Gracias a Esmeralda Casado por mandarme este powerpoint. La lectura, al menos, sí nos hace iguales.
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viernes, 20 de julio de 2012
Las mujeres que leemos somos peligrosas... porque dejamos que se queme el arroz (powerpoint)
domingo, 1 de julio de 2012
SCRIBD Literatura del siglo XX (José Mª González-Serna)
SCRIBD Literatura en la segunda mitad del siglo XIX (José Mª González-Serna)
SCRIBD La Revolución Romántica (José Mª González-Serna)
SCRIBD Literatura del Siglo XVIII (José Mª González-Serna)
SCRIBD Literatura de los siglos XVI y XVII (José Mª González-Serna)
SCRIBD Literatura medieval (José Mª González-Serna)
SCRIBD Literatura clásica (José Mª González-Serna)
sábado, 26 de mayo de 2012
viernes, 9 de diciembre de 2011
Tristana - Benito Pérez Galdós
Tristana es una novela escrita por Benito Pérez Galdós. Pertenece al grupo de las novelas españolas contemporáneas. Es una crítica de la situación opresiva que sufren las mujeres a finales del siglo XIX. Fue llevada al cine por Luis Buñuel.
Benito Pérez Galdós en lenliblog - artículo de wikipedia -la película en wikipedia - imágenes - vídeos - noticias - Books Google - monografías.com - "Benito Pérez Galdós y el aburguesamiento en Tristana" por Zoila Clark - valoración crítica del IES Antonio Gala de Móstoles - vocabulario de la novela - Galdós’s Tristana and Giuseppe Verdi por Thomas R. Franz - "Tristana y Buñuel" en sigue al conejo blanco - Guía de lectura de Tristana - Trabajo de Rosendo Gómez Palmeiro - "TRISTANA (PROTAGONISTA DE LA NOVELA DE GALDÓS DEL MISMO TÍTULO): HISTORIA DE UN FRACASO VITAL. ANÁLISIS
viernes, 21 de octubre de 2011
martes, 19 de julio de 2011
Nada - Carmen Laforet
Nada es una novela de carácter existencialista en la que Carmen Laforet refleja el estancamiento y la pobreza en la que se encontraba la España de la posguerra. La escritora supo transmitir con esta obra, escrita con un estilo literario que supuso una renovación en la prosa de la época, la lenta desaparición de la pequeña burguesía tras la Guerra Civil.
Carmen Laforet en lenliblog - artículo de wikipedia - imágenes - vídeos - noticias - Books Google - "Nada de Carmen Laforet: el proceso de maduración de la protagonista como un ejemplo de emancipación femenina" por Izabela Mocek - Trabajo - "Nada en el blog Ese otro tiempo de Mari Carmen Fabre" - Comentario de Manuel Berriatúa - Guión educativo de Nada - Preguntas de comprensión lectora -
lunes, 13 de junio de 2011
La barca sin pescador - Alejandro Casona
Otros enlaces de interés:
sábado, 21 de mayo de 2011
La valencia
19 de mayo de 2011
La valencia es el potencial que tienen ciertas palabras de regir un número determinado de elementos. Es una propiedad que se deriva de la semántica y que tiene consecuencias para la sintaxis.
Por ejemplo, no se puede concebir la idea de comer sin que haya alguien que coma y algo que es comido. Decimos por eso que el verbo comer posee dos posiciones vacías que se tienen que llenar con otros tantos elementos. Cuando esto ocurre, surge una oración como Manolo come pan.
Las raíces de esta idea se pueden rastrear hasta la gramática latina, pero en su forma actual la desarrolla el lingüista francés Lucien Tesnière en una serie de trabajos que escribe durante los años cuarenta del siglo XX y que en parte se publicarán póstumamente. La noción gramatical de valencia, tal como la concibe Tesnière, reposa sobre una metáfora química. En el colegio nos enseñaban que un átomo de oxígeno tiene la capacidad de ligar dos átomos de hidrógeno y que al hacerlo da lugar a una molécula de agua. Esto, trasladado a la sintaxis, quiere decir que cada verbo lleva en sí, en virtud de su significado, la capacidad de atraer a un número determinado de elementos, a los que liga para formar una oración.
Los verbos se clasifican en esta teoría por el número de casillas vacías que ofrecen. Los hay monovalentes (Pedro nace), divalentes (Pedro amasa pan) y trivalentes (Pedro da el pan a Juan). Existen incluso verbos cerovalentes, como los que designan fenómenos meteorológicos, que no necesitan de ningún otro elemento para que su significado esté completo (nieva).
El principal portador de valencia en la oración es el verbo y, de hecho, la parte más desarrollada de la teoría de valencias es la relacionada con él. Sin embargo, no es esta la única clase de palabras con esta propiedad. Hay sustantivos con un significado relacional, que no se completa sin la intervención de otros elementos que están previstos en su plan de construcción. Por ejemplo, un sustantivo como amor no se entiende si no es relacionalmente. El amor es amor de alguien por alguien (o por algo), y este potencial se puede desplegar total o parcialmente en oraciones como El amor de Lucía por las matemáticas la hizo triunfar en la vida o El amor de su madre fue lo que le permitió salir adelante. Se diferencia amor en esto de sustantivos con un significado absoluto como zambomba, coliflor o adoquín, que no requieren de otros elementos para estar completos. También hay adjetivos con valencia, como sensible: un instrumento sensible a la luz.
Solo quedan comprendidos en la valencia los complementos obligatorios, no los opcionales. Tesnière, muy aficionado al lenguaje figurado, lo explica con su famosa comparación de la oración simple con una obra de teatro, en la que denomina a los primeros actantes y a los segundos circunstantes:
El nudo verbal [...] expresa toda una obra de teatro en pequeño. En efecto, como en una obra de teatro, implica necesariamente un proceso y, a menudo, actores y circunstancias. [...] Traspuesto del plano de la realidad dramática al de la sintaxis estructural, el proceso, los actores y las circunstancias se convierten, respectivamente, en el verbo, los actantes y los circunstantes (Lucien Tesnière: Éléments de syntaxe structurale, traducción A. B.).
Esto, aplicado a una oración como Manolo come galletas en la cama, quiere decir que el nudo verbal rige dos elementos obligatorios, que son Manolo y galletas; y que a estos se les añade uno opcional que es en la cama. El número de actantes viene dado por el verbo (esa es, de hecho, su valencia), pero no así el de circunstantes.
Hay que aclarar, eso sí, que la diferencia entre actantes y circunstantes es uno de los aspectos más peliagudos de la teoría de valencias. Se han vertido ríos de tinta sobre esta materia en disquisiciones que nada tienen que envidiarles a aquellas famosas sobre el sexo de los ángeles.
La hija de la teoría de valencias es la denominada gramática de dependencias, que explica la sintaxis como una serie de vínculos que hacen depender a unas palabras de otras en el interior de la oración. Fue una forma de hacer gramática que gozó de un considerable éxito en Europa durante la segunda mitad del siglo XX, sobre todo en los países de habla alemana; pero que fue perdiendo terreno en favor de una representación alternativa que venía empujando con fuerza desde el otro lado del Atlántico: la de la estructura de constituyentes, que explica cómo se van constituyendo unidades cada vez de mayor nivel combinando elementos de los niveles inferiores.
De todo ello habrá que ir hablando a su debido tiempo.
La valencia es el potencial que tienen ciertas palabras de regir un número determinado de elementos. Es una propiedad que se deriva de la semántica y que tiene consecuencias para la sintaxis.
Por ejemplo, no se puede concebir la idea de comer sin que haya alguien que coma y algo que es comido. Decimos por eso que el verbo comer posee dos posiciones vacías que se tienen que llenar con otros tantos elementos. Cuando esto ocurre, surge una oración como Manolo come pan.
Las raíces de esta idea se pueden rastrear hasta la gramática latina, pero en su forma actual la desarrolla el lingüista francés Lucien Tesnière en una serie de trabajos que escribe durante los años cuarenta del siglo XX y que en parte se publicarán póstumamente. La noción gramatical de valencia, tal como la concibe Tesnière, reposa sobre una metáfora química. En el colegio nos enseñaban que un átomo de oxígeno tiene la capacidad de ligar dos átomos de hidrógeno y que al hacerlo da lugar a una molécula de agua. Esto, trasladado a la sintaxis, quiere decir que cada verbo lleva en sí, en virtud de su significado, la capacidad de atraer a un número determinado de elementos, a los que liga para formar una oración.
Los verbos se clasifican en esta teoría por el número de casillas vacías que ofrecen. Los hay monovalentes (Pedro nace), divalentes (Pedro amasa pan) y trivalentes (Pedro da el pan a Juan). Existen incluso verbos cerovalentes, como los que designan fenómenos meteorológicos, que no necesitan de ningún otro elemento para que su significado esté completo (nieva).
El principal portador de valencia en la oración es el verbo y, de hecho, la parte más desarrollada de la teoría de valencias es la relacionada con él. Sin embargo, no es esta la única clase de palabras con esta propiedad. Hay sustantivos con un significado relacional, que no se completa sin la intervención de otros elementos que están previstos en su plan de construcción. Por ejemplo, un sustantivo como amor no se entiende si no es relacionalmente. El amor es amor de alguien por alguien (o por algo), y este potencial se puede desplegar total o parcialmente en oraciones como El amor de Lucía por las matemáticas la hizo triunfar en la vida o El amor de su madre fue lo que le permitió salir adelante. Se diferencia amor en esto de sustantivos con un significado absoluto como zambomba, coliflor o adoquín, que no requieren de otros elementos para estar completos. También hay adjetivos con valencia, como sensible: un instrumento sensible a la luz.
Solo quedan comprendidos en la valencia los complementos obligatorios, no los opcionales. Tesnière, muy aficionado al lenguaje figurado, lo explica con su famosa comparación de la oración simple con una obra de teatro, en la que denomina a los primeros actantes y a los segundos circunstantes:
El nudo verbal [...] expresa toda una obra de teatro en pequeño. En efecto, como en una obra de teatro, implica necesariamente un proceso y, a menudo, actores y circunstancias. [...] Traspuesto del plano de la realidad dramática al de la sintaxis estructural, el proceso, los actores y las circunstancias se convierten, respectivamente, en el verbo, los actantes y los circunstantes (Lucien Tesnière: Éléments de syntaxe structurale, traducción A. B.).
Esto, aplicado a una oración como Manolo come galletas en la cama, quiere decir que el nudo verbal rige dos elementos obligatorios, que son Manolo y galletas; y que a estos se les añade uno opcional que es en la cama. El número de actantes viene dado por el verbo (esa es, de hecho, su valencia), pero no así el de circunstantes.
Hay que aclarar, eso sí, que la diferencia entre actantes y circunstantes es uno de los aspectos más peliagudos de la teoría de valencias. Se han vertido ríos de tinta sobre esta materia en disquisiciones que nada tienen que envidiarles a aquellas famosas sobre el sexo de los ángeles.
La hija de la teoría de valencias es la denominada gramática de dependencias, que explica la sintaxis como una serie de vínculos que hacen depender a unas palabras de otras en el interior de la oración. Fue una forma de hacer gramática que gozó de un considerable éxito en Europa durante la segunda mitad del siglo XX, sobre todo en los países de habla alemana; pero que fue perdiendo terreno en favor de una representación alternativa que venía empujando con fuerza desde el otro lado del Atlántico: la de la estructura de constituyentes, que explica cómo se van constituyendo unidades cada vez de mayor nivel combinando elementos de los niveles inferiores.
De todo ello habrá que ir hablando a su debido tiempo.
domingo, 10 de abril de 2011
jueves, 7 de abril de 2011
Prohibido suicidarse en primavera - Alejandro Casona
Otros enlaces de interés:
lunes, 28 de marzo de 2011
jueves, 17 de marzo de 2011
Las bicicletas son para el verano - Fernando Fernán Gómez

Otros enlaces de interés:
- Fernando Fernán Gómez en lenliblog
- Las bicicletas son para el verano en wikipedia
- Imágenes de Las bicicletas son para el verano
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