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miércoles, 13 de marzo de 2013

"El cuentista que crea entre tomas" por Gregorio Belinchón


El cineasta y guionista Fernando León de Aranoa reúne sus relatos en Aquí yacen dragones


El guionista y director de cine Fernando León de Aranoa. / SAMUEL SÁNCHEZ

El dibujante acabó como guionista; el guionista acabó como director, y el director ha acabado de cuentista. A Fernando León de Aranoa (Madrid, 1968) el recorrido le provoca una sonrisa. Porque a algunos de esos pasos le han empujado. “A editar los cuentos mitad y mitad. Llevo 10 años escribiéndolos, pequeñas ideas que he ido realizando como si fuera una escritura adúltera, practicada a ratos. Los plasmaba en aviones, en descansos de rodajes”. Cuando rebosaban el cajón (“Y tampoco me apetecía que murieran allí”, confiesa su autor), llegó la oferta de publicarlos: “Como decía Ribeyro, gran cuentista, uno escribe por diversión, por necesidad, y publica para comer. Lo maravilloso es inventar”. Ha hecho una criba, ha reescrito algunos de ellos para que el libro tenga una unidad, y ahora llega Aquí yacen dragones (Seix Barral), 113 piezas que se extienden desde una frase a no más de seis páginas: en ellos se exhibe el auténtico León, que como autor ha tenido que constreñirse, él, que es un guionista de películas muy dialogadas. “Una película es una carrera de fondo, un cuento es un sprint. Me gustaba esa idea de crear por combustión y no por aguante, que es como nacen las películas”. Aunque en esta recopilación ha estado dos años poniendo orden, hace seis encontró el título y ahí se percató de que “esa expresión daba ya un tono y una dirección a lo escrito”.
Como cuentista, el cineasta ha cambiado sus esquemas narrativos: “En la mayor parte de los relatos, el título ya es el primer acto, y la primera línea del texto, el segundo. Hay muchos personajes, situaciones, no regateo momentos, entiendo que la lectura será fluida —un poco al estilo cinematográfico—, pero que a lo mejor necesita unos segundos entre cuento y cuento para descansar en este laberinto de historias”. Cierto, pero también hay cuentos que repiten historias desde distintos puntos de vista, juegos variados (uno de ellos es solo el título). “Son muchas ideas rápidas, flasazos. El cine intelectualiza mucho lo que estás creando, porque te pasas años reelaborando la historia. Aquí no, son más impúdicos, incluso cuentan más cosas de mí porque voy, lo plasmo y ahí queda; en el cine lo hubiera reescrito, me hubiera tapado más”.
No es el primer libro de León, ni la primera vez que salen a la luz cuentos suyos, pero él se siente como debutante. “Hago lo que puedo por defenderlos. Si sirve como marketing, creo que es un libro que se puede regalar el día de los enamorados y el de los difuntos. Porque los cuentos tienen doble nacionalidad, están entre la realidad y la ficción, tanto sentimentales y románticos como combativos, políticos o incluso fantásticos. Me gustan las situaciones paradójicas, hasta surrealistas, para con ellas explicar la realidad más prosaica. Sospecho que desde la fantasía es como mejor se describe muchas veces el comportamiento diario”.
¿Volverán los dragones? “He descartado 40 textos que se salían de la unidad”, en su obsesión por la arquitectura interior. “Y me gusta este rumbo, habrá más. Aunque antes llegará la nueva película”. Rodará en primavera una historia sobre cooperantes internacionales que probablemente filme en inglés. Y entre toma y toma, cuento. “No lo voy a dejar. Yo me enamoré del cine a través de la escritura. Era un guionista militante, que repudié la dirección. Llegué a gritar que nunca dirigiría. Por eso no debes fiarte de nada de lo que diga [risas]. Ahora bien, llevo 20 años escribiendo. No puedo parar”.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El cuento tradicional



El cuento tradicional es una narración breve, de autor anónimo, que refiere acontecimientos ficticios. Pero, además, por pertenecer a la tradición oral, el cuento tradicional perdura, una vez que se relata un cuento en forma oral o escrita, se produce una versión de él, diferente de otra anterior. En el cuento tradicional hay diferentes versiones, es decir que al trasmitirse oralmente y de boca en boca, se cuentan diferentes versiones. (Wikipedia) seguir leyendo

Cuentos de sabiduria milenaria y tradicion oral

martes, 28 de agosto de 2012

Don Juan Manuel


Don Juan Manuel (Escalona, 5 de mayo de 1282 – Córdoba, 13 de junio de 1348) fue un político y escritor en lengua castellana. Fue uno de los principales representantes de la prosa medieval de ficción, sobre todo gracias a su obra El conde Lucanor, conjunto de cuentos moralizantes (exempla) que se entremezclan con varias modalidades de literatura sapiencial. (Wikipedia)



El conde Lucanor - Don Juan Manuel


El conde Lucanor es una obra narrativa de la literatura española medieval escrita entre 1330 y 1335 por el infante Don Juan Manuel. Su título completo y original en castellano medieval es Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio (Libro de los ejemplos del conde Lucanor y de Patronio).
El libro está compuesto por cinco partes, la más conocida de las cuales es una serie de 51  exempla  o cuentos moralizantes tomados de varias fuentes, como Esopo y otros clásicos, así como de cuentos tradicionales árabes.(Wikipedia)

artículo de wikipedia - imágenes - Don Juan Manuel en Lenliblog - vídeos - Books Googlerinconcastellano.com - algunos cuentos y ejercicios (en fidescu.org)  -  WebQuest para la asignatura de Lengua y literatura españolas de Tercero de E.S.O. Diseñada por Javier González Rovira - WebQuest en slidesharecaza del tesoro del área de Lengua Castellana y Literatura dirigida a alumnos de tercer curso de ESO por Carlos Verdugo JiménezLa estructura narrativa (en faculty.washington.edu) - Actividades de Anaya Juvenil - actividades interactivas en el tinglado.netbambulector.com (plan lector de Ed. Casals para 3º ESO) - selección de textos del IES La Aldea de San Nicolás - slideshare - enlaces externos en virtual-spain.com - "EL CONDE LUCANOR  Y EL MÉTODO EXEGÉTICO" por Pablo Adrián Cavallero (en CVC) - algunos cuentos en teresadientedeleon.blogspot.com.es

martes, 24 de julio de 2012

"Los besos de Aznar" por Juan José Millás


¿Cómo funciona el ménage à quatre entre la presidenta y la alcaldesa de la comunidad de Madrid con el expresidente del Gobierno y el ministro de Justicia?

JUAN JOSÉ MILLÁS 23 JUL 2012 - El País/Relaciones imposibles

Ves juntas a Ana Botella y Esperanza Aguirre y te parece que estás viendo a las hermanastras de La Cenicienta. Poseen, por debajo de sus diferencias formales, una curiosa unidad de orden temático, como si fueran dos gemelas disímiles o dos siamesas asimétricas cuyos órganos hubiéramos logrado separar, aunque permanecen unidas por sus obsesiones. Además de por las obsesiones, continúan misteriosamente enchufadas la una a la otra por vínculos de orden más sutil, quizá por sus respectivos fondos de armario, o por su weltanschauung, signifique lo que signifique weltanschauung, o por sus cardados filosóficos. Lo cierto, en cualquier caso, es que cuando se manifiestan a la vez en un acto cualquiera del Ayuntamiento de Madrid, o de su comunidad, adoptan la rigidez, las formas, el lenguaje y la crueldad característica de los personajes de ese cuento popular del que es evidente que acaban de salir.

En última instancia, todos procedemos culturalmente de ahí, del bosque misterioso, de la casita de turrón, de las manzanas envenenadas, de las pócimas milagrosas, de los huerfanitos perdidos en medio de la naturaleza, del sapo-príncipe y de La bella durmiente, venimos de los siete enanitos y del ogro feroz y de las madrastras sin escrúpulos, aunque también de los 40 ladrones de Bankia y Cía., ahora imputados, ya veremos.

Quiere decirse que venimos del pánico. La historia de la humanidad es en cierto modo la del recorrido que va desde esos cuentos breves, que se administraban por vía oral alrededor de la lumbre, hasta la novela de mil páginas que se administra por vía intravenosa en el sillón de orejas. Por el camino, muchos de los personajes de los viejos relatos han devenido en personas auténticas, de carne y hueso, perdiendo, al hibridarse con la realidad, el carácter arquetípico que les era propio.

Poseen, por debajo de sus diferencias formales, una curiosa unidad de orden temático, como si fueran dos gemelas disímiles o dos siamesas asimétricas
Botella y Aguirre, lejos de perderlo, lo han acentuado. Vean, si no, Botella se pasa la vida en un palacio siniestro situado en la plaza de la Cibeles de Madrid y sede de su Ayuntamiento. Aguirre, en un edificio de la Puerta del Sol en cuyos sótanos, en tiempos de Franco, se torturaba a mansalva o en plan industrial, como ustedes prefieran. Había allí una cadena de montaje de la tortura, donde a la víctima, según el tramo en el que se encontrara, le arrancaban la uñas, le aplicaban corrientes eléctricas en los genitales o le metían la cabeza en un cubo de mierda.

Las antiguas dependencias de la Dirección General de Seguridad, en la actualidad cuartel general de Aguirre, eran unos altos hornos del terror, pues funcionaban las 24 horas del día los 365 días del año. Todavía hoy, cuando uno recorre sus dependencias, se escuchan los ayes de las víctimas de la policía franquista y se siente el roce del espíritu de los difuntos, atrapados al parecer entre dos mundos. En ese contexto, tampoco es difícil imaginarse a la presidenta de la Comunidad de Madrid preguntándole a un espejo quién es la más bella del reino, a lo que el espejo, indefectiblemente, contesta:

— Gallardón.

En efecto, el problema de Aguirre con el actual ministro de Justicia es ese, que Gallardón es más guapo que ella y sale mejor en las encuestas. Pero ojo, no nos confundamos, eso no convierte al exalcalde de Madrid en una Blancanieves vulnerable. Siendo también un personaje arquetípico, su temperamento es el de la bruja marrullera, capaz de apoyar al corrupto Dívar o de promocionar la venida a este mundo de seres incapaces de sobrevivir en él, ya que no es partidario ni de la Ley de Dependencia, ni de la sanidad pública ni de la ayuda, en general, a los necesitados. Lo que a Gallardón le gusta es tropezar, al salir de la misa de doce los domingos, con un grupo de mendigos sin piernas o sin brazos a los que echar unas monedas. Parece que sienta mejor el vermut después de una de esas escenas de la España negra, que es la España por antonomasia, signifique lo que signifique antonomasia. Gallardón, además de ser el más guapo y el más perverso del reino, posee un sistema autoinmune a prueba de las manzanas podridas que Aguirre le manda por Navidad.

Ustedes perdonen, pero la historia es complicada: Aguirre adora a Aznar, un príncipe inverso que te besa y te convierte en Mayor Oreja. Aunque no solo, porque cuando besó a Aguirre, la convirtió sin comerlo ni beberlo en ministra de Cultura. En cambio, cuando besó a Ana Botella la convirtió en alcaldesa de Madrid sin necesidad de que se presentara a unas elecciones democráticas y todo eso. Bastó para ello con la intervención de un demiurgo un poco pelota, un trepa, lo que nos trae de vuelta a Gallardón, que en cada cuento se disfraza de lo que le conviene porque estudió en los jesuitas y eso imprime carácter.

Decíamos pues que Aguirre adora a Aznar, el marido de Botella, porque la convirtió en lo que viene siendo, mientras que Botella debe todo lo que es a Gallardón. En tales circunstancias, Botella y Aguirre, que deberían ser amigas íntimas, cuando no auténticas hermanastras (la Cenicienta seríamos los habitantes de Madrid, a los que nos tienen de fregonas), se encuentran separadas por Gallardón, cuya belleza pone freno a las ambiciones de Aguirre. La belleza es un punto, desde luego, pero no olvidemos que Gallardón es, además, el mecenas de Botella y que cuenta por eso con la protección de Azar. No sé si me siguen.

En dos palabras: si fuera cierto que los amigos de mis amigos son amigos míos, que los amigos de mis enemigos son enemigos míos, que los enemigos de mis amigos son mis enemigos, etc., la situación sería la siguiente: Botella es amiga de Gallardón, enemigo a su vez de Aguirre, lo que significa que Aguirre es enemiga de Botella, si bien Botella, de otro lado, es amiga de Aznar, a su vez amiga de Aguirre… Se puede decir de más modos, pero le des las vueltas que le des lo cierto es que el ménage à quatre resulta colosal. Se sale del género del cuento popular para entrar de lleno en los líos característicos de los dioses griegos, de quienes toda esta gente de la que venimos hablando ha tomado sus lados más mezquinos. Significa que Botella y Aguirre están condenadas a entenderse por las mismas razones que están condenadas a desentenderse. Pero ellas lo llevan muy bien porque se entienden y se desentienden desde el coche oficial, que las vuelve locas.



sábado, 30 de junio de 2012

“El cuento es una iluminación: o lo ves, o no lo ves” - José María Merino


La Realidad quebradiza recoge una selección de cuentos y minicuentos fantásticos del Académico José María Merino

 Madrid - El País
  • El escritor José María Merino / CLAUDIO ÁLVAREZ (EL PAÍS)

    A simple vista, el universo de José María Merino discurre entre los mismos elementos y con los mismos actores que cualquiera puede ver y palpar a diario. Solo que estos no interactúan según las reglas físicas establecidas: espacio y tiempo se desdoblan, los seres sufren metamorfosis y lo material adopta nuevas apariencias. Los hombres conviven subyugados a sus dobles, y la literatura se desarrolla dentro de la literatura. Los personajes saltan a través de las páginas para desaparecer y reaparecer en nuevos episodios y, entre todos, conforman La realidad quebradiza (Páginas de Espuma), una antología que reúne algunos de esos viajes por las parcelas recónditas del subconsciente, presentados en forma de cuentos y minicuentos, géneros que, en pocas palabras, el Académico de la lengua ha sabido engrandecer.
    “El mundo es muy raro, y los momentos que vivimos ahora lo demuestran: estoy fascinado con la historia fantástica de Bankia, en la que cada día hay una vuelta de tuerca. Parece que los seres humanos no tenemos nada que ver con Bankia, en donde lo que ocurre es un hecho mágico, en el que no hay responsabilidades”, dice Merino en su casa madrileña. “Yo intento encontrar lo raro desde esa perspectiva de la imaginación fantástica. No soy metafísico, pero sí veo las cosas extrañas de la vida, de los comportamientos”. Con más de un centenar de relatos cortos en su currículo –a los que hay que añadir novelas para adultos, jóvenes y niños, varias novelas cortas, ensayos, poemarios y un par de memorias- esta compilación, realizada por el editor, se revela “significativa” de su obra, según asegura el autor (La Coruña, 1941). “No sé si yo sería capaz de hacer una antología. ¿Cómo elegir?”.
    Al igual que no se ve con voluntad de seleccionar entre su producción, tampoco se decide por ninguno de los géneros. “La literatura proporciona una forma de ver y descifrar el mundo a la que llegas por muchas vías”, reflexiona. “Pero la literatura es una”. De su fértil talento para engendrar relatos, asegura que estos son “iluminaciones”. “O lo ves, o no lo ves. No tiene por qué venir de los sublime, también puede venir de lo más deleznable. En cambio, una novela es un proyecto de exploración. No sabes cómo, pero el cuento se enciende: no se puede alargar para convertirlo en una novela, sino que tiene una peculiaridad, que es donde reside su encanto, y es que lo descubres como un poema”.
    -¿Y que hay de los microrrelatos?
    -Hay gente que los desdeña, pero es como si un pintor desdeñase el soporte de óleo o el soporte de madera. En ellos puede haber cosas estupendas o cosas deleznables, exactamente igual que en la novela. Para mí, como escritor, lo que aporta es que puedes decir cosas que no podrías decir de otra manera.
    -¿Son estos capaces de satisfacer el hambre literaria?
    -Sería absurdo comparar un minicuento con Ana Karénina, pero son sabores que pueden resultar más intensos, pueden dar un matiz diferente. El problema es que no puedes leer demasiados minicuentos seguidos, porque te empachan. Pero pueden despertar ideas interesantes y divertirte mucho.
    -¿Por ejemplo?
    -En cinco o diez líneas puedo imaginar que nuestro universo es un café que alguien se va a tomar. El minicuento ha ido acortando las distancias para sintetizar de un modo expresivo lo que sigue siendo una idea narrativa.
    Entre gallego y leonés, el prolífico imaginario de Merino quizá se asentara en su infancia, bajo el efluvio de leyendas de meigas y almas en pena. “Escuché historias así en Galicia y en León. Recuerdo de niño cómo en algunos sitios se dejaban las chimeneas encendidas en la noche de ánimas para que vinieran a calentarse los muertos. Puede que eso haya influido, aunque desde luego mi gusto por lo fantástico ha sido literario: de niño fui lector de Hoffmann, de Poe, de Bécquer... Siempre me ha gustado ver la realidad a través de ese prisma tan literario que es lo fantástico”.
    En su rutina semanal de escritura y lectura –“me gusta estar al tanto de las novedades”, dice señalando entre la montaña de libros que puebla su despacho las últimas publicaciones de Clara Sánchez y Fernando Aramburu-, Merino dedica fielmente cada jueves, día en que se reúnen los Académicos de la lengua, al estudio del léxico. “Lo que hacemos es ver cómo pasa el tiempo y las palabras ya no significan lo mismo. Las palabras se mueven, tienen vida propia”. Y la conclusión de sus observaciones es que el español, a pesar de las distancias geográficas que lo separan de sí mismo, continúa siendo eso: el español. “Tiene una unidad envidiable”, asegura. En el lado negativo, los tiempos que corren ponen en peligro la pervivencia del vocabulario. “Los jóvenes piensan que lo bueno es tener un código lingüístico reducido, que si puedes decir mucho con pocas palabras, mejor. Y eso no es ir por el buen camino. Ahora usan los mismos términos con significados múltiples, y eso les hace más indefensos”.

    lunes, 27 de junio de 2011

    No puedo dormir



    Noche tórrida de verano, de un día cualquiera, que bien pudiera ser este, el 26 de junio de 2011

    Tras bajar tres veces, de su habitación a la planta de abajo, mi chaval me vuelve a comentar, con una indignación a medias, que no se puede dormir. De nuevo, también con una resignación a medias, le aconsejo que se acomode en su pequeño sofá, enfrente de la televisión, junto con sus juguetes, para que los últimos ecos del telediario consigan, definitivamente, llevarle a los brazos de Morfeo.

    Pasan los minutos, no muchos, y en el momento clímax del noticiario (un reportaje inesperado sobre Seix Barral), como de costumbre, surge la llamada de atención del primogénito, pidiendo, una vez más, ser llevado a su lecho infantil.

             El calor es infernal, la temperatura de la calle debe de rondar los 35º C, la casa es un horno y decidimos sustituir, en este momento, el clásico ventilador que cuelga en el techo por la alta tecnología inverter, menos ruidosa y que nos brinda la temperatura de 25º C en un pis pas.

    Nuevo diálogo entre padre e hijo. Me voy a permitir ahora romper la confidencialidad que suelen tener este tipo de conversaciones. Seleccionamos los compañeros de viaje de la noche (es la cuarta vez que acometemos esta tarea), los que van a estar con él en la cama y  aquellos que quedan fuera de la convocatoria y verán el encuentro desde la grada. Van a la cama: Woody, el vaquero- grande-(Toy Story); Woody, el vaquero –pequeño- (Toy Story); Jessi, la vaquera (Toy Story), y el Gatito (este no pertenece a ninguna serie o película, no es popular en índice de audiencia). Este proceso selectivo se ve acompañando por preguntas entre curiosas, inteligentes y absurdas a las que yo no puedo dar respuesta más allá de los monosílabos que me salen.
    En un momento determinado, -el cuerpo del niño en posición yacente- me comenta que “el cerebro es malo”; a lo que le pregunté que “por qué”, y su respuesta no dejó de ser contundente: “porque no me deja dormir”. Necesito unos segundos para reaccionar y, con los ecos de su pensamiento en el aire, le digo que me voy a quedar sentado, junto a su cama, hasta que consiga dormirse. Acepta, y sabe que aceptando también se acaba el turno de preguntas y respuestas, porque el fin último del pacto es alcanzar el sueño.

    Comienza en estos momentos una lucha contra el crono. Mi hijo, que hace movimientos con las manos en el aire, fingiendo una más de sus historias fantásticas, apunta a alcanzar el ansiado premio del descanso. Por el contrario, yo, el padre de la criatura, más castigado por los años y por el cansancio estival, encontrará en esos minutos que dure la tregua el momento para ordenar una serie de pensamientos que han ido surgiendo durante todo el día, lo difícil será hacerlo sin cerebro (el mío, si sigue funcionando, me deja dormir perfectamente).

    Perdemos la noción del tiempo y, en ese momento, uno de los dos se constituye en juez de la velada, aunque es el perdedor realmente. Este ha vencido al inexorable paso del tiempo de una noche de chicharras, grillos y sudor. En ese remanso de paz que supone una habitación infantil, sin mácula, con 25º C, notó en el hombro una sacudida y alguien que me susurra, con una sonrisa picarona en la boca, “papi, te has dormido”.

    por Emilio Monte

    sábado, 25 de junio de 2011

    Los Cuentacuentos

    Un cuentacuentos (traducción al español del término inglés

    storyteller), también llamado contador, cuentista o cuentero, es un

    narrador oral de cuentos e historias...
    Imprescindibles - Los cuentacuentos 18 mar 2011 El objetivo del documental es poner en valor uno de los mayores tesoros de la cultura popular española, la de los cuentos que se han transmitido durante siglos en el seno de la familia, de la tertulia campesina o del patio de vecindad.

    miércoles, 15 de septiembre de 2010

    VVAA - Antología del cuento literario





    Título
    Antología del cuento literario
    Autor
    selección y edición de Miguel Díez Rodríguez
    Editorial
    Alhambra
    Género
    Selección de cuentos
    " Siempre, en todos los pueblos y en todas las culturas, ha habido cuentos "




    Limpiando las estanterías repletas de libros me topé con este olvidado ejemplar y de pronto, como si no hubieran pasado trece años, se me agolparon multitud de buenos recuerdos. Si bien en mi extinta infancia el libro que más hizo mella en mi fue "La historia interminable" de Michael Ende, ya en mi etapa estudiantil de secundaria fue precisamente este libro el que me hizo tomar un rumbo de lectura diferente de mi etapa preadolescente. Hoy día al revisar sus páginas me doy cuenta de ello, pero en aquellos años mozos, en los que contaba con 16 abriles no pude apreciar el paso adelante que hice sobre la elección de mi futura lectura. Es ahora cuando uno se da cuenta de ello, como tantas cosas en la vida.
    El libro, diseñado por el profesor de Enseñanza Media Miguel Díaz Rodríguez, nos ofrece una excelente selección de 25 cuentos literarios de los siglos XIX y XX. Además, editado este libro para su divulgación educativa, ofrece una serie de ejercicios partiendo de la lectura de cada cuento, así como una breve historia del cuento literario.
    Centrándonos en los cuentos, se tiene que decir que no siguen patron alguno, ni de estilo, tema, técnica o estructura. Se nos ofrece sin la menor duda una selección de autores que al revisarlos detenidamente, uno se da cuenta de la importancia de los mismos. Entre estos autores destacan los españoles Gustavo Adolfo Bécquer, Ramón de Valle-Inclán, Vicente Blasco Ibañez; los hispanoamericanos Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez; y finalmente los anglosajones Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Jack London, Ray Bradbury y Adrian Conan Doyle. Estarán conmigo que es una selección de gran factura.
    Se la recomiendo a todos, estudiantes y aficionados a la lectura en general, pero sobre todo, a aquellos que respetan en demasía a los autores clásicos de estos dos últimos siglos. Es claramente una buena toma de contacto con ellos. Imprescindible.Enrique M. Camba - BarcelonaObra Maestra

    viernes, 18 de junio de 2010

    El truco del zurdo

    Llegué de Galicia a Madrid en 1989, recién estrenado el otoño. El campo del Celta quedaba demasiado lejos y, buscando emociones nuevas, me acerqué al Vicente Calderón para ver un partido de UEFA. El Atlético recibía a la Fiorentina, y yo quería ver a ese Baggio del que tanto se hablaba. Sin embargo, casi desde el principio, mi atención esta en otro hombre: el 10 rojiblanco. Paulo Futre se desesperaba como un niño en el patio escolar si no tenía la pelota. Gritaba y hacía aspavientos a sus compañeros reclamando todos los pases, se movía de un lado al otro en pos del balón y, tan pronto como lo atrapaba, salía disparado hacia el campo contrario, buscando la trinchera violeta de los italianos. Debió de encararlos una docena de veces, y en todas perdió el balón. Pero no dejó de intentarlo. El Atleti ganó 1-0. No recuerdo quién fue el goleador, pero sí quién me ató desde entonces a la grada del Calderón.

    La prensa del día siguiente juzgaba de forma severa a mi nuevo ídolo. “Lo peor del Atleti”, escribió uno, “son las ciegas carreras de Futre que malgasta energías para nada, desconcierta a sus compañeros y empeora su propia posición”.

    Aunque sea para reprenderlos, siempre encuentro algo hipnótico en los deportistas zurdos, como en el fuego o en las olas del mar. Ayrton Senna lograba mantenerme despierto durante todas las vueltas de una carrera. Juro que es cierto. Vilas, McEnroe, Futre, Maradona... Zurdos todos. Todos egoístas, osados y geniales, todos con el ojo ajeno posado sobre ellos como un imán.


    Roberto Fontanarrosa aseguraba padecer dos grandes problemas que le impedían jugar al fútbol: “Uno, la pierna izquierda. El otro, la derecha”. Como él, casi todos los genios zurdos no dominan una pierna, pero en la habilidad de la otra esconden un ariete capaz de burlar la defensa más tupida (Jack el Destripador era zurdo y todavía hoy en Scotland Yard lo andan buscando). Y nada hace vibrar a un estadio como ese juego hemipléjico, esa osadía que conduce a los zurdos hacia túneles de patadas que ellos atraviesan con habilidad de funámbulo: esquivando los golpes y sin perder el balón.
    En la España que hoy debuta vestida de rojo en la Copa del Mundo apenas hay espacio para zurdos. El juego español es solidario, una orquesta que descabalga rivales a una voz y no admite el egoísmo de los genios. Por la izquierda casi siempre ataca un diestro. Puede ser Iniesta, hábil y astuto, o Villa, con su revólver plagado de muescas. Juegan con el “pie cambiado” para, entrando desde la izquierda, sorprender al rival con la derecha.

    Y mientras, otra España, la que se hace solidaria por decreto, se ve presa de una argucia similar, y recibe desde la izquierda los golpes que esperaba en la derecha. Por fortuna hoy toca disfrutar de un día de opio y contemplar cómo los magos de rojo tratan de llevar el conejo de sombrero en sombrero, de truco en truco, hasta la jaula suiza.

    Sólo faltan unas horas. Que sólo cambie el pie y no cambie el paso. Que no se nos escape el conejo. Y viva el opio…, si es bueno.

    Domingo Villar (Vigo, 1971) es autor de La playa de los ahogados (Siruela, 2009).

    sábado, 13 de marzo de 2010

    UN CRISTO SALIENDO DEL ARMARIO por Ezequías Blanco


    A alguna mente lúcida de las que nos gobiernan y de las que tanto velan por nuestro bienestar se le había ocurrido que ese año había que hacer un exhaustivo inventario de todos los enseres en los Centros Públicos de Enseñanza de la Comunidad de Madrid.

    D. Evencio acogió la noticia con desinterés y pensó: “los libros no los lee nadie, las casetes y las cintas de video no las utiliza nadie, los CD, CDR y DVD es posible que algún joven, a ninguno he oído que las use, y los demás somos “cibertorpes”, no acabamos de cogerle el tono a la canción ni siquiera los que más presumen de lo contrario…”

    Como a la mayoría de sus compañeros, realizar aquel inventario le parecía una estupidez, una pérdida de tiempo innecesaria. No estaba en desacuerdo con hacer un inventario, pero sí con el absurdo modo en que estaba planteado porque parecía que se trataba más de que los profesores estuvieran ocupados haciendo que trabajaban que trabajando. La efectividad y la finalidad del trabajo parecían ser lo de menos. Las clases, como siempre, lo menos importante. Pero, en fin, esto para D. Evencio, que llevaba más de treinta años en el cuerpo, ya no era ninguna novedad y, para él, las clases seguían siendo lo más importante. Cogió las hojas modelo Excel que había que rellenar y se dirigió a su Departamento.

    Abrió la puerta con la llave, previamente tuvo que apretar, con una navajita que siempre lleva en el bolsillo y que delata su origen campesino, los tornillos de la manija para que no se le cayera (faena que realizaba cada vez que tenía que entrar en tal recinto y suponía que a sus compañeros les pasaría lo mismo aunque ignoraba qué método emplearían para el apretado de tornillos: ¿uña, destornillador, black&decker…? Se inclinaba por la uña en mayoría absoluta). Empujó la puerta y el chirrido de los goznes le recordó, como todos los días –varias veces al día- el de alguna puerta del Castillo del Conde Drácula. Cerró la puerta y tuvo que repetir por dentro la faena de la navajita.

    Miró a su alrededor y una sonrisa maliciosa apareció entre sus labios al contemplar grosso modo los enseres por los que tanto interés mostraba la Administración: tres sillas de pala con las que, a menudo, tropezaban sus piernas a la altura de la mitad del fémur –aquella parecía ser su principal y única misión. Detrás de las sillas, una pizarra inaccesible de grandes dimensiones que parecía estar allí sólo para tapar algún defecto de la pared y para sostener, en el falso cajón donde normalmente reposan las tizas y los cepillos de borrar, un minúsculo mechero blanco. Probó D. Evencio y el mechero funcionaba. Se apoyó en la mesa de escritorio y olvidó una vez más que aquélla cojeaba. Dobló un cartón y lo metió debajo de una de las patas, a modo de cuña. Se incorporó y contempló el arreglo con satisfacción. Se fijó ahora en los dos tablones de corcho algo combado para anuncios: en uno había pinchadas setenta y tantas tarjetas de representantes de editoriales y un chiste de Forges sobre la decadencia de la educación; en el otro, las estadísticas de resultados de Destrezas y Conocimientos Imprescindibles de alumnos de la ESO por Centros, entre Centros y desde Centros públicos y privados de la Comunidad de Madrid. D. Evencio pensó: “en las democracias la estadística también es un medio de comunicación”. Siguió. Los dos radiocasetes daban mucha pena porque estaban muy heridos y figuraban en la lista de mutilados de guerra: a uno le faltaba la palanquita de cambio de radio a tape y también había que meterle la navajita o la llave para efectuar la mutación; al otro le quedaban, desde la guerra civil, en la tecla del play las vendas de celofán que algún@ enfermer@ le hubiera puesto y que a estas alturas del siglo XXI hacían unas aguas de colores y unas irisaciones preciosas, sobre todo a contraluz. Reparó ahora en un aparato de TV de catorce pulgadas con dos cuernos de uno 30 centímetros, que siempre había visto desenchufado, y se dijo: “voy a probar a ver”. Metió el enchufe en un enchufe, le dio al botón de arranque y un aroma a polvo quemado, que es muy parecido al del cuerno, inundó el recinto, pero de imágenes, nada de nada. Subió el volumen y lo que salía del aparato le recordaba el sonido de las cerandas o cribos en las eras de su pueblo, pero sin ritmo, sin vida, con una monotonía insoportable. Desenchufó. Nunca había reparado en el mueble en el que estaba apoyado este pequeño aparato: una sólida estructura metálica que se elevaba desde el suelo desde unas ruedas y a la que alguien había decidido añadir unas tablas de chopo, para sostener el aparato de TV, que debieron pertenecer al lavadero de su abuela porque hacían ondulaciones y tenían impregnado, junto a otras manchas, el color jabonoso característico de aquellos utensilios…

    Se miró las manos D. Evencio y, en un primer momento, su hipocondría le llevó a pensar que estaba mutando a la raza negra porque las manos se le habían vuelto de un gris oscuro áspero. Enseguida reparó en que el estado de sus manos se debía a la capa de polvo que actuaba como conservante de aquellas reliquias. Sacó su caja de toallitas de limpiagafas antiempañantes y antivahos, biodegradables, químicas-ecológicas, trabajamos por un mundo más limpio, excipientes alcohol y perfumes, mantéganse fuera del alcance de los niños, nettoyant lunettes, spectacles lens cleaner, glareiniger, toalhitas limpia oculos, salvietta pulizia occhiali, agradable perfume, no marca las huellas, para todo tipo de lentes… Y volvió a sentir el tacto. Mientras efectuaba esa faena, se dirigió al ordenador y a la impresora: “al menos el equipo informático no era anterior a 1995. Bueno, la pantalla, vete tú a saber”. Y le dio por seguir el cable de conexión a internet que iba oculto por detrás de una fila de libros haciendo curvas, vueltas y revueltas. “¡Joder…! -se dijo D. Evencio. “Si parece la comba de un cíclope”. A unos siete metros del aparato, había un agujero en la pared por donde se escapaba el cable al aula de informática. “Acabáramos… Por eso la mayoría del tiempo nuestro ordenador no tiene conexión a Internet”. “Se ve que alguna palanca al otro lado, la impide”. “En fin, ya no tengo que llamar a Iker Jiménez porque este misterio ya está resuelto”.

    “¡La madre que me parió!”. Esta exclamación salió de la voz media de D. Evencio en el momento en que le dio por hacer un cálculo aproximado de los libros que tenían que catalogar (Autor y Título, Autor y Título, Autor y Título…). Según ese cálculo, hecho a ojo de buen cubero, habría allí unos tres mil títulos.

    Estaba entrando en desmoralización nuestro protagonista cuando de la esquina de un armario le pareció que le chistaban muy bajito. Se detuvo a escuchar… Y se acercó sigiloso a donde su oído le indicaba y abrió mucho los ojos en ademán expectante. Por una rendija asomaba el brazo de metal de un Cristo. D. Evencio, se agachó, concentrado en el esfuerzo de oír, acercó su oreja al Cristo y oyó un hilillo de voz:

    - Ayúdame.

    Se separó, como un resorte y, desde lejos, dijo:

    - ¿Qué te ayude a qué?
    - A salir del armario. Desde 1975 estoy intentando salir y esto es lo que he conseguido.
    - Espera… No te importará esperar un poco más…

    Abrió la puerta del armario de par en par:

    - Pero, bueno, si estás hecho un Cristo…
    - Soy un Cristo.
    - Ya, pero estás desclavado y sólo tienes media corona de espinas y te falta un dedo del pie.
    - De los esfuerzos que he hecho para salir del armario.
    - Espera.

    D. Evencio volvió a sacar de su cartera las toallitas limpiagafas y le quitó al Cristo el polvo que tenía por todas partes, mientras el otro se quejaba de que sentía mucho frío.

    - No te preocupes, hombre. Ya verás. Te limpio bien y después te llevo a casa en mi cartera porque, aunque no somos muy creyentes, somos buenos samaritanos. Y el destartalamiento que tienes ya veremos cómo se arregla.

    Al día siguiente, cuando con resignación, cuando sin esperanza y sin convencimiento, abrió el ordenador para empezar a rellenar la hoja Excel de los autores y títulos de libros que le tocaban, se quedó con los ojos como platos al ver que aquella ingrata labor parecía haberse realizado sola, pero puso mucho empeño en que en la hoja de inventario de enseres figurara la baja de un Cristo metálico, justo después del alta de un extintor.

    Ezequías Blanco

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