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sábado, 22 de septiembre de 2012

A ver / haber (RAE y otros enlace)

  Aunque a ver y haber se pronuncian de la misma forma, deben distinguirse adecuadamente en la escritura.
  a) a ver
  Se trata de la secuencia constituida por la preposición a y el infinitivo verbal ver:
  Vete a ver qué nota te han puesto.
  Los llevaron a ver los monumentos de la ciudad.
  Como expresión fija, presenta distintos valores y usos:
  • En tono interrogativo, se emplea para solicitar al interlocutor que nos deje ver o comprobar algo:
  —Mira lo que he comprado. —¿A ver?
  • Expresa, en general, expectación o interés por saber algo, y va normalmente seguida de una interrogativa indirecta:
  A ver cuándo nos dan los resultados.
  • Se utiliza para llamar la atención del interlocutor antes de preguntarle, pedirle u ordenarle algo:
  A ver, ¿has hecho lo que te dije?
  A ver, trae el cuaderno.
  • Equivale a claro o naturalmente, como aceptación de algo que se considera inevitable:
  —Pero ¿al final os vais? —¡A ver! Si no lo hacemos, perdemos el dinero de la reserva.
  • Delante de una oración introducida por la conjunción si, expresa, bien expectación, curiosidad o interés, a veces en forma de reto; bien temor o sospecha; bien deseo o mandato:
  ¡A ver si adivinas lo que estoy pensando!
  A ver si te caes.
  A ver si eres más organizado de ahora en adelante.
  En muchos de estos casos la secuencia a ver puede reemplazarse por veamos, lo que pone de manifiesto su relación con el verbo ver y no con el verbo haber:
  A ver con quién aparece mañana en la fiesta [= Veamos con quién aparece mañana en la fiesta].
  A ver si te atreves a decírselo a la cara [= Veamos si te atreves a decírselo a la cara].
  b) haber
  Puede ser un verbo o un sustantivo:
  • Como verbo, haber se usa como auxiliar, seguido de un participio, para formar los infinitivos compuestos de la conjugación:
  Haber venido antes.
  Tiene que haber sucedido algo.
  Sigo sin haber entendido lo que ha pasado.
  También se emplea como infinitivo del verbo impersonal que denota la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña:
  Parece haber un chico esperándote en la puerta.
  Tiene que haber muchas cosas en el frigorífico.

   
  • Como sustantivo, haber es masculino y significa, en general, ‘conjunto de bienes o caudales de una persona’:
  Su haber era más bien escaso.
   

Halla / haya / aya (RAE y otras entradas)



  a) haya
  Puede ser un verbo o un sustantivo:
  • Como verbo, es la forma de primera o tercera persona del singular del presente de subjuntivo del verbo haber. Con este valor se utiliza, bien seguida de un participio para formar el pretérito perfecto (o antepresente) de subjuntivo del verbo que se esté conjugando (haya visto, haya mirado, etc.), bien como verbo de una oración impersonal:
  Espero que Luis haya aprobado.
  No cree que el niño se haya vestido solo.
  Quizá haya algo que podamos hacer.
  Si estas oraciones se expresasen en otro tiempo verbal, la forma haya sería reemplazada por otra forma del verbo haber:
  Esperaba que esta vez Luis hubiese aprobado.
  No creía que el niño se hubiese vestido solo.
  Quizá habría algo que pudiéramos hacer.
  • Como sustantivo, es femenino y designa un tipo de árbol:
  Hay que podar el haya del jardín.
  Se sentó a la sombra de una frondosa haya.
  b) halla
  Es la forma de la tercera persona del singular del presente de indicativo, o la segunda persona (tú) del singular del imperativo, del verbo hallar(se), que significa ‘encontrar(se)’:
  No sé cómo lo hace, pero halla siempre una excusa perfecta para no ir.
  La sede de la organización se halla en París.
  La flora se halla constituida por diferentes especies.
  Halla la hipotenusa del siguiente triángulo rectángulo.
  Obsérvese que en estos casos la palabra halla se puede sustituir por la forma encuentra:
  No sé cómo lo hace, pero encuentra siempre una excusa perfecta para no ir.
  La sede de la organización se encuentra en París.
  La flora se encuentra constituida por diferentes especies.
  Encuentra la hipotenusa del siguiente triángulo rectángulo.
  c) aya
  Es un sustantivo femenino que significa ‘mujer encargada en una casa del cuidado y educación de los niños o jóvenes’:
  Aún se acordaba del aya sabia y cariñosa de su infancia.
  La vieja aya seguía llevando a los niños al parque.

sábado, 18 de diciembre de 2010

¿Qué son los homónimos?

Homónimos son palabras que comparten un mismo significante pero difieren en su significado. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con pata (ave palmípeda) y pata (extremidad de un animal). La homonimia es una forma de ambigüedad léxica.

Como decíamos arriba, las palabras homónimas tienen que ser idénticas en su forma, pero aquí se pueden diferenciar dos planos: el de la fonología y el de la grafía. Si coinciden en la pronunciación, nos encontramos ante homófonos. Un ejemplo clásico en español es vaca (rumiante) frente a baca (soporte para transportar equipaje en el techo de un coche). Estas dos palabras se pronuncian exactamente igual, por lo que cumplen en el plano fonológico la condición de identidad del significante, que es necesaria para que podamos considerarlas homónimas. Sin embargo, difieren en su grafía, por lo que la homonimia habrá de considerarse parcial. Si también se escriben de la misma forma, las palabras en cuestión además son homógrafas y la homonimia es entonces total. Así sucede con pata (animal) y pata (extremidad), que ya se mencionaron, y también con cobre (metal) y cobre (del verbo cobrar) o con para (preposición) y para (del verbo parar). Dadas las características de la ortografía española, cuando dos palabras tienen idéntica grafía, también tienen idéntica pronunciación. Por ello, en nuestra lengua, todos los homógrafos son al mismo tiempo homófonos.

Históricamente, la homonimia puede tener dos tipos de origen. La primera posibilidad es que se produzca una evolución fonológica convergente, que lleva a que dos palabras que se pronunciaban de maneras diferentes queden igualadas. Hoy día tenemos como homónimos don (regalo) y don (tratamiento de respeto). Los puntos de partida son diferentes y se sitúan en dos formas latinas que sufrieron una fuerte erosión de su sustancia fónica: donum ‘regalo’ y dominum ‘señor’. El yeísmo y el seseo han contribuido al aumento del número de homónimos en castellano, al menos en la lengua oral, al igualar la pronunciación de pares como pollo y poyo o cerrar y serrar.

La segunda posibilidad es que una divergencia semántica dé lugar a significados diferentes que los hablantes dejen de percibir como vinculados. Esto fue lo que ocurrió con banco (de sentarse) y banco (de guardar el dinero… quien lo tenga). El vínculo etimológico entre uno y otro es de tipo metonímico: los predecesores de nuestros actuales banqueros hacían sus negocios en la plaza pública, adonde sacaban un banco o una mesa para atender a los clientes. Hoy se ha perdido la conciencia de este lazo histórico, por lo que parece razonable considerar que nos encontramos aquí ante dos palabras homónimas, más que ante una única palabra con significados múltiples, que es lo que se conoce como polisemia.

Llegamos con esto a un punto espinoso, que es el de la distinción entre homonimia y polisemia. Por lo general, se suele considerar necesario para que podamos hablar de polisemia que se perciba una relación entre los diferentes significados, como ocurre en el caso de cuello, que tiene diferentes acepciones referidas a una parte del cuerpo, de las botellas o de las prendas de vestir. Aunque esas realidades son muy diferentes entre sí, todos percibimos intuitivamente que los dos últimos significados encuentran su motivación en el primero. Muy diferente es la situación entre homónimos como callo (dureza de la piel) y callo (del verbo callar), donde, claramente, no hay relación alguna más allá del hecho fortuito de que coincidan en su pronunciación y escritura. Hay que advertir, eso sí, que en la práctica no siempre resulta posible una diferenciación tajante.

La homonimia puede dar lugar a conflictos: si la forma de dos palabras converge, estas se pueden llegar a confundir. Así, en un hogar seseante, una oración tan inocente como ¡Que me voy de caza! podría provocar una crisis en toda regla (o quizás una fiesta, ¿quién sabe?). Estos choques potenciales se pueden desactivar sustituyendo uno de los términos. Así, en las variedades seseantes del español cacería avanza a expensas de caza y puede resultar preferible cocinar las patatas antes que cocerlas (para salir al paso de confusiones con coser). A veces, la diferenciación se puede lograr mediante la grafía, aunque se mantenga la pronunciación. Un procedimiento para esto es la tilde diacrítica, que busca diferenciar en el papel el verbo dé y la preposición de. Lo mismo se consigue con la hache en el caso del sustantivo ala y la interjección hala. Asimismo, se pueden marcar distancias mediante el género (el terminal telefónico frente a la terminal del aeropuerto) o mediante el número (la esposa ‘cónyuge’ frente a las esposas ‘aros de metal’). También se puede retocar una de las formas. Hoy son muchas las personas que confunden especie y especia. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que su origen común está en el latín species con un final ligeramente modificado.

En fin, no podemos dejar de mencionar que la homonimia puede dar lugar a juegos de palabras, como aquel que todos aprendimos de niños: “¿Usted no nada nada? Es que no traje traje”; o el de la canción de Barrio Sésamo: “Tengo una llama que Llama se llama”.

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