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lunes, 16 de julio de 2012

"Palabras extremadamente largas" por Sergio Parra


Una de las palabras más largas usada en literatura la escribió William Shakespeare, y además, según los conspiraoicos, es un anagrama que proclama que el autor de las obras de Shakespeare fue, en realidad, Francis Bacon. La palabra tiene 27 letras y es: “honorificabilitudinitatibus”, es decir, “el estado de plenitud de honores”.
Fue una palabra pronunciada por un personaje cómico en Trabajos de amor perdidos, y procede del latín, así que estamos haciendo un poco de trampa. También es un poco tramposo llenar de prefijos y sufijos una palabra, porque entonces fácilmente superaremos las 27 letras.
Así que si adoptamos la norma de aceptar la palabra más larga aparecida en algún documento en lengua inglesa cuyo propósito no sea el de establecer el récord de la palabra más larga, entonces hemos de retroceder hasta 1964. En Chemical Abstracts, un diccionario de referencia para los químicos, aparece un término que describe una importante proteína perteneciente a lo que los historiadores acostumbran a considerar el primer virus jamás descubierto, el virus del mosaico del tabaco, descrito en 1982. La palabra es la siguiente (coged aire porque tiene 1.185 letras):
Acetylseryltyrosylserylisoleucylthreonylserylprolylserylglutaminyl-
phenylalanylvalylphenylalanylleucylserylserylvalyltryptophylalanyl-
aspartylprolylisoleucylglutamylleucylleucylasparaginylvalylcysteinyl-
threonylserylserylleucylglycylasparaginylglutaminylphenylalanyl-
glutaminylthreonylglutaminylglutaminylalanylarginylthreonylthreonyl-
glutaminylvalylglutaminylglutaminylphenylalanylserylglutaminylvalyl-
tryptophyllysylprolylphenylalanylprolylglutaminylserylthreonylvalyl-
arginylphenylalanylprolylglycylaspartylvalyltyrosyllysylvalyltyrosyl-
arginyltyrosylasparaginylalanylvalylleucylaspartylprolylleucylisoleucyl-
threonylalanylleucylleucylglycylthreonylphenylalanylaspartylthreonyl-
arginylasparaginylarginylisoleucylisoleucylglutamylvalylglutamyl-
asparaginylglutaminylglutaminylserylprolylthreonylthreonylalanylglutamyl-
threonylleucylaspartylalanylthreonylarginylarginylvalylaspartylaspartyl-
alanylthreonylvalylalanylisoleucylarginylserylalanylasparaginylisoleucyl-
asparaginylleucylvalylasparaginylglutamylleucylvalylarginylglycyl-
threonylglycylleucyltyrosylasparaginylglutaminylasparaginylthreonyl-
phenylalanylglutamylserylmethionylserylglycylleucylvalyltryptophyl-
threonylserylalanylprolylalanylserine.
Afortunadamente, en la actualidad ya no se sigue esta regla para escribir proteínas. Digo afortunadamente porque esta palabra no es nada larga si la comparamos con una gigantesca proteína cuyo nombre, si se escribiera completo, necesitaría 189.819 letras. Hoy nos podemos ahorrar esa monstruosidad de palabra diciendo sencillamente titina.
Sin embargo, estas palabras larguísimas no dejan de ser curiosidades que nadie emplea, algo así como los infinitos decimales del número Pi. Si nos plegamos, no obstante, a la palabra inglesa no técnica más larga que aparece en el Oxford English Dictionary, entonces deberemos decir: “pneumonoultramicroscopicsilicovolcanoconiosis”, una enfermedad que tiene “silicio” en el centro. Los aficionados a las palabras se refieren sencillamente a esta palabra como p45.
La palabra fue inventada por una persona para resultar vencedor en un concurso de rompecabezas en 1935, y mucha gente la califica con despecho como una palabra alargada artificialmente. El Oxford English Dictionary la considera, de hecho, una palabra “fabricada”.
Otras palabras largas son, por ejemplo,Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch, el nombre de una estación de un pueblo en Gales.
Brfxxccxxmnpcccclllmmnprxvclnnckssqlbb11116 es el nombre que, en 1996, una pareja sueca le quiso poner a su hijo nacido en 1991. Les multaron con más de €500 por no registrar el nombre del chico antes de los cinco años.
El nombre ceremonial completo de Bangkok es Krungthepmahanakhon Amonrattanakosin Mahintharayutthaya Mahadilokphop Noppharatratchathaniburirom Udomratchaniwetmahasathan Amonphimanawatansathit Sakkathattiyawitsanukamprasit, que significa ‘Ciudad de ángeles, la gran ciudad, la ciudad de joya eterna, la ciudad impenetrable del dios Indra, la magnífica capital del mundo dotada con nueve gemas preciosas, la ciudad feliz, que abunda en un colosal Palacio Real que se asemeja al domicilio divino donde reinan los dioses reencarnados, una ciudad brindada por Indra y construida por Vishnukam’. El Libro Guiness no la reconoce como la ciudad con el nombre más largo del mundo ya que es un topónimo en desuso. El récord lo ostentaTaumatawhakatangihangakoauotamateturipukakapikimaungahoro-Nukupokaiwhenua kitanatahu, colina de Nueva Zelanda, con 85 letras.
Ellopadotemakhoselakhogaleokranioleipsanodrimypotrimmatosilphiokarabomelitokatakekhymenokikhlepikossyphophattoperisteralektryonoptekephalliokinklopeleiolagōiosiraiobaphētraganopterygones un plato culinario ficticio mencionado en la comedia Las asambleístas de Aristófanes.
Donaudampfschiffahrtselektrizitätenhauptbetriebswerkbauunterbeamtengesellschaft
significa “Sociedad de funcionarios subalternos de la construcción de la central eléctrica principal de la compañía de barcos de vapor del Danubio”. Aunque no existe prueba documental sobre la existencia de dicha sociedad, la palabra figura en el récord Guiness 1996 como la palabra alemana más larga, con 79 caracteres

sábado, 11 de febrero de 2012

A MON PÉGASE L’AUTOMOBILE de Filippo Tommaso Marinetti


Al hilo del recorrido por las Vanguardias y el Futurismo, y como introducción a un análisis de los manifiestos futuristas, dejo aquí una poesía de Filippo Tommaso Marinetti que da fe del amor de estos autores por la velocidad y por la modernidad en general.

La canción del automóvil es una oda al acero, al estruendo, al fuego, al motor. Hemos de situarnos en el contexto en que se escribió, a principios del siglo XX, cuando los coches no eran tan habituales y constituían un emblema de la técnica más moderna.

Los versos de La canción del automóvil parecen arrastrarnos con la fuerza y la violencia de que hacían gala estos primeros vanguardistas, a golpe de onomatopeyas, de exclamaciones, apelaciones, encabalgamientos e interjeciones que se suceden para constituir una adoración por el moderno medio de transporte. Y sin frenos.

A MON PÉGASE L’AUTOMOBILE

¡Dios vehemente de una raza de acero,
automóvil ebrio de espacio, 
que piafas de angustia, con el freno en los dientes estridentes! 
¡Oh formidable monstruo japonés de ojos de fragua,

nutrido de llamas y aceites minerales, 
hambriento de horizontes y presas siderales 
tu corazón se expande en su taf-taf diabólico 
y tus recios pneumáticos se hinchen para las danzas 
que bailen por las blancas carreteras del mundo! 
Suelto, por fin, tus bridas metálicas.., ¡Te lanzas 
con embriaguez el Infinito liberador! 
Al estrépito del aullar de tu voz… 
he aquí que el Sol poniente va Imitando 
tu andar veloz, acelerando su palpitación 
sanguinolento a ras del horizonte… 
¡Míralo galopar al fondo de los bosques!... 
¡Qué importa, hermoso Demonio! 
A tu merced me encuentro… ¡Tómame 
sobre la tierra ensordecido a pesar de todos sus ecos, 
bajo el cielo que ciega a pesar de sus astros de oro, 
camino exasperando mi fiebre y mi deseo, 
con el puñal del frío en pleno rostro!
De vez en vez alzo mi cuerpo 
para sentir en mi cuello, que tiembla 
la presión de los brazos helados 
y aterciopelados del viento. 
¡Son tus brazos encantadores y lejanos que me atraen! 
Este viento es tu aliento devorante, 
¡insondable Infinito que me absorbes con gozo… 
¡Ah! los negros molinos desmanganillados 
parece de pronto 
que, sobre sus aspas de tela emballenada 
emprenden una loca carrera 
como sobre unas piernas desmesurados… 
He aquí que las Montañas se aprestan a lanzar 
sobre mi fuga capas de frescor soñoliento… 
¡Allá! ¡Allá! ¡mirad! ¡en ese recodo siniestro!... 
¡Oh Montañas, Rebaño monstruoso, Mammuths 
que trotáis pesadamente, arqueando los lomos Inmensos, 
ya desfilasteis… ya estáis ahogadas 
en la madeja de las brumas!... 
Y vagamente escucho 
el estruendo rechinante producido en las carreteras 
por vuestras Piernas colosales de las botas de siete leguas… 
¡Montañas de las frescas capas de cielo!... 
¡Bellos ríos que respiráis al claro de luna!... 
¡Llanuras tenebrosas Yo os paso el gran galope 
de este monstruo enloquecido… Estrellas, Estrellas mías, 
¿oís sus pasos, el estrépito de sus ladridos 
y el estertor sin fin de sus pulmones de cobre? 
¡Acepto con Vosotras la opuesta,... Estrellas mías … 
¡Más pronto!... ¡Todavía más pronto 
¡Sin una tregua¡ ¡Sin ningún reposo 
¡Soltad los frenos!... ¡Qué! ¿no podéis?... 
¡Rompedlos!... ¡Pronto! 
¡Que el pulso del motor centuplique su impulso! 
iHurral ¡no más contacto con nuestra tierra inmunda !
¡Por fin me aparto de ella y vuelo serenamente 
por la escintilante plenitud 
de los Astros que tiemblan en su gran lecho azul!

En Papel en Blanco | El nacimiento de la Vanguardia: el Futurismo

domingo, 15 de enero de 2012

La isla del tesoro, el clásico vuelve ilustrado por Ralph Steadman




Por Sarah Manzano en Papel en Blanco

Aunque estamos estrenando año, hay cosas que no cambian. Como, por ejemplo, mi gusto por los clásicos y por los libros ilustrados. El libro que os traigo hoy no es una novedad de este mes, en realidad salió a la venta el pasado noviembre, pero confieso que se me había pasado por alto. Os traigo hoy una versión muy particular de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, ilustrada en esta ocasión por Ralph Steadman. Lo publica Libros del Zorro Rojo, otra editorial que va a arruinarme, y su precio es de 29,90 euros.

Publicada por capítulos en una revista juvenil entre 1881 y 1882, La isla del tesoro se erige como un clásico entre los clásicos. Tesoros escondidos, piratas codiciosos, islas misteriosas enfrentan a un muchacho del paso de la adolescencia a la edad adulta. Una historia que tiene mucha culpa de que nos imaginemos a los piratas tal y como lo hacemos hoy en día. Y, aunque siempre se ha considerado una historia de aventuras juvenil, ‘La isla del tesoro’ es en realidad una historia violenta, tal y como refleja Steadman en sus dibujos y con estas palabras:

No hay dechados de virtudes en esta novela. No hay lugar para la respetabilidad en un chirriante barco de madera tripulado por aventureros decididos a enriquecerse de golpe con un tesoro bañado en sangre, lo que los sitúa al mismo nivel que la chusma infame que lo guardó en una isla dejada de la mano de Dios. De hecho, los piratas que lo escondieron nos parecen más dignos de respeto que el que esta pandilla pudiera suscitar en una docena de relatos.


Las ilustraciones de Steadman son violentas. Hay sangre y hay borrachos, y en medio de todo ello, el joven Jim Hawkins intenta escapar a su destino. Una edición especial para aquellos que quieran revivir las aventuras de Long John Silver y al propio Hawkins de una manera diferente. Por mi parte, sabéis que soy fan total y absoluta de Stevenson, y hace muchos (muchos) años que leí La isla del tesoro. Quizás sea hora de volver…
isla tesoro 1

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