Española proponía unificar el nombre de algunas letras y suprimir la tilde en solo. El coordinador de aquella obra -que para algunos era revolucionara y para sus autores ni siquiera llegaba a reformista- fue Salvador Gutiérrez Ordóñez, un asturiano de 1948 que ejerce como catedrático de lingüística en la Universidad de León y ocupa el sillón S en la RAE.

"Un niño no escribe mal por mandar SMS, sino porque no ha aprendido a escribir"
Allí dirige el departamento de Español al Día, un servicio de consulta del que salió, dice, mucha de la "doctrina" de la obra: "Con sus preguntas, los usuarios nos hacen pensar en cosas en las que no habíamos pensado, en incoherencias que tratamos de subsanar".

Así pues, aquellas controvertidas 800 páginas no eran fruto de la arbitrariedad de un grupo de "señores que no tenían nada mejor que hacer". Cosas así se dijeron en unos días que, reconoce Gutiérrez Ordóñez, le desbordaron: "Estaba preparado para una reacción porque la ortografía es un punto sensible del alma lingüística y los cambios producen inquietud. Había pasado en Alemania y, sobre todo, en Francia. En 1990 hubo un enorme revuelo ¡por un acento circunflejo! Se están haciendo incluso tesis doctorales sobre aquella polémica".

En el caso hispano, Internet marcó la diferencia: "Da una capacidad de opinar que antes no existía, pero hubo gente que hablaba sin conocer algo que todavía era una propuesta". Atrás quedaban los tiempos en que las publicaciones académicas funcionaban como libros de texto en la enseñanza por una razón: no había otros. "Hoy la sociedad tiene otra organización. Y no podemos olvidar que la lengua es pura democracia. Cada vez que un hablante la usa está ejerciendo su voto. La RAE tiene que ganarse el prestigio a diario. Y creo que lo hace. Ha salido a la sociedad: con el diccionario en la Red, el servicio de consultas...".

Pasado el "bullicio inicial", las reseñas de la Ortografía, cuenta su responsable, están siendo muy positivas. Además, se ha vendido bien: la primera edición, de 85.000 ejemplares, está casi agotada. Agotada, pero ¿aceptada? "En las cuestiones obligatorias -como quitar la tilde a guion o truhan-, sí. En las opcionales, la gente tiende a seguir sus hábitos". Entre esa gente hay académicos, como Javier Marías o Luis Goytisolo, que expresaron públicamente su disconformidad. Diplomático, su colega quita hierro al asunto: "No todos los académicos tienen que opinar lo mismo. Otra cosa es que, una vez aprobado, deberían aceptar lo prescrito aunque sigan su criterio en lo opcional".

Otro de los temblores producidos por las nuevas reglas fue el que sacudió el panhispanismo del que hace gala la RAE. Si en España no gustó que la i griega pudiera llamarse ye, en América pasó lo propio con la propuesta de que su be baja (o corta) pasara a ser uve. Mucha gente había oído por primera vez esa forma cuando el BBVA se instaló al otro lado del Atlántico. Al final, aunque revueltas, las aguas volvieron a su viejo cauce. Respecto a disonancias como las producidas por la decisión de pegar el prefijo ex al sustantivo, Gutiérrez Ordóñez no duda: "Toda regla tiene sus bordes, sus zonas problemáticas, que son, precisamente, las que justifican la regla. Era peor lo de antes: la consideración falsa de ex como preposición". ¿Y casos como exxilofonista? "Siempre que hay un prefijo que termina por una letra unido a una palabra que repite esa misma letra surge un problema. Pasa en contraataque y portaaviones". La lengua, en su evolución, tiende a la economía. Ahí están portaviones y exudar (de ex sudare).



Polémicas aparte, ¿cuál es hoy el mayor enemigo de la ortografía? ¿Los correos electrónicos? ¿Los SMS? "La prisa y el carácter efímero de los correos pueden hacer que se descuide la ortografía, pero su gran enemigo es el déficit de horas dedicadas en la enseñanza a la escritura. Un niño no escribe mal porque envíe SMS, sino porque no ha aprendido a escribir. Es muy bueno insistir en que los chicos lean, pero también lo es que escriban. Son dos destrezas cerebralmente disociadas. Escribir es una técnica cognitiva compleja como puedan serlo la mecanografía, tocar el piano o encestar al baloncesto. Hay que practicar y practicar. Y aun así...".

miércoles, 13 de julio de 2011

Acentuación de los triptongos

Triptongo


Triptongo (del prefijo latino tri- y del griego (φθόγγος-sonidos), literalmente "3 sonidos" o "tres tonos") es la unión de tres vocales en una misma sílaba. El triptongo se compone de una vocal débil, una fuerte y otra débil. Se rompecuando el acento recae en una vocal débil, como es el caso de rompíais.
Ejemplos: riais, amortiguáis, aliviáis, acariciéis, despreciéis, criais, Guaiqueri, semiautomático, vieira, buey.

Recordar en profesor en línea lo siguiente

 
Los triptongos se acentúan siguiendo las reglas generales. Lo primero que necesitamos saber es qué se entiende ortográficamente por triptongo, que no es otra cosa que una secuencia de tres vocales de las que la central es abierta y las exteriores, cerradas (para que nos entendamos, un sándwich con las delgadas de tapa y la más rolliza en el centro). Hay que aclarar, eso sí, que esto no pasa de ser una convención ortográfica. La realización que de hecho tenga esa secuencia de vocales presenta grandes variaciones dependiendo de la procedencia geográfica y sociocultural del hablante que la pronuncia.



Cuando hay que marcar gráficamente el acento en un triptongo, la tilde se sitúa siempre en la vocal abierta. Los casos en que verdaderamente nos vamos a encontrar con que hay que acentuar triptongos son los de palabras agudas terminadas en -s, concretamente, verbos como porfiéis o copiáis. Fuera de ahí, si se rebusca mucho, se puede encontrar algún caso aislado como el tecnicismo haliéutico ‘relativo a la pesca’ o la forma expresiva requetemiáu; pero ya digo que hay que rebuscar mucho (y además creo que es la primera vez en mi vida que escribo estas palabras). Si algún lector me puede ofrecer algún ejemplo más, con mucho gusto lo incorporaré.



Una pequeña complicación nos la crean palabras terminadas en -y como Paraguay o Camagüey, que no se acentúan. Para ellas se ha creado una regla ad hoc en la ortografía de 2010 que consiste en decir que no llevan tilde las palabras agudas terminadas en -y. Quizás hubiera sido más fácil considerar, como se hacía tradicionalmente, que la i griega a efectos ortográficos no es una vocal, pero entiendo que eso hubiera podido crear complicaciones por otro lado.



Muy relacionada con la acentuación de los triptongos está la de los diptongos, de la que ya hemos hablado. No obstante, con esto no hemos acabado todavía con la acentuación de palabras que contienen secuencias de dos o más vocales, puesto que todavía nos queda por ver la acentuación de los hiatos, que nos complicará un poco lo que acabamos de exponer.



Nota: esta entrada ya se adapta a lo dispuesto en la Ortografía de la lengua española de 2010.

viernes, 1 de julio de 2011

Acentuación de los diptongos



Las palabras con diptongo se acentúan siguiendo las reglas generales. Hasta aquí todo bien. La gracia está en saber qué se considera diptongo a efectos ortográficos y dónde se tiene que colocar la tilde en caso de que tengamos que acentuar ortográficamente un diptongo.



Bien, vayamos por partes. Cuando una palabra contiene una secuencia de dos vocales en posición tónica, necesitamos saber si estas se consideran diptongo ortográfico o hiato. Para ello hemos de conocer ciertas reglas ortográficas que son convencionales y no tienen por qué ajustarse a lo que efectivamente se pronuncia. Es este uno más de los casos de discrepancia entre escritura y pronunciación. Consideramos que estamos ante un diptongo cuando tenemos:



a) una vocal abierta y una cerrada (el orden es indiferente): cuáquero, béisbol, bonsái, aire, rediez, Sainz, ion



b) dos vocales cerradas diferentes: cuídate, Viúdez, interviú, jesuita, construir, Luis, hui



Como es fácil comprobar, los ejemplos de a) se acentúan o se dejan de acentuar gráficamente siguiendo las reglas generales. Así, cuáquero lleva tilde por ser palabra esdrújula; béisbol, por ser palabra llana terminada en ele; y bonsái, por ser palabra aguda terminada en vocal. En cambio, aire no se acentúa por ser llana terminada en vocal; rediez, por ser aguda terminada en zeta; y Sainz e ion, porque, como buenos monosílabos, no deben llevar tilde. Nótese que los nombres propios de persona españoles se acentúan siguiendo las reglas generales y que ion, guion y palabras similares se consideran monosílabos a afectos de acentuación en la Ortografía de la lengua española de 2010. Si aplicas tú mismo las reglas de acentuación a los ejemplos de b), comprobarás que su acentuación o ausencia de ella sigue siendo perfectamente regular.



Para saber qué se considera vocal abierta y qué, vocal cerrada, hay una regla poco científica, pero muy eficaz (a mí, por lo menos, me sigue sirviendo desde que me la enseñaron en el colegio con nueve años). Las gorditas (a, e, o, nótese el redondelito) son fuertes (= abiertas). Las flaquitas (i, u) son débiles (= cerradas). Pero, por favor, no le contéis a nadie que explico la acentuación así o sería el fin de mi reputación como lingüista.



Conviene saber también que la presencia de una hache intercalada no rompe un diptongo. Por ejemplo, el sustantivo truhan, a pesar de la hache, contiene un diptongo ortográfico, por lo que es monosílabo y no puede llevar tilde.



Bien, ¿y dónde va la tilde si es que se tiene que poner? Esto también es convencional. En el caso a), es decir, vocal abierta más vocal cerrada, la tilde va siempre en la vocal abierta. Es lo que vemos en cuáquero, béisbol y bonsái. En el caso b), o sea, dos vocales cerradas diferentes, la tilde se coloca siempre sobre la segunda, como en cuídate, Viúdez e interviú.



Fácil, ¿no? Bueno, espérate a que te cuente las reglas para acentuar los triptongos y los hiatos y después me lo dices. Pero de momento te dejaré descansar.



Nota: esta entrada está adaptada a las reglas de la Ortografía de la lengua española de 2010.





jueves, 21 de abril de 2011

"El dominio de la escritura ha mejorado, pero el nivel exigido es menor"

Entrevista a Salvador Gutiérrez, académico de la RAE, coordinador de la nueva Ortografía
"Hay que escribir bien, pero no existe una buena escritura con mala ortografía"
"¿Habían escrito alguna vez tanto los jóvenes y los mayores?"

La Vanguardia.es Vida
21/04/2011 - 00:17h





Incluso cuando se reproduce el lenguaje coloquial, aunque presente tintes soeces, evitar las faltas es imprescindible, reivindica Salvador Gutiérrez Ordóñez (Taballes de Bimenes, 1948), académico de la RAE que ha coordinado la nueva Ortografía y catedrático de Lingüística de la Universidad de León. Hoy en día se escribe más que nunca, algo muy positivo, dice, pero también se debe hacer de forma correcta.



¿Está en declive la buena ortografía?



Este es un debate eterno; pero, por los síntomas que manejo, la buena ortografía conserva un gran prestigio social e individual. En el ámbito social, es un valor. La colectividad continúa seleccionando a los que escriben bien y excluyendo de muchos puestos a los que cometen faltas. Alguien ha dicho que la ortografía posee rasgos de ideología: se halla tan interiorizada que provoca fuertes reacciones inconscientes contra cualquier agresión, ya sea una falta, ya una modificación o una reforma.



Pero algunos grandes escritores y académicos se oponen al corsé ortográfico.



Ha habido gramáticos partidarios de reformar las reglas ortográficas y escritores que critican la visión reductora que identifica buena escritura con ortografía. En este sentido hay que interpretar la conocida frase de Stendhal: “La ortografía no hace al genio”. El objetivo es enseñar a escribir bien, pero no existe una buena escritura con mala ortografía.



¿Se cometen hoy en día más faltas que antes?



La respuesta ha de ser matizada. Hace medio siglo accedían a la enseñanza secundaria muy pocas personas. Por el contrario, en la actualidad el porcentaje de jóvenes que termina un bachillerato o un módulo profesional es alto. Desde esta visión social, el dominio de la destreza escrita parece que ha mejorado. Sin embargo, si se compara el nivel exigido a los alumnos de bachillerato de diferente época, es evidente que el nivel ha descendido.



Muchos profesores de instituto lamentan que sus alumnos cometen más faltas porque leen menos.



Existe una relación entre nivel de lectura y dominio de la ortografía. A quien está acostumbrado a leer voz y vez le produce una disonancia visual ver estas palabras escritas con “b”. Pero parece que esta correspondencia no es total. Se ha comprobado que existen buenos lectores que cometen frecuentes faltas.



¿Y eso por qué?



Porque la lectura es pasiva, mientras que la escritura es una destreza activa. Para poder aprender a escribir bien, hay que escribir y escribir y escribir.



¿Hay que recuperar el dictado?



El dictado no es la mejor técnica de enseñanza, es una prueba de diagnóstico o de evaluación. Ahora bien, que nadie se llame a engaño: el aprendizaje de la ortografía exige práctica, ejercicios, entrenamiento.



¿Y en cuanto a la expresión escrita?



La ortografía es sólo una parte del proceso. El objetivo es enseñar a escribir con soltura, con corrección, con aseo y con cierto estilo. En la enseñanza es importante hacer talleres de escritura imitativa y creativa. El alumno que se enganche y se ilusione por la escritura leerá más, observará con detenimiento cómo componen los buenos escritores, corregirá sus redacciones y, por supuesto, tratará de evitar los errores ortográficos.



¿Pueden las nuevas tecnologías deteriorar la escritura?



No suelo ser apocalíptico con las nuevas tecnologías. Aportan cosas buenas y, a la vez, acarrean peligros. Ahora bien, es necesario tener claro que, si un muchacho no escribe bien, la causa no hay que buscarla en los SMS. Se debe sencillamente a que no ha aprendido a escribir bien.



Pero en redes sociales como Facebook la permisividad con las faltas y el estilo es mayor.



Eso también es cierto. Los correos electrónicos han resucitado el género epistolar. Sin embargo, su carácter efímero y la rapidez con que se escriben hacen que sean menos cuidados, menos corregidos.



El modo de escribir en las redes sociales, en un contexto informal y usando abreviaciones, ¿influye en el dominio del estilo y la forma?



En las redes sociales que practican los jóvenes se vuelca de lleno el lenguaje de la calle y el descuido de la forma es grande. Es un fenómeno que hay que tratar de encauzar. Pero planteémonos una pregunta alentadora: ¿habían escrito alguna vez tanto jóvenes y mayores?

viernes, 11 de marzo de 2011

La ortografía como factor de unidad lingüística


10 de marzo de 2011
La ortografía es un poderoso factor de unidad lingüística. De hecho, uno de los objetivos que las Academias afirman perseguir con la Ortografía de la lengua española de 2010 es contribuir a dicha unidad.
El español es una lengua hablada por una ingente comunidad que abarca varios cientos de millones de personas. Como lengua oficial, está presente en cuatro continentes; y, de hecho, está representada en los cinco. No es extrañar, por tanto, que su pronunciación presente un sinfín de variantes. Por ejemplo, unos somos seseantes; otros, ceceantes; y otros, distinguidores. En unas zonas se ha impuesto el yeísmo y en otras todavía pollo se opone a poyo.
Toda esta variación queda recubierta por una ortografía esencialmente unitaria. Este párrafo, sin ir más lejos, sonará muy diferente dependiendo de si lo lee en voz alta alguien de Valladolid, de Sevilla, de Chiclana de la Frontera, de Buenos Aires, de Antofagasta, de La Habana o de Tijuana. La escritura hace abstracción de tales disparidades y unifica las palabras en una grafía común. Esto facilita el entendimiento. Imaginemos, si no, lo que ocurriría si los unos escribieran secesión; los otros, sesesión; y los de más allá, cececión. O si lo que en un pueblo es llorar en el de al lado se convirtiera en yorar y en otro, incluso, en shorar.
La ortografía desempeña, por tanto, una función unificadora frente a las variantes locales. Y esto no es una particularidad nuestra. Es así en cualquiera de las modernas lenguas de cultura. Es más, esta función cobra más relieve aún en casos como el del inglés, donde la variación de unos territorios a otros puede llegar a ser drástica; o en el chino, con variedades lingüísticas o dialectos que no siempre son mutuamente comprensibles de palabra, pero sí por escrito. Esto fue así, incluso, en el latín arromanzado de la época medieval, que era latín por fuera y lengua vulgar por dentro: sobre el papel, para las personas cultas (o sea, quienes sabían leer y escribir), era latín; pero al leerlo en voz alta se transformaba por arte de birlibirloque en la lengua que hablaban todos corrientemente y que se iría convirtiendo poco a poco en castellano, normando o toscano.
Si la escritura garantiza la unidad en la dimensión espacial, también lo hace en la temporal. La ortografía es, por naturaleza, conservadora, por lo que no refleja inmediatamente las alteraciones en la pronunciación que se van acumulando con el tiempo. Nuestro actual sistema de reglas se basa en la ortografía académica de 1815. Se eliminaron entonces algunos de los desajustes entre escritura y pronunciación que venía arrastrando la tradición ortográfica castellana como resultado de cambios fonológicos o de inconsistencias históricas. Así, por ejemplo, la equis podía representar el fonema /j/ como en exemplo y la secuencia de fonemas /ks/, como en éxodo. Al eliminar esta y otras irregularidades, se facilitó el aprendizaje de la lectura y la escritura. Pero nada es gratis, como podemos comprobar cuando cae en nuestras manos un libro antiguo: hay una barrera ortográfica que dificulta el acceso.
Del mismo modo, si mañana nos decidiéramos a acometer una reforma que acercara la escritura y la fonología, todos los documentos impresos y electrónicos que venimos acumulando desde el siglo XIX se tornarían ilegibles para las generaciones que se alfabetizaran con el nuevo sistema. Por eso hay que tentarse muy bien la ropa antes de lanzarse a tales empresas, que suelen generar resistencias de todo tipo entre quienes ya saben leer, que acarrean costes económicos considerables y provocan una ruptura de la tradición cultural.
Pero todo esto es solo una vertiente del problema, que es la que tiene que ver con la unidad interna de la lengua. La ortografía académica es sumamente respetuosa con ella. Y la seguirá respetando de grado o por fuerza. Todos hemos sido testigos del revuelo que se ha armado cuando se han retocado algunos aspectos marginales del sistema de acentuación gráfica, como eliminar la tilde de guion o no tildar la o cuando va entre cifras. Como para plantearse simplificar el uso de ge y jota o, no digamos, eliminar la hache…
Sin embargo, este mimo de la unidad interna deja paso a un furor reformista cuando de lo que se trata es de la otra vertiente de la unidad lingüística, la que podemos denominar unidad externa. Nuestra lengua no ha estado nunca aislada. Se ha ido conformando en el contacto y el intercambio con las lenguas de su entorno geográfico y cultural. No es posible entender lo que es hoy el español sin tener en cuenta que forma parte de una comunidad lingüística y cultural en la que convive dentro de la península ibérica con el gallego, el portugués, el euskera y el catalán; y, pasados los Pirineos, con el francés, el inglés, el alemán o el italiano. Los pueblos que hablan estas lenguas han mantenido y mantienen intensas relaciones lingüísticas, comerciales, políticas, religiosas, artísticas, etc. Por encima de sus diferencias evidentes, comparten una historia, unos valores, una visión del mundo. En América, en África o en Asia, la lengua española ha seguido cultivando y estrechando los lazos con las otras lenguas europeas que, como ella, hicieron el viaje a estos continentes y, además, los ha extendido a las lenguas nativas como el quechua, el aimara o el tagalo que sobrevivieron al encontronazo con los europeos.
Todas estas lenguas comparten una porción considerable de su léxico, que está formada por los denominados internacionalismos. Cualquier hispanohablante estrictamente monolingüe, pero con hábito de lectura, reconocerá sin mayor dificultad un gran número de palabras en un periódico inglés, francés, alemán o danés. No hay que ir a Oxford ni a Cambridge para entender por escrito la palabra inglesa action. Sin embargo, si una reforma ortográfica del inglés la convirtiera mañana en algo así como ækshon, nos ayudarían a pronunciarla, pero la dificultad inicial de acceso al inglés escrito se incrementaría considerablemente.
No es de extrañar por ello que tengan una pésima acogida ocurrencias como la de castellanizar grafías asentadas como la de Qatar. La forma con cu es claramente la que predomina a escala internacional para el nombre de ese país. Al convertirla en Catar, hacemos una dudosa aportación a la facilidad de escritura del castellano al precio de convertirnos en una isla lingüística. Teniendo en cuenta que en el mundo de hoy el acceso a la información se realiza preferentemente a través de Internet, por escrito y no necesariamente en castellano, esa supuesta facilidad se puede convertir en un quebradero de cabeza cada vez que queramos localizar las últimas noticias sobre algún acontecimiento producido en ese país o, simplemente, comprar un billete de avión para visitarlo. Cuando alteramos la grafía de topónimos e internacionalismos, estamos levantando barreras donde no las había.
Además, estas innovaciones académicas tienden a ser de ida y vuelta. Quienes adoptaran en su día la grafía camicace se encontrarán hoy con el paso cambiado porque las Academias han vuelto ya al redil internacional y nuevamente prefieren la forma kamikaze. La castellanización de güisqui tuvo el éxito que el sentido común permitía esperar. Pero nuestros académicos vuelven a la carga en la Ortografía de 2010 (pp. 86-87) y nos proponen que escribamos wiski. Y digo yo: el whisky ¿no sería mejor no tocarlo?
En definitiva, es cierto que la ortografía constituye un factor de unidad lingüística; pero también lo es que esa unidad se da, asimismo, en un conjunto orgánico que rebasa los límites de nuestra comunidad de hablantes y que quizás este sea un valor que también convenga respetar.
¿O no? ¿Tú qué piensas?

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