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domingo, 20 de abril de 2014

Muere Gabriel García Márquez: genio de la literatura universal por WINSTON MANRIQUE SABOGAL (El País)

Uno de los grandes escritores de la literatura universal ha fallecido en México DF a la edad de 87 años

El narrador y periodista colombiano, ganador del Nobel en 1982, es el creador de obras clásicas como 'Cien años de soledad', 'El amor en los tiempos del cólera', 'El coronel no tiene quien le escriba', 'El otoño del patriarca' y 'Crónica de una muerte anunciada'.

Nació en Aracataca y fue el creador de un territorio eterno llamado Macondo donde conviven imaginación, realidad, mito, sueño y deseo.

  

El escritor colombiano Gabriel García Márquez. / THE DOUGLAS BROTHERS
Bajo un aguacero extraviado, el 6 de marzo de 1927, nació Gabriel José García Márquez. Hoy, bajo los primeros olores que anuncian lluvia este jueves 17 de abril de 2014, a la edad de 87 años, ha muerto en México DF el periodista colombiano y uno de los más grandes escritores de la literatura universal. Autor de obras clásicas como Cien años de soledad,El amor en los tiempos del cólera, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca y Crónica de una muerte anunciada,fue el creador de un territorio eterno y maravilloso llamado Macondo.
Nació en la caribeña Aracataca, un poblado colombiano, un domingo novelable a partir del cual el niño viviría una infancia a la que volvió muchas veces. Entró a la literatura en 1947 con su cuento La tercera resignación; la gloria le llegó en 1967 con Cien años de soledad, y su confirmación en 1982 con el Nobel de Literatura. Ahora, el ahijado más prodigioso de Melquiades se ha ido, para quedarse entre nosotros un hombre que creó una nueva forma de narrar; un escritor que con un universo y un lenguaje propios corrió los linderos de la literatura; un periodista que amaba su profesión pero odiaba las preguntas; una persona que adoraba los silencios, y con un encanto que cautivó a intelectuales y políticos, y hechizó a millones de lectores en todo el mundo.

Condolencia de Mario Vargas Llosa

Nada más conocerse la noticia de la muerte de Gabriel García Márquez, el premio Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa hizo esta declaración de condolencia a EL PAÍS:
“Ha muerto un gran escritor cuyas obras dieron gran difusión y prestigio a la literatura en lengua española en todos los países del mundo. Sus novelas sobrevivirán e irán ganando lectores por doquier. Envío mis condolencias a toda su familia”.
Gabriel no iba a ser su nombre. Debió llamarse Olegario. Acababan de sonar las campanas dominicales de la misa de nueve de la mañana cuando los gritos de la tía Francisca se abrieron paso, entre el aguacero, por el corredor de las begonias: “¡Varón! ¡Varón! ¡Ron, que se ahoga!”. Y nuevos alaridos enmarañaron la casa. Una vez liberado del cordón umbilical enredado en el cuello, las mujeres corrieron a bautizar al niño con agua bendita. Lo primero que se les vino a la cabeza fue ponerle Gabriel, por el padre, y José, por ser el patrono de Aracataca. Nadie se acordó del santoral. De lo contrario, se habría llamado Olegario García Márquez.
Aquel domingo 6 de marzo de 1927,Aracataca celebró la llegada del primogénito de Luisa Santiaga y Gabriel Eligio. Fue el mayor de 11 hermanos, siete varones y cuatro mujeres. En realidad, para los cataqueros había nacido el nieto de Tranquilina Iguarán Cotes y el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, los abuelos maternos con quienes se crió hasta los diez años en una tierra de platanales bajo soles inmisericordes y vivencias fabulosas. Era unpelaíto en una casa-reino de mujeres, acorralado por el rosario de creencias de ultratumba de la abuela y los recuerdos de guerras del abuelo, el único hombre junto a él. ¡Ah! y un diccionario en el salón por el que entra y sale del mundo.
Diez años que le sirvieron para dar un gran fulgor a lo real maravilloso, al realismo mágico. Los cuentos fueron para él ese primer amor que nunca se olvida, el cine los amores desencontrados y las novelas el amor pleno y correspondido.De todos ellos, creía que la historia que no embolatará su nombre en el olvido es la de sus padres recreada en El amor en los tiempos del cólera.
Son las vísperas de su vida.
Donde todo empieza... Amor y amores deseados, esquivos y de toda estirpe en sus escritos.
García Márquez, que será conocido por sus amigos como Gabo, vive un segundo tiempo cuando a los 16 años, en 1944, sus padres lo envían a estudiar a la fría, helada, Zipaquirá, cerca de Bogotá. Descubre sus primeros escritores tutelares, Kafka, Woolf y Faulkner.
El zumbido de la literatura y el periodismo lo rondan.
Allí, en el frío del altiplano andino, lo sorprende el cambio de destino del país y el suyo. Estudia Derecho, cuando el 9 de abril de 1948 es asesinado el candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán. Un suceso conocido como El bogotazo. Fue el antepenúltimo germen de un rosario de conflictos políticos y sociales, conocido como La violencia que habrán de germinar en sus obras.
Después de El bogotazo volvió a sus tierras costeñas con una mala noticia para sus padres: deja la carrera de Derecho. A cambio empieza en el periodismo. Primero en el periódico El Universal, de Cartagena, entre otras cosas como crítico de cine bajo el seudónimo de Séptimus; luego en El Heraldo, de Barranquilla, hasta volver a Bogotá, en 1954, aEl Espectador, el diario que en 1947 había publicado, un domingo, su primer cuento.
Además de crónicas y reportajes escribía para las páginas editoriales y la sección Día a Día, en la que se daba cuenta de los hechos más significativos de aquella Colombia donde la violencia corría en tropel. En 1955 escribe la serie sobre un suceso que terminará llamándose Relato de un náufrago.
Ryszard Kapuscinski aseguró que, aunque lo admiraba por sus novelas, consideraba que “la grandeza estriba en sus reportajes. Sus novelas provienen de sus textos periodísticos. Es un clásico del reportaje con dimensiones panorámicas que trata de mostrar y describir los grandes campos de la vida o los acontecimientos. Su gran mérito consiste en demostrar que el gran reportaje es también gran literatura”.

Libros inolvidables

García Márquez ha vendido más de 40 millones de ejemplares en más de 30 idiomas.
Novelas: La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1957), La mala hora (1961),Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989),Del amor y otros demonios (1994), Memorias de mis putas tristes (2004).
Grandes reportajes: Relato de un náufrago(1970), Noticia de un secuestro (1996), Obra periodística completa (1999). Primer tomo de sus memorias, Vivir para contarla (2002).
Cuentos: Ojos de perro azul (1955), Los funerales de la Mamá grande (1962), La irresistible y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972), Doce cuentos peregrinos (1992).
Mientras trabaja como periodista escribe cuentos y no se desprende de una novela en marcha que lleva a todos lados, titulada La casa.
Ese mismo año aparece su primera novela, La hojarasca. Después viaja a Europa como corresponsal del diario bogotano y recorre el continente, e incluso los países de la “cortina de hierro”. En 1958 vuelve y se casa con Mercedes Barcha. Hasta que se instala en México DF, en 1961, donde hace vida con sus amigos, las parejas Álvaro Mutis-Carmen Miracle y Jomí García Ascot-María Luisa Elío (dos españoles exiliados de la guerra). Un día Mutis le da dos libros y le dice: “Léase esa vaina para que aprenda cómo se escribe”. Eran Pedro PáramoEl llano en llamas, de Juan Rulfo. Ese año publica El coronel no tiene quién le escriba.
—“¿Fue tu abuela la que te permitió descubrir que ibas a ser escritor?”, le preguntó en los años setenta su amigo y colega Plinio Apuleyo Mendoza.
—“No, fue Kafka, que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los 17 años La metamorfosis,descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: ‘Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa”.
La escritura no le da para comer y trabaja en cine y publicidad. Llega 1965. Pronto terminarán cuatro años de sequía literaria. El embrión esLa casa. Páginas que no terminan de coger forma. Hasta que un día, mientras viaja en un Opel blanco con su esposa Mercedes y sus dos hijos de vacaciones a Acapulco, ve clara la manera en que debe escribirla: sucedería en un pueblo remoto, y descubre el tono: el de su abuela que contaba cosas prodigiosas con cara de palo, y la llenaría de historias: las contadas por su abuelo en la Guerra de los Mil Días de Colombia. Y el comienzo de la novela: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Ha sido el soplo divino de Kafka, Faulkner, Sherezada, Rulfo, Verne, Woolf, Hemingway, Homero… y sus abuelos Tranquilina y Nicolás.


El escritor durante la ceremonia de los Premios Nobel en Estocolmo en 1982
Da media vuelta y regresa en el Opel blanco a su casa de San Ángel Inn, en México DF.
Una vez llega, coge sus ahorros, 5.000 dólares, y se los entrega a su esposa para el mantenimiento del hogar mientras se dedica a escribir. La Cueva de la Mafia es la habitación de su casa donde esa primavera se exilia con la enciclopedia británica, libros de toda índole, papel y una máquina Olivetti. Vive y disfruta ese rapto de inspiración al escribir hasta las ocho y media de la noche al ritmo de los Preludios de Debussy y Qué noche la de aquel día de los Beatles.
En otoño el dinero se acaba y las deudas acechan. García Márquez coge, entonces, el Opel y sube al Monte de Piedad a empeñarlo. Es una nueva tranquilidad para seguir escribiendo, aumentada por las visitas de sus amigos que les llevan mercaditos.
Al llegar el invierno de 1965-1966 pone un punto y aparte, y llora, llora como ni siquiera en sus novelas está escrito. Tenía 39 años Gabriel García Márquez cuando, esa mañana de 1966, salió de La Cueva de la Mafia, atravesó la casa y se derrumbó en lágrimas sobre la cama matrimonial como un niño huérfano. Su esposa, al verlo tan desamparado, supo de qué se trataba: el coronel Aureliano Buendía acababa de morir. Era el personaje inspirado en su abuelo Nicolás.
Muere orinando mientras trata de encontrar el recuerdo de un circo, después de una vida en la que se salvó de un pelotón de fusilamiento, participó en 32 guerras, tuvo 17 hijos con 17 mujeres y terminó sus días haciendo pescaditos de oro.
Un duelo perpetuo para el escritor que, el 5 de junio de 1967, ve recompensado al saber que esa historia comandada por el coronel, bajo el título de Cien años de soledad, inicia su universal parranda literaria en la editorial Sudamericana, de Francisco Porrúa, en Buenos Aires. Todos quieren conocer la saga de los Buendía.
La novela impulsa la universalización del boom de la literatura latinoamericana. “Verdaderamente fue a partir del triunfo escandalosamente sin precedentes de Cien años de soledad”, afirmaría José Donoso en Historia personal del boom.
En medio de la algarabía, García Márquez se va a vivir a Barcelonadonde afianza su amistad con autores como Carlos FuentesMario Vargas Llosa y Julio Cortázar. El éxito es rotundo y trasciende a otros idiomas. Luego empieza a escribir El otoño del patriarca (1975) como un ejercicio para quitarse de encima la sombra de su obra maestra. Para entonces ya es muy activo con la causa cubana y está más presente en Colombia. En 1981 publica Crónica de una muerte anunciada.


García Márquez con una edición de 'Cien años de soledad' a finales de los sesenta / COLITA
La noticia del Nobel lo sorprende en México en 1982. En la frontera del amanecer del 10 de octubre el teléfono lo despierta. Con 55 años se convierte en uno de los escritores más jóvenes en recibir el máximo galardón de la literatura. En diciembre rompe con la tradición al recibir el premio vestido con un liquiliqui, una manera de rendir homenaje a su tierra costeña y compartirlo con su abuelo Nicolás que usaba trajes así en el ejército. Una ausencia que acompañó al escritor desde los 10 años, cuando este murió, y convirtió en incompletas todas sus alegrías futuras, por el hecho de que el abuelo no las sabía, escribe Dasso Saldívar en la biografía Viaje a la semilla.
Tres años después culmina la historia de sus padres: El amor en los tiempos del cólera. Siguen El general en su laberinto (1989) y Del amor y otros demonios (1994).
Hace realidad uno de sus sueños, en Cartagena de Indias: la creación de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y se une a otros proyectos informativos. Son los años de su vuelta al periodismo. Al principio de todo.
En 1999 le detectan un cáncer linfático. Todo ello mientras termina de escribir sus memorias, Vivir para contarla, a las que cuando puso punto final se topó con la muerte de su madre, Luisa Santiaga Márquez Iguarán. Un domingo lo trajo ella al mundo; y un domingo lo dejó ella. Fue la noche del 9 de junio de 2002. Dos años más tarde escribe su última creación: Memoria de mis putas tristes.
Sus recuerdos empiezan su peregrinación.
Hasta que se han ido del todo al encuentro de los Buendía.
Y de no haber sido escritor, lo que realmente hubiera querido ser Gabriel García Márquez también tiene que ver con el amor, presente en todas sus obras. Lo supo hace muchos en Zúrich cuando una tormenta de nieve tolstiana lo llevó a refugiarse en un bar. Su hermano Eligio recordaría cómo él se lo contó:
—“Todo estaba en penumbra, un hombre tocaba piano en la sombra, y los pocos clientes que había eran parejas de enamorados. Esa tarde supe que si no fuera escritor, hubiera querido ser el hombre que tocaba el piano sin que nadie le viera la cara, solo para que los enamorados se quisieran más”.
Entre realidades, deseos, sueños, alegrías, agradecimientos, imaginaciones y, sobre todo, por el paraíso irrepetible de su lectura, Gabriel García Márquez está ahora en el mismo lugar donde él llevó a Esteban en su inolvidable cuento El ahogado más hermoso del mundo,después de que a la gente del pueblo “se le abrieran las primeras grietas de lágrimas en el corazón”… Porque una vez comprobado que había muerto “no tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás”… El rumor del mar trae la voz del capitán de aquel barco, que en 14 idiomas, dice señalando al mundo, por encima del promontorio de rosas amarillas en el horizonte del Caribe: “Miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas; allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia donde girar los girasoles; sí, allá, es el pueblo” de Gabriel García Márquez.

sábado, 30 de junio de 2012

Gabo está en todos sus cuentos


"Todos los cuentos" de García Márquez


Un solo volumen reúne por primera vez toda la narrativa breve del premio Nobel

El libro es el palimpsesto de todo lo que tiene que ver con Macondo


 Madrid - El País
  • Gabriel Garcia Marquez. / AGUSTÍN SCIAMMARELLA

    Gabriel García Márquez le dijo a Luis Harss, el autor de Los nuestros, la biblia del boom, que aborrecía sus primeros cuentos, los que escribió para El Espectador de Bogotá. Entonces era 1965, dos años antes de que apareciera Cien años de soledad, el que sería Nobel se alimentaba de hierbas y otras esperanzas, y escribía como un poseso mientras hacía cine, periodismo y cumplía otros ritos para alimentarse, para alimentar a sus hijos y para llevarle a Mercedes Barcha, su joven esposa, la tranquilidad que no tuvo el coronel de El coronel no tiene quien le escriba.
    Cuando le dijo eso a Harss, García Márquez no hablaba en serio, y de hecho la historia no se lo ha tomado en serio cada vez que dijo que quería dar un escrito a las llamas. Ahora esos cuentos (incluidos en el volumen Ojos de perro azul, sobre todo), y muchos más, aparecen en un solo volumen por primera vez en la historia editorial del prolífico escritor lento de Aracataca. El libro tiene 509 páginas y ha sido publicado, como toda la obra de Gabo, por Mondadori. Está impreso en Barcelona, donde vivió el escritor (en la calle de Caponata), y donde pasan algunas de estas fábulas que despiertan a un muerto, y que por cierto están llenas de muerte, que es el ramaje en el que se desenvuelve, a grandes rasgos, la narrativa de este enorme cuentista.
    Casi 30 años después de haberle dicho a Harss que él quemaría sus primeros cuentos, Gabo vino a Barcelona con un disquito (un disquete), pues ya hacía rato que se había pasado al ordenador. Traía ahí sus últimos escritos, y seguía contando cuentos. Ahí estaban sus Doce cuentos peregrinos, que cierran este volumen con algunas historias que, como el silencio que transmiten, y la sangre con que están escritos, producen escalofríos.
    Ahí se advierte, mucho más que en todos los anteriores, hasta qué punto Gabo se ha servido, en la novela pero también en los cuentos y en la vida, de los artilugios que aprendió en el periodismo. Su cuento El rastro de tu sangre en la nieve, con el que se cierra este libro, es la esencia misma de su voluntad de narrar desde la realidad lo peor de los sueños. Una recién casada se hiere en el dedo donde lleva el anillo, pero sigue en un viaje que arranca en la ignorancia y termina... Bueno, tienen que leerlo, pues releer a García Márquez es leerlo por primera vez. Ese cuento en concreto está lleno de sus exageraciones, de sus mentiras, y de los trucos con los que amparó su periodismo. El profesor y novelista Pedro Sorela ha rastreado en el García Márquez periodista algunos hábitos que le sirvieron al narrador: el ritmo a veces requiere ciertos requiebros, así que alimenta datos inocentes con impares que le vienen bien, y que no destrozan la realidad (en la no ficción), y que la embellecen (en la ficción).
    El escritor leía e imitaba a Kafka y a Joyce en sus inicios, según Harss
    Ese cuento es algo así como la caja negra del libro, donde está el resumen de sus secretos. Dijo en 1991 (cuando fue con su disquito a la casa deCarmen Balcells) que ahora comprendía “por qué los abuelos contaban cuentos”: para oírlos. Y lo que sucede en este cuento es que uno ve el artilugio como si lo contara un abuelo: alguien le diría al pasar que una chica colombiana esposa de un dandi de coches de lujo se había herido en la noche de bodas, y que había hecho el viaje de bodas dejando un rastro de sangre en la nieve. La exageración cobró cuerpo en la mente que concibió Cien años de soledad y el cuento se lee igual que se leían esa novela o los artículos que, para ganar mano, escribió en los ochenta en EL PAÍS.
    El volumen es el palimpsesto de su obra principal, todo lo que tiene que ver con Macondo. En Los funerales de la Mamá Grande, cuentos que fueron escritos en 1962, el narrador dice, en el inquietante La siesta de los martes: “Todo había empezado el lunes de la semana anterior (...). La señora Rebeca, una viuda solitaria que vivía en una casa llena de cachivaches, sintió a través del rumor de la llovizna que alguien trataba de forzar desde afuera la puerta de la calle. Se levantó, buscó a tientas en el ropero un revólver arcaico que nadie había disparado desde los tiempos del coronel Aureliano Buendía, y fue a la sala sin encender las luces. Orientándose no tanto por el ruido de la cerradura como por un terror desarrollado en ella por 28 años de soledad, localizó en la imaginación no solo el sitio donde estaba la puerta sino la altura exacta de la cerradura”.
    La ambición de los cien años ya estaba descrita. “Macondo interesa no por lo que es, sino por lo que sugiere”, explica Harss después de escucharle hablar a Gabo en México sobre el proyecto que tenía. La crónica de ese proyecto está aquí, en muchos de los cuentos de ese largo capítulo de este volumen total, Los funerales de la Mamá Grande. A mediados de los sesenta, Gabo concedía que se había extralimitado, hasta entonces, con la combinación de sus ancestros literarios, había mezclado a Hemingway con Virginia Woolf y con Kafka, aunque ya se estaba decantando por Faulkner; antes, su amigo Álvaro Mutis le había arrojado Pedro Páramo, de Rulfo, para que se fuera enterando. Pero es cierto que en los cuentos que hubiera quemado (Ojos de perro azul, por ejemplo) esa atmósfera derivada de múltiples mezclas literarias ya hacen adivinar al Gabo que escribió Cien años de soledad. Lean, por ejemplo,La tercera resignación, de 1947: “Estaba pesado y duro aquel ruido. Tan pesado y duro que de haberlo alcanzado y destruido habría tenido la impresión de estar deshojando una flor de plomo”. Estaba dispuesto el joven Gabo, de todos modos, a dejarse provocar por las sensaciones que en literatura parecen la materia sentimental que da gasolina a los dedos. Se lee: “Pero de pronto el miedo le dio una puñalada por la espalda. ¡El miedo! ¡Qué palabra tan honda, tan significativa! Ahora tenía miedo; un miedo físico, verdadero. ¿A qué se debía?”. La vida fue llevándolo por una fábula más rítmica, que tuvo en ese libro, El coronel no tiene quien le escriba, el homenaje que le debía a Hemingway, y enCien años de soledad el homenaje que le debía a Aracataca.
    En aquel entonces leía e imitaba a Kafka y a Joyce (le dijo a Harss); se pasaba el día “truqueándolos”, con resultados negativos, “malabaristas”. La perfección (él es consciente de que la perfección era su objetivo) vino del ritmo, de la música. Muchas veces cita a sus compositores (Brahms, Bach), y se diría que cuando escribe trata de imitarlos. Si ahora se lee el libro combinando los cuentos de una época y de otra, los cuentos de los años cuarenta y aquellos que escribió ya en sazón, y de eso hace 30 años, uno ve que aquel que escuchó los cuentos en la cuna de Aracataca no paró desde entonces hasta hallar el ritmo con que los almacenó en su memoria de fabulador. La experiencia solo le ha dado historias. La música la lleva en las venas.

    domingo, 10 de junio de 2012

    “Gabriel García Márquez ya no reconoce por la voz, tiene que verte para saber quién eres”




    El rumor corre desde hace tiempo: los años corroen la memoria del escritor. Un amigo lo confirma.

    por Plinio Apuleyo Mendoza
      
    El más grande escritor colombiano, Gabriel García Márquez, ya no reconoce a sus amigos más cercanos, con los que viajó, creció literariamente y compartió décadas de vida, incluyendo a Plinio Apuleyo Mendoza.

    El escritor del Olor de la Guayaba (1982), un libro sobre recuerdos de infancia y juventud, amigos y literatura, con “Gabo”, expresa mayor preocupación “porque la madre murió de alzheimer y el hermano también”.
    Eligio García Márquez, físico, escritor y periodista, hermano menor del Nobel de Literatura, murió a los 53 años, en el 2001. “Fue un mazazo para Gabo”, comentó Jaime, otro de los hermanos.

    Mendoza admite que no ha podido hablar con García Márquez desde hace cinco años, pero sí con Rodrigo, su ahijado, quien le ha dicho: “El tiene que verte porque si no, por la voz no sabe con quién está hablando”.

    “La última vez que hablamos -comenta el periodista Mendoza- se le olvidaban ciertas cosas y me preguntaba: ‘¿Cuándo llegaste? ¿Dónde estás alojado?’, y repetía. En cambio, fuimos a almorzar y a recordar cosas muy antiguas de hace 30 o 40 años, remotas, y la memoria le funcionaba perfectamente”.

    Carmen Balcells, agente literaria de García Márquez (a sus 81 años dice que le pesan los kilos y la edad solamente la corroe), comentó que lo vio “un poco pachucho (alicaído) de salud”, en la celebración del último cumpleaños. “Quizá porque nos hacemos mayores”, justificó. Dijo que Gabo se ha vuelto cascarrabias y tiene una mirada llena de nostalgia.

    García Márquez recibió hace algunos años en EE.UU. un tratamiento “contra un linfoma”, del cual salió airoso, según dijeron él y su familia. El escritor comentó en su momento que la circunstancia le sirvió para volver al periodismo, regresar a su vicio favorito de la música, poner al día lecturas atrasadas y controlar más su dieta.

    Señor Mendoza: ¿Tiene buena relación con Gabo hoy día?

    Sí. El día que cumplió 85 años (6 de marzo anterior) lo llamé, pero no hablé con él sino con Mercedes. Ella prefiere que no pase al teléfono porque de pronto no reconoce.

    ¿Es obligatorio, entonces, que le vea sus grandes orejas?

    Es posible que, como usted dice, si me ve las orejas me reconozca de inmediato.

    ¿Entonces es cierto que ya no reconoce a nadie?

    Por la voz ya no reconoce.

    ¿Y se acuerda quién es Plinio Apuleyo Mendoza?

    Las últimas veces que hablamos repetía… “¿Cómo estás, cuándo vienes, qué estás haciendo?”. A muchos amigos, con quienes he comentado el asunto, me dicen que con ellos también se limitaba a iguales interrogantes. Entonces hay la sospecha de que simplemente tiene unas fórmulas. Si no reconoce no dice “no sé quién eres tú”, sino que hace unas preguntas genéricas. Me duele mucho esta situación y me inquieta. Gabo siempre ha sido un gran amigo.

    ¿Se pelearon ustedes con García Márquez por el apoyo de este a Fidel Castro?

    Es un problema que hemos tenido toda la vida con Gabo. Lo discutimos con humor. Pero no hay que olvidar y eso no lo sabe casi nadie, que hemos sacado mucha gente de Cuba. ¿Cómo es la cosa? Yo llamo y le digo: “Gabo, ayúdame. Este pobre hombre está preso y condenado a 20 años, ayúdame”. Y él me dice: “Espera, vamos a hacer una cosa”. Así han salido cientos de personas. Gabo ha sacado a mucha gente, inclusive casos visibles como Norberto Fuentes. También pequeños casos. De pronto, encuentro un periodista en Portugal, que me dice: “Caramba, soy cubano, estoy exiliado acá, mi mamá tiene 80 años y me viene a visitar cada dos años, ya no la dejan salir. La voy a perder para siempre. Tú, que eres amigo de García Márquez, por qué no me ayudas”. Llamo entonces a Gabo y le digo “ayúdame” y me dice “dame la dirección y el teléfono de ella” y a los ocho días la señora está en Portugal. García Márquez ha sacado como a dos mil personas. Sin embargo, Gabo se quedó ahí, cosa que me parece un error.

    domingo, 12 de febrero de 2012

    "Lo mágico y lo maravilloso" por MARIO VARGAS LLOSA


    FRAGMENTO LITERARIO: PRÓLOGO DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD

    MARIO VARGAS LLOSA 
    24/03/2007

    El proceso de edificación de la realidad ficticia, emprendido por García Márquez en el relato Isabel viendo llover en Macondo y en La hojarasca, alcanza con Cien años de soledad su culminación: esta novela integra en una síntesis superior a las ficciones anteriores, construye un mundo de una riqueza extraordinaria, agota este mundo y se agota con él.

    Difícilmente podría hacer una ficción posterior con Cien años de soledad lo que esta novela hace con los cuentos y novelas precedentes: reducirlos a la condición de anuncios, de partes de una totalidad. 

    Cien años de soledad es esa totalidad que absorbe retroactivamente los estadios anteriores de la realidad ficticia, y, añadiéndoles nuevos materiales, edifica una realidad con un principio y un fin en el espacio y en el tiempo: ¿cómo podría ser modificado o repetido el mundo que esta ficción destruye después de completar? Cien años de soledad es una novela total, en la línea de esas creaciones demencialmente ambiciosas que compiten con la realidad real de igual a igual, enfrentándole una imagen de una vitalidad, vastedad y complejidad cualitativamente equivalentes. 

    Esta totalidad se manifiesta ante todo en la naturaleza plural de la novela, que es, simultáneamente, cosas que se creían antinómicas: tradicional y moderna, localista y universal, imaginaria y realista. Otra expresión de esa totalidad es su accesibilidad ilimitada, su facultad de estar al alcance, con premios distintos pero abundantes para cada cual, del lector inteligente y del imbécil, del refinado que paladea la prosa, contempla la arquitectura y descifra los símbolos de una ficción y del impaciente que solo atiende a la anécdota cruda. 

    El genio literario de nuestro tiempo suele ser hermético, minoritario y agobiante. Cien años de soledad es uno de los raros casos de obra literaria mayor contemporánea que todos pueden entender y gozar. Pero Cien años de soledad es una novela total sobre todo porque pone en práctica el utópico designio de todo suplantador de Dios: describir una realidad total, enfrentar a la realidad real una imagen que es su expresión y negación. 

    Esta noción de totalidad, tan escurridiza y compleja, pero tan inseparable de la vocación del novelista, no sólo define la grandeza de Cien años de soledad: da también su clave. Se trata de una novela total por su materia, en la medida en que describe un mundo cerrado, desde su nacimiento hasta su muerte y en todos los órdenes que lo componen -el individual y el colectivo, el legendario y el histórico, el cotidiano y el mítico-, y por su forma, ya que la escritura y la estructura tienen, como la materia que cuaja en ellas, una naturaleza exclusiva, irrepetible y autosuficiente...


    - Lo mágico- Lo real imaginario

    Lo real objetivo es una de las caras de Cien años de soledad; la otra, lo real imaginario, tiene el mismo afán arrollador y totalizante, y, por su carácter llamativo y risueño, es para muchos el elemento hegemónico de la materia narrativa. 

    Conviene, antes que nada, precisar que esta división de los materiales en real objetivos y en real imaginarios es esquemática y que debe ser tomada con la mayor cautela: en la práctica, esta división no se da, como espero mostrar al hablar de la forma. La materia narrativa es una sola, en ella se confunden esas dos dimensiones que ahora aislamos artificialmente para mostrar la naturaleza total, autosuficiente, de la realidad ficticia. 

    Martínez Moreno ha levantado un inventario de prodigios en Cien años de soledad, y esa enumeración exhaustiva de los materiales real imaginarios de la novela prueba que su abundancia e importancia, aunque indudables, no exceden, contrariamente a lo que se dice, la de los materiales real objetivos que acabamos de describir. 

    El carácter totalizador de lo imaginario en la materia de Cien años de soledad se manifiesta no sólo en su número y volumen, sino, principalmente, en el hecho de que, como lo histórico y lo social, es de filiación diversa, pertenece a distintos niveles y categorías: también la representación de lo imaginario es simultáneamente vertical (abundancia, importancia) y horizontal (diferentes planos o niveles). 

    Los sucesos y personajes imaginarios constituyen (dan una impresión de) una totalidad porque abarcan los cuatro planos que componen lo imaginario: lo mágico, lo mítico-legendario, lo milagroso y lo fantástico. 

    Voy a definir muy brevemente qué diferencia, en mi opinión, a estas cuatro formas de lo imaginario, porque pienso que ello queda claro con los ejemplos. 

    Llamo mágico al hecho real imaginario provocado mediante artes secretas por un hombre (mago) dotado de poderes o conocimientos extraordinarios; milagroso al hecho imaginario vinculado a un credo religioso y supuestamente decidido o autorizado por una divinidad, o que hace suponer la existencia de un más allá; mítico-legendario al hecho imaginario que procede de una realidad histórica sublimada y pervertida por la literatura, y fantástico al hecho imaginario puro, que nace de la estricta invención y que no es producto ni de arte, ni de la divinidad, ni de la tradición literaria: el hecho real imaginario que ostenta como su rasgo más acusado una soberana gratuidad.

    Es en los primeros tiempos históricos (o, mejor, durante la prehistoria) de Macondo, cuando suceden sobre todo hechos extraordinarios provocados por individuos con conocimientos y poderes fuera de lo común: se trata, principalmente, de gitanos ambulantes, que deslumbran a los macondinos con prodigios. El gran mago realizador de maravillas es Melquíades, cuyos imanes pueden atraer "los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes" de las casas y hasta "los clavos y los tornillos" (p. 9). Dice "poseer las claves de Nostradamus" (p. 14) y es un experto en conocimientos marginales y esotéricos; trae la alquimia a Macondo y trata, sin éxito, de persuadir a Úrsula de "las virtudes diabólicas del cinabrio" (p. 15). A Melquíades no le ocurren cosas imaginarias: él las provoca, gracias a sus artes mágicas, a ese poder sobrenatural que le permite regresar de la muerte hacia la vida "porque no pudo soportar la soledad" (p. 62). El pobre José Arcadio Buendía trata desesperadamente de dominar esas artes mágicas, de adquirir esos poderes, y no lo consigue: no va nunca más allá de las realizaciones científicas (real objetivas), como su descubrimiento de que la tierra es redonda (p. 13) o su conversión en "mazacote seco y amarillento" de las monedas coloniales de Úrsula (p. 40). 

    Esos poderes mágicos los tienen, en cambio, el armenio taciturno inventor de un jarabe que lo vuelve invisible (p. 26), y los mercachifles de esa tribu que han fabricado "una estera voladora" (p. 42). No sólo los gitanos gozan de poderes fuera de lo ordinario, desde luego. Pilar Ternera los tiene, aunque en dosis moderada: las barajas le permiten ver el porvenir, aunque un porvenir tan confuso que casi nunca lo interpreta correctamente (p. 39). Petra Cotes, en cambio, es un agente magnífico de lo real imaginario, ya que su amor "tenía la virtud de exasperar a la naturaleza" y de provocar "la proliferación sobrenatural de sus animales" (p. 220). 

    Hay que hacer una distinción: Melquíades, el armenio taciturno y los gitanos de la estera voladora son agentes deliberados y conscientes de lo imaginario: su capacidad mágica es en buena parte obra de ellos mismos, resultado de artes y conocimientos adquiridos, y es una sabiduría que ejercitan con premeditación y cálculo. 

    Este es también el caso de Pilar Ternera, agente mínimo de lo real imaginario. Pero Petra Cotes es un agente involuntario y casi inconsciente de lo imaginario: sus orgasmos propagan la fecundidad animal sin que ella se lo haya propuesto ni sepa por qué ocurre. No es una maga que domina la magia: es magia en sí misma, objeto mágico, agente imaginario pasivo. 

    Esta es la condición de una serie de personajes de Cien años de soledad, que tienen virtudes mágicas, no conocimientos mágicos, y que no pueden gobernar esa facultad sobrenatural que hay en ellos, sino, simplemente, padecerla: es el caso del coronel Aureliano Buendía y su aptitud adivinatoria, esos presagios que es incapaz de sistematizar ("Se presentaban de pronto, en una ráfaga de lucidez sobrenatural, como una convicción absoluta y momentánea, pero inasible. 

    En ocasiones eran tan naturales, que no los identificaba como presagios sino cuando se cumplían. Otras veces eran terminantes y no se cumplían. Con frecuencia no eran más que golpes vulgares de superstición") (p. 150); el de Mauricio Babilonia, que se pasea por la vida con una nube de mariposas amarillas alrededor (p. 327), y, sólo por un instante póstumo, el de José Arcadio Buendía, a cuya muerte se produce "una llovizna de minúsculas flores amarillas" (p. 166). El caso de Amaranta, quien ve a la muerte, es distinto y lo analizaré más adelante. 

    En cambio, los gringos de la compañía tienen conocimientos que, más que científicos, deberíamos llamar mágicos: "Dotados de recursos que en otra época estuvieron reservados a la Divina Providencia, modificaron el régimen de lluvias, apresuraron el ciclo de las cosechas, y quitaron el río de donde estuvo siempre..." (p. 261).

    Tomado del diario El País de España

    domingo, 29 de enero de 2012

    Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y el Jazz



    No sé si conocéis mi afición al jazz, pocos lo saben; pero es la música que, junto con  el blog, me desvela o espabila, según se mire, por las mañanas; también, no desde hace mucho, es la que viaja conmigo en el iPod, alternando con el Rock. De mi afición a Córtazar sí que sabéis más e, incluso, de que El perseguidor es uno de los textos que más me "inquietan". Quién hubiera podido viajar en ese tren... Este artículo no deja de ser un pretexto para escribir sobre ello. 

    Escrito por Pepe Aedo el 26 de septiembre de 2008 


    El miedo a los aviones hizo que, en 1968, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes vivieran una noche bastante peculiar durante un viaje en tren que compartieron desde París a Praga.
    dibujo1 Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y el JazzAl parece los tres célebres escritores del boom de escritores latinoamericanos (sólo faltaba Vargas Llosa que seguramente ama los viajes en avión) se encontraban en el tren, cuando Fuentes le hizo una pregunta casual a Cortázar acerca de la fecha de incorporación del piano en las formaciones típicas de las bandas de jazz.
    Según García Márquez, que es quien cuenta esta historia, la pregunta era casual y no pretendía más que llenar algún silencio incómodo. Pero la respuesta de Cortázar fue una extensa disertación acerca de la música de jazz y sus interpretes, que se continuó hasta el amanecer, y que además estuvo condimentada de abundante cerveza y salchichas con papas.
    Cortázar, como sabe cualquiera que frecuente sus obras, era gran aficionado, más que eso, un verdadero fanático del jazz, tanto que algunos de sus cuentos más celebres se ambientan en el mundo de los saxofones y las trompetas, el cuento El perseguidor es el ejemplo más notorio.
    El destino del tren era París pero el destino a donde llegó la cátedra impartida por Cortázar a sus colegas fue una apología del excelso pianista Thelonious Monk cuando el amanecer marcaba el fin de la noche.
    Esta historia la narra García Márquez en el prólogo del reciente libro del mexicano Ignacio Solares sobre el entrañable escritor argentino que se titula  Imagen de Julio Cortázar.

    Artículo de Wikipedia
    Imágenes de jazz
    Vídeos sobre jazz
    Noticias sobre jazz
    Literatura jazzistica en castellano
    Los cien mejores discos de la historia del jazz
    A todo jazz - RNE - Juan Claudio Cifuentes, "Cifu"
    LOS VEINTE MEJORES ÁLBUMES DEL JAZZ: Del hard bop al jazz fusión por Daniel Herrera y Joaquín Peón Iñiguez


    25 DISCOS DE JAZZ: UNA GUÍA ESENCIAL
    The following article is a list of CDs containing some of the best jazz recorded in the 20th century. Although we are aware that 65 currently available CDs (25 “essentials” plus other 40) are not enough to summarize the history of recorded jazz, we have tried our best to offer a view as balanced and representative as possible of this music’s first eighty years, or at least a taster of what this diverse and ever-changing music has to offer.

    PRESENTACIÓN
    Lo que sigue a continuación es una selección de CDs de jazz con grabaciones realizadas entre 1917 y 2000, periodo que hemos dividido en cuatro partes de aproximadamente 20 años. Los discos están agrupados en 25 “esenciales” y 40 “complementarios”, siguiendo un criterio resultante de la combinación de factores que abarcan desde los motivos estrictamente musicales hasta la disponibilidad real en el mercado español, pasando por la calidad de sonido de las reediciones y el equilibrio entre la diversidad y la representatividad en cada periodo.
    El desarrollo del jazz está estrechamente ligado al de la industria discográfica. La improvisación, como composición espontánea, convierte al jazz en la más efímera de las músicas, y su rápida evolución y difusión en menos de un siglo no habrían sido posibles sin la tecnología de grabación de sonidos: gracias a ella, el músico aprendiz puede escuchar un mismo pasaje cuantas veces sea necesario, independientemente de la distancia espacial o temporal que le separe del intérprete emulado, con una riqueza de matices de timbre y ritmo imposible de reflejar en papel pautado.
    En cuanto al formato en sí, hemos limitado esta selección a las ediciones en CD por ser el soporte más extendido, a pesar de que aún sobrevive el LP y los nuevos formatos de compresión de sonido cobran más fuerza cada día que pasa. Respecto a la disponibilidad de las ediciones, aunque hemos incluido únicamente discos en catálogo, hay que señalar que el CD es un formato que se presta especialmente al mercado de segunda mano, que merece la pena investigar.
    Dado el carácter retrospectivo de esta selección, es necesario un breve apunte sobre las reediciones. En todos los casos hemos procurado escoger las publicadas por los propietarios de las grabaciones originales o por sellos de reputación contrastada. El motivo es simple: las reediciones “oficiales” casi siempre ofrecen la mejor calidad de sonido, una consideración nada desdeñable, particularmente cuando hablamos de la música de entreguerras.
    La decisión del número de discos que contiene esta selección, 25 más 40, se tomó pensando en quienes quieren empezar a introducirse en esta música. Aunque hemos tratado de cuajar una colección representativa, el jazz –o “los jazz”, como clama la mancheta de la revista francesa “Jazzman”– es demasiado diverso y rico para lograrlo con 65 discos (como referencia, en su “Jazz On Record” el reputado Brian Priestley afirma que una colección de 300 volúmenes apenas sería representativa).
    Ha de tenerse en cuenta, además, lo que Dan Morgenstern apunta en su “Living With Jazz”: comparado con todo el jazz que se ha tocado, la parte que se ha recogido en grabaciones vendría a ser una gota en el océano. Añádase que de esa gota de jazz grabado, en su mayoría publicado en discos de 78 o 33 RPM, sólo se ha reeditado en CD una mínima parte, y que de esta mínima parte publicada en formato CD, nosotros hemos desestimado el material descatalogado. La conclusión es que en ningún caso debería entenderse esta lista como una historia del jazz grabado, ni mucho menos como una historia del jazz. Viendo el vaso medio lleno, todos los discos aquí incluidos han superado la prueba definitiva para toda obra de arte, el paso del tiempo, y son un ejemplo de lo que puede dar de sí esta música.
    Finalmente, como editor de los textos que siguen, aunque no soy responsable de las opiniones expresadas por mis tres colegas, sí lo soy de las erratas que hayan podido colarse. Tras casi medio año de conversaciones y 700 e-mails a cuatro bandas, sólo me queda agradecer a Agustín, Natxo y Jorge su dedicación y generosidad, y a Pachi Tapiz la publicación de esta guía, que sólo busca contribuir a abrir puertas a un universo musical que es fuente inagotable de satisfacciones y sorpresas.
    Que aproveche.
    Fernando Ortiz de Urbina

    DISCOS ESENCIALES
    1917-1942 por Agustín Pérez
    • Louis Armstrong: Hot Fives And Sevens (JSP, 4 CDs)
    • Jelly Roll Morton: Birth Of The Hot (RCA/BMG)
    • Bix Beiberdecke: Vol.1, Singin’ The Blues (Columbia/Sony)
    • Coleman Hawkins: King Of The Tenor Sax 1929-1943 (Jazz Legends)
    • Billie Holiday: Lady Day, The Best Of Billie Holiday (Columbia/Sony, 2 CDs)
    • Count Basie: The Best Of Early Basie (Decca/Universal)
    • Duke Ellington: Never No Lament, The Blanton-Webster Band (Bluebird/BMG, 3 CDs)
    ...más diez complementarios: King OliverBessie SmithArt TatumBennie Goodman...
    1943-1959 por Fernando Ortiz de Urbina
    • Charlie Parker: The Essential Charlie Parker (Union Square Music, 2 CDs)
    • Thelonious Monk: Genius of Modern Music, vols. 1 y 2 (Blue Note/EMI)
    • Lennie Tristano: Intuition (Capitol/EMI)
    • Art Blakey: A Night In Birdland, vols. 1 y 2 (Blue Note/EMI)
    • Miles Davis: Kind Of Blue (Columbia/Sony)
    • Ornette Coleman: The Shape Of Jazz To Come (Atlantic/WEA)
    ...más diez complementarios: Dizzy GillespieBud PowellSonny RollinsGeorge Russell...
    1960-1979 por Ignacio Fuentes
    • Bill Evans: Waltz For Debby / Sunday At The Village Vanguard (Riverside/Fantasy)
    • Eric Dolphy: Out To Lunch (Blue Note/EMI)
    • Albert Ayler: Spiritual Unity (ESP)
    • John Coltrane: A Love Supreme (Impulse/Universal)
    • Herbie Hancock: Head Hunters (Columbia/Sony)
    • Charles Mingus: Changes One / Changes Two (Atlantic/WEA)
    ...más diez complementarios: Gil EvansOliver NelsonAndrew HillLee Morgan...
    1980-2000 por Jorge LG
    • David Murray: Ming (Black Saint)
    • Lester Bowie: The Great Pretender (ECM)
    • Keith Jarrett: Standards, vols. 1 y 2 (ECM)
    • Wynton Marsalis: Black Codes (From The Underground) (Columbia/Sony)
    • Steve Coleman: Def Trance Beat (Modalities Of Rhythm) (Novus/BMG)
    • John Zorn's Masada: Sanhedrin (Unreleased & Alternate Takes 1994-1997) (Tzadik)
    ...más diez complementarios: Anthony BraxtonDave HollandPaul Motian Bill Frisell...

    LOS CULPABLES
    Agustín Pérez (EKE BBB) es economista, ha contribuido a diversos proyectos discográficos y es el autor de ladiscografía de Tete Montoliu más completa jamás publicada.
    Lamenta haber dejado fuera a Bunny Berigan, Eubie Blake, Cab Calloway, James P. Johnson, Jimmie Lunceford, New Orleans Rhythm Kings, Bennie Moten, Pee Wee Russell, Jabbo Smith, Fats Waller y un largo etcétera.
    Fernando Ortiz de Urbina (Fer Urbina) es traductor. Escribe sobre música desde 1993 y ha colaborado con El Diario Vasco (San Sebastián), Radio Euskadi (Bilbao), Jazzwise (Londres), La Tempestad (México) y Teoría (Puerto Rico). Actualmente es el corresponsal en Londres de Cuadernos de Jazz y prepara una discografía de Eddie Costa.
    Lamenta no haber incluido a Louis Armstrong y los All-Stars en directo, Teddy Charles, el trío de Nat King Cole, más Miles Davis, Jimmy Giuffre, Woody Herman (1945-46), el Modern Jazz Quartet, el quinteto de Max Roach y Clifford Brown, Sarah Vaughan y Ben Webster con Oscar Peterson.
    Ignacio Fuentes (Natxo) es abogado. Dirigió y presentó el programa Jazzteiz en Hala-Badi Irratia de Vitoria entre 1996 y 2003, y ha colaborado con la revista literaria La Botica.
    Se le quedaron fuera Jimmy Giuffre, Wayne Shorter, Horace Silver, Archie Shepp, Jackie McLean, Roland Kirk, Hank Mobley, Wes Montgomery, Woody Shaw y Dexter Gordon.
    Jorge LG (López de Guereñu) es artista y profesor. En los ochenta y noventa colaboró en distintas asociaciones con programas educativos mixtos de música y arte en Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña y escribió artículos sobre arte, música y cultura urbana en Ear Magazine, Sound Journal y publicaciones académicas. En la actualidad dirige su escuela de Arte y Diseño en Bilbao.
    Músicos que lamenta haber dejado fuera: Don Byron, Don Cherry, Ornette Coleman y Prime Time, Joe Henderson, Greg Osby, Dewey Redman, Mal Waldron con Steve Lacy o Marion Brown, y Cassandra Wilson.

    ©Tomajazz, 2005

    lunes, 31 de octubre de 2011

    El sueño de dos genios




    El cine frustrado de Gabo y Buñuel 



    García Márquez envió dedicada al director una sinopsis de una comedia titulada 'Es tan fácil que hasta los hombres pueden', pero nunca llegaron a rodarla



    JESÚS RUIZ MANTILLA  -  Madrid 


    EL PAÍS  -  Cultura - 30-10-2011

    "Para Don Luis, cordialmente...". Don Luis era Buñuel. El autor de la dedicatoria, Gabriel García Márquez. Dos genios del siglo XX. El objeto en cuestión: una sinopsis de comedia entre alegre, surrealista y ligera titulada Es tan fácil que hasta los hombres pueden. ¿El deseo del autor? Seducir al maestro para que la rodara. ¿El resultado? Papel mojado.
    Luis Buñuel con Gabriel García Márquez
    Luis Buñuel, a la izquierda, con Gabriel García Márquez, en una fotografía perteneciente al archivo del cineasta.-
    Pero existió. Y la copia inédita reposa en el archivo del cineasta que ahora custodia la Filmoteca Española. Javier Herrera, bibliotecario y experto en Buñuel, que ya dio cuenta de su existencia en la revista Litoral, lo ha estudiado ahora a fondo y ha llegado a una clara conclusión. "Es muy probable que intentaran hacer algo juntos", asegura. Una pena que no surgiera.

    Corría el año 1962. Gabriel García Márquez no era todavía Gabriel García Márquez para el mundo. Había publicado un par de novelas, La hojarasca y El coronel no tiene quien le escriba, un puñado de cuentos y trabajaba por entonces en La mala hora. Se ganaba las gachas con encargos que iban desde el destajo periodístico a los guiones de cine. Buñuel, en cambio, ya era Buñuel. Desprendía de lejos y de cerca esa estela mítica donde se adivinaba al iconoclasta irredento. Era toda una leyenda a quien veneraban los jóvenes talentos del momento a ambas orillas del Atlántico. Vivía exiliado por entonces en México, el país más surrealista del mundo, según su amigo André Breton, donde le dejaban hacer el cine que le daba la gana.

    Ambos compartían vino, dry martinis, comidas, tertulias y amigos como Carlos Fuentes o Luis Alcoriza. Este último, guionista de Buñuel durante toda la etapa mexicana, fue el nexo cinematográfico. Con él, García Márquez también trabajó a fondo.

    La historia era sencilla y sin pretensiones. García Márquez se la había dedicado a Janet Riesenfeld, la esposa de Alcoriza, para quien seguramente había imaginado uno de los tres papeles femeninos protagonistas: tal vez el de Licha, "la más guapa", señala él mismo en la sinopsis.

    Empieza así: "Tres chicas guapas, alegres, emprendedoras, que, a pesar de ser primas hermanas no se conocen entre sí ,llegan a la capital desde distintos lugares de provincia, ilusionadas con la noticia de que su tío solterón les ha dejado una herencia...".

    Gabriel García Márquez, con varios amigos como Luis Alcoriza y Buñuel
    Acapulco, 1965: Gabriel García Márquez (con gafas, sentado), Luis Alcoriza, sentado a la izquierda, y, a su derecha, Luis Buñuel.-
    Las muchachas han dejado casi todo y se han metido en préstamos pensando que iban a heredar el dorado. Pero caen del burro cuando comprueban su fortuna. Una gasolinera cochambrosa, situada, para colmo, en una calle de escaso tránsito. Según Herrera, se trataba de un proyecto muy feminista: "El propio título lo indica". El desarrollo también. Porque las chicas sacan el negocio adelante mediante todo tipo de follones, triquiñuelas y hasta escándalos públicos.

    Resulta una incógnita irresoluble para el arte universal lo que hubiera salido de aquella combinación. La posteridad y sus admiradores en todo el mundo puede que hoy lamenten que no llegara a concretarse. El cineasta lo guardó en su archivo, todo un síntoma. Pero por aquel entonces andaba metido en El ángel exterminador.

    Ahora, en manos de Buñuel, aquella historia disparatada propuesta por el escritor colombiano podía ser oro. Además de El ángel exterminador, don Luis vivía la promoción de otro de sus éxitos internacionales y sus coqueteos con un deseado regreso a España. Respecto a eso, el historiador de cine Román Gubern recuerda todavía cuál fue la reacción de Ricardo Muñoz Suay cuando recibió el guion de aquella película en cuestión, la que le proporcionaría parte de sus sueños: "Es una historia blanca sobre una novicia. Me parece una mierda, pero siendo de Luis, la película estará muy bien". Era Viridiana.

    Quien sí lamenta que no cuajara lo de García Márquez es Carlos Fuentes. "En el caso de Buñuel, hacer una lista de lo que no hizo supone sumar más cosas de las que hizo", asegura. "Él fue una gran influencia para nosotros, sobre todo en Gabo y en mí, que íbamos a verlo constantemente".

    Sin olvidar a Alcoriza, quien fue el absoluto lazo de unión. Cuando García Márquez recaló en México, el guionista y director español le ayudó mucho. Aterrizó en el país latinoamericano al estallar la guerra. Escapó al sentirse señalado por pertenecer a una familia de cómicos de la legua con fuertes convicciones republicanas. Una vez en México destacó como actor y se hizo famoso al interpretar a Jesucristo -cosa nada habitual en la época, algo cercano al sacrilegio para muchos- en María Magdalena, pecadora de Magdala y Reina de reinas: la virgen María.

    Como guionista fue fundamental en la etapa mexicana de Buñuel. Javier Herrera lo resalta: "Era un gran dialoguista, conocedor del habla de los bajos fondos. Algo crucial para Buñuel, porque en México estuvo demasiado encerrado, no se llegó a adaptar y desconocía esos ambientes".

    Pero allí estaba Alcoriza para dar voz y habla a las criaturas desheredadas de Los olvidados, a la cegadora neurosis del celoso en Él y a los aterrados burgueses de El ángel exterminador. "Siempre reconoció a un padre en Buñuel, un maestro en la vida y en su trabajo, pero, después, en su cine, llegó a ser mucho más radical en ciertos aspectos que su mentor", apunta Herrera.

    Si Buñuel era padre, García Márquez fue hermano. Y siempre tiraba de ambos para que le alumbraran con ideas y sugerencias. Alcoriza debió alentar a fondo la idea de que colaboraran juntos. Otro rastro descubierto por Herrera ha sido la huella que los dos dejaron en otro proyecto fallido: la adaptación de La casa grande, una novela de Álvaro Cepeda Samudio, amigo de García Márquez.

    En el cuaderno donde Alcoriza, cuyo archivo también está en la Filmoteca, desarrolla la historia, el cineasta anota: "Hemos pensado que la obra debe pasar por manos de Buñuel, que haga una crítica severa, pero no gratuita, sino sugiriendo soluciones o mejoras. Lo mismo sucede con Gabo, creador de ese mundo. Tiene que leerla y dar opiniones e ideas. Él mismo se ofreció de motu propio. Es más, creo que sería magnífico que en un momento oportuno, cuando las cosas empiecen a caminar solas, vaya a Barcelona 3 o 4 días para hablar largamente con él y mejorar el guion".


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