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domingo, 5 de febrero de 2012

Bodas de sangre de Federico García Lorca




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lunes, 21 de noviembre de 2011

Don Juan Tenorio (Escena III del Acto III)






DOÑA INÉS: (Lee.)


"Inés, alma de mi alma,
perpetuo imán de mi vida,
perla sin concha escondida
entre las algas del mar;
garza que nunca del nido
tender osastes el vuelo,
el diáfano azul del cielo
para aprender a cruzar;
si es que a través de esos muros
el mundo apenada miras,
y por el mundo suspiras
de libertad con afán,
acuérdate que al pie mismo
de esos muros que te guardan,
para salvarte te aguardan
los brazos de tu don Juan."

(Representa.)

¿Qué es lo que me pasa, ¡cielo!,
que me estoy viendo morir?


BRÍGIDA: (Aparte)

¡Ya tragó todo el anzuelo.
Vamos, que está al concluir.


DOÑA INÉS: (Lee.)


"Acuérdate de quien llora
al pie de tu celosía,
y allí le sorprende el día
y le halla la noche allí;
acuérdate de quien vive
sólo por ti, ¡vida mía!,
y que a tus pies volaría
si me llamaras a ti."


BRÍGIDA: ¿Lo veis? Vendría.


DOÑA INÉS: ¡Vendría!


BRÍGIDA: A postrarse a vuestros pies.


DOÑA INÉS: ¿Puede?


BRÍGIDA: ¡Oh, sí!


DOÑA INÉS: ¡Virgen María!


BRÍGIDA: Pero acabad, doña Inés.


DOÑA INÉS: (Lee.)


"Adiós, ¡oh luz de mis ojos!
Adiós, Inés de mi alma:
medita, por Dios, en calma
las palabras que aquí van;
y si odias esa clausura,
que ser tu sepulcro debe;
manda, que a todo se atreve
por tu hermosura don Juan."


(Representa doña Inés.)


¡Ay! ¿Qué filtro envenenado
me dan en este papel,
que el corazón desgarrado
me estoy sintiendo con él?
¿Qué sentimientos dormidos
son los que revela en mí?
¿Qué impulsos jamás sentidos?
¿Qué luz, que hasta hoy nunca vi?
¿Qué es lo que engendra en mi alma
tan nuevo y profundo afán?
¿Quién roba la dulce calma
de mi corazón?

BRÍGIDA: Don Juan.


DOÑA INÉS: ¿Don Juan dices...? Conque ese hombre
me ha de seguir por doquier?
¿Sólo he de escuchar su nombre?
¿ Sólo su sombra he de ver?
¡Ah! Bien dice: juntó el cielo
los destinos de los dos,
y en mi alma engendró este anhelo
fatal.


BRÍGIDA: ¡Silencio, por Dios!


(Se oyen dar las ánimas.)


DOÑA INÉS: ¿Qué?


BRÍGIDA: ¡Silencio!


DOÑA INÉS: Me estremeces.


BRÍGIDA: ¿Oís, doña Inés, tocar?


DOÑA INÉS: Sí, lo mismo que otras veces
las ánimas oigo dar.


BRÍGIDA: ¡Pues no habléis de él.
Cielo santo!


DOÑA INÉS: ¿De quién?


BRÍGIDA: ¿De quién ha de ser?
De ese don Juan que amáis tanto,
porque puede aparecer.


DOÑA INÉS: ¡Me amedrentas! ¿Puede ese hombre
llegar hasta aquí?


BRÍGIDA: Quizá.
Porque el eco de su nombre
tal vez llega adonde está.


DOÑA INÉS: ¡Cielos! ¿Y podrá...?


BRÍGIDA: ¿Quién sabe?

DOÑA INÉS: ¿Es un espíritu, pues?


BRÍGIDA: No, mas si tiene una llave...


DOÑA INÉS: ¡Dios!


BRÍGIDA: Silencio, doña Inés:
¿No oís pasos?



DOÑA INÉS: ¡Ay! Ahora
nada oigo.


BRÍGIDA: Las nueve dan.
Suben... se acercan... Señora...
Ya está aquí.


DOÑA INÉS: ¿Quién?


BRÍGIDA: Él.


DOÑA INÉS: ¡Don Juan!

jueves, 3 de noviembre de 2011

Don Juan Tenorio - Alcalá de Henares - 2005



Don Álvaro o la fuerza del sino - El duque de Rivas

Don Álvaro y Doña Leonor son sorprendidos por el Marqués en la habitación de ella



Don Juan Tenorio Acto final ♥ Paco Rabal



José Zorrilla _ Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio apuesta con Don Luis Mejía



¿No es verdad...? de José Zorrilla



José Zorrilla _ Don Juan Tenorio en lenliblog

miércoles, 12 de octubre de 2011

Duque de Rivas


Ángel María de Saavedra y Ramírez de Baquedano,  III duque de Rivas, grande de España, más conocido por su título nobiliario de duque de Rivas, (Córdoba, 10 de marzo de 1791 – Madrid, 22 de junio  de  1865) fue un escritor, dramaturgo,  poeta, pintor y político español, conocido por su famoso  drama romántico Don Álvaro o la fuerza del sino  (1835).


artículo de wikipedia - imágenes - vídeos - Books Google - noticiasDon Álvaro o la fuerza del sino en lenliblogCervantes Virtual - lospoetas.com - cordobapedia - amediavoz.com - poesías en PDF - Ayuntamiento de Córdoba - "Un castellano leal" de Duque de Rivas (poema en audio) - Cuestionario en desocupadolector.net - Biblioteca Virtual Ciudad de Seva - teatro romántico (esquema) en euskalnet 

sábado, 16 de julio de 2011

Francisco Martínez de la Rosa


Como escritor se inscribió en la línea del romanticismo; destacó sobre todo en el terreno dramático (La conjuración de Venecia, 1834), aunque también practicó la poesía y el ensayo (El espíritu del siglo, 1851). Su prestigio intelectual le llevó a formar parte de las Reales Academias de la Lengua (que presidió de 1839 a 1862), de la Historia, de Bellas Artes y de Jurisprudencia, así como a ser presidente del Ateneo de Madrid.


La conjuración de Venecia - Francisco Martínez de la Rosa


La conjuración de Venecia, de Martínez de la Rosa, tuvo un gran éxito. La acción transcurre en el siglo XIV y tiene como argumento la conjuración de varios nobles venecianos, entre ellos Ruggiero, el protagonista, contra el despótico gobierno de Pedro Morosini. La conjuración fracasa y los conjurados son condenados a muerte. Después de ejecutada la sentencia, Morosini descubre que Ruggiero era su propio hijo.

En este drama, Martínez de la Rosa plantea su teoría de la revolución: esta no se debe hacer contra las leyes, sino contra los tiranos; es peligroso reclamar la justicia por la violencia; el pueblo no ha nacido para mandar, sino para obedecer. Además, el amor desgraciado entre el protagonista y su amada representa el triunfo del Estado sobre el derecho del individuo a la felicidad, El autor defiende la libertad, pero una libertad que respete las normas de la sociedad.

La obra está minuciosamente documentada y presenta los elementos formales característicos del Romanticismo: escenas sepulcrales, acumulación de horrores, cuadros costumbristas... Abundan los procedimientos efectistas y el sentimentalismo.





martes, 15 de febrero de 2011

Historia de una escalera - Antonio Buero Vallejo

Otros enlaces de interés:

Antonio Buero Vallejo


domingo, 17 de octubre de 2010

Don Juan Tenorio - José Zorrilla (Comentario de Texto)

PAUTAS PARA EL COMENTARIO

  1. Aunque suele ser muy conocido, de nuevo puede ser muy conveniente informarse sobre el argumento de la obra. Investiga más allá del libro de texto.
  2. Como en la mayor parte de los dramas románticos, las escenas últimas del Tenorio acumulan una gran cantidad de elementos melodramáticos y efectistas que tienen como finalidad conmover y asombrar al espectador. Señala los que en este caso utiliza Zorrilla. Entre ellos, tiene una importancia especial el de la contemplación de su propio entierro por parte del protagonista, motivo literario que ya aparece en  otras obras del propio Zorrilla. Investiga cuál. Compárense ambos pasajes. ¿Cuál de ellos tiene mayor eficacia dramática?
  3. Si lo comparamos con el texto de Don Álvaro , el protagonista don Álvaro asume finalemente su condición de transgresor y se suicida en un último y definitivo acto de libertad. El final de don Juan Tenorio, en cambio, es muy diferente. Comenta cómo y por qué se produce la redención del personaje y qué relación tiene con la ideología del autor y con su intención literaria.
  4. Compara el final de Don Juan Tenorio con el final de El burlador de Sevilla de Tirso de Molina.



Escena II



DON JUAN, la ESTATUA de DON GONZALO, las SOMBRAS


ESTATUA. Aquí me tienes, don Juan,


y he aquí que vienen conmigo


los que tu eterno castigo


De Dios reclamando están.


JUAN: ¡Jesús!


ESTATUA. ¿Y de qué te alteras,


si nada hay que a ti te asombre,


y para hacerte eres hombre


plato con sus calaveras?


JUAN: ¡Ay de mí!


ESTATUA. Qué, ¿el corazón


te desmaya?


JUAN: No lo sé;


concibo que me engañé;


no son sueños..., ¡ellos son!


(Mirando a los espectros.)


Pavor jamás conocido


el alma fiera me asalta,


y aunque el valor no me falta,


me va faltando el sentido.


ESTATUA. Eso es, don Juan, que se va


concluyendo tu existencia,


y el plazo de tu sentencia


está cumpliéndose ya.


JUAN: ¡Qué dices!


ESTATUA. Lo que hace poco


que doña Inés te avisó,


lo que te he avisado yo,


y lo que olvidaste loco.


Mas el festín que me has dado


debo volverte, y así


llega, don Juan, que yo aquí


cubierto te he preparado.


JUAN: ¿Y qué es lo que ahí me das?


ESTATUA. Aquí fuego, allí ceniza.


JUAN: El cabello se me eriza.


ESTATUA. Te doy lo que tú serás.


JUAN: ¡Fuego y ceniza he de ser!


ESTATUA. Cual los que ves en redor


en eso para el valor,


la juventud y el poder.


JUAN: Ceniza, bien; ¡pero fuego!


ESTATUA. El de la ira omnipotente,


do arderás eternamente


por tu desenfreno ciego.


JUAN: ¿Conque hay otra vida más


y otro mundo que el de aquí?


¿Conque es verdad, ¡ay de mí!,


lo que no creí jamás?


¡Fatal verdad que me hiela


la sangre en el corazón!


Verdad que mi perdición


solamente me revela.


¿Y ese reló?


ESTATUA. Es la medida


de tu tiempo.


JUAN: ¡Expira ya!


ESTATUA. Sí; en cada grano se va


un instante de tu vida.


JUAN: ¿Y esos me quedan no más?


ESTATUA. Sí.


JUAN: ¡Injusto Dios! Tu poder


me haces ahora conocer,


cuando tiempo no me das


de arrepentirme.


ESTATUA. Don Juan,


un punto de contrición


da a un alma la salvación


y ese punto aún te le dan.


JUAN: ¡Imposible! ¡En un momento


borrar treinta años malditos


de crímenes y delitos!


ESTATUA. Aprovéchale con tiento,


(Tocan a muerto.)


porque el plazo va a expirar,


y las campana doblando


por ti están, y están cavando


la fosa en que te han de echar.


(Se oye a lo lejos el oficio de difuntos.)


JUAN: ¿Conque por mí doblan?


ESTATUA. Sí.


JUAN: ¿Y esos cantos funerales?


ESTATUA. Los salmos penitenciales,


que están cantando por ti.


(Se ve pasar por la izquierda luz de hachones, y rezan dentro.)


JUAN: ¿Y aquel entierro que pasa?


ESTATUA. Es el tuyo.


JUAN: ¡Muerto yo!


ESTATUA. El capitán te mató


a la puerta de tu casa.


JUAN: Tarde la luz de la fe


penetra en mi corazón,


pues crímenes mi razón


a su luz tan sólo ve.


Los ve... con horrible afán


porque al ver su multitud


ve a Dios en la plenitud


de su ira contra don Juan.


¡Ah! Por doquiera que fui


la razón atropellé,


la virtud escarnecí


y a la justicia burlé,


y emponzoñé cuanto vi.


Yo a las cabañas bajé


y a los palacios subí,


y los claustros escalé;


y pues tal mi vida fue,


no, no hay perdón para mí.


¡Mas ahí estáis todavía


(A los fantasmas.)


con quietud tan pertinaz!


Dejadme morir en paz


a solas con mi agonía.


Mas con esta horrenda calma,


¿qué me auguráis, sombras


fieras?


¿Qué esperan de mí?


(A la estatua de DON GONZALO)


ESTATUA. Que mueras


para llevarse tu alma.


Y adiós, don Juan; ya tu vida


toca a su fin, y pues vano


todo fue, dame la mano


en señal de despedida.


JUAN: ¿Muéstrasme ahora amistad?


ESTATUA. Sí: que injusto fui contigo,


y Dios me manda tu amigo


volver a la eternidad.


JUAN: Toma, pues.


ESTATUA. Ahora, don Juan,


pues desperdicias también


el momento que te dan,


conmigo al infierno ven.


JUAN: ¡Aparta, piedra fingida!


Suelta, suéltame esa mano,


que aún queda el último grano


en el reloj de mi vida.


Suéltala, que si es verdad


que un punto de contrición


da a un alma la salvación


de toda una eternidad,


yo, Santo Dios, creo en Ti:


si es mi maldad inaudita,


tu piedad es infinita...


¡Señor, ten piedad de mí!


ESTATUA. Ya es tarde.


(DON JUAN se hinca de rodillas, tendiendo al cielo la mano que le deja libre la estatua. Las sombras, esqueletos, etc., van a abalanzarse sobre él, en cuyo momento se abre la tumba de DOÑA INÉS y aparece ésta. DOÑA INÉS toma la mano que DON JUAN tiende al cielo.)






Escena III


DON JUAN, LA ESTATUA DE DON GONZALO DOÑA INÉS, SOMBRAS, etc.


INÉS: ¡No! Heme ya aquí,


don Juan mi mano asegura


esta mano que a la altura


tendió tu contrito afán,


y Dios perdona a don Juan


al pie de la sepultura.


JUAN: ¡Dios clemente! ¡Doña Inés!


INÉS: Fantasmas, desvaneceos:


su fe nos salva..., volveos


a vuestros sepulcros, pues.


La voluntad de Dios es


de mi alma con la amargura


purifiqué su alma impura,


y Dios concedió a mi afán


la salvación de don Juan


al pie de la sepultura.


JUAN: ¡Inés de mi corazón!


INÉS: Yo mi alma he dado por ti,


y Dios te otorga por mí


tu dudosa salvación.


Misterio es que en


comprensión


no cabe de criatura:


y sólo en vida más pura


los justos comprenderán


que el amor salvó a don Juan


al pie de la sepultura.


Cesad , cantos funerales


(Cesa la música y salmodia.)


callad, mortuorias campanas


(Dejan de tocar a muerto.)


ocupad, sombras livianas,


vuestras urnas sepulcrales


(Vuelven los esqueletos a sus tumbas, que se cierran.)


volved a los pedestales,


animadas esculturas;


(Vuelven las estatuas a sus lugares.)


y las celestes venturas


en que los justos están,


empiecen para don Juan


en las mismas sepulturas.


(Las flores se abren y dan paso a varios angelitos que rodean a DOÑA INÉS y a DON JUAN, derramando sobre ellos flores y perfumes, y al son de una música dulce y lejana, se ilumina el teatro con luz de aurora. DOÑA INÉS cae sobre un lecho de flores, que quedará a la vista en lugar de su tumba, que desaparece.)


Escena última


DOÑA INÉS, DON JUAN, LOS ÁNGELES


JUAN: ¡Clemente Dios, gloria a Ti!


Mañana a los sevillanos


aterrará el creer que a manos


de mis víctimas caí.


Mas es justo: quede aquí


al universo notorio


que, pues me abre el


purgatorio


un punto de penitencia,


es el Dios de la clemencia


el Dios de Don Juan Tenorio.


(Cae DON JUAN a los pies de DOÑA INÉS, y mueren ambos. De sus bocas salen sus almas representadas en dos brillantes llamas, que se pierden en el espacio al son de la música. Cae el telón.)

Don Álvaro o la fuerza del sino - Duque de Rivas (comentario de texto)

PAUTAS PARA EL COMENTARIO

  1. El texto corresponde al final de la obra: Puede ser interesante conocer en lo esencial (ampliando el libro de texto) cuáles son los acontecimientos que conducen irremisiblemente a un final tan patético. Infórmate, pues, del argumento del drama.
  2. El destino cumple un papel esencial desde el mismo comienzo de la acción: se superpone a la voluntad y a la acción de los personajes, quienes, arrastrados por él, verán frustrados todos sus anhelos. En muchas ocasiones, este destino se manifiesta como una casualidad forzada por el propio autor. ¿Aparece de esta forma en algún momento del pasaje? Coméntalo.
  3. En conexión con el destino, se presenta también el tema del error funesto. ¿Qué es lo que provoca el cambio de actitud de don Alfonso, quien, herido de muerte, se manifiesta arrepentido de su actuación y pide confesión, y un instante después, preso nuevamente de la ira, mata a su propia hermana?
  4. Los elementos escenográficos cobran una importancia fundamental en este final de la obra. Señálalo y coméntalo. ¿Cuál es su función en el texto?
  5. Las palabras finales de don Álvaro son muy significativas. Las actitudes irreverentes y aun demoníacas son muy frecuentes en ciertos personajes románticos (pueden observarse también en don Juan Tenorio y en el protagonista de El estudiante de Salamanca). Comenta cómo se entiende en la obra esta reacción del personaje. ¿Con qué ideas y presupuestos básicos de la ideología romántica se relaciona esta tendencia hacia lo demoniaco?



[JORNADA V ESCENA SEXTA]




DON ALFONSO. Ya lo conseguiste. ¡Dios mío! ¡Confesión! Soy, cristiano...


Perdonadme.... salva mi alma...


DON ÁlVARO (Suelta la espada y queda como petrificado). ¡Cielos!... ¡Dios


mío!... ¡Santa Madre de los Ángeles!... ¡Mis manos tintas en sangre..., en sangre de


Vargas!...


DON ALFONSO. ¡Confesión!, ¡confesión!... Conozco mi crimen y me arrepiento...


Salvad mi alma, vos que sois ministro del Señor...


DON ÁLVARO (Aterrado.). ¡No, no no soy más que un réprobo, presa infeliz del


demonio! Mis palabras sacrílegas aumentarían vuestra condenación. Estoy manchado


de sangre, soy irregular.. Pedid a Dios misericordia... y.. esperad..., cerca vive un santo


penitente..., podrá absolveros... Pero está prohibido acercarse a su mansión... ¿Qué


importa? Yo que he roto todos los vínculos, que he hollado todas las obligaciones...


(Don Álvaro corre hasta la puerta de la ermita. El ermitaño que vive


apartado en ella resulta ser doña Leonor, la enamorada de don Alvaro y


hermana de don Alfonso. a quien ambos creían muerta. Es ya la escena


VII)


DON ÁLVARO (Retrocediendo horrorizado por la montaña abajo.) ¡Una


mujer!... ¡Cielos!... ¡Qué acento!... ¡Es un espectro!... Imagen adorada.., ¡Leonor!


¡Leonor!


DON ALFONSO (Como queriéndose incorporar.). ¡Leonor!... ¿Qué escucho?'


¡Mi hermana!


DOÑA LEONOR (Corriendo detrás de DON ÁLVARO).


¡Dios rnío! ¿Es don Álvaro?... Conozco su voz... El es... ¡Don Álvaro!


DON ALFONSO. ¡Oh furia! Ella es... ¡Estaba aquí con su seductor!... ¡Hipócritas!...


¡Leonor!


DOÑA LEONOR. ¡Cielos!... ¡Otra voz conocida!... ¿Mas que veo?... (Se precipita


hacia donde ve a DON ALFONSO)


DON ALFONSO. ¡Ves al último de tu infeliz familia!


DOÑA LEONOR (Precipitándose en los brazos de su hermano.).


¡Hermano mío!... ¡Alfonso!


DON ALFONSO (Hace un esfuerzo, saca un puñal, y hiere de muerte a


LEONOR.). Toma, causa de tantos desastres, recibe el premio de tu deshonra...


Muero vengado. (Muere.)


DON ÁLVARO. ¡Desdichado!... ¿Qué hiciste?... ¡Leonor! ¿Eras tú?... ¿Tan


cerca de mí estabas?... ¡Ay! (Sin osar acercarse a los cadáveres.) Aún respira..., aún


palpita aquel corazón todo mío... Ángel de mi vida..., vive, vive..., yo te adoro...


¡Te hallé, por fin..., sí, te hallé... muerta! (Queda inmóvil.)


[ESCENA ÚLTIMA]


(Hay un rato de silencio; los truenos resuenan más fuertes que nunca,


crecen los relámpagos, y se oye cantar a lo lejos el «Miserere» a la


comunidad, que se acerca lentamente.)


VOZ DENTRO. Aquí, aquí; ¡qué horror! (DON ÁLVARO vuelve en sí, y


luego huye hacia la montaña. Sale el PADRE GUARDIÁN con la


comunidad, que queda asombrada.)


PADRE GUARDIÁN. ¡Dios mío!... ¡Sangre derramado! ¡Cadáveres!... ¡La mujer


penitente!


TODOS LOS FRAILES. Una mujer... ¡Cielos!


PADRE GUARDIÁN. ¡Padre Rafael!


DON ÁLVARO (Desde un risco, con sonrisa diabólica, todo convulso,


dice:) Busca, imbécil, al Padre Rafael... Yo soy un enviado del infierno, soy el


demonio exterminador... Huid, miserables.


TODOS. ¡Jesús, Jesús!


DON ALVARO. Infierno, abre tu boca y trágame. Húndase el cielo, perezca la


raza humana; exterminio, destrucción... (Sube a lo más alto del monte y se


precipita.)


EL PADRE GUARDIÁN Y LOS FRAILES (Aterrados y en actitudes diversas.).


¡Misericordia, señor! ¡Misericordia!

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