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martes, 31 de enero de 2012

5. EL NOVECENTISMO y LAS VANGUARDIAS





            En España, el grupo literario que sucede a los modernistas y noventayochistas recibe el nombre de Novecentismo o Generación del 14. Sus componentes se caracterizan por su orientación europeísta y por su concepción del arte como una actividad separada de lo social y lo político.
            Durante las primeras décadas del siglo XX aparecen en Europa diversos movimientos artísticos, llamados vanguardismos, que rompen radicalmente con la temática y las técnicas expresivas del Romanticismo y el Realismo. Los novecentistas conectan fácilmente con los vanguardismos, ya que en ellos ven cumplida su apuesta por un arte producto de un acto lúdico y libre que ponga a prueba la capacidad intelectual y expresiva del artista.
            Los rasgos más destacados de la lengua de los novecentistas son la precisión conceptual, que refleja su sólida formación intelectual, y la expresión de lo subjetivo, que refleja su vertiente creativa y se materializa, sobre todo, en la metáfora.
            Los géneros literarios más representativos del Novecentismo son la lírica, expresada tanto en prosa como en verso, y el ensayo, que se divulga, sobre todo, a través del periódico y de revistas especializadas.
            Un grupo nutrido de personas procedentes de diferentes ámbitos (medicina, política, filosofía…) que tuvieron un papel activo en la sociedad de su tiempo y que encontraron en el ensayo el medio idóneo de divulgar sus ideas y conocimientos. José Ortega y Gasset* (La deshumanización del arte) más importante de este grupo.
            La novela novecentista continúa el camino de subjetivismo y de renovación que había comenzado la Generación del 98. Los autores novecentistas suelen manipular situaciones para expresar su opinión sobre los más diversos temas. Algunos, como Gabriel Miró (El obispo leproso), se valen del lirismo; otros, como Wenceslao Fernández Flórez (El bosque animado), optan por el humorismo.
            La producción lírica de estos años es muy variada. Aunque a todos los poetas les mueve la voluntad común de acabar con el sentimentalismo y la retórica, heredados del Romanticismo y del Modernismo, podría decirse que, a grandes rasgos, los novecentistas se preocupan por conseguir un mensaje exacto y claro que transmita fielmente la idea, y que los vanguardistas pretenden ofrecer nuevas versiones del universo.
            No obstante, entre los novecentistas, aparecen personalidades difíciles de encasillar, bien porque escapan del llamado arte deshumanizado, como León Felipe, bien por su compleja trayectoria creativa, como Juan Ramón Jiménez*.
            Por otro lado, del rico panorama de la lírica vanguardista habría que destacar la figura de Ramón Gómez de la Serna* (“Greguería”=metáfora + humor), que facilitó la entrada de las nuevas tendencias artísticas en España, donde los vanguardismos más importantes fueron el creacionismo, representado por Vicente Huidobro; el ultraísmo, difundido, sobre todo, a través de la revista Grecia, y el surrealismo, que influyó notablemente, en la Generación del 27.
            El creacionismo y el ultraísmo tienen en común la búsqueda de nuevas formas tipográficas, como el caligrama, pero el primero cultiva más la metáfora y el segundo siente preferencias por las máquinas y el léxico técnico-científico.
            

miércoles, 11 de enero de 2012

Tema 2 (Pregunta 5 de Selectividad) - El Romanticismo literario del siglo XIX


En el ámbito cultural, junto con el liberalismo y los nacionalismos, nace el Romanticismo, movimiento literario, cultural y político que surge en la primera mitad del siglo XIX en Europa, aunque en España tuvo un desarrollo tardío debido al retraso de nuestro país y la política absolutista de Fernando VII (1814-1833). 


Este movimiento está caracterizado por el predominio del sentimiento sobre la razón, en contraste con los ilustrados del siglo XVIII. Asimismo, los románticos buscan la libertad individual frente a la norma, lo que les provoca soledad y angustia; también están caracterizados por la lucha por la justicia, el gusto por lo exótico y lo lejano, los ambientes lúgubres, el morbo por la violencia y la muerte como temas constantes, además del interés por el pasado histórico de los pueblos y la naturaleza. Por tanto, los rasgos más representativos del Romanticismo son el individualismo, el rechazo de la realidad mediante la evasión o la rebeldía, la defensa de la libertad, la importancia de la naturaleza y el nacionalismo.


Los géneros más cultivados son el dramático y el lírico. 


Género dramático. Está caracterizado por la ruptura de las tres unidades clásicas, la mezcla de lo trágico y lo cómico, la combinación del verso y la prosa, así como por el gusto por la temática con destino trágico para el personaje, la muerte y el amor apasionado, que está por encima de toda regla. El personaje del drama romántico vive en un mundo adverso con un sino trágico y trazado de antemano. La acción se desarrolla en un tiempo lejano, envuelta en misterio y rodeada de elementos fantásticos. La temática de los dramas presenta el choque entre el individuo y el entorno hostil, abundando los conflictos en torno al amor y la libertad, sentimientos y anhelos que enfrentan al héroe con las normas sociales y que se resuelven en un final trágico. Todo ello, con el propósito de conmover.

Destacan José Zorrilla, mayor dramaturgo del momento y creador del drama romántico nacional (Don Juan Tenorio y A buen juez, mejor testigo); el duque de Rivas, que introdujo definitivamente la estética romántica en España (Don Álvaro o la fuerza del sino); Martínez de la Rosa (La conjuración de Venecia); García Gutiérrez (El trovador) y Hartzenbusch (Los amantes de Teruel). 


Género lírico. Se emplea la polimetría; los autores experimentan con nuevas formas o recuperan otras olvidadas, como el romance. En lo relativo a los temas, la lírica gira en torno a los sentimientos y a la exaltación del amor, la libertad y la crítica social; además del importante marco de la naturaleza, que acentúa el efecto de la soledad y la melancolía. Se presentan dos tipos de poesía romántica: la lírica intimista, de Bécquer y Rosalía de Castro, y la poesía narrativa, de Espronceda y Zorrilla.

Bécquer está considerado el primer poeta moderno con sus ochenta y cuatro composiciones breves (Rimas); concibe la poesía pura, íntima y desprovista de adornos. De este arranca, en gran medida, la poesía española contemporánea e influyó notablemente en poetas posteriores como Machado y Juan Ramón Jiménez. Rosalía de Castro cosecha gran fama con tres grandes poemas que evocan las costumbres, paisajes y gentes de Galicia con un tono nostálgico y melancólico (Cantares gallegos, Follas novas, en gallego los dos, y En las orillas del Sar, en castellano).

Espronceda es un romántico liberal que trata temas amorosos y la exaltación de personajes marginales porque en ellos veía un símbolo de rebeldía (destacan sus poemas narrativos El estudiante de Salamanca y El diablo mundo).

En el ámbito literario de la prosa, destaca Larra, que intervino en política y se dedicó al periodismo, escribiendo más de doscientos artículos, con el seudónimo de Fígaro, en los que realiza un retrato crítico y satírico de la realidad española de la época. Estos artículos periodísticos (de costumbres, políticos y literarios) poseen un estilo claro, transparente y expresivo, que influirá considerablemente en la Generación del 98. Otros prosistas son el propio Zorrilla (Leyendas); Bécquer, con sus Leyendas, breves narraciones donde se trata lo sobrenatural y lo exótico; y el escritor costumbrista Mesonero Romanos (Escenas matritenses).


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