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lunes, 30 de abril de 2012

Los preclaros silencios de Thelonious Monk por David Torres (del blog Tropezando con melones)


Una de las cosas más difíciles de aprender en la técnica narrativa es la administración de los silencios: saber cuándo callar es tan importante como saber cuándo seguir hablando. Lo que no se dice realza el témpano flotante de lo que se dice. ¿Qué espanto innombrable había al fondo de El pozo y el péndulo? ¿De qué diablos hablaba al final Kurtz? La elipsis brutal a la mitad de El mundo según Garp obliga al lector a rellenar con su imaginación el vacío antes de que las palabras dibujen el horror.

Los grandes músicos son maestros en el arte de sembrar silencios, de dejar en el cuerpo de una melodía los huecos exactos para crear la expectativa, el ansia y su resolución: Brahms, Bartok, Satie, Miles Davis. Aldous Huxley decía que lo que distinguía esencialmente a Mozart y a Wagner era que el discurso musical del segundo tejía un flujo musical ininterrumpido, interminable, agotador. No es verdad. Pocos silencios brillan en la historia de la música como los que respiran justo al inicio del Tristán. Y, en el preludio del Parsifal, tras la insolente llamada de los metales, conviven dos pausas formidables, una suspensión abismal donde parece detenerse el mundo.

Thelonious Monk, el arisco pianista negro, vapuleaba el teclado con el rigor de un sordomudo intentando encontrar el lenguaje perdido. Entraba fuera de compás, soltaba un par de hoscos acordes, como el que suelta un capazo de ladrillos sobre el piano, y de repente enhebraba una frase suavísima que se cortaba con un hachazo de blancas. Hasta que no encontró a Charles Rouse, el saxofonista que fue durante tantos años su escudero, Monk no forjó el cuarteto perfecto, la falange de cámara donde cobijar toda esa lluvia de corales y cuchillos, esa noche primitiva y delicada (Cortázar dixit) que era también su manera de hablar y no hablar.
Porque Monk, loco, vagabundo, profeta, tocado por una enfermedad mental tan extraña como su misma música, también hablaba a base de silencios. Hay gente que es así: elíptica. Hace algún tiempo conocí a una chica preciosa en una fiesta. Me las arreglé para entablar conversación con ella y pedí su teléfono, suponiendo que no me lo iba a dar. Contra todo pronóstico, me lo dio. La llamé, apañé una cita, la invité a cenar. Luego nos tomamos unas copas y la despedí de madrugada a la orilla de un taxi. Quedamos en que nos llamaríamos. Lo hice una semana después, me dijo que estaba leyendo el libro mío que le había regalado, que le gustaba mucho, pero que estaba muy ocupada y que mejor nos llamáramos más adelante. Lo hice. Una vez. No cogió el teléfono. Dos veces. Tampoco. Como, aparte de tonto, soy bastante obstinado, le dejé un mensaje que jamás contestó.

Me sentí como aquel periodista que, entrevistando a Thelonious Monk, se le ocurrió preguntarle si le gustaba la música clásica. Monk simplemente se quedó mirando al frente, con los labios juntos, casi silbando. El periodista carraspeó, nervioso, y le repitió la pregunta. Por toda respuesta, Monk se llevó el cigarrillo a sus labios y soltó una voluta de humo apelmazada y sinfónica. ‘Perdone, señor Monk’ dijo el periodista sin saber muy bien qué hacer, ‘no sé si me ha entendido. Le preguntaba si le gusta la música clásica’. Monk se volvió al fin hacia su agente, que estaba allí, al lado, sentado en una silla, apoyó las manos en las rodillas, señaló al periodista con la cabeza y gruñó: ‘Eh, Joe. Este tío está sordo’.

blog Tropezando con melones

sábado, 21 de abril de 2012

Sintaxis Figurada en retoricas.com


La sintaxis figurada se refiere a las figuras de construcción. Se trata de alteraciones sintácticas que no producen cambios semánticos y son: hiperbatón, elipsis, pleonasmo, silepsis y traslación.
El hipérbaton consiste en la inversión de las palabras, sin que se pierda la claridad y el sentido de la comunicación.
Ejemplo de hipérbatón:
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal.
a) Para que yo los libere de todo mal, cada nueve años entran en la casa nueve hombres
b) Para que yo, de todo mal los libere, entran en la casa, cada nueve años, nueve hombres.
c) Nueve hombres, para que yo los libere de todo mal, entran en la casa, cada nueve años.

La elipsis consiste en la omisión de palabras sintácticamente necesarias, pero que no entorpecen la fluidez del enunciado.
Ejemplo de elipsis:
Joaquín estudia redacción; Vicente, comunicación.
En la segunda proposición del ejemplo se omitió la palabra estudia; sin embargo, no se perdió el sentido del enunciado.

El pleonasmo consiste en el empleo de palabras no necesarias, desde el punto de vista sintáctico, pero que sirven para dar mayor fuerza y colorido al enunciado.
Ejemplo de pleonasmo:
Lo hice con mis propias manos.
Lo vi con mis propios ojos.

La silepsis es la falta de concordancia sintáctica, que no altera el sentido del mensaje.
Ejemplo de silepsis:
Su santidad está enfermo
     femenino        masculino

La traslación consiste en el empleo de un tiempo verbal distinto al que corresponde en el enunciado.
Ejemplo de traslación:
El profesor viene a examinarnos la semana próxima.
                  (vendrá)
Aunque el sentido del enunciado está referido a una acción futura, el verbo viene en presente, indica un tiempo futuro.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Cambio semántico

Se llama cambio léxico-semántico al cambio lingüístico experimentado en la evolución histórica del componente léxico-semántico de un idioma.

De los componentes del lenguaje, el léxico-semántico es el más propenso al cambio porque refleja de forma muy clara las modificaciones y transformaciones (técnicas, psicológicas, sociológicas, epistemológicas...) propias de la Evolución cultural de las culturas humanas, con independencia de que el léxico básico permanezca inalterado.

Hay varios factores que cooperan para que se produzca este fenómeno:

- el proceso de transmisión del lenguaje.
- la falta de fijeza y vaguedad del significado.
- la facilidad de las palabras para desviarse o desvincularse de su significado originario.
- el fenómeno de la polisemia.
- la ambigüedad semántica de muchas palabras no resuelta ni siquiera por el contexto.



Contenido


1 Clasificación de los cambios léxico-semánticos
2 Causas de los cambios semánticos
3 Clasificación psicológica de los cambios semánticos

1. Clasificación de los cambios léxico-semánticos


Dado un concepto o noción fija, se denomina cambio léxico al cambio de la palabra habitualmente usada para designar ese concepto o noción (por ejemplo retrete que en el siglo XVIII designaba a un cuarto pequeño destinado al retiro, mientras que en la actualidad esta palabra se utiliza para nombrar la habitación que posee las instalaciones necesarias para orinar y evacuar el vientre). En cambio, dada una palabra fija, se llama cambio semántico a la modificación del significado de una palabra, mediante ampliación de los usos a otros conceptos similares (generalización o metáfora) o reducción de los usos (restricción). Con frecuencia un cambio léxico supone simultáneamente un cambio semántico en las otras palabras de significado que interfieren con la primera. Una clasificación tentativa de los cambios semánticos los divide en cambios:

a) lógico-cuantitativos:

por ampliación de sentidos, es decir, cuando se une un nuevo sentido a un significante; por ejemplo, el adjetivo bárbaro, que se aplicó a quien chapurreaba un idioma, amplió su sentido al de extranjero y, más tarde, al de salvaje, cruel, no refinado, etc.
por restricción de los significados, esto es, cuando un significado abandona un significante, ya sea por mejoramiento, ya por empeoramiento del sentido.


b) cualitativos:

desarrollos peyorativos: villano > ruin; rústico > basto.
desarrollos mellorativos: fortuna; gener = torturar > "irritar o molestar"; cadentia > caída.

2.Causas de los cambios semánticos


Muchas son las causas que pueden originar los cambios léxico-semánticos. Lo que parece cierto es que estos cambios no tienen lugar en las palabras aisladas sino en las palabras o unidades léxicas como miembros de campos semánticos. La desviación individual es probablemente una de las causas más probables del cambio. Esta desviación está causada a veces por errores repetidos, por ejemplo, el constante uso del verbo prometer por asegurar, o el de detentar por ostentar, o por necesidades expresivas, de ironía, de juego de palabras, de énfasis, de prestigio social, etc., muchas veces basada en la analogía.

a. Causas lingüísticas: las palabras que integran el contexto facilitan el cambio: lat. re(m) = 'cosas' > fr. ríen = 'nada'; lat. passu(m) = 'paso' > fr. pas = 'no'; lat. iam + magis > jamais > 'jamás' (de non iam magis).


b. Causas históricas: son estas la evolución social, las transformaciones de la civilización, la evolución de la vida y la aparición de realidades nuevas que hacen que las palabras cambien: pluma, república, retrete...

c. Causas sociales: se concretan fundamentalmente en la presencia de determinadas innovaciones introducidas por grupos sociales o políticos. Estas innovaciones provocan cambios en la semántica de las palabras: plural - pluralismo; tema - asunto; cortocircuito;

d. Causas psicológicas: el significado de ciertas palabras es alterado por el hombre debido a razones emotivas o mentales. En tal sentido, es muy frecuente que acudamos a metáforas y a analogías para denominar ciertas cosas y ser más expresivos:
- el tabú: esta palabra fue introducida en el inglés por Cook de la Polinesia. Significa lo sagrado, lo prohibido, lo que está rodeado de un temor santo, lo que es peligroso o misterioso. Se parte del hecho de que hay numerosas realidades tabúes y que las palabras que las designan no se pronuncian, el hombre trata de evitarlas ya que son palabras prohibidas.

- De aquí se deriva el elemento sustitutor de esta palabra: el eufemismo (bien dicho), que implica un recubrimiento, un velo, una dulcificación o una referencia indirecta al tabú. Hay diferentes tabúes que varían de unas culturas a otras. El más universal es el religioso.

3. Clasificación psicológica de los cambios semánticos


En el cambio de significados de las palabras desempeñan un papel varios factores, unos de naturaleza extralingüística, otros derivados del doble plano del signo lingüístico (significado/significante), y otros que tienen que ver con la psicología de los hablantes y de su actitud frente al lenguaje. Si tenemos en cuenta este último punto, se puede elaborar una clasificación psicológica de los cambios semánticos basada en las asociaciones o relaciones que los hablantes establecen entre los significantes o los significados de las palabras.

Estas asociaciones pueden ser:

a. de contigüidad o proximidad:

- elipsis: proximidad de significantes: le lanzó un (tiro) directo; vamos al (cine) Capitol; marchamos en el (tren) Talgo;
- metonimia: proximidad de significados: póngame un Rioja; nos sirvieron tres tazas;

b. de semejanza:


- metáfora: semejanza de significados: pata de mesa, cresta de una ola, cuello de botella;
- etimología popular o error auditivo: ciertas semejanzas entre los significantes de algunas palabras: necrópolis - negrópolis; vagabundo - vagamundo.

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