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sábado, 22 de septiembre de 2012

sábado, 4 de junio de 2011

La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa (podcast)





Descripción: La ópera prima del reciente premio Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros, narra la historia de un grupo de estudiantes integrados en el colegio militar Leoncio Prado; las relaciones entre ellos, los 'perros' o cadetes jóvenes, los militares encargados de instruirlos y su vida en la ciudad: tanto la fracción que representa estabilidad (padres, novias) como sus coqueteos con la ilegalidad y el vandalismo (ladrones, prostitutas...)




La ciudad y los perros tiene un trazado de personajes impresionante, con una cantidad de matices prácticamente inabarcable: El Poeta, El Jaguar, El Esclavo... son tres de las piezas clave que conforman una de las mejores novelas de la literatura hispanoamericana de finales de siglo XX, que justamente la han elevado a la categoría de obra maestra.




http://lamilanabonita.blogspot.com

martes, 8 de marzo de 2011

La ciudad y los perros - Mario Vargas Llosa

Otros enlaces de interés:

La vida después del colegio (fragmento de La ciudad y los perros)


El Jaguar, decepcionado por la actitud del resto de los cadetes, le confiesa a Gamboa que fue él quien cometió el crimen. Está arrepentido, dispuesto a entregarse y preparado para acatar las consecuencias. Pero Gamboa sabe que nadie en el colegio está interesado en escuchar su confesión. Le insta a aprender de su error y a enmendar su vida. El Jaguar acaba por integrarse en la sociedad y se casa:






–¿Por qué ha cambiado de opinión ahora? –dijo el teniente–. ¿Por qué no me contó la verdad cuando lo interrogué?
–No he cambiado de opinión –dijo el Jaguar–. Solo que –vaciló un momento e hizo, como para sí, un signo de sentimiento– ahora comprendo mejor al Esclavo. Para él no éramos sus compañeros, sino sus enemigos. ¿No le digo que no sabía lo que era vivir aplastado? Todos lo batíamos, es la pura verdad, hasta cansarnos, yo más que los otros. No puedo olvidarme de su cara, mi teniente. Le juro que en el fondo no sé cómo lo hice. Yo había pensado pegarle, darle un susto. Pero esa mañana lo vi, ahí de frente, con la cabeza levantada y le apunté. Yo quería vengar a la sección, ¿cómo podía saber que los otros eran peores que él, mi teniente? Creo que lo mejor es que me metan en la cárcel. Todos decían que iba a terminar así, mi madre, usted también. Ya puede darse gusto, mi teniente. […]
–El caso Arana está liquidado –dijo Gamboa–. El ejército no quiere saber una palabra más del asunto. Nada puede hacerlo cambiar de opinión. Más fácil sería resucitar al cadete Arana que convencer al ejército de que ha cometido un error.
–¿No me va a llevar donde el coronel? –preguntó el Jaguar–. Ya no lo mandarán a Juliaca, mi teniente. […]
–¿Sabe usted lo que son los objetivos inútiles? […] Fíjese, cuando un enemigo está sin armas y se ha rendido, un combatiente responsable no puede disparar sobre él. No solo por razones morales, sino también militares; por economía. Ni en la guerra debe haber muertos inútiles. Usted me entiende, vaya al colegio y trate en el futuro de que la muerte del cadete Arana sirva para algo.

Incidentes en la escuela (fragmento de La ciudad y los perros)

El robo del examen de química y la muertedel cadete


Cava, uno de los estudiantes del colegio, roba un examen de química siguiendo las instrucciones de Jaguar. Las autoridades se enteran del delito aunque no son capaces de identificar al culpable. Deciden tomar represalias contra todos los jóvenes y los retienen en el colegio de forma indefinida. Tras varias semanas de encierro, el Esclavo denuncia a Cava ante los oficiales y este es expulsado. Sin embargo, durante unas maniobras ocurre un trágico acontecimiento. Un cadete recibe un balazo de misteriosa procedencia y muere. Así termina la primera parte:





–Rápido, a la enfermería. A toda carrera. […]
Gamboa (*) arrebató el cadete a los suboficiales, lo echó sobre sus hombros y aceleró la carrera; en pocos segundos sacó una distancia de varios metros.
–Cadetes –gritó el capitán–. Paren el primer coche que pase. Los cadetes se apartaron de los suboficiales y cortaron camino, transversalmente. El capitán quedó retrasado, junto a Morte y Pezoa.
–¿Es de la primera compañía? –preguntó.
–Sí, mi capitán –dijo Pezoa–. De la primera sección.
–¿Cómo se llama?
–Ricardo Arana, mi capitán –vaciló un instante y añadió–: Le dicen el Esclavo.


* Gamboa es el teniente responsable de la primera compañía.





El testimonio de Alberto y la implicación del Jaguar

Alberto, apodado el Poeta, sentía aprecio por el Esclavo. Por eso denuncia las irregularidades de sus compañeros del colegio y acusa al Jaguar ante el teniente Gamboa. Sospecha que él ha sido el asesino de Arana, pero no tiene pruebas suficientes. La intervención del teniente no servirá de nada; sus superiores se niegan a investigar para evitar escándalos que dañen la imagen de la institución. Amenazan a Alberto para lograr su silencio y ordenan el traslado del teniente. Los cadetes, que son castigados por la información que ha aportado el Poeta, creen equivocadamente que los delató el Jaguar en un momento de resentimiento. Este recibe entonces el desprecio y la humillación de sus compañeros y se siente por primera vez solo:





En las clases, los cadetes hablaban, se insultaban, se escupían, se bombardeaban con proyectiles de papel, interrumpían a los profesores imitando relinchos, bufidos, gruñidos, maullidos, ladridos: la vida era otra vez normal. Pero todos sabían que entre ellos había un exiliado. Los brazos cruzados sobre la carpeta, los ojos azules clavados en el pizarrón, el Jaguar pasaba las horas de clase sin abrir la boca, ni tomar un apunte, ni volver la cabeza hacia un compañero.

El bautizo de un perro (fragmento de La ciudad y los perros)


El colegio militar es una institución a la que acceden diversos muchachos para estudiar los tres últimos cursos de secundaria. En ella se somete a los alumnos a un ambiente violento y sórdido. Los de cuarto curso realizan un cruel bautizo o rito de iniciación a los nuevos estudiantes. Así se describe el del tímido Ricardo Arana, el Esclavo:





–¿Usted es un perro (1) o un ser humano? –preguntó la voz.
–Un perro, mi cadete.
–Entonces, ¿qué hace de pie? Los perros andan a cuatro patas.
Él se inclinó, al asentar las manos en el suelo, surgió el ardor en los brazos, muy intenso. Sus ojos descubrieron junto a él a otro muchacho, también a gatas.
–Bueno –dijo la voz–. Cuando dos perros se encuentran en la calle, ¿qué hacen? Responda, cadete. A usted le hablo. El Esclavo recibió un puntapié en el trasero y al instante contestó:
–No sé, mi cadete.
–Pelean –dijo la voz–. Ladran y se lanzan uno encima del otro. Y se muerden.
El Esclavo no recuerda la cara del muchacho que fue bautizado con él. Debía ser de una de las últimas secciones porque era pequeño. Estaba con el rostro desfigurado por el miedo y, apenas calló la voz, se vino contra él, ladrando y echando espuma por la boca, y, de pronto, el Esclavo sintió en el hombro un mordisco de perro rabioso y entonces todo su cuerpo reaccionó, y mientras ladraba y mordía, tenía la certeza de que su piel se había cubierto de una pelambre dura, que su boca era un hocico puntiagudo y que, sobre su lomo, su cola chasqueaba como un látigo. […]
Después lo volvieron a una cuadra de cuarto y tendió muchas camas y cantó y bailó sobre un ropero, imitó a artistas de cine, lustró varios pares de botines, barrió una loseta con la lengua, fornicó con una almohada, bebió orines, pero todo eso era un vértigo febril y de pronto él aparecía en su sección, echado en su litera pensando:
«Juro que me escaparé. Mañana mismo».






Algunos jóvenes forman el Círculo, un grupo que decide vengarse de los estudiantes de cuarto. Está liderado por el Jaguar, un brutal muchacho que planea duros ataques contra sus opositores y que pronto incita también a la violencia a sus propios compañeros. Ricardo Arana, el único que se mantiene al margen, lo empuja involuntariamente y recibe una brutal paliza. Desde ese momento será continuamente humillado por los demás cadetes:





«Perdón, Jaguar, fue de casualidad que te empujé, juro que fue casual (2)». «Lo que no debió hacer fue arrodillarse, eso no. Y, además, juntar las manos, parecía mi madre en las novenas, un chico en la iglesia recibiendo la primera comunión, parecía que el Jaguar era el obispo y él se estuviera confesando», «me acuerdo de eso» decía Rospigliosi, «y la carne se me escarapela, hombre».
El Jaguar estaba de pie, miraba con desprecio al muchacho arrodillado y todavía tenía el puño en alto como si fuera a dejarlo caer de nuevo sobre ese rostro lívido. Los demás no se movían. «Me das asco», dijo el Jaguar. «No tienes dignidad ni nada. Eres un esclavo.»


1 perro: término con el que los cadetes mayores se refieren a los novatos, estudiantes de tercer curso.
2 Esta primera frase la pronuncia Ricardo, pero después se aprecia la voz de varios narradores; de uno de los cadetes, Rospigliosi (cuyo discurso aparece entrecomillado), y un narrador omnisciente que termina el relato.

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