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viernes, 17 de febrero de 2012

El Club de los Poetas Muertos



"El Club de los Poetas Muertos" (Dead Poets Society, 1989) es una película que me gusta poner en las tutorías de 4º de la ESO. Creo que es la edad propicia para entender la película y plantearse alguno de los temas universales que han inquietado al individuo, cuya reflexión nos ha llevado a crecer humanamente.
Desde le punto de vista puramente cinematográfico, la película no es redonda, en absoluto; incluso su guión oscarizado tiene deslices inquietantes. No es el momento de juzgar con severidad estas faltas. ¡Extraigamos a la vida -la película- todo el meollo!
Empieza en la Academia Welton un nuevo curso académico y ,con él, se incorpora al claustro de profesores el señor Keating, antiguo alumno del centro, profesor de literatura, que ama la poesía y su profesión.
El espectador enseguida  percibe cómo es el ideario del colegio, asentado sobre cuatro pilares: "Tradición, honor, disciplina y grandeza". Estos valores se van a ver pronto amenazados por el nuevo profesor, que va a cambiar la vida de un pequeño grupo de estudiantes ("La nueva promoción del Club de los Poetas Muertos), desde el momento en que, como un susurro, sus oídos escuchan la máxima horaciana de Carpe Diem. Este mensaje irá calando en los muchachos que van a comprender de inmediato el sentido de "aprovechar el día", rompiendo con las normas establecidas por el colegio y las familias, y cuestionando la autoridad y el conservadurismo. Keating les enseña a pensar por sí mismos, a plantearse la vida, a ser libres y distintos, a conocerse para interpretar el mundo. El "experimento" (algunos aspectos recuerdan al teatro experimental de Buero Vallejo) da algunos resultados positivos: unos, vencen la timidez; otros, llegan a conocer el amor; algunos, descubren el mundo de la escena; unos pocos, cuestionan el poder... Pero, finalmente, el peso de la tradición es tan grande que la utopía se derrumba; aunque... ¡Oh Capitán, mi Capitán...!... podemos seguir mirando la vida desde distintas perspectivas o... una mirada única.


Emilio Monte Hernanz





Algunos textos de la película


Poema que John Keating hace leer a uno de los alumnos para iniciarles a la poesía

«Para que las vírgenes aprovechen el tiempo»
Coged las rosas mientras podáis
Veloz el tiempo vuela
La misma flor que hoy admiráis
mañana estará muerta
... ... ...

«Carpe diem»

«Carpe diem» es una frase latina que literalmente significa cosecha el día, también significa disfruta el día, fue acuñada por el poeta romano Horacio (Odas, 11.8):
En la película:
«...el día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente casa instante, lo que no significa alocadamente, sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro, examinándote de la asignatura fundamental: el Amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida».

... ... ...

Fragmento de un poema de Walt Whitman citado por Keating en clase

¡Oh mi yo!
¡Oh vida de sus preguntas que vuelven
del desfile interminable de los desleales,
de las ciudades llenas de necios!
¿Que de bueno hay en estas cosas,
oh mi yo, mi vida?

... ... ...

Poema de Alfred Lord Tennyson recogido en el Diario de reuniones

Venid amigos
No es tarde
para buscar un mundo muevo,
pues sueño con navegar
más allá del crepúsculo
y, aunque ya no tengamos
la fuerza que antaño
movió cielos y tierra,
somos lo que somos:
un mismo temple
de corazones eróticos
debilitados por el tiempo, pero
voluntariosos para luchar,
buscar y encontrar
y no rendirse.

... ... ...

Del Diario de las reuniones del «Club de los poetas muertos»

Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia
Quería vivir a fondo
y extraer todo el meollo a la vida
Dejar de lado todo
lo que no fuera la vida
para no descubrir,
en el momento de la muerte,
que no había vivido.

... ... ...

Poema improvisado por uno de los alumnos en clase

Un loco de dientes sudorosos
Cierro los ojos
y su imagen flota junto a mí
Un loco de dientes sudorosos
con una mirada que martillea mi cerebro
Sus manos se extienden y me alcanzan
y refunfuña todo el tiempo
El dice la verdad
La verdad es como una manta
que siempre te deja los pies fríos.
La estiras, la extiendes
y nunca es suficiente
La sacudes, le das patadas,
pero no llega a cubrirnos
Y desde que llegamos, llorando,
hasta que nos vamos, muriendo,
sólo nos cubre la cara
mientras gemimos, lloramos y gritamos.




Extractos de la película




Otros enlaces:

martes, 4 de octubre de 2011

La Lectura en Refuerzo de Lengua


Este artículo lo escribí allá por el año 2006. Fue publicado en la Revista del CAP de San Martín de Valdeiglesias (no recuerdo ni el nombre de la misma). Fue una experiencia muy bonita en mi querido IES Cervantes de Madrid, y eso sí que lo recuerdo.

            Todo un reto se plantea al docente cuando tiene que asumir en su horario, después de la rueda, dos horas semanales de Refuerzo de Lengua (así se viene llamando esta clase de apoyo desde los dos últimos años) en 1º de la E.S.O. Sabes que te vas a encontrar un alumnado desfavorecido por razones culturales, étnicas y, sobre todo, idiomáticas, con una competencia lingüística menor a la del resto de sus compañeros.

            El profesor/educador acumula todos los años (si se renueva, ya es un éxito) nuevos materiales a priori que pueden resultar atractivos para sus pupilos: fichas por aquí que te deja un compañero nuevo y que le han funcionado años ha, ejercicios por acá sacados de un libro de ortografía que tenía fulanito en no sé qué desván… Salvo honrosas excepciones, mucho de este material o bien es archivado por el profesor de turno para otra ocasión más propicia, o bien, al cabo de unas horas, forma parte del mobiliario del aula después de haber sido lanzado, impunemente, en forma de avioncito.

            Yo, fiel al principio anterior, como cada año, recopilo material que, en todo caso, procuro leer y preparar antes de soltarlo a las futuras lanzaderas aéreas. Este material, por cierto, me tomaré la molestia de pedírselo periódicamente a mis cachorros antes de que el papel frecuente, antes de tiempo, la papelera del aula, como mal menor.

            Entre todo el material, el docente de Lengua se hace acompañar de una serie de libros de lectura o textos que han ido cayendo en sus manos a lo largo de los años y que, más o menos funcionan. He de decir que sin lecturas sería incapaz de enseñar o mostrar secretos de esta nuestra maravillosa lengua a esta nuestra comunidad de hispanohablantes como diría un vecino cualquiera.

            Se ha hablado y hablado de lo vital que es la lectura en todas las etapas educativas (añado también la educación permanente y la educación de adultos –siempre se es joven para aprender y para leer, por supuesto), pero esta verdad de pero grullo, tantas veces repetida, tan manida, puede resultar un argumento agotado y perder efectividad si no se lleva a la práctica con respeto y un mínimo de profesionalidad y amor a la letra impresa.

            Con todo, como tantas veces en mi vida, un libro obró un maravilloso milagro y me hizo recordar lo productivo que puede ser escudriñar una librería, buscar sin saber el qué y encontrar, finalmente una pequeña joya, un oasis en el desierto. Este maravilloso compendio de relatos se los debemos a Begoña Ibarrola, el libro se titula Cuentos para sentir (que yo sepa hay dos volúmenes) y está publicado en SM.

            Lo realmente original del libro no se da en la calidad de los textos (hay de todo) si no en que todos los textos, debidamente seleccionados por la autora, giran en torno a una serie de valores  universales que, desgraciadamente, se van perdiendo en todos los entramados sociales (el amor, la tristeza, el miedo, la ansiedad…). Cada relato se cierra con unas interesantísimas reflexiones, con el fin de afianzar en el alumno las ideas y matices relevantes del texto.

            Experimenté con este libro desde el día siguiente a tenerlo en mis manos; me dije: léeles uno de estos cuentos y a ver qué sucede. Mi propósito se alejó por completo de programas oficiales y no pretendí, en ningún caso, sacar en los chicos ninguna enseñanza próxima al estudio de la gramática, léxico u ortografía. Sólo quise ver lo dura que andaba la piel de los alumnos y si unas palabras traspasaba ésta y llegaban al corazón. Se hizo el silencio y, a un silencio, continuó otro en forma también de cuento.

Esta práctica no me ha abandonado debido, en gran parte, a la demanda de los chavales de “otro cuento más”. Al menos, sí puedo decir de ellos que son selectivos. Leyendo yo en voz alta, comprobaba que eran muchos los ojos que me observaban y apenas los que permanecían cerrados o húmedos de aburrimiento. La primera hora de la mañana de los miércoles más bien parecía una lectura colectiva para recién despertados, asociada a otra lectura, generalmente individual, que unos años antes les habían leído sus mamás o papás antes de irse a la cama. ¡Cuántos podríamos añorar lo mismo!

He de confesar que este grupo de Refuerzo no estaba especialmente dotado para la reflexión y el debate y nunca sabré hasta qué punto llegaron a entender lo que les leía en las clases, pero, finalmente, durante dos horas a la semana fui escuchado y los chicos recuperaron los cuentos de almohada.

Emilio Monte Hernanz

lunes, 27 de junio de 2011

No puedo dormir



Noche tórrida de verano, de un día cualquiera, que bien pudiera ser este, el 26 de junio de 2011

Tras bajar tres veces, de su habitación a la planta de abajo, mi chaval me vuelve a comentar, con una indignación a medias, que no se puede dormir. De nuevo, también con una resignación a medias, le aconsejo que se acomode en su pequeño sofá, enfrente de la televisión, junto con sus juguetes, para que los últimos ecos del telediario consigan, definitivamente, llevarle a los brazos de Morfeo.

Pasan los minutos, no muchos, y en el momento clímax del noticiario (un reportaje inesperado sobre Seix Barral), como de costumbre, surge la llamada de atención del primogénito, pidiendo, una vez más, ser llevado a su lecho infantil.

         El calor es infernal, la temperatura de la calle debe de rondar los 35º C, la casa es un horno y decidimos sustituir, en este momento, el clásico ventilador que cuelga en el techo por la alta tecnología inverter, menos ruidosa y que nos brinda la temperatura de 25º C en un pis pas.

Nuevo diálogo entre padre e hijo. Me voy a permitir ahora romper la confidencialidad que suelen tener este tipo de conversaciones. Seleccionamos los compañeros de viaje de la noche (es la cuarta vez que acometemos esta tarea), los que van a estar con él en la cama y  aquellos que quedan fuera de la convocatoria y verán el encuentro desde la grada. Van a la cama: Woody, el vaquero- grande-(Toy Story); Woody, el vaquero –pequeño- (Toy Story); Jessi, la vaquera (Toy Story), y el Gatito (este no pertenece a ninguna serie o película, no es popular en índice de audiencia). Este proceso selectivo se ve acompañando por preguntas entre curiosas, inteligentes y absurdas a las que yo no puedo dar respuesta más allá de los monosílabos que me salen.
En un momento determinado, -el cuerpo del niño en posición yacente- me comenta que “el cerebro es malo”; a lo que le pregunté que “por qué”, y su respuesta no dejó de ser contundente: “porque no me deja dormir”. Necesito unos segundos para reaccionar y, con los ecos de su pensamiento en el aire, le digo que me voy a quedar sentado, junto a su cama, hasta que consiga dormirse. Acepta, y sabe que aceptando también se acaba el turno de preguntas y respuestas, porque el fin último del pacto es alcanzar el sueño.

Comienza en estos momentos una lucha contra el crono. Mi hijo, que hace movimientos con las manos en el aire, fingiendo una más de sus historias fantásticas, apunta a alcanzar el ansiado premio del descanso. Por el contrario, yo, el padre de la criatura, más castigado por los años y por el cansancio estival, encontrará en esos minutos que dure la tregua el momento para ordenar una serie de pensamientos que han ido surgiendo durante todo el día, lo difícil será hacerlo sin cerebro (el mío, si sigue funcionando, me deja dormir perfectamente).

Perdemos la noción del tiempo y, en ese momento, uno de los dos se constituye en juez de la velada, aunque es el perdedor realmente. Este ha vencido al inexorable paso del tiempo de una noche de chicharras, grillos y sudor. En ese remanso de paz que supone una habitación infantil, sin mácula, con 25º C, notó en el hombro una sacudida y alguien que me susurra, con una sonrisa picarona en la boca, “papi, te has dormido”.

por Emilio Monte

lunes, 27 de septiembre de 2010

Comentario crítico de La Colmena (en Arial 12 ocupa una cara de folio)

En 1946, Cela había presentado una primera versión de esta novela, más corta, a la censura. Ésta la rechazó diciendo: “La obra es francamente inmoral y a veces resulta pornográfica y en ocasiones irreverente”. Pero Cela siguió trabajando en la obra. Por fin, ante nuevas prohibiciones, La Colmena vio la luz en Buenos Aires en 1951. Pese a que aún pasarían unos años hasta su publicación en España, la novela circuló pronto entre nosotros y los críticos más serios señalaron su importancia: Hoy queda como la obra clave en la novelística española contemporánea; la novela precursora de la corriente llamada de realismo social, con una despiadada visión de la sociedad madrileña de posguerra.

Los rasgos comunes que comparte la obra con otros autores del llamado realismo social (Luis Romero –La Noria, también del 51-, Aldecoa, Fernández Santos, Sánchez Ferlosio … hasta llegar a Luis Martín Santos con Tiempo de silencio de 1962) son: la solidaridad con los humildes y los oprimidos, la disconformidad ante la sociedad española, el anhelo de cambio … Cela optó por un enfoque objetivista, dando un testimonio escueto de la realidad española, sin intervención del autor.

En cuanto a la temática, difiere de su anterior gran éxito, La Familia de Pascual Duarte (1942), ya que se da un desplazamiento de lo individual a lo colectivo. La sociedad deja de ser un mero marco para convertirse en el tema mismo de La Colmena, nos deja un poso amargo a los lectores a medida que se avanza por ese Madrid fragmentado y lleno de miserias; esa concepción negativa del mundo nos recuerda inevitablemente el pesimismo existencial de Baroja, tan admirado por Cela, que se convierte en un espectador frío, burlón y desolado de la vida, a la que se opone ora un desenfadado vitalismo, ora una agria repulsa con ribete de moralista. En su obra dominan el tono cruel y amargo.

No es una novela de corte tradicional: no hay argumento propiamente dicho, pues se disuelve en peripecias de los numerosos personajes; y éstos constituyen, tanto el ambiente como la esencia de la estructura de la obra.

En relación a estos últimos, los personajes que más me gustan, que definen muy bien el momento que está viviendo en país, son, por un lado, Martín Marco, un escritor pobre que va dando tumbos por la vida, y, por otro lado, doña Rosa, antítesis del anterior, despreciable dueña del café, donde coinciden muchos de los personajes.

La novela se compone de seis capítulos y un final ( o prólogo). Cada uno de estos capítulos está integrado por una serie de secuencias, de extensión variable, centradas en un personaje (o en varios relacionados). A menudo, se trata de una composición simultánea: varias secuencias transcurren en un mismo momento. Y la suma de secuencias es como el conjunto de las “celdillas” de la “colmena”. Y este, en mi opinión, es otro de los grandes aciertos del escritor.

Me ha llamado mucho la atención la estructura abierta de la novela: no hay argumento sólido, ni desenlace. Se convierte en un montón de páginas por las que discurre, desordenadamente, la vida de una desordenada ciudad (Cela dixit). Todo queda inconcluso. Y así, la incertidumbre es elemento decisivo tanto de la estructura como de las vidas de los personajes.

Emilio Monte Hernanz & Libro de Anaya de COU

sábado, 6 de marzo de 2010

Presentación del blog (Feliz aquél)

Soy Emilio Monte, profesor de Lengua castellana y Literatura en el IES Matemático Puig Adam de Getafe (Madrid). "Feliz aquél" es un blog destinado a que los alumnos a los que imparto clase puedan acceder a materiales, ecperiencias y enriquezcan también esta pequeña criatura que nace ahora.

Emilio

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