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miércoles, 24 de abril de 2013

Poesía contra los desahucios de la razón por Javier Rodríguez Marcos


El poeta, narrador, memorialista y ensayista ha dado su discurso durante la entrega del Premio Cervantes

"Hay que defender con la palabra contra quienes pretenden quitárnosla. Esgrimirla contra los desahucios de la razón"

"Una sociedad decepcionada, perpleja y herida por una renuente crisis de valores, tiende a convertirse en una sociedad renovada por su esfuerzo regenerador. Quiero creer que el arte también dispone de ese poder terapéutico"

"Decía Octavio Paz que con el Quijote empieza la crítica de los absolutos, comienza la libertad"

VÍDEO: EL PAÍS-LIVE / FOTO: ULY MARTÍN

La literatura es una realidad paralela; las ceremonias que la rodean, también. Así, en la entrega de un premio los poderosos celebran a los críticos con el poder, es decir, un ministro puede elogiar a un desobediente y un príncipe, a un infractor. Esta mañana, las protestas de los afectados por los recortes en los colegios públicos Zulema y El Carrusel de Alcalá de Henares no traspasaron los muros renacentistas del Colegio Mayor de San Ildefonso y los pitidos que ahogaban los aplausos en la plaza de San Diego al paso de las autoridades —los príncipes Felipe y Letizia; el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert; el obispo Juan Antonio Reig Plà— contrastaban con la cordialidad y el silencio —teléfonos móviles aparte— que presidió en el paraninfo de la universidad la entrega del premio Cervantes a José Manuel Caballero Bonald.
Si el silencio lo puso la solemnidad del acto —con himnos, latines y maceros—, la cordialidad corrió a cargo de los muchos escritores que acompañaron en su gran día al poeta y narrador jerezano, de 86 años, un autor que cuenta con la admiración de sus colegas de generación y con la de los más jóvenes. “Un lúcido que no da lecciones”, como tal lo describió en su discurso el Príncipe después de destacar las raíces andaluzas de su obra y sus alas latinoamericanas y antes de recordar que el galardón iba a “estropear sus planes” de evitar la “insufrible y engorrosa” inmortalidad.
Bajo la mirada vigilante de tres de sus nietos —uno de ellos, Agar, de 14 años, cámara en mano—, Caballero Bonald subió al púlpito, cambió de gafas y habló durante media hora con esa voz que parece nacida donde se cruzan los caminos entre Jerez de la Frontera y del Siglo Oro.
Miembro de una generación literaria, la de los 50, que nunca distinguió entre literatura y amistad, lo primero que hizo el autor de Somos el tiempo que nos queda fue recordar a los amigos que le precedieron en el palmarés del Cervantes —Ana María Matute y Antonio Gamoneda le escuchaban entre el público— y a los que la muerte impidió entrar en él: Valente, Barral, Ángel González, Claudio Rodríguez, Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo. Como dicen los manuales, niños de la guerra; como dijo uno de ellos, “partidarios de la felicidad”, escritores cuajados contra la dictadura franquista. No es extraño que todo el discurso de Caballero Bonald fuera un canto a la libertad que nace de los actos de leer y escribir. “Todos aquellos que se han valido de la opresión para programar el mantenimiento de sus poderes han coartado la libre circulación de las ideas”, dijo. “Los enemigos históricos de la libertad han recurrido desde siempre a una suprema barbarie: la hoguera. O quemaba herejes o quemaba libros”. Y añadió: “Bien sabemos que destruir, prohibir ciertas lecturas ha supuesto siempre prohibir, destruir ciertas libertades”.
Llegó entonces el momento del Quijote, un libro que fue para él no “una lección” sino “una conmoción”. Siguiendo la regla no escrita de referirse en el discurso de recepción del premio más importante de las letras en español al autor que le da nombre, Caballero Bonald reivindicó al Cervantes menos trillado —el poeta—, algo que ha hecho por extenso en el ensayo que abre su libro más reciente, Oficio de lector (Seix Barral). “Quien escribió el Quijote no podía ser sino un gran poeta”, afirmó en Alcalá citando a Luis Cernuda. En esa novela que tantas veces ha resultado ser “una poderosa luminaria” que oscurece cualquier otro empeño se decantan, dijo el premiado, “los alimentos primordiales de la poesía, esa emoción verbal, esas palabras que van más allá de sus propios límites expresivos y abren o entornan los pasadizos que conducen a la iluminación, a esas ‘profundas cavernas del sentido’ a que se refería San Juan de la Cruz”.
Tras recordar las “vaguedades, zozobras y cautiverios”, las “decepciones, fracasos y desdenes” que llevaron a Cervantes a publicar la parte fundamental de su obra cuando rondaba los 60 años y apenas le quedaban 10 de vida, el autor de Ágata ojo de gato subrayó que más que un “vencido por la vida”, el creador de Alonso Quijano fue el “vencedor literario de todas las batallas por la libertad”.
Libertad fue una de las palabras más usadas ayer por Caballero Bonald. La otra fue la palabra poesía, “ese engranaje de vida y pensamiento que tanto amó Cervantes y que tan exiguas recompensas le proporcionó”. Corrección de las erratas de la historia, defensa contra sus “averías”, consuelo para sus trastornos y desánimos... todo eso es la poesía para un escritor que ayer reivindicó la utopía —esa “esperanza consecutivamente aplazada”— y “los nobles aparejos de la inteligencia” para que el pensamiento crítico “prevalezca sobre todo lo que quiere neutralizarlo” en una sociedad “decepcionada, perpleja, zaherida”.
“Siempre hay que defenderse con la palabra de quienes pretenden quitárnosla”, dijo el autor de Manual de infractores cuando su discurso se encaminaba hacia el final. “Siempre hay que esgrimir esa palabra contra los desahucios de la razón”. Puede que algún día esa fórmula —desahucios de la razón— se lea como una simple metáfora, el 23 de abril de 2013, no. Y menos en la voz de alguien que suele repetir que busca que el poema ocupe más espacio que el texto propiamente dicho, que las palabras signifiquen dentro de la poesía más de lo que significan dentro del diccionario.
La literatura es una realidad paralela, es cierto, pero la otra, la cruda realidad, es tozuda, y a veces, aunque sea entre líneas, se cuela como la noche en un famoso poema de José Manuel Caballero Bonald, o sea, por las ventanas, por los ojos “de cerraduras y raíces”, por orificios y rendijas. Y por debajo de las puertas. También por aquellas cerradas al ruido de la calle.

sábado, 17 de noviembre de 2012

'Philip Roth, una despedida' por Antonio Muñoz Molina


Cómo no estar cansado a esa edad, después de tantos años de un trabajo tan asiduo, tan inmenso, tan incierto

 17 NOV 2012 - El País

El territorio central de muchas novelas de Philip Roth es su infancia y primera juventud en Newark (Nueva Jersey). / UNDERWOOD / CORBIS

Hay un momento en que un novelista que percibía muy bien el pulso de su tiempo y se nutría de él para inventar sus ficciones parece perder ese latido que hasta entonces se había confundido sin esfuerzo con el suyo propio. Entonces se refugia en evocaciones más o menos lujosas o nostálgicas de su pasado, o de otros pasados ajenos o más lejanos que lo seducen porque en ellos no parecen existir los agrios conflictos o las realidades fragmentadas y confusas del presente, y porque en esos mundos apartados quedan más verosímiles los estereotipos que ahora urde en vez de personajes una imaginación fatigada.
Les pasa también a los directores de cine, y el efecto es todavía más evidente, porque el cine tiene más capacidad de inmediatez que la literatura. Aunque sigan viviendo en la misma ciudad que retrataban en otros tiempos y que convertían sin aparente esfuerzo en espacio de fábulas contemporáneas, prefieren encerrarse en los hangares de los estudios para reconstruir en ellos con meticulosidad enfermiza escenarios del pasado en los que la intención de autenticidad se confunde con el amontonamiento barroco. Extenuada o perdida la inspiración, queda el amaneramiento y el exhibicionismo de la técnica. Ajeno al mundo que probablemente ya le fatigaba o estaba dejando de entender Fellini se perdía en los laberintos fastuosos y cada vez más opresivos que se hacía construir en Cinecittà: daba igual que fingieran la Roma imperial, la Venecia de Casanova, un transatlántico de lujo de la época del Titanic. Una deriva semejante ha seguido Martin Scorsese, que se había educado admirando el nervio callejero de los directores italianos, y que nos ha dejado el retrato indeleble de la luz sucia de Nueva York en los años setenta, la cualidad lívida de las caras y las cosas bajo los neones excesivos de las cafeterías abiertas toda la noche y la negrura amenazadora y fronteriza que comenzaba entonces al otro lado de casi todas las esquinas, tan sólo un paso más allá de la claridad rojiza de las farolas. Ahora Scorsese hace recreaciones de época que tienen toda la pompa de los decorados de ópera de Franco Zeffirelli.Pero también Rossellini, que había prácticamente inventado la mirada contemporánea en el cine, que había rodado casi sin medios y convertido en ficciones los hechos acuciantes del final de la guerra casi al mismo tiempo y al mismo ritmo en el que sucedían, acabó dirigiendo solemnidades pedagógicas sobre el proceso de Sócrates o la corte de Luis XIV en Versalles.
(Un caso distinto era Visconti: para él la historia del siglo anterior formaba parte del ahora: en su imaginación narrativa y visual los dramas suntuosos del tiempo de la independencia de Italia explicaban el origen de todo lo que había venido después, como para Faulkner la vergüenza irreparable de la esclavitud había seguido infectando la vida en el Sur. En los dos casos el pasado no es un refugio contra las inclemencias del presente, sino la fosa abierta de una excavación en la que siguen encontrándose los despojos de un crimen).
Algunas veces, en los últimos años, leyendo con desilusión creciente algunas de las novelas que publicaba Philip Roth, he pensado en el maleficio de estos directores de cine. El Newark de su infancia y de su primera juventud había sido el territorio central de una serie de novelas en las que se examinaba, con una especie de furiosa lucidez, con una capacidad asombrosamente terrenal de rememoración e invención, las vidas de dos generaciones de judíos americanos, no ya los emigrantes llegados de Europa sino los hijos y los nietos: la generación que había empezado a americanizarse en las escuelas públicas pero todavía hablaba yídish y raramente llegaba a la universidad y sobre todo la siguiente, la del propio Roth; esa fue la primera que no sufrió las barreras invisibles o explícitas del antisemitismo, la que fue a universidades sin cuotas limitadas para judíos y además se hizo adulta en la atmósfera de emancipación y ruptura de los años sesenta, la que ya no habló yídish y se marchó muy lejos de los barrios de emigrantes a los que habían llegado sus abuelos y en los que nacieron sus padres.
El mejor Roth es el cronista de ese mundo, de las personas modeladas por ese tránsito de los tiempos y de las generaciones: los que soñaban con irse, los que se asfixiaban, los que se quedaban atrás, los que se sometían, los que se rebelaban, los que salían adelante y los que caían aplastados, los que sucumbían a la ruina o a la deshonra, los aniquilados por la pura mala suerte.
Quizás fue en La conjura contra América —la grandilocuencia del título lo hacía a uno desconfiar— donde se produjo una mutación. Por primera vez la nostalgia endulzaba lo que hasta entonces había contado sin rastro de sentimentalismo una imaginación fielmente alimentada por la claridad de la memoria. Philip Roth se tomaba el trabajo de inventar una historia alternativa en la que un presidente nazi marginaba y despojaba de sus derechos civiles a los judíos de Estados Unidos sin mencionar ni por un momento que en el país real de esa misma época muchos millones de personas eran marginados y perseguidos por ser negros, y desde luego carecían de derechos civiles. La familia, la comunidad judía, ya no eran el cogollo asfixiante del que hacía falta huir a toda prisa y fuera como fuera: ahora aparecían como los pilares de un orden protector y benéfico, de lazos firmes y valores seguros, amparado al final por los símbolos restablecidos de la legalidad americana. Los retratos de Philip Roth habían tenido a veces una crudeza y un estremecimiento como de Lucien Freud. Ahora parecían ilustraciones deNorman Rockwell.
Cuando narraba el presente, en una tras otra de sus novelas, se concentraba con un éxtasis monótono en la primacía de la enfermedad, de la ruina y la muerte. El paraíso estaba infaliblemente en el pasado. Empecé a leer Némesis y me aburrió pronto la reconstrucción demasiado evidente del Newark intacto, anterior al deterioro y a las imperfecciones de la realidad y del presente, invocado no por el flujo azaroso de la memoria sino por una pericia como de esos directores artísticos que saben ambientar tan bien las películas en los años cuarenta: la calle central del barrio con sus pequeños negocios y sus tiendas, con gente amable en las aceras, la cafetería con un jukebox en el que suena oportunamente I’ll Be Seeing You, momento que aprovecha el narrador para contarnos que era una canción muy popular en la época, etcétera.
Ahora Philip Roth dice que se retira, casi a los 79 años, que no escribirá más novelas, que ni siquiera hablará de ellas. Cómo no estar cansado a esa edad, después de tantos años de un trabajo tan asiduo, tan inmenso, tan incierto. Yo sólo quisiera que alguna vez, ya sin prisa, sin la urgencia de escribir una novela, la Gran Novela, la Gran Novela Americana, Philip Roth se deje llevar por un aire de inspiración, por la libertad y la desvergüenza y la liviandad casi póstumas de algunos grandes viejos, y nos vuelva a contar una historia verdadera y perfecta.

sábado, 7 de julio de 2012

"Rajoy y Wert hunden la educación" por Miguel Soler


"España va a mejorar la calidad de la educación incrementando el número de alumnos por aula, reduciendo el número de profesores y empeorando sus condiciones de trabajo"




El paso de Rajoy por el Ministerio de Educación fue coherente con su estilo, el mismo que está aplicando ahora como presidente del Gobierno. Ni estaba ni se le esperaba. Ahora ha decidido dejar huella y por eso ha nombrado a Wert ministro de Educación. Un ministro que, en los cuatro meses que lleva, está demostrando la importancia que le otorgan los dirigentes del PP a la educación. Desde que se incorporó a su cargo se han escrito miles de comentarios criticando su nefasta gestión, lo que parece ser que “le pone”.
Ese debe ser el motivo por el que desde que llegó ha estado descalificando al profesorado, a los estudiantes, a las madres y padres que se preocupan por la educación de sus hijos, a toda aquella persona que se ha atrevido a criticar el conjunto de despropósitos que han jalonado sus escasos, y a la vez eternos, días en el ministerio.
Se incorporó anunciando grandes cambios en la ESO y en el Bachillerato, la supresión de Educación para la Ciudadanía, una gran reforma de la Formación Profesional, la mejora de la excelencia en las Universidades, un cambio en la política de becas y, en definitiva, una gran reforma que permitiera que España mejorara todos sus parámetros educativos.
Pero más allá de sus declaraciones altisonantes, más propias de un tertuliano altivo e indocumentado que de un ministro de educación, vamos a comentar algunos de sus hechos. Empezó diciendo que la educación infantil no era educación sino conciliación de la vida laboral y familiar de las mujeres y para potenciar lo que su compañero Gallardón calificó de violencia estructural contra las mujeres, porque les faltaban las condiciones de apoyo necesarias para poder ser madres, ha suprimido los 100 millones de euros que aportaba el ministerio al Plan Educa3, que ha permitido la creación de miles de plazas de educación infantil de 0 a 3 años.
Ha suprimido los 100 millones de euros que aportaba el ministerio al plan que ha permitido crear miles de plazas de educación de 0 a 3 años
Continuó, afirmando que era imprescindible mejorar el conocimiento de idiomas extranjeros y, para conseguirlo, ha reducido las ayudas para estudiar idiomas en el exterior y ha incrementado el número de alumnos por aula a 36 en la ESO y a 42 en Bachillerato, que como todo el mundo sabe favorece la metodología comunicativa. Es decir, olviden todo lo que han oído hasta ahora, los grupos reducidos son un horror para aprender idiomas, se aprende más en los de 40. Anunció un bachillerato de tres años, que luego parece que va a quedar en cambiar el nombre del 4º de la ESO por 1º de Bachillerato o 1º de FP, con una innovación digna de mención: para obtener el título de graduado en ESO habrá que aprobar el 1º curso de la etapa siguiente.
Para seguir flexibilizando y mejorando las opciones del alumnado, anuncia que ya no será obligatorio que los centros oferten las dos modalidades básicas de bachillerato, ciencias y letras, bastará con una de ellas. Todos a ciencias, todos a letras o a viajar a costa de la familia ya que no es una etapa obligatoria.
Anuncia una gran reforma para potenciar la Formación Profesional, denunciando previamente que en todos estos años no se ha hecho nada, que consistirá en implantar el modelo de la FP dual de Alemania y de esa manera responder mejor a las demandas de las empresas. Todos los años se quedan un número importante de alumnos sin poder matricularse en FP porque no hay plazas suficientes y quieren implantar el modelo alemán de la FP dual, en el que las plazas son ofertadas por las empresas en lugar de por la administración educativa. Es decir, si la aplican se quedarán muchos más alumnos en la calle.
Pero además, para avanzar hacia esa gran reforma, su primera medida es renunciar a las olimpiadas mundiales de FP que se iban a hacer en Madrid en 2015, paralizar el decreto de ordenación de la FP, en el que se introducen las pasarelas entre los diferentes niveles del sistema educativo, en el que se flexibiliza el acceso, se potencia la relación con las empresas y la posibilidad de aprobar programas formativos en alternancia entre centros de formación y empresas. Se paraliza la implantación de los nuevos títulos de FP, ya que debe ser que los antiguos estaban más ajustados a las necesidades cada vez más cambiantes de los diferentes sectores productivos.
El mensaje es claro: los que tengan dinero para pagar los incrementos de matrícula en la Universidad podrán seguir siendo vagos
Y por si todo lo anunciado fuera poco, quiere cambiar la política de becas ya que hay mucho vago y maleante que recibe una beca sólo por ser pobre. El mensaje es claro: los que tengan dinero para pagar los incrementos de matrícula en la Universidad podrán seguir siendo vagos y maleantes, los que no tengan dinero que se lo curren y saquen más nota.
Para aderezar las diferentes medidas anunciadas, además de incrementar el número de alumnos por aula para que se socialicen mejor, se reduce el número de profesores en todos los niveles educativos y para que los profesores que van a continuar estén más motivados se les incrementa el número de horas lectivas, se les baja el sueldo y, siguiendo la pauta marcada por la pionera Esperanza Aguirre, se anima a la población a que les increpe porque no quieren trabajar igual que el resto de los ciudadanos.
Al conocer este conjunto de medidas, se generó un gran revuelo entre los distintos sectores de la comunidad educativa pero el ministro Wert nos tranquilizó a todos inmediatamente. “Yo les puedo asegurar que estas medidas no afectan ni sustancialmente, ni directamente, ni siquiera indirectamente a la calidad de la educación”. Algunos ese día nos quedamos muy tranquilos, ya que aprendimos que en España se va a mejorar la calidad de la educación volviendo a cambiar la educación infantil por las guarderías, incrementando el número de alumnos por aula, reduciendo el número de profesores y empeorando sus condiciones de trabajo, no aplicando las medidas que flexibilizan la formación profesional e incrementando los problemas de acceso y permanencia en la universidad a los alumnos sin medios económicos. Pero no se preocupen, porque gracias a este milagro, Wert entrará en el Libro Guinness de los récords y los españoles conseguiremos ahorrar mucho dinero que lo podremos gastar en otras cosas mucho más importantes que la educación.
Miguel Soler es vicesecretario de Educación, Formación y Empleo del PSPV-PSOE.

lunes, 28 de mayo de 2012

Las reformas ‘neocon’ de Wert: ‘educación de desastre’ por Enrique Javier Díez Gutiérrez



Se está produciendo una mutación en la concepción del derecho a la educación: si durante años fue una causa social, ahora la conciben como un imperativo económico, al servicio de la economía y de su competitividad.



Nos cuenta Noami Klein, en su libro La Doctrina del Shock, que Milton Friedman, gran gurú y líder intelectual del capitalismo de libre mercado, afirmaba que las inundaciones y la catástrofe provocadas por el huracán Katrina en 2005 eran una tragedia, pero también “una oportunidad para emprender una reforma radical del sistema educativo”: en lugar de reconstruir y mejorar el sistema de educación pública de Nueva Orleáns, entregar cheques escolares a las familias, para que estas pudieran dirigirse a escuelas privadas. La Administración de George W. Bush apoyó sus planes y en menos de 19 meses, en contraste con la parálisis con que se repararon los diques, las escuelas públicas de Nueva Orleans fueron sustituidas casi en su totalidad por una red de escuelas chárter, escuelas originalmente creadas y construidas por el Estado que pasaron a ser gestionadas por empresas privadas según sus propias reglas. De 123 escuelas públicas, sólo quedaron cuatro. Los maestros y las maestras de la ciudad fueron despedidos. Algunos de los profesores más jóvenes volvieron a trabajar para las escuelas chárter, con salarios reducidos. La mayoría no recuperaron sus empleos.


Estos ataques organizados contra los servicios públicos, aprovechando crisis provocadas para generar “tales oportunidades de negocio”, es lo que Klein denomina capitalismo del desastre. En España, el PP está aprovechando la “oportunidad” de la crisis para consolidar el saqueo de la educación pública, siguiendo las propuestas de Friedman de actuar con rapidez, para imponer los cambios rápida e irreversiblemente. Estimaba que una administración disfruta de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importantes generando un estado de shock en la población que facilite el “tratamiento de choque” del programa de ajuste. Aprovechar momentos de trauma colectivo para dar el pistoletazo de salida a reformas económicas y sociales de corte radical, pues se tiende a aceptar esos “tratamientos de choque” creyendo en la promesa de que salvarán de mayores desastres.

El ministro Wert ha iniciado así una educación de desastre que apunta de forma persistente a recortar la extensión del derecho a la educación pública para toda la ciudadanía. Apuesta, como dice el profesor Viñao, por la exclusión de una cierta parte de quienes han sido incluidos, en el último medio siglo, en el proceso de escolarización creciente de la población. Mediante estrategias que están siendo reforzadas: el endurecimiento de las exigencias para promocionar, fortaleciendo así el carácter selectivo, incluso en los niveles obligatorios; la consolidación de itinerarios o ramas paralelas a edades cada vez más tempranas; la segregación en forma de grupos de clase según capacidades; el establecimiento de diferenciaciones competitivas relevantes entre centros docentes de un mismo nivel, etapa o ciclo obligatorio ―centros de excelencia, bilingües, etc.

Estrategias que se ven acompañadas simultáneamente de la reformulación del principio de gratuidad, mediante la extensión de los conciertos o subvenciones a la enseñanza privada, la implantación de los cheques o bonos escolares, introduciendo sistemas de re-pago, aduciendo que es necesario asumir la “responsabilidad” del coste real de la educación.

Por otra parte, se busca también consolidar y aumentar la diferenciación de las dos redes de educación. El sector público centrado en atender a quienes sean rechazados por el sector privado o no hallen acomodo en el mismo, y dar servicio en aquellas zonas, como las rurales, que no son rentables para la iniciativa privada. Permanecerá así la Educación Pública como una red subsidiaria de la privada, de cuya financiación se desentienden progresivamente el Estado y las Comunidades Autónomas, con progresivos recortes: reduciendo el número de profesorado e incrementando el número de alumnado por profesor, las horas lectivas del profesorado; la desaparición o reducción de programas de refuerzo o apoyo, desdobles y atención a la diversidad, tutorías, módulos de formación profesional, servicios de orientación o biblioteca, ayudas para adquisición de libros de texto, comedores y actividades extraescolares, etc. Recortes acompañados, ante la oposición de la comunidad educativa, de una campaña de criminalización de toda protesta y de descrédito del profesorado y de los sindicatos.

Mientras, se fomenta el proceso de privatización educativa, mediante la cesión de suelo público o la adjudicación directa a empresas de la explotación de centros públicos; la creación de zonas únicas de escolarización (eliminando el criterio de proximidad y de distribución equilibrada de todo el alumnado a la hora de la matriculación), la ampliación de los criterios de los centros concertados para seleccionar a su alumnado, el establecimiento de mecanismos para financiar públicamente más tramos de la enseñanza privada como la educación no obligatoria (la concertación de todo el Bachillerato) o las desgravaciones fiscales para quienes lleven a sus hijos e hijas a colegios privados.

En paralelo se extienden medidas de privatización de la red pública mediante la introducción de técnicas de gestión de la empresa privada en la dirección y organización de los centros educativos, con sus indicadores de resultados medibles, lo cual permite establecer sistemas de “rendición de cuentas” y "rankings comparativos”, así como la gestión “flexible” desde la dirección/gerencia de los “recursos humanos” (facilitado con la actual reforma laboral) o el establecimiento de fórmulas contractuales (contratos-programa) de “gestión por objetivos” y “pago por resultados” para la financiación y sostenimiento de los centros (dar más a las escuelas o al profesorado que mejores resultados académicos obtienen). Medidas de comercialización que avanzan en la utilización de los centros por empresas privadas que llevan a cabo actividades lucrativas complementarias en horario escolar o fuera del mismo; el fomento de la financiación externa (publicidad, alquiler de locales, patrocinio privado, máquinas expendedoras de productos, etc.) que convierten al centro docente en un espacio más comercial que educativo; la externalización o subcontratación de actividades extraescolares, comedores, formación del profesorado, la evaluación de los centros, etc.

Se está produciendo así una mutación en la concepción del derecho a la educación: si durante años la educación fue una causa social, ahora la conciben como un imperativo económico, al servicio de la economía y de su competitividad. La formación y el conocimiento se convierten en un bien privado, en una ventaja competitiva para insertarse en el futuro mercado laboral. Las nociones de igualdad, emancipación y democracia han sido remplazadas por un discurso de excelencia, autonomía financiera y reducción de costes.

Debemos combatir este nuevo neoconservadurismo desigualitario que nos inunda, reclamando un sistema público de educación inclusiva que garantice el derecho a la educación de todos y todas, que cubra la necesidades de plazas escolares de todo el conjunto de la población y con la suficiente calidad en cada centro para que toda la población pueda recibir el máximo posible de oportunidades en su aprendizaje y desarrollo personal y profesional.

Todo esto no es posible con el brutal recorte de los Presupuestos en Educación al que estamos asistiendo a nivel estatal y autonómico de la mano de los últimos gobiernos. En cualquier caso es imprescindible que se garantice la suficiencia de recursos para afrontar las medidas planteadas, asegurando alcanzar el 7% del PIB en gasto público educativo. Sólo así se podrá hacer realidad la mejora del sistema educativo y el derecho universal a una educación de calidad en condiciones de igualdad.

Ahora, más que nunca, es necesario articular un amplio espacio de confluencia en la defensa de lo público como garante de nuestros derechos sociales. Y en ese empeño, debemos construir colectivamente un discurso sólidamente fundamentado que se contraponga y contrarreste el lenguaje neorwelliano dominante de PP, que con su ambigua retórica (libre elección de centro, gobernanza…) oculta intereses neoliberales puramente mercantilistas, buscando convertir este derecho en una oportunidad de negocio (mueve dos billones de euros anuales a nivel mundial, según datos de la UNESCO), a la vez que perpetúa un modelo social neoconservador segregador y excluyente, que refuerza los aspectos más autoritarios, competitivos, academicistas y religioso-confesionales.

Nos jugamos el futuro de nuestros hijos e hijas. Educación o barbarie, no hay neutralidad posible.

Enrique Javier Díez Gutiérrez  es profesor de la Universidad de León y coordinador Federal del Área de Educación de IU

miércoles, 7 de marzo de 2012

La RAE vista con microscopio por Javier Rodríguez Marcos


La institución cumple tres siglos el año que viene


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS -  El País - 6 MAR 2012 



Si se mira la RAE con el telescopio de la Historia lo que se ve es una institución que el año que viene cumplirá tres siglos y que en ese tiempo solo ha acogido a siete mujeres. La primera de ellas —Carmen Conde— ingresó en 1979, 266 años después de su fundación. En la puerta se habían quedado Gertrudis Gómez de Avellaneda y Emilia Pardo Bazán, rechazadas con una carta que afirmaba que no había “plazas para mujeres”. Por el camino habían quedado también la escritora Rosa Chacel —en beneficio de Conde— y la lexicógrafa María Moliner, propuesta en 1972 por dos pesos pesados como Lapesa y Laín pero derrotada en la elección final por Emilio Alarcos.

El caso Moliner, que ha adquirido la categoría de hito, hace recomendable combinar el telescopio y el microscopio a la hora de juzgar a la RAE. Por un lado, nadie puede dudar de la categoría filológica de Alarcos, y ya se sabe que lo difícil no es elegir entre el bien y el mal sino entre dos bienes. Por otro, la versión institucional dice que la llamada Docta Casa se inclinó por reforzar la Gramática —que a la altura de los años setenta llevaba cuatro décadas pendiente de renovación— frente al Diccionario —que tradicionalmente avanza a velocidad de crucero—. De hecho, las necesidades de la Academia —donde hay filólogos, científicos y militares— es el argumento oficioso a la hora de elegir nuevos miembros.

Oficialmente, la RAE —cuya renovación está sujeta al carácter vitalicio de sus plazas-— no aplica el sistema de cuotas sexuales para acceder a ella. “Por respeto a la mujer”, suele decir Víctor García de la Concha, su director honorario. Eso sí, observada la institución con microscopio, lo que se ve es esto: en lo que va de siglo XXI se ha elegido el doble de académicas que en los tres siglos anteriores. De las cinco mujeres que se sientan en un pleno con 46 sillas, cuatro lo hacen desde 2002: Carmen Iglesias, Margarita Salas, Soledad Puértolas e Inés Fernández-Ordóñez. La quinta es Ana María Matute. Y es fama que Carmen Martín Gaite nunca quiso sentarse allí.

En la Academia de la Historia hay tres académicas de número (y una electa). En la de Bellas Artes, dos. Tampoco el porcentaje de catedráticas de la universidad (en torno al 15%) hace justicia a la mitad de la población española. Qué decir de los altos cargos de las grandes empresas. Pobre consuelo. Los miembros de la RAE son consciente del déficit de su institución. Las hemerotecas están llenas de declaraciones al respecto pero los hechos circulan por vía lenta. Eso sí, basta leer a las académicas actuales para dudar de que una mayor presencia de mujeres a su lado apoye en el futuro la tesis de que la lengua es sexista.

Por qué la lengua levanta pasiones por Winston Manrique Sabogal



La polémica por el texto de Bosque muestra la volatilidad de las cuestiones en torno al idioma

El País

Pasión. Mucha pasión. Eso es lo que más ha ido incorporando la lengua castellana o española a su ADN y al de sus hablantes a la hora de referirse a ella. Ese es el verdadero hilo que la recorre a lo largo de sus mil años con quienes la utilizan y a quienes sirve; por eso se han generado batallas, escaramuzas y emboscadas que no dejan impasible a nadie.

En los últimos quince años, los temas en torno a la lengua han puesto a hablar a todo el mundo hispanohablante en veinte países. El arco lo inaugura aquella frase de "Jubilemos la ortografía", pronunciada por Gabriel García Márquez en la inauguración del I Congreso de la Lengua en Zacatecas (México), y lo cierra por ahora el informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, elaborado por el académico Ignacio Bosque y aprobado por 26 miembros de número de la Real Academia. ¿Pero por qué despiertan tanta pasión los temas relacionados con la lengua? "Tal vez sea una reacción de autorreconocimiento inconsciente de la conciencia de nosotros mismos como grupo, una reacción a priori a la conciencia", improvisa Álvaro Pombo, escritor y académico.

El debate actual que ha desatado el análisis sobre el lenguaje no sexista fue precedido por el que originó la nueva edición de la Ortografía del año pasado. Entre otras cosas se propuso un solo nombre para cada letra, y ahí se encendió la mecha: que la i griega pasará a llamarse ye, mientras la uve unificaría las llamadas be baja y be corta. Al final valen las dos.

"Es que el lenguaje es lo único que tenemos todos, lo que tiene cada uno para seguir hablando, comunicarse, expresarse. El lenguaje es lo más democrático que existe", reflexiona Javier Marías, escritor y académico que en muchas ocasiones se ha referido a este tema incluso en sus libros. Por todo eso, agrega Marías, "lo sentimos como algo irrenunciable y no aceptamos manipulaciones ni dirigismos de ninguna índole ni procedencia. Ni de la Academia ni de instituciones ajenas. Los cambios que vengan serán acordes con su evolución natural. El dirigismo en la lengua no tendrá éxito porque cualquier imposición en ella la vemos como una intromisión intolerable en nuestro habla y en nuestro pensamiento; como un atentado a nuestra verdadera libertad".

En 2000, la RAE tachó de entrometidas a las academias catalana, gallega y vasca cuando incluyó en el libro de Ortografía una serie de topónimos con una grafía "inadecuada". Mientras en 2010 la presión hizo que la RAE diera marcha atrás y no modificara la definición del término "nacionalidad", vinculando nacionaliad con la "condición de pertenencia a un Estado".

"¿Por qué nos apasionan o nos hieren las cuestiones léxicas, gráficas (me refiero a las tildes y acentos) o terminológicas?", se pregunta el sociólogo y escritor Enrique Gil Calvo. Y explica: "Puede ser debido a que nos identificamos con nuestros nombres, a que hacemos una cuestión de identidad personal de lo que solo es una herramienta nominal. La nuestra parece ser todavía una sociedad estamental, nobiliaria, incluso señorial, en la que nos identificamos con los nombres que designan nuestra identidad. Y si nos cambian las palabras o los signos, nos sentimos desposeídos, degradados o hasta ultrajados. Por eso reaccionamos con dignidad ofendida". 

Pero, ¿dónde estaba la RAE? por Inés Alberdi


EN CONTRA DEL TEXTO DE LA ACADEMIA

INÉS ALBERDI - El País - 5 MAR 2012

¿Cómo puede sorprenderse el profesor Bosque de que para preparar una Guía de uso no sexista del lenguaje no se consulte con la Academia de la Lengua? Que yo sepa, la Academia de la Lengua tiene un récord muy pobre en esta cuestión. Lo que sorprende es que no haya sido esta institución la que se haya ocupado de darnos sugerencias para hacer un uso del lenguaje que no oculte a las mujeres.

¿Por qué la RAE no ha dicho nada hasta ahora de cómo el lenguaje español hace invisibles a las mujeres? ¿Dónde están sus análisis y sus recomendaciones para dar un uso más de acuerdo con la igualdad de género? La Academia es, como dice el profesor Bosque, la institución que debe vigilar por el buen uso de la lengua, pero esto no le ha parecido un problema o no le ha interesado.

Bienvenida sea la Academia de la Lengua a este debate en el que tendría que haber estado hace años. No necesariamente para decirnos lo que hay que hacer sino para sumar su conocimiento y su experiencia al de tantas otras personas e instituciones que conocen aspectos que también habrá que tener en cuenta.

No entiendo que el informe de la RAE se refiera constantemente al criterio de autoridad de las escritoras, olvidando que si hablamos de si la lengua hace invisibles a las mujeres este es un problema que puede ser denunciado tanto por hombres como por mujeres. Olvida que defender los derechos de las mujeres no es una cuestión femenina sino de todos.

En sus argumentos contra las guías se refiere casi exclusivamente a una de las cuestiones que estas señalan, la necesidad de hacer manifiesta la presencia femenina en cualquier colectivo al que nos estemos refiriendo, niñas y niños, padres y madres, cuestión que la lengua española oscurece a través del uso del genérico masculino. Como decía con gracia la madre de una niña del colegio de mi hija, ya hace años, las reuniones de padres eran reuniones de madres. Este es quizás el aspecto más difícil de revisar si queremos que el español no olvide a las mujeres, pero hay muchos otros. La propuesta que hacen algunas guías, de reiterar constantemente el masculino y el femenino de todo, no le gusta y lo ridiculiza. A mí tampoco, pero no me burlo porque el tema me parece muy serio. Creo que hay formas posibles de evitar esa reiteración. Por ejemplo, hablar del género humano en vez del hombre cuando se habla de la evolución. No se trata tanto de señalar con el dedo a los que abusen del genérico masculino, como tratar de enseñar a todos a hablar con mayor rigor y respeto a la igualdad de género.

La lengua es hija de la historia y por ello no debe sorprendernos que la española sea tan sexista. Casi todas las lenguas lo son e incluso el inglés, que tiene mayor flexibilidad para adaptarse a los tiempos actuales, permite usos que reflejan la superioridad de lo masculino en nuestra cultura. Un artículo publicado el mes pasado en el semanario The Economist sobre la genética del cerebro se titulaba What’s a man? (¿Qué es un hombre?) para reflexionar sobre que hace humanos a los humanos. Pues bien, yo no diría que este semanario es sexista por usar esta forma de hablar tan arraigada, pero sí les diría, como digo a mis estudiantes, que procuren reflexionar sobre cómo escriben y traten de no olvidar a las mujeres al hacerlo.

Yo no me considero sexista por decir los estudiantes pero si creo que debo esforzarme lo más posible por usar un castellano correcto y hacer un uso del mismo más integrador de lo femenino.

Inés Alberdi es catedrática de Sociología de la Universidad Complutense. Fue directora del Fondo de Naciones Unidas para la Mujer.

No veo qué ganamos las mujeres por Milagros del Corral


A FAVOR DEL TEXTO DE LA ACADEMIA

MILAGROS DEL CORRAL - El País - 5 MAR 2012


Ha tardado mucho pero, al fin, la Real Academia de la Lengua ha emitido su opinión a propósito del supuesto carácter sexista del español a través del informe rigurosamente fundamentado de Ignacio Bosque, cuya versión íntegra publicó EL PAÍS el domingo. No puedo sino estar de acuerdo con la crítica responsable de la RAE. Y ello a pesar de que soy mujer y una profesional que, desde muy joven, ha trabajado en entornos mayoritariamente masculinos. Soy también consciente de que la mujer todavía está lejos de alcanzar la equiparación social y profesional que le corresponde y, en consecuencia, soy una firme partidaria de la defensa de mis derechos, que son los derechos de media humanidad. Digo, pues, no a la discriminación de la mujer en cualquiera de las muchas modalidades en que ésta aún se produce. Y mi no es un no rotundo.

Sin embargo, esta reciente costumbre de pervertir nuestra maravillosa lengua castellana me parece un puro sinsentido. Nunca me he sentido excluida de forma gramatical alguna, singular o plural, ni creo que los hombres se sientan discriminados al ser aludidos, en singular y en plural, como artistas, periodistas, trapecistas, etcétera. Sin duda aquí se ha producido un error, aunque haya sido con la mejor intención. Aquí se ha confundido sexo con género, biología con gramática, gimnasia con magnesia.

Cada generación, en un esfuerzo involuntario de autoafirmación, aporta modismos nuevos e incorpora préstamos lingüísticos, con o sin razón de ser. Muchos no pasan de ser una simple moda que se desvanece en unos pocos años. Ahorro a mis lectores la enumeración nostálgica de ejemplos pasados porque sería demasiado larga. Solo a modo de ejemplo les recordaré que, en su día, lo “sexy” era “sicalíptico”, y los mayores unos “carrozas”; vocablos que, caídos en desuso, nos parecen tanto o más anticuados que los del Siglo de Oro. A decir verdad, pocos son los que alcanzan larga vida.

Pero lo de ahora es distinto porque el activismo feminista, de la mano de una serie de instituciones que quieren ser políticamente correctas, quieren hacernos creer con sus guías de uso de lenguaje no sexista que la visibilidad de las mujeres pasa por desnaturalizar nuestro idioma con fórmulas rebuscadas, cuando no claramente atentatorias contra la morfología gramatical o sintáctica, sin miedo alguno a recargar el discurso hasta límites estéticamente insoportables: niños y niñas, andaluces y andaluzas, jueces y juezas, miembros y miembras… sublime. Eso cuando no nos atropellan con amig@s, utilización supuestamente genial del símbolo de una medida de líquidos y, más recientemente, del dominio de las direcciones de correo electrónico. No veo qué ganamos las mujeres viéndonos equiparadas a líquidos medibles o a dominios, por muy de correo electrónico que sean. Mmm… “medibles” y “dominios” a mí no me cuadran con los fines perseguidos.

Amén del innecesario estropicio lingüístico, no creo que recomendaciones de esta naturaleza sirvan de nada a nuestra mayor visibilidad. Ni mucho menos que lleguen muy lejos. De momento, solo las aplican de forma acrítica algunos políticos de posmodernidad mal entendida. Y, desde luego, no han logrado calar en el habla popular. Tan solo lo han hecho en la Constitución venezolana, que no es precisamente un referente ilustrado. Y no han calado porque el pueblo es sabio e inconscientemente siente que las expresiones recomendadas rayan en lo ridículo y no convienen a la economía de la comunicación, pecado grave en la era de Twitter y el microrrelato. Quiero creer que se trata de una moda pasajera, una más, esta vez presumida “de izquierdas postmodernas” que jamás he seguido ni seguiré. “Cosas veredes, Sancho”…

Milagros del Corral es exdirectora de la Biblioteca Nacional.

sábado, 7 de enero de 2012

Interino


DAVID TRUEBA 
EL PAÍS 

En su particular batalla con los profesores de Madrid, a Esperanza Aguirre solo le falta acusarlos de pederastia o revelar que trafican con polvo de tiza a escala internacional. Total, siempre puede uno disculparse por Twitter. En la última andanada no ha carraspeado antes de asegurar que los interinos eran elegidos a dedo. Todavía estamos a la espera de saber si las declaraciones son fruto de la ignorancia, siempre amiga interesada de tu propia versión, o una maldad que pretende contaminar el esfuerzo de gente que, bien al contrario que la mayoría de los políticos, en lugar de lograr su plaza a dedo se ha sometido a oposiciones para entrar en las bolsas a la espera de destino.

Lo llamativo del asunto, que se prolonga desde meses atrás, es que no parece importarle un carajo a nadie. En la esmerada demolición de cualquier valor que apeste a social o estatal, la escuela, como quizá solo la sanidad, representan la mayor resistencia moral. Sin embargo, al mismo tiempo, también ofrecen la mejor posibilidad de negocio. Al menos mientras la gente siga teniendo la costumbre de enfermar o la estúpida pretensión de que sus hijos tengan un futuro académico enriquecedor y competitivo. La tutela estatal de estos dos segmentos es un estorbo. Lo mejor es hacer una campaña publicitaria exigiendo respeto al profesorado y luego demolerlo.
2012 llega como la odisea definitiva contra el Estado de bienestar. Como si soñar con eso fuera algo feo, nuestras rutinas informativas propinan los electroshocks imprescindibles para que vayamos despejando el cerebro de falsos paraísos. Nunca tan poco Estado nos obligó a pagar tantos impuestos. Más por menos, como bien dice la retorcida campaña publicitaria del metro de Madrid. A dedo, ellos sí, los profesores han sido señalados como una amenaza incómoda, a los que desactivar con las armas más burdas. Acusarlos de enriquecerse con el estampado de camisetas verdes era más un insulto a nuestra inteligencia que a su actitud irreverente. Pero funcionó, por más que sepamos que en España nadie se hace rico fabricando camisetas, salvo quizá la gente de Kukuxumuxu. Los Reyes llegan pues a un país confuso, que sospecha hasta de ellos. Quizá vienen a llevarse más cosas de las que nos traen.

lunes, 2 de enero de 2012

Texto comentado (http://ntic.educacion.es): "Memoria y holocausto" (El País)


1. Comentario crítico del texto.

a) Establecimiento del tema, breve resumen de su contenido y explicación de su esquema organizativo
b) Caracterización del texto
c) Conclusión. Explicación y valoración de las ideas expuestas.

2. Cuestiones.

a) Indica a qué clase de palabras pertenecen las siguientes formas y cuál es la función sintáctica que desempeñan en cada caso: Ahora, se, que.
b) Explica el significado de extenuación, genocidios y solución final.
c) Señala tres procedimientos de cohesión textual utilizados en el texto.
d) Analiza sintácticamente: El minuto de silencio en los centros escolares debería trasladar a los adultos del futuro el estruendo de que el genocidio nazi es incompatible con la dignidad humana.

TEXTO.

Memoria y Holocausto

Cuando los más importantes líderes europeos se reúnan hoy en Oswiecim (localidad polaca a la que los alemanes llaman Auschwitz), para conmemorar el 60º aniversario de la liberación del campo de exterminio allí erigido por los nazis para aniquilar a judíos y a otros "pueblos inferiores", Europa y Occidente en general celebrarán un año más su acto de atrición. Pero hay que tratar de evitar que el mundo se considere en paz simplemente por el hecho de recordar el asesinato de más de seis millones de seres humanos, en lugar de combatir hasta la extenuación las causas que hicieron posible aquella y otras insanias colectivas. 

Porque a la postre, y en contra de la aurora prometida tras la Segunda Guerra Mundial, los genocidios masivos se han seguido sucediendo ante la parálisis o lentitud de la comunidad internacional. Están cercanos los ejemplos lacerantes de Camboya, Ruanda, la antigua Yugoslavia o, ahora mismo, Sudán. Todo este horror acumulado nos recuerda que el fogonazo histórico de aquel exterminio masivo mantiene sus epígonos en un mundo que también se dice civilizado y que se considera a sí mismo en buena medida liberado del estigma de barbarie de los autores del Holocausto. 

Asumiendo que la bestia continúa agazapada entre nosotros, la Asamblea General de la ONU acaba de conmemorar por primera vez el aniversario de Auschwitz con un homenaje a las víctimas de la solución final. Por su universalidad es el más significativo, pero sólo uno del rosario de actos que van a evocar hoy el inmenso horror perpetrado en el corazón de Europa. 

Tal día como hoy de 1944, seis mil personas eran asesinadas en las cámaras de gas y hornos crematorios de Birkenau, uno de los campos de Auschwitz. Un horror que 60 años después aún alienta en países desarrollados en forma de movimientos filonazis. 

España, por razones básicamente históricas y demográficas -el franquismo, la no beligerancia en la Segunda Guerra Mundial y la poca población judía en nuestro país-, ha vivido relativamente al margen de este hecho crucial, con las notables excepciones del trabajo de algunos de nuestros diplomáticos. Por eso cabe felicitarse de que se sume a la iniciativa educativa de la UE instaurando el Día de la Memoria del Holocausto, con el propósito, sobre todo, de que las generaciones más jóvenes tengan la oportunidad de conocer y reflexionar sobre una de las páginas más tenebrosas de la humanidad. El minuto de silencio previsto hoy en los centros escolares debería trasladar a los adultos del futuro el estruendo de que el genocidio nazi, cualquier genocidio, es incompatible con la dignidad humana.


EL PAÍS - 27/01/2005


martes, 25 de enero de 2011

Ortografía



AGUSTÍN GARCÍA-CALVO


EL PAÍS  -  Opinión - 22-01-2011 Me ha tocado estas semanas pasadas enterarme de un gran despliegue de páginas, ondas y pantallas, en torno a los arreglos de la Academia con la ortografía del español. Tanto descaro, que las mayorías (no lo que quede de gente o pueblo) admiran, tragan y se callan, me obliga a volver aquí a soltar cuatro perogrulladas sobre el asunto, ya que no las sueltan otros.
La ortografía del español no es mala por esos melindres de si se autoriza o no a escribir el acento de este o solo ni porque a la y se le llame y griega o ye: esta ortografía es mala y detestable porque, por ejemplo, desde que el español oficial perdió el fonema H (que algunos dialectos mantienen hasta casi hoy en uso, cuando dicen "hambre", "hondo" o "ahogar"), los doctos del XVII o ya académicos del XVIII quedaban con las manos libres para jugar con la letra h y mandar que lo que en castellano se venía escribiendo omre o aver se escribiera hombre y haber, en vista de que en latín (como doctos que eran, sabían su poquito de latín) se había escrito homine y habere; o porque, una vez que en castellano se hubo anulado la oposición de fonemas que hacía distinguir en la escritura lo que en la lengua se distinguía, cavar (o, lo que era lo mismo, cauar) y lavor, pero caber y sabor, las letras b y v (cuando en el XVIII acabó de distinguirse de u) quedaban abandonadas a las decisiones de los cultos, que ordenarían escribir boca o hierba, no por nada, sino porque en latín eran bucca o herba, pero vaca y cuervo, porque en latín habían sido uacca y coruo, y los imperfectos de la 1ª, que durante siglos, habían sido en castellano y se habían escrito con ava, cuando ya la distinción de las letras b/v no respondía a nada en la lengua, mandarían que se escribieran con aba, porque así se escribían en latín. Puede que estas te parezcan un par de inocentes pedanterías de los cultos, pero, ah lector, como la cultura es el poder, han acarreado que la gente, a la que se ha hecho perder el don de escribir como se habla, no sepa a qué atenerse con la h, la b o la v, y deba, para "escribir bien", o sea demostrar su cultura, recurrir a la autoridad, necesite manuales de ortografía y, en el colmo del progreso, el tocho de 800 páginas de Ortografía de la Academia. Y no digamos (EL PAÍS, 16 de diciembre de 1991, Esplicando trasgresiones de ostáculos subcoscientes) de los casos en que, introduciéndose más y más cultismos en la lengua, la ortografía académica se atenía sin reparo a lo que en la lengua de origen se escribiera, llegando a producir cosas como extraño, obscuro o transporte, que nadie había jamás oído en castellano, pero que, por fuerza de la cultura, algunos locutores concienzudos hasta llegaban a pronunciarlas. En una palabra: la ortografía del español es mala, y casi tan mala como la del inglés o la del francés, en el sentido de que es una constante traición a lo que hay de veras en la fonémica y prosodia de la lengua, y costituye así una serie sin fin de tropiezos y de trampas para la gente, que habla así de bien como habla gracias a que no sabe cómo lo hace y que, puesta a escribir, desearía que le dejaran escribir sencillamente como se habla. Y eso era tan fácil... No tiene usted más que ver cómo, para escribir lenguas que no se habían escrito nunca, se han inventado escrituras decentes, con más o menos acierto, y menos o más intromisión de pedanterías de poca monta, pero que responden a lo que era la vocación de la escritura misma, y de la alfabética en especial, que era reproducir visualmente todos (o al menos los principales) y solos los entes y reglas que en la lengua hubiera; así, para los cientos de lenguas, africanas, amerindias, polinesias, australianas, que desde hace un par de siglos han venido a escribirse por obra de lingüistas, doctos, pero con sentido común de lo que era la función de una escritura; o ahí cerca tienen el caso de la lengua vasca, en sus dialectos o ya unificada, para la que los entendidos honestos han establecido una escritura normal, que no tiene por qué tenderle al lector trampas graves para entrar al menos a la fonémica de la lengua. Y aun para las lenguas cargadas con una manipulación eclesiástica y cultural como las eslavas o las germánicas, se crearon escrituras (la cirílica para escribir en antiguo búlgaro la Biblia o en gótico la de Ulfilas, o las que se usaron para escribir los cantos nórdicos de la Eda o el Beowulfo en antiguo inglés) que respondían sin duda a las lenguas vivas, y que, por varios avatares, han venido a dar en escrituras de lenguas nacionales, como la del ruso o la del alemán, que, pese a algunas complicaciones engorrosas como la de juntar dos y hasta tres letras para escribir un fonema (al. sch), dan cuenta debidamente, si no de la prosodia, al menos de la fonémica de sus lenguas; y, lo que es más y bien cercano, cuando se hizo precisa para el italiano una "revolución desde arriba" de las escrituras, no fue tan difícil establecer una que, salvo las mismas torpezas o engorros ocasionales, no engaña tampoco mayormente al lector sobre lo que haya de veras en la lengua. Me queda solo por hoy razonar un poco de por qué es que puedan o deban alcanzar tan gran atención, propaganda y esplendor, las naderías de las reglas de ortografía: es que para el poder, para sus Estados y capitales, es de primera importancia procurar que se confunda la lengua con la escritura (y con la cultura en general), ya que la escritura (lo mismo la tradicional que sus versiones informáticas y digitales) es algo que se puede manejar desde arriba, por leyes y por escuelas, que se compra y se vende y vale dinero y promoción en la sociedad y el régimen, mientras que la lengua es la sola máquina que se le da a cualquiera gratuitamente, que no es de nadie y nadie puede mandar en ella, que tiene sus propias leyes, secretas, en las que autoridad ninguna puede intervenir (como puede en la escritura) y tampoco en los cambios que una lengua realice en sus leyes de vez en cuando, sin que nadie personalmente lo decida, sino una asamblea anónima que bulle ahí por debajo de las almas. Y claro está que una cosa como esta es un peligro constante para el orden, que necesita que eso no exista o, si tal ideal no acaba de cumplirse, que por lo menos se oculte y se confunda con otras cosas manejables, y que no se sepa que la hay y que sigue viva.

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