sábado, 5 de mayo de 2012
Manu militari
sábado, 7 de mayo de 2011
Metáfora, metonimia y sinécdoque
La metáfora forma parte de nuestra forma de pensar, de entender el mundo. Es un fenómeno social y creativo, al igual que el habla. En ocasiones, se convencionaliza y perdemos la noción de que estamos usando una metáfora: la falda de una montaña.
Para realizar un hecho comunicativo nos basamos en modelos anteriores, y es necesario que haya un emisor y un receptor. Ahora bien, esto no implica que no sea creativo.
La metáfora la podemos definir como una comparación incompleta:
Ella es (tan bonita como) una rosa. --> Ella es una rosa.
Mi marido es (como / tan fuerte como) un toro. --> Mi marido es un toro.
En la metáfora hay dos planos o términos: el real (mi marido) y el evocado o imaginario (toro). Hay, pues, una relación de similitud entre los dos términos. Si solamente aparece el plano evocado nos hallamos ante una metáfora pura: El pirata de su corazón le destrozó el alma (es decir, su amor), y si tenemos los dos planos, impura: Su amor es el pirata de su corazón, que le destrozó el alma.
En la metonimia, tenemos una relación de contigüidad, de posesión, de grado o proximidad, de pertenencia a un mismo grupo, especie... La sinécdoque la podemos incluir dentro de la metonimia, y consiste en la substitución de la parte por el todo, o el todo por la parte. Veamos ahora algunos ejemplos de metonimia:
Tiene veinte primaveras. (= años)
Cuando vimos las velas... (= barcos)
Se bebió un jerez. (= lugar donde se hace)
España (el país respresentado a través de un equipo de fútbol) ha ganado a Francia.
El heredero al trono. (= reino)
Odia los tricornios. (= guardia civil española)
Escribir unas letras. (= carta)
Ejercicio:
Especifica si las oraciones o frases de abajo son metáforas o metonimias.
1. Sus manos eran sarmientos.
2. Me encanta el rioja.
3. Lleva sus canas muy dignamente.
4. La muchacha era un tren.
5. Le encantan las faldas.
6. ¡Qué bien vive el rico!
7. Ayer me regalaron un Goya.
8. Dientes de marfil.
9. Fuego ardiente de pasión sentía en mi interior.
10. Teme al Maligno.
Soluciones:
1. metáfora
2. metonimia
3. metonimia
4. metáfora
5. metonimia
6. metonimia
7. metonimia
8. metáfora
9. metáfora
10. metonimia
jueves, 7 de abril de 2011
La metáfora
La metáfora es una vieja conocida de la retórica, que la situaba entre las figuras de dicción. Desde un punto de vista retórico, la metáfora se suele considerar una comparación abreviada que se basa en una semejanza entre dos entidades o conceptos. Así, al menos, es como nos la presenta Lausberg en su Manual de retórica literaria. Se dice que es una comparación abreviada porque carece del vínculo comparativo que encontramos en un símil como Tus dientes son como perlas. Si a partir este ejemplo nos arriesgamos a un pequeño salto y decimos Tus dientes son perlas, ya hemos entrado en el terreno de la metáfora. La semejanza habremos de buscarla en las propiedades de uno y otro elemento, que tendrán algunas en común; en el caso que nos ocupa, por ejemplo, la blancura, el brillo, la dureza y, quizás, el valor.
Yo me conformaré con esta presentación esquemática de la idea tradicional, literaria, de metáfora. Personas hay que pueden abordar el asunto con mayor fundamento. A mí me interesa más aportar aquí la perspectiva del lingüista.
Fijémonos, para empezar, en la etimología. El sustantivo metáfora se deriva del verbo griego metaphéro, que significa ‘llevar algo a otro sitio, trasladarlo’. Esto es importante porque nos da una idea del mecanismo básico que subyace a la metáfora (¿no hemos dicho siempre que da lugar a significados traslaticios?).
En el corazón de todas sus definiciones encontramos la noción de que se entabla una relación entre realidades pertenecientes a dos ámbitos diferentes, de manera que se usa el primero para aprehender el segundo. Al hacerlo se proyecta sobre este último una parte de las propiedades del primero. Y si es cierto que se da una relación de semejanza entre una y otra realidad, también lo es que dicha semejanza no es inherente a ellas, sino que se trata de una semejanza inducida que no existe con independencia de la metáfora. O sea, que antes que buscarla en las cosas en sí, haríamos bien en volver la mirada hacia nuestro interior, más concretamente, al funcionamiento de nuestro sistema cognitivo.
La relación de semejanza la establecemos nosotros. En el célebre ejemplo de las perlas y los dientes, una realidad perteneciente al ámbito animal, concretamente, de la ostra, nos sirve para hablar de una parte del cuerpo de una persona. De todas las propiedades que tiene la perla, enlazamos algunas con las del diente. Ya hemos mencionado arriba la blancura, el brillo y la dureza. Y decíamos que quizás también el valor. Pero ¿esto es algo intrínseco al diente o algo que le estamos añadiendo gracias a la metáfora y que nos permite contemplarlo a una luz diferente, que es la que se desprende del mundo de las joyas, el lujo, lo precioso? Y, en cambio, hay otras propiedades de la perla que no intervienen, como la redondez o la composición química. Esto ha de ser forzosamente así, pues de lo contrario no se trataría de una comparación o asimilación, sino de que lo uno sería estrictamente lo otro.
Y si hacemos el ejercicio mental de asimilar los dientes con terrones de azúcar, bolitas de pan de Viena o trocitos de tiza, iremos viendo cómo nuestra percepción de ese diente va transformándose según la luz que arrojemos sobre él. Mucho de esto lo vamos entendiendo cada vez mejor gracias al trabajo de científicos cognitivos como George Lakoff y Mark Johnson.
La metáfora es un instrumento de gran utilidad en la ardua tarea de explicarnos qué es y cómo es el lenguaje. Nos sirve así para desentrañar un gran número de procesos de cambio lingüístico, tanto del léxico como de la gramática.
La metáfora permite aumentar el repertorio de significados de una palabra o expresión al irle añadiendo a su significado básico otros nuevos que se derivan de este. Contribuye así al aumento de la polisemia. Por ejemplo, las partes de nuestro propio cuerpo se convierten en fuente de abundantes metáforas que nos permiten nombrar cada vez más objetos. Pocas cosas habrá que sean más importantes para un ser humano que sus manos. Y por eso vemos manos por todas partes. Así, decimos que los relojes tienen manos o manecillas (pues al fin y al cabo son pequeñas) o que tiene mano un mortero; en una partida de cartas, a quien primero juega le llamamos mano; alguien que es influyente tiene mucha mano (en el ministerio, el ayuntamiento o donde sea); una medicina que me va bien diré que es mano de santo…
Pero no hemos acabado. La acción prototípica que realizamos con las manos es la de coger cosas (aunque también podamos utilizarlas para espantarnos las moscas, aplaudir o quitarnos el sol de los ojos). Nos pasamos el día cogiendo paraguas, libros y teléfonos móviles. Eso ha dado pie a que podamos coger chistes, resfriados o enfados. Y no contentos con coger nosotros lo que de por sí es inasible, nos empeñamos en reconocer esta acción hasta en objetos y acontecimientos, de modo que aseguramos con pleno convencimiento que la tierra no coge el agua, que nos ha cogido una tormenta en medio del bosque o que nuestro nuevo coche coge muy bien las curvas. Cada uno de estos usos está basado en una metáfora diferente, pero en todos ellos reconocemos el significado básico de coger sobre el que se han formado.
A veces, los nuevos significados se van sumando a los que ya existían. En otras ocasiones, un nuevo significado puede llegar a desplazar al antiguo y quedar como único superviviente. Por ejemplo, nuestras piernas fueron en otros tiempos jamones. La palabra perna significaba en latín ‘jamón’, pero alguien tuvo un buen día la ocurrencia de utilizarla humorísticamente para nombrar las extremidades inferiores de las personas. El chiste gustó, se institucionalizó y se incorporó con ello a los significados de esa palabra, hasta que acabó perdiéndose el sentido originario y solo quedó el que conocemos hoy.
La metáfora entra a menudo en juego en la ampliación del repertorio léxico de las lenguas mediante la neología. No es difícil identificarla detrás de muchos compuestos. Pensemos, por ejemplo, en chupatintas, sacabocados o rompecorazones. ¿Y cuál, si no, fue el procedimiento por el que se formaron expresiones idiomáticas como arrimar el ascua a su sardina o dar sopas con honda?
Las metáforas también son omnipresentes en la gramática. De hecho, uno de los medios favoritos de innovación gramatical es la metáfora. Una de las principales metáforas que dan lugar a estructuras gramaticales en las lenguas del mundo es la del tiempo como espacio. Los conceptos espaciales se cuentan entre los primeros que adquiere un niño y en ellos se asienta la comprensión de nociones más abstractas, como la temporalidad y la causalidad. Una gran parte del vocabulario que se refiere a fenómenos temporales procede del ámbito espacial. Decimos que el tiempo pasa, corre o vuela, que tenemos una vida por delante, etc. Es muy frecuente en las lenguas del mundo que los tiempos de futuro se formen sobre verbos de movimiento. Un ejemplo típico es nuestra perífrasis voy a cantar, que tiene su paralelo en el inglés I’m going to sing.
En fin, terminaré esta entrada, más que nada, porque ya va excediendo los límites de lo razonable y, probablemente, de la paciencia de los lectores; pero el tema es prácticamente inagotable y prometo volver al ataque tratando en detalle algunos de sus aspectos más específicos. O, para decirlo con una metáfora, esto era solamente para abrir boca.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Cambio semántico
Se llama cambio léxico-semántico al cambio lingüístico experimentado en la evolución histórica del componente léxico-semántico de un idioma.
De los componentes del lenguaje, el léxico-semántico es el más propenso al cambio porque refleja de forma muy clara las modificaciones y transformaciones (técnicas, psicológicas, sociológicas, epistemológicas...) propias de la Evolución cultural de las culturas humanas, con independencia de que el léxico básico permanezca inalterado.
Hay varios factores que cooperan para que se produzca este fenómeno:
- el proceso de transmisión del lenguaje.
- la falta de fijeza y vaguedad del significado.
- la facilidad de las palabras para desviarse o desvincularse de su significado originario.
- el fenómeno de la polisemia.
- la ambigüedad semántica de muchas palabras no resuelta ni siquiera por el contexto.
Contenido
1 Clasificación de los cambios léxico-semánticos
2 Causas de los cambios semánticos
3 Clasificación psicológica de los cambios semánticos
1. Clasificación de los cambios léxico-semánticos
Dado un concepto o noción fija, se denomina cambio léxico al cambio de la palabra habitualmente usada para designar ese concepto o noción (por ejemplo retrete que en el siglo XVIII designaba a un cuarto pequeño destinado al retiro, mientras que en la actualidad esta palabra se utiliza para nombrar la habitación que posee las instalaciones necesarias para orinar y evacuar el vientre). En cambio, dada una palabra fija, se llama cambio semántico a la modificación del significado de una palabra, mediante ampliación de los usos a otros conceptos similares (generalización o metáfora) o reducción de los usos (restricción). Con frecuencia un cambio léxico supone simultáneamente un cambio semántico en las otras palabras de significado que interfieren con la primera. Una clasificación tentativa de los cambios semánticos los divide en cambios:
a) lógico-cuantitativos:
por ampliación de sentidos, es decir, cuando se une un nuevo sentido a un significante; por ejemplo, el adjetivo bárbaro, que se aplicó a quien chapurreaba un idioma, amplió su sentido al de extranjero y, más tarde, al de salvaje, cruel, no refinado, etc.
por restricción de los significados, esto es, cuando un significado abandona un significante, ya sea por mejoramiento, ya por empeoramiento del sentido.
b) cualitativos:
desarrollos peyorativos: villano > ruin; rústico > basto.
desarrollos mellorativos: fortuna; gener = torturar > "irritar o molestar"; cadentia > caída.
2.Causas de los cambios semánticos
a. Causas lingüísticas: las palabras que integran el contexto facilitan el cambio: lat. re(m) = 'cosas' > fr. ríen = 'nada'; lat. passu(m) = 'paso' > fr. pas = 'no'; lat. iam + magis > jamais > 'jamás' (de non iam magis).
b. Causas históricas: son estas la evolución social, las transformaciones de la civilización, la evolución de la vida y la aparición de realidades nuevas que hacen que las palabras cambien: pluma, república, retrete...
c. Causas sociales: se concretan fundamentalmente en la presencia de determinadas innovaciones introducidas por grupos sociales o políticos. Estas innovaciones provocan cambios en la semántica de las palabras: plural - pluralismo; tema - asunto; cortocircuito;
d. Causas psicológicas: el significado de ciertas palabras es alterado por el hombre debido a razones emotivas o mentales. En tal sentido, es muy frecuente que acudamos a metáforas y a analogías para denominar ciertas cosas y ser más expresivos:
- el tabú: esta palabra fue introducida en el inglés por Cook de la Polinesia. Significa lo sagrado, lo prohibido, lo que está rodeado de un temor santo, lo que es peligroso o misterioso. Se parte del hecho de que hay numerosas realidades tabúes y que las palabras que las designan no se pronuncian, el hombre trata de evitarlas ya que son palabras prohibidas.
- De aquí se deriva el elemento sustitutor de esta palabra: el eufemismo (bien dicho), que implica un recubrimiento, un velo, una dulcificación o una referencia indirecta al tabú. Hay diferentes tabúes que varían de unas culturas a otras. El más universal es el religioso.
3. Clasificación psicológica de los cambios semánticos
Estas asociaciones pueden ser:
a. de contigüidad o proximidad:
- elipsis: proximidad de significantes: le lanzó un (tiro) directo; vamos al (cine) Capitol; marchamos en el (tren) Talgo;
- metonimia: proximidad de significados: póngame un Rioja; nos sirvieron tres tazas;
b. de semejanza:
- metáfora: semejanza de significados: pata de mesa, cresta de una ola, cuello de botella;
- etimología popular o error auditivo: ciertas semejanzas entre los significantes de algunas palabras: necrópolis - negrópolis; vagabundo - vagamundo.
Entradas populares
-
1 Di cuál es la función sintáctica de los determinantes de estas oraciones. § Ha venido con un primo suyo. § ...
-
1 Clasifica las siguientes palabras según sean cultismos , préstamos o acrónimos . En el caso de los cultimos , indica si...
-
Identifica los elementos de la comunicación en cada una de las siguientes situaciones: a Desde la ventanilla del tren, Juan dice adiós...
-
1 Comenta el significado denotativo de las siguientes palabras y, a continuación, añade los posibles significados connotativos que se...
-
Indica el nivel de la lengua al que pertenecen las siguientes expresiones: a) ¡Trae pacal bolso, tú! Culto Estándar Vulgar ...
-
UNIVERSIDADES PÚBLICAS DE LA COMUNIDAD DE MADRID - EVALUACIÓN PARA EL ACCESO A LAS ENSEÑANZAS UNIVERSITARIAS OFICIALES DE GRADO - Curso 201...
-
1 Observa el cambio sem á ntico que han sufrido estas palabras en estos contextos. Determina a qu é tipo de causa se deb...
-
NARRACIÓN DESCRIPCIÓN EXPOSICIÓN ARGUMENTACIÓN
-
Se escriben con minúscula las estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno, como en este ejemplo: A lo largo del pasado ...
-
Una elección muy personal de los mejores cuentos infantiles por el mensaje que nos hacen llegar. Cuando eramos niños un cuento antes d...